* Este estudio se publicó como Introducción a La 'Tragedia de San Hermenegildo' y otras obras del teatro español de colegio, Valencia, UNED-Universidad de Sevilla-Universitat de València, 1995, t. I, pp. 13-81. Se reproduce aquí con correcciones y adaptaciones a la situación actual de la investigación en este campo para flanquear en esta misma revista digital el Catálogo del Antiguo Teatro Escolar Hispánico. Se ha suprimido todo aquello que funcionaba exclusivamente como introducción a la mencionada obra.Volver

 1. Señalo como más decisivos los de Flecniakoska (1961), Roux (1968), Saa (1973), Hermenegildo (1973), Arróniz (1977; 1979), Griffin (varios), Garzón Blanco (1976a; 1979), Ruggerio (1980; 1982), Segura (1982; 1985), De la Granja (1979; 1991), C. González Gutiérrez, 1993a [(reed. 1997], reseñados en la bibliografía. Volver

2. A la edición de González Pedroso (en BAE, LVIII) y a los numerosos fragmentos seleccionados por García Soriano en su estudio se añaden ahora: Griffin (1976a), Vranich (1985), Arias (1987), González Gutiérrez (1993a y 1993b), y se anuncian algunas más, aparte de la que aquí se introduce; véase Alonso Asenjo (1999).Volver

 3. Sobre el objetivo y las formas de la predicación en la Edad de Oro, además del cit. art. de Orozco Díaz, cf. L. López Santos, "La oratoria sagrada en el seiscientos. Un libro inédito del P. Valentín de Céspedes": RFE, XXX (1946) 353-368; F. Cerdán, "Historia de la historia de la Oratoria Sagrada española en el Siglo de Oro. Introducción crítica y bibliográfica": Criticón, 32 (1985) 55-107. [F. Herrero Salgado, La oratoria sagrada en los siglos XVI y XVII, Madrid, FUE, 1996.] Sobre la relación entre la dramaturgia jesuítica y la predicación, cf. R. A. Preto-Rodas, "Anchieta and Vieira: Drama as Sermon, Sermon as Drama": Luso-Brazilian Review [Madison, Wisconsin], VII, 2 (1971) 96-103.Volver

 4. Sobre la diferencia entre sacar figuras alegóricas a escena y sacar imaginaciones y pensamientos escondidos de los personajes (exteriorizaciones dramáticas de su vida interior) mediante esas figuras morales o alegóricas, ver E. C. Riley, "The pensamientos escondidos and figuras morales of Cervantes", en Homenjae a W. C. Fichter, Madrid, Castalia, 1971, 623-631.Volver

 5. V. García de la Concha, dir., Nebrija y la introducción del Renacimiento en España: Academia Literaria Renacentista, III. Universidad de Salamanca, 1983.Volver

6. Sobre esta pedagogía véanse, entre otros, González Gutiérrez, 1993a, cap. 1, 13-37; B. Martínez B., en Bulletin Hispanique 97, 1995, 109ss.Volver

 7. Cf. G. Olmedo, 31, que cita un documento referido a Medina del Campo; la misma situación se da en otras partes. Sobre Córdoba en 1558, cf. MHSI VIII 219-222 (521) L47A: «...vienen no sé quántos cléricos y caballeros moços a oyrlas [las clases de latín de Acevedo]».

 8. El tema de los dos caminos, el ancho y el estrecho, es decir, la via arcta y de la spatiosa, por tener su origen en un logion evangélico, estuvo siempre presente en la predicación y en la educación cristianas. No es de extrañar, por ello, que aparezca ya en piezas teatrales antiguas como la Farsa llamada Custodia del Hombre de B. Palau (Astorga, 1547).Volver

9. Scaduto, 1969, 357; M. Bataillon, Erasmo y España, México-Buenos Aires, FCE, 1966, espec. pp. 212-15, 590-92; M. Batllori, Humanismo y Renacimiento, Barcelona, Ariel, 1987, p. 122 y c. VI, p. 125ss.Volver

10. G. Codina Mir, Aux sources de la pédagogie des jésuites. Le «modus parisiensis». Roma, 1968; cf. M. Batllori, o. c., c. VII, 150-152.Volver

11. En teoría, sin embargo, este ideal pedagógico jesuítico no distaba mucho del humanista erasmiano de la pietas et litteræ, de donde, en buena parte, procedía, aunque la obra de Erasmo no fuera del agrado de Ignacio de Loyola.Volver

12. Los jesuitas educaban a sus alumnos para un comportamiento actoral de tipo naturalista: «De même que l'action était en harmonie avec le sujet, ainsi le ton de la voix était en harmonie avec l'action. (...) On eût dit qu'au lieu de jouer un rôle ils [los actores] exprimaient leur véritables sentiments. La voix, le visage, les yeux, les mouvements, tout en eux produisait une complète illusion» (P. Griffet, en Boysse, 73).Volver

 13. Véase la «actio iocularis» del Diálogo hecho en Sevilla a la Venida del Padre Visitador, en J. Alonso Asenjo, La "Tragedia de San Hermenegildo" y otras obras..., 1995, I, 366-368.Volver

 14. J. Canavaggio, "Miguel de Cervantes. La invención poética de la novela moderna. Estudios de su vida y obra": Anthropos, núms. 98-99 (1989), 43ss rechaza estas hipótesis.Volver

 15. Cf. Arte nuevo de hacer comedias (vv. 219-21) y J. de Entrambasaguas, Lope de Vega (Barcelona, 1942), p. 32. V. nota siguiente.Volver

16. «Y cuando la sagrada Compañía, / fundaba sus estudios, las Lecciones / de tan altos varones / canté con osadía / y al gran pastor las consagré de Acuña» (Égloga a Claudio, vv. 373-77). Véase ahora J. A. Martínez Comeche, "Edición crítica de la Isagoge de Lope de Vega", en I. Arellano y J. Cañedo (eds.), Crítica textual y anotación filológica en obras del Siglo de Oro (Madrid, Castalia, 1991), 329-365.Volver

17. Así lo afirma A. Prieto en Tirso de Molina, El vergonzoso en palacio. El condenado por desconfiado, Barcelona, Planeta, 1982, p. XXXVI. P. Groult, "Des jésuites de Bavière aux arabes d'Andalousie, ou les sources du Burlador de Sevilla": Lettres Romanes, 19 (1965), 247-250, expone la hipótesis de que la obra dramática titulada Storia del Conde Leonzio que, arrastrado por Maquiavelo, tuvo un fin desgraciado, representada en el colegio jesuítico de Ingolstadt en Baviera en 1615, pudo haber influido en la génesis de El burlador de Sevilla. Pero véase J. Simón Díaz, Historia del Colegio Imperial, Madrid, CSIC e Instituto de Estudios Madrileños, 1952, I, 18s.Volver

18. Así P. Jauralde Pou, "Hacia una nueva biografía de Quevedo", en Hommage à Robert Jammes (Anejos de Criticón), Toulouse, POUM, 1994, 581-589. Sobre la relación de Quevedo con los jesuitas, cf. I. Elizalde, "Quevedo, San Ignacio de Loyola y los jesuitas": Letras de Deusto, 20, julio-diciembre, 1980, 91-106 y M. Sánchez Sánchez, "Una carta inédita de Quevedo al jesuita Juan Antonio Velázquez. Notas a su prisión y a su relación con la Compañía de Jesús": manuscrt.cao VI, 1994-1995, 63-77.Volver

19. C. González Gutiérrez, Comedia de Santa Catalina, en Entemu, X, 1998, 147-192; XI, 1999, 95-204; XII, 2000, 255-324 (sin el Entretenimiento) y El Códice de Villagarcía del P. Juan Bonifacio. (Teatro clásico del siglo XVI), Madrid, UNED, 2001 (primera en junio 2000).Volver

20. Un ejemplo típico de estas fiestas barrocas ofrece F. Monforte y Herrera en su Relación de las fiestas que ha hecho el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid en la canonización de San Ignacio de Loyola y San Francisco Xavier, Madrid, L. Sánchez, 1622.Volver

21. M. J. Ruggerio, "Some Jesuit Contributions to the Use of the Term 'Comedia' in Spanish Dramaturgy": Revista de Estudios Hispánicos (Puerto Rico, Univ. de Río Piedras), 9, 1982, 197-203, espec. p. 200.Volver

22. Son obras de la década de 1580: cuatro son de Hernando de Ávila y una (C. Zenonia), probablemente de Andrés Rodríguez.Volver

23. M. Chevalier, Quevedo y su tiempo: la agudeza verbal (Barcelona, Crítica, 1992), esp. pp. 64-72. Tales pullas entre Satanás, la Culpa y un Bobo aparecen ya en un contexto semejante y con idéntica finalidad de amenización en la Victoria de Christo de B. Palau (3ª. parte, auto 5º, p. 30s). Cf. J. P. W. Crawford, "Echarse pullas, a Popular Form of tenzone": RR, VI, 1915, 150-164, y A. Hermenegildo, "Parodia dramática y práctica social. La Égloga Ynterlocutoria de Diego de Ávila", en Estudios sobre Calderón y el teatro de la Edad de Oro. Homenaje a K. y R. Reichenberger, Barcelona, PPU, 1989, 288s.Volver