Alcides alegórico: Máscara o mojiganga estudiantil por el triunfo de Felipe V en Villaviciosa (1710).*

                                                                                        

Julio ALONSO ASENJO

                                                                                         Universitat de València

 

I. ESTUDIO.

Supe del Alcides alegórico por el ejemplar conservado en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid [RAH] en un volumen facticio, sin título, de la Colección Ajofrín.[1] F. Aguilar Piñal pone un signo de interrogación después de 1711 como fecha de impresión del texto. Y hace bien, pues no sería el primer caso en que una Relación como ésta se publicara impresa antes de la "ejecución" (término técnico en la época) de la máscara, cuya preparación requería más tiempo que otros festejos.[2] Lo normal es que se publicara al poco de la celebración, que ocurrió en diciembre de 1710[3] y, por tanto, inmediatamente después de la victoria que se celebraba. Era generalizado el deseo de los organizadores de dar noticia de festejos especialmente pensados para celebrar acontecimientos vinculados a la familia real, a la iglesia o a ambas,[4] auténticos actos de propaganda político-religiosa; también lo era el de los posibles receptores, que censuraban la tardanza en la publicación[5]  y el de los libreros o editores, que tanto más seguro tenían el éxito de las ventas y expectación de ganancias cuanto más próxima estaba la publicación a la experiencia o noticia de la celebración. Así que, o a fines de diciembre, o muy a principios de 1711 debió de salir en Burgos de la imprenta de Juan de Biar o Viar.[6]

El Alcides alegórico, Máscara con Carro triunfal y Representación, "Idea" ejecutada por los estudiantes del Colegio Mayor de San Pablo, se enmarca en un conjunto de festejos ciudadanos para celebrar la victoria de las armas de Felipe V en Villaviciosa de Tajuña, el 10 de diciembre de 1710, al día siguiente de la batalla de Brihuega y al lado de esta localidad. Estas dos victorias,[7] junto con el abandono de la causa austracista por ingleses y holandeses en 1711, permitió a Felipe de Anjou reinar en España, y a sus súbditos de la Corona de Castilla y Reino de Navarra expresar su satisfacción, libres de un pretendiente inútil e impopular[8]. (Al contrario sucedió, como es sabido, a los valencianos, implicados en la contienda del lado del Archiduque, que sufrieron las consecuencias de la victoria del Borbón en Almansa, 1707, y, más aún a los catalanes, que, incluso sin esperanza de ayuda, ofrecieron una heroica resistencia a Felipe V hasta el 11 de setiembre de 1714, para evitar lo inevitable.) De tales festejos, bastante más sobrios que los que habían tenido lugar en la celebración del preñado de la reina del primogénito de Felipe V en 1707, nos informa sucintamente el impreso mencionado, pliego de 6 hojas, 4º, redonda, paginado, texto dispuesto a dos columnas, excepto la Portada y un Soneto (centrado en página 4), que se ofrece modernizado en puntuación y grafías. En la portada, enmarcados por una sencilla orla, tenemos el título (con tipos de tamaño decreciente), referencia a las circunstancias del festejo y texto, al autor, y pie de imprenta, como sigue:

 

"Alcides alegórico. Idea con que celebró la Escuela de Estudiantes del Colegio de San Pablo de esta ciudad de Burgos la feliz victoria que consiguieron las Armas de nuestro glorioso Monarca Don Felipe V el Animoso (que Dios guarde) de las Armas de los Aliados en los campos de Villaviciosa, en el día diez de Diciembre de el año de mil setecientos y diez.

Escribiole Don Francisco Antonio de Castro, Caballero del Orden de Alcántara, Gentilhombre de la Boca de su Majestad. [Al fin] Impreso en Burgos. En la imprenta de Juan de Biar."

 

El resto del pliego ofrece estos contenidos:

1. ROMANCE con que se dedica a Su Majestad este corto obsequio y se expresan los demás que se ejecutaron a tan glorioso triunfo, que empieza: «Glorioso español Alcides».[9]

2. SONETO: «Que Alcides copie el ánimo constante».

3. Máscara de Parejas, I-XXXI.

4. Carro triunfal, que cerró la Máscara de Parejas. Descripción y letras.

5. RepresentaciÓN para el Carro triunfal.[10]

 La organización de los elementos es clara y lógica. Primero se ofrece el marco de los festejos ciudadanos en que, tras el Soneto como pieza de transición, se incluye la descripción y textos de los espectáculos ofrecidos por el Colegio de San Pablo, que consta de las tres partes señaladas (3-5). La unidad del conjunto queda bien trabada por la común circunstancia de los hechos aludidos, por el estilo barroco culterano y tono grandilocuente y por la interrelación de los elementos. El Soneto enlaza con el Carro triunfal y con la Representación sobre el mismo, por la idea que lo preside (fama y aclamaciones de Felipe V como auténtico Alcides, del que el mítico es eco o reflejo); por la presencia destacada de la Orden de Predicadores en cada parte y en el conjunto: en el sermón de la Relación; en la mojiganga callejera que partiría de su Colegio y allá volvería; en el carro —presencia de la Religión, que lleva en la mano la cruz blanca y negra de la Orden de Predicadores; y en la representación: Religión y Mercurio, quien dice: "...en el alusivo objeto / de este culto, de la Escuela / sabiamente represento la Académica Asamblea / en Literario Congreso, / en que DOMINGO, ilustrando / sombra de ignorantes velos, / supo mejorar en BURGOS / los Atenienses Liceos, / a cuyo fin de Minerva / sacra apadrinado vengo" (vv. 104-114).

 Tanto la Relación propiamente dicha (un romance octosilábico) del conjunto de los festejos, como los textos de la Máscara, Carro y Representación son de D. Francisco Antonio de Castro y a él se atribuyen.[11] En realidad, el resumen de los festejos está en función de la publicación de la Idea, para darle sentido. También para que la Orden de Predicadores pudiera expresar su lealtad al Borbón, y a la ortodoxia católica, para cuya defensa la fundó Domingo de Guzmán y en lo que siempre destacó. Siempre la ideología o causa religiosa (o «factor Dios», que diría José Saramago) resultó útil para la propaganda política o justificación de guerras.

La "Escuela del Colegio Tomista de San Pablo", como no podía ser menos tratándose de dominicos, se unió a estos festejos. La Escuela del Colegio Mayor de San Pablo, Estudio General, Estudios Generales, con rango de universidad otorgado por Paulo IV, había sido en el pasado un centro prestigioso, donde se habían formado dominicos tan ilustres como Francisco de Vitoria. No parece normal que centro de tanto lustre careciera en ese momento de algún miembro versado en Retórica[12]. En todo caso, el autor de la Idea (invención o texto base de los espectáculos) y de la Relación de festejos fue el mencionado D. Francisco Antonio de Castro, regidor en el Cabildo municipal, institución responsable de los festejos, que, para darles mayor solemnidad, solicitaba la colaboración de instituciones públicas o privadas, en particular de las docentes. Como regidor de la ciudad y poeta, D. Francisco Antonio de Castro parecería la persona ideal para esta función, aunque no fuera natural de Burgos[13], especialmente si, a diferencia de lo sucedido en 1707[14], no pudieron contar con otras instituciones y fue ésta la manera de implicar (y con gran rapidez) por lo menos al Centro académico más importante.[15]

Burgos, como pedía el poeta en el Romance relatorio (v. 19s), clamó, apenas llegada la noticia, con los festejos habituales. Lo primero fue reunirse el Concejo: «congregó su Ilustre Acuerdo», cuyo primer pensamiento fue felicitar a la Reina, huéspeda que había sido de la ciudad en circunstancias aciagas[16], pues se trataba de «triunfos que en amor se emple[a]n»: hazañas a las que empuja el amor (vv. 29-36). Siguió el decreto de festejos adecuados y dignos, profanos y piadosos, como las acostumbradas luminarias y engalanamiento de balcones: así, «en tres sucesivas noches / envidió Febo el luciente / curso feliz de las luces, con que la sombra amanece, / siendo en tachonados brillos / cada balcón un oriente, / en cuyo cenit lucido / mejoró el sol rosicleres» (vv. 114-120). Y: «Llegaron a equivocarse / en primaveras alegres, / lo florido en los balcones / y lo apacible en el temple» (vv. 161-164). Se dispararon fuegos artificiales: «lucidas exhalaciones / al aire inflaman su ambiente» (v. 121s). Hubo reunión de la nobleza y clero para cantar un Te Deum, acompañado al órgano: «dulces ecos que suspenden / al compás armonïoso / de consonancias candentes» (vv. 63-65). Había precedido un improvisado sermón de campanillas: el orador, «un serafín inflamado (...) / de Domingo un sabio alumno, / coronista fue del noble / heroico aplauso» (v. 66ss).  El tema versó sobre la pureza de María, es decir, sobre la Inmaculada Concepción, relacionado lógicamente con la victoria celebrada, pues «es preciso triunfe un rey / que su pureza defiende» (v. 75s). El acto se celebró en San Gil: «de San Egidio el templo fue a tanto / asunto circo decente / y esfera capaz al noble / concurso que le guarnece» (vv. 85-88). Y, puesto que se trataba de una victoria obtenida por mariana protección, se cambió la advocación de la iglesia por la Santa María del Socorro.

A estos actos serios y piadosos, había de «suced[er] festivamente / el regocijo plausible / de la nobleza y la plebe» (v. 106ss): desfile en «militares escuadras» de la juventud ciudadana, que, «movida de su ferviente / lozano impulso.../ se ordenó lucidamente / y émula de Marte viste / la gala de sus arneses», para un vistoso alarde en un juego de cañas: «en trabada luz de opuestos / barallones, se acomete. / El marcial honor entonces / fue divertido sainete, / cambiando a blandos alientos / sus rigurosos destemples» (vv. 137-152). Y, al día siguiente, corrida de toros (¡en diciembre!): «hollando el circo de fieras / lunado la torva frente» (v. 155s). Finalmente, la Escuela de San Pablo «a estos debidos aplausos, / porque deudora no quede, / (...) buscó en Alcides / apoyo el más competente» (vv. 169-172). Y, como la relación va dirigida al Rey, prosigue:

 

              En él [Alcides], señor, te coteja,

              dando valerosamente

              fin a tanto escandaloso

              tirano monstruo rebelde   (vv. 173-176).

 

Es la "idea" que atraviesa toda la Máscara, como lo expresa el título (Alcides alegórico), el Soneto de enlace entre Relación-dedicatoria y Relación del Aplauso del Colegio de San Pablo, y todas las Parejas de la Máscara, como se lee en el mote[17] de la gigantilla que abre la marcha:

 

                                      Los que me vienen siguiendo

                                      en disfrazados ardides

                                          monstruos son que venció Alcides.

 

Son dos enanos, pero sin duda el mote incluye a todos los personajes grotescos de la comparsa, que no hacen sino proclamar hazañas de Hércules. La misma idea se resalta tanto en el Carro triunfal, que preside Alcides desde su trono, a quien trompetea la Fama, como en la Representación que él solemnemente cierra con endecasílabos heroicos, pendant de los rotundos versos del Soneto de obertura. Todos estos actos aparecen humildemente considerados por el regidor burgalés como «este rendido holocausto / de nativas sencilleces» (v. 40s). Que no son tales. Las muestras recogidas del tenor literal del romance (de)muestran rasgos de estilo añejamente barroco y, por ende, culterano. La presentación de otros elementos de espectáculo refuerzan estas huellas de época: amplio uso de los emblemas, más que decorativos con valor conceptual, y emblemas animados,[18] por «voluntad de dar cuerpo visible al mensaje» y predominio del ver[19], en Máscara y Carro; versificación del canto de la Fama, de las letras y motes; recurso a la mitología y entes abstractos; brillo de agudeza verbal y de conceptos que juegan con expresiones y frases hechas encajadas en contextos inesperados, o deshechas, descompuestas y siempre sorprendentes o equívocas: dueña / dueño; liga / cola; montar; volver de arriba abajo; hoz / guadaña; meterse de hoz y coz...

Así, pues, el Colegio de San Pablo ofreció un espectáculo público que consta de los tres elementos que constituyen los festejos de este tipo. A la juventud seglar, hijos de nobles, enderezada hacia las armas, le había correspondido el juego de toros y cañas («ha de haber toros y cañas»: infra, VIII Pareja), que, en este caso, ocupa por sí solo lo que suele fraccionarse en dos espectáculos: ése y la máscara o mascarada «con invención de vestidos y libreas» (D. Aut.) y a caballo. Si ésta es diurna, suele desembocar en juego de cañas.[20] Si nocturna, consistía en una ceremoniosa carrera de diferentes cuadrillas con hachones, haciendo demostraciones a caballo, que se denominaba también encamisada.[21] La juventud estudiosa, las Letras, presentan (aunque también podía haber sido del tipo anterior) lo que llaman Máscara: cuadrillas, comitivas o conjuntos de parejas de disfrazados, que desfilan por calles y plazas. Por sus disfraces, por el lugar donde los exhiben y por sus orígenes en el carnaval, se llama mojiganga (callejera o parateatral), antecesora y origen de la mojiganga dramática[22]. C. Buezo, que ofrece varias muestras de mojigangas estudiantiles, explica que el término «Máscara» es el preferido en el contexto estudiantil, porque en este marco se dispone de un desfile en parte jocoso y en parte grave, dependiendo de la naturaleza de cada cuadrilla o estudiantina.[23]  Máscaras o mojigangas de estudiantes han sido ya estudiadas y publicadas unas anteriores y otras posteriores a la que aquí se presenta[24]. La mojiganga callejera tuvo una gran acogida tanto por parte de la nobleza como en los centros de estudios desde el siglo XVI, conservando sus características durante más de dos siglos[25].

Pero la idea madre viene de mucho más atrás: desde las huellas de los locos de las Saturnalia que se recogen del Officium Pastorum a la festa  stultorum en las máscaras y disfraces de las cuadrillas o comparsas callejeras de las fiestas carnaval con sus trueques o baratas de identidades (disfraces) o funciones (los esclavos son libres, los criados o chicos del coro mandan sobre sus amos o reverendas autoridades: es el mundo al revés), a los que se podían añadir acciones vejatorias e inadmisibles (bromas, burlas, escarnios, engaños) y las correspondientes expresiones (insultos, pullas, injurias), gestualidad y movimientos descompuestos.[26]

Ya está consolidada la clasificación de estos espectáculos (mojigangas parateatrales) en función de la condición de los participantes y de los lugares de representación[27]. Pero la complejidad del fenómeno desborda en varios aspectos la ordenación simplificada que a veces se ofrece.[28] Como en ésta de Burgos, podemos encontrarnos con una mojiganga, máscara o mascarada estudiantil, que no tiene lugar en la sala de un colegio o universidad, sino en el espacio asignado, o a las de los gremios, o a las del vulgo («espacio urbanístico-popular»), pues es un espectáculo para toda una ciudad. Sobre un carro, sí, pero también podría haberse realizado la representación sobre tablado ad hoc en una o más plazas. Por lo demás, los personajes del desfile apenas se distinguen de los de las mojigangas gremiales o populares, con su séquito de disfrazados de animales, nacion[alidad]es, oficios, representantes de diversos defectos físicos.

La idea que preside el espectáculo es seria; los procedimientos de transmisión, ya jocosos, ya serios. Son serios en el Carro triunfal y en la Representación. Jocosos o grotescos en la Máscara de Parejas. Seriedad y jocosidad[29], sublime y ridículo o grotesco mezclados, como fruto de ese gusto barroco por el contraste y por lo abigarrado. Abre y cierra el cortejo Alcides / Filipo vencedor de monstruos. Solemnizan y aplauden paradójicamente dos enanos, pigmeos con alma de gigantes, a la altura de las titánicas gestas del rey (Pareja I). Recogen la idea las pullas finales contra los malos de la historia: portugueses, holandeses, alemanes e ingleses (P. XV-XXI), continuamente víctimas de la irrisión, por su afrentosa derrota (P. IV, IX, X, XI). Desfilan los personajes típicos de la mojiganga, carnavalesca en su origen: enanos, gallegos, negros, portugueses, dueñas, peregrinos...[30]; otros cosificados (P. III) o animalizados:[31] monos (P. XIII), águilas (P. XII); monstruos (dragones, P. XVI), o personajes de por sí monstruosos, como los salvajes (P. VII), o por mezcla de identidades irreconciliables: hombre y mujer, según se miren por delante o por detrás (P. XIV). Vemos también personajes representativos del mundo al revés carnavalesco: negros convertidos en alemanes (contraste de color y de valor: P. II); dos montados con las piernas arriba y la cabeza abajo (P. XIX). Y los inevitables locos y simples (P. V)[32]: lo normal es que uno se vuelva loco («vuélvase el más cuerdo loco»), o que se quede lelo, al ver la gloria del rey. Abundan los personajes ridículos: astrólogos, viejas, dueña y rodrigón, portugueses finchados. Y quien organizó las parejas no se olvidó ni de los espectadores de la ciudad de Burgos (por lo que habrá referencias a sus monumentos, como el Hospital del Rey), a elementos de su acervo festivo popular (gigantilla), o de su realidad: temporeros ("agosteros") gallegos en tiempo de siega, o tontilocos típico-tópicos de la ciudad o su entorno (Loca de Quintanavides, simple Andresiquis).

El segundo elemento de la Máscara es el Carro triunfal, heredero de la escenografía móvil utilizada, como las arquitecturas efímeras, desde la Edad Media en las invenciones de los fastos (Recibimientos o Entradas reales o de grandes personajes) y posteriormente en celebraciones espectaculares religiosas o dentro del ámbito público o cortesano.[33] Podemos hacernos una idea muy precisa de cómo era este carro, si nos acercamos a los conocidos de espectáculos similares estudiantiles, valencianos [1662] y sevillanos [1742].[34] El carro de Burgos, dispuesto como se describe en el texto (v. infra), constituye una construcción efímera y móvil y funciona como soporte de un conjunto de emblemas animados (como los de la Máscara de parejas); pero, al tratarse de unos personajes en reposo, presentan mayor cercanía a los emblemas de las decoraciones o construcciones barrocas efímeras, fueran éstas invenciones, castillos, túmulos, arcos... Constarán estos emblemas (que también se llamaban jeroglíficos o empresas),[35] de tres partes fundamentales: 1) mote o lema en latín colocado en la indumentaria, en alguno de los elementos del mobiliario (trono), utilería (cruz, caduceo); arriba o abajo de la 2) figura o imagen, encarnada por los personajes con sus atributos, y 3) epigrama  o letra, que ofrece la glosa o texto explicativo, escrito en carteles, justo debajo del mote o a los pies del personaje (subscriptio). Otras posibilidades de colocación o expresión de la glosa (tira, o proclama a voces) no parecen haberse utilizado en esta ocasión. Pero lo más destacable en este conjunto es la presencia de lemas latinos, tomados en su mayoría de autores clásicos, de los universalmente conocidos o de otros más raros y curiosos (demostración de excelente formación clásica del autor) y la presencia y predominio de figuras mitológicas (comunes en este tipo de máscaras), todo lo cual nos remite a los círculos cultos de que procede, como un Estudio General, que imprimirá su carácter en las tres partes: P. VII de la Máscara; lema latino de los emblemas y personajes de la mitología clásica del Carro; estructura de disputatio en el texto recitado. Propios de un ámbito culto y específicamente religioso son también los personajes Religión y Castilla y sus emblemas: Fe y Patria, doctrina intemporal y magisterio ejemplar de la Historia, disciplinas cultivadas en Academias y Universidades. Pero las señas son muy directas: resalte de los herejes en la Máscara; la Religión en el Carro y las matizaciones en la Representación. Así, no se trata de una religión cualquiera, sino de la Religión Católica, por una parte, representada por la Orden de Predicadores, de la que aparece el atributo (la cruz blanquinegra) y un lema (Nil nisi de Sancta Religione): la más acrisolada religión en el sentido de orden religiosa, la de Predicadores, perseguidores o perdigueros (domini-canes) implacables de la herejía, como encomenderos de la Inquisición. La verdadera y auténtica Religión (en cualquiera de sus sentidos) que defiende Alcides o a Alcides, con igualdad de objetivos, pues el principal cuidado de Alcides «fue exterminar el soberbio / carácter de la herejía» (Representación, vv. 202s). Está claro: se trata de la Escuela del Colegio de San Pablo.

Finalmente, la Representación no hace sino remachar y dar realce con la acción, el gesto y el canto, incluso coral, al mensaje presentado en máscaras y emblemas. Coreado por todos un vítor inicial (v. 35s) en respuesta a la letra de obertura [apóstrofe] que canta «fiel coronista» la Fama (vv. 1-34), se repetirá cuando, tras una rueda de expresión singular de la unanimidad (celebre, aclame, aplauda, inspire, publique, solemnice, dicen uno tras otro), todos los actores renueven su entusiasmo (vv. 51s). Y, de nuevo, cuando, como cierre, se asocian los actores a la Fama en un trueno sonoro, coreando el estribillo de su letra en respuesta a la invitación del mítico Alcides («el Alcides Filipo viva eterno» —v. 340).

Tal es el marco de la representación, que, con muestra de ingenio y decoro, asume la forma de una quæstio, disputa o disputatio escolástica (como era habitual en el aprendizaje de Artes, Filosofía y Teología en las instituciones docentes): se disputa y argumenta sobre a quién compete o quién es el más competente en el excelso honor de exaltar los triunfos de Alcides. ¿Serán las Letras o las Armas? ¿Mercurio o Marte? ¿Minerva o Belona? ¿La Religión o Burgos / Castilla? Mercurio reclama «el expresivo concepto» para sí, acompañado de Minerva, por ser él «fecunda / deidad del entendimiento» (v. 53-60). Lo ataja Marte, que mayor razón le asiste, pues solo él «podrá delinear los rasgos / que pautó su honor sangriento» (v. 75s). Paradójico es el razonar seguido de Mercurio, que no quiere «se convierta en cuestión / de nuestro asunto el empeño» (vv. 77s), cuando ya ha sucedido con su redargüir, que se plasma en los siguientes argumentos: 1º) la entraña del imperio del auténtico Alcides es su suave imperio sobre almas: sus triunfos bélicos son realmente «alegoría» (v. 90) o «alusivo concepto» (v. 88) de aquel dominio; 2º) él es la «volante Deidad» y «alado nuncio que aviso / al orbe faustos sucesos» (vv. 97. 101s); 3º) apadrinado por Minerva, él es el más adecuado representante de la insuperable Institución académica a que se refieren los vv. 103-113. Tercia Minerva, primero, quien, como síntesis de Armas y Letras, también podría reivindicar preeminencia «pues soy Minerva, si arguyo, / y Belona, si peleo» (v.129s).[36] En cualquier caso, cese la lid. Es ruego al que se suma Belona, que es «Hermatena» (por sumar o identificarse con Hermes / Mercurio y Atenea / Minerva en cuanto a su ciencia o sabiduría – vv. 153ss). Marte dirá a Mercurio que no era su intención pelear sino «inquirir / a la razón fundamentos» (v. 161s) y, puesto que es la Escuela quien organiza «tan venerado festejo, / ceda el valor al influjo / süave de tus preceptos» (vv. 164-166). Mercurio propone que Religión y Castilla se expresen, como partes directamente implicadas en este pleito. Nada puedo objetar a ello, dice Marte. Únicamente, sugiere que Mercurio repare un descuido, distinguiendo entre la «religión en común» y la «singular religión» de Santo Domingo. por su. Razona Religión que, aunque su figura represente la de Domingo, religión de máximo acrisolamiento ortodoxo, de todos modos abarca toda religión o religión por antonomasia. De lo cual convencidos los otros representantes, a su insignia inicial (la cruz blanca y negra de la Orden de Predicadores) añade Minerva la oliva verde; la espada, Belona; Mercurio, su caduceo.[37] Ya sólo falta, dice Marte, que Burgos, como cabeza que es de Castilla, y ésta de todos los reinos, celebre el triunfo. Castilla, caracterizada con el blasón de su cabeza, da satisfacción al dios y se expresa en plural «por el dominio universo / del sacro Alcides de España, / glorioso Príncipe nuestro» (v. 268-270 —donde el último verso es el segundo del pareado vítor inicial). Pero, dice Castilla con su reconocida sobriedad, «realidad tan notoria / la aclama el mismo silencio» (v. 257s). Entonces Marte, que, según vamos viendo, lleva el hilo del discurso argumentativo, invita a Mercurio a explayarse. Pero, ¡oh sorpresa!, el mismo Alcides corta en seco su intención, pues nadie mejor que él, Hércules hazañoso, para reconocer los méritos de Alcides, del auténtico Alcides Filipo, del que dice «copio el fiel reflejo, / que en noble emulación de sus hazañas, / mis triunfos de sus triunfos son el eco» (vv. 282-284), como la primera Eva de la segunda, María, en el pensamiento teológico de la época. Y borda este pensamiento en un parlamento de 62 solemnes versos. Conoce sus propios trabajos: ¿quién mejor que él? Y enumera y valora los del Alcides Filipo: ¡ni punto de comparación! ¿Qué es la victoria sobre monstruos como la hidra de Lerna, el león taumasco o el nemeo, al lado de aquélla contra los «sacrílegos monstruos más soberbios» (v. 320), de la «monstruosa alianza que vertía / mortal cicuta de infernal veneno» (v. 323s). Si por aquello él mereció «urna feliz, sagrado mausoleo» (v. 334), «mejor pira construyen a Filipo / llamas inmateriales de los pechos» (vv. 335-336). Vibren, pues, los afectos en regocijo: ¡Viva Filipo! Y todos a una con la Fama responden: Cantemos al señor que en las alturas/ venció de Alcarria al enemigo fiero...

 

II. TEXTOS.

 


ALCIDES ALEGÓRICO.

 Idea con que celebró la Escuela de estudiantes del Colegio de San Pablo de esta ciudad de Burgos la feliz victoria que consiguieron las armas de nuestro glorioso monarca don Felipe Quinto el Animoso (que Dios guarde) de las Armas de los Aliados en los Campos de Villaviciosa, en el día diez de Diciembre de el año 1710.

 

Escribiole don Francisco Antonio de Castro, Caballero del Orden de Alcántara, Gentilhombre de la Boca de Su Majestad.     Impreso en Burgos. En la imprenta de Juan de Biar [Viar].

 


ROMANCE

con que se dedica a Su Majestad este corto obsequio y se expresan los demás que se ejecutaron a tan glorioso triunfo:

Glorioso español Alcides,
en cuyas heroicas sienes
la hereditaria corona
de adquiridas glorias tejes,
fiel coronista, la Fama
imprima en las siempre verdes
hojas tus triunfos, haciendo
voluntades los laureles.
Suavice Dafne en tu aplauso
las virentes esquiveces,
siendo amantes expresiones
sus inmutables desdenes.
Sea el orbe oro inflamado
en cuyos cóncavos ejes
tus siempre gloriosos timbres
dichosamente resuenen.
Y, porque su vago espacio
fieles acentos alterne,
clame Burgos, porque así
se califiquen de fieles.
Apenas, señor, los triunfos
de tus victoriosas huestes
oyó Burgos, cuando el modo
de celebrarlos previene.
Congregó su Ilustre Acuerdo;
y, como discreta siempre,
la anciana Cabeza entonces
dio el acuerdo más prudente.
Consideró que a tu esposa
justamente pertenecen
triunfos que tu amor consigue,
triunfos que en su amor se empleen.
A tu esposa, pues, dedica
con expresiones corteses,
el primer afecto noble





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que tanto triunfo la acuerde.
Como primero, atendieron
sus leales intereses
este rendido holocausto
de rendidas sencilleces.
¿Pero qué mucho, si supo
Burgos ser seguro albergue
en los primeros embates
de los marciales vaivenes?
Después del cortés tributo,
la piadosa voz resuelve
que a la divina Belona
votivas ansias se expresen,
cuando en la célebre octava
de sus puras candideces
rendían anuales cultos
los afectos burgaleses.
La acción de gracias destinan
al congregado, solemne,
festivo circo, que en nobles
piedades su furor enciende.
Allí tan leal congreso
fue venerado dos veces,
pues añadió a lo piadoso
su autoridad reverente.
El Himno ambrosiano
[38] entonan
dulces ecos que suspenden
al compás armonïoso
de consonancias candentes.
Un serafín inflamado
fue el orador, a quien debe
lo improviso admiraciones
de prevención elocuente.
De María a la pureza
supo combinar de suerte
tu heroico triunfo que hizo
preciso el blasón que adquieres.
Pero ¿qué mucho si, cuando
su honor se venera indemne,
es preciso triunfe un Rey
que su pureza defiende?
Demostración tan piadosa
fue un ejemplar, cuyas leyes
todo el congregado clero.
sigue como que obedece
Mas ¿qué mucho si Castilla
católicamente emprende
ser ejemplar venerable
en la atención de sus Reyes?
De Egidio
[39] el templo fue a tanto
asunto circo decente
y esfera capaz al noble
concurso que le guarnece.
A María se dedica
con el renombre celeste
del Socorro, que en tal triunfo
le hizo su auxilio evidente.
De Domingo un sabio alumno
[40]
(en fácil expresión breve)
coronista fue del noble
heroico aplauso que adquiere,
pero solo su talento
pudiera gloriosamente
ser digno panegirista
de triunfos que te competen.
Parecía que inventara
la aplicación excelente,
con que hizo de la Escritura
literales caracteres.
A tanto votivo obsequio
sucedió festivamente
el regocijo plausible
de la nobleza y la plebe.





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No hubo corazón en donde
no resonasen alegres
festividades leales
que el puro deseo divierte.
En tres sucesivas noches
envidió Febo el luciente
curso feliz de las luces,
con que la sombra amanece,
siendo en tachonados brillos
cada balcón un oriente,
en cuyo cenit lucido
mejoró el sol rosicleres.
[41]
Lucidas exhalaciones
del aire inflaman su ambiente
y la incombustible esfera
en ardores se convierte.
Con caracteres de luces,
idioma que amor entiende,
se explicó el afecto en frase
de sus deseos ardientes.
El júbilo era delirio
y la más modesta serie
en gozosos frenesíes
conmutó sus madureces.
Mas ¿qué mucho si era justo
que en tan leales placeres
el mesurado artificio
cediese a finos deleites?
La juventud ciudadana,
movida de su ferviente,
lozano impulso, a su genio
contempló las altiveces.
En militares escuadras
[42]
se ordenó lucidamente
y, émula de Marte, viste
la gala de sus arneses.
De infantes y de caballos
el cierzo puebla y, al verse,
en trabada luz de opuestos
barallones se acomete.
El marcial horror entonces
fue divertido sainete,
al ver que en las bizarrías
se compiten y se vencen.
Después del vistoso alarde,
al siguiente día se ofrece,


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hollando el circo de fieras
lunado la corva frente.
[43]
Jamás en Burgos se ha visto
tan cortesano diciembre,
cambiando a blandos alientos
sus rigurosos destemples.
Llegaron a equivocarse,
en primaveras alegres,
lo florido en los balcones
y lo apacible en el temple.
Todo fue serenidades,
sin que contrario accidente
en tanto alegre alborozo
bastarda impresión hiciese.
A estos debidos aplausos,
porque deudora no quede,
la Escuela buscó en Alcides

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apoyo el más competente.
En él, señor, te coteja,
dando valerosamente
fin a tanto escandaloso
tirano monstruo rebelde.
De tu vencedora clava
esgrime el filo eminente
que hasta hoy toleró constante
osadías tan crueles.
Vence, destruye, extermina
el bárbaro osado fuerte
tenaz impulso, que intenta
a tus triunfos oponerse.
Y, porque venere el orbe
con el cotejo presente
tus glorias en las de Alcides,
así a Alcides te pareces.

 

SONETO

Que Alcides copie el ánimo constante
del Alcides Filipo es un bosquejo
que en la naturaleza del cotejo
unió todo el primor de semejante.
Alcides de Filipo es copia amante;
es Filipo de Alcides fiel espejo,
en cuyo fino natural reflejo
dos almas se vistieron de un semblante.
Triunfa Alcides, venciendo su fatiga,
horribles monstruos, bárbaros ardides
de insidiosa crueldad, saña enemiga.
Triunfa Filipo y, para que en sus lides
su triunfo del de Alcides no desdiga,
venciendo monstruos se acredita Alcides.




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MÁSCARA de Parejas.

 

I Pareja.  Era una gigantilla con un estandarte, cuyos cabos llevaban dos enanos y en el estandarte este mote:

 

                             Los que me vienen siguiendo

                             en disfrazados ardides

                             monstruos son que venció Alcides.

 

Cada enano llevaba en la espalda este mote:

 

    1. Enano:           Quando a mi Rey solemnizo

                             aunque me veis tan pigmeo

                             soy gigante en el deseo.

 

    2. Enano:           Para aplaudir a mi rey

                             tiene mi triste figura

                             en el alma la estatura.

 

II Pareja: Eran dos negros, vestidos a lo militar, con pelucas rubias, y estos motes:

 

    1. Negro:           Como a un negro me ha tratado

                             de las guerras el afán,

                             que antes era un alemán.

 

    2. Negro:           Contra Filipo hice guerra

                             y a ser un negro me estanco

                             sólo porque tiré al blanco.

 

III. Pareja: Eran dos figuras que imitaban cada una un rábano, con estos motes:

 

    1. Rábano:         Querer conquistar a España

                             fue tomar con mil congojas

                             el rábano por las hojas.

 

    2. Rábano:         Al iris sus tres colores

                             copio y, si acabo la guerra

                             ya soy iris de la tierra.

 

IV. PAREJA: Dos cazadores con galgos y arcabuces y alguna caza en la pretina, y estos motes:

 

    1. Cazador:       Pues huyen los enemigos

                             seguirlos mi industria traza,

                             porque les voy dando caza.

 

    1. Cazador:       Suelta el lebrel y a la fuga

                             ignominiosa acudamos,

                             pues corren como unos gamos.

 

V. PAREJA: Dos figuras, que la una imitaba Magdalena, la loca de Quintanavides[44], y la otra a lo simple de And[re]siquis[45], con estos motes:

 

    1. Magdalena:    Hoy por su rey pierde el juicio

                             Magdalena y, si esto es poco,

                             vuélvase el más cuerdo loco.

 

    2. Andresiquis:   Andresiquis con la gloria

                             de su Rey está hecho un lelo,

                             porque la vio allá en el cielo.

 

VI. PAREJA: Dos astrólogos con ropas y bonetes, el uno globo y compás, y el otro un compás y una corona, y estos motes:

 

    1. Astrólogo:     Hoy mira mi observación

                             en estrellas infinitas

                             cosas que no están escritas.

 

    2. Astrólogo:     De Filipo en la corona

                             hoy contempla mi desvelo

                             todo el influjo del cielo.

 

VII. PAREJA: Dos salvajes con vades [carpetas] en la pretina y libros en las manos, y estos motes:

 

    1. Salvaje:         La casta de los salvajes

                             tanto por el mundo vuela,

                             que aun no se libra la Escuela.

 

    2. Salvaje:         Muchos años ha que estudio

                             con ser salvaje de oficio

                             para un simple beneficio.

 

VIII. PAREJA: Dos toreadores de golilla con sus penachos y garrochones y lacayuelos a pie, y estos motes:

 

    1. Toreador:      Si Filipo continúa

                             sus valerosas hazañas

                             ha de haber toros y cañas.

 

    2. Toreador:      En el festejo que a Burgos

                             dichosamente divierte

                             me tocó una buena suerte.

 

IX. PAREJA: Una dueña muy afligida y un rodrigón[46] de golilla ridículo alumbrándola con un lampión [farol], y estos motes:

 

    Dueña:               Corrida como una dueña

                             quedo, cuando fue mi empeño

                             ser de todo el mundo dueño.

 

    Rodrigón:          Mi desengaño te alumbre

                             viendo que en tan tristes señas

                             quedaste cual digan dueñas.

 

X. PAREJA: Dos muchachos con jaulas de reclamo y varetas de liga, como que iban a caza de pájaros, y estos motes:

 

1. Muchacho:        Mala caza hemos echado;

                             en balde es nuestra fatiga,

                             porque no pega la liga.

 

2. Muchacho:        La liga se ha vuelto cola

                             que, en la pasada refriega,

                             toda España nos la pega.

 

XI. PAREJA: Un peregrino y una peregrina con botas grandes en lugar de calabazas, y estos motes:

 

    Peregrino:          Tan afecto a mi Rey soy

                             que, para brindar con ley,

                             voy al Hospital del Rey.[47]

 

    Peregrina:          A la salud de mi Rey

                             brindaré, pues peregrino

                             hacia la tierra del vino.

 

XII. PAREJA: Dos figuras que imitaban dos águilas, con estos motes:

 

    1. Águila:           Aunque al sol tiré mis vuelos,

                             ya no ve mi diligencia

                             ni aun la luna de Valencia.

 

    2. Águila :          Volando voy hacia el sol

                             y sus ardores tem[p]lando[48].

                             también me vuelvo volando.

 

XIII. PAREJA: Dos figuras que imitaban dos monos, con estos motes:

 

    1. Mono:           Las águilas voy siguiendo

                             para librarme de enconos,

                             como han hecho muchos monos.

 

    2. Mono:           Quise seguir lo que muchos

                             y, al ver al sol en el trono

                             ya me pesa de ser mono.

 

XIV. PAREJA: Dos figuras por delante mujeres y por detrás hombres, con estos motes:

 

    1. Figura:           Los que siguen esta danza

                             y otros muchos que verás

                             somos hombres hacia atrás.

 

    2. Figura:           Según se ha puesto ya el mundo

                             y van las cosas de claras,

                             poco sirve haber dos caras.

 

XV. PAREJA: Dos viejas ridículas hilando, con estos motes:

 

    1. Vieja:            Si se prosigue el hilado

                             conforme el dueño lo manda,

                             ha de valer más que Holanda.

 

    2. Vieja:            Descubierta ya la hilaza

                             de los enemigos yerros,

                             no vendrán por nuestros cerros.

XVI. PAREJA: Dos dragones muy horribles y en las garras alfanjes, con estos motes:

 

    1. Dragón:         A hacer primeros papeles

                             vienen en este festejo

                             dos dragones de Vallejo.[49]

 

    2. Dragón:         De alemanes fui terror,

                             que españoles corazones

                             no se espantan con dragones.

 

XVII. PAREJA: Un gallego y una gallega de segadores con hoces en las manos[50], y estos motes:

 

    Gallego:             Mi hoz ha de ser guadaña,

                             puesto que los enemigos

                             echaron por esos trigos.

                                  

    Gallega:             Siendo gallega, no extrañen

                             que de este triunfo a la voz

                             me meta de hoz y coz.

 

XVIII. PAREJA: Dos portugueses, con estos motes:

 

    1. Portugués:     Aunque portugués finchado,[51]

                             si Castela se emberrincha

                             se me quitará la hincha.

 

    2. Portugués:     Con semejantes panzadas

                             serán en muy pocos meses

                             castejaos os portugueses.

 

XIX. PAREJA: Dos que figuraban ir montados al revés con las piernas arriba y la cabeza abajo[52], y estos motes:

 

    1. Figura:           De una batalla perdida

                             infiera nuestro interés

                             lo que monta hoy al revés.

 

    2. Figura:           Toda la gloria adquirida

                             del enemigo trabajo

                             se ha vuelto de arriba a abajo.

 

XX. PAREJA: Dos figuras con vestidos de color y corbatas atrás y adelante y en las más partes del cuerpo, y una golilla en la mano y el uno con la casaca vueltas al revés, y estos motes:

 

    1. Figura:           Ya la afectada golilla,

                             cortesana patarata,[53]

                             se volvió eterna corbata.

 

    2. Figura:           La golilla me ajustaron

                             en la pasada resaca:

                             fuéronse y volví casaca.

 

XXI. PAREJA: Cerraban la tropa dos enlutados con gualdrapas hasta el suelo[54], con estos motes:

 

    1. Enlutado:       Mi luto es celebridad

                             de los triunfos que venero,

                             pues le traigo por Lutero.

 

    2. Enlutado:       Mi bayeta, previniendo

                             el suceso de esta guerra,

                             se tejió en Ingalaterra.

 

FIN DE LA MÁSCARA.

 

Siguiose un  Carro Triunfal, en que estaba colocado en lo superior Alcides con la clava y piel de león vestida, sentado en un trono y adornado de varios trofeos militares, y en lo superior del trono esta letra latina:

 

Hispanum Alcidem,

totum qui terruit orbem.[55]

 

Y debajo de ella esta castellana:

 

                                      Sólo al español Alcides,

                                      que fue del orbe terror,

                                      debió España tanto honor.

 

A su lado estaba la Religión, con corona y manto real y en la mano una cruz blanca y negra de la Inquisición, y encima esta letra latina:

 

                                      Nil nisi de Sancta Religione [56]

 

Y debajo de ella esta castellana:

 

                                      La Fe y Religión me inflama

                                      que, en mi fervoroso anhelo,

                                      nada alienta sino el zelo.

 

Al lado izquierdo estaba Castilla, representada en un anciano coronado de castillos, en la misma forma que las Armas de la ciudad [de Burgos], y encima esta letra latina:

 

                          Inter laurigeros aluerunt castra triumphos.[57]

 

Y debajo esta castellana:

 

                                      Los castellanos blasones

                                      se alimentaron fieles

                                      de siempre eternos laureles.

 

Al lado derecho, en lo inferior del carro, estaba Marte, armado bizarramente, y a su lado Belona, también bizarra y armada, y tendrá Marte a los pies esta letra latina:

 

              Iam simul audacis veniunt certamina Martis.[58]

 

Y debajo esta castellana:

 

                                      Con ventajosos excesos,

                                      en Filipo se reparte

                                      toda la gloria de Marte.

 

   A los pies de Belona estaba esta letra latina:

 

   Sanguinea excurrit Bellona utrumque per agmen.[59]

 

   Y debajo esta castellana:

 

                                      Ya la sangrienta Belona

                                      matiza[60] rojos blasones

                                      en todos los escuadrones.       

   .

Al lado izquierdo, en lo inferior del carro, estaba Mercurio con el capacete y talare[s] con alas y en la mano el caduceo, y esta letra:

 

                                      Arcadiu[s][61]peragit cœlica iussa Deus.

 

   Y debajo esta castellana:

 

                                      Con elegante facundia,

                                      celestial embajador,

                                      plaudo el triunfo mayor.

 

Al lado de Mercurio estaba Minerva con un libro en una mano y un ramo de oliva en la otra, y esta letra latina debajo:

 

                                      Inspiret radios docta Minerva suos.[62]

 

Y debajo esta castellana:

 

                                      La Escuela, luz de las ciencias,

                                      de Minerva inspiración,

                                      aplaude tanto blasón.

 

A los pies de Alcides estaba la Fama con un clarín en la mano y a los pies esta letra:

 

                                      Fama celer toto victorem sparserat orbe.[63]

 

Y debajo esta castellana:

 

                                      Siempre vencedor Filipo

                                      por todo el orbe te aclama

                                      la eternidad de la Fama.

 

 

 

REPRESENTACIÓN

para el Carro triunfal que cerró la Máscara de Parejas, que ejecutó la Escuela del Colegio de San Pablo de esta ciudad de Burgos.

 


   Personas que representan:

Alcides                Marte

Mercurio             Belona

Minerva              La Religión

La Fama              Castilla

 

Da principio la Fama cantando esta letra:

 


























Venga a noticia del orbe
el triunfo mayor
del Alcides guerrero,
de cuyos gloriosos marciales blasones,
la voz de la Fama                         
que fiel los aclama,
apenas es eco.
Venga [a] noticia [del orbe
el triunfo mayor
del Alcides guerrero].   
             


   Hoy el español Alcides,
a quien viene el orbe estrecho,
hace que la Fama extienda
su nombre feliz en la esfera del viento
   Con la gloria de sus triunfos   
conquista mejor imperio,
pues reina en los corazones
esfera más pura de amantes incendios.
   La opresión en que yacía
el español hemisferio                 
ya es seguridad felice
dando a la osadía fatal escarmiento.
   Las sediciones rebeldes
del enemigo despecho
se erigieron para triunfo,            
tejiendo a sus sienes laureles perpetuos.
   Aliente seguridades
el oprimir el desvelo,
que al brazo de tanto Alcides
es fácil blasón el mayor vencimiento. 

Y pues a tantos aplausos
es corta esfera el deseo,
sea el templo de la Fama
a héroe tan digno el más digno templo.

 

 

 

 

 

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En acabando esta letra la Fama, repiten

 

Todos:

¡Viva el español Alcides,                      
glorioso Príncipe nuestro!

 

Marte:

¡Celebre tus triunfos Marte!

 

Belona:

¡Belona le aclame eterno!

 

Mercurio:

¡Mercurio influya en su aplauso!

 

Minerva:

¡Minerva inspire en su aliento!            

 

Castilla:

Castilla, como quien logra
ilustrar antiguos fueros
de su nativa lealtad,
publique su triunfo excelso.

 

Religión:

La Religión, que interesa                     
en sus triunfos sus aumentos,
solemnice con el culto
la víctima del obsequio,
publicando con acordes
voces en fieles acentos.                        

 

Todos:

¡Viva el español Alcides,
glorioso Príncipe nuestro!

 

Mercurio:

Viva y, pues que de sus triunfos
el expresivo concepto
toca a Mercurio, fecunda                      
deidad del entendimiento,
a cuyo intento Minerva
(parto feliz del cerebro
de Júpiter) me acompaña,
así en tu aplauso comienzo.                 

 

Marte:

Suspende, Mercurio, el logro
que intentas, no porque quiero
que los aplausos de Alcides
se interrumpan, pues es cierto
que héroe tan grande de todo               
el Olimpo es digno objeto,
sino porque, si de Alcides
se celebran los trofeos
que en militares blasones
son de mi deidad portento,                   
solamente a mí me toca
el siempre heroico bosquejo
de sus soberanos triunfos,
pues solo Marte guerrero
podrá delinear los rasgos                      
que pautó su honor sangriento.

 

Mercurio:

No se convierta en cuestión
de nuestro asunto el empeño,
y más cuando a la de todos
mi noble razón prefiero:                       
el Alcides que hoy venera
el reverente respeto
de nuestra atención, el Quinto
Filipo, es monarca excelso
que el imperio de las almas                  
domina con dulce imperio.
En Alcides, pues, se expresa,
el alusivo concepto
de sus triunfos, en que pudo
la alegoría hacer cierto                         
el concepto fabuloso
con lo real de su puesto;
y, en cuanto a que aplauda yo
los militares estruendos
que el eco del orbe inflaman                 
no es de extrañar, porque, siendo
yo la volante deidad,
que en siempre círculo eterno
de las etéreas esferas
los vagos espacios vuelo,                   
y alado nuncio que aviso
al orbe faustos sucesos,
a mí me toca; además
que, en el alusivo objeto
de este culto, de la Escuela                 
sabiamente represento
la Académica Asamblea,
en Literario Congreso,
en que Domingo, ilustrando
sombra de ignorantes velos,               
supo mejorar en Burgos
los atenienses liceos,
a cuyo fin de Minerva
sacra apadrinado vengo.

 

Minerva:

Así es y, pues se sabe,                        
que hermanadas se avinieron
armas y letras en tantos
autorizados ejemplos,
como lee la memoria
en el volumen del tiempo,                  
pues se vieron convenir
en reactivos respetos
las máximas del valor
y la lid del argumento;
y, puesto que sabes, Marte,                
que sólo me diferencio
en los nombres para dar
distinción a los efectos,
pues soy Minerva si arguyo,
y Belona si peleo:                                
cese la lid, que ha de parar
al fin de un glorioso intento.

 

Belona:

Lid que a unión mayor aspira
compone aquestos extremos
y, siendo cierto que somos                 
las dos un mismo supuesto,
pues el nombre de Belona
fue en mí marcial epiteto
[64]
por inventora del arco
(que así en el idioma griego               
se apellida), cuyo duro,
siempre fatal instrumento,
por diosa de las batallas
me distinguió en los reencuentros,
siendo el nombre de Minerva             
el nativo cognomento
de mi deidad, cuando Jove
me engendró en su entendimiento
para tutelar deidad
de la ciencia y el ingenio;                   
y, aunque, como bien sabe
la aplicación el discreto,
que Hermatena me llamaron,
significando con esto
la identidad con Mercurio                   
en la ciencia, presidiendo
los atenienses gimnasios,
dando vida al argumento,
pues siendo así, ceda toda
la lid a unidos convenios.                   

 

Marte:

No es oponerme inquirir
a la razón fundamentos;
y, pues hoy la Escuela erige
tan venerado festejo,
ceda el valor al influjo                        
süave de tus preceptos.

 

Mercurio:

Pues en la suposición
de que ya auxiliar te tengo,
digo que la Religión,
interesada en los fueros                      
de inmunidad que hoy le debe
al hispano Alcide nuestro,
con Castilla a tanto fin
concurre.

 

Marte:

                                Ten el acento,
que no ha de quedar pendiente           
objeción al que indiscreto
quisiere con la censura
deslucir tanto cortejo:
que la religión inflame
de Alcides el noble pecho                  
es católica experiencia
de la piedad de su celo;
pero, si a la Religión
sus sacras señas atiendo,
mal puede la antonomasia                  
ceñir los extensos fueros
a particulares señas,
pues el cruzado diseño
que de la sacra familia
de Domingo es timbre excelso           
su singular religión
explica, mas no el compuesto
de religión en común,
que es de tu idea el empeño.

 

Religión:

A esa objeción responder                   
con la solución pretendo:
en el católico Alcides
Filipo el ardiente empleo
de su celo es la pureza
de la fe, en cuyo supuesto,                 
si su principal cuidado
fue exterminar el soberbio
carácter de la herejía
que infestaba el puro espejo
de la fe en tropas infieles                    
de auxiliares sacrilegios
que el más católico emporio
de la pureza invadieron,
siendo aquesta parte el todo
más esencial de su celo,                     
y siendo la que Domingo
eligió como severo
juez, que el celo de la Iglesia
defiende en candor eterno,
bien represento en común                  
la religión, pues que puedo
blasonar que su pureza
en lo principal defiendo.

 

Minerva:

Y porque al cruzado timbre,
que esmaltas de blanco y negro,         
todas las señas añadas,
la verde oliva te ofrezco.

 

Belona:

Y Belona te tributa
al mismo fin el acero,
para que en el equilibrio                     
del justo y piadoso extremo,
la cruz, la oliva y la espada
se unan al blasón más terso.

 

Mercurio:

Y, para eterna concordia
de la fe, pues ya la vemos                    
con la triunfante corona
de su militante anhelo,
Mercurio en señal de paz
te ofrece su caduceo.

 

Religión:

¿Estáis satisfecho?

 

Marte:                         

Sí;[65]                      

pero, en cuanto a que el supremo
triunfo le celebre Burgos
como suyo, sólo espero
también la satisfacción.

 

Castilla:

Y yo dártela pretendo:                        
que Burgos sea cabeza
de Castilla es manifiesto;
y que Castilla lo sea
de todos los demás reinos,
su primera voz en cortes,                    
confirma este privilegio;
y, siendo yo la ciudad
de quien es archivo el tiempo,
la memoria protocolo,
la Fama padrón eterno,                       
en cuyo mental volumen
de inmortales cuadernos
se ve que fecunda di
tanta producción de cetro,
que al referirlos pudiera                     
dar a la duda pretextos,
pues realidad tan notoria
la aclama el mismo silencio
y que, en fin, se recupere
perdidos reinos (que en esto               
aun en el presente siglo
pasados timbres acuerdo,
pues he sido el fiel asilo
en cuyo seguro centro
se preparó la oficina                          
de los triunfos que hoy venero),
bien puedo en común hablar
por el dominio universo
del sacro Alcides de España,
glorioso Príncipe nuestro.                  

 

Marte:

Dices bien; y, pues sus glorias
son nuestro asunto, yo cedo
de Mercurio a la facundia
para su elogio.

 

Mercurio:

Ya empiezo...

 

Alcides:

Suspende, que si Filipo,                    
monarca siempre supremo
es el español Alcides,
a mí me toca el empeño
de buscar en mis proezas
a sus proezas cotejo.
[66]                       

   Alcides soy y del supremo Alcides
Filipo Quinto copio el fiel reflejo,
que en noble emulación de sus hazañas
mis triunfos de sus triunfos son el eco.
   De Júpiter gran padre de los dioses,      
mi claro origen derivó su aliento,
y al francés Jove, el español Filipo
gran padre aclama al venerable abuelo.
   Tanto se adelantó en mi tierna infancia
el varonil espíritu guerrero                       
que fue lisonja fácil a mi brío
el escamado asombro de dos riesgos.
   Del mismo modo adelantó Filipo
la emulación gloriosa de mi esfuerzo,
pues aun en los arrullos del regazo          
los horrores de marzo hizo gorjeos.
   Juno, celosa en riesgos repetidos
embarazó mis ínclitos progresos,
y celosa deidad contra Filipo
movió rigores de auxiliar despecho.        
   Vencí el horror de la lernea hidra,
rendí al león taumasco y al nemeo,
confederados monstruos que en Filipo
fueron lisonja, cuando en mí trofeos.
   Por mi elocuencia mereció mi estudio  
ser de Mercurio digno compañero:
sea en Filipo crédito prudente
la aplicación feliz de su talento.
   El inmortal aplauso a mis hazañas
fue digno lauro, merecido premio,           
y en Filipo se admira como proprio
lo que en mí se extrañó como violento.
   Purgue la tierra de terribles monstruos
que era[n] estragos de su fértil seno,
dando seguridades mi constancia             
a las vivientes víctimas del miedo.
   Este blasón lo mejoró Filipo
en el vasto dominio de sus Reinos,
oprimidos del duro ardiente estrago
de sacrílegos monstruos más soberbios.  
   Dígalo el ver blandida su cuchilla,
exterminado al filo de su acero
la monstruosa alianza que vertía
mortal cicuta de infernal veneno.
   Dígalo libre el oprimido espacio           
que antes gemía en lamentables ecos
y hoy en la clava de mejor Alcides
truecan seguridades los recelos.
   Dígalo en fin la trágica memoria,
que a tanto monstruo sirva de escarmiento,  
sin que la fuga deje en los estragos
coronista fatal de tanto exceso.
   Y, pues ardiente pira fue a mis glorias,
urna feliz, sagrado mausoleo,
mejor pira construyen a Filipo                      
llamas inmateriales de los pechos.
   Allí el perfume fiel de los aplausos
tribute exhalación de puro incienso
y en el ara inmortal de la memoria
el Alcides Filipo viva eterno.                        

 

 

 

35

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 

 

 

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Repitiendo en alternados regocijos el afecto, canta la Fama y repiten todos, representando el estribillo con que empezó:

"Venga a noticia del orbe
[el triunfo mayor

del Alcides guerrero,
de cuyos gloriosos marciales blasones,
la voz de la Fama                                    
que fiel los aclama,
apenas es eco.

Venga [a] noticia [del orbe
el triunfo mayor
del Alcides guerrero"].                           

 

 

 

 

 

 

 

 

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350

 

 

 

 

 

 

FIN

Impreso en Burgos. En la imprenta de Juan de Biar.



*  Este estudio, con los textos de la Máscara de parejas y descripción del Carro triunfal, está publicado con el mismo título en Scriptura, revista de la Universitat de Lleida [Lérida], nº 17 (Estudios sobre el teatro del Siglo de Oro), 2002, 17-32.

Aquí se ofrece completo el texto de la Relación y, en particular, el de la Representación. Esta publicación digital presenta

 un texto revisado, con variación en la numeración de los versos de la Representación , debido especialmente a que se  restituye completo el estribillo de la Letra.

[1] Sign. 9-3543 / 48, 4º, 12 pp. Más tarde descubrí otro ejemplar en la Biblioteca Nacional de Madrid [BNM], también en otro volumen facticio con encuadernación muy reciente, titulado en los tejuelos Triunfos de Felipe V (sign. 2 / 50659 / 22) que comparte con el anterior también algunos documentos. (Entre ambos volúmenes son más de 100  los que contienen, aunque a veces un documento se divide y numera como si fueran dos. El espacio de que dispongo no permite siquiera la mera reseña de sus títulos. Impresos en diversas ciudades, todos se refieren a los primeros años del reinado de Felipe, especialmente a acontecimientos y polémicas en torno a la Sucesión: Relaciones de festejos, controversias, romances noticieros, diálogos polémicos, mojigangas, entremeses, loas, sainetes... Además de estos dos ejemplares, F. Aguilar Piñal, que desconoce su existencia, señala otros en  Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII, t. II, p. 321, nº. 2364: BNM, sign. V. E. 502 (41), Biblioteca de Palacio, IX-y-5 (4-6), fols. 70-76; Londres, British Library, T-1303 (37). A. Palau Dulcet solo conoce un ejemplar, del que no menciona el lugar de custodia, aunque acierta cuando barrunta que la referencia de Salvá a la Representación del Carro triunfal "parece complemento del anterior [Alcides alegórico]" (Manual del librero hispanoamericano, Madrid / Barcelona, 1950, t. 3, p. 298). Acabada la redacción de este trabajo, he visto que también J. Alenda y Mira hace mención y ofrece una breve descripción del Alcides alegórico, aunque no se señala biblioteca de custodia, en sus Relaciones de Solemnidades y fiestas públicas de España, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1903, nº. 1703 y de la Representación (que conocía Salvá) en el nº. 1704 (I, 502).

[2] Así ocurrió con la preparada por el Colegio de San Hermenegildo de Sevilla en 1742. Véase Aplauso real, aclamación afectuosa y obsequio reverente, que en lucido Festejo de Máscara Joco seria consagraron los Escolásticos alumnos del Colegio Mayor de Sto. Thomás de Aquino, del [sic] Orden de Predicadores, de la (...) ciudad de Sevilla, en el día dos de mayo de este año de 1742. "Introducción" a la ed. facsimilar de P. Bolaños - M. de los Reyes, Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad, 1993,  p. XXIV.

[3] La relación en romance de los festejos burgaleses en esta ocasión habla en estilo florido de que "Jamás en Burgos se ha visto / tan cortesano Diziembre, / cambiando a blandos alientos / sus rigurosos destemples./ Llegaron a equivocarse / en primaveras alegres, / lo florido en los balcones / y lo apacible del temple" (p. 4 col. A, vv. 157-164).

[4] M. L. Lobato, "Mojigangas parateatrales y teatrales en la corte de Carlos II" (1681-1700)", en J. Huerta Calvo et al., eds., Diálogos Hispánicos de Amsterdam, 8 (Amsterdam, Rodopi, 1989), II, 569-588, en p. 570s.; Bolaños - De los Reyes, o. c., p. XVII.

[5] Bolaños - De los Reyes, o. c., p. XLIV. De que la demanda era extraordinaria son una prueba los numerosos poemas, romances, relaciones, etc. que contaron y cantaron las bodas de Felipe III y su hermana en Valencia y Denia en 1599.

[6] Juan de Viar estuvo activo como impresor en Burgos entre 1688-1697. Por tanto, al frente de la imprenta de Juan de Biar cuando se imprimió el Alcides alegórico debieron estar sus "Sucesores" o "Herederos", o un homónimo del primer impresor de aquel nombre.Ver Juan Delgado Casado, Diccionario de impresores españoles (siglos XV-XVII), Madrid, Arco libros, 1996, II, p. 707s., nº. 920.

[7] Esta batalla "decidió que Felipe V fuera rey de Castilla, justo a los pocos días de haber estado a punto de perder la Corona" (G. Anes, El Siglo de las Luces, en Miguel Artola, dir., Historia de España, 3, Madrid, Alianza, 2001, p. 138, 3ª. ed.).

[8] El pretendiente, Carlos de Austria, había entrado en Madrid el 28 de septiembre de 1710. Pero se hizo odioso con decretos crueles y obligando a la Iglesia a presentar inventario de sus bienes y subastar parte de ellos: ¡Con la iglesia dio, Sancho! Además, confirmaba así la especie de que combatiendo al Archiduque (a quien apoyaban países de herejes como Inglaterra, Holanda y Alemania) se impulsaba una cruzada contra la herejía. Las simpatías populares por el Borbón en Castilla eran muy fuertes: el Archiduque no pudo constituir ni siquiera un batallón en la capital del Reino. Por todo ello, deja Madrid el 9 de Noviembre del mismo año.

[9] El romance octosílabo, con sus 188 versos, ocupa las páginas 2-4 del pliego.

[10] Su texto, de 350 versos, más acotaciones, ocupa más de dos tercios del pliego.

[11] Debe distinguirse este Francisco Antonio de Castro del  famoso entremesista Francisco de Castro (Madrid, ca. 1675-1713), que compuso también mojigangas y publicó impresas tres partes de la Alegría cómica, Zaragoza, 1702, el Libro nuevo de entremeses titulado Cómico festejo, 1742, etc. Ver J. Huerta Calvo, Teatro breve de los siglos XVI y XVII, Madrid, Taurus, 1985, 284-296. Parece lógico que este entremesista madrileño sea el autor de las Poesías varias que en la soledad de su retraimiento escribió", impresas por Diego Martínez Abad en Madrid, recogidas en el documento nº. 65 del ya citado códice de la Colección Ajofrín, 9-2543.  Él sería también el autor de las piezas dramáticas (documentos 29-38) del volumen ya mencionado Triunfos de Felipe V. (Corríjase según esto la errónea conflación de la Nota 11 del texto de Scriptura, 17, 2002, p. 11.)

[12] Lo que resultaría también extraño, tras la lograda máscara que presentó en 1707.

[13] No consta su patria ni en las enciclopedias consultadas ni en obras sobre los hijos ilustres de Burgos. Es muy difícil que sean de D. Francisco Antonio las Poesías varias, anteriores a 1710, mencionadas en la Nota 11. Sin embargo, D. Francisco Antonio tuvo estrecha relación con la ciudad de Burgos. Así lo demuestra también el hecho de que escribiera un poema épico-hagiográfico sobre un hijo de Burgos, arrojado misionero jesuita en las Islas Marianas, en 1662 y 1668-1672, donde murió víctima de las luchas tribales (beatificado en 1985): Laureola sacra de la vida y martirio del venerable Padre Diego Luis de San Vitores [o Sanvitores], primer apóstol de las Islas Marianas, de la Compañía de Jesús (Madrid, Gabriel del Barrio, 1723, 8º). En fechas posteriores publicó: Vida de la gloriosísima Señora Santa Ana, madre de María Santíssima y abuela de Jesu-Christo, Bilbao, Antonio Zafra y Rueda, 1717, 8º; vuelta a imprimir allí en 1723, única ed. que recoge Palau Dulcet, quien da noticia de otra edición en México, 1769); Los siete sabios de Grecia en sus siete veneradas sentencias illustradas con morales discursos y Dios y mundo. Theatro christiano y político para la idea de un perfecto cortesano (ambas en Madrid, Gabriel del Barrio, 1723, 8º). En Palau Dulcet, o. c., se recoge otra obra suya: La octava maravilla, y sin segundo milagro de México, perpetrado en las rosas de Guadalupe y escrita heroycamente en octavas, México, 1729, y, también, al parecer, suyas, las que a ésta siguen: Métrica Pasión del humanado Dios (México, 1729) y un Vejamen, que sería interesante rescatar. Como se ve, su producción se orientó hacia el género didáctico y religioso.

[14] En esa ocasión no sólo se organizan los festejos tradicionales sino que aportan máscaras y representaciones una parroquia (la de San Pedro) y un gran monasterio: el de Las Huelgas Reales.

[15] El Romance de relación no dice si hubo otros espectáculos de este tipo, como nos consta de los festejos de 1707. Pero nuestro desconocimiento no implica que no se dieran, por mucho que la crisis sociocultural de la ciudad se hubiera agudizado. El propio Ayuntamiento de Burgos cita un documento (por el contexto) de fines del siglo XVII o principios del XVIII, que dice: "La ciudad está tan despoblada y sin gente, que la que hay se sale a vivir fuera, por no poder sustentarse, y están las casas y edificios tan arruinados y por el suelo...". Y añade: "En este estado de postración permanece Burgos hasta las últimas décadas del siglo XVIII..." (http://www.aytoburgos.es/CIUDAD/historia.htm). Simplemente no conocemos otras Relaciones, pues era normal que cada institución publicara la propia, aunque enmarcada en la de los festejos oficiales, sin mencionar necesariamente los preparados por otras.

[16] Cuando tuvo que abandonar precipitadamente Madrid en 1706, por Guadalajara, camino de Burgos, ante la ocupación de la capital por tropas angloportuguesas, que forzarán el reconocimiento del pretendiente como rey.

[17] Mote o letra son denominaciones usuales para estos tercetos octosilábicos o estribillos, en los que suelen rimar los versos 2º y 3º, que se usaron como estrofas independientes en emblemas y divisas (T. Navarro Tomás, Métrica Española, Madrid / Barcelona, Guadarrama, 1974, p. 125).

[18] Cfr. S. López Poza, "Emblemas animados en una mojiganga callejera de 1672 en Segovia", Actas del I Simposio Internacional de Emblemática (Teruel y Albarracín, oct. 1991), Teruel, 1994, págs. 619-636, especialmente en pp. 621. 624.

[19] G. Ledda, "Estrategias y procedimientos comunicativos en la emblemática aplicada (fiestas y celebraciones, siglo XVII)", en R. Zafra y J. J. Azanza, eds., Emblemata aurea, La emblemática en el arte y la literatura del Siglo de Oro, Madrid, Akal, 2000, 251-262 (en p. 251).

[20] Alfonso de Ceballos-Escalera Gila, marqués de la Floresta, recoge noticias de una de estas comitivas, llamada aquí víctor [: vítor], organizado por la juventud de la Fábrica [y señores de paños] en Segovia, 1732, para celebrar la toma de Orán: en "Las fiestas de Segovia por la toma de Orán": Estudios segovianos, XXXIII, nº. 89, 1992, 283-288; en p. 284s.

[21] La primera máscara estudiantil de este tipo que he visto recogida tuvo lugar en Alcalá de Henares, durante los festejos organizados por los estudiantes generosos a la proclamación como rey de Felipe II, jueves, 02 / 04 / 1556 (en Alenda y Mira, o. c.,  nº. 164; I, p. 53). Entre otras muchas conocidas, he tenido noticia de la celebrada en Salamanca para celebrar la beatificación de Francisco Javier, en los Diarios manuscritos del Colegio Real de la Compañía de Jesús: "Publicose el cartel (...) Vbo máscara esta noche, que hizieron los navarros, y, al pasar por nuestra casa, se encendieron en la calle y testero del quarto tiestos, y tocaron chirimías. Los nuestros salieron a verles a la portería y a darles colación. La carrera que ay delante del arçobispo, y la delantera de nuestra portería se allanó y se aderezó con arena para que pudiesen correr" (Ms. 576, fol. 2v, 9 de febrero de 1620). Precisiones terminológicas de "mojiganga" y su tipología, en C. Buezo, La mojiganga dramática. De la fiesta al teatro, I. Estudio, Kassel, Ed. Reichenberger / Caja de Madrid, 1993, p. 25ss.

[22]  E. Cotarelo y Mori. Colección de Entremeses, Loas, Bailes, Jácaras y Mojigangas desde fines del siglo XVI a mediadios del siglo XVIII, Madrid, NBAE, 1911, t. 17, p. CCXCII, J. Huerta Calvo, "Los géneros menores en el teatro del siglo XVII", en J. M. Díez Borque, Historia del teatro en España, I, 613-622; del mismo, Teatro breve, ya citado, espec. 59-64; id., "Aproximación al teatro carnavalesco", en Teatro y carnaval: Cuadernos del Teatro Clásico, n. 12, Madrid, 1999, 15-47; C. Buezo, o. c., 1993 y "Mojiganga dramática y carnaval en el Barroco", en J. Huerta Calvo, coord., Teatro y carnaval: Cuadernos del teatro clásico, n. 12 (1999), 145-156.

[23] C. Buezo, 1993, p. 50-57.

[24]   J. Huerta Calvo y C. Buezo, P. Bolaños- M. de los Reyes, M. L. Lobato, o.c.; Sagrario López Poza, "Las bodas de Peleo y Tetis (Relación de mojiganga callejera de 1672). Estudio y edición": Estudios segovianos, (1991), 7-54; ead.,"Relaciones festivas segovianas en el reinado de los Austrias", en M. C. García de Enterría et al., Las relaciones de sucesos en España (1500-1750), Actas del I Coloquio Internacional, Alcalá de Henares-París, Universidad de Alcalá-Sorbona, 1996, 239-252; Nieves Pena Sueiro, "La emblemática y las Relaciones festivas: un ejemplo a propósito del nacimiento de Luis I", en S. López Poza, ed., Estudios sobre Literatura Emblemática Española, Coruña, Sociedad de Cultura Valle-Inclán, Col. SIELAE, 2000, 243-252.

[25] Véase la mojiganga elaborada por el culto Gaspar Lucas Hidalgo para el ámbito nobiliario, inserta en sus Diálogos de apacible entretenimiento, 1605 (BAE, XXXVI, ed. A. Castro, Madrid, 1950, p. 303s). La describe y transcribe con sus motes C. Buezo, 1993, 25-28. Estudiantes "a pie, vestidos de botargas y con unas caras fieras como demonios" salieron en los festejos del Colegio Imperial de Madrid por la beatificación de Ignacio de Loyola, en 1610 (J. Simón Díaz, Historia del Colegio Imperial de Madrid, Madrid, CSIC / Instituto de Estudios Madrileños, 1952, t. I, p. 54).

[26] J. Huerta Calvo, "Aproximación al teatro carnavalesco": CTC, 12 (1999), 15-47.

[27]  M. L. Lobato, o. c.; C. Buezo, o. c., 1993, 33-78 y "Mojiganga dramática...", CTC, 12 (1999), 151-156, entre otros.

[28] C. Buezo, 1993, p. 69s  y en el art. del CTC, nº. 12.

[29]  Cfr. la Jocoseria, de L. Quiñones de Benavente, la Máscara Joco-seria del Colegio de Sto. Tomás en Sevilla, 1742, etc.

[30] C. Buezo, 1993, 198ss.

[31] Como vemos en los episodios de estructura emblemática del Quijote I, 18, aventura de los rebaños; II, 27, aventura del rebuzno (I. Arellano, " Emblemas en el Quijote", en R. Zafra y J. J. Azanza, eds. o. c., 11-31, en p. 23s).

[32] Proceden de las mojigangas de carnaval, como queda dicho, de donde pasaron a la fiesta urbana y al teatro.

[33] La evolución de los tablados con o sin escenografía, fijos (arquitectura efímera) o móviles (carros e invenciones), desde el espacio urbano hacia el espacio escénico ha sido objeto de varios estudios rigurosos de T. Ferrer. Sirva de muestra su art.  "El espectáculo profano en la Edad Media: espacio escénico y escenografía", en R. Beltrán, J. L. Canet y J. L. Sirera, eds., Historias y ficciones.Coloquio sobre la literatura del siglo XV, Valencia, Universitat de València-Departament de Filologia Espanyola, 1992, 307-322, espec. p. 314-17. Los carros triunfales, como las máscaras, penetrarán en el Barroco. Un carro portador de actores disfrazados relacionado con los espectáculos del Corpus aparece en el Quijote II, 11 (cortes de la muerte: allí encontramos al carnavalesco loco festivo, moharracho o mamarracho, con vejigas y cascabeles) y otro en el medio cortesano del palacio (o castillo) de los duques en Quijote II, 34 (I. Arellano, l. c., 24).

[34] Por P. Pedraza, Barroco efímero en Valencia, Valencia, Ayuntamiento, 1982, especialmente pp. 87 y 92. y por P. Bolaños  y M. de los Reyes, en su ed. del citado Aplauso Real, aclamación afectuosa...

[35] B. Canosa Hermida, "Notas sobre la preceptiva del género dramático en los libros de emblemas españoles", en S. López Poza, Estudios sobre literatura emblemática española, Coruña, 2000, 31-63.

[36] Contra el parecer de J. Pérez de Moya, Philosofía secreta de la gentilidad, 3, 10 (Madrid, Cátedra, 1995; ed. C. Clavería, p. 413) y como algunos antiguos (ibid. 3, 8. p. 390), nuestro autor identifica a Minerva y Belona: «...siendo

cierto que somos / las dos un mismo supuesto...» (v. 135ss).

[37] Su significado se ofrece en los vv. 219-234.

[38] Himno ambrosiano: Te Deum.

[39] Egidio: La iglesia de San Gil, en culto.

[40] Un fraile de la Orden de Predicadores o dominico.

[41] rosicler: es el color rojo encendido y luciente, parecido al de la rosa encarnada.

[42] militares escuadras: cuadrillas del juego de cañas.

[43] Alusión a la corrida de novillos o toros.

[44] En el mismo volumen facticio de la RAH, con el nº. 58 podemos leer una: Carta que escribe desde Vitoria Magdalena la Loca al Sr. Archiduque... [8 pp.] y en el Documento nº. 60 la respuesta en un pliego titulado: Carta nueva y respuesta que da Marica la Tonta a la que escrivió Magdalena la Loca, 4º, s. a., 4 hs. Se refiere a la entrada de Felipe V el 3 de diciembre "del presente año" [1710], pues, en efecto, huido el pretendiente, la gente, contenta por las buenas cosechas, porque llegó bien la flota de Indias y por la situación militar, recibe al rey entre aclamaciones.

[45] O: Andosiquis. Emparejado con Magdalena, la Loca de Quintanavides, pueblo de las cercanías de Briviesca, Andresiquis, que va "a lo simple" y "está hecho un lelo", era posiblemente un subnormal o tonto conocido de todos los burgaleses. Creo recordar que todavía hoy en aldeas y pueblos de Burgos, para la gente anciana o del campo, y en mi propia familia, Andresiquis efectivamente es prototipo del simple. Locos y simples son personajes típicos del espectáculo carnavalesco.

[46] Rodrigón es precisamente el criado que sirve para acompañar a algunas mujeres (D. Aut.).

[47] Es muy oportuna aquí la mención del Hospital del Rey, así llamado porque lo había fundado Alfonso VIII como asilo de peregrinos en el Camino de Santiago. Posiblemente a él se retiran, desde el Camino, los participantes en el diálogo del Viaje de Turquía. Este Hospital, hoy restaurado y sede de la Universidad de Burgos, estaba sujeto a la jurisdicción del Monasterio de Las Huelgas.

[48] O: temblando

[49] Ignoro quien pudo ser este Vallejo, aunque podría pensarse en algún autor de compañía teatral que sacara dragones en espectáculos.

[50] Los gallegos del teatro vestían capotes y calzones plegados, cuellos, corpiños y sayas a la gallega, polainas y sombreritos puntiagudos. Cfr. E. Rodríguez Cuadros, “El hato de la risa: identidad y ridículo en el vestuario del teatro breve del Siglo de Oro”, en M. de los Reyes (coord.), El vestuario en el teatro español del Siglo de Oro: Cuadernos del Teatro Clásico, 13-14, 2000, p. 134.

[51] portugués finchado, que originalmente debió tener sentido positivo de aguerrido y valiente, resultó expresión peyorativa, correspondiente a la tópica visión que de los portugueses se formó en Castilla: engreído, fanfarrón. Muestra de ello es el auto de Lope de Vega, La privanza del hombre, donde, junto a otras expresiones tópicas de distintos individuos de varias naciones y junto a "un fanfarrón castellano", vemos a "un finchado portugués" (Obras, Atlas, 1963, BAE, v. 157, p. 177): tal para cual. El mote del  2º. portugués, es más explícito que el 1º. sobre sus tópicas bravatas, que debían sentirse especialmente hirientes por esas fechas, tras sus victoriosas entradas con los ingleses en León y Castilla. En una Relación contemporánea se lee el lamento por su ocupación de Salamanca el 6 de junio de 1706.

[52] Estos hombres al revés, herederos de los bufones titiriteros o cubistetarios que andaban cabeza abajo, emblema del desconcertado mundo del carnaval, son muestra de la tradición festiva popular y folclórica, como gigantes (y gigantas o gigantillas) y cabezudos, salvajes y barbudas: es decir, monstruos o portentos tan caros al Barroco.

[53] La golilla, prenda indumentaria que rodea el cuello, es muestra de afectado y relamido artificio cortesano, engañoso y ridículo.

[54] gualdrapa remite a bayeta, y la connotación predominante es el color negro, de luto, por Lutero y los pueblos que lo siguen en su herejía, que han sido desbaratados: expresamente se menciona a Inglaterra, famosa por sus finos tejidos, pero también se entiende (e, incluso más, se sobre-entiende) Holanda, de apreciados hilados, especialmente proverbial el de las sábanas. Compárense con la pareja XV y sus motes, donde hilado, hilaza y holanda [u  Holanda] y "enemigos yerros" quedan asociados). Este aspecto de desastre (des-astre  —ver VI Pareja— y de-sastre) queda enfatizado con las gualdrapas que los enlutados llevan hasta el suelo, pues gualdrapa es aquí un calandrajo desaliñado y sucio o pedazo de tela grande, rota (de-rrota) y des-garrada, que cuelga del vestido. Enlutados hasta el ridículo, pues, como personajes grotescos.

[55] Ov., Met 1, 724: et profugam per totum terruit orbem; 14, 812: et fulgure terruit orbem.

[56] Este lema, que parece divisa, no es ni la de la Inquisición (que era Exsurge, Domine, iudica causam tuam — Sal  73, 20), ni la de la Orden de Predicadores. Por el contexto, debe de tratarse de una cita textual, cuya fuente no he logrado apurar.

[57]  Claudiano, Carm. maiora, 7.

[58] Tib., Panegyr. in M. Coruinum 3, 7, v. 98.

[59]  Primera parte, Estacio, Thebais 7, 69; 9, 296: sanguinea Bellona manu; segunda: Luc, Phars. 7, 34, 1: totum que per agmen; Virg. Aen 10, 513: latum que per agmen.

[60] O: Me atiza. Matizar es, en lenguaje pictórico (y poético: ut pictura poesis), 'unir y mezclar con hermosa proporción los colores diversos entre sí (...), de suerte que sean agradables a la vista' (D. Aut.).

[61] O: Arcadiut.  Arcadi, como forma de vocativo, se lee en Apul, Met, 7, 4: Frater Arcadi, scis nempe...   Pero el sentido del texto lleva a descubrir una errata (t por s), que cela una forma rara con nominativo: arcadius... deus : 'el dios arcadio ( = Mercurio) cumple las órdenes del Cielo'. [Séneca (pseu.), Octauia, v. 366: Missus peragit iussa satelles".] Agradezco al Dr. M. Molina Sánchez el asesoramiento para la corrección del texto. Cfr. vv. 96-103 de la Representación.

[62] Inspirado en Ov. Am 1, 1, 7: Ventilet accensas flaua Minerua faces?

[63]  Claudiano, Carm. minorum... Appendix, 2, 2.

[64] O: epitecto, por «epiteto», palabra entonces llana.

[65] En el pliego impreso esta sílaba forma parte del verso siguiente, pero la métrica impone leerla aquí, formando un verso compartido.

[66] A estos seis versos en romance octosílabo siguen otros sesenta en romance heroico.