/227/ DISCVRSO QVARTO

 

-Tened, Felicio órespondió Clórida-, no passéys adelante, que os vais poco a poco despeñando. En el Siglo de Oro,(1) de quien a quedado solamente la memoria a las gentes desta escrementosa edad, sobre el suelo no arado ni sembrado dizen se vían crecer y por estío ondear espigas doradas; vencían los arroyuelos en dulçura y sabor al licor que oy más estiman los hombres; de las plantas que oy se cogen bellotas destilava miel; soplava Austro(2) sin tener proceloso el seno ni el rostro húmedo y sin ser amigo su aliento de peligrosas fiebres; el hombre ya cansado y por sus largos días antiguo, casi durmiendo perdía el vivir, y mientras las Parcas en el cielo hilavan los años de la umana generación, jamás ella sentía los golpes de afanes ni padecía por agena injuria. Apenas entonces por las selvas se oyeron resonar inocentes azeros, supuesto no temían sus agravios /228/ aun los árboles inanimados. Era niño el mundo y estava todo vestido de bondad. Gozavan los ganados con seguridad sus partos queridos. Aún no eran conocidos el veneno y el hierro por crueles ministros de muerte, aún no se avían fabricado arneses a feroces guerreros ni naves para robadores cosarios. Era dulcíssimo a qualquiera el deleite de su compañero. No sabían mentir la lengua ni el coraçón. Amor reinava abrasando las almas bellas, sin que se ultraxasse el lecho del vezino. Los vanos y pomposos sonidos de honras y estados aún no eran tiranos de los alvedríos. Mas ya(3) pasa de otra manera, ya el dardo y el arco venenoso amenazan la agena vida, ya contrasta la embidia el bien del más amigo y velas avaras parten a robar las comarcanas riberas y remotos océanos, ya llora la pura fe por verse oprimida del cauteloso engaño. Sentávanse entonces los pastores y las ninfas en alfombras de floridos prados o en márgenes de risueñas fuentes, entretexiendo mil caricias con el hablar y uno y otro abraço con las caricias. Iamás la pastorcilla puso velo ni embaraço sobre sus encarnadas rosas ni jamás negó su apazible conversación. Mas, después que se inuentó la malicia, se halla mezclado el tormento con la suavidad de los amores y en todo pervertido su orden sin- /229/ cero. No tuvo aquella libre esquadra de amadores noticia de tan importuna ley, sino sólo de la natural que consentía aquello que honestamente agradava. La malicia fue quien primero negó el río de deleites lícitos tan caudaloso, escondiéndole a la sed amorosa; la malicia enseñó que los ojos encubriessen en sí mismos su resplandor y pura luz temerosa de su belleza; la malicia recogió en redes las hebras de oro que tratavan el viento; la malicia puso el esquivo ademán contra el proceder libre y, en fin, la malicia enfrenó la lengua y dio arte y compostura al movimiento. Nacen, pues, de aquí las asperezas, desdenes y rebeldías de las más discretas zagalas, que sólo tienen por objeto el de la divina honestidad.

Quería Felicio replicar, mas interrumpiéndole Menandro dixo:

-Agudamente ha buelto por su república la discreta Clórida. No sé, Felicio, que se os puedan offrecer palabras que tengan vigor contra la viva fuerça de las que hemos oído. Lo más loable es daros por vencido y que se trate de cosa que dé más gusto a la conversación. Canten algo los pastores que se deleitan de música. Comience Manilio y sucédale Ismenio, porque no se pase la tarde sin el exercicio de Anfíon,(4) que no faltará premio(5) para quien mejor lo hiziere.

No pesó a Manilio del embite, por ser co- /230/ sa que tenía muy desseada y assí, pidiendo su instrumento a Ismenio, acompañó con su concierto el de acentos semejantes:

Manilio (6)

Qvando al nacer del día
prados se ven reír y cantar aves,
y al son de su armonía
con las ojas bailar vientos süaves,
haziendo alegre salva
pintadas flores con su olor al alva, 
el mayoral constante,
Menandro, a quien Amor su cetro embía,
al infeliz amante
qu'esparce su madexa assí dezía:
"¡O sol, que alegre sales!,
¿quándo saldrás a refrenar mis males? 

Siempre más animoso
prevengo con mis ansias mi vitoria,
que sufrir es forçoso
inmensa pena por inmensa gloria,
pues desta suerte alcança
segura possesión larga esperança. 

Es mi dueño querido
en todo lo que muestra tan perfeto /231/
que suspende el sentido
y arrebata la vista el noble objeto,
prestando al claro día
serenidad, belleza y alegría. 

Sobre frente espaciosa
enrriçadas del oro las madejas
tiene, y labios de rosa,
luzes hermosas, arqueadas cejas,
justa nariz y dientes
que desprecian las perlas transparentes. 

Es de púrpura y nieve
su garganta y su pecho, el cuerpo airoso;
pues si la lengua mueve
al más süave son dexa embidioso,
casi igualando el suelo
la regalada música del cielo.(7)

Hará, pues, el cordero
al lobo, hará la liebre al león guerra,
y faltarán primero
los fuertes fundamentos de la tierra,
antes que yo un instante
en amar su belleza y ser constante.(8)

Amarilis divina,
de mi alma amorosa llama ardiente,
ángel a quien se inclina /232/
la belleza pasada y la presente,
pues vivo en tu memoria
no quiero bien mayor ni mayor gloria. 

En medio de mi pecho
estás, ¡o vida!, trasladada al vivo,
ya salamandra hecho
por los favores que de ti recivo,
fuego donde me abraso,
cerrando un Etna inmenso en corto baso.(9)

Desde aquí te visito,
¡o cifra de belleza y de constancia!,
con deleite infinito,
sin que me quite el verte la distancia,
que va cada momento,
donde el cuerpo no puede, el pensamiento.

Pierde melancolía,
ni de nueva infeliz el acidente
eclipse tu alegría,
el umano temor no t'amedrente;
mas crezca confiança,
que quando nace amor nace esperança. 

En tanto, prenda amable,
valor y brío en tu clausura muestra,
y espera favorable
quien trata agora la desdicha nuestra, /233/
qu'es aun siendo enemiga
toda alma noble de piedad amiga.

En la amorosa trama
tan alta calidad amor offrece,
que padece quien ama
tanto como lo amado en sí padece,
pues por mi grave pena,
¡o causa de mi bien!, la tuya enfrena. 

En ti no puede tanto
tu dolor como en mí; más me lastima,
pues mi sangre tu llanto
fuera si se vertiera, amada prima,
siendo tu sentimiento,
en vez de pena tuya, mi tormento." 

Assí acabó Manilio, dexando extremamente enternecido a Menandro por averle adivinado los pensamientos, conformando iguales concetos con los de sus continuas imaginaciones. Mas, començando Ismenio, aplicó los sentidos a su cantar, oyendo salir de sus labios lo que se sigue:

Ismenio (10

Menandro, noble supuesto
de firmeza nunca oída, /234/
ausente de su querida
el aire rompe con esto: 

"Entre quien de veras ama
y es en su dulce cuidado
recíprocamente amado,
l'ausencia muerte se llama.

Y aun es forçoso que prive
del vivir pena tan alta,
pues al cuerpo el alma falta,
que en lo amado ausente vive. 

Si tal vez imaginando
se cobra vital aliento,
en cessando el pensamiento
se buelve a morir amando. 

Amarilis, sabe Dios
si hallo cosa en esta ausencia
que pueda hazer resistencia
al mal de faltarme vos, 

cuyo rigor es tan fuerte
que su consideración
no tiene comparación
con el rigor de la muerte. 

Crece la tristeza mía /235/
con tal fuerça por momentos,
que quanto a graves tormentos
mil vezes muero en un día. 

Y entr'estos contrarios dos
no es possible que durasse,
si no me resucitasse
bolver a pensar en vos. 

Porque quanto más perdida
tener la vida sospecho,
vivís vos, siendo en mi pecho
alma de mi muerta vida. 

Sin vos todo tiene y muestra
sentimiento y pesadumbre;
hasta el sol no da su lumbre
adonde falta la vuestra.

Yo paso, en fin, de los dos
mayor soledad aora,
que no estáys sola, señora,
acompañada de vos. 

Soledad d'un preso ausente
muerto por vos, bien es justo
que la tenga vuestro gusto,
si el averme muerto siente. /236/ 

Mas para comparación
de qu'en dolor me igualáis,
pues que vos con vos estáis,
mayores mis males son. 

Dad ventaja a mi memoria
de las penas que sentís,
porque donde vos vivís
¿qué puede aver sino gloria?"

No menos agradaron a Menandro las redondillas de ausencia que cantó Ismenio que las liras de Manilio, supuesto más de una vez le ocurrió en su prisión lo que contenían. Prometió, pues, premiar igualmente la agudeza de los concetos y la suavidad de las vozes, quedando los pastores contentíssimos de sus palabras por la certeza que tenían de sus obras.

Tratavan, en tanto, Coriolano y Aurelio de los inconvenientes que atropellava el amor y, por otra parte, del rigor con que la honrra vengava los agravios que de su parte le resultavan. Aurelio truxo a la memoria el caso de Angélica y Medoro, cuyo aviso publicava la mala elección que muchas vezes hazían las mugeres en sus amores.(11) Acordó Coriolano la pérdida de España, daño universal seguido por interés particular de honrra. Parecía /237/ hablavan los dos con misterio, respeto de dar a entender tenían sobre tales assumptos dos sonetos. Era costumbre espresar lo que apuntavan en las conversaciones. Assí, pidiendo todos su observancia, sin resistir, començó:

Avrelio 

A reina y pobre, Angélica y Medoro,
¡o violencia d'amor!, juntó Imeneo.
Viéndole ya morir, tuvo desseo
de curar y servir al triste moro. 

En fin, sanó, y el reino y su tesoro
fue del moço feliz triunfo y trofeo,
que la dama juzgó por rico empleo
vestir un siervo de real decoro. 

Y lo qu'importa más, tras la corona,
la joya de más precio le concede,
de tantos reyes pretendida en vano. 

Violo Amor y con risa assí blasona:
"Rendirse a mi valor la Parca puede,
pues la presa le quito de la mano. 

No dexó de ser embidiada de algunos la ventura de Medoro, viéndole passar del penoso trance de la muerte a la suave dulçura de amorosos abraços, conociendo todos ser justa la arrogancia de Amor, pues triunfando de la Muerte desminuía sus fuerças y usurpa- /238/ va su jurisdición.

A Aurelio siguió Coriolano desta suerte:

Coriolano 

Forçó a Florinda el infeliz Rodrigo,
qu'es l'afición intrépida violencia.
El amor al excesso dio licencia
y al agravio la honrra dio castigo. 

¡O sacro onor, de la virtud amigo!
Mas ¡o fuerça d'amor sin resistencia,
pues triunfas de valor y de prudencia!
Pero ¿quién de su onor es enemigo? 

Al godo rey constó qu'amor abrasa,
qu'es al principio dulce, al fin amargo,
que no ay razón que su apetito estorbe. 

Y pues tan presto el gusto d'amor pasa
y dura el bien d'onor tiempo tan largo,
tras un perdido onor piérdase el orbe.(12)

Lastimó grandemente el miserable caso de la ruina y cautiverio de España procedido del ímpetu de una descompuesta sensualidad, aprendiendo de tal sucesso a ser ellas celadoras de su honestidad y ellos templados en sus desseos. Rosanio, al mismo propósito, quiso dezir el soneto que se sigue: /239/

Rosanio 

Por Progne dexas las paternas salas,
Filomena, y sulcando el mar Egeo
al fin te dexa el robador Tereo
despojada d'onor, siervos y galas. 

Con el excesso el injuriar igualas,
mas es tu lengua de su espada empleo.
(¿Cómo sufres, Amor, caso tan feo?
¿Cómo de su furor sueltas las alas?) 

Dibuxas el incesto, y a tu hermana
sin lengua le publicas, y ella, ardiente,
haze, crüel, qu'el padre al hijo coma. 

Ser mudastes los tres y, aunque inumana,
tal acción al onor fue conveniente,
que de su sangre aun vengança toma.(13

Encarecía Menandro con grandes veras la estimación de la honra, carbunco [preciosísimo], por cuya conservación avían sucedido en el mundo espantosos escándalos en todas edades. Fue con elegancia refiriendo los más dignos de memoria, concluyendo con el de Filipo, rey de Macedonia, a quien cierto agraviado quitó la vida, porque no restauró su onor castigando al culpado.(14) Ocurriole al mayoral un soneto que en razón desto avía oído y gustó de dezirle, dando principio deste modo: /240/

Menandro

A Filipo, su rey, Pausania pide
de su afrenta justicia contra Acabio;
dolor le cierra el uno y otro labio
y sus palabras la vergüença impide. 

"La culpa ódixoó con la pena mide,
mi onor restaura, ¡o rey potente y sabio!"
Oye Filipo apenas el agrabio
y con mal expediente le despide. 

Buelve el mancebo con la misma quexa
y en vano ruega. Al fin, desesperado,
al rey offende de mortal herida, 

y, mientras muere, assí le dize airado:
"Oy pagarás mi offensa con tu vida.
Pues no guardas derecho, el cetro dexa."

Tras esto, aviendo Cintio dado una rosa a Elisa, mandó, por favorecerle, alabasse él mismo su calidad y belleza. Assí, por obedecer a quien amava, començó a dezir:(15)

-Entre todas las flores es la más bella la rosa, hermosura de las plantas y de las verduras, decoro de la tierra, vista de los huertos, púrpura de los prados, pompa de los jardines, guarnición de los collados, joya de la juventud, adorno de las mesas, ornamento de los sepulcros, amiga de las Musas, engendradora de amor, incitadora de amistad. Compite con la aurora y ríe con el céfiro. Su fragan- /241/ cia es suave, agradable su color y excelente su virtud. Florida y no abierta tiene forma de coraçón umano. Haze sentir su olor primero que muestre su hermosura. A quien primero la ve florida, según proponen agricultores, no duele aquel año la cabeça. Quanto más ásperas tiene las ojas, más olorosa es. Saliendo y cayendo con el nacer y caer del día, advierte la brevedad y fragilidad de la vida.(16) Puesta entre ramas de ortigas se conserva fresca gran tiempo. La rosa no tocada significa castidad inviolable y la corona de rosas denota el entero y perfeto círculo de las virtudes.(17) Inumerables son sus propiedades: su olor mata los gusanos, su simiente embuelta en redes junta y haze pescar gran cantidad de peces, conforta el coraçón y se pone entre las medicinas benditas, sus raízes sanan de picaduras venenosas, el rocío embevido en sus ojas y exprimido sobre los ojos enfermos de nubes los serena, destilada en licor quita qualquier tristeza. Significa favor y para alcançarle de los príncipes se untavan los antiguos el rostro quando les avían de hablar con azeite rosado hecho debaxo de ciertos puntos del sol.

Diose licencia para que los amantes publicassen en verso parte de sus encendidos pensamientos, con íntimo gusto y aparente desa-/242/ grado de las pastoras. Concediose el ser primero a Meliseo que, teniendo por impossible ablandasse Elpina su dureza, dixo:

Meliseo a Elpina

Si el fuerte alcáçar, los sobervios muros
que Troya tuvo un tiempo levantados
yazen del tiempo en tierra derribados
y sus luzientes mármoles oscuros;

si están los jaspes y los bronzes duros
en la injuria del tiempo sepultados;
si los diamantes firmes y estimados
del tiempo en ningún tiempo están seguros,(18

podrá el tiempo, castigo d'arrogantes,
también, ¡o Elpina, que rigores viertes!,
dar a tu yelo ardor, a mi fe palma. 

Mas, ¡ay!, que no podrá, que los diamantes,
bronzes y jaspes son, quando más fuertes,
piedras al fin, mas tu dureza es alma.(19)

A Meliseo sucedió Sileno, que con imaginación de olvidado, tratando de la ingratitud de su amada, dixo:

Sileno a Flori 

¿De quién el ser, ¡o Flori!, reciviste?
No fue tu madre, ¡ay, no!, pastora umana.
En el elado Cáucaso naciste
de pantera feroz o tigre hircana.(20) /243/
¿Qué triunfo sacas de oprimir un triste,
amada esquiva y vencedora ufana?
Advierte qu'el rigor con el rendido
el vencimiento dexa escurecido. 

Memoria ten de que dixiste un día:
"Si bien quisiesse no podría olvidarte,
por ser, Sileno, tú del alma mía
la más preciosa y más querida parte."
¿Qué puedes responder al "no podría"?
Podiste, en fin, podiste, en fin, mudarte.
Assí mudarme yo también pudiera,
mas temo que pudiendo no quisiera. 

Amo tus partes bellas con decoro,
de quien, ¡ay, triste!, espíritu recivo.
Ni porque rías tú quando yo lloro
a de hazer mi firmeza algún motivo,
que quanto más me offendes más t'adoro,
y, como salamandra, ardiendo vivo.
Jamás mi fuego cesa, siempre dura,
que siempre le fomenta tu hermosura. 

Mas, ¡ay!, que pasa el tiempo y la esperança
huye también de nuestra edad ligera,
sin que se halle en ella confiança
de recobrar su alegre primavera.(21)
Sé, pues, crüel, que para mi vengança,
antes que de la Parca la tixera,/244/
fiera t'envestirá la vejez cana,
yelo fatal de la belleza umana.

La terneza con que dixo Sileno estas otavas sacara piedad de los pedernales más duros. Sonriose Flori al fin dellas, adquiriendo con todos título de más rigurosa que firme, si bien se imaginava ser las de Sileno sospechas solamente, por no avérsele conocido a la zagala otra afición. Tras Sileno, habló Arsindo desta manera:

Arsindo a Silvia 

Silvia crüel, por quien el trance estrecho
del último suspiro me atormenta;
llama d'amor, que sin cesar fomenta
el miserable incendio de mi pecho; 

mientras que de la tierra el claro techo
entre las suyas tus estrellas cuenta;
mientras su luz a la del alva afrenta
quando del novio anciano(22)dexa el lecho, 

y en tanto que te ves fresca y loçana,
goza sin más rigor tu abril florido
y déxate coger fruta temprana. 

Goza del es, huyendo del a sido,
qu'es para amar toda tardança vana
y siempre a lo que fue sigue el olvido. 

Perdía Arsindo tiempo y palabras por ca- /245/ recer del metal que todo lo puede, por cuya causa ninguna le desseava para esposo. Siguió Felicio assí:

Felicio a Tarsia

A las aves y fuentes dexan mudas
los soplos fríos que Aquilón(23) embía;
sus canas el invierno descubría,
ornando dellas las montañas rudas. 

Mas ya baxo las plantas aún desnudas
la yerbecilla tierna florecía
y ya bolviendo Céfiro, a porfía,
las aguas corren a juntarse agudas; 

ya Flora con verdor el campo iguala,
llega el estío y cógense las mieses;
tras el otoño frutas y ojas dexa. 

En esta forma el año se resvala
tirando de su carro doze meses,
y en todos, Tarsia, tu rigor me aquexa.(24

Teníase, por fin, duda que en lo secreto amase Tarsia a Felicio; mas, por ventura, el rigor de la honestidad dexava oprimido el afecto de su desseo amoroso. Cintio formó esto:

Cintio a Elisa 

Elisa, Amor es niño y es locura,
y yo, qu'os tengo amor, soy niño y loco.
Qual niño agora las verdades toco, /246/
diziendo ser milagro essa hermosura. 

Como loco pretendo a tanta altura
subir con merecer y valer poco.
Si como niño a lástima os provoco,
como loco estará de mi ventura. 

Perdime como niño, y podéys darme
como a loco licencia qu'os adore,
que sólo en esto me tendré por cuerdo.

Mas si no os animáis a remediarme,
fuerça será que como niño llore
o como loco diga el bien que pierdo.  

No tenía Cintio de qué quexarse, supuesto era en secreto y casi en público amado tiernamente de Elisa, y sólo aguardavan oportuna ocasión de dar efeto a sus bodas.

Sentía Damón que las partes de Dinarda se apoderavan poco a poco de su alvedrío y ya más de una vez le avía dado a entender se inclinava a ser suyo. Mas ella, con la dureza acostumbrada, huía el rostro a sus ternezas y amores. Aora, pareciéndole al forastero la presente buena ocasión para publicar parte de sus alabanças, quiso asirla por la melena (25) diziendo:

Damón a Dinarda 

A donde estáys mi entendimiento llega
y referir lo que ay en vos procura;
mas de tan bellos ojos la luz pura, /247/
Dinarda sin igual, los suyos ciega.

A todo ingenio umano, en fin, se niega
el poder celebrar tal hermosura,
pues quererlo intentar fuera locura
las dos plumas sin par latina y griega.(26

En quanto mira el sol y el mar rodea,
pastora tan discreta y tan gallarda
no vio la edad passada o la presente. 

Tal soys que quien os mira en vos dessea
el bien mayor; mas tal decoro os guarda
que aun hasta el pensamiento no consiente 

Por momentos se mudan los pareceres de los umanos y, según esto, podía Damón no desconfiar del todo, si bien era por extremo esquiva la condición de Dinarda. A Damón siguió Aurelio en esta forma:

Aurelio a Laura 

Eres sol qu'en la tierra as parecido,
y en resplandor excedes al del cielo;
alegra el aire y hermosea el suelo
la lumbre de tu rayo esclarecido. 

Osé mirar su luz, quedé encendido,
castigo justo d'atrevido buelo,
y es tal la fuerça de mi ardiente duelo
que me verá en ceniza convertido. 

Sólo un favor que me concedas quiero,
será puro cristal que al ardor mío /248/
usurpará las fuerças si me toca. 

Mas, ¡ay, Laura!, ¡ay de mí!, que quando espero
al abrasado pecho licor frío,
le encienden las palabras de tu boca.

Mostrávase Laura no pocas vezes desdeñosa y muchas, sin ocasión, alterada, acidentes que ponían en no pequeña confusión a Aurelio. Nacía, sin duda, este proceder vario de la terneza de sus años, pues apenas avía cumplido deziséys. Mas ya Partenio començava a dezir lo que se sigue:

Partenio a Antandra 

Antandra, bella enemiga,
que con elado desvío
el fuego de mi firmeza
fomentas y tienes vivo.
Quando dexé tu presencia,
bien sabes que mis suspiros
acrecentaron el aire
y mis lágrimas el río.
Estuve en Arcadia ausente,
siendo en adorarte el mismo,
qu'aunque tan lexos de ti,
governaste mi alvedrío.
Bolví y hallé, ¡triste yo!,
mi fe rendida a tu olvido, /249/
y para verme tus nortes
bueltos ya, de ardientes, fríos.
¡Ay, indigna novedad!,
¿qué fantasmas, qué prodigios
turbaron mi alegre estado,
qué tesálicos hechizos?(27)
Bien conozco que no tengo
estrella de ser querido
y que pena en vez de gusto
me señala mi destino.
Mas pues ordenan los hados
que te ame aborrecido
y qu'en el tormento sea
segundo Tántalo y Ticio,(28)
ablanda una vez siquiera
tus rigurosos oídos
y permite que me quexe,
pues que m'offendas permito.  

Vivía Partenio, desde que supo la solicitud de Manilio, con no pocos rezelos, haziendo por dicha agravio a la entereza de Antandra, que se desdeñava por momentos, viendo formar contra ella tantas quexas a su parecer injustas. Mas ¿quién podrá assegurar el cuidado de quien ama, y más si ha descubierto competidor? Después cupo la suerte a Olimpio, que dixo lo que se sigue: /250/

Olimpio a Amaranta 

Es fuerça qu'el arroyo deste valle
su licor con mis lágrimas aumente,
pues hasta el simple corderillo siente
ver qu'adore, padezca, sufra y calle. 

El tormento en qu'estoy dirá mi talle,
pues semblante fingido no consiente.
Mas ¿cómo cesar tal acidente
si del mal el remedio es no esperalle?

¡Triste de mí!, que por instantes veo
que, sin pasar mi desventura, pasa
veloz la hora, el día, el mes y el año. 

En fin, ardiente amor, pronto desseo
al alma aquexa, al coraçón abrasa,
siendo Amaranta la ocasión del daño.

Bien merecían piedad los lamentos de Olimpio y, sin duda, la manifestara el pecho de Amaranta; mas el no ser lícito descubrirse hazía pareciessen todas en lo público de condición más áspera que eran en lo interior. Tocó dezir a Coriolano y dio principio desta suerte:

Coriolano a Matilda 

Vencieron mi fortaleza
las fuerças de mi cuidado,
luego que me llevó el hado /251/
a mirar vuestra belleza.
Mi fe profesa firmeza,
y justa desconfiança
de cuenta al valer alcança.(29)
Según esto, d'adoraros
sólo pretento miraros,
dulce fin de mi esperança. 

Que tenga tal intención
manda Amor, jüez experto,
y que traiga descubierto
pensamiento y coraçón.
Con tan honesta afición
os amo, Matilda bella,
que no formaré querella
quando vos dexéys d'amarme,
pues pagando con mirarme
quitaréys la causa della. 

Es de considerar lo que sentiría Menandro en medio destas justas amorosas, ausente de todo su bien, de todo su gusto y alegría. Perdía, pues, a cada paso el sentido, padeciendo tan crecido dolor como si se le arrancara el alma. Dissimulava, con todo, y porque conociessen el valor con que recogía su inmensa tristeza en los cortos límites de su coraçón, quiso también que le tocasse el dezir, començando deste modo: /252/

Menandro 

Rematava en el cielo su belleza
un álamo galán, gloria d'un prado,
amante d'una vid y della amado,(30)
qu'amor halló lugar en su dureza. 

Sobervia, essenta y libre, su cabeza
era lengua del Céfiro enojado,(31)
del campo altivo rey, pues, coronado,
dava leyes d'amar en su corteza.(32

Escondiole su prenda airado viento
y, quedando sin brío, vio sin ella
ya verde oscura su esperança verde.(33

¡Ay, triste yo! Sin Amarilis bella,
¿qué mucho me consuma un pensamiento,
si un árbol sin su vid la vida pierde?  

La gravedad de las palabras de Menandro, la causa por quien y la razón con que se formavan, lastimaran los tigres y leones de mayor fiereza. Assí no era maravilla produxessen estas circunstancias y la afición entrañable que todos le tenían, infinitos compañeros en sentir sus penas y profundas melancolías.

Estuvo el viejo Clarisio atento a los concetos que se avían dicho y, desseando advertir a aquella juventud del común paradero que tenían sus afectuosos disignios, procuró poner por delante la ligereza con que pasan las bellezas más estables y la velocidad con que lle- /253/ ga el último día a residenciar los descuidos de las vidas umanas. Oyose, pues, de sus labios esto:

Clarisio 

Bvsca dama gentil el prado ameno
al tramontar del sol por el estío
y sale al amoroso desafío
con rostro de belleza y gracia lleno. 

Desde su coche Amor siembra veneno
y del galán sujeta el alvedrío;
el cavallo a su dueño aumenta brío
feroz, tascando el espumoso freno. 

Él sirve y ruega, ella a piedad se mueve
y, al fin, del cuerpo y del semblante bello,
tierna, dexa coger iazmín y rosa. 

Mas se marchita su verdor en breve
y, corbando la edad su [espalda] y cuello,
corta el hilo vital la Parca odiosa. 

Con esto, por ser tarde, se salieron del jardín y casa despidiéndose del preso, que se quedó passeando con Clarisio alrededor de su cárcel. El sol apressurava su curso, dexando al fin de su vida dorada la verdosa librea de la tierra. Alegrava la madre universal con la variedad de su hermosura, y tanto que obligó a que los dos claros ingenios tratassen de sus par- /254/ tes, excelencias y valor.

-La tierra(34) -dezía Clarisio- es la que con piedad nos acoge rezién nacidos, la que nos sustenta en teniendo ser y la que nos recive piadosamente en sus entrañas, dándonos en ellas reposo y paz quando nos desamparan los otros elementos y quando nos falta la misma naturaleza. A menudo se enoja el aire, se embravece el mar, se altera el fuego contra nosotros; mas la tierra en todo tiempo muestra ser nuestra piadosa engendradora. Siempre, sin mudar assiento, se mantiene firme, sirviendo a los vivientes de albergue sumptuoso. Luego que el gran Criador con su palabra eterna dividió las ondas, igualó los llanos, abaxó los valles y levantó los montes, dixo: «Tierra estéril, muda tus despojos funestos en vestidos alegres, ciña tu frente la corona de flores que texió mi mano, despida tu semblante suavíssimo aliento, esparce tu cabellera y pinta de vivo color tu rostro descolorido. De aquí adelante, con embidia de los demás elementos, compañeros tuyos, produzirás liberal frutos para los hombres y pastos para los ganados, siendo de contino cuidadosa proveedora del sustento umano.» Apenas pronunció esto el acento poderoso, quando el abeto, el cedro, el roble, la encina, el castaño y el pino ocuparon en esquadras las cumbres de los montes para ser /255/ combatidos de la furia de los vientos. Buscaron puestos húmedos alisos, tarais, sauzes, hayas, olmos y álamos. Eligieron sitios templados ciprés, palma, oliva, peral, mançano, guindo, ciruelo, cerezo, vid, serbal, granado, higuera, níspero, cidro, limón, naranjo, nogal, durazno y melocotón. Acomodáronse en lugares de más calor las plantas que produzen mirra, incienso, clavos, canela, pimienta, gengibre, nuez moscada y açúcar. Adornáronse los campos de vistosos ropajes: campeava lo azul del lirio, deleitava lo encarnado de la rosa, arrebatava la vista la púrpura del clavel, alegrava la blancura del iazmín y açucena, enamorava el oro de la maravilla y entretenía lo morado de la violeta, todos colores vivíssimos en quien resplandecía el soberano Pintor, que, no contento con aver enrriquecido las plantas y yervas de olor, frutos y flores, puso en sus raízes los remedios de las umanas enfermedades, infundiéndoles singulares propiedades y virtudes, siendo como pertrechos contra los continuos assaltos de la muerte. Admiran las riquezas de Ceres, cuyos granos misteriosamente se corrompen poco a poco, para renacer después más fecundos, pues llenos a su tiempo de húmedo calor, arraigándose en la que los cubre, brotan tiernos hijuelos, colmando de su verdu- /256/ ra las campañas y de esperança los labradores. Van creciendo los pimpollos en yerba, la yerba en cañas, las cañas en espigas y, al fin, las espigas en granos que, por salvarse de la persecución de los páxaros, se hallan armadas de agudas aristas. Tienen también sus bolsillas, porque el agua no los pudra o los abrase el ardor del estío, y para llevar fácilmente el trigo sostiene nudosa corteza las cañas, que sin ella fueran fragilíssimas. Hermoso por extremo haze al mundo la variedad de sus cuerpos, cuya perfeción y bondad usurpa las fuerças a la imaginación y quitaría los nervios a las plumas más doctas que intentassen descrevillas. Ricos tesoros son las aguas de los ríos, arroyos y fuentes que humedecen, fertilizan y hermosean lo interior y superficial del terreno, si bien parece pierde cada día su antiguo resplandor, llevando escrita en la frente la culpa inmensa por quien nuestro primer padre fue desterrado del paraíso. Va declinando su edad con la del universo, bolviéndole por instantes menos fértil su fertilidad, a imitación de la muger, a quien los dolores de muchos partos han dexado quebrantados los miembros, haziéndose estéril poco a poco la que antes enrriqueció de hijos su patria.

-Lastima, cierto -respondió Menandro-, la memoria del dilubio passado,(35) destroçador /257/ de la nobleza y hermosura del mundo y justo castigo del cielo, cuyas aguas escondidas juntas con las de la tierra le uvieran, sin duda, destruido para siempre anegando las más altas cumbres de los montes, si Noé, triunfando de su furor, no uviesse recogido las reliquias del género umano entre pocos árboles, fabricando dellos nave capaz donde con mil peligrosas penas pudo salvar todas las suertes de animales. Luego que estuvieron dentro, encerrando el sumo Rector en la caverna de Eolo(36) al frío Bóreas y otros compañeros suyos que destierran lexos de sí los nublados, quitó los hierros al Austro(37) y sus adherentes y, dexándoles correr a rienda suelta, començaron a dilatar por todas partes sus húmedas alas. Derramavan sus cabellos copiosas fuentes, caían de sus barbas sobervios arroyos y, cubriendo el cielo su frente de oscuros nublados, se miravan despedaçadas las nubes y convertidos los aires en llubias, en truenos, en relámpagos y en rayos. Incháronse las espumosas corrientes, perdiendo en un instante sus márgenes las aguas confusas de los ríos, bueltos ya tan caudalosos que competían con el mar quando, desenfrenados, descargavan su dulce peso en los campos de su salado licor. Tembló la tierra y, sudando, exaló fuera to- /258/ do su umor de miedo. Abrió el cielo las çanjas de sus dilatadas lagunas para verterlas sobre su perversa hermana que, viviendo sin ley ni respeto, sólo se ocupava en desagradar al soberano Rey. Perdíase ya de vista la tierra, ya se mirava sin riberas el mar, ya las raudas parecían océanos, cobrando todo el universo forma de profundíssimo lago que sólo deseava unir sus ondas con las celestiales. Passeávase el esturión por las torres encubiertas y se maravillava entre sí de ver tantos albergues baxo de su elemento; costeava la ballena por los collados, donde poco antes se avían apacentado ganados diferentes; saltava el delfín sobre las cimas de los árboles que tenían su assiento en la mayor altura de los montes. Servía de poco al pardo, al tigre y al ciervo su ligera velocidad, viéndose saltar el suelo quando sus pies le buscavan con mayor ansia; el galápago y cocodrilo, que antes gozavan de doblada habitación, tenían ya solo las aguas por morada; los corderos y lobos, los corzos y leones nadavan juntos con seguridad; la garza y el halcón, después de aver contrastado a la muerte con la destreza de sus alas, careciendo de ramo en que poder librarse del furor del mar, fatigados, al fin caían en él. Pues de los miserables umanos, quién su- /259/ bía sobre la punta de excelsa torre y quién, falto de aliento, corría al amparo de montuosa cumbre; éste, abraçando alto pino, intentava con pies y manos llegar a su remate, hallándose oprimido de la creciente mientras porfiava en vano; aquél, sobre el frágil barquillo de una tabla, se entregava por presa del furioso piélago; otro, soñoliento, hallava sumergida al improviso su casa y persona; y más de uno, con el compás de pies y manos, nadando sin provecho, se oponía al ímpetu del mar. A quién hermanos, a quién padres, a quién caros hijos y muger sorbía delante de sus ojos la orgullosa avenida, dexándose por último alivio morir junto a ellos. Perecía, en fin, todo viviente, y las Parcas, que otras vezes para robar las cosas de más lustre ponían en obra infinitas maneras de armas, allí executavan su rigor solamente con los airados encuentros de las ondas. En tanto, la sagrada nave, segura, aunque lexos de todo puerto y sin remos ni velas, andava vagando sobre las movibles espaldas del mar, respeto de tener por piloto, estrella y guía al supremo Motor de todos los movimientos. Tres vezes cincuenta días(38) fue el tiempo en que el diluvio general destroçó el bello rostro del mundo y, al fin, después de tan grande y tan horrenda ruina, movido a pie- /260/ dad el eterno Monarca, apenas con la divina y formidable trompeta se tocó a recoger, quando se retiraron las aguas, haziendo huir unas olas a otras, y, buscando cada qual su antigua habitación, baxáronse los arroyos, retrúxose a su cárcel el altivo océano, levantáronse los montes, mostraron las selvas sus lodosos ramos y, al paso que menguaron las aguas, manifestaron los campos sus semblantes llorosos, descubriéndose la tierra al cielo y el cielo a la tierra para que en ella viesse el Criador humear olores varios sobre llamas y altares consagrados a su gran nombre.

-Bien mereció -replicó Clarisio- la demasía umana essa divina indignación y, aunque fue memorable naufragio el padecido, causa, con todo, assombro terrible saber con certeza aya de perecer para siempre con instrumento de fuego esta maravillosa máquina que tenemos delante. Porque si bien hizo Dios única a la naturaleza, no dexó de ponerle término, quiriendo que solamente su divina essencia se hallasse essenta de cantidad. Por esso, el cielo no se puede dezir sin medida, midiéndose su curso con tiempo medido, ni assimismo el mundo se puede llamar immortal, pues en él se muda todo por instantes, su principio publica su fin y sus miembros se miran sujetos al rigor de la muerte. Los riscos darán un día de alto abaxo /261/ horrendo estampido, desasiranse los montes, rebentarán los cielos. Inchándose, los valles recivirán forma de altas montañas, los ríos se secarán y, si en algún estanque quedare alguna umedad será de prodigiosa sangre; el mar se bolverá fuego y las ballenas en la ardiente arena embiarán al cielo espantosos bramidos. El día en su mitad se tornará oscuro, el cielo tenderá triste velo sobre su alegre rostro, correrá el mar sobre las estrellas, vsurparase el sol el reino de la luna, caerán los astros y, predominando en todo ruido, desorden y temor, se verá sin espíritu el fuego, el aire, el agua y la tierra, puesta aparte la estéril naturaleza, como en su decrépita edad. El Tiempo,(39) encogido y temblando, sentado, por aver llegado a su término, sobre un seco tronco, por lo que engañados los que escriven en sus efemérides el año, mes y día, hallarán cerrada la puerta de Saturno a días, meses y años.

La cercana oscuridad de la noche hizo que Clarisio buscasse su casería, entrándose Menandro en su violento albergue.

Sólo a tales horas dexava el suyo Sileno por gozar del fresco de la noche, y como por su Flori casi siempre le combatiessen apesaradas imaginaciones, acometiéndole aora sin pensar celosas sospechas, se passeava diziendo: /262/

Sileno

Hvye, rabia celosa, y más no viertas
veneno en mí. ¡Ay!, baste el que derrama
Amor en quien aborrecido ama,
mártir d'inciertos gustos y ansias ciertas. 

Pues llegáys, sinrazones, descubiertas,
extinguid el ardor qu'el pecho inflama,
que no padece, no, tan viva llama
Plutón, horrendo rey de esquadras muertas. 

Antes qu'oprima, ¡ay, triste!, el vital curso
el grave mal, el acidente intenso,
vença olvido crüel tanta aspereza. 

Mas, alma, ¿dónde está vuestro discurso?
Sufrid por gran beldad dolor inmenso,
falte la vida en vos, no la firmeza.

Por entre la oscuridad vio Sileno venir un bulto hazia donde estava, que, llegado cerca, conoció ser Cintio. Venía de rondar la casa de su Elisa, con quien avía hablado. Después de saludarse, preguntó Cintio el estado que tenían sus amores con Flori; mas desseando Sileno encubrirle por entonces, respondió con más escaseza que acostumbrava otras vezes. Sabía Cintio mucho de sus tristezas y bien a menudo le avía consolado en ellas; mas conformándose aora con la voluntad del amigo mostró no querer saber más de lo que gustasse dezirle. Él sí que fue más liberal en no /263/ negar la parte de donde venía y lo que en ella le avía sucedido, haziendo sabidor a Sileno de un soneto que lo ceñía todo, traçado muy poco antes por él en la memoria. Explicole, pues, deste modo:

Cintio

Tendió la noche el tenebroso engaño
y difunta dexó l'alma del día;
Morfeo(40) en los mortales esparcía
el qu'es de nuestra vida desengaño,(41
quando yo, por hüir d'ausencia el daño,
de Elisa el dulce albergue recorría.
Su rostro vi, por quien la sombra fría
de luz y ardor cubrió su negro paño. 

"Mientras el cielo ódixeó tantos ojos
abre quantos el suelo agora cierra,
da fin, Elisa bella, a mis enojos." 

"Cesse óme respondióó d'amor la guerra,
y, pues te doy el alma por despojos,
concede al cuerpo paz, qu'es poca tierra." 

-Dichoso tú -dixo Sileno- que llegas a poseer la mejor parte de tu querida y la que trae consigo más estimación, no como yo, infelicíssimo amante, que siembro en arena y derramo inútilmente sudor y semilla. Menos favor alcanço quanto más obligo, esperando /264/ sólo tras tanto padecer un desesperado fin en mi amor y firmeza. Permitan los cielos se vea este afligido espíritu desatado de tan penosos miembros, porque con la muerte ponga límite a tantas ansias.

En esto llegó Manilio, que, atravesando a su casería, sin pensar encontró con los dos. Entendió luego lo que tratavan y, al fin, començó a dezir: 

-No es maravilla que los amantes, teniendo los entendimientos ofuscados con oscura niebla de afectos, nieguen paso al conocimiento de verdad y razón. La primera y más principal vitoria es la que se alcança de sí mismo, con que fácilmente se consigue después no sólo vitoria de amor, sino también de todos sus adherentes. Quien esto haze se muestra antes vencedor que combatiente y antes triunfante que vencedor. No sé qué pretendéis de esse orgulloso idolillo, de esse tirano de las almas, de essa ardiente inquietud que llamáis Amor, de ésse que con tanto cuidado solicita vuestros coraçones para que padezcan tormentos. ¿Qué consejo esperáis de su niñez, qué guía de su ceguedad, de su desnudez qué despojos? En todo procede como lisongero engañoso, corrompiendo los sentidos con vanos deleites y envileciendo los ánimos con destemplados apetitos. Al fin nació del ocio, criose en lascivia y siempre se susten- /265/ tó de falsas caricias. Gran peligro ocultan sus assaltos, aunque parecen burlas. No es paz su risa ni su prisión es tan suave como publica. No es tan dulce aquella muerte donde se aprende a renovar la vida y a morir sin morir. Triste del que se hiziere blanco de la vista de dos bellos ojos. ¡Ay del que se deslumbrare con los resplandores de muger hermosa! Yo, como sabéys, aunque muchas vezes e intentado contarme entre cuidadosos amantes, no e passado tan adelante que no aya podido bolver atrás, que tan loable suele ser una prudente retirada como una gloriosa vitoria. Quiero comprobar esto con cierto caso que a poco me sucedió.

»Sabréys que ayer visité a Clórida con ocasión de tratar con ella cosa que me importava, que aviendo concluido me senté en medio de Nise y Anarda, sus sobrinas, zagalejas de mucho donaire y de no poca hermosura. Bolvime a Nise diziéndole si me quería acetar por su amante y respondiome con desenfadada risa que de muy buena gana. Mas, tirándome del pellico, Anarda dixo: «Manilio, yo soy a quien as de querer, que te merezco más.» «Agrádame -respondí yo-, tuyo seré.» «¿Por qué -replicó Nise- das muestras de grosero? ¿Por qué me desechas? ¿Qué me falta para no ser amada?» «Ninguna cosa, por cierto -dixe/266/ yo-, y assí tú serás la escogida.» «Estraño eres y en extremo inconstante -dixo Anarda-; ¿tan presto te arrepientes y te buelves atrás? Agravio hazes a lo que entiendo valer.» Finalmente, dando palabra ya a ésta, ya a aquélla, me vine a quedar sin ninguna, con no poco gusto mío, porque, a la verdad, me hallava embaraçado y confuso, por no dezir arrepentido. Escriví, con todo, a este propósito un soneto que diré si no os causa molestia.

Y respondiendo los dos gustarían con extremo de oírle, dixo desta manera:

Manilio 

Ayer miré dos niñas y, al instante,
ambas hazerlas quise de mis ojos,
mas temí su mudança y mis enojos
en adquiriendo título d'amante. 

Con todo, a cada qual amor gigante
osa offrecer el alma por despojos,
loca imaginación, vanos antojos,
pretender de dos cielos ser Atlante. 

Ambas graciosas son, ambas son bellas.
De verme Amor se ríe y, mientras, temo
que aguda flecha en mis entrañas vibre. 

Aunque tengo delante dos estrellas,
sin norte voy y, en fin, en tal extremo,
no sabiendo qué hazer, me quedo libre. /267/

Agradoles el soneto, tras cuyo fin buscaron los tres sus casas.

En iguales entretenimientos se pasaron no pocos días, en cuyo ínter, el padre de Menandro (famoso mayoral,(42) cuya valiente espada penetró con singular gloria los dos extremos del mundo) trató de que el supremo Sacerdote facilitasse el estorvo de parentesco que impedía las felices bodas de Menandro y Amarilis. Y al cabo de grandes contradiciones hechas cerca del sacro Teniente,(43) vino a conceder tan justa petición, pudiendo más la voluntad del cielo que la contradición de la tierra. Conseguido, pues, lo que tan de veras se desseava, fue forçoso que lo temporal se rindiesse a la espiritual disposición de quien es defensor y no iuez. Y assí, cessando la clausura y prisión de los dos amantes, se esperava sin dilación el efeto de su desposorio.

Faltan acentos y estilo(44) para encarecer el inmenso gozo que sintieron aquellas nobles almas, viendo llegado el fin de sus infortunios y el principio de sus dichas. Fue menester no darles de golpe tan buena nueva, sino hazerles sabidores della poco a poco, que muchas vezes un gran contento suele parar en pesar ahogando su demasía al coraçón, supuesto puede ser tan grande el plazer que engendre dolor,(45) procurado por la misma persona que le recive. /268/ Llegaron luego los parabienes y visitas de infinitos deudos y dependientes del linage de Menandro; acudieron assimismo, al instante, todos los pastores y zagalas del distrito en que avía estado preso a publicar sus íntimos plazeres con fiestas, con juegos, con bailes y canciones anunciadoras de alegre imeneo y venturoso epitalamio, como teniendo ya delante de los ojos tan felices bodas, pues sólo faltavan para celebrarse del todo no más que quatro días, tiempo escogido para la prevención de su pompa y aparato.

Admira las novedades amorosas que causó el dichoso casamiento, pues por su causa començaron a sentir amor y a vencer propias asperezas las almas que más professavan rigor. De las primeras fue Dinarda, despreciadora de todo afecto umano, haziéndose dueño de nuevos cuidados y pensamientos inclinados a no despreciar del todo la fe, ruegos y afición del forastero Damón, venturosíssimo en ser favorecido de tan hermoso sujeto. Antandra, agradecida al amor de Partenio, condecendió en ser su esposa. Arsindo, que antes por falta de riquezas dexava de ser admitido, halló piedad en la dureza de Silvia. No desdeñó Matilda la compañía fiel de Coriolano. Mostráronse Amaranta y Elpina menos /269/ duras con Olimpio y Meliseo y más umana [Flori] con Sileno. Elisa y Laura favorecieron al descubierto a Cintio y Aurelio, sus amantes, y Tarsia admitió blandamente las caricias de Felicio.

Iugavan por los aires de aquella comarca los ternecillos amores, los páxaros con músicas suaves desfogavan sus encendidos desseos, las plantas espiravan amor y todo se mirava colmado de gozo.

Corrió por cuenta de Clarisio la solenidad pastoril destas bodas y, assí, trató de alegrarlas con músicas y diferentes exercicios corporales, señalando premios para los que se mostrasen más ágiles y desembueltos en ellos.

Llegado, pues, el día tan desseado de todos, salieron, después de aver gozado esplendidísimo banquete, Amarilis y Menandro, acompañados de gente infinita, a un puesto que avía señalado para semejantes fiestas donde, sentados los amantes y ya esposos en eminente lugar, se dieron principio a los entretenimientos. Lucharon diferentes pastores animosamente, derribándose unos a otros con risa de los que miravan. Al fin, por más fuerte luchador tocó el premio a Arsindo,(46) con quien ninguno pudo durar sin quedar derribado. En la carrera ocupó el primer lugar el ligero Cintio, que parecía averle para tal efeto comunica- /270/ do su velocidad el planeta que le comunicó su nombre,(47) llegando al puesto donde se avía de parar muy antes que los demás; por pasarle delante, tropeçó Coriolano casi en sí mismo, dando tan gran caída que del segundo lugar que llevava apenas le vino a tocar el último, suceso que, haziéndole quedar corrido, alegró los circunstantes. Aventajose en tirar al blanco Olimpio, que a cincuenta pasos clavó su dardo casi en medio dél. Y dando estos y otros juegos lugar a la música, se subieron los pastores al teatro sobre que estava el assiento de los esposos, donde, acompañando Manilio su voz con las de varios instrumentos, puesta la vista en los amantes, cantó desta suerte:

Manilio 

Nombrarte puedes por el más dichoso,
¡o venturoso día!,
de quantos quien el carro de oro guía
miró con resplandor y rayo hermoso,
pues a ti sólo, por honrarte, el hado
tuvo tal imeneo reservado. 

Oy estos bulliciosos arroyuelos,
cuyos limpios cristales
con risa a quien los mira dan señales /271/
que imitan la pureza de los cielos,
celebran tanto bien y gozo tanto
con süave murmurio en vez de canto.

Del fresno más sobervio y elevado,
del plátano frondoso,
del álamo por Hércules gozoso(48)
y del pino a Cibeles consagrado,(49)
suenan las ojas con divino acento
d'Amarili y Menandro el casamiento. 

Más tiempo permanezca el imeneo
que de Néstor(50) los años
y agenos de disgustos y de daños
los sucessos respondan al desseo.
Seáys de todos, como soys, amados
y por vuestras virtudes estimados. 

Veáis de vuestra estirpe generosa
ínclita decendencia,
a quien hagan las armas y la ciencia(51)
quanto ser puede única y gloriosa,
y para eternizarla en todo el suelo
vozes la fama dé, lenguas el cielo.

A vos, él mismo con la franca mano
que reparte sus dones,
dé tantos que se espanten las naciones
y se tenga por pobre el rico indiano. /272/
Vierta Amaltea la dorada copia,
pues es de la virtud la hazienda propia. 

Y tú, viejo veloz, rey de los años,
destrozo de la tierra,
aunque a todo viviente hagas guerra,
sólo con estos dos cessen tus daños.
Estas dichosas vidas no consumas,
pon torpe plomo a tus ligeras plumas.(52)

A Manilio sucedió Coriolano, que al son de los mismos instrumentos dixo:

Coriolano 

Calça el coturno por felice suerte
deste divino tálamo, Imeneo;
adorna el pie derecho con más galas,
dichoso anuncio, pues en él se advierte
que ves el fin conforme a tu desseo.
¡O tú, que amando al mismo amor igualas!
Buela y buelve las alas
a la parte derecha la paloma,
de cuyo buelo toma
seguridad propicia la ventura,
qu'el móbil assegura
con la fortuna, a quien sujeta y doma,
porque con pecho fuerte
rompa los estatutos de la muerte. /273/

Damón cantó luego assí:

Damón 

Escrive la Fortuna en mármol duro
los dichosos agüeros que la Parca
oy en mudas señales pronostica
y por memoria eterna en lo futuro
los lee la ninfa,(53) cuya lengua abarca
el orbe entero si a cantar se aplica,
y oy al mundo publica
como os ofrece la preñada tierra
los varios frutos qu'en su seno encierra:
el aire suavidad, l'agua frescura,
el fuego su calor, y las estrellas
influxo natural de luzes bellas,
porque en esta concordia de elementos
los etéreos assientos
impriman calidades excelentes,
para que eternos hagan los contentos
esentos de mundanos acidentes,
que causas naturales
produzen oy efetos immortales.
Ya os ofrece sus pámpanos otubre,
qu'en sí contienen duplicado el fruto,
ofrendas d'immortal merecimiento.
La eterna lumbre nueva luz descubre,
quiriendo que los tiempos den tributo /274/
por gloria suya a vuestro ayuntamiento.
El natural assiento
os forma el polo de sus astros bellos,
porque siempre viváys do viven ellos;
y con vuestros aspectos Amaltea
derramará por el dorado cuerno
copia que os formará verano eterno,
para qu'en vuestra edad el Siglo de Oro
buelva del blanco toro.(54)
Ya nuevos Iosüés,(55) el tiempo vario,
sólo por ensalçar vuestro decoro,
atrás buelve su curso extraordinario,
y su naturaleza
reforma en siglos que de nuevo empieza. 

A Damón siguió Partenio deste modo:

Partenio

Amantes, veis que no son
siempre males los que offenden,
veis que se buelven süaves
los ásperos acidentes.
¡O bien padecidas ansias,
cuyos males ya son bienes,
cuyas espinas dan rosas,
cuyo llanto risa ofrece!
Esposos, pues os mostrastes
en la esperança valientes,
vuestra costumbre seguid/275/
y en la possessión sed fuertes.
Vuestro dichoso imeneo
con nuevo aplauso celebren
aire, fuego, tierra y mar,
y os cante todo viviente.
Silgueros y ruiseñores,
músicos del campo alegres,
vos, qu'en violines de ramas
entonáis dulces motetes;
ayres, que servís de manos
a sus cuerdas d'ojas verdes
y de frescos avanillos
en los estíos ardientes;
argentados arroyuelos,
hijos de risueñas fuentes,
que sin murmurar de nadie
andáis murmurando siempre;
vos, súbditos de Neptuno,
veloces y mudos peces;
y vos, de ocultas montañas
habitadores silvestres,
destos amantes conformes
cantad la dichosa suerte,
y por vos sus alabanças
en todo elemento suenen.
El son de sus nombres suba
a los celestiales exes
y, en fin, su gloria immortal
sea de la embidia muerte. /276/

Cantó Cintio, después de Partenio, deste modo:

Cintio 

Hijo de quien al suelo
truxo en pámpanos verdes fruto hermoso,
llueve gracia del cielo,
acuda tu virtud y haga dichoso
este nudo amoroso,
con que Menandro y Amarilis quieren
vivir amando, pues amando mueren. 

Merezcan tu presencia
la vez primera qu'en el blando assiento
busquen correspondencia
comunicando al fuego por el viento.
Favorece su intento
tú, qu'el alma al eterno amor dispones,
anima los amantes coraçones. 

No siembre la discordia
espinas en su amor d'ásperos celos,
y perpetua concordia
-tan noble huésped les embíen los cielos-
les dé firmes consuelos,
porque la tortolilla no se cante
la gloria sola a sí [de] firme amante. 

No se junten en vano,
generación dichosa vean presente, /277/
y como suele el grano
bolver la tierra agradecidamente
con fruto más valiente,
assí sus hijos multiplique el cielo
y tales plantas den adorno al suelo.

Sus almas no divida
por el tiempo d'un sol la dura ausencia,
porque jamás su vida
se halle en menesteres de paciencia.
Igual correspondencia
ciña sus almas con amor estrecho,
sin que se ausente la verdad del pecho. 

Ofrezcan sus ganados
siempre abundantes crías, y la tierra
los árboles preñados,
a quien ni ardor ni yelo hagan guerra.
En el valle, en la sierra,
se ocupen en agrestes alegrías
los días claros y las noches frías. 

Las cumbres intratables
de montes y de sierras más altivas
ofrezcan agradables
en sus recreos aguas fugitivas
y con bueltas lascivas
fecunden estos prados, que por ellas
produzgan bellas flores, plantas bellas. /278/ 

Haz, ¡o santo Imeneo!,
-justo es el don que de tus manos pido-,
que mi pronto desseo
a las obras se mire reduzido.
Si versos han podido
darte alegría, con piedad procede
y eternos gustos a los dos concede.

A Meliseo tocó ser el último en cantar, començando deste modo:

Meliseo 

Mereció de Menandro el firme intento
vencer de la Fortuna los desdenes,
que tras males ay bienes
que premian la constancia y sufrimiento.
Goze su prenda el perseguido esposo,
y la qu'es de firmeza exemplo raro
reciva al dueño caro
con recíproco amor entre sus brazos.
Tú, ioven bello, Imeneo glorioso,
ven y assiste al enrredo de sus lazos,
al uno y otro haz tan venturoso
que tenga qu'embidiar el más dichoso,
y tras el desseado ayuntamiento
caros hijos possean
qu'en altos puestos vean
y larga edad abunden de contento. /279/ 

Dexaron tras esto los dichosos amantes los assientos que ocupavan, y en tanto que con pompa y concierto, acompañados de luzido esquadrón de gente, se retiravan a su habitación, buelto Menandro a su amada Amarilis, con terníssimos acentos le començó a dezir:

-Iamás, ¡o prenda mía!, pura y rosada aurora causó día tan claro y alegre como éste, iamás el sol se mostró tan luziente ni el cielo tan rico de transparente serenidad, iamás de manto tan verde y precioso vistió apazible primavera desnudos prados, iamás las flores presumieron tener colores tan vivos como aora, iamás hasta este punto los árboles se descubrieron tan fértiles y loçanos. Vos sola, con mirarlos solamente, los colmáis de infinitos frutos sabrosos y a la vista agradables. Notad cómo brotan a porfía las rosas que mostraron sus senos quando el alva su luz, juzgándose por vos este día más bellas y olorosas, aunque corridas de aver recivido de vos quanto esperavan offreceros de olor y deleite, doblando su púrpura la vergüença de conocerse vencidas de la encendida de vuestros labios. Mirad quán enamorado se muestra el cielo de vuestra perfeta hermosura y con quánto gozo siente la tierra la poderosa virtud de vuestras plantas, considerad la atención con que se buelve a vos como a su lu- /280/ minoso planeta y cómo, mudando vestido, se adorna de hábito celestial. Estos immortales acantos y estas plateadas açucenas, que se hallavan antes sepultadas, favorecidas de vuestro pie renacen alegres, cobrando ser más calificado con la fuerça de tan nuevo abril. ¿No veis con quanta presteza florece aquel narciso, no como loco para enamorarse otra vez de su semblante, sino con cuerda elección para abrasarse por el vuestro divino? Advertid con quánta alegría en forma de blanquíssima nieve se dexan caer los jazmines de sus verdes ramas, a efeto de quedar enteramente gozosos con ser pisados de vos. Contemplad el regozijo y fiesta que publica la variedad de páxaros con sus regalados acentos y con quánta mansedumbre buelan alrededor de nosotros. Por vos este día se despojan los brutos de su fiereza, oy por vos pierden las vívoras su veneno, por vos se buelven animosos los más tímidos animales. ¡O resplandeciente Sol, luz del universo, padre del mundo y de sus vivientes!, dime si por ventura en quanto miras descubres semejante belleza o si la tuya es digna de igualarse con ella. Tú sabes que te escondieras quando te fuera forçoso venir al punto de tan gran prueva. Dilo tú, reina de Chipre, amorosa Venus, vida de lo que nace, madre de las Gracias y del Amor, di si por /281/ quanto camina tu immortal luz hallas igual hermosura. Cielo, que con tantos ojos eternamente despiertos te admiras de tu admirable fábrica, di si entre tantas maravillas como tienes delante possees acaso otra como ésta. Selvas y fuentes, dezid si en alguna de vosotras alberga ninfa tan bella. Assistid, pues, ¡o variedad de criaturas!, a nuestros gozos prósperamente. Hazed siempre felices nuestros amores, a quien la primera causa conceda sucesión dichosa.

A esto la hermosa Amarilis con modestas razones y rostro agradecido mostrava bien con quánta voluntad y gusto entregava la possessión de sus partes a quien por fe tan constante y tan largo sufrimiento las tenía tan merecidas.

Qué eloquencia, qué facundia, qué Apolo y Musas, qué caudal de ingenio y aviso sabría dezir lo que sintieron y cómo quedaron los dos firmíssimos amantes la primera vez que se hallaron solos, viendo acabadas sus persecuciones y tormentos, gozando el premio que merecía su cándida fe y considerando servir en aquel punto las penas y disgustos passados de mayores contentos, cuya gran dulçura fue bien menester para recompensar amargura tan grave como tenían sufrida en el estado penoso, quedando el bien con más estimación por averse seguido tras tanto mal. /282/ Quieran los cielos, pues, que jamás por espacio de tiempo ni muerte padezcan olvido los calificados acidentes destos amores; antes, para gloria y perpetuo renombre de los amantes, viva siempre en las almas de todas gentes tan agradable istoria. Y, en fin, imitando el estilo de la ciega gentilidad, esta vez sea lícito dezir: Iúpiter, si alguna vez te fueron caros Pólux y Cástor, cuya memoria conservaste en el cielo,(56) concede a nuestros esposos honrra tan alta que iguale a la de los dos; si te compadeciste de las fatigas de Hércules,(57) no olvides estas que en calidad exceden a las de aquél. Neptuno, si aún oy mantienes en tus ondas el nombre de Ícaro,(58) guarda eternamente en ellas los de esposos tan dignos. Tú, antigua madre, sella en lo más firme de tus espaldas tan insignes maravillas, mírense esculpidas tantas amorosas finezas en tus plantas y piedras, como de contino se ve impreso el caso de Dafne y Iacinto.(59) Mercurio,(60) escrive con tu elegancia este venturoso suceso, para que los venideros amantes, aprendiendo de su discurso a ser modestos y firmes, levanten a los nuestros estatuas de eternos metales.

 

V. Burgos Fisci Aduoc.

Ratione sui officij