Francisco Villaespesa es, sin ningún tipo de dudas, el poeta de principios del siglo XX que más recurrió en sus composiciones a elementos medievales. Multitud de ellos orbitan alrededor de temas árabes (de Al-Andalus, para ser más precisos), en una suerte de reactualización modernista del orientalismo romántico, cuyos poetas plasmaron en los versos la admiración y el ensueño que profesaban a ese mundo (Djibilou, 1986: 25): «el orientalismo modernista es quizás el único movimiento que ha mantenido una actitud más noble hacia el mundo oriental» (1986: 47). Sobre este detalle han reflexionado numerosos autores (Amend, 2010; Díaz Alonso, 2017: 469-505; Fatta Amr, 2004; Kim, 2011) y no es extraño que así sea si tenemos en cuenta la recurrente descripción de espacios o la narración de historias vinculadas con el imaginario árabe medieval en libros como Viaje sentimental (1904), Los nocturnos del generalife (1915) o Los encantos de la Alhambra (1919), y que son visibles en algunos de los poemas aquí recopilados. En otras composiciones, como las de Los conquistadores y otros poemas (1919), lo medieval emerge en unos extensos poemas que recorren la historia de los diferentes pueblos de España, explicitando el sentimiento patriótico de Villaespesa. Este tipo de composiciones habían sido ya ensayadas en libros anteriores, como Espejo encantado, del que se recogen aquí poemas como «Roncesvalless» o el «Romancero de Alarcos». Lo medieval asoma de nuevo en Panderetas sevillanas focalizando ahora, no en Granada, como sucedía en las composiciones más orientalistas, sino en Sevilla.

 

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