NOTAS DEL DISCURSO CUARTO

1.- En el Siglo de Oro...: Este parlamento sobre la Edad de Oro presenta algunos pasajes tomados del Aminta de Tasso-Jáuregui. Para el origen del mito, véase Ovidio, Metamorfosis I, 89-112. También está en Virgilio, Bucólica IV; J. Sannazaro, Arcadia, Égloga III, 27-58.  Volver

2.- Austro: Viento del Sur que aumentaba o provocaba las epidemias. Boccaccio, Genealogía de los dioses paganos, ob. cit., p. 796, lo llama "el turbulento Austro." Volver

3.- ya...ya...: Su repetición anafórica acentúa la diferencia entre la excelente Edad de Oro y la decadencia actual. Volver

4.- Anfíon: Hijo de Júpiter y Antíope, Anfíon es músico gracias a la lira que le ha regalado Mercurio, quien también le ha enseñado a tocarla. Él y su hermano gemelo Ceto conquistaron y fortificaron Tebas. Ceto transportaba las peñas con su propio esfuerzo, pero Anfíon, valiéndose de los sonidos prodigiosos de su lira, las hacía colocarse por sí mismas en el lugar adecuado. Véase Horacio, Odas III 11, 1-2; Epístola a los Pisones, 394-396; A. Ruiz de Elvira, Mitología clásica, ob. cit., p. 187. Volver

5.- Como se ha señalado en nota 103 en el discurso tercero, aquí se apunta de nuevo a las competiciones poéticas. Volver

6.- Manilio: Portavoz, ahora, de los sentimientos de Menandro. Volver

7 .-la regalada música del cielo: Manilio alude a la idea pitagórica, tan extendida en los Siglos de Oro, según la cual los planetas emitían una música armónica que producía el equilibrio del universo. Véase nota 27 en el discurso tercero.  Volver

8.- Sobre la inversión de las parejas de animales contrarios, para acentuar la fuerza del amor, véase Garcilaso, Égloga I, 155-168; Miguel Sánchez de Lima, Historia de los amores que vuo entre Calidonio y Laurina, ob. cit., pp. 115-116: "Laurina, bien te acuerdas que dezías [...] / Que al lobo con la oueja en paz verías / Y al frío y al calor trocar su officio; / Las tenebrosas noches ser los días, / La tierra darnos pan sin beneficio, / Las liebres yr tras galgos corredores, / Primero que mudasses mis amores." Volver

9.- corto baso: El pecho. Ya en el discurso tercero había dicho Arsindo: "Considera ser el pecho baso limitado para encerrar tan dilatado tormento como es el mío." En cuanto a la mención del volcán para expresar la intensidad del amor, véase nota 53 en el discurso tercero  Volver

10.- Ismenio: Como en los discursos primero y segundo, de nuevo el zagal de Menandro es el portavoz de los sentimientos de su mayoral. Volver

11.- La pasión de Angélica por Medoro fue tratada con mucha frecuencia, sobre todo, a partir del último cuarto del siglo XVI. Suárez de Figueroa critica el atentado de Angélica al decoro por no respetar las diferencias sociales que la separan del moro, como ya antes lo había hecho Rey de Artieda en un soneto titulado A la elección mala de mugeres, que termina: "Mirad, los que os perdéys por damas bellas, / quién es el desechado y el que medra, / y veréys el humor de todas ellas." Véase el amplio desarrollo de este tema en Maxime Chevalier, Los temas ariostescos en el romancero y la poesía española del Siglo de Oro, (Madrid: Castalia, 1968), pp. 283-285. Volver

12.- Sobre la leyenda de don Rodrigo en los Siglos de Oro, véase la compilación de R. Menéndez Pidal en Floresta de leyendas heroicas españolas. Rodrigo el último rey godo, (Madrid: Espasa-Calpe, 1958). Volver

13.- Para el contenido mitológico sobre Progne y Filomela o Filomena de este soneto, véase Ovidio, Metamorfosis VI, 424-674. Volver

14.- Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno, murió a manos de su general Pausanias, porque aquél no lavó la afrenta que Atalo (y no Acabio, como se dice en el soneto que sigue) le infligiera. Véase Plutarco, Vidas paralelas. AlejandroVolver

15.- Empieza aquí un nueva digresión, ésta sobre la rosa, construida también por medio de enumeraciones paralelísticas.  Volver

16.- La rosa se convierte en los Siglos de Oro en uno de los símbolos tópicos más utilizados de la fugacidad de la vida. En Pusilipo, ob. cit., p. 70, Suárez de Figueroa añade a la formulación del tópico una sentencia moral: "Fue rosa, pomposa y bella nacida por la mañana, y a la tarde marchita y desojada en la rayz de su tronco. En fin, las buenas costumbres valen más que los mayores tesoros." Volver

17.- En contraste con estas palabras, recuérdense las que describían la simbología de la Templanza al comienzo del discurso segundo: "El carecer la guirnalda de rosa demuestra no le convenir tal lugar, por ser incitadora y casi lasciva." Volver

18.- tiempo...tiempo: Dilogía. En este verso, el primero significa el tiempo que inexorablemente pasa y todo lo muda, y el segundo, época. Nótese la repetición de la palabra tiempo en este soneto, en el que se insiste en la fugacidad de la vida y en la inestabilidad que rige el mundo Volver

19.- Joseph G. Fucilla, "Estudios sobre el petrarquismo español", Anejo RFE, 72 (1960), p. 295, señala la influencia del soneto "Superbi colli e voi sacre ruine", de Castiglione, en el soneto de Meliseo. En ambos sonetos se equipara el tema de las ruinas (Roma en el italiano y Troya en el pastor, en otro tiempo ciudades gloriosas) con la propia situación sentimental  Volver

20.- tigre hircana: Tigre solía utilizarse en femenino, aunque no falta tampoco en masculino, como en Lope de Vega, La Arcadia, ob. cit., p. 128: "Tus hijos te traigan muertos / de un león o tigre hircano." Hircana, de Hircania, región de Asia, en el Mar Muerto, famosa por la ferocidad de sus tigres. El comparar a la mujer esquiva con este animal fiero se convirtió en tópico. Véase J. de Lomas Cantoral, Las obras de..., ob. cit., p. 254: "¡Oh hembra más terrible / que fiera acometida!, / ¿criástete en el Cáucaso, engañosa, / o fuiste, cautelosa, / de alguna tigre hircana producida?" Volver

21.- edad ligera...alegre primavera: En esta recreación del tópico de la fugacidad de la vida, parece que Suárez de Figueroa haya tenido presentes los versos 9 y 13 del soneto 23 de Garcilaso de la Vega. Volver

22.- novio anciano: Titono, hijo de Laomedonte y esposo del Alba o la Aurora. Ésta pidió a Júpiter la inmortalidad para su esposo, pero olvidó pedirle también la juventud, y con los años, el que fue un joven amante se convirtió en un anciano decrépito. Véase Ovidio, Amores I 13, 1, y III 7, 42. Volver

23.- Aquilón: Nombre latino del viento del Norte, idéntico al Bóreas griego. G. Boccaccio, Genealogía de los dioses paganos, ob. cit., p. 796, lo llama "el silbante Aquilón". Véase nota 16 en el discurso primero y nota 6 en el discurso tercero. Volver

24.- Ya en el discurso primero, Felicio había cantado, como lo hace ahora, a la mudanza de la naturaleza por el cambio de las estaciones, en oposición a la inmutabilidad del rigor de su pastora ("solo conmigo Tarsia no se muda"). También Arsindo cantaba en el discurso segundo un soneto sobre el mismo tema. Volver

25.- asirla por la melena: aprovechar la ocasión. Véase J. Corominas y J.A. Pascual, Dicc. crit. etim. castell. e hisp., s.v. melena: "...asir por la melena, hablando de la ocasión se lee en el Lazarillo de Luna (1630), Rivad. III, 114." Volver

26.- dos plumas sin par latina y griega: Por antonomasia, Virgilio y Homero, respectivamente  Volver

27.- tesálicos hechizos: La Hemonia o Tesalia fue una tierra famosa por sus hechiceras. Véase Ovidio, Arte de amar II, 99; Remedios contra el amor, 249-250. Volver

28.- Tántalo: Este rey de Lidia, hijo de Júpiter y de la ninfa Pluto, por sus desobediencias a los dioses fue condenado a sufrir eternamente hambre y sed, teniendo al alcance de su mano la comida y la bebida. Véase Ovidio, Metamorfosis IV, 458-459; Amores II 2, 43-44; Arte de amar II, 605-606. Ticio, gigante hijo de Júpiter. Instigado por Juno, que lo odiaba, intentó violar a Latona, por lo que fue condenado a un castigo similar al de Prometeo. Tumbado siempre, un buitre o águila le devoraba el hígado, que inmediatamente volvía a crecer. Véase Ovidio, Metamorfosis IV, 457-458. Volver

29.- Sobre el sentido de estos versos, véase S. de Covarrubias, Tesoro, s.v. alcançar: "Alcançar a uno en cuenta es concluirle sin que tenga réplica." Así, Coriolano viene a decir que "justa desconfiança" es suficiente razón para atar o limitar su propio valer. Volver

30.- un álamo...una vid: Para el tema de la vid enlazada al álamo, véase nota 134 en el discurso primero. Volver

31.- Céfiro: Viento del Oeste, en sus orígenes no fue el soplo benéfico que asegura el esplendor de la primavera (véase nota 2 en el discurso segundo), sino un viento irrefrenable y funesto. Véase Virgilio, Eneida I, 131-141, en donde Neptuno recrimina a Euro y a Céfiro por haber transtornado cielo y tierra y levantado grandes moles de agua sin su permiso. Céfiro se ocultaba en las cuevas de las montañas de Tracia, junto con Bóreas, su compañero. Más tarde, suavizó su carácter y se convirtió en un viento oloroso que refrescaba las bellas regiones del Elíseo.  Volver

32.- dava leyes d'amar en su corteza: Más probablemente por tener la vid enroscada en su tronco, que porque los pastores hayan escrito en él sus amores. Véase nota 33 en el discurso segundo. Volver

33.- ya verde oscura su esperanza verde: El verde es el color de la esperanza, pero el tono oscuro le da el significado contrario. Véase Romancero general, recogido por A. Durán, (BAE, 10, Madrid, 1945), nº 128, p. 65b: "Era una yegua alazana, / Con un jaez verde oscuro, / Color de muerta esperanza"; Lope de Vega, La Gatomaquia, VII, 62-63: "...pluma verde escura, / señales de esperanza con tristeza"; Tirso de Molina, La república al revés: "CAM: Pues traerete el verde obscuro. / LID: Verde obscuro, ¿qué mudanza / entristece mi esperanza?" (cita tomada de S. Griswold Morley, "Color Symbolism in Tirso de Molina", art. cit., p. 78). Sobre la simbología de los colores, véase nota 57 en el discurso segundo. Volver

34.- Empieza una nueva digresión, que versa esta vez sobre las excelencias de la tierra. Volver

35.- Menandro contesta a la digresión de Clarisio con otra sobre el diluvio universal, que sigue muy de cerca, en determinados párrafos, el relato que Ovidio escribe sobre este asunto en MetamorfosisVolver

36.- Eolo: Rey de los vientos. Véase Virgilio, Eneida I, 52-63. Volver

37.- Austro o Noto, viento del Sur: Véase nota 2 en este mismo discurso; Ovidio, Metamorfosis I, 66 y 264-269; Horacio, Odas II 14, 15-16; Boccaccio, Genealogía de los dioses paganos, ob. cit., p. 281: "el Austro, que sopla desde el mediodía, se llama así porque consume las aguas." Volver

38.- Tres vezes cincuenta días: El Génesis 7, 24, dice que fueron cuarenta días y cuarenta noches los que duró el diluvio en sí y que ciento cincuenta fueron los días en que "prevalecieron las aguas sobre la tierra." Volver

39.- El Tiempo o Chronos es a menudo identificado con el Titán Kronos o Saturno, como hace Clarisio unas líneas más abajo. Véase A. Ruiz de Elvira, Mitología clásica, ob. cit., p. 36  Volver

40.- Morfeo: Hijo del Sueño, personifica las distintas formas que aparecen en el sueño. Véase Ovidio, Metamorfosis XI, 633-638  Volver

41.- el qu'es de nuestra vida desengaño: El sueño, porque es el retrato de la muerte (véase nota 139 en el discurso primero), aunque también aparece caracterizado favorablemente, cuando se dice de él que es "gloria de los mortales y descanso de todas cosas..." al final del discurso primero. Volver

42.- padre de Menandro, famoso mayoral: Posiblemente don García Hurtado de Mendoza, cuarto Marqués de Cañete, padre de don Juan Andrés, el Menandro del libro. Volver

43.- sacro Teniente: Probablemente el papa Pablo V, que dio la dispensa solicitada por don García para que su hijo don Juan Andrés pudiera casarse con su prima doña María de Cárdenas, como se dice a continuación. Volver

44.- Faltan acentos y estilo: Intervención del narrador, que se manifiesta con este tópico de modestia. Volver

45.- puede ser tan grande el plazer que engendre dolor: Ya en el discurso segundo, el narrador había dicho a propósito de la alegría de Menandro a causa de una carta de Amarilis: "muchas vezes un plazer excessivo engendra estorvo en los sentidos." Volver

46.- Arsindo: El ganador en la lucha es precisamente Arsindo, cuyo nombre significa "viril, masculino". Véase Herman Iventosch, Los nombres bucólicos en Sannazaro y la pastoral española. Ensayo sobre el sentido de la Bucólica en el Renacimiento, (Valencia: Castalia, 1975), p. 79, nota 5. Volver

47.- el planeta que le comunicó su nombre: Cintia o Diana, es decir, la Luna. Suárez de Figueroa recoge la idea, probablemente tradicional, de que el influjo de la luna hace a los hombres rápidos y ágiles, como lo es "el ligero Cintio". Volver

48.- del álamo por Hércules gozoso: El álamo está consagrado a Hércules. Sus ramas le sirvieron de corona a su regreso de los infiernos. Véase Virgilio, Bucólica VII, 61; Garcilaso, Égloga III, 353-354: "El álamo de Alcides escogido / fue siempre." Volver

49.- del pino a Cibeles consagrado: Cibeles, diosa frigia enamorada de su sacerdote Atis, metamorfoseó a éste en pino cuando, tras haber violado su voto de castidad, se mutiló y trató de suicidarse. Véase Ovidio, Metamorfosis X, 103-105; B. López de Enciso, Desengaño de celos, ob. cit., f. 155v: "Atis fue de la diosa Cibele tan querido que a sí mesma y a su diuinidad olbidaua por él, y pudo tanto el mal de celos con ella, porque olgándose con vna nimpha le vio, que hizo con aquel ímpetu lo que le pesó después, que fue combertir a su amado Atis en pino." Volver

50.- Néstor: Hijo menor de Neleo, Néstor fue famoso por su longevidad, por lo que Manilio desea a la joven pareja una unión feliz de muchos años. Volver

51.- las armas y la ciencia: Alusión al tópico del ideal del hombre completo en armas y letras. Suárez de Figueroa no se da cuenta de que Manilio se está dirigiendo a una pareja de pastores y no a una pareja de nobles. De nuevo se puede comprobar que el disfraz pastoril es a veces demasiado sutil. Volver

52.- pon torpe plomo a tus ligeras plumas: En Pusilipo, ob. cit., p. 46, Suárez de Figueroa incluye un soneto cuyo verso octavo, muy semejante a éste, se refiere también al Tiempo: "alas tendrá de plomo, no de pluma." Volver

53.- Puede tratarse de la Musa Erato, entre cuyas atribuciones estaba la poesía amatoria; o bien de la Fama, personificada en ninfa. Volver

54.- el Siglo de Oro / buelva del blanco toro: El blanco toro es Júpiter, que se metamorfoseó en ese animal para raptar a Europa. Sin embargo, la edad presidida por Júpiter solía ser la de plata (Ovidio, Metamorfosis I, 113-115), mientras que la de oro era la de Saturno. Volver

55.- nuevos Iosués: Damón identifica a los recientes esposos con Josué ("nuevos Iosués") por su poder de volver el tiempo atrás, como el personaje bíblico, que detuvo el sol sobre la ciudad de Gabaón, en donde derrotó a cinco reyes que la amenazaban. Véase Josué 10, 12-15. Volver

56.- Pólux y Cástor: Hijos de Júpiter y Leda (véase nota 39 en el discurso tercero). Habiendo muerto Cástor a manos de Idas, el inmortal Pólux se deshizo en llantos junto a su hermano, por lo que Júpiter, conmovido, los metamorfoseó en la constelación de Géminis. Véase A. Ruiz de Elvira, Mitología clásica, ob. cit., p. 475. Teócrito les dedicó el Idilio XXII, titulado Los Dióscuros. Volver

57.- Hércules: Se arrojó a una pira de fuego por los grandes dolores que le causaron las vestiduras que su esposa Deyanira le mandó untadas con la sangre del centauro Neso. Cuando las llamas quemaron la parte mortal de Hércules, Júpiter hizo que su hijo fuera admitido como dios en el Olimpo. Véase Ovidio, Metamorfosis IX, 239-258. Volver

58.- Ícaro: Es frecuente entre los poetas la alusión a Ícaro como símbolo de inmortalidad por haber dado su nombre al mar que le sirvió de sepultura (Ovidio, Metamorfosis VIII, 229-230). Pero también hay que advertir que el narrador se dirige a diversos dioses romanos con el propósito de solicitarles honras y memoria eterna para los nuevos esposos. Una de estas peticiones está dirigida a Neptuno en un intento de trasponer a categoría de mito a estos personajes pastoriles. Volver

59.- Dafne y Iacinto: Dafne, transformada en laurel (Ovidio, Metamorfosis I, 452-567) y Jacinto, transformado en la flor que lleva su nombre (Ovidio, Metamorfosis X, 162-219). Volver

60.- Mercurio: Dios elocuente, inventor de la palabra y de las lenguas. Véase Horacio, Odas I 10, 1-3. Volver