Angélica y la sombra del caos, Alejandro Higuita Rivera, El Colombiano, Medellín, viernes 30 de junio de 1995.
"Soy Libra. Equilibrada. desequilibrada y desequilibrante. Depende de para qué", así se define Angélica González, una joven española, frágil en apariencia y como su nombre lo indica parece ser una mujer inocente.Pero no, es fuerte e inteligente y hasta terrible en sus conceptos. Es un ser no tan angelical que parece habitar en los abismos del caos, que reflexiona sobre la vida hasta devanarse los sesos, es una especie de demonio del teatro.
Ella está en Medellín con su grupo Atra Bilis, que actualmente presenta su obra Dolorosa en la Casa del Teatro.
ENTRO EN ESCENA
La primera experiencia de Angélica en las tablas fue en la escuela. "Fue una época entrañable. El teatro era como un juego, me planteaba hacer teatro solo por el placer de hacerlo. Era algo muy lírico, como el niño que coge el palo de escoba y dice: tengo un caballo", expresa la actriz.
Después ingresó a una escuela de arte dramático y allí comenzó a plantearse otras cosas. "A razonar, a tomar decisiones, caminos, a definir si mi vía era el teatro realista, el poético..." Y optó por el drama y el absurdo.
Ya mayor, tuvo la necesidad de crear un mundo propio. "Primero llegó la palabra y después la necesidad de dirigir esa palabra. Escribí aprovechando toda la experiencia que había
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me gusta estar en mi casa y eso es algo necesario para poder escribir".
FLOR DE UN JARDIN
Angélica ha escrito varias obras y ha montado dos de ellas. "La primera que monté se llama El Jardin de las Mandrágoras y yo la defení como pequeña tragedia sexometafísica". Dice que este trabajo está dividido en nueve escenas y cinco lirios.
"Fue una especie de manifiesto trágico en el que, a través de unos personajes, se expresa la belleza, la poesía, la muerte, el amor, la pasión, soy bastante pasional", recalca.
Uno de los personaje va arrojando las flores en el transcurso de las escena, mientras van sucediendo cosas. "Los lirlos se tiran por determinadas razones. La obra comienza con un suicidio brutal: una mujer se ahorca y su amante decide, en una especie de metamorfosis, salir de la muerte de ella como si fuera de una crisálida». Y explica: "El nace de la crisálida de la muerte de la mujer convertido en la mujer muerta y entonces utúlza a un muchacho para purgar todo su dolor".
Esta historia saltó de la cabeza de Angélica después de leer a Yukio Mishima, escritor japonés. "Vamos, prácticamente le debo a él y a la filosofía japonesa que dice: mata a tu padre, mata a tu madre, la obra. De ahí saqué esa crueldad japonesa, esas imágenes terribles".
MUJER PESIMISTA
Angélica dice que las experiencias la han ido moldeado y la han llevado a pensar de un modo determinado. "Uno al fin y al cabo está en el ambiente y el ambiente es el que te va transformando, paleando o montando en un colchón de rosas, pero quizás por ser hija única, quizás por determinadas cosas de mi infancia siempre he sido bastante pesimista", narra con seguridad.
La soledad de ella no es una buscada, ni impuesta 'sino que soy así", afirma.
Sobre los personajes que crea en sus obras, afirma que no la liberan ni la encadenan. "Personalmente a uno no le sirve de nada escribir, le sirve para tener experiencia como escritor, no sirve ni para ser mejor o peor, o para quitarse o no demonios. Si uno quiere suicidarse lo hace, si quiere darse un banquete, lo hace" asegura.
Confiesa que "en España me ven bastante rara y es algo que detesto. Lo que pasa es que la gente que se dedica al teatro tiene que ser de (...)
profundamente, no te permiten ver más allá y creo que para cualquier artista que se dedique a cualquier rama del arte es tan inmensamente rico salir de su círculo, porque se abren las fronteras, se enriquecen los temas", sostiene.
En España las mujeres cada día se apropiaban más del teatro. "Los hombres participan cada vez menos. Es un problema de roles. Parece que el papel del hombre en esta sociedad no es el de la sensibilldad, del arte, no es el lado estético, artístico. Su rol es ser trabajador, negociante. Por eso parece que las mujeres tienen bajo su dominio la sensibilidad del mundo, pero no es cierto".
COLOMBIA EN IMÁGENES
La actriz llegó a Colombia con su grupo, invitados a un festival de teatro en Barranquilla y desde el pasado 3 de junio está en Medellín.
"Estoy feliz en Colombia. Entiendo la problemática de aquí pero sé cómo seria si hubiera nacido en esta tierra. Esto es otro mundo que aún no he asimilado. lo haré cuando llegue a Madrid y por comparación".
Angélica es una mujer observadora. Situaciones cotidianas en nuestra tierra, que para nosotros pasan desapercibidas o nos pueden causar vergüenza, para ella son extraordinarias.
"Llegué a Barranquilla y se me quedaron muchas imágenes, como los ríos del Caribe que recogen ahogados, asesinados, sillas, colchones. De repente imaginé que también tiraba allí a los maridos, a las mujeres, a los hijos". ,
Igualmente quedaron en su memoria "la imagen de un negro con una manguera regando a una niñita en un día de lluvia, una mujer que se sube los pantalones para que la piquen los mosquitos, porque le encanta eso; un hombre que toca una guitarra con una sola cuerda; y en Venecia (Antioquia), vi a los hombres en las cantinas, bebiéndose los discos, como dicen aquí, esto es un minimalismo puro". Angélica abre los ojos como tratando de explicar la sensaciones de todas estas imágenes.
Despúes de dejar escapar una sonrisa, agrega: "Y yo que se tantas cosas... y todo esto me sorprende, esto es de Gareta Márquez", puntualiza.
DOLOROSA, OBRA DE UN ÁNGEL CAÍDO
Un hombre y una mujer se deshacen en el escenario. El, es un ser acosado por el pasado, el presente y el futuro del mundo, un cualquiera que busca un amor que lo reivindIque como ser humano. Ella, es una mujer designada por los dioses para amar a los hombres, a todos y hasta la muerte.
Esta es la historia de Dolorosa, obra que presenta el grupo español Atra bills, en la Casa del Teatro, carrera 43 No. 52-50. a las 7:30 de la noche, hoy y mañanay que cuenta con la actuación de Gumercindo Puche, Carlos Arturo Bolívar y Angélica González.
FINAL DE MILENIO
"Dolorosa es una redención para el final de milento. Es, ante todo, una historia de amor entre una ramera y un hombre. Milán Kundera decía que las esencias se tenían que escuchar a través de metáforas, estos dos personajes son metáforas de algunas esencias. Ella es una redentora, su pasión es simitar a la pasión de Cristo, pero enfocada al final del milenio" dice Angélica González, directora, dramaturga y actriz de la obra.
"El es un hombre mediocre, arrastra toda la decadencia y miseria del mundo y llega a donde la ramera. Ella está dispuesta a morir de amor por todos los hombres", expresa la escritora.
Angélica no se considera una redentora. "Yo arrastro la decadencia y la miseria como toda persona, como todo el mundo en este final de siglo. Mi personaje es el hombre, al final uno siempre escribe lo que es". asegura.
Dolorosa no es una obra esperanzadora. "Yo soy muy pesindsta y al fin, como todos, voy a terminar muerta. La muerte es el final, no veo mayores esperanzas de morir felices aunque uno muera en su cama, eso no es un final feliz para nadie", sostiene con cierta risita de niña precoz.
Dice que en este mundo uno ya no se puede agarrar a nada real.
"Aquí se asesina, nos matamos. Unos se agarran a la mafia, otros a la religión, otros a una prostituta que pueda amarlos".
Según Angélica no hubo ningún hecho específico para crear esta obra. "Nada la descandenó, simplemente tenía unos personajes que borboteaban en mi cabeza y tenía las ganas de trabajar con el final del milenio, con la redención y con una metáfora del fin del mundo".
Angélica es muy rigurosa para la puesta en escena de sus obras. "Soy amante de la poesía, de la composición, el color, el movimiento de los personajes. En mi obra todo está medido para que sea contundente en el espacio, como si estuviera pintando en él, con los colores".
Asegura que en el teatro "si uno descuida el oído y la vista del público no podrá congregar ni a la emoción ni al intelecto".
En el tránsito de El Jardín de las mandrágoras a Dolorosa han presentado cambios. "Estilísticamente he pasado de una poética desorbitante a un realismo más estilizado. El realismo no deja de ser una falacia, porque no deja ser una realidad creada, o sea, algo alejado de la realidad. En Dolorosa esta estilización realista está más aterrizada en personajes que pisan más la tierra", expresa.
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