CARTA DE RENUNCIA AL PREMIO MAX DE ERNESTO CABALLERO

 

ERNESTO CABALLERO

Avda. Menéndez Pelayo, 41.

28009 Madrid

 

Madrid, 15 de marzo del 2002

A los señores y señoras miembros del Comité Organizador Premios Max:

Ante la nominación de que he sido objeto como finalista de los Premios Max como mejor autor en lengua castellana, quiero manifestar lo siguiente:

Aún reconociendo el considerable prestigio que los premios Max han alcanzado, y su éxito como escaparate para una cierta forma de promoción del teatro, estimo que se producen en él algunas paradojas que resultan cuando menos chocantes. En efecto, se trata de unos premios patrocinados por la SGAE, que cuenta con la colaboración de una serie de entidades representativas de los distintos oficios teatrales -directores de escena, iluminadores, figurinistas, actores, escenógrafos, empresarios- excepto de los propios autores de teatro, cuya Asociación (AAT) decidió en su día desentenderse de la organización de este certamen. Creo que razones no le faltaron.

Y es que unos premios que patrocinamos los autores van a parar a unos profesionales que no se distinguen precisamente por su compromiso con nuestra dramaturgia, cuyos intereses se supone defiende la SGAE. Sin contar con que el notable presupuesto de los actos y ceremonias de dicho premio se destina a empresas y gestores que estimo, tampoco se caracterizan por su aprecio o apoyo hacia el autor español vivo. Y así resulta que año tras año homenajeamos musicales extranjeros, actores, actrices de espectáculos donde el autor español prácticamente brilla por su ausencia o a directores que han manifestado reiteradamente de palabra y obra su desprecio por el autor español, cuando no negado su existencia.

Podrá aducirse que también los traductores, adaptadores o arreglistas son miembros de la SGAE. Con todo el respeto hacia esos profesionales, creo que esta circunstancia no resuelve la mencionada paradoja. Podría aventurar que la acentúa, aunque no es éste el lugar donde desarrollar esta reflexión.

A lo manifestado se añade mi escasa afición a este tipo de competiciones y operaciones triunfo que tienen más de espectáculo, juego de camarillas o concurso de popularidad que de un verdadero y riguroso reconocimiento artístico, y que en definitiva, acaban a su pesar por trivializar más que dignificar la profesión, aunque proporcionen algunas reseñas de prensa y un par de horas de presencia en la televisión. Personalmente, concibo mi actividad desde un punto de vista artesanal, por lo que se me hace muy difícil entender y mucho más participar en esta clase de eventos.

Por todo lo expuesto, les comunico mi renuncia a la nominación como mejor autor en lengua castellana por mi obra Pepe el Romano (la sombra blanca de Bernarda Alba). Renuncia a la que no obstante me apresuro a unir mi agradecido reconocimiento a cuantos me han votado, al inmenso Federico inspirador de esta fábula, así como a la compañía Traspasos, especialmente a su director, Mikel Gómez de Segura, que fue quien concibió la idea de la obra.

Les ruego transmitan el contenido de esta carta a quien corresponda.

Atentamente,

 

Ernesto Caballero

Socio SGAE nº 36207

 

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