Romance-Tomas-Notas

 

1.- Comunicación presentada en el III Congreso de investigadores del Guadalhorce, organizado por el Aula cultural Guadalhorce y el Centro de Profesores de Málaga (Álora, abril de 2001). Este texto, prácticamente, reproduce dicha comunicación, aunque se le han hecho algunas modificaciones y añadido algunas notas. Volver

2.- Flor nueva de romances viejos, Madrid, Espasa-Calpe, 1980, 4ª ed., pág. 26. Volver

3.- Hay también en el amplio mundo bibliográfico sobre el romance estudios que abordan la cuestión desde una óptica estilística y estética, que es la que aquí me interesa. Cfr., por ejemplo, J. Szertics: Tiempo y verbo en el Romancero viejo, Madrid, Gredos, 1967; Paul Bénichou: Creación poética en el Romancero tradicional, Madrid, Gredos, 1968; Rafael Lapesa: "La lengua de la poesía épica en los cantares de gesta y en el romancero", en De la Edad Media a nuestros días, Madrid, Gredos, 1971, págs. 9 ss. (en este estudio del maestro Lapesa se une, a las observaciones lingüísticas, otras de índole literaria); M. Díaz Roig: "Un rasgo estilístico del Romancero y la lírica popular moderna", en Nueva Revista de Filología Hispánica, nº 21, 1972, págs. 79-94; desde una perspectiva más moderna de análisis narratológico, Diego Catalán: "Análisis semiológico de estructuras abiertas: El modelo ´Romancero´", en AA. VV.: El Romancero hoy: poética, Madrid, Gredos, 1979. Volver

4.- Primavera y flor de romances, de F. J. Wolf y C. Hofmann, en la Antología de poetas líricos, de Menéndez Pelayo, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1952, tomo VI, pág. 208. Es un romance muy conocido y lo recogen distintas colecciones de divulgación; por ejemplo, Mercedes Díaz Roig: El Romancero viejo, Madrid, Cátedra, col. "Letras Hispánicas", 1991, pág. 62; Julián Ávila Arellano: El Romancero, Madrid, Anaya, 1990. págs. 86-87; también está en la clásica obra de Menéndez Pidal (cit. en nota 1), en las págs. 223-224. Volver

5.- Cito por la ed. de Miguel A. Pérez en Madrid, Editora Nacional, 1976, pág. 135. Hernán Núñez, en su Vida de Juan de Mena que incluye en su edición del Laberinto dice que "hablando con el Alcaide de la villa en seguro, pusieron lo moros un ballestero en celada: y el Adelantado quitóse el armadura y dióle el dicho ballestero una saetada por la boca, o según otros dicen por un ojo, de la cual desde a poco murió". Volver

6.- Loc. cit., págs. 224-225. Volver

7.- Cfr. Wolf y Hofmann: loc. cit. Volver

8.- El poema aparece en muchas colecciones y antologías. Cito por El Romancero viejo, ed. de Mercedes Díaz Roig (cit. en nota 4)., aunque le hago a su texto algunas modificaciones que me parecen pertinentes. En v. 3 pongo "y hombres de armas" en lugar de "y de armas", así aparece en la Flor nueva de Pidal y la preferencia es más estética que filológica. Prefiero "hecho te habían" a "hecho te había" (v. 4) por una razón de lógica gramatical: el sujeto (los atacantes) es plural y además mantiene así el octosílabo. A "llevaban la pasa" prefiero "llevan la pasa" (v. 8); es cierto que "llevaban" aparece dos veces con anterioridad en la misma serie, pero rompe la métrica del verso. En otro tipo de texto este cambio de tiempo verbal resultaría poco lógico, pero en un romance la variedad en las formas verbales es una de las características repetidas; prueba de ello es que más adelante se usa de nuevo formas de presente: "lleva" (v. 9), "alza" (v.14). Una curiosidad es como la palabra "morico" se sustituye por "morisco" en algunas versiones (así aparece en el frontal del castillo de Álora, que hoy sirve de cementerio), trueque que no tiene razón de ser y sólo puede explicarse por el parecido entre estas palabras. Volver

9.- Quizá la obra moderna en la que se puede mejor rastrear la estilística del romancero viejo, en síntesis con rasgos poéticos vanguardistas, sea el Romancero gitano de García Lorca. El autor de este artículo está trabajando en un estudio sobre "García Lorca y la retórica del Romancero viejo"; puede verse sobre el tema Daniel Devoto: "Notas sobre el elemento tradicional en la obra de F. García Lorca", en Filología (Buenos Aires), num. 3, 1950, págs. 293-341; Juan López-Morillas: "García Lorca y el primitivismo lírico: reflexiones sobre el Romancero gitano", en Cuadernos Americanos, núm. 9, 1950, págs. 238-250; Joseph Szertics: "F. García Lorca y el romancero viejo: los tiempos verbales y su alternancia", en Modern Language Notes, núm. 2, 1969, págs. 269-285. Volver

10.- Diego Catalán: loc. cit. págs. 234-5. Volver

11.- Guiseppe Di Stefano (Romancero, Madrid, Taurus, 1994) trata este tema en su introducción a esta antología. Volver

12.- El adelantado era el representante de la Corona en un territorio determinado, una autoridad civil y militar. El Diccionario de Autoridades (ed. Facsímil, Madrid, Gredos, 1969, I) lo define como "oficio en España que corresponde a Presidente o Gobernador de Provincia, que la Audencia que hacía en ella juzgaba de todas las causas civiles y criminales. Díxole Adelantado, por estar más adelante que los otros para los negocios de importancia". Corominas relaciona esta palabra con voz árabe: "en su sentido militar parece ser un calco del árabe 'muqáddam', castellano 'almocadén', que, como se sabe, significa caudillo militar" (Diccionario etimológico abreviado de la lengua castellana, Madrid, Gredos, 1976, voz "delante"). Don Quijote, en su primera salida con Sancho, viendo que éste se ve abrumado ante la idea de ser rey de una ínsula, le anima con estas palabras, que demuestran que la voz mantenía este uso en el siglo XVII: "no te apoques, que te vengas a contentar con menos que con ser adelantado" (Primera Parte, cap. II). Volver

13.- Lapesa: Ibid. Volver

14.- Giuseppe Di Stefano: "Un exordio de romances", en El Romancero hoy: poética, ed. cit., págs. 41-45. Se distingue en este trabajo entre a) exordios apostróficos paranarrativos, cercanos en su contenido la narración principal; y b) prenarrativos, desligados de la narración nuclear y con reducido papel expositivo. El romance de Álora, como ejemplo del grupo a) en pág. 44. Volver

15.- Loc. cit., pág. 234. Volver

16.- Loc. cit., pág. 18. "Para evitar [el desarrollo monótono del relato] no hay más remedio que variar el punto de vista, presentándolos desde diferentes distancias y con distintas perspectivas". Volver

17.- Gran parte del texto de un romance tiene el valor de fórmula apta para repetirse en distintos poemas. Véanse, a modo de curiosidad, estos mismos elementos en otro poema: "Están Fátima y Jarifa / vendiendo higos y pasas / y cuenta Lagartu Hernández / que danzan en el Alambra" (Romancero General, Madrid, CSIC, 1957, I, pág. 220). Volver

18.- La expresión es de Diego Catalán, en loc. cit. Volver

19.- "La maurophilie littéraire en Espagne a XVè siecle", en Bulletin Hispanique, núms.. 40, 41, 43, 44. Volver

20.- Cfr. Di Stefano: introducción a Romancero, ed. cit. Volver

21.- Leo en una página web (HtmlResAnchor www.dur.ac.uk/-dml0amb/alora.htm) una versión del poema recogida (por cierto, con muchos errores) por A. M. Beresford, que cambia el verso final y añade un remate al texto: "A las primeras palabras / por testamento les dijo / que él a dios (sic) se encomendada / y el alma se le ha salido". Para mí este final añadido es innecesario y con él pierde el poema uno de sus mayores encantos: la sobriedad, la economía de medios, el poder de evocación en el lector. Volver

22.- José F. Montesinos: ( "Algunos problemas del Romancero nuevo" (1953), en Ensayos y estudios de literatura española, Madrid, Revista de Occidente, 1970) observa como Lope y Góngora y luego Quevedo comenzaron su vida de artistas como autores de romances. Y José M. Blecua considera el romancero como una de las corriente poéticas que se desarrollan en nuestro primer siglo de oro; de manera que son autores de romances poetas como Gutierre de Cetina, considerados italianizantes ("Corrientes poéticas en el siglo XVI" (1952), en Sobre poesía de la Edad de oro, Madrid, Gredos, 17970. Volver

23.- "Al lector medio le resulta más fácil entender un romance que otras obras medievales. Esto se debe sobre todo a la sencillez del vocabulario y de las oraciones" (Mª Carmen Martínez Jérez: El romancero anónimo, Madrid, Ciclo, 1989, pág. 35). Volver