Autor: Carlos Moreno Hernández

Título Artículo: Raíces medievales del nacional catolicismo: El poema de Fernán González

Fecha de envío: 20/07/98


Raíces medievales del nacional catolicismo: El poema de Fernán González

 

I

   A mediados del siglo XIII un monje de San Pedro de Arlanza compone el poema de clerecía dedicado al conde Fernán González y conservado en un manuscrito del siglo XV. El texto, que probablemente no se hubiera escrito sin los problemas que trajo al monasterio y su comarca el imparable avance cristiano hacia el sur, al final del reinado de Fernando III, expone ya con claridad los elementos fundamentales de la ideología nacionalista española en torno a Castilla que ha perdurado desde entonces, inseparable del fundamentalismo religioso de base eclesiástica que los cristianos acabaron oponiendo al de sus enemigos musulmanes. Esta ideología está presente en otras historias o relatos conservados sobre el conde castellano, llámense crónicas o poemas épicos, o sus dramatizaciones y novelizaciones posteriores, que ejemplifican bien los límites confusos hasta el siglo XIX entre esos dominios que llamamos hoy literatura e historia.

   Si acudimos a las escasas fuentes cronísticas -Crónica Najerense, hacia 1160, con reflejo del supuesto poema épico primitivo, y las Crónicas del Tudense y el Toledano, que añaden la fundación de San Pedro de Arlanza- Fernán González vivió en el siglo X y era conde o jefe militar de un territorio fronterizo de límites siempre variables entre los reinos de León y Navarra y el sur musulmán, para el que acaba consiguiendo una independencia relativa. Son Fernando III y sus sucesores, al anteponer su primer título real, los que consolidan el nombre de Castilla como denominación de un reino integrador de tierras y gentes, desde el Cantábrico hasta el Atlántico y el Mediterráneo.

   Además, los confusos orígenes de Castilla, como los del conde (Keller,1956), se complementan con los de la lengua que se llamaría castellana al hacerse oficial en ese mismo siglo XIII con el sucesor de Fernando, en una maraña que ha llegado hasta hoy y de la que aún no nos hemos librado, pues el mito o historia legendaria del conde que aparece en el poema y en las crónicas es recuperado sucesivamente, en el siglo XV con los Reyes Católicos, en los siglos de Oro con el romancero y el teatro, y en el XIX por literatos e historiadores en busca de una idea moderna de nación española, al tiempo que la geógrafos, en esta misma época, vuelven a reconstruir el territorio como núcleo mesetario, fortaleza o Castillo interior de la península ibérica, la vieja España.

   Veamos primero una muestra del uso que se ha hecho de la leyenda de Fernán González en los textos que hoy llamamos literarios, dejando aparte el que nos ocupa (v. ed. Zamora Vicente, p. xxx-i):

   - Berceo, San Millán, batalla de Simancas, coplas 362-487

   - El cantar de Rodrigo, o Crónica rimada del Cid, versos 1-35 (Mocedades de Rodrigo, ed. Deyermond)

   - Conde Lucanor, ejemplos 16 y 37

   Del supuesto cantar de gesta primitivo perdido derivarían las prosificaciones de la crónica de 1344 y el romance ‘Castellanos y leoneses’ (v. ed. Victorio).

   Existen otros tres romances tradicionales; algunos versos, en arte mayor y quintillas, del Abad de San Pedro de Arlanza Fray Gonzalo de Arredondo, autor de la Crónica de Fernán González (finales del siglo XV y principios del XVI)

   Lope de Vega, El conde Fernán González (1623)

   Francisco de Rojas Zorrilla, La más hidalga hermosura (1645).

   Otra obra de finales del siglo XVIII, de Manuel Fermín de Laviano (oficial de la Real Hacienda y secretario del Duque de Híjar), comedia heroica titulada La toma de Sepúlveda por el conde Fernán González, ya en tiempos de Carlos IV, con su sucesor Fernando, otra época de crisis y amenaza ‘pagana’.

   Larra, su drama histórico El conde Fernán González y la exención de Castilla, obra primeriza basada en la de Rojas Zorrilla, no estrenada, publicada en 1866.

   Telesforo de Trueba y Cossío, The Count of Castile (Londres,1830). Parece ser parte de The Romance of History. Spain (1830), 24 narraciones desde la caída de la monarquía visigótica hasta fines del siglo XVII que formaba parte de una colección editorial de leyendas de todos los países. Fue publicada en España en 1840, traducida del francés. Es significativo que Trueba publicó otra novela, The Castilian (1829) sobre las guerras civiles en tiempos de Pedro I. Su protagonista principal se llama Ferrán de Castro y representa el honor caballeresco y la lealtad castellana en una época confusa. Hay que tener en cuenta que entonces reinaba en España otro Fernando, el séptimo, y que Trueba era un exiliado.

   También José Joaquín de Mora escribió su poemita El primer conde de Castilla (1840).

   Hay otras obras en el siglo XIX (Zamora Vicente, xxxi).

 

II

   El texto que nos ha llegado es una copia del siglo XV conservada en el monasterio de El Escorial. Su estructura, como ya mostró Keller (1957), es claramente ternaria: tres temas, las luchas contra Almanzor, contra Navarra y contra León por la independencia de Castilla, con tres adversarios. Hay tres batallas contra los moros y tres contra Navarra, con la liberación del conde por una infanta navarra enamorada de él. Como los motivos simbólicos no faltan en el poema, el aspecto lingüístico y el político se hacen así inseparables: el reino de Castilla es una creación de Navarra Sancho el Mayor lo deja en herencia a su hijo, Fernando I, primer rey- y la lengua llamada castellana puede verse como una koiné vascorrománica (López García).

   ¿Cuál es el contenido ideológico del poema? Resaltar la independencia de Castilla respecto de los poderes vecinos con ayuda de Dios y del apóstol Santiago. El enemigo principal es el moro, pero no sólo él. Hay un interés particular: resaltar el abandono de la Castilla ‘primitiva’ en el siglo XIII, y en particular el monasterio de San Pedro de Arlanza, protegido por Fernán González. Incluso la intervención de Santiago en la batalla de Hacinas, inventada, es un intento de atraer la atención sobre el monasterio, algo apartado de la ruta jacobea, como apartado estaba ya de la reconquista del sur.

   Veamos unos extractos del texto conservado, a partir de las ediciones de Zamora Vicente y Victorio, que integran las anteriores de Marden y Menéndez Pidal:

   1.- Introducción

   Estrofas 1-9:

En el nombre del Padre que fizo toda cosa (...) / del conde de Castilla quiero fer una prosa / (...) El sennor (...) commo cobró la tierra toda de mar a mar. / contar vos he primero como la perdieron / nuestros anteçesores (...) ir vos he yo contando / commo fueron la tierra perdiendo e cobrando / fasta que toda(o)s fueron al conde don Fernando / (...) como la ovo a ganar el mortal enemigo (...) Esto fizo Mafomat, de la mala creencia (...) Desque los españones a Cristus conosçieron / (...) nunca en otra ley tornarse non quisieron, / mas por guarda d' aquesto muchos males sufrieron.

   Sujeto de "cobró": los comentaristas suponen que es el conde. Victorio corrije "cobros’", "se cobró". El sujeto, sin embargo, sería Dios (gracias a Dios, o a Santiago, véanse las estrofas 59 y 556)

   2.- Historia de los Reyes Godos

   Se basa en otro texto, según la estrofa 14c: ‘Commo el escripto diz, nos assi lo fablamos’

   Estrofas 15-16:

Venieron estos godos de partes de oriente / Cristus los enbio ( ) / del linax de godos (Magog, según las crónicas) (...) Non fueron estos godos de comiienço cristianos, / nin de judios de’Egipto nin de ley de paganos / antes fueron gentiles unos pueblos loçanos

   Estrofa 59, dice el rey Rodrigo:

Graçias a Dios del çielo que lo quiso fazer / en aquesto le avemos mucho de gradesçer, / porque es toda España en el nuestro poder, / mal grado a los moros, que la solien tener.

   Estrofa 80:

Era la cosa puesta e de Dios otrogada / que seryan los de España metidos a espada: / alos dueños primeros serya tornada / tornaron en el canpo ellos otra vegada

   Los editores corrigen ‘seria tomada’ (Gallardo) ; ‘(non) seria tornada’ (Janer, Marden) ; ‘(les) serya tomada’ (Mdez Pidal, Zamora, Victorio).

 

   3.- Invasión musulmana (enemigo 1): Tres veces a lo largo del poema.

   Estrofas 86-88: Cuando los Godos (cristianos) pierden la batalla con los moros se refugian -'se alzan', suben- en el norte. Anacronismo: ya existe Castilla, equiparado (o incluyendo) a Asturias (las crónicas sólo hablan de Asturias):

Pero con todo esto buen consejo prendieron / tomaron las reliquias todas cuantas podieron / alçaronse en Castiella, assy se defendieron, / los de las otras tierras por espadas murieron / Era Castiella Vieja un puerto bien cerrado, / non avie más entrada de un sólo forado / tovieron castellanos el puerto bin guardado / por (que) (end') de toda España esse ovo fincado / Fyncaron las Asturias, un pequeño lugar / los valles e montañas que son çerca la mar...

   Estrofa 102: "Visquieron castellanos grand tiempo mala vida"

   Estrofa 123: Sucesión de Pelayo: su hija se casa con Alfonso I, señor de Cantabria, esto es, el extremo oriental de la Galicia romana, que llegaba hasta el País Vasco, en el terreno dudoso de donde surgirá Castilla. Lo mismo vale para la estrofa 131, en la que Carlomagno, en tiempos de Alfonso II de Asturias, invade Castilla ("movió pora Castiella") identificada con España, o en la est. 142 'pueblos castellanos'

   4.- Elogio de España y de Castilla.

   Estrofas 131-132: (Carlos, Carlomagno) "movió pora Castiella (...) que franceses passavan / que a Fuente Rabia todos y arribavan"

   Estrofas 142-144: Identificación entre Castilla /España y castellanos /españoles /cristianos. Los moros de Zaragoza son ‘pueblos paganos’.

   Estrofa 156:

Pero de toda España Castiella es mejor / porque fue de los otros el comienzo mayor / guardando e temiendo siempre a su señor, / quiso acreçentarla assi el criador. / Aun Castielle Vieja, al mi entendimiento / mejor es que lo al porque fue el çimiento / ca conquirieron mucho mamguer poco convento / bien lo podedes ver en el acabamiento.

   Estrofa 171:

Estonçe era Castiella un pequeño rincon, / era de castellanos Montes d’ Oca mojon, / e de la otra parte Fitero el fondon / moros tenien Carazo en aquesta sazon.

   Estos límites de Castilla serían del tiempo en que Fernán González hereda el condado (c. 930). No es la ‘Castiella Vieja’ o primitiva, el ‘puerto bien cerrado’ que ya aparece antes (estrofa 87) confundido con Asturias (estrofa 88). En su edición, Victorio (p. 81) anota que, independientemente de la veracidad histórica de estos límites, al autor le interesa presentar un condado pequeño para realzar su expnasión posterior debida a la fe, lo que recuerda el grano de mostaza evangélico que se hace luego un gran árbol.

   5.- Fernán González

   Estrofas 174-176:

Ovo nombre Fernando esse conde primero / nunca fue en el mundo otro tal cavallero (...) Fizo grandes batallas con la gent descreida (...) ensancho en Castiella una muy grand medida (...) el conde don Fernando con muy poca compaña / (...) mantovo siempre guerra con los reys d'España / non dava mas por ellos que por una castaña. 

   El desprecio hacia los otros reyes de España, cristianos o no, muestra con claridad el castellanocentrismo del poema.

   6.- Almanzor, Santiago y San Pedro de Arlanza

   Confusión análoga aquí entre todo el norte, desde Galicia a 'Castilla'. Anacronismos (estrofa 386): Los moros contra los que lucha Fernán González en Hacinas son del siglo XIII, 'turcos, alabares, almohades y benimerines'. Además estos dos últimos pueblos estaban enemistados entre sí. Evidentemente el autor aquí está pensando más en Fernando III que en el conde.

   7.- Enemistad con Navarra (enemigo 2): tres veces

   8.- Enemistad con los leoneses (enemigo 3):

   Sólo al final, con la independencia de Castilla. La enemistad de castellanos y leoneses es análoga a la que ocurre con el Cid. Pero aquí la enemistad es contra todos los vecinos, leoneses, navarros y moros.

 

III

    El mito (narración sobre los orígenes) de Fernán González reverdece sospechosamente en diferentes épocas conflictivas, con algún rey Fernando por medio. Hay que tener en cuenta que el primer rey de Castilla se llamaba Fernando y era segundo hijo del rey navarro. Su reinado coincide con las mocedades del Cid, Rodrigo Díaz de Vivar, otro héroe sucesor de Fernán González en la mitología castellanista. El Poema del Cid es también compuesto por otro clérigo poco antes del Poema de Fernán González. ¿Es todo esto casualidad? ¿No será toda esa mitología una creación de los clérigos durante el siglo XIII?

   En cuanto a las mocedades de Fernán González, dice Keller (1956: 44) que el monje de Arlanza las adornó en su relato con elementos ficticios que tomó de ciertas leyendas medievales, igual que todo el poema se rellena con todo tipo de elementos folklóricos o legendarios para ‘cuadrar’ la estructura tripartita. Existe también otro poema sobre el Cid, las Mocedades de Rodrigo, en el que aparecen las hazañas de Fernán González y la independencia de Castilla (texto reproducido en la ed. Victorio, pp. 191-193), así como el rey Fernando I, coetáneo del Cid joven. Hasta hace poco el texto era mostrado como ejemplo de poema 'popular' y neotradicionalista, sin influencia clerical. Deyermond, que lo edita con un estudio, sostiene que este poema, en su versión conservada, igual que el Poema de Fernán González, es obra de un clérigo que quería ayudar a la diócesis de Palencia en la segunda mitad del siglo XIV (época de guerras civiles) e iba en contra de los Trastámaras, tras la grave decadencia de la diócesis, como en el caso de los monasterios en el XIII.

   La mezcla de elementos populares (una épica anterior) y cultos, como en el Fernán González, es clara. La conclusión es que no hay poemas épicos conservados que no tengan elementos cultos (clericales), lo que puede relacionarse con las ideas de Bédier sobre la épica francesa. Para Deyermond, igual que existe influencia de lo popular en lo culto, ocurre también al revés, algo no aceptado por Menéndez Pidal.

   Uno de los puntos clave en la interpretación del poema es el que plantean las estrofas 80 y 59. La estrofa 80, en su verso tercero (‘a los dueños primeros les serya tornada’) había sido enmendada por todos los editores, al creerla error u omisión de la copia, pues no parecía tener sentido llamar a los moros dueños primeros de España, que serían los godos. Armistead (1961) había hecho notar que otro verso del poema, el cuarto de la estrofa 59 (‘¡mal grado a los moros que la solían tener!’), incide en lo mismo y que el monje de Arlanza habría introducido unos moros pre-góticos que no son sino proyección de su presente en el siglo XIII hacia el pasado borroso. Los hechos del pasado son vistos como calco del presente, como trasunto de lo actual.

   Pero cabe también otra posibilidad: moros, desde esa perspectiva, equivaldría a infieles, no cristianos en general, es decir, moros y judíos en el contexto del siglo XIII, pero también ‘pueblos paganos’ (estrofas 81 y 142) en general, no cristianos o ‘gente descreida’ (est. 60 y 89). A esto hay que añadir la distinción entre ‘paganos’ y ‘gentiles’ (est. 16). Los godos son un pueblo aparte, ‘antes fueron gentiles’ (16c), del linaje de Magog, hijo de Jafet, según las crónicas (no son semitas, como moros o judíos) que vinieron de oriente y los envió Cristo (est. 15). La distinción parece implicar que los paganos o infieles son gente que conoce el cristianismo, pero no se convierte, no es inspirada por el Espíritu Santo, a diferencia de los godos (estrofa 20).

   Toda la base del mito godo sería así trasunto de las otras religiones del libro en el contexto del siglo XIII. El enemigo principal son los moros, de los que se calca la idea de djihad o guerra santa, cruzada, en torno al apóstol Santiago; pero también se toma de los judíos la idea de pueblo elegido, ahora según el Nuevo Testamento. Habría que postular, pues, en el contexto nacionalista castellano del siglo XIII, otro pueblo elegido, el godo cristiano y su reino hegemónico, Castilla, de un Fernando a otro.

   Keller (1957) insiste en la composición del poema en torno al número tres, repetido incesantemente. Pero Keller no va más allá, pues cabría incluir en la obra, implícitamente, a tres Fernandos: el conde, el primer rey, y el tercero, en cuyo reinado se escribe el poema, para atraer su atención (Victorio), y excluyendo a Fernando II, rey sólo de León. Otra época conflictiva, con otro Fernando, es la segunda mitad del siglo XV, en la quer se hizo la copia del Poema de Fernán González, único texto conservado. ¿Es esto casualidad? Quizás el poema se hubiera perdido de no ser por las especiales circunstancias del acceso al trono de los Reyes Católicos.

   Si a esto añadimos que la simbología del número tres aparece por todas partes en el Antiguo y en el Nuevo Testamento y que San Isidoro de Sevilla, la ciudad recién reconquistada, escribió un libro al respecto (Keller, 1957: 239) tendremos el cuadro completo. El clérigo escritor se vale de todos los elementos a su alcance y los desarrolla coherentemente, mediante un plan preconcebido (Keller, 1957: 245) para contribuir al fundamentalismo cristiano de la reconquista que se va a perpetuar, relanzado especialmente en el siglo XV con los Reyes Católicos y en el XIX, tras otro Fernando, con el nacional catolicismo en torno a Castilla como reino integrador, o en el XX tras la guerra civil, tanto en el terreno político como en el lingüístico.

 

IV

   Para concluir, observemos un poco más en detalle esos contextos en los que el nacional catolicismo reverdece y se reafirma desde su nacimiento en el siglo XIII, obra de clérigos, hasta hoy mismo.

   Compárese el epitafio en latín de la tumba de Fernando III en la catedral de Sevilla con los otros epitafios, en castellano, árabe y hebreo, que reproduce Américo Castro en La Realidad Histórica de España (6ª ed., 1975, 38-9). Sólo en el latino figuran los términos ‘arrancó a Sevilla del poder de los paganos y restituyó el culto cristiano’. El término ‘paganos’ se corresponde con lo apuntado para las estrofas 59-60, 80-81, 89 y 142. Sólo los clérigos entendían el latín y la política real no coincidía siempre con la eclesiástica, hasta los Reyes Católicos. Pero en los cuatro epitafios aparece ya reflejada la misma hegemonía castellana en el afán imperialista de Alfonso X, pues Fernando, o Ferrando, es conquistador de toda España, Al-Andalus en el texto árabe, y Sevilla es cabeza de toda ella.

   Hay que tener en cuenta que la época de Fernando III es de optimismo en todos los aspectos. Se creía, después del avance cristiano hacia al sur que llegó hasta el estrecho, que la reconquista, como había ocurrido en el oeste, en Portugal, duraría poco. Duró, sin embargo, otros dos siglos, hasta poco después de la unión de las coronas de Castilla y Aragón. Para Victorio (1979) el poema ha de verse, con su elogio de la Castilla Vieja, como un alegato dirigido al rey Fernando III por su nueva política:

Tal política consistía en el progresivo e imparable deterioro de las ventajas que los monasterios sacaban en la Reconquista y en la Administración, que irán ahora a manos del clero secular (sedes episcopales), de las nuevas órdenes mendicantes ( los franciscanos y los dominicos se implantan a partir de 1220), poderosos rivales en el Norte, y de las órdenes militares en el Sur, que son las que se llevan la parte del león en los beneficios de los territorios conquistados. (16)

   Para Victorio (1979:17), además, la coincidencia de nombres y de cualidades guerreras y piadosas entre Fernán González y Fernando III en torno a Castilla, reales o inventadas, es uno de los motivos principales por los que el monje eligió el tema del poema. Otro monje, quizás, por parecidas razones, se fijó en él dos siglos más tarde.

   Hubo de ser en tiempos de los Reyes Católicos, quizás en la época de su enfrentamiento a Enrique IV, entre 1469 y 1474, cuando se copia el manuscrito antiguo perdido del poema, quizás por el propio Gonzalo de Arredondo (Abad de Arlanza en 1488; vivió hasta 1522) o por su mandato, pues era cronista real y escribió él mismo una crónica en prosa sobre el conde (conservada en El Escorial, como la copia del poema), otra en verso y un significativo Castillo inexpugnable, defensorio de la Fe (publicado en Burgos en 1528) supervivencia de la ideología de los Reyes Católicos que incorpora el odio a los infieles, entonces los turcos. Y Castilla persistirá como castillo interior, en sentido propio y figurado, y se hará meseta en el siglo XIX e inspirará la ideología castellanocéntrica predominante, que la generación del 98 consagrará en la literatura de finales del XIX y principios del XX (Moreno, 1998).

   En el siglo XIX hay una relación, aparentemente contradictoria, del mito o leyenda sobre Fernán González, tal como aparece en el poema y se ha transmitido, con el nacionalismo español en su línea liberal centralizadora, en torno a otro Fernando, el séptimo y su hija y sucesora. Fernando es visto primero como el rey Deseado, que librará España, para unos, del dominio de otros paganos modernos, los franceses; para otros, traerá una nueva época. En principio el triunfo es para la influencia eclesiástica, que consigue reponer a Fernando en 1814; luego, en 1820 las cosas se invierten y en 1823 tiene que intervenir el ejército de la fe, desde la misma Francia que había traído antes a los paganos.

   Con la guerra civil de sucesión a la muerte del rey se llega a un compromiso, esto es a un híbrido: parecen vencer los liberales pero a costa de rebajar sus pretensiones y de mantener la Iglesia católica toda su influencia. Esto en los mismos años en que se recuperan las leyendas en torno a Castilla y a Fernán González por medio de crónicas, ediciones del poema, refundiciones teatrales, etc. Toda la historiografía oficial del siglo XIX, la que se enseña en todos los niveles, gira en torno al castellanocentrismo histórico y lingüístico.

   Pero al lado del nacionalismo en torno a la identificación de Castilla y España, se da también un desarrollo paralelo de los nacionalismos periféricos, todos ellos con sus pretensiones históricas, que no dejan de ser también relatos legendarios o novelísticos nuevamente inventados, -véase el estudio de Juaristi para el caso de los vascos-, en los dos sentidos de la palabra inventar: encontrar e imaginar.

   Con el fin de siglo el mito castellanista se afianza, enfrentado a los otros. La llamada generación del 98, incluyendo en ella a Ortega, oscila entre el rechazo y la identificación con él, afianzándolo mediante otro invento, de la mano de la geografía de la época: Castilla es contemplada ahora en su peculiaridad mesetaria, algo nunca hecho antes. Desde el punto de vista histórico, la conocida frase de Ortega en España invertebrada (1920): ‘Castilla hizo a España y la deshizo’ es contestada por el historiador Sánchez Albornoz, otro difusor del mito castellanista en su España, enigma histórico, con esta otra: ‘España deshizo a Castilla’ (ed. 1973, II, 417). Ninguna de las dos frases tienen mucho sentido si no se aclara primero a que entidad, histórica o geográfica o ambas, se están refiriendo, y en qué circunstancias, algo que los dos ensayistas Sánchez Albornoz, como Castro, es un ensayista histórico- dan por sobreentendido. Podemos preguntar, por ejemplo: ¿Cuándo hubo una Castilla con unos límites geográficos definidos que correspondiera a la entidad política o reino del mismo nombre?

   Por último, el mito godo reverdece en toda su crudeza durante el siglo XX con el fascismo falangista y la victoria de Franco en la guerra civil. Léase, como muestra, la revista Escorial desde su aparición en Noviembre de 1940 (Morán, 105), defensora de la Alemania nazi por orgullo del linaje godo, junto a la defensa y la predicación de la fe de Cristo. La revista termina su primera época con la derrota nazi. Luego, lo que triunfa es el nacional catolicismo, en línea con la tradición imperial desde el mismo siglo XIII y el Poema de Fernán González.

   En 1952, el congreso eucarístico de Barcelona (Morán, 434 ss.), es la consagración de la cultura nacional católica con el apoyo del Vaticano. Dice Morán:

Bajo el secular mando eclesial todos, falangistas y tradicionalistas se dispusieron a hacer una prueba de fe: demostrar que no se habían equivocado y que aún estaban en la buena vía. La España nacional-católica iba a mostrarse al mundo unida en otro misterio de la Santísima Trinidad en versión autóctona, tres entidades distinta Iglesia, sociedad y Régimen- y un solo Dios verdadero (...) Se puede decir que del 27 de Mayo al primero de Junio de 1952 el país entero se quedó quieto para contemplar la más grande exhibición de fanatismo y de acatamiento a los dos pilares que regían su vida. La de aquí dependía del Régimen; la del más allá, de la Iglesia.. (435)

   El enemigo ahora es el comunismo, la hoz y el martillo. Pero estos nuevos paganos van a ser derrotados tambiéna a lo largo del siglo y en su final el nacional catolicismo, muy diluido en la sociedad de mercado, sólo podría reverdecer con una nueva invasión, ya en marcha, de los viejos conocidos, moros y vecinos, paganos de toda la vida en la memoria histórica.

 

 


Referencias bibliográficas

ARMISTEAD, S. G., "La perspectiva histórica del ‘Poema de Fernán González’", en Papeles de Son Armadans, LXI (1961), 9-18.

DEYERMOND, A. D., Epic Poetry and the Clergy: Studies on the "Mocedades de Rodrigo". London: Tamesis, 1969.

JUARISTI, J., El linaje de Aitor. La invención de la tradición vasca. Madrid: Taurus, 1987

KELLER, J.P., "El misterioso origen de Fernán González", en Nueva Revista de Filología Hispánica, X (1956), 41-44.

----------- "The Structure of the Poema de Fernán González", en Hispanic Review, XXV (1957) 235-246.

LÓPEZ GARCÍA, A., El rumor de los desarraigados. Conflicto de lenguas en la península ibérica. Barcelona: Anagrama, 1985.

VICTORIO, J., "El Poema de Fernán González. Canto de cisne por Castilla", en Historia 16, 38 81979) 108-113.

------------- ed., Poema de Fernán González. Madrid: Cátedra, 1981

ZAMORA VICENTE, A., ed., Poema de Fernán González. Madrid: Espasa-Calpe, 1963.