CONCLUSIONES
Al comenzar el presente trabajo comenté que sentía un especial interés por el romance de El conde Olinos y que fue este singular afecto el que me llevó a tratar de conocer más sobre él. Descubrí por aquel entonces que era un romance muy popularizado y pude consultar muchas versiones. Sin embargo, a lo largo de mi corta experiencia como recopiladora he podido observar que, al menos en la provincia de Valencia, que es en donde más pueblos y aldeas he recorrido, éste no es un romance tan difundido pues sólo contamos con cinco versiones frente a las quince de Don Bueso y su hermana o a las trece de Las señas del esposo, de Tamar y Amnón o de La mala suegra que tenemos recogidas entre las 141 versiones de romances tradicionales correspondientes a 26 temas distintos.
Aun así, salvo en la versión alicantina de Agres, que como ya hemos dicho anteriormente parece aprendida de la versión de Flor nueva de romances viejos popularizada en las escuelas y que parece haber comenzado un proceso de retradicionalización, el resto de las versiones, sobre todo las de La Yesa y Arroyo de Cerezo, contienen elementos que las convierten, cuando menos, en interesantes.
No trataremos aquí de repetir lo que anotamos en el apartado dedicado al estudio comparativo, pero sí quisiéramos destacar aquellos elementos que han llamado nuestra atención en estas versiones.
Queremos comentar, en primer lugar, la transcripción del canto que se realiza en la versión de Arroyo de Cerezo y que coincide, casi literalmente, con la de dos versiones consultadas, recogidas en lugares muy distantes geográficamente: la versión publicada por el Seminario Menéndez Pidal, la Universidad Complutense de Madrid y la Diputación provincial de León en el Romancero General de León con el número 0049:23, de Siero de la Reina (ay. Boca de Huérgano, p.j. Riaño), cantada por Fidela (52a.) y recogida por Teresa Catarella, José Manuel Cela y Paloma Montero el 11 de julio de 1977; y la versión publicada por Virtudes Atero en el Romancero de la provincia de Cádiz con el número 0049:1, de Arcos de la Frontera (ay. Arcos de la Frontera; p.j. Arcos de la Frontera), cantada por Rocío Ruiz Machado (22a.) y recogida por María Romero Ruiz el 28 de diciembre de 1990. Por otra parte estos versos recuerdan vagamente a otra canción narrativa recogida en Alfara del Patriarca (comarca de L'Horta, provincia de Valencia) que se cantaba como oración para rogar por aquellos que marchaban de viaje. Y es que estos versos parecen, efectivamente, formar parte de una oración suplicatoria ante la inminencia del viaje, a diferencia de los otros cantos transcritos en otras versiones donde el motivo es, a todas luces, amatorio. Sorprenden, pues, estos versos que desean conjurar la buena fortuna -y parece obvio, puesto que se nombra la tierra y el mar, que nos encontramos momentos antes de iniciar un viaje- cuando algunos autores sospechan que el conde acaba de arribar por mar a las costas en las que vive su amada. ¿Es, acaso, que nuestro héroe pretende regresar en breve a su patria acompañado de la infanta? Si es así, podríamos constatar las similitudes, anteriormente citadas, con el romance de Rico Franco. En cualquier caso, sus súplicas no son escuchadas y la muerte sobreviene a los amantes.
Quisiera retomar, en este momento, el motivo tratado anteriormente de la amenaza por parte de la reina de matar al conde una vez ha descubierto cuáles son sus intenciones. Sin explicar el motivo de tan desproporcionada decisión, la reina de la versión de Arroyo de Cerezo, explicita la forma cruel en que piensa hacer ejecutar al conde. Versos similares los encontramos en otras versiones publicadas en diferentes antologías y estudios sobre el romancero, pero en todas ellas aparecen en otro punto del esquema-base y tras los versos "Guardias mandaba la reina / al conde Niño buscar" de manera que los versos que nos ocupan, forman parte de la narración de los acontecimientos que se van sucediendo a lo largo del romance. Sin embargo, en la versión de Arroyo de Cerezo, estos versos están incluidos en la amenaza de la reina intensificando el efecto dramático de la misma. Por ello sentimos cierta empatía con el sufrimiento de la princesa que suplica a su madre que no cumpla su amenaza y que muere, imaginamos que de pena amorosa, al ver matar de manera tan cruel a su amado.
No ocurre lo mismo en la versión de La Yesa donde la princesa no suplica por la vida de su amante, si no que en un alarde de lo que podríamos denominar altivez propia de su clase social, responde ante la amenaza de su madre: "-Si a él lo manda matar / mándeme a mí degollar.". No parece que estime en nada su vida si no puede estar junto al conde, pero es su deseo la implicación directa de su madre en ambos crímenes. De hecho así continúa el romance: "La reina como traidora / a los dos mandó matar". Esta intervención directa de la madre en la muerte de ambos amantes la podemos encontrar también, de forma más o menos explícita, en las versiones publicadas por el Seminario Menéndez Pidal, la Universidad Complutense de Madrid y la Diputación provincial de León en el Romancero General de León, de Tejeira (ay. Villafranca del Bierzo, p. j. Villafranca del Bierzo), de Rosenda Saavedra Alba (71a.), recogida por Julio Camarena el 25 de julio de 1985, registrada con el número 0049:02; de Robledo de Caldas (ay. Sena de Luna, p.j. Murias de Paredes), de Doradía García (55a.), recogida por Marisa Argüelles, Diego Catalán, María África Hardisson y Millán Urdiales el 7 de julio de 1985, registrada con el número 0049:09; de Fuentes de Carbajal (ay. Fuentes de Carbajal, p.j. Valencia de don Juan), de Rosario Fernández (75a.), recogida por Teresa Cillanueva, Beatriz Mariscal, Francisco Mendoza y Pilar Moreno el 11 de julio de 1985, registrada con el número 0049:17; de Maraña (ay. Maraña, p.j. Riaño), de Maruja Alonso (49a.), recogida por Diego Catalán, Bernardino González, Yolanda Mancebo, Maravillas Núñez-Cortés y Ángela Ramos el 29 de junio de 1985, registrada con el número 0049:21; de Siero de la Reina (ay. Boca de Huérgano, p.j. Riaño), de Fidela (52a.) y recogida por Teresa Catarella, José Manuel Cela y Paloma Montero el 11 de julio de 1977, registrada con el número 0049:23; de Villalebrín (ay. Sahagún, p.j. Sahagún), de Petra Albal (75a.), recogida por J. Antonio Cid, Paloma Esteban, Pilar Moreno y José Ramón Prieto el 14 de julio de 1985, registrada con el número 0049:29; de Irián (ay. Soto y Amío, p.j. Murias de Paredes), de Lola García (63a.), recogida por Paul Bénichou, Silvia Roubaud, Flor Salazar y Maximiano Trapero el 16 de julio de 1985, registrado con el número 0049:32. También la encontramos en la versión publicada por Virtudes Atero en el Romancero de la provincia de Cádiz de San Fernando (ay. San Fernando, p.j. San Fernando), de María Márquez Muñoz (48a.), recogida por Juana Ramírez Barba, Dolores de Hoyos, Inmaculada Ortiz y María del Mar Manjón-Cabeza el 21 de diciembre de 1988.
Esta implicación directa de la reina en la muerte de los amantes que hemos podido observar en todas estas versiones se concreta aún más en la versión de La Yesa en los versos siguientes donde es la misma reina quien les entierra. Este motivo aparece también en la versión publicada por el Seminario Menéndez Pidal, la Universidad Complutense de Madrid y la Diputación provincial de León en el Romancero General de León, de Morriondo (ay. Quintana del Castillo, p.j. Astorga) de Genoveva Fernández (69a.), recogida por Elena Aparicio, María Jesús Fernández, José Manuel Fraile, Bernardino González y Eugenio Miguélez el 6 de julio de 1985.
En las versiones recogidas en las provincias de Alicante y Valencia hemos podido observar, que las transformaciones, en caso de aparecer, se reducen a dos como máximo. Efectivamente, tras una primera transformación en especies del reino vegetal, puede producirse otra (más aérea) en aves, que basta para huir de la ira materna. La incapacidad de la reina (a pesar de su rango) para matar, por tercera vez, a los amantes (recordemos que los mató cuando eran seres humanos y los mandó cortar cuando eran arbustos) queda patente en la versión de Arroyo de Cerezo: "y la reina, con ser reina, / no los pudo separar.".
No necesita de dos transformaciones la versión de La Yesa para conseguir la invulnerabilidad de los amantes. Ya desde la primera transformación, convertidos en árboles, muestran su poder mágico no siendo posible talarlos y, además, concediéndoles la voz para explicar la causa de tal imposibilidad: "-Nacimos para estar juntos / juntitos hemos de estar". Parece que esta explicación provoca el arrepentimiento de la reina, pues se adjuntan unos versos, a modo de advertencia, en los que se rompe la rima y en donde la reina se dirige a otras madres para prevenirlas ante actitudes similares a las suyas. Este tipo de advertencias añadidas al final de los romances, como se hiciera también al final de las fábulas, suelen ser del gusto popular y aparecen, también, en algunas versiones de otros romances con un fin claramente didáctico y moralizante. Aunque hemos encontrado una advertencia similar a la de la versión de La Yesa en otras versiones de León (las registradas con los números 0049:04, 0049:05 y 0049:13), en estas últimas se guarda la rima y el arrepentimiento viene después de la venganza de los amantes que se niegan a conceder su poder curativo ante la necesidad de la reina de sanar de alguna enfermedad. Venganza que no aparece en ninguna de las versiones de las provincias de Alicante y Valencia recogidas hasta el momento.