Aunque Enrique de Mesa haya sido más reconocido históricamente por su labor como crítico teatral en diversos diarios y por su trabajo como secretario del Ateneo de Madrid (Olmo Iturriarte y Díaz de Castro, 2008: 291), fue también autor de cuatro poemarios: Tierra y alma (1906), Cancionero castellano (1911), El silencio de la cartuja (1916; Premio Fastenrath de 1917) y La posada y el camino (1928). Algunas de las composiciones de sus primeros libros fueron recogidas en el primer volumen de esta antología y, ahora, por razones cronológicas, es momento de recopilar las de su último poemario. Como sucedía en aquellos, La posada y el camino también se fundamente en una poética en que prima lo narrativo sobre lo sentimental con la finalidad de formular y retratar el paisaje de Castilla desde una óptica que dialoga perpetuamente con la obra de Rubén Darío. Así lo afirmaba Federico de Onís al hablar de ella como una «poesía rústica» (2008: 92) y así lo podemos comprobar en los dos poemas recopilados: «Campos de Medinaceli» y «Ávila de los caballeros». En ellos, el tratamiento del paisaje castellano nos remite a cierto Azorín, al Unamuno más vinculado a la Institución Libre de Enseñanza y al Machado de Campos de Castilla. Es en estas composiciones donde Enrique de Mesa vuelve a mostrar su voluntad de glosar a partir de la observación directa, con el objetivo de alejarse del exotismo patente en otros autores del periodo. Se trata, así pues, como dijeran Olmo Iturriarte y Díaz de Castro, de una poesía que pasa por el filtro de la tradición literaria de la Edad Media, nombrada con precisión arcaizante y con sobria sensorialidad impresionista (2008: 292).

 

Poemas – descargar PDF

Índices      Bibliografía