Estudio sobre el Tractado del uso de las mugeres

Jean Dangler
Tulane University


El Tractado del uso de las mugeres (1572) de Francisco Núñez de Coria proporciona información sobre la higiene del coito, tal como las estaciones del año más apropiadas para hacer el coito, los cuerpos varoniles más dispuestos a aprovecharlo y lo que pueden hacer los religiosos y otros hombres que quieren mantenerse castos. A los lectores actuales podría extrañarles el enfoque sexual y corporal del tratado, sobre todo durante una época que se suele considerar puritana y a menudo violenta por la negación del placer corporal y sexual.

 

Sin embargo, el Tractado del uso de las mugeres procede de una tradición textual que consta de tratados populares de medicina dedicados a mostrar las condiciones propicias para conseguir los beneficios del coito mesurado. Una de las razones por las cuales dichos tratados se escribieron era el empeño bíblico sobre la necesidad de multiplicar o reproducir (Gén. 1,28). Es evidente que tal razón incide en el tratado de Núñez de Coria, dado que se plantea la generación como uno de los objetivos principales del coito (fol. 289v). Pero la medicina medieval y premoderna también proporcionó sus propias razones de tipo higiénico al afirmar que el coito constituía una actividad imprescindible para asegurar la salud del cuerpo humano.

 

Varios tratados medievales se dedicaron a la difusión de información sobre la higiene del coito. El Liber minor de coitu (s. XIII) fue escrito en latín y se extendió en Inglaterra, Francia, Italia y Alemania. Véase la edición de Enrique Montero Cartelle (Valladolid, 1987). El Speculum al foderi (s. XV) se compuso en catalán para el fácil acceso de los médicos a la información de carácter profiláctico sobre el coito. Véase la edición de Michael Solomon (Madison, WI, 1990). La fuente de los preceptos médicos de esos dos tratados fue una breve obra de Constantino el Africano, el Constantini liber coitu (De coitu) (s. XI), que se difundía durante la edad media y repercutía en una variedad de tratados de medicina de la época. Para otra discusión de la influencia de Constantino, véase la introducción de Solomon en el Speculum al foderi, pág. xvii, y el estudio de Joan Cadden, Meanings of Sex Difference in the Middle Ages (Cambridge, 1993), págs. 56-9 y 66-70.

 

El De coitu dio información de una naturaleza patológica, fisiológica y terapéutica sobre el coito, y de esta manera prosiguió una tesis antigua que sirvió de base teórica para los tratados posteriores sobre el coito. Esta tesis del médico Galeno (?131-201? d. C.) resaltó la necesidad higiénica de expulsar con regularidad la semilla del cuerpo humano. En la edad media, el Liber minor de coitu y el Speculum al foderi extendieron tal teoría galénica sobre la exigencia de expulsar simiente. Una gran variedad de manuscritos de medicina de la época medieval y premoderna confirmaron la tesis galénica sobre la obligación higiénica de expulsar semilla, tales como el Compendio de la humana salud de Johannes de Ketham (fol. 19v), el Lilio de medicina de Bernardo de Gordonio (fol. 166v) y el Liber minor de coitu (pág. 57). Durante el siglo XVI, el Tractado del uso de las mugeres corroboró el pensamiento galénico sobre el valor profiláctico del coito:

que el coyto o obra de engendrar, no es otra cosa sino vn ayuntamiento del macho y hembra en los miembros de la generacion, con el qual se expelle lo superflo de la postrera digestion, ordenado para la conseruacion del indiuiduo y especia, y como el fin de este acto sea en dos maneras. El vno y mas principal para la generacion y multiplicacion del linage, y el otro necessario para la salud del cuerpo y gouernacion y regimiento del . . . (fol. 289v)

 

El Tractado recalcó el objetivo reproductor del coito y su función de un medio necesario para mantener la salud del cuerpo humano. Asimismo el tópico de los agravios producidos por un exceso de simiente ocupa una parte sustancial del tratado que se halla en los fols. 292v-293v.

 

Aparte de la teoría galénica de la semilla, los tratados sobre el coito, del De coitu de Constantino al Tractado de Núñez de Coria, abarcaron una variedad de teorías e ideas vinculadas a la medicina de la época medieval y premoderna. Una de las más significativas para comprender la información en el Tractado del uso de las mugeres se refería a la fisonomía de los distintos cuerpos humanos, y se denominaba <<teoría de las complexiones>>. Núñez de Coria discute las complexiones en los capítulos cuatro y cinco, y explica en la rúbrica del cuarto: <<En el cual se demuestra que tiempo del año sea dañoso para el coyto y a que complexiones mas dañe>> (fol. 295v). Desde la antigüedad hasta la época premoderna los médicos creían que existían ciertos tipos de cuerpos humanos según las calidades que los componían. Nombraban así a estos cuerpos hechos de tales cuatro complexiones: <<el seco, el sanguíneo, el flemático y el melancólico>>.

 

Cada una de las complexiones poseía características de temperatura y de humedad. La reciente edición del Compendio de la humana salud (1491 y 1495) de Johannes de Ketham califica del modo siguiente dichas cuatro complexiones: <<El colerico es seco y caliente de natura de fuego; El sanguineo es caliente y humido de natura de ayre; El flegmatico frio y humido de natura de agua; El malencolico frio y seco de natura de tierra>> (pág. 43). Los médicos observaron el cuerpo del individuo para averigüar su complexión correspondiente y de esta manera tal complexión les indicó a los médicos características de personalidad y de carácter particular.

 

En el Tractado del uso de las mugeres, Núñez de Coria deduce que la complexión señala a los hombres adecuados físicamente para ocasionar el coito mesurado (fols. 295v-298v). Por ejemplo, proporciona que los hombres de una complexión fría y seca (es decir, los melancólicos) no son aptos para el coito porque tienen poca simiente. Núñez de Coria razona que el coito les debilitará por causa de la pérdida de simiente, y que tales señores se arriesgan hacerse mayores antes de tiempo (fols. 295v-296r). Se presenta el hombre caliente y húmedo, el sanguíneo, como el más adecuado de hacer el coito porque tiene simiente abundante:

. . . que todos aquellos que fueren de cuerpos robustos y gruessos, y de mucha sangre, y que tienen venas anchas, y que son colorados, o de color rubicundo, y que tienen muchos pelos y vello, y que son calientes y humidos, todos estos son abiles y promptos al coyto . . . (fol. 297r)

 

Asimismo Núñez de Coria señala <<la edad>> como otra característica que determina la predisposición al coito de ciertos cuerpos masculinos. Evidencia a los <<mancebos>> de los veinticinco a los cuarenta años, los cuales constituyen un grupo muy apto para hacer el coito: <<Finalmente el coito es convenible a los mancebos de los veinte y cinco años hasta los quarenta, y que sean varones de carnes gruessas, y de un color rojo oscuro, porque este tal color significa predominio de buena sangre y abundante . . . >> (fols. 297v-298r). Esta declaración presenta al hombre joven como el más dispuesto a casarse, practicar el coito y reproducir, lo cual corresponde con la normativa propuesta al principio del tratado de que el coito sirve para la generación. También se vincula con el requisito a través del tratado de que los que hacen el coito tienen que ser casados.

 

En el capítulo seis, el Tractado emplea otra teoría de tipo médico, que podría extrañarles a los lectores actuales. El Tractado continúa la teoría anatómica difundida por Galeno, de que los sexos se relacionaban de una manera más paralela que opuesta. Galeno determinó que la anatomía reproductora de la mujer y del hombre se correspondían puesto que tenían las mismas partes, distinguiéndose solamente en la colocación de los testículos que se ubicaban por fuera en el hombre y por dentro en la mujer. Véase el estudio de Joan Cadden, Meanings of Sex Difference in the Middle Ages, para una discusión más amplia y matizada de la diferencia entre los sexos. Esta tesis solía caracterizar toda una serie de tratados médicos de la edad media y premoderna. Aun repercutía en el tratado del médico Juan Huarte de San Juan, Examen de ingenios para las ciencias (1575 y 1594), y se discutía en el cap. XV (1575), págs. 608-9.

 

Núñez de Coria usa tal tesis al discutir las mejores temporadas para hacer el coito. Piensa que el coito en el verano perjudica la salud del hombre pero no de la mujer, porque el calor hace que se reduzcan en tamaño y eficacia los testículos <<pendientes>> del hombre (fol. 300r). Pero los testículos de las mujeres son más <<calidos y secos>> y se colocan dentro del cuerpo, a fin de que se aumente la eficacia de estas partes anatómicas: << . . . su virtud no se resuelve ni enflaquesce, antes se fortifica mas, porque se uñe y encierra mas adentro, y por esso tienen mas fortaleza en el coyto en tiempo de estio . . . >> (fol. 300r). En cambio a lo que se les ocurre en el verano a las mujeres, su <<apetito>> se disminuye en el invierno porque el frío del clima junto con la naturaleza fría y húmeda de las mujeres merman <<su virtud genital>>, mientras que el deseo y la capacidad del hombre acrecentan (fol. 300v).

 

Además de la información de tipo anatómico, el Tractado proporciona información considerable sobre la índole del deseo sexual de hombres y mujeres. Una mayor parte del primer capítulo señala los grados de diferencia del deseo entre los dos sexos. Núñez de Coria se basa en la idea corriente de la época, de que el apetito de la mujer para el coito era insaciable (fols. 290r-290v). Lo indica de una manera despectiva al referirse a la autoridad bíblica de Salomón que dijo en los proverbios que había tres cosas que jamás se cansan: la boca del infierno, la vulva y el fuego (fol. 290v). Núñez de Coria enlaza de tal manera el deseo femenino con la falta de control proponiéndose con ello continuar el pensamiento aristotélico sobre el deseo de las mujeres. Aristóteles había caracterizado a los sexos según sus diferencias y contrastes, y no sus semejanzas (Cadden 24).

 

Se suponía que la mujer experimentaba un placer doble en comparación con el placer singular del hombre porque eran placenteros tanto el meter de semen al útero como la expulsión de semen por parte de la mujer. El doble placer de la mujer hizo que su deseo para el coito fuera mayor al deseo del hombre. La discusión antigua y medieval sobre el deseo sexual era mucho más complicada que la manera en que se le plantea aquí. Cadden enseña la dificultad de llegar a conclusiones tajantes con respecto a las teorías sobre el deseo y el placer porque los médicos o se contradecían u oscilaban entre posiciones teóricas (pág. 52). Núñez de Coria se apoya a dos citas de la obra de Aristóteles (fols. 290v-291v), y la discusión termina en el fol. 291v con la confirmación de que el hombre ejerce más furia en el acto del coito, puesto que se porta con mayor intensidad a la de la mujer, a pesar de que el deseo de ésta dura más.

 

Esta discusión se relaciona con una cierta preocupación por el control del deseo masculino y, de una forma implícita, del deseo femenino, lo cual se revela de varias maneras a través del tratado. Tal preocupación forma parte del panorama amplio con el cual el Tractado se compone, ya que abarca dos aspectos principales que no se hallan en los tratados anteriores sobre el coito: primero, Núñez de Coria relaciona el coito con el pecado, lo cual no figura tanto en el Liber minor de coitu ni en el Speculum al foderi; Véase un breve comentario de este aspecto en Un Kama Sutra español de Luce López-Baralt (Madrid, 1992), págs. 203-4. y segundo, el tratado abarca dos temas bastante desarrollados, el dormir y el bañarse, que no se incorporan en tales tratados anteriores.

 

Al desarrollar esos tópicos, el Tractado se desvía de las normativas de composición anteriores e indica nuevos motivos de su composición. El Tractado intenta impactar de una manera distinta a la de los tratados anteriores el comportamiento de los lectores varones porque allí se trata la manera como el coito incide en la moral religiosa. No se trata únicamente del valor de tipo higiénico del coito, ni solamente de su enlace al empeño bíblico de reproducir, sino también se ocupa de la manera en que el coito incide en la conducta civil y ética del individuo.

 

Núñez de Coria plantea la relación entre el coito y el pecado en la primera rúbrica del tratado en la cual dice que la obra se trata <<que cosas se ayan de hazer para la tentacion de la carne>> (fol. 289r). En el primer capítulo demuestra mayor interés en el enlace de coito, catolicismo, alma y salud cuando recalca la participación de parejas casadas en el coito (fol. 290r). Los tratadistas de la edad media a menudo le habían advertido al lector los peligros de forma higiénica sobre el coito desmesurado, pero estas posibles amenazas se desarrollan con una cierta intensidad moral y religiosa en el tratado de Núñez de Coria. En el fol. 293v plantea la idea de que los católicos que no son casados no deben hacer el coito porque <<no es licito>>, y a los lectores religiosos y castos se les advierte que no lean el capítulo dos porque puede <<promoverles a lujuria>> (fol. 292r).

 

Se dedican los capítulos siete y ocho a las instrucciones para los hombres que se niegan al coito, es decir, los hombres religiosos y castos. Se plantean los motivos principales que promueven a tales hombres a desear el coito, abarcando la cantidad desmesurada de aire en el cuerpo (<<ventosidad>> o <<flatuosidad>>) que produce erección, y el exceso de semilla (fol. 302r-304v). La solución principal que Núñez de Coria ofrece para evitar la creación de ventosidad y semilla es abstenerse de comida y bebidas porque tales productos aumentan la cantidad de aire y semilla (fol. 303v-304v). Otro remedio consiste en poner cosas frías encima de los riñones y testículos calientes (fol. 303r).

 

De la misma manera que se puede interpretar tales instrucciones como medios para mantener íntegra la salud, también se pueden considerar intentos de proporcionar medios para controlar el deseo sexual. Ya se ha mencionada la normativa del estado civil de casado como otra manera por la cual Núñez de Coria ofrece medios de control del deseo sexual.

 

El capítulo ocho se refiere a un precepto de Avicena de que los mejores remedios para dominar el deseo sexual no son las <<medicinas>> (es decir, las hierbas medicinales), sino que las otras cosas que <<quebranta[n] su deseo y apetito>>, tales como la tristeza, el hambre, el velar, las cárceles, las heridas y los golpes (fol. 306r). Estas medidas se destacan por su cariz ascético, y por vincularse con algunos de los medios civiles de controlar el comportamiento desmesurado, tales como el encarcelamiento y la paliza. Este pasaje demuestra la tendencia general del tratado de evidenciar la participación colectiva de tres de los organismos sociales más significativos de la época, es decir, la Iglesia, la medicina profesional y el Estado, en el intento de determinar nuevas normas de conducta para los lectores. Es relevante que Núñez de Coria destaque más los medios civiles que los medios medicinales para dominar el deseo sexual, porque manifiesta hasta qué punto las presiones sociales de la época repercuten en este tratado sobre el coito.


Obras citadas


Bernardo Gordonio. Lilio de medicina. Eds. John Cull y Brian Dutton. Madison, WI: Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1991.

Cadden, Joan. Meanings of Sex Difference in the Middle Ages. Cambridge: Cambridge UP, 1993.

LIBER minor de coitu. Ed. y Trad. Enrique Montero Cartelle. Valladolid: Universidad de Valladolid, 1987.

Johannes de Ketham. Compendio de la humana salud. Ed. María Teresa Herrera. Madrid: ARCO/LIBROS, 1990.

Juan Huarte de San Juan. Examen de ingenios para las ciencias. Ed. Guillermo Serés. Madrid: Cátedra, 1989.

López-Baralt, Luce. Un Kama Sutra español. Madrid: Siruela, 1992.

Solomon, Michael. Introduction. Speculum al foderi (The Mirror of Coitus). De Anónimo. Madison, WI: Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1990. vii-xxvii.

Speculum al foderi (The Mirror of Coitus). Ed. y Trad. Michael Solomon. Madison, WI: Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1990.