(A propósito de la Antología de libros de caballerías castellanos, editada por José Manuel Lucía)
Elami Ortiz-Hernán Pupareli
Becaria del Fondo Nacional para
la Cultura y las Artes (México)
Becaria de Caja Madrid
La reciente Antología publicada por José Manuel Lucía Megías (Antología de libros de caballerías castellanos, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2001), en la que participan decenas de investigadores, contiene un completo corpus con selección de fragmentos de casi todos los libros de caballerías castellanos conocidos hasta hoy. Es la primera vez que se presentan 71 textos juntos, más dos apéndices de los fragmentos castellanos de la Materia de Bretaña, mezclando así textos impresos con manuscritos. Además, cada texto se acompaña de las referencias de las ediciones de los siglos XVI y XVII, se da su ubicación en la bibliogafía de Daniel Eisenberg y Ma. Carmen Marín Pina (Bibliogafía de los libros de caballerías castellanos, Zaragoza, Prensas Universitarias, 2000) y los estudios y guías de lectura que se han realizado sobre el texto. Desde hace unos años, el Centro de Estudios Cervantinos (Alcalá de Henares) se encarga de la encomiable labor de editar libros de caballerías castellanos, dentro de la colección "Los libros de Rocinante". También se ha creado la colección "Guías de lectura caballeresca". Cada guía contiene una introducción, llevada a cabo por un especialista en el tema caballeresco, el argumento del texto, un diccionario de nombres y reproducciones de algunas de las portadas y los colofones. Estas guías resultan ser una herramienta imprescindible para la comprensión del contenido de cada obra, siendo de especial utilidad el diccionario para una rápida identificación de los nombres de los personajes.
La Antología propone una buena guía de estudio que vincula todos los testimonios y facilita la búsqueda de datos específicos. La crítica sobre los libros de caballerías resulta compleja por la difícil localización de los textos y las pocas ediciones modernas que hay, lo que "obliga a su lectura en ediciones antiguas o en testimonios manuscritos" (p. XIV). La obra que edita Lucía Megías da una solución a esta problemática, compilando los textos y sirviéndose de un profundo aparato crítico. Además, se propone ofrecer la riqueza del género con sus múltiples matices; aunque muchos tópicos se repiten en los libros de caballerías, la Antología propone dar voz a esos otros matices, otras ideas y otros detalles que explican también el éxito del género caballeresco durante el siglo XVI y buena parte del XVII.
Los textos que forman la Antología son variados. El investigador puede encontrar desde el más paradigmático, Amadís de Gaula, hasta los menos conocidos, como Adramón, Arderique o Febo el Troyano. Lo interesante de la obra es que es accesible también para el lector no especializado, ya que, gracias a su misma estructura de antología, muestra un panorama general de los textos caballerescos castellanos con referencias claras para aquel que desee profundizar en el tema.
Los dos útiles apéndices ofrecen una completa y variada visión de la materia artúrica que sirve también para introducir al público especialista en la temática caballeresca, y al que no lo es, para darle a conocer la procedencia, trayectoria y tradición de las caballerías en España. El primero de ellos facilita los fragmentos conservados en la Bancroft Library de la Universidad de Berkeley del Amadís de Gaula medieval. El otro, el elenco de fragmentos castellanos que nos llegan de la Materia de Bretaña: el Baladro del sabio Merlín, la Demanda del santo Grial, la Estoria de Merlín, el Lanzarote del Lago de la Vulgata y de la Postvulgata, el Libro de Joseph Abarimatía, el Tristán de Leonís, el Cuento de Tristán y el Tristán de Leonís de 1501.
La compilación de Lucía Megías logra resolver varios asuntos que pueden resultar fundamentales en distintos apartados. Por ejemplo, para los investigadores del papel de la mujer en los libros de caballerías hispánicos, la Antología sirve como un buen texto base para rastrear sin dificultad la evolución de las damas y su caracterización. Algunos textos, los más conocidos, contienen lo que nos es más familiar sobre las tradiciones amorosas: la descripción de Lisuarte de Grecia como caballero enamorado (p. 36), la infidelidad de Perión (p. 38), la descripción de la belleza de la infanta Niquea (p.48), la cortesía que demuestra Florisel de Niquea (p. 59) o el importante papel de la mujer como elemento imprescindible del ritual iniciático del caballero (concepto que se ve reflejado en casi la mitad de los textos antologados). Las damas son siempre las que ciñen la espada, las que piden que se arme caballero a su amado, o las que asisten al acto de investidura. La doncella que ciñe armas puede ser anónima o incluso ser la amada del héroe; recuérdese la petición de Oriana a Perión en el Amadís de Gaula (Garci Rodríguez de Montalvo, Zaragoza, 1508); otros casos de este tipo de doncellas se encuentran en Leonisa en Clarián de Landanís (p. 135), Lucerisa en Bencimarte de Lusitania (p. 99), Belianisa en Félix Magno (p.216) y las doncellas de Mambrina en Cristalián de España (p.163).
En Silves de la Selva (XII libro amadisiano, escrito por Pedro de Luján en 1546), la infanta Pantasilea, encarna la caracterización de la amazona o doncella salvaje. Esta doncella recibe la orden de caballería de manos del mismo Amadís (p. 68), tópico poco común en las tradiciones caballerescas hispánicas del siglo XV; asimismo la declaración de amor de Agrián y Leoponte a las princesas Fortuna y Pantasilea se hace por medio de un enano, elemento muy difícil de hallar por la tradición negativa que suele tener este tipo de personaje:
Ellos llamando a un enano muy feo y astuto y bien entendido llamado Ardeno, le declararon su pasión y junto con ello le prometieron grandes mercedes si buscaba remedio a su pasión (p. 69).
Además Pantasilea gana un torneo con las armas que le entrega Silves, sin perder en ningún momento su condición femenina, al contrario siempre es caracterizada como "la fuerte y hermosa princesa Pantasilea" (p. 71.) En el mismo texto el caballero protagonista, en la Aventura de los Castillos, compara la idea de fortaleza con su dama, rasgo que también señala lo innovador de la obra pues este tipo de comparaciones metafóricas con conceptos tan abstractos son difíciles de hallar en los libros de caballerías. Pantasilea se caracteriza a lo largo de la obra como una mujer de gran fortaleza física y espiritual y, al mismo tiempo la virtud de la Fortaleza se simboliza como una doncella semejante a Pantasilea. El caballero por su parte se halla cautivado por esta virtud que confiere valor para soportar la adversidad y liberarse de los peligros. Silves valora la Fortaleza como ninguna otra cualidad y la similitud de esta virtud con el carácter de su dama hacen que la imagen de Pantasilea cobre especial relevancia en la vida de Silves, el héroe admira a su dama no sólo por tener la misma capacidad guerrera que él, sin perder nunca su condición femenina y los rasgos caracterizadores de dicha condición, sino por reflejar como nadie la virtud de la Fortaleza. Visto así dicha virtud, y este es otro tópico innovador del libro, se asocia más con la imagen de Pantasilea que con la de Silves. Pantasilea rompe con este modelo. Al ser una doncella guerrera, inspirada en la reina Calafia de las Sergas de Esplandián, lucha codo con codo con el héroe e incluso se salva de ser violada, junto con la infanta Fortuna, sólo peleando con las manos. El mundo de esta mujer es el de la aventura, se hace protagonista del texto, igual que el héroe, por su capacidad guerrera. Silves de la Selva plantea así una serie de matices sobre la evolución del papel de las mujeres en los libros de caballerías de la segunda mitad del siglo XVI. El trío de mujeres guerreras que aparecen, Pantasilea, Calpendra y Alastraxarea, deja muestra de lo variado que para esta época resulta el género caballeresco en España. Otro ejemplo lo tenemos en Trinea, reina de las amazonas que, en el Tristán el Joven de 1534, se acuesta con el héroe (p. 414), en la Calafia de las Sergas de Esplandián, en la Florazana de Flor de caballerías (p. 237) y en la Patagonas de Primaleón (p. 356). Estas damas conviven igualmente con mujeres de su misma condición que con infantas corteses y muy femeninas, como Fortuna, lo que pone de manifiesto que algunos de los autores de libros de caballerías, como Pedro de Luján y Diego Ortúñez de Calhaorra matizan las costumbres más agresivas que definen al modelo amazónico puro para más bien acentuar sus rasgos femeninos, presentando una amazona cortesana; cuyo modelo se refleja en Claridiana en Espejo de príncipes y caballeros (pp. 192-193):
[ ] passo a passo se vino para los cavalleros, los cuales tan espantados estavan de lo avían visto que sin hablar palabra el uno al otro se miravan, pareciéndoles ser cosa de sueño, o alguna celestial visión, según las excelencias y estremadas gracias que tan súbita y arrebatadamente vieron en aquella doncella; porque, demás del maravilloso golpe que avía hecho, vieron en su rubicundo rostro tanta hermosura que no avía entendimiento humano que lo pudiesse imaginar ni creer. (p.192)
Con la caracterización de Claridiana se pone de manifiesto que ningún modelo de dama en los libros de caballerías castellanos se encuentra cerrado, conviven tanto la caracterización de la amazona como la de la doncella guerrera y se contaminan uno en el otro. Los rasgos de la doncella guerrera se manifiestan en Florinda, la protagonista de Platir (pp-361-362). Esta dama no duda en tomar su destino en sus manos e ir a salvar a su amado del encantamiento de Peliandos. El personaje resulta significativo no sólo por tomar el hábito de caballero, sino por reflejar perfectamente su comportamiento cortés con la infanta Mirnalta.
Florismundi y Semíramis, en Bencimarte de Lusitania (finales del siglo XVI), son también doncellas guerreras. Florismundi, gran aficionada a las armas, se hace pasar por hombre:
Llegó el conpasivo príncipe a quitarle el yelmo y deslunbróle su no bista belleza, quedando atónito de ver tan bello y belicoso joben, y luego imajinó que no lo era, revolviendo en su fantasía las historias de aquellas fuertes damas e ilustres señoras con que acreditó su sospecha, y biéndola en sí la hiço sentar y reparar un rato; la infanta le hiço acostar y su escudero le curó la herida y sentada en su cabecera, más en sí, le dixo: -Mi nombre, baleroso príncipe es Liseo, hijo de un hermano bastardo del rey de Francia, a quien de algún balor o ventura con que é ganado buena fama dio el cielo la pensión de parecer mujer, que así lo piensan algunos. (p.101)
Si Bencimarte imagina y fantasea sobre las historias sobre las historias de "fuertes damas" es porque este tipo de caracterización de la mujer era apreciado por el público de los libros de caballerías de la época. Sin embargo, como en el resto de los casos que he citado, el tratamiento cortés con la dama no cambia. Aunque Florismundi, a diferencia de Florinda en Platir, que toma el hábito y las costumbres de caballero para salvar a su amado de un encantamiento, le gustan las armas desde joven: [ ] "y así, llegando a los diez y seis años, pidió a su padre con engaño le diese la horden de caballería" [ ] (p. 100), resulta interesante observar cómo a pesar de esta nueva temática de la virgo bellatrix o doncella guerrera en los libros de caballerías, la orden estaba aún reservada a los varones; prueba de ello es que Forismundi debe engañar a su padre para que se la conceda.
Sarmacia, en la tercera parte del mismo texto, es caracterizada como la "belicosa Sarmacia" y busca venganza del caballero troyano que la injurió anteriormente (pp .202-203).
La caracterización que se hace de Belsagina, mujer medio salvaje-medio humana que ayuda a la madre de Felixmarte de Hircania a escapar de las montañas, le da alojo en su casa y ayuda a criar al héroe es la mejor muestra de los nuevos senderos por donde se estaban yendo los tópicos de los libros de caballerías a mediados del siglo XVI. La mujer salvaje que a todos daría miedo resulta ser la que salva a la madre del héroe y le ayuda; las caracterizaciones van sufriendo modificaciones de acuerdo con los gustos imperantes en la época. También en la segunda parte de Selva de cavalarías, de principios del siglo XVII y escrito por Antonio de Brito da Fonseca Lusitano, hay un capítulo dedicado a las aventuras femeninas con Floribea como protagonista:
Y doy mi palabra de que acabada esta aventura bolverlas a Constantinopla a tiempo que sean mejores las fiestas que en ellas se an de azer de lo que ellas serán asta su llegada. Y a estos invictos príncipes, pido mucho no se apartem de vuestra corte por su ausencia, porque la aventura onde ellas van no es posible acabarse por otras personas sino por sus heroicas manos. Y este es el dom que tenguo pedido; y soplico me perdonen que no puede ser menos por ahora, pues ellas se an ancarguado del oficio de cavalleros y están olbiguadas a dar complimiento a los agravios que alguno recibe (p. 403)
En Cirongilio de Tracia escrito por Bernardo de Vargas en 1545, hay varios elementos que definen a las damas, como el matrimonio secreto del caballero protagonista y la infanta Regia:
Por mi vida, mi buena señora, ¿no os parece que es fábula, no lo tenéis por cosa de burla? ¡Ay de mí, ay de mí! ¿Por qué miré? Miré, señora vuestra hermosura y vencióme, vencióme porque no tuve poder de resistirle; resistirle pude mas no quise; quise olvidarla, mas la pena me combidó; combidó su gloria a mi sentimiento; sentimiento hizo mi coraçón; mi coraçón fue preso en prisión voluntaria; voluntaria, que su fuerça no tiene igual; igual es sin duda el amor que os tengo, e mi dolor. (p. 113)
La condición social del héroe, como aventurero solitario, impide hacer público su amor por la infanta Regia. Este tema es común en la narrativa caballeresca, generalmente el matrimonio se vuelve público cuando el héroe obtiene fama y honra. La simbología del episodio pone de manifiesto el camino que ha desarrollado el héroe caballeresco para ser mejor amador y mejor hombre; esto se pone de manifiesto al aparecer parejas de enamorados famosos como Oriana y Amadís, o Palmerín de Olivia y Polinarda. Cirongilio de Tracia tiene muchas de las características típicas del género caballeresco del siglo XVI, aunque también transgrede, modifica e innova el modelo implantado por el Amadís de Gaula.
Otras parejas que hacen matrimonio secreto son Dorendaina y el caballero de la Rosa en Claribalte (p. 141); Xarcina y Amán en Flor de caballerías (p. 235); Leonisa y Floridior, y Florisena y Felinis en Philesbián de Candaria (p. 368).
El matrimonio público es en muchas ocasiones la culminación de un previo matrimonio secreto. En Claribalte, Dorendaina y El caballero de la Rosa lo hacen así (p. 143). Otras veces el matrimonio público se plantea así desde un principio como el de Adriana y Topacio en Reimundo de Grecia (p. 275).
El tercer tipo de matrimonio que suele suceder en los libros de caballerías es el matrimonio concertado, como el de Vesperaldo y Altibea en Clarián de Landanís (p. 120); Don Félix y Cresilonda en Claribalte (p. 142); Bucarpia y don Roberto en Floriseo (p. 272) y Armelina y Juneto en La Trapesonda (p. 394).
Uno de los temas más relevantes en los libros de caballerías es el del amor, principal eje de la acción y motor de la mayor parte de las aventuras. La protagonista de los libros de caballerías se suele definir como dama enamorada, y su rasgo distintivo es la belleza. Oriana es el paradigma de enamorada en los libros de caballerías (Amadís de Gaula, 14-15). Otro claro ejemplo es Iseo en el Tristán de Leonís de 1501 (p. 481) o Claribea en el Felixmarte de Hircania (p. 224). En ocasiones la condición de dama enamorada genera nuevas caracterizaciones en su imagen. Algunas de ellas son las siguientes. La doncella predestinada al amor, como Leonorina en las Sergas de Esplandián (p. 28) tiene un destino inminente que el es desvelado al nacer o en su infancia como la señora de amor del héroe. La doncella celosa que, por circunstancias específicas o por la intervención de otra dama enamorada, como Briolanja en el Amadís de Gaula, desdeña a su caballero. Oriana es el paradigma de este tipo de dama pero hay otras tan paradigmáticas como Iseo en Tristán de Leonís (p. 465); Miliana en Tristán el Joven (p. 416-417) o Claribea en Felixmarte de Hircania (p. 227). En el Amadís de Gaula se plantea otro tema común e importante en los libros de caballerías castellanos, la tradición epistolar. Este tópico se vincula con la definición de doncella celosa y es muy importante en el desarrollo de la acción en el Amadís de Gaula, donde incluso es una carta de la celosa Oriana la que manda al héroe a la penitencia en la Peña Pobre y otra en la cual le pide que regrese al ámbito cortesano, lo que aparta y restituye al caballero de su universo. En el Claridoro la princesa Clera manda a su amado una carta en la que le pide perdón por su pasada actitud: "y ansí os suplico con todo el amor que os tengo me lo perdonéis y pongáis en olvido y os bengáis luego qu'ésta recibáis a mi presencia para restaurar mi vida y contento" (p. 149). Lo abundantes que resultan las cartas en los libros de caballerías lleva también a poder llevar a cabo una tipología. Las enviadas por las damas son de dos tipos: de despecho o desdén que se suelen originar en los celos o en el atrevimiento del caballero al confesar a su dama el amor que siente por ella. De este tipo son las de Oriana, Onoloria, Florinda y Claribea a causa de malos entendidos relacionados con otras damas. Estas misivas de desdén conducen a la desesperación a Amadís de Gaula, Lisuarte de Grecia, Platir y Felixmarte de Hircania. El segundo tipo es el de perdón, y a este pertenece la de Clera y la segunda de Oriana. Este tipo de cartas suelen suplicar al caballero que se reintegre al ámbito de la corte y que vuelva a los brazos de su dama. Hay un tercer tipo que se presenta en el mismo Claridoro de España, son las misivas que demuestran el gran amor de la dama por su caballero, son de tono dulce e insertan poemas o están escritas en verso, como las de Isiana y Rosana a sus enamorados:
Si dexo de quererme por amaros,y si pretendo bida para veros,
dígalo amor como quien puede ablaros
que yo no oso aunque ose quereros,
bós fuistes la ocasión de mi osadía
y del miedo tanbién de no ofenderos (p. 151).
Son un tipo de cartas que reflejan el comportamiento cortés de la dama con su caballero. Los autores de libros de caballerías se sirven de ellas para ejemplificar lo que llaman la "mudable condición femenina". Intercalar textos en verso en textos escritos en prosa es un recurso que goza de una larga tradición desde la Edad Media, y no es extraño hallarlos en los libros de caballerías. Es frecuente que los autores copien textos líricos ajenos y los reproduzcan en sus obras; o que incluso inserten sus propias creaciones poéticas en la narración.
Otro tipo es el de la dama casada, si el matrimonio público es la culminación legal del amor la dama enamorada se convertirá en casada; como Oriselva en Espejo de príncipes y caballeros (p. 205); Clorinda en Belianís de Grecia (p. 83); Jelandria y Lucendria en Bencimarte de Lusitania (p. 83); o Gracisa y Domás en Marsindo (pp. 319-320).
La primera parte contraria a la dueña casada es la dama adúltera. Encontramos casos de este tipo femenino en los siguientes textos: Adriana en Reimundo de Grecia (p. 275); la madre de Merlín en la Estoria de Merlín (p. 447) y Ginebra en el Lanzarote del Lago (Post-Vulgata, pp.457-458). La segunda se encarna en la dama viuda como Lucendria en Bencimarte de Lusitania (p. 105) o la duquesa de Nardides en Primaleón (p. 353).
Los elementos sobrenaturales que caracterizan también a un tipo femenino, en los libros de caballerías los encontramos en la hermana de Galaz en la Demanda del Santo Grial (p. 439) que encarna a la doncella incestuosa.
En ocasiones, como ya hemos visto con el caso de la doncella guerrera que toma la iniciativa para formar parte de la acción caballeresca, también hay doncellas cuyo comportamiento es atrevido. Son las doncellas requeridoras de amor, como Cardenia en Florambel de Lucea (p. 241) o una anónima en Felixmarte de Hircania (p. 228)
La doncella desconsolada sufre o por la desaparición de su caballero o por la muerte de alguien cercano como en el caso de Barsina, la hija de un jayán en Cristalián de España (p. 164-165), Clariola en Rosela de Grecia (p. 187), Altinea en Filorante (p. 231) y Gridonia en Primaleón (p. 354).
La doncella falsa o traidora suele conducir al caballero a una situación peligrosa generalmente por despecho lo que enmarca un fuerte deseo de venganza, como es el caso de Melisenia en Bencimarte de Lusitania (p. 101); Filisea en Febo el Troyano (p. 210-211); Torsi en Palmerín de Inglaterra (p. 346); la reina de Tarsis en Palmerín de Olivia (p. 350). Otro tipo de señuelo que usan estas doncellas es el engaño, aunque nunca resulta importante la forma de la traición o el engaño pues lo relevante es cómo el héroe superará la situación desfavorable. A este segundo tipo de doncella traidora pertenecen Niviana en el Baladro del sabio Merlín (p. 430) y la hija del rey Pelés en Lanzarote del Lago (p. 455).
Las traiciones amorosas también pueden ser del caballero; es decir que el héroe o un personaje masculino protagonista, caiga en los requerimientos de amor de otra doncella o de muchas, como Vernao en Platir que refleja al caballero mujeriego en los libros de caballerías. La doncella traicionada por su enamorado sufre por el desplante de su amado como es el caso de Florismundi en Bencimarte de Lusitania (p. 104) e Iseo de las blancas manos en Tristán de Leonís (p. 473). Las traiciones de los caballeros incluso pueden llevar a la muerte a algunas damas lo que da pie para un nuevo tipo; el de doncella que muere de amor, como Iseo la Brunda, Iseo de las Blancas Manos y Belisenda en Tristán de Leonís (de 1501) (p. 485); o Esclaridiana en Bencimarte de Lusitania (p. 102).
Un tema muy común en los libros de caballerías es el de la doncella criada fiel. La misión de este tipo de doncella es la de ayudar a su señora a deshacerse del niño que paren sus señoras, fruto de sus amores ilícitos; algunas de ellas son: Darioleta y Mabilia en el Amadís de Gaula (p. 11 y 18); Sefera en Guarino Mezquino (p. 280); Tolomestra en Palmerín de Oliva (p. 347); Camila y Zafira en Tristán el Joven (pp. 413-414); Brisaina en Lanzarote del Lago (p. 454) y Brangel en el Cuento de Tristán de Leonís (p. 479). Un subtipo de esta caracterización de doncella es el de doncella consejera, confidente o consoladora, como una en Flor de caballerías (p. 235); Triola en Platir (p.360); Baliaya en Philesbián de Candaria (p. 369) y Bella Guarda en Tristán el Joven (p. 415-416). Este tipo de doncellas suelen tener el papel de alcahuetas en la narración y consuelan a sus señoras en sus trances amorosos. Hay otras que acompañan al caballero en algunas hazañas, o cuentan aventuras lo que las define como doncellas que cuentan una aventura, este tipo se ve reflejado en Lidamán de Ganail de Jerónimo López fechado en 1528 donde la mano de una doncella lleva una leyenda:
Otro fermoso cavallero griego sacó encima de su yelmo una tabla esquinada toda dorada, en la cual venía un hombre preso, assentado con una cadena plateada por la garganta e una mano de doncella que lo llevava, con una letra que dezía: Éstos son los galardones que sentirán del amo en pago de su favor [ ] (p. 140).
Hay doncellas que son portadoras de un importante mensaje, a veces profético, que suele cambiar el rumbo de los acontecimientos en el desarrollo de la historia, como en el caso de Claridoro de España:
El rey le dijo que apercibiese lo necesario para ello y que belase en la capilla las armas, para que otro día antes del bautismo fuese armado cavallero. Con esto le besó las manos más contento que si del mundo le hubiera echo señor. Y en lebantándose se bieron entrar por la puerta una doncella hermosa y bien aderezada, y delante dos escuderos biejos con barbas y cabellos blancos [ ] y la doncella dijo: -Alto y valeroso rey Constantino, dichoso sobre todos cuantos de tu profesión nacieron, pues as alcançado a tener un hijo tal cual tienes, que á de ser luz y espejo de las Españas. Suplico a tu majestad mandes que benga porque a él y no a ti vengo endereçada (p. 147)
Las doncellas mensajeras son imprescindibles para el desarrollo recto o cambiante de los acontecimientos que se dan en las historias de caballerías. Algunas de estas doncellas aparecen en el bosque para pedir dones a caballeros. La doncella que pide un don suele estar en apuros lo que la caracteriza como doncella cuitada o necesitada y el don que pide es lo que genera el inicio de la aventura. Uno de los recursos narrativos usados por los autores de libros de caballerías es el don contraignant. El caballero debe conceder el don demandado por la doncella sin saber lo que tendrá que hacer para cumplirlo y sin negarse a llevarlo a cabo pues esto implicaría no cumplir con la cortesía que se debe tener con las damas, además la petición del don es directa. Algunas de estas doncellas son: Filena de Arcadia en Clarisel de las Flores (p.160); Angélica la Bella en Espejo de príncipes (p.172) y la reina de Noruega en Reimundo de Grecia (p. 323). También hay un tipo de doncella que otorga un don, y está ejemplificada en Califa en el Félix Magno:
Y el Cavallero de la Verde Flor estuvo con la infanta seis días. Queriéndose ir, la infanta le dixo:-Cavallero de buena ventura, yo os quiero dar un don, el mayor que yo jamás tuve, que es la historia de Félix Magno e de la princesa Leonorinda e de otros muchos cavalleros e grandes príncipes e señores que en ella se cuenta. La cual yo he escripto de mi mano así como ello á pasado e yo lo he visto. (p. 221)
Otras doncellas tienen mucha prisa por ir a cumplir alguna misión, que generalmente es vital para la consecución del equilibrio cortesano o amoroso. Por ejemplo, en Clarís de Trapisonda, de mediados del siglo XVI, el escudero Baláin pregunta por su señor Clarís y sólo le dicen, quienes lo vieron, que iba acompañado de una doncella. Sigue su camino y se encuentra con otra que le pregunta la razón de su tristeza:
Yendo así el escudero, bio delante sí una muy apuesta doncella que le dijo:-¿Dónde vas escudero tan acompañado de tristeza?
-Boy a buscar mi muerte,- dijo el escudero-, y con ella la fortuna me dejará de perseguir.
-¿Por quésto?,- dijo la doncella-, que tú llevas la más necia demanda que nunca a onbre bi.
-Bien pareze que sois las mugeres hechas a buestras boluntadas; pues sin tú saber la causa, dizes ten necia respuesta. (p. 153)
Otro tema que se presenta en repetidas ocasiones en la Antología es el de la doncella disfrazada. El disfraz sirve a casi todas estas doncellas a encubrir su sexo para culminar alguna acción donde suele estar inmerso su caballero. Otras se disfrazan de caballero En Claribalte, escrito por Gonzalo Fernández de Oviedo en 1519, por el previo matrimonio en secreto del caballero de la Rosa (don Félix) y la princesa Dorendaina, la dama debe ponerse una toalla en la cara para no ser reconocida, posteriormente se casan en la intimidad del palacio in manu clerici. Otras de estas doncellas son Blancaflor en Arderique (p. 80); Florsimundi y Esclaridiana en Bencimarte de Lusitania (p. 105); Roselia y Arbolinda en Espejo de príncipes y caballeros (p. 203); y las romanas en Florindo (pp. 267-268). Hay un caso que refleja la negativa imagen de la mujer, en Arderique (pp. 79-80) hay un diablo disfrazado de doncella.
Algunos de los elementos fantásticos realizados por las magas, y románticos presentes en los libros de caballerías se ven reflejados en el episodio de las ninfas del Clarisel de las Flores de Jerónimo de Urrea, de finales del siglo XVI:
[ ] bieron salir de la selva a los prados que ante sí heran la más fermosa aventura que se vio: heran ninfas, assí como dicen que moran en las selvas, guarnidas de diversos cendales de oro y seda bañada de mil colores, con tocados de diferentes maneras; hunos de oro. Otros de flores, otros de cavellos, otros de cendales y piedras preciosas; benían sobe unicornios alvos como la niebe, guarnidos de seda india y oro. (p.158)
Las ninfas presentan el entorno mágico que rodea a la maga Filesa, que rapta al Doncel no conocido. El episodio resulta curioso por la descripción de las ninfas montadas en unicornios con oro, plata, seda y múltiples colores, lo que pone de manifiesto la exquisitez de la época; casi se puede afirmar la existencia de atisbos románticos. La maga Filesa contrasta con las ninfas en los colores, el pelo es negro azabache y muy largo, el palafrén está cubierto de negro, que contrasta con la frente roja. Esto refleja el poder mental de Filesa que todo lo controla a su antojo y por eso tiene la capacidad de encantar a los caballeros sin que ellos pongan ningún tipo de resistencia ni les provoque angustia.
La dueña Filena de Arcadia resulta importante en el desarrollo de Clarisel de las Flores por ser la dama que devuelve al Doncel no conocido a la corte. La descripción física y el vestido de los personajes femeninos en este texto refleja la caracterización del bien y el mal y su continua lucha:
Y como una pequeña pieza escuchasen los sones y cantares, y se deleitasen de ver tan extraño edificio, vieron salir d'él una dueña de gran autoridad y fermosa presencia, guarnida de ropas de seda negra con un tocado blanco a la greciana, con su rebozo, y de cada lado d'él bajava un blanquísimo velo que, descendiendo por los hombros y pechos, arribava fasta lo más bajo de las ropas que fasta el suelo llegavan. (pp. 160-161)
Este texto refleja la época en el que se escribió por lo espléndido que resulta en la descripción de lo exterior, el oro, la plata y la seda y el uso de metáforas como los cabellos de oro, que suena muy romántico, más propio del Renacimiento. En los libros de caballerías del siglo XV y principios del XVI las descripciones son un poco más sobrias, hay menos metáforas sobre los rasgos físicos de los caballeros.
Una de las magas más relevantes de los libros de caballerías es Urganda la Desconocida; el desarrollo de sus acciones y su vida instaura todo un ciclo dentro del ciclo amadisiano. Los elementos fantásticos en los libros de caballerías pueden ser positivos o negativos. Las magas generalmente son buenas y ayudan o encauzan al héroe a la buena conclusión de sus hechos de armas; ya sea proporcionado sus conocimientos mágicos o aportando al héroe algún objeto que lo protegerá, como el escudo de Platir. La parte negativa de estos personajes, que pueden ser también encantadores como Arcaláus en el Amadís de Gaula, se ve reflejado en las doncellas que son las que suelen sufrir sus venganzas. La doncella secuestrada o encantada como Martedina en Felixmarte de Hircania (p.227) que se casó en secreto; o Florisbella en Belianís de Grecia (p. 91) que es secuestrada junto con su séquito de doncellas. A este tipo de doncellas se las llevan lejos del ámbito de acción del caballero lo que da pie a que éste comience nuevas aventuras por ir en busca de su dama.
Otro tipo de doncella que puede insertarse en la clasificación de fantástica por la descripción de su apariencia es la doncella extraña o exótica. El paradigma de ésta lo encarna Remondina quien en el Florambel de Lucea (p. 249) pone realmente de cabeza todo el ámbito caballeresco con su falta de cortesía y su incumplimiento en las normas. En un claro intento de su autor de parodiar el comportamiento de las damas y de los caballeros en los libros de caballerías. Otras damas éxoticas son Zahara en Amadís de Grecia (p. 49), Clarinea en Florambel de Lucea (p. 249) y las jayanas en Olivante de Laura (p. 339).
Un tipo de doncella que funciona en la narrativa caballeresca para insertar elementos relajantes y humorísticos al relato es la doncella tañedora o cantora, como Beladina y Lindabra en Florambel de Lucea (p. 243) y Espinela y Torisea en Polismán (p. 381).
Uno de los rasgos negativos que presentan algunos textos se halla en la descripción de doncellas torturadas, ultrajadas o asesinadas, como es el caso de Sefera en el Guarino Mezquino (p. 280), que por salvar al héroe, que es un niño, de brazos de sus asesinos, es torturada, violada y asesinada, en lo que puede ser la narración más cruel de los libros de caballerías castellanos. Otras damas que sufren iguales penas son Liseida, Rosilaxa y Floralva en El caballero de la luna (pp. 108 y 110), Angélica la Bella en Espejo de caballerías (p. 174), Herea en Espejo de príncipes y caballeros (p. 195), Policena en Febo el Troyano (p. 214), Melisa en Reimundo de Grecia (p. 276) y la madre de Merlín en la Estoria de Merlín (p. 444).
En la mujer es preciso separar la "imagen" de la dama de su comportamiento real. La imagen es sólo la representación de la mujer en el arte y la literatura y es el modelo que presentan los libros de caballerías. Estamos ante modelos ficticios hechos a partir de un tópico cultural y con una interpretación o significado abierto. Esta apertura hace que, en muchos casos, el modelo de dama resulte exagerado, como se puede ver en Cristalián de España, escrito por Beatriz Bernal y fechado en 1545, donde se hace la siguiente descripción:
[ ] allí veréis la cosa más estraña que en el mundo es nacida, que es la princesa Cristaliana, hija del emperador, que no ay doncella en grandes partes que con la su hermosura igualar se pueda. Por servir a esta princesa reside en la corte del emperador toda la flor de la caballería. (p. 163)
La descripción de la dama parece poco fiel a la realidad. La literatura cortés realza siempre el papel de la dama, tanto desde el punto de vista social como del personal. No obstante, en la novelística cortés no es, salvo en el caso de Pentesilea que, como ya he mencionado, tiene el mismo nivel protagónico que Silves, por lo general la mujer la que ocupa el primer plano, sino el hombre. Ella es la inspiradora de todas las aventuras. Pero no muestra a la mujer como realmente es, sino a la imagen idealizada que el hombre tiene de ella.
Apéndice
Magas
Melía, Sergas de Esplandián, 27.
Blancaflor, Arderique, 80-81.
Anónima, Florisendo, 35.
Anónima, Lisuarte de Grecia, 35-36.
Palingea, Cirongilio de Tracia, 112.
Celacunda, Clarián de Landanís, 124-125 y 135.
Meliota, Clarián de Landanís, III, 136.
Ninfas, Clarisel de las Flores, 158.
Filena de Arcadia, Clarisel de las Flores, 162.
Mambrina, Cristalián de España. 168.
Angélica la Bella, Espejo de caballerías, 174.
Arbolinda, Espejo de príncipes y caballeros, III, IV, 203.
Astrofonia, Felixmarte de Hircania, 223.
Florisa y Midea, Flor de caballerías, 237.
Orbicunta, Florando de Inglaterra, 257 y 259.
Piromancia, Reimundo de Grecia, 275.
Sibila, Guarino Mezquino, 282-283.
Eutropa, Palmerín de Inglaterra, 342.
Malfada, Palmerín de Oliva, 349.
Nagancia, Platir, 359.
Daifalea, Zulbaya y Almidana, Philesbián de Candaria, 364-365.
Almándroga y Caruça, Policisne de Boecia, 371.
Hada, Polindo, 378.
Anónima, Baldo, 396.
Doncella enamorada
Oriana, Amadís de Gaula, 14-18.
Niquea, Amadís de Grecia, 47-48.
Arlanda, Florisel de Niquea, 53-56.
Belisonia de Irlanda y Lindaria, Bencimarte de Lusitania, 99.
Regia, Cirongilio de Tracia, 114.
Leonistela, Clarián de Landanís, III, 136.
Clera, Claridoro de España, 149.
Isiana, Claridoro de España, 151.
Rosana, Claridoro de España, 151-152.
Florimena, Espejo de caballerías, 176.
Melisandre, Roselao de Grecia, III, 184.
Coronea, Roselao de Grecia, III, 184.
Argiana, Roselao de Grecia, III, 184.
Floralissa, Espejo de príncipes; V, 208.
Leonorinda, Félix Magno, 218.
Claribea, Felixmarte de Hircania, 224.
Florecinta, Filorante, 231.
Xarcina, Flor de caballerías, 235.
Rubimante, Flor de caballerías, 237.
Beladina, Florambel de Lucea, 237.
Graselinda, Florambel de Lucea, 246.
Fulgencia, Florindo, 263-265.
Deneriana, Reimundo de Grecia, 278.
Diomedea, Lidamarte de Armenia, 309.
Brisaida, Mexiano de la Esperanza, 329.
Meridiana, Morgante, 331.
Finea, Primaleón, 357.
Mirnalta, Platir, 362.
Balisia, Polindo, 376.
Iseo, Tristán de Leonís (1501), p. 481.
Doncella defensora de su honra
Teodora, Florisando, 32-33.
Estefanía, Tirante el Blanco, 411.
Doncella predestinada al amor
Leonorina, Sergas de Esplandián, 28.
Doncella espectadora de batallas
Niquea, Florisel de Niquea, 59.
Elena, Florisel de Niquea, 59.
Anónima, Bencimarte de Lusitania, 99.
Anónima, El caballero de la luna, 108.
La hija del rey Esquivalio, Valerián de Hungría, 423.
Doncella disfrazada
Blancaflor, Arderique, 80.
Florismundi y Esclaridiana, Benciamarte de Lusitania, 105.
Roselia y Arbolinda, Espejo de príncipes y caballeros, III, [IV], 203.
Dorendaina, Claribalte, 141.
Anónimas, Florambel de Lucea, III, 254.
Romanas, Florindo, 267-268.
Diablo disfrazado de doncella
Anónima, Arderique, 79-80.
Doncella que ciñe armas
Anónima, Adramón, 6 y 8.
Leonisa, Clarián de Landanís, 135.
Lucerisa, Benciamarte de Lusitania, 99.
Anónimas, Claridoro de España, 147-148.
&emdash;, Clarís de Trapisonda, 155.
&emdash;, Clarisel de las Flores, 161.
Belianisa, Félix Magno, 216.
Doncellas de Mambrina, Cristalián de España, 163.
Alquifa, León Flos de Tracia, 285.
Altaclara, León Flos de Tracia, 286.
Anónimas, Lidamarte de Armenia, 306.
Diomedea, Lidamarte de Armenia, 308.
Anónima, Palmerín de Oliva, 348.
Anónima, Policisne de Boecia, 371.
Fenisea, Triaria y Lucidora, Polismán, 383.
Doncella criada fiel
Darioleta, Amadís de Gaula, 11.
Mabilia, Amadís de Gaula, 18.
Anónima, Lisuarte de Grecia, 41.
Anónima, Floriseo, I y II, 271.
Sefera, Guarino Mezquino, 280.
Anónima, Lidamarte de Armenia, 307.
Anónima, Marsindo, 323.
Tolomestra, Palmerín de Oliva, 347.
Camila, Tristán el Joven, 413.
Zafira, Tristán el Joven, 414.
Brisaina, Lanzarote del Lago, 454.
Brangel, Cuento de Tristán de Leonís, 479.
Amazona o doncella salvaje:
Calafia, Sergas de Esplandián, 27.
Pantasilea, Silves de la Selva, 68-71.
Claridiana, Espejo de príncipes y caballeros, 192-193.
Anónima, Felixmarte de Hircania, 222.
Florazana, Flor de caballerías, 237.
Patagonas, Primaleón, 356.
Trinea, Tristán el Joven, 414.
Doncella guerrera
Florismundi, Benciamarte de Lusitania, 100.
Semíramis, Bencimarte de Lusitania, 100.
Sarmacia, Espejo de príncipes, III- [IV], 202-203.
Florinda, Platir, 361-362.
Galercia y sus doncellas, Policisne de Boecia, 372-373.
Floribea, Selva de cavalarías, 403.
Doncella extraña o exótica
Zahara, Amadís de Grecia, 49.
Clarinea, Florambel de Lucea, 239.
Remondina, Florambel de Lucea, III, 249.
Anónimas, Lidamor de Escocia, 314.
Jayanas, Olivante de Laura, 339.
Dueña casada
Oriselva, Espejo de príncipes y caballeros, V, 205.
Clarinda, Belianís de Grecia, 83.
Jelandria, Benciamarte de Lusitania, 100.
Lucendria, Benciamarte de Lusitania, 105.
Melinda, Espejo de príncipes y caballeros, II, 194.
Emperatriz, Lepolemo, 292.
Gracisa, Marsindo, 319.
Domás, Marsindo, 320.
Dama vuida
Lucendria, Bencimarte de Lusitania, 105.
Duquesa de Nardides, Primaleón, 353.
Doncella secuestrada o encantada
Anónimas, Clarián de Landanís, III, 137.
Martedina, Felixmarte de Hircania, 227.
Florisbella, Belianís de Grecia, 91.
Flenisa, Cristalián de España, 165.
Anónima, Roselao de Grecia, 185-186.
Xarcina, Flor de caballerías, 236.
Roselinda, Florando de Inglaterra, 259.
Garinda, Reimundo de Grecia, 277.
Fenisa, Guarino Mezquino, 280.
Anónimas, León Flos de Tracia, 286.
Anónima, Lepolemo, 292.
Anónimas, Lidamarte de Armenia, 307.
Moribella, Lidamor de Escocia, 318.
Inestra, Marsindo, 319.
Lecisa, Philesbián de Candaria, 363.
Clarinda, Policisne de Boecia, 373.
Belisia, Polindo, 378-379.
Iseo, Tristán de Leonís, 466-467
Doncella que muere de amor
Esclaridiana, Bencimarte de Lusitania, 102.
Belisenda, Tristán de Leonís (1501), 485.
Iseo la Brunda, Tristán de Leonís, (1501), 485.
Iseo de las Blancas Manos, Tristán de Leonís, 485.
Doncella requeridora de amor
Anónima, Felixmarte de Hircania, 228.
Cardenia, Florambel de Lucea, 246.
Anónima, León Flos de Tracia, 287-290.
Doncella falsa o traidora
Melisenia, Benciamrte de Lusitania, 101.
Filisea, Febo el Troyano, 210-211.
Anónima, Florambel de Lucea, III, 253.
Torsi, Palmerín de Inglaterra, 346.
Reina de Trasis, Palmerín de Oliva, 350.
Niviana, Baladro del sabio Merlín, 430.
Hija del rey Pelés, Lanzarote del Lago, 455.
Doncella traicionada por su enamorado
Florismundi, Bencimarte de Lusitania, 104.
Anónima, Marsindo, 323.
Iseo de las Blancas Manos, Tristán de Leonís, 473.
Matrimonio secreto
Dorendaina y don Félix, Claribalte, 141.
Xarcina y Amán, Flor de caballerías, 235.
Leonisa y Floridior, Philesbián de Candaria, 368.
Florisena y Felinis, Philesbián de Candaria, 368.
Cirongilio y Regia, Cirongilio de Tracia, 113.
Matrimonio público
Dorendaina y don Félix, Claribalte, 143.
Adriana y Topacio, Reimundo de Grecia, 275.
Matrimonio concertado
Altibea y Vesperaldo, Clarián de Landanís, 120.
Cresilonda y don Félix, Claribalte, 142.
Anónimos, Florindo, 262-263.
Bucarpia y don Roberto, Floriseo, 272.
La hija de Floriseo y Reimundo, Reimundo de Grecia, 279.
Armelina y Juneto, La Trapesonda, 394.
Duquesa de Calabria y el rey Amón, La Trapesonda, 394.
Doncella suicida
Melinda, Espejo de príncipes y caballeros, III, 196.
Doncella celosa
Claribea, Felixmarte de Hircania, 227.
Altinea, Filorante, 231.
Florinda, Platir, 359-360.
Miliana, Tristán el Joven, 416-417.
Iseo, Tristán de Leonís, 465.
Doncella tañedora o cantora
Anónima, Febo el Troyano, 214.
&emdash;, Felixmarte de Hircania, 225.
&emdash;, Filorante, 230.
&emdash;, Florambel de Lucea, 243.
Beladina, Florambel de Lucea, 243.
Lindabra, Florambel de Lucea, III, 247.
Anónimas, Florambel, III, 249.
Anónima, León Flos de Tracia, 290-291.
Anónimas, Olivante de Laura, 339.
Doce doncellas, Polindo, 375.
Espinela y Torisea, Polismán, 381.
Doncella que pide un don
Filena de Arcadia, Clarisel de las Flores, 160.
Anónima, Cristalián de España. 167-168.
Angélica la Bella, Espejo de caballerías, I, 172.
Reina de Noruega, Reimundo de Grecia, 277.
Anónima, Marsindo, 323.
Doncella que otorga un don
Califa, Félix Magno, 221.
Doncella que niega un don
Lunidea, El caballero de la luna, 110-111.
Doncella mensajera
Salustia, Claridoro de España. 149.
Anónima, Reimundo de Grecia, 277.
Anónima, Lanzarote del Lago, (Post-Vulgata), 460.
Doce doncellas, Lanzarote del Lago, 457.
Doncella torturada, ultrajada o asesinada
Liseida, El caballero de la luna, 108.
Rosilaxa, y Floralva, El caballero de la luna, 110.
Angélica la Bella, Espejo de caballerías, 174.
Herea, Espejo de príncipes y caballeros, II, 195.
Policena, Febo el Troyano, 214.
Melisa, Reimundo de Grecia, 276.
Sefera, Guarino Mezquino, 280.
Madre de Merlín, Estoria de Merlín, 449.
Doncella médica o remediadora
Cristalina, Cristalián de España, 167.
Filena, Florambel de Lucea, 249.
Orbicunta, Florando de Inglaterra, 258-259.
Doncella desconsolada
Barsina, Cristalián de España, 164-165.
Clariola, Roselao de Grecia, III, 187.
Altinea, Filorante, 231.
Gridonia, Primaleón, 354.
Doncella cuitada o necesitada
Artieda, Espejo de príncipes y caballeros, I, 189.
Ginebra, Lanzarote del Lago (Post-Vulgata), 459.
Brangel, Tristán de Leonís, 465.
Doncella consejera, confidente o consoladora
Anónima, Flor de caballerías, 235.
Triola, Platir, 360.
Baliaya, Philesbián de Candaria, 369.
Bella Guarda, Tristán el Joven, 415-416.
Doncella acusada injustamente
Xarcina, Flor de caballerías, 236.
Madre de Merlín, Estoria de Merlín, 449.
Doncella que cuenta una aventura
Anónima, Florambel de Lucea, III, 247- 248.
Clarisia, Lidamor de Escocia, 318.
Dueña adúltera
Adriana, Reimundo de Grecia, 275.
Ginebra, Lanzarote del Lago (Post-Vulgata), 457-458.
Doncella incestuosa
Hermana de Galaz, Demanda del Santo Grial, 439.
Bibliografía
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Ruiz Doménec, J. E., Set dones per a Tirant, Barcelona, Columna, 1991.
Guías de lectura
Baladro del sabio Merlín, por Paloma Gracia, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 1998.
Cirongilio de Tracia, por Javier Roberto González, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2000.
Claribalte, por Alberto del Río Nogueras, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2001.
Felixmarte de Hircania, por Ma. Del Rosario Aguilar Perdomo, Centro de Estudios Cervantinos, 2001.
Tristán de Leonís el Joven, por Ma. Luzdivina Cuesta Torre, Centro de Estudios Cervantinos, 1999.