Autor: Enrique Suárez Figaredo

Título Artículo: Suárez de Figueroa y el Quijote de Avellaneda

Fecha de envío: 5/07/2006

 


 

Resumen:

 

En este artículo ampliamos el análisis lexicográfico que nos condujo a proponer que Cristóbal Suárez de Figueroa fue el verdadero autor del Quijote de Avellaneda. Al tiempo, aportamos algún nuevo dato o comentario a nuestra proposición, en particular en cuanto a la enemiga entre Figueroa y Cervantes.

 

Abstract:

 

In this article we further increase the lexicographic analises that led us to suggest Cristóbal Suárez de Figueroa as the true author of Avellaneda´s Quixote. At the meantime, we supply fresh data as well as new commentes to back our proposition; being among those, a proof of the mutual personal distaste between Figueroa and Cervantes.

 


 

 

Suárez de Figueroa y el Quijote de Avellaneda

 

 

 

I - ANTECEDENTES

 

¿Cómo compones?

Leyendo,

y lo que leo imitando,

y lo que imito escribiendo.[1]

 

Miles de páginas se han escrito sobre este asunto sin lograr convencer al conjunto de la Crítica. Sucede que muchos de los trabajos presentados arrancan de una simple conjetura (Avellaneda debió ser…) defendida con acopio de indicios (fuentes literarias, presuntas alusiones, críticas más o menos veladas, frases sospechosamente similares, supuestos anagramas, etc.) que parecen corroborarla.

 

No más conjeturas; ya hay sobradas, y ninguna verdadera.[2]

Así pensabamos nosotros en 2002, aceptando por irresoluble el enigma en que ‘ni por pensamiento’ soñábamos intervenir. Fue por entonces que tuvimos noticia de que Martín de Riquer, que creía autor del Quijote apócrifo[3] al soldado aragonés Gerónimo de Pasamonte, había desarrollado monográficamente[4] su propuesta.

Leídos dicho trabajo y la Vida y trabajos de Gerónimo de Pasamonte,[5] no quedamos convencidos. No parece posible que aquel Pasamonte pudiese dar a luz un libro tan fluido y organizado, y el análisis comparado del léxico da resultados muy pobres. Pero ahí está la sospechosa similitud del nombre del soldado con el condenado a galeras Ginés de Pasamonte. Cuando jóvenes soldados, Pasamonte y Cervantes participaron en las mismas campañas contra el Turco: pudieron conocerse y enemistarse. Si a eso se suma que Pasamonte era aragonés (como Cervantes calificó el lenguaje de Avellaneda) y autor (como Ginés) de un libro autobiográfico, la batería de indicios aportados por Riquer resulta superior a la de otras propuestas.

Es por ello que nos decidimos a realizar por nuestra cuenta el análisis del léxico con las modernas herramientas ofimáticas. Quisimos, antes de nada, releer detenidamente aquel Quijote para determinar qué habríamos de buscar, después, en Pasamonte: no al revés. Huimos de detenernos en frases sospechosamente similares, seleccionando únicamente sintagmas y expresiones que se repitiesen con cierta frecuencia. El resultado fue desolador: los tics de Avellaneda no están en Pasamonte, y viceversa.

Entonces decidimos hacer la misma comparación con otro autor del Siglo de Oro: Vicente Espinel. No fue una elección aleatoria: antes de todo esto ya habíamos detectado que ‘Vicente de la Rosa’ era la caricatura del rondeño; pero ahora cabía aplicarle la lectura (discutible) que hace Riquer[6] del prólogo de Avellaneda: que Cervantes le ofendió con ‘sinónomos voluntarios’. Los resultados con Marcos de Obregón, algo mejores, tampoco nos parecieron suficientes.

Ahí dimos por acabado nuestro efímero interés por el asunto de Avellaneda; pero quiso la casualidad que semanas después, buscando un pasaje concreto en el libro El pasajero (Madrid 1617, en ed. de F. Rodríguez Marín, 1913), leyésemos en un sólo párrafo, juntos, varios de los tics que habíamos advertido en el léxico de Avellaneda. Con ayuda de herramientas ofimáticas construímos el texto ‘electrónico’ de las primeras 100 págs., al que aplicamos el mismo análisis que a Pasamonte y Espinel. Los resultados fueron incomparablemente superiores.

Luego pasamos a buscar información sobre aquel Cristóbal Suárez de Figueroa autor de El pasajero, y nos encontramos con una de las personalidades más inquietantes del Siglo de Oro, ‘una monstruosidad moral’, según Menéndez Pelayo; ‘el perro Fisgarroa’, según Salas Barbadillo; ‘la peor lengua del siglo… el maldiciente y procaz enemigo de Cervantes… el alma tortuosa y malévola del despreciable doctor’, según Astrana Marín: el candidato perfecto a Avellaneda… todo y no ser aragonés ni clérigo (como algunos han pensado que fuese el autor del apócrifo), todo y no saber en qué pudo molestarle Cervantes para que se tomase tal revancha. Aunque supusimos que la inquina tuvo que ver con el Conde de Lemos[7], mecenas de su tiempo, no leíamos en el Quijote cervantino la ofensa de que protestaba Avellaneda.

Con todo eso, creímos que debíamos publicar nuestro trabajo[8], que ampliamos con más libros de otros autores. Fuese o no Figueroa el autor del Quijote de Avellaneda, por primera vez en tantos años parecía haber una ayuda (el léxico) para resolver el enigma.

Supimos entonces que ya había seguido esa pista Enrique Espín Rodrigo, que falleció (1982) sin publicar sus investigaciones[9]. Recogimos la noticia en un Post scriptum; pero no fue hasta más tarde que supimos del librito[10] que finalmente publicó la viuda (distribuido fuera del circuito habitual). Espín Rodrigo, que no llegó a Figueroa por el léxico, sino por las alusiones a Cervantes contenidas en El pasajero, observó menos singularidades en el léxico de Avellaneda, y las buscó en varios libros de Figueroa. Sus conclusiones, por lo reducido de la muestra, por no cuantificadas y por intervenir varios libros, parecen menos concluyentes que las nuestras, que sólo necesitaron de 100 págs. de El pasajero.

 

— o O o —

En estos años hemos examinado toda la producción de Suárez de Figueroa y conocido más apuntes de su compleja personalidad. Hoy nos planteamos, como dijimos, actualizar nuestro trabajo con nuevos datos y reflexiones. Para ello será conveniente que traigamos aquí algunos pasajes de nuestro libro, bien que resumidos, como plataforma a que superponer las nuevas aportaciones. Tal el Prólogo que Avellaneda puso a su Quijote. Leído como se debe quizá nos dé apuntes de su personalidad. Y más que leer rectamente, tendremos que extraer entre líneas.

 

 

II - AVELLANEDA DIXIT

 

Como casi es comedia toda la historia de don Quijote de la Mancha, no puede ni debe ir sin prólogo; y así, sale al principio desta segunda parte de sus hazañas éste, menos cacareado y agresor de sus letores que el que a su primera parte puso Miguel de Cervantes Saavedra, y más humilde que el que segundó en sus Novelas, más satíricas que ejemplares, si bien no poco ingeniosas.

No le parecerán a él lo son las razones desta historia, que se prosigue con la autoridad que él la comenzó y con la copia de fieles relaciones que a su mano llegaron —y digo ‘mano’, pues confiesa de sí que tiene sola una; y hablando tanto de todos, hemos de decir dél que, como soldado tan viejo en años cuanto mozo en bríos, tiene más lengua que manos—; pero quéjese de mi trabajo por la ganancia que le quito de su segunda parte, pues no podrá, por lo menos, dejar de confesar tenemos ambos un fin, que es desterrar la perniciosa lición de los vanos libros de caballerías, tan ordinaria en gente rústica y ociosa; si bien en los medios diferenciamos, pues él tomó por tales el ofender, a mí y particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más estranjeras y la nuestra debe tanto, por haber entretenido honestísima y fecundamente tantos años los teatros de España con estupendas e inumerables comedias con el rigor del arte que pide el mundo y con la seguridad y limpieza que de un ministro del Santo Oficio se debe esperar.

Yo[11] sólo he tomado por medio entremesar la presente comedia con las simplicidades de Sancho Panza, huyendo de ofender a nadie ni de hacer ostentación de sinónomos voluntarios, si bien supiera hacer lo segundo y mal lo primero. Sólo digo que nadie se espante de que salga de diferente autor esta segunda parte, pues no es nuevo el proseguir una historia diferentes sujetos. ¿Cuántos han hablado de los amores de Angélica y de sus sucesos? Las Arcadias, diferentes las han escrito; la Diana no es toda de una mano. Y, pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes —y por los años tan mal contentadizo, que todo y todos le enfadan, y por ello está tan falto de amigos, que cuando quisiera adornar sus libros con sonetos campanudos, había de ahijarlos como él dice al Preste Juan de las Indias o al Emperador de Trapisonda, por no hallar título quizás en España que no se ofendiera de que tomara su nombre en la boca, con permitir tantos vayan los suyos en los principios de los libros del autor de quien murmura, ¡y plegue a Dios aun deje, ahora que se ha acogido a la Iglesia y sagrado!—, conténtese con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus Novelas: no nos canse.

Santo Tomás, en la 2, 2, q. 36, enseña que la envidia es tristeza del bien y aumento ajeno, dotrina que la tomó de san Juan Damasceno. A este vicio da por hijos san Gregorio, en el libro 31, capítulo 31, de la Exposición moral que hizo a la historia del santo Job, al odio, susurración, detracción del prójimo, gozo de sus pesares y pesar de sus buenas dichas; y bien se llama este pecado invidia ‘a non videndo, quia invidus non potest videre bona aliorum’; efectos todos tan infernales como su causa, tan contrarios a los de la caridad cristiana, de quien dijo san Pablo, I Corintios, 13: ‘Charitas patiens est, benigna est, non emulatur, non agit perperam, non inflatur, non est ambitiosa, congaudet veritati, etc.’. Pero disculpan los hierros de su primera parte, en esta materia, el haberse escrito entre los de una cárcel; y así, no pudo dejar de salir tiznada dellos, ni salir menos que quejosa, mormuradora, impaciente y colérica, cual lo están los encarcelados.

En algo diferencia esta parte de la primera suya, porque tengo opuesto humor también al suyo; y en materia de opiniones en cosas de historia, y tan auténtica como ésta, cada cual puede echar por donde le pareciere; y más dando para ello tan dilatado campo la casilla[12] de los papeles que para componerla he leído, que son tantos como los que he dejado de leer.

No me murmure nadie de que se permitan impresiones de semejantes libros, pues éste no enseña a ser deshonesto, sino a no ser loco; y permitiéndose tantas Celestinas —que ya andan madre y hija por las plazas—, bien se puede permitir por los campos un don Quijote y un Sancho Panza, a quienes jamás se les conoció vicio, antes bien, buenos deseos de desagraviar huérfanas y deshacer tuertos, etc.

 

 

III - EL QUIJOTE DE AVELLANEDA NO ES UN FRAUDE

 

¿Por qué no incluye Avellaneda la Segunda parte de la vida del pícaro Guzmán de Alfarache (apócrifo de ‘Mateo Luján de Sayavedra’, Valencia, 1602) en su lista de continuaciones de obras ajenas?

Porque aquel Guzmán fue un fraude. Y no es este el caso de su Quijote: en la Portada, en la burlesca Dedicatoria Al alcalde, regidores y hidalgos de la noble villa del Argamesilla de la Mancha, patria feliz del hidalgo caballero don Quijote, lustre de los profesores de la caballería andantesca, en el reprimendón prólogo, Avellaneda se distancia del primer autor: ni él es Cervantes ni su Quijote se parecerá al suyo. Nadie puede llamarse a engaño.

Este detalle tiene su importancia, pues nos dice algo de la personalidad de Avellaneda y de su opinión respecto a imitación y plagio. Desde luego, era un tipo muy listo. Y esto no lo decimos a humo de pajas: es posible que cuando redactó esas líneas tuviese presente algo que leyó en las primeras líneas del Cap. I del Guzmán apócrifo:

 

la caridad, en suma, tiene las cualidades que dice San Pablo: que no busca lo que [no] es suyo, no se hincha, no tiene emula­ción, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, y aunque no se huelga del mal, pero es paciente y benigna.

 

Y en el Cap. IV:

 

la invidia y emulación es cosa sin fruto, y el que acarrea es muy dañoso a su dueño: tristeza del bien ajeno, y pesar y carcoma de la prosperidad del prójimo.

 

 

IV - AVELLANEDA ES UN LITERATO EN ACTIVO

 

Pues ha leído toda la producción cervantina, y encuentra elementos positivos en La Galatea y en las Novelas ejemplares

 

Conténtese con su Galatea

más satíricas que ejemplares, si bien no poco ingeniosas.

comedias en prosa … son las más de sus novelas.

 

Es un lector ávido:

 

…en materia de opiniones en cosas de historia… cada cual puede echar por donde le pareciere; y más dando para ello tan dilatado campo… los papeles que para componerla he leído, que son tantos como los que he dejado de leer.

 

Es arrogante, pero no deja de importarle el juicio de los demás:

 

Nadie se espante…, pues no es nuevo el proseguir una historia diferentes sujetos.

En algo diferencia esta parte de la primera suya [de Cervantes].

No me murmure nadie de que se permitan impresiones de semejantes libros, pues éste no enseña a ser deshonesto, sino a no ser loco.

 

En otro lugar (Cap. XXXI) alude despectivamente al Quijote cervantino:

     

…como se cuenta en no sé qué anales que andan por ahí en humilde idioma[13] escritos de mano por no sé qué Alquife.

 

Y otro detalle que puede escapársenos: con lo de se permitan… semejantes libros, Avellaneda se distancia de su criatura, y da a entender que no es ése su auténtico registro literario.

Avellaneda es un literato en activo, arrogante, de firmes convicciones literarias, que pretende dar un correctivo al viejo y patético Cervantes. Y no va a hacerlo en una torpe sátira de un par de pliegos. Va a competir con él en su propio terreno.

Luis Gómez Canseco opinó al respecto:[14]

 

Aunque trabajaron con materiales similares e intercambiaran actos de imitación mutua, los resultados narrativos de Cervantes y Avellaneda fueron, sin embargo, opuestos. A ello contribuyó en no poca medida la visión distinta, y acaso incompatible, que tuvieron del mundo que ambos compartían. Quien se escondiera tras la máscara de … Avellaneda hubo de ser un hombre culto, asentado en la sociedad de la época, de convicciones tan sólidas como simples, y poco dispuesto a cuestionarlas. Estas creencias salieron a las claras en su obra y dieron como resultado una novela por completo alejada del original cervantino.

 

Y Martín de Riquer:[15]

 

Aunque no cabe la menor duda de que este Avellaneda fue un gran admirador del Quijote…, es cierto también que profesaba un auténtico odio a Cervantes: curiosa actitud que… no deja de ser un enigma más entre los muchos que plantea la apócrifa continuación.

 

Cierto; pero quizá sea éste el más sencillo de resolver: la envidia, la soberbia, el gusto por la competencia le impulsan. No soporta que el decadente Cervantes haya dado con tan buen argumento y personajes; y lo que es peor, que sin sacarles todo el partido posible, con todos sus fallos y limitaciones, haya tenido éxito. Aparte de eso, algún conflicto (literario, por supuesto) debió haber entre ellos para que Avellaneda se tomase la revancha al presentársele la oportunidad. Es más: se toma no poco trabajo a sabiendas de que en cuanto Cervantes publique la anunciada Segunda Parte[16] la suya desaparecerá de las tiendas de los libreros: no le importa perder la guerra si puede ganar una batalla.

 

 

V - SINÓNOMOS VOLUNTARIOS

 

En 1626, en Lisboa, don Gónzalo de Céspedes y Meneses publicó su Varia fortuna del soldado Píndaro. En el Al letor, advierte que sigue el estilo de sus libros precedentes, pero:

 

…he procurado en éste ceñir más el lenguaje, hurtando el cuerpo a toda afectación, epíteto y sinónomo. Lacónico y conciso verás hoy al Soldado.

 

Curiosamente, ‘hurtando el cuerpo a…’ es el ‘huyendo de…’ que empleó Avellaneda en su prólogo.

En 1602, en aquel Guzmán apócrifo, en un par de ocasiones se lee el vocablo ‘voluntario’ con valor de ‘superfluo’, ‘caprichoso’:

 

Los… grandes señores que no miran por sus vasallos… haciéndoles venir en pobreza por sus faustos voluntarios. (Cap. III-II).

Los negros amores de Isabela me traían tan loco… que me había de desvelar de noche cómo podía suplir sus voluntarias necesidades, antojos y devaneos (Cap. III-VIII).

 

Y pues ‘ostentación’ puede leerse como ‘alarde’, parece que Avellaneda se refirió a dos cosas distintas: distanciándose de Cervantes, renuncia al adorno con sinónimos (por desaprobar tal recurso estilístico, no por ignorancia) y evitará ofender a otros (porque no sabría cómo). No parece que del pasaje puede extraerse, como hace algún investigador:

 

En su Quijote, Cervantes ofendió a Avellaneda con un alias intencionado.

 

¿Dónde dice Avellaneda que Cervantes usó ‘sinónomos voluntarios’ para ofender? Los ‘sinónomos voluntarios’ que Avellaneda reprocha a Cervantes no son necesariamente personajes del libro, como:

 

Ginés de Pasamonte’      =    Gerónimo de Pasamonte

‘Vicente de la Rosa =    Vicente Espinel,

 

personajes que bien podrían ser caricaturas maliciosamente empleadas por Cervantes.

Por otro lado, mirándolo bien, desconcierta que en la misma frase se censuren dos cosas tan distintas, como son la sinonimia y el ofender a otros. A lo que debe referirse Avellaneda es a que Cervantes, en su Quijote, además de atacar a otros, se valió de ‘sinónomos’ para ‘hacer ostentación’ de sí mismo, para ensalzarse. Y lo hizo, efectivamente, en el Cap. XL, en la figura del heroico cautivo ‘tal de Saavedra’. Este asunto de los ‘sinónomos voluntarios’ lo hemos tratado monográficamente en Los ‘sinónomos voluntarios’: un reproche sin réplica posible.

 

 

VI - OFENDER A MÍ

 

Avellaneda se apresura a declarar que Cervantes le ofendió en su Quijote de 1605, pero no dice en qué consistió esa ofensa, ni, consecuentemente, se defiende de ella. Ni siquiera parece hacerlo por medios indirectos. Simplemente ataca a Cervantes presentándose como defensor de la fama de Lope de Vega.

Este punto nos parece inquietante: si Cervantes escribió intencionadamente algo en su Quijote que resultaba ofensivo para personas reales —Avellaneda entre ellos—, bien debía saber de dónde podrían venirle los tiros. Curiosamente, a Avellaneda no parece importarle dar tal pista, y Cervantes parece no reparar en ello. En el Prologo al Lector de su Segunda Parte se limita a defenderse de lo relativo a Lope:

 

No he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo…, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna… He sentido también que me llame invidioso… , no tengo yo de perseguir a ningún sacerdote, y más… del Santo Oficio; y si él lo dijo por quien parece que lo dijo, engañose de todo en todo; que del tal adoro el ingenio, admiro las obras y la ocupación continua y virtuosa .

 

¿Qué explicación podemos dar a esto?

 

­— Hay errata en ese pasaje; el manuscrito no decía ‘a mí y’, sino: ‘…ofender, y muy particularmente a…’.    

— Avellaneda se sintió ofendido por algo que no iba dirigido personalmente a él; de ese modo, Cervantes no podía reconocerle.

— Avellaneda era tan gran enemigo para Cervantes (por su posición social, por informaciones sobre su vida), que, sin dejar de replicarle, renunció a desenmascararle.

— Cervantes conoce a Avellaneda, pero es consciente de que le está devolviendo alguna mala jugada: no puede dejar de acusar el golpe, pero no continúa la guerra.

— Avellaneda se justificó con un falso pretexto, logrando despistar a Cervantes (ya dijimos antes que nos parecía un tipo muy listo).

 

De estas posibilidades, creemos que puede descartarse la primera, no porque tal errata resulte inimaginable, sino por lo peregrino de tamaña coincidencia. De las otras, todas nos parecen plausibles; pero en su Segunda parte Cervantes da síntomas de estar efectivamente confundido (en el Cap. final y el Prólogo ya no alude a Avellaneda como ‘autor aragonés’), pero quizá eso se deba a que entretanto le llegaron otras informaciones:

 

Para mí… nació don Quijote… a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió… a escribir con pluma de avestruz grosera… las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es… asunto de su resfriado ingenio (Cap. II-LXXIV).

¡…con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector…, este prólogo, creyendo hallar en él… vituperios del autor del segundo don Quijote, digo de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas y nació en Tarragona! (II-Prólogo).

 

Antes de eso había publicado Cervantes sus Ocho comedias y ocho entremeses (libro que debió distribuirse a primeros de octubre de 1615, un año después de publicarse el Quijote de Avellaneda), y decía en el Prólogo:

 

Torné a pasar los ojos por mis comedias, y… vi no ser tan malas… que no mereciesen salir… a la luz de otros autores menos escrupulosos y más entendidos…; tú lo verás, lector mío, y si hallares que tienen alguna cosa buena, en topando a aquel mi maldiciente autor, dile que se emiende, pues yo no ofendo a nadie, y que advierta que no tienen necedades patentes…, y que el verso es el mismo que piden las comedias, que ha de ser, de los tres estilos, el ínfimo, y que el lenguaje de los entremeses es proprio de las figuras que en ellos se introducen, y que, para enmienda de todo esto, le ofrezco una comedia que estoy componiendo, y la intitulo El engaño a los ojos, que, si no me engaño, le ha de dar contento.

 

¡Curioso! Cervantes parece aludir a un crítico, situando a Avellaneda entre aquellos ‘preceptistas aristotélicos’[17] que censuraban las comedias al uso, incluidas las del ‘insigne Lope de Vega Carpio’.

      En fin, despistado o no, lo lógico es que si Cervantes llegó a sospechar de alguien en concreto, le lanzase en su Segunda parte del Quijote alguna andanada más o menos disimulada, al menos para advertirle: ‘Sé quien eres’.

 

 

VII - AVELLANEDA Y EL ‘INSIGNE’ LOPE DE VEGA

 

De la recta lectura de su prólogo parece deducirse que Avellaneda era algún autor de la camarilla de Lope; pero sus palabras también podrían estar preñadas de ironía, tanta como la que empleó Cervantes en su réplica:

 

del tal… admiro… la ocupación continua y virtuosa.

 

En el Cap. II, Avellaneda también parece emplear la ironía en boca de don Quijote, que dice escribir cartas a Dulcinea:

 

…con más ternezas que el Petrarca escribió a su querida Laura, y con más agradables episodios que Lucano ni Ariosto pudieron escribir en su tiempo, ni en el nuestro ha hecho Lope de Vega a su Filis, Celia, Lucinda, ni a las demás que tan divinamente ha celebrado.

 

Y en el Cap. XXVII, no se extiende en alabanzas:

 

comenzaron a ensayar la grave comedia del Testimonio vengado, del insigne Lope de Vega Carpio.

 

‘Insigne’ lo aplica Avellaneda a las ciudades de Zaragoza y Granada, a un castillo, a una lanza, a una joya, a un merecimiento y a la religión de los Predicadores. Compárese con lo que en situación similar dice Castillo Solórzano en Aventuras del Bachiller Trapaza (Cap. XI):

 

Representábase la comedia de El guante de doña Blanca escrita por aquel singular ingenio, padre de las Musas, protector del Parnaso, privado de Apolo, prodigio así de la nuestra como de las demás naciones, honrador de los teatros, aquel célebre sujeto, frey Lope Félix de Vega Carpio, del hábito de San Juan, varón digno de eterna fama. Lo escrito y trazado della no quiero alabar, pues lo han hecho los más floridos ingenios de nuestra nación, a pesar de su envidia. Fue aplaudida… con grandes víctores, si bien después algunos aristarcos presumidos quisieron morder en ella por hacerse discretos con la plebe.

 

También parece haber ironía en el Cap. IV del Quijote apócrifo:

 

Por tanto, Sancho, de aquí adelante no pienses asombrarme, aunque me pongas delante más tigres que produce la Hircania y más leones que sustenta la África, más sierpes que habitan la Libia y más ejércitos que tuvo César, Anibal o Jerjes… Pero es menester, Sancho…, en esta adarga que llevo (mejor que aquella de Fez que pedía el bravo moro granadino cuando a voces mandaba que le ensillasen el potro rucio del alcalde de los Vélez) poner alguna letra o divisa que denote la pasión que lleva en el corazón el caballero que la trae en su brazo.

 

Empieza aquel romance:

 

 Ensíllenme el potro rucio

del Alcaide de los Vélez

denme el adarga de Fez

y la jacerina fuerte;

 

De este asunto dice Justo García Soriano:[18]

 

Este famosísimo romance, uno de los primeros del Fénix y de los más populares de aquel tiempo, había sido parodiado por Góngora en otro que empieza:

 

 Ensíllenme el asno rucio

del alcalde Antón Llorente,

denme el tapador de corcho

y el gabán de paño verde;

 

y comenta en su Cap. I-VII:

 

En ellos se hallan los elementos embrionarios de la creación cervantina y el primer esbozo, en caricatura, de un Lope-Quijote. La parodia de Góngora, harto chocarrera, rebosa pullas encubiertas y obscuras alusiones.

 

Volviendo a Avellaneda, en el Cap. XXII, el soldado Bracamonte le recuerda a la prostituta y mondonguera Bárbara los buenos ratos pasados con ‘López’, estudiante en el Colegio Trilingüe de Alcalá, y añade:

 

Pues sepa vuesa merced que López es ya licenciado y un grandísimo bellaco enamoradizo.

 

Pasaje que parece remedar Cervantes en el Cap. II-LII, en la carta de Teresa a su marido Sancho Panza, jugando con la raíz latina de Lope y con su iniciación al sacerdocio:

 

El hijo de Pedro de Lobo se ha ordenado de grados y corona, con intención de hacerse clérigo; súpolo Minguilla, la nieta de Mingo Silbato, y hale puesto demanda de que la tiene dada palabra de casamiento. Malas lenguas quieren decir que ha estado encinta dél, pero él lo niega a pies juntillas.

 

Y algo más del prólogo de Avellaneda: ¿a qué se refiere con ‘permitir… vayan los suyos’? Se trate de nombres o de sonetos, ‘permitir… vayan’ no es lo mismo que ‘aportar’; más bien suena a ‘tolerar’, a ‘no protestar’.

Honesto, fecundo, atento a las exigencias del vulgo, acogido a sagrado, divino con las damas… ¡Qué gran amigo de Lope era este Avellaneda!

 

 

VIII -¿POR QUÉ EL SEUDÓNIMO?

 

Avellaneda no incurría en ilegalidad alguna al publicar su Segundo tomo del Quijote; podría, pues, haberlo efectuado con su propio nombre. Todo lo que tenía que hacer (si su carácter se lo consentía) era rebajar el insultante tono del prólogo. Otra cosa es la ética literaria: siendo conocido que Cervantes preparaba la continuación, adelantársele no dejaría de ser considerado una mala acción.

En este punto no podemos olvidarnos de las bandosidades entre literatos de nuestro Siglo de Oro. ¿En qué bando estaba Avellaneda? Desde luego, no en el de Cervantes (si lo hubo); pero, pese a las apariencias, es dudoso que militase entre los lopistas. Quizá en ello radique la necesidad del seudónimo: de dar su verdadero nombre no podría contar con la simpatía de ese nutrido e importante grupo. En otras palabras: no era lopista (ya vimos que Cervantes parece ubicarlo entre los preceptistas). Constantemente evidencia ser un tipo listo.

 

 

IX - AVELLANEDA Y LOS ARTÍCULOS

 

Aunque en la Segunda Parte del Quijote cervantino se detectan alusiones al de Avellaneda en capítulos precedentes, es en el LIX que el autor declara conocerlo. Puesto en manos de don Quijote, éste opina, un tanto ingenuamente:

 

En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión: la primera es algunas palabras que he leído en el prologo; la otra, que el lenguaje es aragonés, porque tal vez escribe sin artículos, y la tercera, que más le confirma por ignorante, es que… se desvía de la verdad en lo más principal… , porque aquí dice que la mujer de Sancho… se llama Mari Gutiérrez, y no llama tal, sino Teresa Panza; y quien en esta parte tan principal yerra, bien se podrá temer que yerra en todas las demás.

 

Ni que decir tiene que los investigadores se ha detenido en este pasaje, y en concreto en lo relativo a los ‘artículos’, dato estilístico que podría conducirnos a Avellaneda.

Como era de temer, cada investigador entiende por ‘artículo’ lo que más conviene al estilo de su candidato, pero existe cierto consenso en cuanto a interpretar ‘artículo’ como ‘partícula indeclinable’; y no deja de ser curioso que varios de ellos citen a Cristóbal Suárez de Figueroa y su gusto por omitir la conjunción ‘que’, rasgo destacadísimo en la sintaxis de Avellaneda. Por ejemplo Justo García Soriano, defendiendo la candidatura de Castillo Solórzano (Cap. XVI):

 

Por lo que respecta a la omisión de la conjunción ‘que’ al unir los verbos determinantes o subordinantes con los subordinados…, era modismo frecuente en Castilla la Vieja, como vemos, por ejemplo, en el vallisoletano doctor Cristóbal Suárez de Figueroa.

 

Y en la nota correspondiente (el subrayado es nuestro):

 

En… El Pasajero… se hallan a cada paso omisiones del ‘que’ subordinante. Asimismo se encuentran a menudo en los escritos de Castillo Solórzano.

 

 

X - AVELLANEDA Y EL LEÍSMO

 

El leísmo constituye otra de las características lingüísticas de Avellaneda. Sin alcanzar más allá del Cap. II hemos encontrado los siguientes casos:

 

— le ha trabajado (el libro)

— poniéndole en la plaza (el libro)

— le hubiera perdido (el juicio)

— me le hurtó (el libro)

— se le tengo de hurtar (el libro)

— traerle acá (el libro)

— traérmele (el libro)

— traérsele (el libro)

— me le puede dar (el remedio)

— arrojómele de boleo (el estiercol)

— no le merecía (el porte)

— tenerle consigo (el entretenimiento)

— teníale a la postre (el ‘don’)

 

Ello supone una dificultad para aquellos investigadores que proponen que Avellaneda fuese aragonés. Así, Martín de Riquer:[19]

 

Podría constituir un argumento lingüístico contra la creencia de que el autor del Quijote apócrifo fue un aragonés la frecuencia con que en su texto aparecen casos de leísmo, fenómeno sobre el cual escribe Rafael Lapesa: ‘El Norte y Centro peninsulares… divergen de Aragón y Andalucía, que se mantienen fieles al criterio etimológico basado en la distinción de casos. No obstante, el influjo de la Corte hace que, aun con predominio del gusto conservador, aragoneses como los Argensola y andaluces como Jáuregui ofrezcan bastantes ejemplos de ‘le’ acusativo masculino’.

 

No reparó Riquer en que Avellaneda emplea los finales ‘amastes’, ‘quisistes’, lo cual era frecuente en autores castellanos. De ello trataremos más adelante.

 

 

XI - AVELLANEDA MORALIZANTE Y PEDANTESCO

 

Aunque no se decanta por ningún candidato, Fernando García Salinero[20] no esconde sus preferencias por Castillo Solórzano (que se llamaba ‘Alonso’, era ‘natural de Tordesillas’, admirador de Lope de Vega y mucho más joven que Cervantes), si bien…

 

¿Cómo compaginar la sal fina de Castillo Solórzano con el tono reprimendón y moralizante de la prosa pedantesca de Avellaneda, amén de un léxico que no se encuentra en La Garduña de Sevilla, por ejemplo?

 

Y en otro lugar apunta como singularidad de la prosa de Avellaneda lo que denomina…

 

enumeraciones prolijas, como si un afán exhibicionista de erudición fuese idea obsesiva en Avellaneda.

 

No faltan en el Quijote de Avellaneda pasajes del tipo apuntado. Por ejemplo, este del último capítulo:

 

¡Ah, señor caballero, y si supieseis quién soy…! Sin duda os movería a grandísima lástima, porque habéis de saber que en profesión soy teólogo; en órdenes, sacerdote; en filosofía, Aristóteles; en medicina, Galeno; en cánones, Ezpilcueta; en astrología, Ptolomeo; en leyes, Curcio; en retólica, Tulio; en poesía, Homero; en música, Enfión. Finalmente, en sangre, noble; en valor, único; en amores, raro; en armas, sin segundo, y en todo, el primero.

 

 

XII - AVELLANEDA AUTOR MODERNO

 

En tres ocasiones Cervantes llama ‘moderno’ a Avellaneda[21]. Estos pasajes, en los que desautoriza a los personajes ideados por aquél, constituyen la ‘información hecha’ a que se refería en la Dedicatoria al Conde de Lemos de sus Comedias y entremeses, anunciando la inminente continuación de don Quijote:

 

Creo que llegará quejoso, porque en Tarragona le han… malparado; aunque… lleva información hecha de que no es el contenido en aquella historia, sino otro supuesto que quiso ser él y no acertó a serlo.

 

La ‘información’ o expediente se practica a dos capítulos del final:

 

A vuesa merced suplico… sea servido de hacer una declaración ante el alcalde deste lugar de que… yo no soy el don Quijote impreso en la segunda parte… Entró acaso el alcalde… con un escribano, ante el cual alcalde pidió don Quijote, por una petición, de que a su derecho convenía de que don Álvaro Tarfe… declarase… como… don Quijote de la Mancha… no era aquel que andaba impreso en una… segunda parte… compuesta por un tal de Avellaneda, natural de Tordesillas. Finalmente, el alcalde proveyó jurídicamente; la declaración se hizo con todas las fuerzas que en tales casos debían hacerse.

 

Los pasajes a que nos referíamos son:

 

Este autor moderno… píntaos comedor y simple, y no nada gracioso, y muy otro del Sancho que en la primera parte… se describe (II-LIX).

No pondré los pies en Zaragoza, y así sacaré a la plaza del mundo la mentira dese historiador moderno, y echarán de ver… como yo no soy el don Quijote que él dice (II-LIX).

Vuesa merced debe de ser aquel don Álvaro Tarfe que anda… en la segunda parte… recién impresa… por un autor moderno (II-LXXII).

 

Podría aludir Cervantes a alguna faceta de Avellaneda (edad, estilo, léxico…); pero quizá sólo quiera decir ‘distinto’, no de los ‘autorizados’ (al límite, ‘intruso’), según la definición del Tesoro: ‘El que ha pocos años que escribió, y no tiene tanta autoridad como los antiguos’. El asunto no parece revestir mayor importancia.

 

 

XIII - FIGUEROA: UN CANDIDATO PERFECTO

 

Nada de lo que hemos apuntado de Avellaneda, tanto en lo referente a su personalidad como en lo que afecta a aspectos llamativos de su estilo, excluye al vallisoletano Cristóbal Suárez de Figueroa (h. 1571- h. 1640) de la lista de posibles candidatos, al contrario; y hay aspectos que refuerzan la proposición[22].

Era muy capaz Figueroa, como tuviese el debido estímulo, de escribir una obra en breve espacio de tiempo, como parece haber sido escrito el Quijote de Avellaneda.

 

‘Su Quijote es un libro escrito deprisa, sin revisiones y con pocos esfuerzos. Los materiales con que trabaja son de acarreo…; [y los fallos]  no son atribuibles sino a la mano de un escritor… más atento a terminar la obra que a su perfección’.[23]

 

Así nos lo dice Figueroa mismo en el Al lector de La constante Amarilis, novela pastoril escrita por encargo de su protector, que le urgía a acabarla:

 

Y pues la falta de tiempo sobrelleva muchas de entendimiento, hallen contigo alguna escusa las des­ta obra por la brevedad con que fue compuesta, pues apenas se tardó en ella espacio de dos meses.

 

Y también en el prólogo de su última obra conocida, Pusílipo, escrita con el objetivo de lograr la simpatía del nuevo Virrey de Nápoles:

 

Brevísimo ha sido el tiempo en que se formó este parto; y tanto, que con recelo de corto crédito, no se expresa.

 

Esta característica la resaltó el capitán don Gabriel Caravajal de Ulloa en el Al lector del libro Hechos de don García Hurtado de Mendoza, (Madrid, 1613), en que elogia al…

 

Doctor Cristóbal Suárez de Figueroa, natural de Valladolid, cuya velocidad y apresuramiento en escribir pudieran hacer sospechosas sus obras, cuando no estuvieran ya conocidos sus quilates y no se hallaran ya recebidas con tanta aceptación. En diez años ha compuesto ocho tomos…

 

Por cierto, hay en ese libro, en la parte que narra las victorias del biografiado en sus batallas contra los Araucanos, el siguiente pasaje:

 

Ya preso Caupolicán, les salió al caminó una India… Ésta mirándole con rostro sañudo, y grave, le comenzó a decir: ‘…¿Por qué no morías peleando?… No permita el Cielo quede conmigo reliquia de hombre tan… pusilánime. A tus ojos he de matar este hijo tuyo, porque creciendo… no herede tu desdicha’. Diciendo esto, dio con el muchacho en una peña, donde se hizo pedazos.

 

que recuerda el terrible final de la novelita El rico desesperado que se incluye en el Quijote de Avellaneda:

 

Vio cerca de sí a la ama que criaba su hijo… y, llegándose a ella con una furia diabólica, se le arrebató y, asiéndole por la faja, dio con él cuatro o seis golpes sobre la piedra del pozo, de suerte que le hizo la cabeza y brazos dos mil pedazos.

 

Es bien conocido que Figueroa y Cervantes pugnaron infructuosamente por sumarse al séquito de literatos que había de acompañar a Nápoles al Conde de Lemos, nuevo Virrey: quizá ahí nació o creció la enemiga entre ellos, bien manifiesta en varios lugares de El pasajero, aflorados por J. P. Wickersham Crawford, primer biógrafo de Figueroa[24]:

 

No falta quien ha historiado sucesos suyos, dando a su corta calidad maravillosos realces…: que como estaba el paño en su poder, con facilidad podía aplicar la tisera por donde la guiaba el gusto.

 

Muchos por falta de valedor, no hacen sino componer, y echar comedias al suelo del arca, con el ansia que suele el avaro recoger y acumular doblones. Por esta causa se hallan infinitos con muchas gruesas represadas, esperando se representarán cuando menos en el teatro de Josafat, donde por ningún caso les faltarán oyentes.

 

Ciertos niños de a setenta, con hábito largo, supeditados de mujer, vencidos de ancianidad, dados toda la vida a coplear, y lo que es peor, a coplear perversamente, no puede haber sufrimiento que detenga su justa reprehension.

 

Si es [un autor] imaginativo y agudo en demasía, pónese a peligro de apurar el seso concetuando, como le perdieron algunos que aún viven. Si es algo material, bruma a todos abofeteando y ofendiendo con impertinencias el blanco rostro de mucho papel. Dura en no pocos esta flaqueza hasta la muerte, haciendo prólogos y dedicatorias al punto de espirar. ¡Dios os libre de tan gran desdicha!’ [25]

 

El Conde de Lemos, gran mecenas de la época y que favoreció económicamente a Cervantes, dejó España por Barcelona en 1610. Figueroa confiesa en El pasajero (Alivio VIII) que se desplazó hasta allí en un último intento de ser admitido. De este asunto dejó clarísimo rastro en la España defendida (1612), poema épico que narra los antecedentes y batalla de Roncesvalles. En medio de la batalla (Libro XIV) Figueroa se saca de la manga a un tal ‘Suero Hernando, que de escudero al General servía’, que recibe una mordacísima reprimenda en 8 octavas (XIV, 25-32). Le recrimina haber convencido a su ‘Señor’, exponiéndole sus pocos méritos, para que rechazase su ofrecimiento de acompañarle, cuando creía tener el ‘sí propicio’ por ‘la confianza de un secreto’.

El escudero (inédito y ajeno al asunto), recibe sin rechistar la acusación de murmurar de todos, de fingir humildad, de frívolo de palabra y obra, del corto realce de sus palabras, de no ser lo heroico que pretende y por vulgar sólo admirado del vulgo. Orgulloso de su creación (‘esto que ves’), Figueroa manda al ‘curioso impertinente’ que informe de sus méritos a su ‘Señor’, y que él, sintiendo el correctivo, ya nunca prive de ‘laureles’ a los buenos autores. ‘No siendo de aquí palabras muchas’ (XIV-27), Figueroa descarga tal chaparrón sobre ‘Suero Hernando’, que le acaba ‘dejando … como turbión en campo a pasajero’ (XIV-32):

 

¡Oh Suero, cuán ligero, vano y loco

es quien presume mucho y sabe poco!

Con fingida humildad … muerdes,

sin reparar, a diestro y a siniestro,

pues ganas poco en ello y mucho pierdes,

deja del arte a Momo el ser maestro:

…y pues tiene tu hablar cortos realces,

tus zuecos toma y no coturnos calces.

¿Heroico tú? Di cómo, si carecen

de gravedad en ti dichos y acciones.

Hiel tus entrañas son…

como vulgar, entre vulgares crecen

(aplauso material) tus opiniones,

…la confianza de un secreto

cierto vigor y fuerzas me infundía

…y apenas duda en concederlo cuando

se opone al ‘sí’ propicio Suero Hernando.

…bien sabías

curioso impertinente lo que digo,

y como siempre al mal la lengua guías,

…altas cañas estériles de trigo

nombraste mis promesas y palabras;

que das a los demás lo que tú labras.

…siguiendo tu consejo

dejome… allá

…Ve, pues, a tu Señor… y dile

esto que ves; y desde aquí adelante

tu lengua a los valientes no aniquile,

ni a impedir sus laureles sea bastante.

 

Ese ‘curioso impertinente’ que alardeaba de ‘heroico’[26], causó el mayor perjucio a Figueroa: por su formación académica, por su conocimiento de la lengua, por su experiencia anterior en Italia, por su relativa juventud (39 años por entonces), estuvo cerca de ser de los elegidos. Aquí empezaría a formarse aquella ‘monstruosidad moral’: soberbio y rencoroso (‘no me descuido ni descuidaré jamás en la puntual merecida correspondencia’, decía en 1621 el prólogo de sus Varias noticias), no podía perdonar a quien le ocasionó tan grave perjuicio.

He aquí el móvil de Figueroa para intentar perjudicar a Cervantes adelantándose a la Segunda parte de su Quijote. Mucho menor fue la penitencia impuesta al Conde de Lemos, pues sólo hubo de encabezar con su nombre, Pero Fernández de Castro, el Soneto que precede al texto.

Fue Figueroa hombre de personalidad inquietante, de pocos amigos y celoso de sus secretos. Bien vale, como ejemplo, sus dos traducciones de El pastor fido de Battista Guarini: la de Nápoles 1602, por ‘Cristóbal Suárez, Dottor en ambos derechos’ y la de Valencia 1609 por ‘Cristóbal Suárez de Figueroa’, que aparenta desconocer la traducción anterior. ¿Por qué? Quizá por el asunto del ‘Figueroa’; quizá por las críticas que recibió la primera versión. Algo de eso se lee también en la España defendida (Libro II), si bien parece hablarse del Pastor fido de 1609:

 

Tal vez porque mi pena se aflojase,

quise traer la Musa al dulce canto;

con que orilla de Tajo se quejase

hice pastor nacido en Erimanto:

y aunque su ser la envidia molestase,

con vituperio suyo, pudo tanto,

que siempre resonante, siempre entera,

mi lira compitió con la estranjera.

 

Tampoco aclara ese punto el capitán Caravajal en aquel Al lector de los Hechos de don García Hurtado de Mendoza:

 

Al primero (en prosa) que escribió en Nápoles, intituló Espejo de juventud, donde juntó todas las buenas partes que deben tener, y pueden hacer ilustres y excelentes a los caballeros mozos. A éste sucedió la tradución del Pastor de Fido, tan ingeniosa, como se sabe. Publicó luego La constante Amarilis, prosas y versos llenos de erudición.

 

Por otra parte, la Crítica da por sentado que Figueroa no sólo participó en el complot anti-lopista materializado en la Spongia, sino que fue el verdadero inductor de la misma, encontrando la mano ejecutora en el ingenuo y pedante Pedro de Torres Rámila.

      De Figueroa escribió su biógrafo Wickersham Crawford:

 

Que fue un escritor de mérito no común, cosa es que no puede dudarse, si bien su extensa labor literaria no obtuvo la estimación debida. Sus convicciones fueron demasiado enérgicas para impulsarle a solicitar el favor popular, y su vida se vio amargada por disputas con sus contemporáneos… Los más de sus libros fueron escritos como medio de vivir, y sólo con su ayuda pudo prolongar una existencia de escaseces. Casi sin excepción, yacen hoy cubiertos de polvo en las librerías [¿bibliotecas?] de España.

 

Y Marcelino Menéndez Pelayo:[27]

 

…público maldiciente, envidioso universal de los aplausos ajenos, tipo de misántropo y excéntrico que se destaca vigorosamente del cuadro de la literatura del siglo XVII, tan alegre, tan confiada y tan simpática. Tal hombre era una monstruosidad moral, de aquellas que ni el ingenio redime. Le tuvo, y grande, juntamente con una ciencia profunda de nuestra lengua, pero lo odioso de su condición y el mismo deseo de mostrarse solapado y agudo, con mengua de la claridad y del deleite, condenaron sus escritos al olvido, perdiendo él en honra propia lo que a tantos buenos había quitado.

 

El Doctor Figueroa, llevado de su singular carácter, sin lograr empleo adecuado en la Administración, metido en el mundo de los poetas (que quizá le habría convenido evitar), se encontró en conflicto con todos. Tratar con ellos, leer sus ‘papeles’ y dar su opinión le trajo problemas personales, al punto de verse satirizado en alguna ‘extravagante comedia’ o en algún ‘fragmento vario’. De eso, y de la ‘solución’ que ideó para remediarse, nos habla en varios lugares de El pasajero:

 

Sucedía, pues, acudir… parroquianos con… obra gruesa, deseosos de sacar miel de acíbar… Tachaba… con fundamento, hiriendo tal vez la floja elocución y tal la humildad del conceto… Notábanme de maldiciente universal, de oyente desabrido, de juez apasionado, de crítico ignorante… de silvestre, de montaraz, de cimarrón. Tal vez llegaron a mi noticia ajenos disgustos… Resolvime… de decir bien de todo, de no cansarme en censuras… Con todo, no me faltaban quebraderos de cabeza, ya con extravagantes comedias, ya con fragmentos varios. Convínome… hacer una declaración juratoria como aborrecía con estremo todo género de poesía. Vituperábala… procuraba escurecer su resplandor, y… quedé libre… de la culpa y pena que me daba y merecía.

Perdonad las acedías y asperezas que descubro por instantes contra la dignidad poética; que no puedo disimular mi natural maldiciente, hasta en contradecir el ejercicio de cosa tan buena.

 

En el mismo libro también nos habla de sus problemas de relación, y nos da a entender que vivió sin verdaderos amigos:

 

De nadie se puede estar hoy menos seguro que de quien se da por más amigo, por ser el primero que a espalda vuelta pretende adelantarse en picar y morder. No hay cosa tan abominable como hacerse uno esclavo de su secreto, comunicándole a quien por ningún caso le sabe guardar; antes como estraño le revela.

Es mi condición de manera, que por ningún caso comunicara lo interior a enemigo ni amigo. A ninguno quiero manifestar mis ocultas flaquezas; baste el escándalo que ocasionan las públicas. Lo contrario no sirve mas que de oír y guardar, y con ocasión de defender la culpa, aborrecer al dueño, con que me podrá acometer y oprimir siempre que quisiere. No sé en qué parte se dice: 'Guárdese cualquiera de su prójimo, y no tenga confianza en alguno de sus hermanos, porque en ninguno dellos hallará seguridad'.

 

En sus Varias noticias importantes a la humana comunicación (1621) reflexiona sobre todo lo anterior, y reconoce:

 

No me inclinó a sumisiones a la entereza de mi condición… Jamás experimenté propicio el favor humano, fuese o por mi rígida condición o por mi escasa fortuna; y aunque por este camino me hallé libre de… obligaciones… renunciaría de buena gana potencias y sentidos en quien… fuese mi bienhechor. De aquí nace el menosprecio de riquezas y ricos… ellos solos se honren y estimen.

 

— o O o —

 

Una constante de Figueroa fue lamentarse de las críticas recibidas de sus colegas. Ya en su primera producción conocida, El pastor fido (1602):

 

por no tener estas estampas correctores, ni yo tiempo para asistir, se hallarán infinitos errores. Suplico a los señores espíritus de contradición que no olviden esta protesta cuando con sus entendimientos rateros censuraren esta Tragicomedia.

 

Y no parece que encajase nada bien esas críticas, pues en otros lugares se presenta como un literato vengativo. Así en El pasajero (Alivio VIII):

 

Tomé la pluma y… escribí algunos borrones… No fueran felices si les faltaran detractores; mas son… maldicientes de escuridad…; bien sé hablarían menos si se presentasen en la estacada. Ánimo tengo de inmortalizar algunos destos inhábiles; destos ignorantes, a quien la envidia adelgaza los dientes; destos que por mostrar ser algo, siendo nada, osan morder escritos para cuya imitación les falta talento.

 

Evidentemente, esos detractados ‘escritos’ serán libros publicados por Figueroa, que vuelve sobre ello en el prólogo a las Varias noticias:

 

Hay algunos que con la hiel de sus entrañas procuran avenenar, deshacer y deslucir cuanto digno de alabanza con virtuoso sudor fabrica el más estudioso. Éstos por disimular su apasionada intención dan título de ajenos a los que son propios trabajos, aplicándoles nombre de mendigados fragmentos. De semejante idiota impugnación y pretendido menoscabo (aunque no me descuido, ni descuidaré jamás en la puntual merecida correspondencia, por ser defetos con tales la modestia y tolerancia) sólo esta vez debría ser la respuesta risa. Claro está conseguirán pública nota de malos los libros que de otros buenos, como suelen ciegos de guías, no participaren mucho.

 

Figueroa ataca y se defiende:

 

— La imitación requiere talento.

— Un buen libro requiere tomar cosas de otros buenos.

— El docto es criticado por los indoctos.

 

y entre líneas da a entender que la respuesta que de él han recibido sus detractores no siempre ha sido reírse de las críticas; eso ‘sólo esta vez’.

Algo parecido debía sucederle a Avellaneda, que se dirige al ‘Argamesilla de la Mancha’ y pone…

 

bajo de su manchega protección el libro y el celo de quien contra mil detracciones le ha trabajado.

 

Y es que Figueroa tenía su propia opinión y márgenes de tolerancia respecto a imitación, plagio y emulación. De ello trató ampliamente Ángeles Arce Menéndez en su tesis doctoral Cristóbal Suárez de Figueroa. Nuevas perspectivas de su actividad literaria, en el Cap. III-Teoría literaria, que aquí resumiremos insertando algún comentario por nuestra cuenta:

 

 


XIV - FIGUEROA, IMITACIÓN, EMULACIÓN Y PLAGIO

 

Para Figueroa, la imitación no está reñida con la calidad literaria de una obra de arte; pero se siente acosado por las críticas que recibe por parte de sus contemporáneos y trata de defenderse. Son varias las ocasiones en que Figueroa trata este tema (en La constante Ama­rilis, España defendida, El pasajero, Varias noticias, Pusílipo…), y sus opiniones resultan bastante coherentes y sistematizadas.

En un soneto escrito, según confiesa, en su juventud, pero publicado en Pusílipo, obra de madurez, resume unas cuantas ideas a respecto:

 

ingenio solo es campo sin cultura,

producidor de espinas y de flores:

imita siempre el sabio a los mejores,

con quien se eleva a la mayor altura;

que la luz natural es casi oscura,

no bañada de ajenos resplandores.

que's Icaro, o Faetón precipitante,

y al número se roba de discretos,

quien fía en sí, o en aparentes alas.

 

También en el Pusílipo, en boca de Florencio, uno de los interlocutores dice:

 

Para la consumada perfección de todo lo bueno es importantísima la imitación… en la exce­lencia de lo que se escribe (p. 194).

 

Y alabando a Gón­gora:

 

Todos estos maestrazos se deben imitar…, siendo entre todos más dichosamente culto quien más los bebiere el espíritu… La primera clase de los mayores ingenios se fue­ron imitando unos a otros: Virgilio a Homero y a Teó­crito, a Virgilio el Tasso, y así los demás. Antes sin la imitación, serán los aciertos difíciles y to­do lo que se dijere de cortos realces (págs. 195-196).

 

La misma idea se repite en Varias noticias importantes a la humana comunica­ción (Variedad XIX):

 

Con­viene aumentar con la propia invención la dotrina de los predecesores. Cortos fueron los principios de las disciplinas; puesto que la mayor dificultad consistió en hallarlas. Después, por la industria de los hombres sabios recibieron aumento poco a poco, corrigiendo lo mal observado y supliendo lo pretermitido.

 

— o O o —

 

Unido al término de la imitación, aunque superior a ella, está la emulación, que consiste tam­bién en imitar, pero tratando de superar el modelo. Figueroa parece contradecirse de todo lo dicho anteriormente ya que afirma, en boca de Rosardo, al comienzo de la ‘Junta sexta’ del Pusílipo y después de una gran albanza dirigida a Gón­gora, que entre ambos conceptos

 

…sólo la emulación es lícita…, por fundarse en virtuosa competencia. Ésta conviene para imitarle en lo exquisito, llenándose de aquel ardor que puede sutilizar la men­te. Las frutas del jardín ajeno son buenas, y las del propio no malas.

 

— o O o —

 

En cuanto a plagio, las dos posturas que aparentemente adopta por un lado la de despreocupación o desfachatez al utilizarlo, y, por otro, la crítica abierta hacia los que lo utilizan, pueden confluir en el deseo de justificación que constantemente emplea frente a sus contemporáneos.

En el interesante prólogo de Varias noticias importantes a la humana comunicación, se refiere a la tendencia a relacionar los temas comunes de una moda o género literario con la idea de plagio. Trata de justificar los argumentos no originales que ha utilizado en obras anteriores porque:

 

poco se puede ofrecer que ya no se halle dicho, o por lo menos imaginado. Rózanse con unas materias mismas casi todos los escritores, en cuya conformidad avisa el común lenguaje: si quieres alcanzar lo que ha de ser, recorre a leer lo que ha sido.

 

Sin embargo, no por ser cosas conocidas y ya tratadas por otros, el autor segundo debe descui­dar el estilo, sino que debe tener mucho más cuidado:

 

…no merece ingrati­tud ni ser correspondido con mengua el jardinero que de ajenas plantas coge y ofrece regaladas frutas.

 

En El pasajero pue­den encontrarse abundantes ejemplos con los que el Doctor o bien aconseja descaradamente a sus compañeros de viaje que aumenten sus obras con aportaciones ajenas, o bien critica el mal tan extendido en la época de plagiar temas ya tratados, o bien confiesa, a veces con humildad y otras con altanería, que él también se ha apropiado de composiciones que no le pertenecían.

El consejo de juntar poesías de otros escrito­res en una obra propia va dirigido a don Luis, poeta aficionado. El joven, que siente verdaderos deseos de publicar un libro no está seguro de que los ‘legajos de poesías atrasadas’ escritos en diversos momentos de su pasión amorosa, ‘serán todos dignos de publicación’ y tiene miedo de que si se pone a seleccionar las mejores composiciones, no ‘se podrá juntar cantidad bastante a formar un libro de justo cuerpo’. La respuesta del Doctor se desarrolla en los siguientes términos:

 

Al corto caudal de propias poesías podeis aplicar el suplemento de las ajenas, con que os hallareis por estremo aliviado. El daño consistiera sólo en que vuestro libro fuera como información de letrado: nada propio, todo ajeno; mas habiendo mucho de ca­sa, ¿qué importa pedir al vecino algo prestado para lucir en semejante fiesta?

 

La solución del experto desconcierta al novel poeta:

 

Pero los que leyeren la obra, ¿no llamarán hurtos a esos socorros? ¿No juzgarán pobre ingenio el del autor? ¿No da­rán título de descaramiento a su necesidad?

 

En la contestación de Figueroa hay, además de descaro que es en lo único en lo que se ha fijado hasta ahora la crítica, un deseo de autodefensa por sobrevivir en el mundo cruel que le rodea. Sus palabras están llenas de dolor, de profundidad y de desánimo y muy lejos de la superficialidad que siempre se le atribuye:

 

Tengo por fruslería la nota de descarado. Es campo espaciosísimo el de la murmuración, y aunque componga el libro… una inteligencia celeste, no han de faltar achaques a la envidia, a la mala intención, para batir los dientes y morderle, por más humildad que se muestre en el prólogo. Todos cuan­tos escriben en todo género de facultades son cornejas vestidas de ajenas plumas. Publicase la obra; vanse los ojos a lo menos bueno, y murmúralo la lengua. Son otros linces de aprovechamientos; que así se llaman hoy los hurtos. Pasan algunos días…, olvidase todo y… el autor en­gorda con las maldiciones y dineros que sacó del trabajo… Basta; que es de gozques ruines roer talones, y de ánimos viles herir a espalda vuelta, y esto hácenlo sólo poetillas jacarandinos, vinolentos y juglares.

 

Don Luis parece no haberse enterado de la amargura que encerraban estas palabras y, fijándose en lo más superficial y en lo que exclusivamente le interesa, contesta:

 

Pienso hacer muchos insertos en el jardín de mi librillo; que no suelen ser los que rinden fruta menos sabrosa. Por lo menos, me agradecerán el contexto, el estilo, y, juntamente, ha­ber plantado en mi viña sarmientos de buena ley, aunque ajenos.

 

Por cierto que esta coletilla tambien la emplea Avellaneda (Cap. IV) en aquel pasaje en que recurre al chiste fácil respecto al apellido Cervantes:

 

quiero que… un pintor me pinte en ella [la adarga] dos hermosísimas doncellas… y el dios Cupido encima, que me esté asestando una flecha …, con una letra que diga… ‘El Caballero Desamorado’, poniendo encima esta curiosa, aunque ajena…:

 

Sus flechas saca Cupido

de las venas del Pirú,

a los hombres dando el Cu

y a las damas dando el Pido.

 

— o O o —

 

Al margen de lo que Figueroa pueda aconsejar o criticar en los demás, podemos ver ahora brevemente su actitud personal ante el plagio en las obras más discutidas de su producción y que más han desconcertado a los estudiosos del tema. Estas obras son, sin duda alguna, La constante Amarilis y la España de­fendida ya que el resto de las obras o son de otro ca­rácter o son traducciones reconocidas como tales, si bien requiere una pequeña puntualización la que él llama versión de la Plaza universal.

Es sabido que La constante Amarilis fue una o­bra de encargo escrita en dos meses, según nos confiesa el au­tor, que ni tenía experiencia en el género pastoril ni la temática bucólica le atraía excesivamente. Todas estas premisas parecen servirle de justifi­cación para componer la obra con retales de otros escritores: los nombres de Sannazaro, Tasso, Guarini, Montemayor, Jáuregui, Carrillo de Sotomayor…, están presentes de muy diversas maneras en la amalgama hecha por Figueroa. Así se las ingenió para ‘enlazar unas con otras escaleras hasta la cantidad necesaria’ y formar ‘prestándole algunos sus alas’ la novela pastoril encargada.

Parece mentira que en La constante Amarilis su autor haya podido refundir tantos y tan variados elementos. Ninguna de las fuentes utilizadas por Figueroa en su novela pastoril parece entrar en el capitulo del plagio, excepto con Carrillo de Sotomayor y Juan de Jáuregui: aquí sí que nos encontramos con uno de los plagios más eviden­tes y más desconcertantes de la literatura española.

Entre los 41 sonetos de su Amarilis, Figueroa intercala ocho que guardan una cierta relación con los aparecidos entre las Obras de Carrillo. Puede encontrarse justificación a la aparición de seis, pero el resto, y sobre todo en un caso, Figueroa traslada, con desfa­chatez desconcertante, un soneto del que once versos conservan las mismas palabras de final, y por si esto fuera poco tres endecasílabos están trasladados íntegramente mientras otros seis introducen sólo ligerísimas variantes.

Queda aún por analizar el más desconcertante y curioso: el que se refiere a la presencia del Aminta en la novela pastoril, en concreto, la traducción hecha por Jáuregui en 1607. Aunque Figueroa no cita nombres ni fuentes, no parece que quisiera ocultarlas, ya que son precisamente los mejores, los más conocidos episodios del Aminta, los que pasan a la narración pastoril. Figueroa tiene cuidado de no emplear los versos de Jaúregui en ninguna de las setenta composiciones poéticas, e intenta cuidadosamente que en ningún momento su prosa se sienta influida por la cadencia rítmica de los versos, endecasílabos o heptasílabos, que traslada con toda fidelidad. Joaquín Arce observa:

 

El logro de la andadura narrativa se obtiene, en la mayor parte de los casos, con esfuerzos mínimos, con la trasmutación del orden de las palabras, el añadido o supresión de epítetos o la adopción de periodos propios de la forma prosificada.

 

Valga como muestra un fragmento del conocidísimo episodio de la abeja:

 

Jáuregui: Pues yo, que hasta entonces / otra ninguna cosa deseaba / que la agradable lumbre de sus ojos / y sus palabras dulces…, entonces me encendió nuevo / de­seo / de arrimar a los suyos estos labios / ; y con mayor astucia y más aviso / que nunca había tenido (¡mira cuánto / el amor sutiliza nuestro ingenio!) / se me o­freció un engaño con que en breve / llegar pudiese a conseguir mi intento; / y fue desta manera: que fingien­do / me había picado una fu­riosa abeja / el labio bajo, comencé a dolerme / de suer­te que el remedio que la lengua / no demandaba, el rostro le pedía. / La sim­plecilla Silvia, / piadosa de mi mal, se ofreció luego / con el remedio a la engañosa herida, / y hizo ¡ay triste! mucho más crecida / y más mortal mi herida verdadera, / cuando llegó sus labios a los míos.

 

Figueroa: Yo, pues, que no deseaba hasta aquel punto otra cosa que el agradable resplandor de sus ojos y la dulzu­ra de sus palabras, sentí entonces encenderme de nuevo deseo de acercar mis labios a los suyos; y con mayor astucia y aviso que nunca ha­bía tenido (¡mira cuánto sutiliza el amor nuestro ingenio!) se me ofreció un engaño con que poder en breve llegar a conseguir mi intento, y fue que, fingiendo me había picado una abeja en el labio de abajo, comencé a quejarme de suerte que pedía el rostro la salud que la lengua no osaba pedir. La simplecilla Ardenia, piadosa de mi mal, se ofreció luego con el remedio a la herida engañosa, haciendo más crecida y mortal la verdadera, cuando llegó sus labios a los venturosos míos.

 

 

España defendida

 

Aunque también algunos pasajes del Orlando furioso pueden rastrearse en su poema épico, en el prólogo (primera ed., 1612) Figueroa reconoce su dependencia de Tasso ‘príncipe de la poesía heroica’ y de su poema Gerusalemme liberata:

 

A este pues, insigne en los requisitos apuntados, imité en esta obra, y con tanto rigor en parte de la traza, y en dos, o tres lugares de la batalla entre Orlando y Bernardo, que casi se puede llamar ver­sión de la de Tancredo y Argante: supuesto me valí hasta de sus mismas comparaciones.

 

La edición posterior de la obra (Nápoles 1644) ofrece un texto mucho más elaborado y corregido, y su prólogo muestra unas ligeras pero significativas variantes en el fragmento citado:

 

A éste pues [según sus palabras ‘Príncipe de los números épicos’], insigne en los requisitos apuntados, imité en parte de la invención deste argumento, llevado de la costumbre común en que los últimos autores de fábricas semejantes siempre estamparon las huellas de los primeros.

 

También es interesante, por lo que respecta a la complicada personalidad de Figueroa, observar su distinta actitud en ambas ediciones tratando de justi­ficar su trabajo como autor original ante las críticas adversas que él siempre supuso le acosaban. En la pri­mera edición, después de afirmar su dependencia de Tasso, continúa:

 

…(téngase desde luego cuenta con esto, no imagine el censor se pretende encubrir o pasar de salto este que él llamará hurto), y ojalá tuviera yo talento para trasladarle todo en nuestra lengua con la misma elegancia y énfasi que suena en la suya; que entendiera lisonjearla con semejante ocupación.

 

El tono de modestia que se desprende de estas palabras no se parece en nada con el utilizado en la edición napolitana, donde una amarga agresividad le incli­na a escribir:

 

Bien sé estimarán los entendidos este trabajo, como conocedores de lo que cuesta cualquier sudor estudioso; y así, dellos, no de los idiotas, opuestos a toda erudición, reconoceré lo que mereciere de alabanza. Sigue el incapaz el estilo del torpe animal Bonaso, que por no ceder, que por no aprender, o por escaparse de aplaudir, despide de sí pésimos olores de murmuración.

 

Muchos pasajes de la España defendida podríamos traer aquí en los que se ve el inten­to de Figueroa de trasladar no sólo la secuencia rítmica del verso tassesco sino incluso la misma rima conservando idéntica palabra. Véanse algunos ejemplos significativos (ed. 1612) en los que casi se puede hablar de traducción:

 

F.: Ya el ronco son de la Tartárea trompa

llama los tenebrosos moradores (III, 2)

 

T.: Chiama gli abitator de l'ombre eterne

il rauco son de la tartarea tromba (Gerus., IV, 3)

 

F.: Moría Orlando, y cual vivió moría:

en lugar de quejarse amenazaba;

fueron bravas, horrendas y feroces

sus postreras acciones y sus voces (XIV, 70)

 

T.: Moriva Argante, e tal moría qual visse:

minacciava morendo e non languia.

Superbi, formidabli e feroci

gli ultimi moti fur, l'ultime voci (XIX, 26)

 

Plaza universal de todas ciencias y artes

 

Como es sabido, Figueroa traslada del autor italiano Tommaso Garzoni su Piazza universale di tutte le professioni del mondo, que, según la portada de la primera edición (1615), es ‘Parte traducida del Toscano y parte compuesta’ por él; idea repetida posteriormente en el prólogo:

 

Fue mi intento a atender más a perfecio­nar, que a traducir, escogiendo lo mejor de lo recogido’.

 

Si no podemos exactamente hablar aquí de plagio o imitación, porque Figueroa nos habla de traducción, juega con el equívoco de que el lector piense que muchos de sus capítulos son originales cuando lo que en reali­dad hace es un resumen de la extensísima obra italia­na, omitiendo muchísimos capítulos, añadiendo poquísimo por su cuenta y dando a entender que ha seleccionado los temas útiles o inútiles para los lectores españoles, de mentalidad diferente a los italianos. Sabe con sus palabras embaucar a los lectores, pero, eso sí, manteniéndose siempre a salvo de un posible ataque o murmuración.

 

 


XV – DON QUIJOTE EN BARCELONA

 

Resulta particularmente inquietante el incidente protagonizado por don Quijote en la imprenta barcelonesa, cuando se burla del traductor de ‘toscano’ que gusta ser editor de sus libros (como Figueroa)[28] en tanto que allí se está imprimiendo… el Quijote de Avellaneda.

      Tras someter a un ridículo examen de italiano al autor de Le bagatele (‘de muy buen talle y parecer y de alguna gravedad’), le dice don Quijote con toda ironía:

 

—Osaré yo jurar que no es vuesa merced conocido en el mundo, enemigo siempre de premiar los floridos ingenios ni los loables trabajos. ¡Qué de habilidades hay perdidas por ahí! ¡Qué de ingenios arrinconados! ¡Qué de virtudes menospreciadas! Pero… el traducir… de lenguas fáciles ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada ni el que copia un papel de otro papel. Y no por esto quiero inferir que no sea loable este ejercicio del traducir, porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre y que menos provecho le trujesen. Fuera desta cuenta van los dos famosos traductores: el uno, el doctor Cristóbal de Figueroa, en su Pastor fido, y el otro, don Juan de Jáurigui, en su Aminta, donde felizmente ponen en duda cuál es la tradución o cuál el original.

 

Cervantes apenas matiza la opinión que de los traductores expresó en el Cap. VI del Quijote de 1605 y asocia sibilinamente a Figueroa y Jáuregui: dos autores que incurrieron en el mismo pecado de versionar dos veces una misma obra (recuérdese que El pastor fido debió recibir críticas, que Figueroa consideraba envidiosas). Y continúa el diálogo:

 

—Pero dígame vuesa merced: este libro ¿imprímese por su cuenta, o tiene ya vendido el privilegio a algún librero?

—Por mi cuenta lo imprimo, y pienso ganar mil ducados, por lo menos…

—¡Bien está vuesa merced en la cuenta! Bien parece que no sabe las entradas y salidas de los impresores y las correspondencias que hay de unos a otros…

—Pues ¿qué quiere vuesa merced? ¿Que se lo dé a un librero que me dé por el privilegio tres maravedís…? Yo no imprimo mis libros para alcanzar fama…, que ya… soy conocido por mis obras: provecho quiero, que sin él no vale un cuatrín la buena fama.[29]

 

Cervantes ya se lo recriminaba a Avellaneda en el prólogo:

 

Bien sé lo que son tentaciones del Demonio, y que una de las mayores es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer y imprimir un libro con que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros cuanta fama.

 

En nuestro libro creemos haber puesto en evidencia que la visita a la imprenta es una cuña introducida a posteriori por Cervantes entre los sucesos que don Quijote vive en Barcelona.[30] Aflorar el nombre de Figueroa en un pasaje que le caricaturiza y elogia (táctica muy cervantina), en que se habla de supercherías editoriales, en una imprenta que está estampando el Quijote apócrifo, parece una advertencia más una oferta de pacto. No es sólo uno de aquellos ‘fragmentos varios’ de que se quejaba Figueroa.

Lo que nos recuerda otra situación que se da en el mismo capítulo, cuando don Quijote, que acaba de llegar a Barcelona esa misma mañana, vuelve por la tarde a la calle acompañado de don Antonio y es recriminado por ‘un castellano’. Es don Antonio quien le propina una severa réplica, en vez de don Quijote, que parece ausente antes, durante y después del incidente, que acaba, tan súbitamente como empezó —otra cuña —, con el reconocimiento del ‘castellano consejero’:

 

—Pardiez, vuesa merced tiene razón; que aconsejar a este buen hombre es dar coces contra el aguijón; pero, con todo eso, me da muy gran lástima que el buen ingenio que dicen que tiene… este mentecato se le desagüe por la canal de su andante caballería; y… enhoramala… para mí y para todos mis descendientes si de hoy más… diere consejo a nadie, aunque me lo pida. Apartose el consejero, siguió… el paseo…

 

Y es que ya no se aplica a Avellaneda lo de ‘aragonés’, después de la llegada a Barcelona, si exceptuamos la aventura del Cap. LXX, otra vez en casa de los Duques, cuya colocación en ese punto bien pudo deberse a cambios de orden introducidos por Cervantes.

 

 


XVI - TICS DE AVELLANEDA

 

En la Tabla 1 podemos ver los tics que en su día detectamos en la prosa de Avellaneda, y en las distintas columnas se refleja el número de repeticiones de esos tics en diversos libros de la época (el que aparezcan libros de Cervantes sólo sirve para evidenciar las oscilaciones en un mismo autor). Puesto que se encuestan textos de distinta extensión (en algún caso no el libro completo, sino un centenar de páginas), se aplican factores multiplicadores. Nótese que para cada sintagma hay uno o más autores que o no lo emplean o lo hacen muy ocasionalmente. Una curiosidad: Cervantes sólo emplea ‘Con todo,’ en Quijote II (Caps. XIV y XXIV) y Persiles (Caps. I-V y I-IX): cuando ha leído el Quijote de Avellaneda.

 

Tabla 1

 

DQA

ESP

DQ

PyS

NE

PJ

TSO

BRB

QVD

SLZ

FIG

‘por tanto’

49

-

-

-

-

12

-

3

-

-

12

‘con todo,’

34

2

2

2

-

-

-

3

10

22

64

‘no poc’

44

4

19

4

2

10

40

5

-

28

72

‘harto’

65

18

28

7

11

20

8

5

20

14

8

‘notable(mente)’

33

11

9

4

3

13

8

20

10

20

52

‘maravillar’

61

-

35

8

9

1

-

-

-

2

0

‘si bien’

49

11

13

8

4

6

24

-

-

46

96

SUMA 1

335

46

106

33

29

62

80

36

40

132

304

‘tras’

172

25

85

32

45

69

24

18

98

12

64

SUMA 2

507

71

191

65

74

131

104

54

138

144

368

 

DQA: ‘Avellaneda’, Quijote; ESP: Espinel, Marcos de Obregón; DQ: Cervantes, Quijote I y II; NE: Cervantes, Novelas ejemplares; PyS: Cervantes, Persiles y Sigismunda; PJ: ¿?, La pícara Justina; TSO: Tirso, Cigarrales de Toledo; BRB: Salas Barbadillo, La peregrinación sabia + El sagaz Estacio; QVD: Quevedo, El buscón; SLZ: Castillo Solórzano, El bachiller Trapaza; FIG: Suárez de Figueroa, El pasajero.

 

En la Tabla 2, la columna ‘CVT’ refleja el promedio de sus cuatro libros. Contiene valores absolutos (de la Tabla 1, filas ‘SUMA’) y relativos (tomando como base los valores de la columna ‘DQA’), con que refleja el porcentaje de probabilidad de que el autor del libro en cuestión escribiese también el Quijote de Avellaneda. Los valores encontrados en El pasajero, de Cristóbal Suárez de Figueroa, son los únicos comparables a los de ‘DQA’, quedando muy atrás el resto de los textos encuestados, entre cuyos autores se encuentran varios de los candidatos a Avellaneda.

 

Tabla 2

 

DQA

FIG

ESP

CVT

PJ

TSO

BRB

QVD

SLZ

SUMA 1

335

304

46

42

62

80

36

40

132

en %

100

91

14

13

19

24

11

12

39

SUMA 2

507

368

71

82

131

104

54

138

144

en %

100

73

14

16

26

21

11

27

28

 

Espín Rodrigo también podría haber construído una Tabla para las 3 construcciones que buscó en obras de Figueroa (no alcanzó a examinar todas completamente). Las hemos buscado en el Quijote de Avellaneda y en 6 obras de Figueroa: Amarilis, Hechos de D. García Hurtado de Mendoza, Plaza universal, El pasajero, Varias Noticias y Pusílipo. Los resultados se muestran en la Tabla 3. Puesto que las obras son de muy distinta extensión[31], hemos relativizado los valores a los del Quijote de Avellaneda, y la fila inferior muestra el grado de coincidencia en valor porcentual. Habida cuenta de la muy distinta temática de los textos encuestados (la Plaza universal es una traducción, Amarilis y Pusílipo contienen más de 70 composiciones poéticas, El pasajero y Pusílipo son diálogos) y que abarcan un periodo de 20 años, los resultados son significativos, en particular para las 3 obras más personales de Figueroa, y el porcentaje que para El pasajero y los Hechos habría obtenido Espín Rodrigo sería prácticamente el mismo que el de la Tabla 2 (fila SUMA 1- en %).

 

Tabla 3

 

DQA

AM

HM

PL

EP

VN

PU

‘no poc’

44

17

39

44

58

45

14

‘no menos’

10

1

8

23

22

44

18

‘tras esto’

49

6

25

28

18

17

8

SUMA

103

24

72

95

98

106

40

*en %

100

62

91

48

93

74

74

*considerando la distinta extensión de los textos

 

Comparando uno y otro estudio, vemos que debimos separar los 49 casos de ‘tras esto’ de los 172 casos de ‘tras’, por constituir un tic de Avellaneda. Tampoco incluíamos ‘de suerte’ (58 ocasiones), por observar que no falta en ninguno de los autores; pero pues Avellaneda la emplea casi el doble que otros, y alguno hay que la usa testimonialmente, consideramos que es un caso equiparable al resto. Por otro lado, no nos parece significativo el empleo del verbo ‘maravillar’, habida cuenta del argumento y del personaje (también Cervantes lo usa mucho en su Quijote).

Finalmente, disponible ahora todo el texto ‘electrónico’ de El pasajero, hemos prescindido de los factores multiplicadores que entonces aplicamos a sus primeras 100 págs. Lo mismo para el caso de Castillo Solórzano, disponiendo de los de El bachiller Trapaza y La garduña de Sevilla.

Adicionalmente, hemos añadido la columna ‘ALM’ con Guzmán de Alfarache-II, de Mateo Alemán, ‘CSP’ con los valores de Varia fortuna del soldado Píndaro, de G. Céspedes y Meneses —que no recordamos haya sido propuesto como autor del Quijote de Avellaneda—; la columna ‘LOP’ con La Dorotea, de Lope de Vega; ‘HIT’ con Guerras civiles de Granada, de Pérez de Hita[32]; ‘VGO’ con Guía y avisos de forasteros que vienen a la Corte, de Liñán y Verdugo, ‘VLZ’ con El diablo cojuelo, de Vélez de Guevara, y también ‘PSM’ con la Vida y trabajos de Gerónimo de Pasamonte (con los factores multiplicadores correspondientes).

 

Tabla 1-bis

 

DQA

ESP

CVT

PJ

TSO

BRB

QVD

SLZ

LOP

PSM

HIT

CSP

VGO

VLZ

ALM

FIG

‘por tanto’

49

-

-

12

-

3

-

-

-

-

12

2

-

-

-

29

‘con todo,’

34

2

1

-

-

3

10

17

-

6

-

24

2

5

-

56

‘no poc’

44

4

6

10

40

5

-

40

8

24

8

12

16

-

7

58

‘harto’

65

18

12

20

8

5

20

16

18

18

4

24

52

10

27

13

‘notable(mente)’

33

11

4

13

8

20

10

19

34

3

28

34

54

30

7

47

‘de suerte’

58

30

7

2

36

20

33

20

32

3

38

19

14

15

-

23

‘si bien’

49

11

6

6

24

-

-

57

22

33

2

123

40

-

-

72

‘tras esto’

49

-

1

16

-

-

13

-

-

-

-

-

-

-

2

18

SUMA 1

381

76

37

79

116

56

86

169

114

87

92

238

178

60

43

316

en %

100

20

10

21

30

15

23

44

30

23

25

62

47

16

13

83

otros ‘tras’

123

25

27

53

24

18

85

10

8

27

20

22

38

85

29

50

SUMA 2

504

101

64

132

140

74

171

179

122

114

112

260

216

145

72

366

en %

100

20

13

26

28

15

34

36

24

23

22

52

43

29

14

73

 

LOP: Lope de Vega, La Dorotea; PSM: Vida y trabajos de Gerónimo de Pasamonte; SLZ: Castillo Solórzano, El bachiller Trapaza + La garduña de Sevilla; HIT: Pérez de Hita, Guerras civiles de Granada; CSP: G. Céspedes y Meneses, Varia fortuna del soldado Píndaro; VGO: Antonio Liñán y Verdugo, Guía y avisos de forasteros que vienen a la Corte; VLZ: Luis Vélez de Guevara, El diablo cojuelo; ALM: Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache-II .

 

Con estas premisas, la Tabla 1 pasaría a ser la Tabla 1-bis; y de ella se obtiene el Gráfico 1, ilustrativo de las desproporciones existentes entre: Figueroa, Céspedes y Meneses, Liñán y Verdugo, Castillo Solórzano, Lope de Vega y Tirso de Molina, Pérez de Hita, Quevedo y Pasamonte, el autor de La pícara Justina, Espinel, Vélez de Guevara, Salas Barbadillo, Mateo Alemán y… Cervantes.

 


Gráfico 1 (obtenido de Tabla 1-bis, fila ‘SUMA 1, en %’)

XVII - UNA SINGULARÍSIMA CONSTRUCCIÓN

 

Con cierta frecuencia Avellaneda emplea la serie:

 

articulo + preposición + relativo;

 

hemos localizado en el texto las siguientes:

 

— el en que… dice haberme visto (éxtasis, Cap. 2)

— la con que él puso mano a su espada (rabia, Cap. 5)

— el en que dormía el triste Sancho (aposento, Cap. 13)

— el en que se entregó el fuerte (día, Cap. 14)

— más adentro del en que la partera estaba (aposento, Nov. 1)

— diferente lugar del en que yo querría (lugar, Nov. 1)

— el en que caminaba (tiempo, Nov. 2)

— la en que estaba doña Luisa (iglesia, Nov. 2)

— el con que propuso de ir a Roma (fervor, Nov. 2)

— el con que has querido entrar (disfraz, Nov. 2)

— con el de que don Gregorio (concierto, Nov. 2)

— Lo con que yo, amigo, os regalaré (aquello, Cap. 25)

— la en que agora me había puesto (tribulación, Cap. 27)

— más de las con que ahora me hallo (armas, Cap. 27)

— la de que su mujer estaba más celosa (parte del cuerpo, Cap. 27)

— el en que nos acabamos de ver ahora (desaguisado, Cap. 31)

— Supiéronse… los en que andaba (pasos, Cap. 31)

 

Martín de Riquer, no ocultando esta singularidad que no observa en la Vida y trabajos de Gerónimo de Pasamonte, argumenta que:

 

Algunos de estos tics… están ausentes de la Vida, como es el inmoderado uso de la preposición ‘tras’ y la poco ágil serie artículo + preposición + ‘que’. Si admitimos que los dos libros son del mismo autor hemos de admitir también que Passamonte adquirió estos dos tics después de haber redactado su autobiografía.[33]

 

En cambio, limitándonos a las 100 primeras págs. de El Pasajero de Cristóbal Suárez de Figueroa, encontramos:

 

— el de que pasen con menos culpa los yerros

— Dichoso el a quien hacen cauto

— la de que participó en la leche

— arrojarme a lo en que otros tienen… hábito

— los en que no precedieren ciencia

— negligencia en lo a que se va

— en lo para que es bueno

— lo en que entraron

— todo lo de que se valen

— los con quien me había criado

— la gracia de los con quien me tengo de introducir

— los con quien comunica

— los a quien presenta sólo el favor

— los a quien llamare amigos

— los a quien noble sangre y riqueza dieron algún grado

— los a cuyas manos llegan

— de los entre quien se hallan trabadas

— oponeros a lo en que os manifiesto

— esta sin quien estuvieran tristes las almas

 

Cuánto gustaba Figueroa de emplear estas construcciones (en su prosa) queda evidenciado en este solo pasaje de sus Varias noticias (Variedad XVIII), hablando de la ingratitud:

 

Es menester tenga el hombre bien agradecida memoria del por cuya causa recibe cortesía y placer, puesto que el beneficio engendra beneficio, y todo ánimo apacible perdona fácilmente las injurias, excepto el ingrato, que las conserva grabadas en bronce. Tan imprudentes vuelve a los hombres la ingratitud, que osan damnificar hasta los con quien tuvieron más estrecha amistad, hasta los a quien tienen más obligación.

 

Las hemos buscado en otros textos (los de la Tabla 1-bis); pero por reducir el tiempo de búsqueda nos hemos limitado a las más frecuentes:

 

el / la / lo / las / los_en_qu

el / la / lo / las / los_con_qu

 

Excepto Figueroa y Avellaneda, esas construcciones son inexistentes en los autores implicados, cuando más testimoniales (entre paréntesis mostramos el valor medio de las obras de un mismo autor, o bien el calculado para una extensión equivalente al Quijote de Avellaneda):

 

S. Figueroa (FIG):          20

Avellaneda (DQA):        16

M. Alemán (ALM):        4

C. Solórzano (SLZ):       2

M. Cervantes (CVT):      4 (1)

Pícara Justina (PJ):          0;   Pérez de Hita (HIT):       0

Lope de Vega (LOP):     0 ; T. de Molina (TSO):        0

F. Quevedo (QVD): 0;   S. Barbadillo (BRB):       0

J. Pasamonte  (PSM):      0;   V. Espinel (ESP):      0

Céspedes y M. (CSP):    0;   L. y Verdugo (VGO):     0

Vélez Guevara (VLZ):    0

 

Figueroa también emplea en El pasajero la construcción:

 

el / la / lo / las / los_a_qu

 

que suman 29 casos, que, siendo del mismo tipo, también se contabilizan en la Tabla 4, aunque no se encuentren en el Quijote de Avellaneda ni en los otros textos.

 

XVIII - OTRA CONSTRUCCIÓN INTERESANTE

 

Una construcción que se encuentra en Avellaneda y a la que también recurre Figueroa es la del tipo:

 

‘no menos adjetivo que adjetivo

 

Buscada en los textos encuestados (los de la Tabla 1-bis), no la emplean Lope de Vega, Tirso de Molina, Espinel, Quevedo, Pasamonte ni el autor de La pícara Justina; raramente Castillo Solórzano, Salas Barbadillo y Cervantes (7 casos en 4 libros). Hemos encontrado las siguientes:

 

Avellaneda:        invidiados… verdaderos; moderno… verdadero; importunos… justos; necio… impertinente; estraña… peligrosa; fabulosos… perjudiciales; ligero… sutil.

Figueroa:     presumidos… temerarios; pródiga[mente]… inútilmente; positiva… escolástica; rico… espléndido; infinitas… varias; rudos… presumidos; útiles… hermosos

Cervantes: curiosas… limpìas; lastimada… admirada; plácido… generoso; tierno…         prudente; cortés  y amorosa… agradecida; confuso… pensativo; bizarro… ricamente vestido

S. Barbadillo:     celebrado… puntual; admirada… recelosa.

C. Solórzano:     provechoso… apacible

 

En resumen:

 

S. Figueroa (FIG):          7

Avellaneda (DQA):        7

S. Barbadillo (BRB):      2 (5)

M. Cervantes (CVT):      7 (1,75)

C. Solórzano (SLZ):       1

Lope de Vega (LOP):     0;   T. de Molina (TSO):        0

F. Quevedo (QVD):       0;   J. Pasamonte (PSM):       0

Pícara Justina (PJ):          0;   Céspedes y M. (CSP):     0

Pérez de Hita (HIT):       0;   V. Espinel (ESO):           0

L. y Verdugo (VGO):    0;   Vélez Guevara (VLZ):    0

M. Alemán (ALM):        0

 

 


XIX - A LA QUE = CUANDO

 

En 21 ocasiones emplea Avellaneda esta coloquial construcción:

 

— A la que volvió la cabeza

— a la que volvían a armar a don Quijote

— a la que le entregaron la adarga

— A la que platicaban don Álvaro con don Quijote

— a la que llegaba a la puerta

— A la que llegaba cerca de la ciudad

— A la que se hizo de noche

— a la que llegó delante della

— a la que descubrió… el campanario

— A la que ambos iban en esto

— a la que llegaban a tiro de arcabuz della

— A la que estaban en esto

— a la que comenzaron a rodear el muro

— a la que iban cruzando la calle

— a la que se entraron por la sala

— a la que salían de casa

— A la que los señores salían della

— a la que estaban en estos dares y tomares

— a la que alborea

— a la que acababan de cenar

— a la que ensillaban los criados

 

¿Huían los autores de emplear tal expresión? Fray Antonio de Guevara (1480-1545) es el único en que hemos encontrado algo parecido y en similar abundancia, si bien emplea la construcción ‘a la hora que…’. De todos los textos encuestados (los de la Tabla 1-bis) sólo la hemos encontrado en el Bachiller Trapaza de Castillo Solórzano:

 

dando… suspiros y quejándose… a la que se había dormido.

 

— o O o —

 

La Tabla 4, que sólo considera estas tres construcciones ahora analizadas (ausentes en casi todos los autores encuestados), sustenta la ventaja de Suárez de Figueroa sobre los demás autores encuestados ya patentizada en las Tablas y en el Gráfico 1. Y si no llevamos a ellas y a él los valores de la Tabla 4 es porque tan singulares construcciones no parece que puedan sumarse con los tics que aquellas tablas contienen.

 

Tabla 4 – Otras 3 construcciones singulares

 

AVLL

FIG

BRB

ALM

SLZ

CVT

PJ – TSO – LOP – PSM – QVD – HIT – CSP – VGO – ESP – VLZ

art.+ prep. +’que’

16

49

-

4

2

1

-

no menos… que…

7

7

5

-

1

1,75

-

‘a la que’

21

-

-

-

1

-

-

SUMA

44

56

5

4

4

2,75

-

en %

79

100

10

7

7

5

-

 

La Tabla 5 recoge las variantes más comunes de otra construcción del gusto de Avellaneda (‘en/por/con ex(s)tremo’), y deja fuera a tres autores.

 

Tabla 5

 

AVLL

FIG

HIT

CVT

BRB

SLZ

LOP

PJ

VLZ

PSM

ESP

CSP

ALM

VGO - QVD - TSO

en extremo

16

11

12

8

-

7

6

-

5

-

2

1

-

-

por extremo

2

14

4

1

-

-

-

6

-

-

-

-

1

-

con extremo

-

11

-

1

9

1

-

-

-

3

-

-

-

-

SUMA

18

36

16

10

9

8

6

6

5

3

2

1

1

-

 

Tabla 6 (de las Tablas 4 y 5)

 

AVLL

FIG

HIT

SLZ

BRB

CVT

LOP

PJ

ALM

VLZ

PSM

ESP

CSP

VGO - QVD - TSO

Tabla 4

44

56

-

7

5

3

-

-

4

-

-

-

-

-

Tabla 5

18

36

16

8

9

10

6

6

1

5

3

2

1

-

SUMA

62

92

16

15

14

13

6

6

5

5

3

2

1

-

en %

67

100

17

16

15

14

7

7

5

5

3

2

1

 

 

Casi 40 años más joven que Cervantes, Gonzalo Céspedes y Meneses resulta ‘el eslabón perdido’ para el Gráfico 1, que mostraba tal diferencia entre Figueroa y los demás que podría poner en duda nuestra imparcialidad. Ocupa el último lugar de la Tabla 5 y no emplea ni una sola vez las construcciones de la Tabla 4, como tampoco, o testimonialmente, alguno de los tics de Avellaneda (‘por tanto,’, ‘tras esto’); algunos de los suyos (‘con tanto,’, ‘por el consiguiente’) no se leen en Avellaneda, y su posición en la Tabla 1-bis se ve favorecida por el sintagma ‘si bien’ (123 de 238).

 

 

XX – AMASTES, QUISISTES

 

Observamos en Avellaneda el gusto por los finales ‘amastes’, ‘quisistes’ en vez de ‘amaste(is)’, ‘quisiste(is)’:

 

hablastes, quitastes, entrastes (3), cegastes, enamorastes, quedastes, asaltastes, fincastes, pensastes, sacastes; prendistes, consentistes, recebistes, prometistes, tuvistes, perdistes, fuistes (2), distes, venistes.

 

Resulta interesante ver lo que sucede en los autores y textos encuestados (los de la Tabla 1-bis):

 

L. y Verdugo (VGO):          16 (32)

S. Figueroa (FIG):                28

T. de Molina (TSO):       7 (28)

Avellaneda (DQA):              22

Pícara Justina (PJ):                22

M. Cervantes (CVT):            85 (21)

Mateo Alemán (ALM):        17

Lope de Vega (LOP):           8 (16)

C. Solórzano (SLZ):             15

S. Barbadillo (BRB):            5 (13)

J. Pasamonte (PSM):       3 (9)

F. Quevedo (QVD):       2 (7)

Céspedes y M. (CSP):          5

Vélez Guevara (VLZ):         1 (5)

V. Espinel (ESP):                 3

Pérez de Hita (GIT):            0

 

      El resultado tiende a favorecer la opinión de que aquel Avellaneda era castellano, no aragonés; y quizá convenga recordar que las memorias de Pasamonte las pasó a limpio ‘Domingo Machado, bachiller… por… Salamanca’.

 

 

XXI - RECONSTRUCCIÓN DEL CONFLICTO

 

Si a lo complejo de la personalidad de Cristóbal Suárez de Figueroa, sus particulares opiniones sobre el plagio, imitación y emulación, las tormentosas relaciones que mantuvo con sus colegas, la antipatía que sentía por Cervantes (manifiesta en El pasajero), el conflicto entre ellos en relación con el Conde de Lemos (manifiesto en la España defendida) y el carácter belicoso y vengativo que apunta en sus prólogos, unimos los notables resultados del análisis lexicográfico —nosotros seguimos el orden inverso en nuestras investigaciones—, ha de aceptarse su inclusión en la lista de candidatos a Avellaneda, y en el lugar más destacado… en tanto que la Fortuna depare la prueba documental incontestable. Por mejorable que sea nuestro análisis lexicográfico, pone muy alto el listón, y fuera de la competencia muchos y muy serios candidatos[34].

Eso sí: nos queda pendiente lo de ‘ofender a mí’ en el Quijote cervantino, a menos que se acepte nuestra sugerencia al respecto[35]. Y no descartamos que el ‘ofender a mí’, de ser sincero, tenga que ver con el doblemente versionado Pastor fido, y en concreto con la ‘larga arenga que se pudiera muy bien escusar’, ‘aquel inútil razonamiento’ que don Quijote suelta a los cabreros en el Cap. XI del Quijote de 1605[36].

Veamos la posible reconstrucción del conflicto entre Cristóbal Suárez de Figueroa y Miguel de Cervantes:

 

— o O o —

 

Hacia 1603-4, fallecida toda su familia, regresa a Valladolid Cristóbal Suárez. Con 30-32 años, ha estado en Italia unos 12-13, donde se ha doctorado en Derecho Civil y Canónico, ha servido como Auditor en las campañas de Piamonte y Saboya y luego en cargos públicos en Martesana y Nápoles. Trae dos libros bajo el brazo: Espejo de juventud y una traducción del Pastor fido, de Guarini. Para favorecerse en sus pretensiones, pasará a apellidarse Suárez de Figueroa, como los Duques de Feria.

En su intento de codearse con los literatos de la época presentes en Valladolid, siguiendo a la Corte, entró en conflicto con varios de ellos, que (además de los apellidos) centrarían sus críticas en aquel Pastor fido, por no ser obra original ni una digna traducción. La inquina debió ser mayor con Cervantes, que en su Quijote de 1605 censuró a los traductores (Cap. VI), parodió la literatura pastoril y remedó[37] el Coro sobre las edades de Oro y de Hierro con que se cierra el Acto IV de El pastor fido de 1602. En 1609 Figueroa publicó en Valencia su segunda versión, quizá por acallar las críticas recibidas.

En 1610, cuando se presentó a Figueroa la oportunidad de volver a Nápoles acompañando al Conde de Lemos, Cervantes se interpuso en sus pretensiones. En 1612, en la España defendida (Libro XIV) denunció mordazmente aquella intervención tan perjudicial a sus intereses, y en 1613, cuando Cervantes (en las Novelas ejemplares) anunció la continuación de su Quijote, decidió vengarse[38] y darle una lección literaria. Por desviar las pesquisas, además del seudónimo, se justificó presentándose como alguien a quien Cervantes ofendió en el Quijote de 1605 y como quien deseaba castigar su mal carácter, inmodestia y gusto por murmurar. En complicidad con algún impresor[39], el manuscrito fue impreso fuera del Reino de Castilla.

El Quijote ‘de Avellaneda’ llegó a manos de Cervantes en el segundo semestre de 1614, y en algún momento de la redacción de su continuación llegó a sospechar de Figueroa y de los medios de que se había valido: en consecuencia, le satirizó en algún pasaje (el escritor humanista que acompaña a don Quijote a la cueva de Montesinos, de cuyas obras se burla incluso Sancho Panza, las alusiones a Roncesvalles y Bernardo del Carpio, la absurda discusión sobre espaderos famosos, el debate sobre las bondades de la esgrima, id. sobre la cosmografía y astrología judiciaria[40]); pero en el episodio de la imprenta de Barcelona (que está imprimiendo el Quijote apócrifo), después de burlarse de él (como traductor y como autor-editor), de insinuar las artimañas de impresores, le ofrece con aquella reticente y calculada media-alabanza del Pastor fido un ‘¡No haya más!’ aceptado por Figueroa: no habrá más Quijotes, y Cervantes, por su parte, no dará a luz la comedia El engaño a los ojos que prometía en sus Comedias y entremeses (aunque, quizá, el final del conflicto se debió a la muerte de Cervantes, pocos meses después).[41]

 

— o O o —

 

Lo que nos parece más interesante del asunto es que, como en tantos otros relativos a Figueroa y sus circunstancias, no queda claro si éste le descalifica o le califica: Figueroa (además de aquella ‘monstruosidad moral’ que le propinó Menéndez Pelayo) cargaría sobre sus espaldas todos los epítetos (de ‘bellaco’ para arriba) lanzados contra el intruso por las huestes cervantófilas, pero, por otro lado, además de autor de un ‘libro exquisito’[42] resultaría serlo de la ‘segunda mejor novela del Siglo de Oro’ (que también ha habido quien ha calificado así aquel Quijote). Poeta y prosista, este ‘clásico de segunda fila’ habría tocado la literatura bucólica, la épica de ficción y biográfica, la de entretenimento, el humanismo erudito, la censura de costumbres, la traducción de portugués e italiano… Y aún hay cinco libros suyos pendientes de localizar[43]. ¡Vaya con don Cristóbal!

 

 

E. S. F.

Barcelona, julio 2006

 



[1] Lope de Vega, La Dorotea, Acto IV.

[2] Astrana Marín, Luis, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, 1958, Cap. VII-LXXXVII: ‘Si otro investigador o biógrafo logra descubrirlo (que mucho lo dificulto), enhorabuena para él. Quizá, por la índole del personaje, ni todos habrán de agradecérselo, ni muchos querrán convencerse. Pero no más conjeturas; ya hay sobradas, y ninguna verdadera. Todo lo que no sea … documentos apodícticos… o testimonios fidedignos e inequívocos de gentes contemporáneas, carecerá de seriedad y de valor’.

[3] SEGVNDO / TOMO DEL / INGENIOSO HIDALGO / DON QVIXOTE DE LA MANCHA, / que contiene su tercera salida: y es la / quinta parte de sus auenturas. / Compuesto por el Licenciado Alonso Fernandez de / Auellaneda, natural de la Villa de / Tordesillas. / Al Alcalde, Regidores, y hidalgos, de la noble / villa del Argamesilla, patria feliz del hidal- / go Cauallero Don Quixote / de la Mancha. / [grabado de un jinete con arnés y lanza en ristre]

 / Con Licencia, En Tarragona en casa de Felipe / Roberto, Año 1614.

[4] Cervantes, Passamonte y Avellaneda, Sirmio, Barcelona, 1988.

[5] Autobiografías de soldados, BAE, XC, Madrid, 1956.

[6] Riquer insiste en este asunto aun en las palabras finales del libro. Tras exigir pruebas documentales contra la candidatura de Pasamonte o para presentar otro candidato, y suponiendo se aporten éstas, acaba: ‘Pero entonces… ¿a quién ofendió Cervantes con sinónomos voluntarios? / Forse altri canterá con miglior plettro’.

[7] Cervantes parece restregarle por la cara a Avellaneda la ayuda que él sí recibe del Conde de Lemos, y Avellaneda preludia su obra con un soneto de ‘Pero Fernández’.

[8] Suárez Figaredo, E., Cervantes, Figueroa y el crimen de Avellaneda, Eds. Carena, Barcelona, 2004.

[9] Las dio a conocer Álvarez Díez, F., Padre O.S.A., ‘El Quijote’ apócrifo obra de Cristóbal Suárez de Figueroa, en Revista Murguetana, nº 81, 1990, p. 23-42. Fue hijo de Joaquín Espín Rael, que había propuesto a Quevedo (Investigaciones sobre ‘El Quijote’ apócrifo, Espasa-Calpe, Madrid, 1942). Nada tiene de extraño que el hijo quisiese completar y defender —en competencia con su paisano M. Muñoz Barberán, que proponía a Ginés Pérez de Hita (La máscara de Tordesillas, Edit. Marte, Barcelona, 1969)— las investigaciones paternas; pero (hacia 1977) al leer en El pasajero las opiniones de Figueroa hacia Cervantes, cambió de candidato y concluyó en que él había de ser el autor no sólo del Quijote de Avellaneda, sino también de El buscón —no abandonando la teoría paterna— y de la novelita La tía fingida.

[10] Espín Rodrigo, E., El Quijote de Avellaneda fue obra del Doctor Cristóbal Suárez de Figueroa, Murcia, 1993 (publ. post.).

[11] En el orig. y eds. consultadas: ‘No’.

[12] Suele enmendarse ‘cáfila’, pero, atendiendo al contexto, creemos que Avellaneda se refiere a un cajetín de escritorio, de pequeña cabida.

[13] No se entienda ‘estilo’: se refiere a la lengua castellana, en comparación con las clásicas.

[14] En la Introducción a su ed. del Quijote de Avellaneda (Biblioteca Nueva, Madrid, 2000), en el apartado El ámbito ideológico de Alonso Fernández de Avellaneda.

[15] En la Introducción a su ed. del Quijote de Avellaneda (Espasa-Calpe, Madrid, 1972).

[16] SEGVNDA PARTE / DEL INGENIOSO / CAVALLERO DON / QVIXOTE DE LA / MANCHA. / Por Miguel de Ceruantes Saauedra, autor de su primera parte. / Dirigida a don Pedro Fernandez de Castro, Conde de Le- / mos, de Andrade, y de Villalua, Marques de Sarria, Gentil- / hombre de la Camara de su Magestad, Comendador de la / Encomienda de Peñafiel, y la Zarça de la Orden de Al- / cantara, Virrey, Gouernador, y Capitan General / del Reyno de Napoles, y Presidente del su- / premo Consejo de Italia. / Año [el mismo grabado que en la Primera Parte] 1615 / CON PRIVILEGIO, / En Madrid, Por Iuan de la Cuesta. / vendese en casa de Francisco de Robles, librero del Rey N.S.

[17] Entrambasaguas, J., Una guerra literaria del Siglo de Oro, Madrid, 1932.

[18] García Soriano, J., Los dos ‘don Quijote’, Toledo 1944, Cap. I-VI.

[19] Págs. 145-6.

[20] En la Introducción a su ed. del Quijote de Avellaneda, Castalia, 1971.

[21] Él mismo se califica, al inicio del libro, como ‘historiador no menos moderno que verdadero’.

[22] Stephen Gilman en su excelente libro Cervantes y Avellaneda; estudio de una imitación (México: Colegio de México, 1951), recurre varias veces a Figueroa (pp. 52-61) como ejemplo de la opinión del grupo ideológico en que sitúa a Avellaneda, incluso apunta su ‘pleito, en apariencia unilateral’ con Cervantes (p. 52). De no ser porque el investigador manifiesta desde el principio su convencimiento de que Avellaneda fue aragonés y eclesiástico (dominico, probablemente), el lector podría pensar que Gilman cree autor del Quijote apócrifo a Figueroa, ‘escritor profesional de escaso éxito’. Llega a decir lo siguiente: ‘Si se compara el retrato que hace Avellaneda de Cervantes con el que hace Suárez de Figueroa… la semejanza es sorprendente… Sea cual fuere la causa original del ataque a Cervantes, es ese opuesto humor al suyo lo que determina la relación entre ambos. Este conflicto, no sólo de personalidades sino también de visiones de la vida, tuvo extrañas consecuencias: por un lado la aparición misma de ese libro que, por ser de  opuesto humor, más que Quijote apócrifo debiera lla­marse Anti-Quijote; por el otro, una serie de alusiones directas a Cervantes’ (pp. 61-62).

[23] L. Gómez Canseco, en la Introducción (pág. 11) de su ed. del Quijote de Avellaneda.

[24] Wickersham Crawford, J. P., The life and works of … Figueroa, Philadelphia, 1907, traducido por N. Alonso Cortés, Valladolid 1911.

[25] Suárez de Figueroa, Cristóbal. El pasajero, Luis Sánchez, Madrid, 1617. Véase Vida y obras de… Figueroa, la trad. del libro de Wickersham que hizo N. Alonso Cortés, Imp. Colegio Santiago, Valladolid, 1911, cap. V, págs. 68-72.

[26] En Los ‘sinónomos voluntarios’: un reproche sin réplica posible, demostramos que a esto alude Avellaneda con aquel ‘hacer ostentación de sinónomos voluntarios’.

[27] En Historia de las ideas estéticas en España, II-X.

[28] Por las fechas en que Cervantes escribió ese episodio, Figueroa podría encontrarse en la imprenta madrileña de Luis Sánchez revisando las pruebas de su traducción de la Piazza universale. De los conflictos entre los autores y los oficiales de imprenta dice Figueroa: ‘Entre unos y otros suele haber no pocas diferencias y voces… Mas al cabo paran todas estas rencillas en mucha conformidad, satisfación y agradecimiento’ (Plaza universal, Discurso CXI).

[29] A esa argumentación de sus rivales replicaba orgullosamente Figueroa en el prólogo de sus Varias noticias (1621): ‘Me reconozco a mi patria deudor de copiosa cortesía…,  pues con el crecido interés que dellos [mis libros] ha resultado he podido entretenerme tantos años en sitio de tantas obligaciones como la Corte’.

[30] Muchos cervantistas conjeturan que la imprenta sería de la de los Cormellas, una de las ‘emprentas grandes’ de Barcelona. Y son varios (Astrana Marín, Espín Rael, Vindel…) los que opinan que la visita no es casual: Cervantes creía que en ella se imprimió (no en Tarragona por Felipe Roberto) el Quijote de Avellaneda. No obstante, según las palabras de don Quijote, el libro se está reimprimiendo en esa imprenta: no es la primera edición. A Cervantes le habría sido muy fácil (por medio de su protector el Cardenal Sandoval o alguno de sus ayudantes) averiguar, cuando menos, si el libro fue impreso por Felipe Roberto, y si eran verdaderas la Censura y Licencia de impresión. El Arzobispado de Tarragona era cliente de aquel impresor, a quien había cedido el local. Por cauce similar, también podría haber averiguado si alguien en Tordesillas conocía a aquel ‘licenciado Alonso Fernández de Avellaneda’. Es posible que en base a esas informaciones Cervantes esté denunciando que el libro llegó a Felipe Roberto a través de otro impresor (o librero).

[31] Las extensiones son (en miles de palabras, con redondeo): Amarilis, 53; Hechos, 110; Plaza universal, 269; El pasajero, 144; Varias noticias, 194; Pusílipo, 74.

[32] Hemos empleado la selección publicada en el num. 1577 de la Colección Austral en 1975, que supone 74000 palabras.

[33] Martín de Riquer (pág. 138) habla del tiempo transcurrido y de la distinta temática, lo que hace: ‘…que la prosa de Gerónimo de Passamonte forzosamente tenga que ser muy distinta y se exprese con léxico muy diferente cuando redacta su autobiografía que cuando escribe la novela’. Daniel Eisenberg, en Estudios cervantinos, Cervantes, Lope y Avellaneda, Sirmio, Barcelona, 1991, pág. 140: ‘Sólo podemos suponer que Passamonte recibió alguna educación literaria, que fue ayudado, y que lo escribió con esmero’.

[34] Dijimos entonces: ‘Quiza porque siempre se ha leído rectamente el prólogo de DQA [el Don Quijote de Avellaneda] sin dar en pensar que todo él es ironía y disimulo, quizá por dar excesivo crédito a los comentarios de Cervantes y buscar entre aragoneses, quizá por dar por sentado que Avellaneda fue clérigo, quizá por haber prestado excesiva atención a ‘sinónomos voluntarios’ y pequeños detalles, quizá por perder el tiempo con anagramas, Figueroa ha podido dormir en plácido incógnito el sueño eterno… Para cerrar el caso, la Crítica está en su derecho de exigir pruebas documentales: el contrato de impresión de DQA u otro tipo de documento contemporáneo suficientemente comprometedor. Nada que objetar, pero admítase que Cristóbal Suárez de Figueroa pasa a ser el principal sospechoso del llamado crimen de Avellaneda. Tenía antipatía a la víctima, se le ha encontrado la que pudo ser el arma utilizada, tiene antecedentes de aprovecharse de lo ajeno y se sospecha fue cómplice de otras malicias literarias’.

[35] Quizá Figueroa quiso desviar la atención hacia Vicente Espinel, y así lo expresamos: ‘quizá su malicia llego a tanto, que quiso (con aquel ‘ofender a mí’) cargar el muerto a otro… que quizá no fue (o no lo era entonces) tan amigo de Cervantes como pensamos’.

[36] La Crítica no ha dejado de observar que esos capítulos están fuera de lugar en el Quijote, al tiempo que notar la diferencia entre bucólicos pastores de mansas ovejuelas y rudos pastores de cerriles cabras.

[37] Por boca de un loco, algo inconcebible e intolerable para ‘Avellaneda’, en cuya mentalidad (como bien ha observado la Crítica) no cabía que un loco disertase lúcidamente y mereciese atención y aplauso.

[38] Creemos que a ello alude Figueroa al titular El testimonio vengado la comedia del cap. XXVII de su Quijote. Más de un crítico ve un reflejo de ‘Avellaneda’ en aquel empresario teatral que manipula a su gusto a don Quijote y Sancho.

[39] Ya hemos comentado que Figueroa fue editor de sus libros. El valenciano Mey mantenía buenas relaciones con el tarraconés Roberto y había estampado para Figueroa su segundo Pastor fido. En sus impresiones (en octavo) del Quijote cervantino empleó el mismo taco que adorna la portada del de Avellaneda (también en octavo).

[40] Cervantes parece haber leído la más reciente producción de Figueroa: Plaza universal de todas ciencias y artes.

[41] Quizá por faltarle Cervantes, Figueroa introdujo un pequeñísimo cambio en alguna de las reimpresiones de la España defendida: el que recibe la reprimenda pasó a llamarse ‘Lope Hernando’, como se lee en la ‘quinta impresión, por su autor reconocido, y de las erratas enmendado’ (Egidio Longo, Nápoles).

[42] Así calificó El pasajero Entrambasaguas, J., en Vida de Lope de Vega, Edit. Labor, Barcelona, 1936, Cap. XIII.

[43] Espejo de juventud, L’ Aurora, Residencia de talentos, Desvaríos de las edades, Olvidos de Príncipes. El primero de hacia 1600, los otros desde 1622 hasta su muerte.