LAS VOCES DE PENÉLOPE
de
ITZIAR PASCUAL

 

ULISES

El mito es la nada que lo es todo.
El mismo sol que abre los cielos
Es mito brillante y mudo:
El cuerpo muerto de Dios
Vivo y desnudo.

El que a puerto aquí arribó
Fue, por no ser, existiendo.
Sin existir nos bastó.
Por no venir fue viniendo.
Y nos creó.

Así la leyenda se escurre
De entrar en la realidad
Y a fecundarla va yendo.
La vida, abajo, mitad
De nada, muriendo

FERNANDO PESSOA ("Mensaje")

 

«Las voces de Penélope» nació en una soleada habitación de la calle Vilapicina de Barcelona. Después fue creciendo entre Sitges, Madrid, Soto del Real (Madrid) y Almada (Portugal). La versión definitiva llegó entre agosto y septiembre de 1997, en un hermoso apartamento de la calle Ponzano. «Las voces de Penélope» es hija de todos estos espacios y de sus habitantes. También es hija de Albert Robert, Esperanza López Tamayo, Ana Casas, Nieves Mateo, Claudia Faci, Fernando, de la Iglesia, Beatriz Olalde... Y muy especialmente de Elisa Sanz. Sin ella este texto no existiría.
A todos ellos y a los Ulises que nos acompañan.

 

 

Dramatis Personae:

 

PENÉLOPE

Madre de Telémaco, esposa de Ulises. Y a pesar de Homero, sangre y mujer de sí misma. Le acompañan la fuerza del tiempo y el vigor de la nostalgia.

LA MUJER QUE ESPERA

Mujer en tránsito por una ausencia.

LA AMIGA DE PENÉLOPE

Campechana, de fácil palabra, buen corazón y espíritu desenvuelto.
La irreflexión urdida en las mejores intenciones.

TELAR

Sombra silenciosa que acompaña y habla.

 

Tiempo:
Entre la vigilia de la despedida y muchos años después.

Lugar:
En Itaca. Y en todas las ciudades del mundo que se llaman Itaca.

 

Uno.
Adiós, Ulises.

 

Sonido de olas que baten contra la costa. En escena un enorme telar azul, el color de la espera. PENÉLOPE habla ante el telar; de espaldas a los espectadores.

 

PENÉLOPE.- La mañana se ha levantado en olor a nardos y fressia. Con aire de resurrección. He sabido entonces que te marchabas. Lo sabía antes, pero no había querido reconocerlo. Hay algo de desamor en la partida. Al menos para quien se queda; para el que ve la espalda del que se va y no el rostro.

Tus ojos se entristecieron al pensar en la calina, en la quietud de Itaca y su espesa arboleda. Fui un ancla frágil para tu marcha. Y la excusa llegó con Agamenón, el Atrida soberano.

PENÉLOPE se muestra al público. En su mano lleva un ovillo azul que desenreda lentamente. Su movimiento construye una arquitectura de esperas.

PENÉLOPE.- Esta noche el sueño me abrazó cálidamente. Y vi tu sombra alejándose de nuestro tálamo de olivo y plata; vi cadáveres en los aposentos y salas de palacio, con el sello de tus saetas envenenadas de orgullo. Vi la pasión de una mujer dispuesta a ofrecerte la inmortalidad por yacer contigo. Y vi la sombría mansión de Hades, donde se reúnen víctimas y verdugos de nuestra sed de poder o de justicia.

Nuestra no, Ulises. Tuya. Tu sed es ahora la de la conquista. Vete pues. No hay más dolor que amor en mis palabras. Vete. Y aunque sienta el puñal en la garganta al decirlo, mil veces lo diría. Vete con tu sed de tiempo, mundo y vida.

Yo quedo al cargo de lo que aquí dejas: tu palacio, tus reses, nuestro hijo. Y yo misma. Si no enloquezco antes de tu regreso. Un solo día marcharas y larga me sabría tu ausencia. Pero sé que la Diosa Atenea velará por tu bien.

Vete ya para volver antes. Para que las lunas de soledad pasen más deprisa; aunque el dolor comience antes.

Vete antes de que me arrepienta. Antes de que pronuncie, un "quédate".

Antes de que quiera volver a mirarte y no te encuentre.

Vete.

PENÉLOPE sale de escena.

 
Dos.
La despedida.
 

Se escucha "Cómo fue" de Benny Moré. En escena, LA MUJER QUE ESPERA, rodeada de un ejército de zapatos, botas,sandalias y zapatillas desparejados. Va ordenando los pares, buscando la pareja de cada uno.

 

LA MUJER QUE ESPERA.- Había imaginado de mil formas esa palabra perversa de dos sílabas: ADIOS. Hasta que el agua nos reúna nuevamente en la luz de la tarde. Hasta que el aire nos contamine con alegría o tristeza. Hasta que nos volvamos a ver. Había supuesto mil quinientas trece formas de despedida. (Pausa.) La real fue la mil quinientos catorce.

Se fue.

A veces su sombra me acompaña cuando bailo. Su respiración - aquí, entre el cuello y la mejilla- se interpone con cualquiera que me saque a bailar. A veces es como el bandoneón que me persigue pedigüeño en el Metro, como la voz de un árbol que sigue creciendo dentro de mí.

A veces me gustaría no pensar. Observar lo que me rodea - el jardín de arena, la acera, el contenedor de vidrio, la farola, el rótulo de la pescadería- y nada más. Dejar pasar la tarde como un viajero abrigado en el retraso del tren. Sería estupendo ser así: ligero, volátil, efimero. La sombra de lo que fuímos, el presagio de lo que deseamos.

Pero no. No lo somos. Estamos entregados al frío de los tiempos. Que el pensamiento se empape en calma.

Se escucha "Somos novios", de Armando Manzanero. LA MUJER QUE ESPERA baila sola, colocando los brazos y la mirada en un compañero imaginario. A su alrededor todos los pares de zapatos, dispuestos como si se tratara de una pista de baile. LA MUJER QUE ESPERA sa1e de escena.

 
Tres.
Todas somos iguales.
 

En escena, LA AMIGA DE PENÉLOPE. Habla con la mejilla pegada al hombro y la mano en la oreja. Camina dando vueltas alrededor del telar.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- ¿Qué tal? ¿Y eso? ¿Pero qué dices? ¿Y te ha dejado ... ? ¿Y cuándo se ha ido? Qué fuerte. ¿Y qué te dijo? Ya. Lo de siempre. ¿Y cómo lo llevas? Normal. ¿Pero le consientes que se vaya así, como si tal cosa? A mí eso no me pasaría nunca. A mí no. Yo lo tengo muy claro. Por ahí no paso. ¿Y por qué no le dejas? ¿Y por qué? Tú vales mucho más. Dónde va a parar. Si no te llega ni a la suela del zapato. Encima. Faltaría rmás. Y a saber con quién estará ahora. Fíate tú del diablo... o de la Virgen, que no sé como es el ...

LA AMIGA DE PENÉLOPE se para un momento. Se enciende un cigarrillo. Da una calada y sigue caminando.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- ¡Pero si nadie espera a nadie, bonita! ¿Qué tú sí? Yo no me quiero meter donde no me llaman, pero... Hasta en la canción de Serrat termina mal. ¿Qué no sabes cuál es? Tiene nombre de chica: Lucrecia, o algo así. Pero se veía venir, ch... Esto te pasa por ser como eres. Sí: comprensiva, tolerante, amable. Yo no. Yo no le paso ni una. A mí me lo iba a hacer. Le monto una que se entera... Vamos, que si se entera. Ahora: hay que ponerles las cosas en su sitio. Luego no vale protestar. Se acostumbran a lo bueno... y ya sabes el refrán; les das el dedo y se toman el codo.

LA AMIGA DE PENÉLOPE mira su muñeca. Se para.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Bueno. Lo dicho, que se me hace tarde. (Pausa.) No. No, es Carlos. (Pausa.) Es que lleva unos días pachucho y voy a hacerle la cena. (Pausa.) Es que le ha subido el colesterol y está siguiendo una dicta blanda. Nada grave. (Pausa.) Pero ya sabes como son; que si hazme un arrocito, que si estoy muy cansado, que si pásate por casa y cenamos juntos... Ya, ya, ya, ya, ya, ya, ya, ya.

No si en el fondo son todos iguales. (Pausa larga.)

En fin. Qué se le va a hacer. Bueno cuídate, Eh. Y de lo tuyo, lo dicho: mándale a la mierda.

LA AMIGA DE PENÉLOPE sale, de escena.

 
Cuatro.
Consejos doy.

 

Se escucha "Encantada de la vida", de Benny Moré. En escena LA MUJER QUE ESPERA y LA AMIGA DE PENÉLOPE, ante una instalación de pequeñas mesas de hierro, pobladas de imágenes y recuerdos. Toma fotografías con una polaroid de cada objeto y de algunos de los espacios más íntimos de su cuerpo.
LA MUJER QUE ESPERA.- La mujer que espera lleva tallado en el pecho un almendro en flor.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Un cursillo de macramé y se te quita la tonteríta.

LA MUJER QUE ESPERA.- La mujer que espera lava sus sábanas con cal y ceniza.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Iniciación al punto de cruz, que relaja mucho.

LA MUJER QUE ESPERA.- La mujer que espera sabe a deshielo en eclipse de luna.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- En esta revista lo explican todo. Y con el primer fasciculo, gratis, un telar y dos ovillos.

LA MUJER QUE ESPERA.- La mujer que espera aprende tersura de los cerezos.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- ¿Un licorcíto? Mejor dos, que entonan el cuerpo.

LA MUJER QUE ESPERA.- La mujer que espera se abraza a los mástiles de los días célebres.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Te he traído un chocolate buenísimo. Y sin almendras.

LA MUJER QUE ESPERA.- La mujer que espera sorbe la tristeza en taza de desayuno.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Una conversación telefónica y ¡Hala! ¡A pasar la tarde!

LA MUJER QUE ESPERA.- La mujer que espera recorre los charcos de la templanza.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- La mujer qLIC espera desespera.

LA MUJER QUE ESPERA.- Un poco.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- ¿Y el macramé? ¿Y el punto de cruz? ¿Y la revista? ¿Y los licores? ¿Y el chocolate? ¿Y el teléfono? ¿Y la frivolidad?

LA MUJER QUE ESPERA.- ¿Frivolidad?

AMIGA DE PENÉLOPE.- FRI-VO-LI-DAD.

LA MUJER QUE ESPERA.- ¿Tú crees? No sé.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Sí, mujer.

LA MUJER QUE ESPERA.- Bueno.

 

Cinco.
Yo seré tu baby.
 

Se escucha "Caribe intro", de Michael Camilo. LA MUJER QUE ESPERA se viste con una gabardina blanca, zapatos de alto tacón del mismo color, guantes antelina y unas gqfas negras. Toma un enorme bolso que lleva del brazo. Tras su sombra se proyectan imágenes de perfumes envolventes, sofisticados vestidos de nocbe, zapatos de tacón de aguja y productos de cosmética de lujo.

 

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- La vi tan triste que le dije: "Vámonos de compras". "No ando bien de dinero", me dijo. Pero, ¿Qué importa? ¿A quién le importa? La convencí. Las sandalias le miraban desde el escaparate. Finas. Muy finas. De esas que atraen a primera vista.

LA MUJER QUE ESPERA.- Eran mías.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Seductoras, insinuantes, ligeras. No podía dejarlas allí. Sólo un pequeño cartel las alejaba de ella. El cartel era inconveniente. Desagradable incluso. Muy desagradable. (Pausa.) Pero luego dijo: ¿A quién le importa?

LA MUJER QUE ESPERA.- Un día es un día.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Se abrazó con orgullo a la bolsa. Y proseguimos. Poco más allá aparecieron las medias. Posaban en el escaparate sólo para ella. Suaves. Muy suaves. De ésas que convierten el tacto en capricho.

LA MUJER QUE ESPERA.- Eran mías.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Provocativas, refinadas, brillantes. No podía dejarlas allí. Sólo un pequeño cartel las alejaba de ella. Bastante al principio. Pero luego dijo: ¿A quién le importa?

LA MUJER QUE ESPERA.- Un día es un día.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Y la tarjeta salió por sí sola de su cartera. Una firma y a la calle. Y entonces, un poco más allá, al cruzar la esquina, apareció el vestido. Único. El único. ¿Te cuento lo del cartel?

LA MUJER QUE ESPERA.- Era mío.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Impresionante, espectacular, escandaloso. La tarjeta de crédito pedía auxilio a un sello de treinta pesetas. Y entonces dijo: ¿A quién le importa?

LA MUJER QUE ESPERA.- Un día es un día.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- No quiso mirar el ticket. Y respiró aliviada al salir de la tienda.

LA MUJER QUE ESPERA.- Ahora todo está listo. Incluso yo mísma. Voy a borrar tu imagen de un portazo. Y tu ausencia, encerrada en el cajón de la rnesilla.

LA MUJER QUE ESPERA y LA AMIGA DE PENÉLOPE salen de escena.

 
Seis.
No es tan fácil olvidarte.
 

Se escucha "Mambo con Puente", de Tito Puente. LA MUJER QUE ESPERA, descalza, deposita con desgana las gafas y los zapatos de tacón en las pequeñas mesas de hierro. La gabardina cae al suelo entre los restos del naufragio. Se recoge el pelo en moños y tranzados que se rebelan inmediatamente.

 

LA MUJER QUE ESPERA.- Días, semanas, quincenas, meses. Fragmentos de una eternidad que se posa sobre mi piel. Sobre mi rostro ojeras que me regaló la noche; el brillo en los ojos del sueño helado; los labios partidos de no besar, o de hacerlo para conjurar tu recuerdo. No sé.

Me alivia saber que fui capaz de vivir una noche más sin ti. Me enseñaste a amar, a reír, a volar. Pero se te olvidó enseñarme a olvidar.

La musica desaparece suavemente. LA MUJER QUE ESPERA se sienta ante el telar. Se toca con ambas manos lentamente el cuello, los pómulos, la frente...

LA MUJER QUE ESPERA.- Hoy me pesa tu sombra ante un vestido horrible, unas medias rotas y unas sandalias sucias. Y el frio, ése frío que se resiste a abandonarme hasta en la noche más calurosa. Y la opresión va entrando en mi casa con la cordialidad de una vieja conocida.

No te vencieron los placeres prohibidos, ni la luna vengadora, ni los susurros de una aventura de deseos. Tu voz se impuso sobre las conversaciones elevadas, sobre la música atronadora, sobre las copas que caían entre tacones y cigarrillos.

Y tu voz, ahora, ante el espejo que revela las mentiras que quise creer a pie juntillas, me dice: "Aprende a perderme".

LA MUJER QUE ESPERA sale de escena lentamente.

 
Siete.

Pasos.

 

Todo se bace azul. En el espacio vacío resuena el ulular del viento. Sonido de pasos que retumban en el eco de un gran salón desnudo.

PENÉLOPE.- ¿A quién hablas, mujer? Vuestras voces me persiguen desde el atardecer al alba. Las columnas de este palacio están cubiertas del musgo de vuestra saliva. Tras mis pasos miradas, bisbiseos. ¿Y ante mí?

Silencio.

¿A quién buscas, mujer? Reconozco las palabras en unos labios sellados. Lo sé. Acecháis mi aposento para ser testigos de lo que queréis ver: la sombra de un varón o la simple hipótesis de su silueta. ¿Serás tú la afortunada?

Sílencio.

Dime, mujer. ¿A quién miras cuando yo me volteo? No lo niegues. La primera mujer y la última temen una palabra: "Dicen." Sé quien soy y cual es mí rango. Mi cuerpo es una razón de Estado; mi piel vacía, un conflicto de sucesión. ¿Un botín de guerra?

Silencio.

Ay, mujer. ¿A quién engañas? Vuestra ansiedad no vale nada. Hay secretos que sólo conocen las vetas de mi tálamo. Y yo te digo: vendaré mi sexo y mis rodillas y mis senos para que no hablen de lo que rozaron desnudos. No hay pruebas. Ni las habrá. Díselo a esas que se esconden tras la estupidez.

 

Ocho.

El contestador.

 

Suena "Libertango", de Astor Piazzola. LA MUJER QUE ESPERA, ante la instalación de pequeñas mesas de hierro. Los recuerdos por los suelos, las mesas tumbadas, los restos de una ingenua coquetería, construyen un espacio derruido.

VOZ DE LA MUJER QUE ESPERA.- Hola. No puedo atenderte. Pero por favor, deja tu mensaje después de la señal.

Largio silencio.

LA MUJER QUE ESPERA.- Este sábado ha volado deprisa. Apenas le quedan un par de respiraciones. Un café con leche, unas compras inútiles, una aspirina para aliviar la tristeza que se posa sobre mi nuca. Y siempre al llegar a casa, el rito ansiado del buzón y el contestador. Mudos. (Pausa.)

Atrás, los días hermosos. Beneficios, muchos beneficios; en el umbral del reproche, del yo soy, yo te doy, en la repartición del dolor y sus males gananciales. Y en el recuerdo de las celebraciones.

Fue entonces cuando ella, voz amiga, interrumpió el soliloquio al acuario. "¿Por qué no coges el teléfono?"-me dijo- "¿No sabes que en una llamada a cobro revertido ... " Colgué el teléfono. Se disparó la cólera. Sólo faltaba que también le pagara la nostalgia. Y entonces pensé en quemar el buzón, en arrancar el cable del teléfono y lanzar el contestador al patio.

Silencio.

LA MUJER QUE ESPERA de pie, con una lata de metal brillante en la mano.

LA MUJER QUE ESPERA.- La señora del cuarto, como siempre tan discreta, me descubrió en el descansillo. "¿Qué? ¿Limpiando el buzón, eh? Sí, yo también lo había pensado: con gasolina se quitan muy bien las manchas... Bueno,bueno, me subo, ¡eh! Ten cuidado, maja, que estas cosas son tan peligrosas ...

El buzón brillaba como un espejo y me vi reflejada en él; en las postales ausentes y la caligrafia amada. Y entonces me reí. Me reí de mí misma; de mis lágrimas con sabor a Repsol; de aquel sábado de ausencias y de croissants mojados en pena marrón. Me reí de mis ojos rojos, de mi aspecto marujil y de las cajas de galletas en un armario atiborrado. Así que subí a casa. Me puse un video: una de esas películas en las que Cary Grant sonríe a Doris Day. De esas en las que todo sale bien. Y me reí más fuerte. (Pausa.) Y me dormí.

 

Nueve.

Violencia cotidiana.

 

LA MUJER QUE ESPERA rodeada de pequeñas transparencias azules,a l amanera de velas de diminutas embarcaciones. Enciende un cigarrillo que fuma con parsimonia y deja recorrer el humo por toda la estancia.

LA MUJER QUE ESPERA.- Nunca te dije "pégame".
Pero convoco tus recuerdos y me golpean.
Nunca te dije "átame".
Pero tus ojos han cegado mis pasos. Y sólo te veo a ti.
Nunca te dije "insúltame".
Pero me ofende tu distancia. Y te maldigo amándote.
Nunca te dije "escúperne".
Pero tu boca me asalta en la noche y abrazo tu aliento entre mis sábanas.
Nunca te dije "miénteme".
Pero adorno tu retrato con falsedades. Y mitifico los detalles de tu ser.
Nunca te dije "ahógame".
Pero tu silencio anuda mi cuello. Y la ansiedad recorre mi garganta.
Nunca te dije "mátame".
Pero pierdo tu imagen y aborrezco la vida.
No estás. Y tu ausencia me pega, me insulta, me escupe, me miente, me
ahoga, me mata.
Hay una violencia soterrada en la nostalgia. En las imágenes pasajeras
que estremecen cada día.
Me agrede tu sombra. E impúdica, anuncia el azul turquesa de los
olvidos.
La arranco de mi presente con acciones. Actuar, hacer, construir,
preparar. Formas verbales que anteceden al "calmar".
Nunca te dije "Márchate".
Pero necesito alejarte para seguir viviendo. Y abrazo tu imagen para
aplacar la derrota.

 

Se escucban las cadencias de un punk maquinal. LA MUJER QUE ESPERA inicia una carrera frenética en la que viaja por todos los espacios, reales e imaginarios. En su movimiento hay frenadas imprevisibles, momentos de tensión y repentino revuelo. Sus cabellos se remueven como los de un potro enjaulado. Finalmente se deja caer, agotada. Sólo se escucha su respiración entrecortada.

 
 

Diez.

La dulce muerte

 

Se escucba el sonido de unos delfines que juguetean en el agua. PENÉLOPE sobre la cama.
PENÉLOPE.- Dejadme dormir. Sólo quiero dorinir en este tálamo de flores muertas. Me cubriré con una túnica de pétalos hasta el últinio día.

No tengo razones para comer. No tengo razones para respirar. No tengo razones para vivir. Decidle a mi hijo que estoy dormida y que la luz del día cubre con sopor todos mis deseos.

Silencio.

No lo entenderías, aya. Me pesan los brazos y las manos. Levantarme es como hacer flotar con mis dedos el peso de este palacio. Lo fácil y lo difícil son ideas confusas. Me es dificil lavarme la cara, recoger mis cabellos. Vestirme, aunque me ayudes, es tarea de cíclopes. Si yo pudiera... Dejar caer mi sangre, fundiéndose con los pétalos marchitos. Dejarme ir. Simplemente: dejarme. Como se dejan las hojas cuando el viento las atrapa y las aleja del árbol al que pertenecieron.

Silencio.

A veces les pido a los dioses la dulce muerte. Y cuando abro los ojos y me descubro viva, les pido que vuelvan a intentarlo. Os doy mi letargo y la pesadez de mi cuerpo: no tengo voluntad para regirlo.

Silencio.

Sé que es inútil. Los dioses aprecian mi desesperación más que mi muerte. Sé que me van a dar muchas mañanas como esta.

Silencio.

Sí, aya. Pero más tarde. Mañana, tal vez. O... Quién sabe.

Ahora déjame dorinir.

 

Oscuro.

 

Once.

Vergüenza debería darles

 

LA AMIGA DE PENÉLOPE sentada con una bata blanca y gigantescos rulos en la cabeza. Habla frenética, precipitadamente.

 

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Yo no sabía qué decir. No me lo podía creer. Pero es que ellos son así. Así de cabrones. A ver. Hace falta tenerlos de aluminio. Que lo Sepa todo el mundo. Que llames a tus compañeros de trabajo, a tus amigos, a tu familia. Y tú... Y ella, quiero decir...¡A la luna de Valencia!

Pues eso es lo que pasó. Y yo, inocente de mí, creyendo que lo sabía, creyendo que se te había pasado, que no me lo había contado... Pues eso. En plan de broma. ¡Cómo se me iba a ocurrir que... ! Pues nada, lo que te cuento; que si ya le valía, que cómo era, que no me contaba nada¡Y fíjate tú la movida! Ella se quedó blanco baldosa del baño. Mirando hacia no se sabe, hacia lejos. Yo no sabía que hacer."Que vuelve", dijo ella. Y yo: que te estás quedando conmigo, que qué morro tienes que... Y ella sin decir nada. Mirando a la nada. Y yo empecé a ponerme morada. Morada Corpus Christy. Y chica, que mal rollo, no me lo puedo creer, pero ¿de verdad? Y ella allí, cada vez más tiesa, cada vez más blanca. Y yo buscando el tabaco, dónde está el puto tabaco. Ella se levantó para ir al baño y yo aproveché para pedir la cuenta. Que menos que invitarla, claro, después de la metedura de pata. ¿Y quién estaba allí? Carlos. Como lo oyes. Carlos, el de los arrocitos, el colesterol y la dieta blanda; el de ven a hacerme la cena que me duele aquí, aquí y aquí, el de no puedo ir a recogerte y el de tus problemas no son nada comparados con los míos. Pues el mismo.

Y se le veía muy bien. Muy contento. No parecía dolerle nada. Se estaba tomando un copazo y no precisamente de Primperan. ¿Solo? ¡NO! Con una rubia teñida de rubio platino y labios de silicona. Y entonces. Y entonces. Me fijé en la propina: una moneda sobre un platito de latón. Y un copazo que cae sobre un individuo, varón, metro ochenta y cinco de estatura, 29 años, soltero y con el compromiso de arruinarme la vida. ¡A mí!

Ella me cogió del brazo y me sacó de aquel sitio horrible, horrible, horrible.

 Pausa muy larga. Casi eterna.

 ¿Oye? ¿Tú crees que se lo habrá tomado a mal?

 Oscuro.

 

Doce.

Y beber, beber, beber...

 

En escena, LA AMIGA DE PENÉLOPE y LA MUJER QUE ESPERA, sentadas en taburetes altos y apoyándose en una barra imaginaria. Resuena al fondo de las conversaciones una desgarrada ranchera contemporánea. Por ejemplo, "Mala bestia", de Miguel Comamala

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Se lo he dicho y se lo repito. Póngame un Licor 43.

LA MUJER QUE ESPERA.- Por el bien de todos, no le dé más de beber.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Es un canalla. Un miserable. Un cerdo. Otro Licor 43.

LA MUJER QUE ESPERA.- No le haga caso.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Un mentiroso. Mentiroso. Mentiroso.

LA MUJER QUE ESPERA.- Vámonos, anda. Te dejo en casa.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- ¿Pero tengo razón o no tengo razón?

LA MUJER QUE ESPERA.- Bueno...

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Entonces póngame otro.

LA MUJER QUE ESPERA.- No merece la pena. ¿Para qué? ¿Crees que Carlos te va a agradecer esto?

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Que no me lo agradezca. Póngame otro. Haga el favor.

LA MUJER QUE ESPERA.- Te vas a sentir fatal.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Ya me siento fatal. Estoy fatal. Quiero estar fatal. Hasta el final de mis días. Traiga la botella de Licor 43.

LA MUJER QUE ESPERA.- Te vas a destrozar el estómago.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Es verdad. (Pausa.) Mejor. Póngame un Anís del Mono. Hasta que se le rompan las cadenas.

LA MUJER QUE ESPERA.- Mira, no tiene sentido. Es mejor que nos vayamos ahora. Mañana lo verás más claro.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- ¿Que Carlos es un cerdo?

LA MUJER QUE ESPERA.- No. Eso no. Que no merece la pena.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- A ti sí. Tú estás dispuesta a esperar.

Silencio.

LA MUJER QUE ESPERA.- Tienes razón. Camarero. Un Anís del Mono y un Licor 43.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- ¿Y eso? Te vas a destrozar el estómago.

LA MUJER QUE ESPERA.- Que sea por las amigas.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- No, eso no. Por mi culpa no.

LA MUJER QUE ESPERA.- Entonces vámonos.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- No.

LA MUJER QUE ESPERA.- Entonces bebamos.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- No.

LA MUJER QUE ESPERA.- ¿Entonces?

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Siempre me convences.

LA MUJER QUE ESPERA.- Pago yo.

Oscuro.

 

Trece.

Como una señora

 

Sonido descomunal de protazo. Se escucha "La Truhana", de La Lupe. Se escucha, LA AMIGA DE PENÉLOPE, ante una silla y dirigiéndose a LA MUJER QUE ESPERA, sentada entre el público.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- ¡NO QUE ME DICE LA MUY IMBÉCIL QUE ESTOY CELOSA! ¡¡¡CELOSA YO!!! (Pausa.) Porque soy una señora, que si no... Le saco los ojos, la arrastro por el suelo, le araño la cara y la dejo calva. Porque no me voy a rebajar y ponerme a su altura...

(Sonriendo excesivamente.) "No sabía que fueras psicóloga. Así, sin conocerme, sin saber quién soy y sin pedirte opinión, haciendo diagnósticos." (Seca y molesta.) Creía que diagnósticos son los que no creen en la existencia de Dios.

(Sonriendo.) "No, querida. ¿Tú...? ¡Tú! ¿Tú... qué has estudiado? ¡Ta-qui-gra-fi-a! (Breve pausa.) Qué interesante. Debe ser... debe ser... Precioso. No tengo palabras. ¿Yo? Es largo de contar."

(Enfadada.) Me va a venir una taquígrafa a mi a... ¿Qué se habrá creído? ¡Buscar en la agenda de Carlos y llamar a mi casa! ¡A mí! ¡A Mí! Que queria hablar conmigo: para decirme que Carlos lo ha pasado muy mal y ha sufrido mucho...

(Dulcísima.) "¿Pero por qué? Si era evidente que... No, no. De verdad, pobre Carlos. Es un hombre tan sensible... ¿No te ha contado que le aterran las arañas? Sí, las arañas, viajar en avión, los centros comerciales con mucha gente, los edificios altos... Sí, sí es claustrofóbico. ¡No se te ocurra llevarle al Parque de Atracciones que se pone malísimo!"

(Resuelta.) Ya sé que le encanta. ¿Cómo no me voy a acordar?

(Encantadora.) "A Carlos se le perdona todo... Es un hombre tan maravilloso... Yo espero que seáis muy felices. Se merece lo mejor. Fíjate como será que lo de su enfermedad se te acaba olvidando....¡Vaya! ¿No te ha dicho lo de su... ? (Pausa.) (Sonriendo.) No me gustaría ser indiscreta. Claro, os conocéis desde hace tan poco... ¿De verdad... ? No te asustes. Es un problema estomacal de carácter genético. Ha estado en tratamiento, pero los médicos no encuentran el modo...Tiene vómitos, jaquecas, un poco de halitosis por la mañana, ronca... De repente se queda blanco y tieso como un perro que parece que se te ha muerto, allí tuismo, pero no... (Suspira.) ¡Ah! Es tan bonito el amor, que lo perdona todo."

(Incisiva.) ¡No he mentido! Sólo le he puesto unas notasde color a la realidad. (Pausa.) Carlos roncaba. Bajito, pero roncaba.

(Tierna.) "No, de verdad. ¿Lo de la discoteca? ¡Mujer! Tú habrías hecho lo mismo. Y no lo has notado ya... (Pausa.) Ah, claro. Siendo así... Pero no te lo pienses. Vete a vivir con Carlos lo antes posible. ¿Te gusta fregar? ¿Y planchar? ¿Y reniendar calzoncillos no te... ? Bueno, es que Carlos, que es tan maravilloso... No te haces idea del partidazo que tienes... Pero para las cosas de la casa es un poquito tradicional. Chica, ya verás como le acabas cogiendo el tranquillo. A Carlos le encantaba verme lavar la ropa a mano. No, tenía lavadora, pero la vendió. Dice que es mucho mejor para 1a ropa. Y más ecológico."

(Insistente.) ¡Ay! iDéjame que acabe!

(Dulce.) "De verdad, tienes mi apoyo para lo que necesites. Yo sólo quiero que Carlos sea feliz. Y si lo es contigo... Lo que me sorprende es que no te haya presentado ya a su madre. Bueno, pero ella es una persona transcendental en su vida. ¡Qué gran mujer! ¡Qué vitalidad! Le gusta tanto participar en la vida de Carlos y de su pareja y estar con él y que le acompañéis a misa todos los domingos y la paella y el paseíto de la tarde y el rosario... ¿Tienes prisa? Chica, que pena. Habrás visto que se me pasa el tiempo volando cuando hablo de Carlos... ¡Vale tanto! Bueno, llámame cuando quieras, ¿eh? Muá-muá. Y cuida de Carlos, que es un tesoro."

(Sensual.) Porque soy una señora... Que si no...

 

Oscuro.

 

Catorce.

Ítaca es una pocilga

 

Una carcajada recorre el aire. Se multiplica. Carcajadas tenues, carcajadas jocosas, carcajadas macabras. Como una imagen distorsionada en el espejo de los horrores. En escena, PENÉLOPE. 

PENÉLOPE.- Mis criadas yacen sobre el sudor de mis pretendientes. La ambrosía se funde con el mármol en los rincones húmedos del deseo. Me repugna este infierno de bocas sucias. Amasijo de pieles de buey y olor a nalgas. ¿Creéis que puedo vivir en un estercolero? ¿Tendré que limpiarlo yo? (Pausa.)

(Muestra lentamente una saeta.) Yo lo limpiaré. Haré salar los recovecos de este palacio para borrar las huellas de sangre. El hogar de Telémaco no puede ser un prostíbulo furioso. Yo no lo veré. Y mi hijo tampoco. (Pausa.)

(Observando la saeta.) También podría cegarme. Arrancarme la vista para no ver. Para no llorar. Pero me quedarían los oídos. Los aullidos de los amantes, los bisbiseos de las criadas, las argucias de los corruptos resonarían dentro de mí. Todo los ciegos oyen mejor. (Pausa.)

La corrupción... es el arte del olvido. Aquel andaba de rodillas ante mi marido... Aquel otro, entregaba la lengua a los halagos... ¡Y ése! ¡Ése! Le juró fidelidad más allá de la muerte... Todos me miran de soslayo. Me animan a fijar la fecha de mis nupcias. "El que se fue, se fue", me dicen. Y sonríen al escuchar el tintineo del oro en sus manos. (Pausa.)

¿Y todo esto por qué? No me mires así, Nodriza. Respeté más la libertad de Ulises que mi dolor. Y puede que un día me lo reproche mi pueblo, mi hijo, el mundo. Madre, padre, reina, amiga, gobernante: todos los papeles para una única actriz. (Pausa.) Todos menos uno. Víctima no.

(Decidida.) Manda limpiarlo todo, nodriza. Quiero que Itaca huela a incienso. ¡Ah! Y a las esclavas que se entreguen a los placeres del sexo, dales más estancias. Las limpiarán contentas. Y en silencio.

 Oscuro

 

Quince.

La huella del viajero.

 

En escena, PENÉLOPE. Túnica de luto y la mirada gélida. La voz entrecortada y grisácea.

PENÉLOPE Sed bienvenido, extranjero. Itaca es la patria de los ausentes, pero aún no ha olvidado el viejo ritual de la hospitalidad. Hay, por fortuna, aposentos que no han morado todavía mis pretendientes. Haré preparar uno de ellos para que su estancia sea grata. (Pausa.)

Notará que a este palacio le faltan los pasos de un hombre. Mi hijo Telémaco creció deprisa para reparar la ausencia del padre. Él aceleró su tiempo y yo detuve el mío. Pero ninguno logramos hacerlo bien. (Pausa.)

Sus ropas me hablan de la travesía. Un largo viaje del día hacia la noche. No se apresure en partir, extranjero. Estoy segura de que sus ojos han rastreado la vida de ciudades de púrpura y niebla. Nunca viajé fuera de esta patria ajada. Y recibiré gustosa sus palabras. (Pausa.)

Puede, además, que en su camino haya tenido nuevas del padre de mi hijo y jerarca de esta tierra. Tenía los talones de aire y el corazón de fuego. Se llamaba Ulises. (Turbada.) Alguien... alguien al que vagamente me recuerda, extranjero. (Pausa.)

Pero no hablemos de ello. Son historias viejas como este mar antiguo.

(Penélope da dos palmas.) No le retengo. No es algo que yo sepa hacer. He mandado degollar uno de nuestros carneros en vuestro honor. Os veré más tarde. Después sabréis disculparme. Me retiro pronto a mi aposento. Me agota la labor de hacer crecer el telar durante el día. Y mis pretendientes exigen verlo concluido. Entonces contraeré matrimonio con uno de ellos. Id, pues.

 Largo sílencio.

 PENÉLOPE.- Calla tu sospecha, corazón. Calla.

 Oscuro.

 

Dieciséis.

A la media luna, giró la Fortuna.

 

En escena y de frente a los espectadores, LA AMIGA DE PENÉLOPE, sentada ante el teclado de un ordenador: Lleva gafas redondas y copia unos papeles que lee. Entra LA MUJER QUE ESPERA. 

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Siéntate un momento, que ya acabo. Cinco minutos y nos vamos a cenar. ¿Qué tal? (Sin dejar de mirar el papel.) Ya, "¿Bien o te lo cuento?"

LA MUJER QUE ESPERA.- ¿Quieres que te dicte?

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Si entiendes la letra... Mira, voy por aquí.

LA MUJER QUE ESPERA.- Vale. (Con la entonación habitual de quien dicta, fria y distanciada.) Cada minuto muere una mujer en el mundo por causas evitables relacionadas con el embarazo y la mayoría de ellas en países en vías de desarrollo coma según el informe elaborado por el con mayúsculas Fondo de Población de las Naciones Unidas punto y seguido. Traducido en cifras dos puntos 75 millones de embarazos no deseados coma 20 millones de abortos en condiciones infames y 70.000 mujeres muertas. Punto, y aparte. (Pausa breve.) ¿Voy muy deprisa?

LA AMIGA DE PENÉLOPE niega con la cabeza.

Según esta misma fuente coma España es el quinto país del mundo donde las mujeres nacen con mayor esperanza de vida abres paréntesis 81 coma 5 años cierras paréntesis y el cuarto donde la mortalidad a causa de la maternidad es menor punto. En contraste coma las cifras de la violencia familiar en España coma están muy lejos de la élite punto y seguido. Cada mes coma fallecen al menos cuatro españolas a manos de sus maridos o compañeros punto y seguido. En lo que va de año 36 mujeres han sido asesinadas por sus acompañantes punto. Una muerta cada seis días punto. El 75% de las asesinadas estaban en trámites de separación punto. Más de 300.000 españolas son víctimas en la actualidad de las bofetadas coma mordiscos coma palos coma puñetazos coma patadas coma quemaduras coma cuchilladas coma y demás arranques violentos que les dispensan sus maridos y compañeros punto y seguido. Y es que la violencia doméstica se cobra en España hasta diez veces más vidas que el terrorismo punto y aparte. (Pausa.) Yo no sabía esto.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- (Mirando los folios.) Sigue, que falta sólo un párrafo.

LA MUJER QUE ESPERA.- Bien. (Pausa.) A la vista de los datos coma queda mucho por hacer en la defensa de los derechos de la mujer coma su salud reproductiva y emocional punto y seguido. Pero no solamente punto. En Suecia coma el país nombrado por las con mayúsculas Naciones Unidas como el pionero y primero del mundo en igualdad coma dos investigadoras de la universidad de Goteborg con G de Granada y B de Barcelona han demostrado en una tesis doctoral que el con mayúsculas Consejo de Investigación Médica de Suecia coma tiene en cuenta el género de la persona a la hora de valorar su mérito en la ciencia, su derecho a recibir becas y ayudas económicas. Y ello en un país en el que el 44% de los doctores son mujeres. La investigación coma la ciencia y la cultura siguen siendo incluso en los países más avanzados del mundo coma asignaturas pendientes en la igualdad entre hombres y mujeres. Punto y final. (Pausa larga.)

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- ¿No te importa que lo imprima y nos vamos? Es sólo un momento.

LA MUJER QUE ESPERA.- Venga. (Se escucha el sonido de la impresora.) Qué trabajazo. ¿Lo has escrito tú?

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- ¿Te sorprende? (Pausa.) Lo sabía. Crees que mis neuronas se agotan con los precios de Zara, mi último novio y cortar trajes. (Pausa.) En el fondo crees que soy tonta.

LA MUJER QUE ESPERA.- ¿Qué dices? No, no es eso. Es... diferente.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Este trabajo es para una asociación de mujeres de la Facultad de Políticas. Mi hermana me ha pedido que la ayude. (Pausa.) Y estoy harta, muy harta. Harta de los chistes fáciles, de los nombres de mujeres con diminutivos, cuando ellos se ponen delante un "Don" como una casa. Estoy harta de la ley del embudo, de los ascensos que no llegan y de ganar menos dinero por más horas trabajadas. Estoy harta de las obscenidades que te asaltan desde las obras cuando pasas y de los conductores que aceleran y no te dejan adelantar. Estoy harta de los machistas de Armaní y los misóginos profesionales, del pacto entre caballeros y del "por mis cojones" como explicación del universo. (Pausa.) Por eso estoy ayudando a mi hermana. Para no sentirme solamente harta. (Pausa.)

LA MUJER QUE ESPERA.- Nunca te había oído hablar así.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Es que nunca me había sentido así.

LA MUJER QUE ESPERA.- ¿Y no crees que la ruptura con Carlos ... ? Estás muy sensibilizada.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Sí. Tiene que ver. Con Carlos no veía nada. Tenía mi mundo, perfecto y construido. Cuando estás sola observas más. Te fijas. Y el paisaje cambia. Necesito sentir las ideas para creer en ellas. Y me duele el estómago de ver cosas que no me gustan. Con Carlos, antes, me limitaba a decir que hay mujeres más machistas que los hombres.

LA MUJER QUE ESPERA.- ¿Y ahora?

LA AMIGA DE PENÉLOPE Ahora prefiero defender los derechos de todas. Incluidas las machistas.

LA MUJER QUE ESPERA.- ¿Y la rubia? Yo creía que era la mala de la película.

LA AMIGA DE PFNÉLOPE.- Seria fácil. La rnala es "la otra", la bruja, que además es mujer. Y Carlos, pobre e inocente, no hizo nada. (Pausa.) Además, yo he sido "la otra" en otras relaciones. (Pausa.) Perder siempre cuesta.

LA MUJER QUE ESPERA.- Parece que el hombre es tu enemigo.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- No. (Sonriendo.) Mi peor enemigo es la falta de conciencia. (Deja de escucharse el sonido de la impresora.)

LA MUJER QUE ESPERA.- No sé, me dejas muy confundida.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- No has perdido la esperanza, ¿verdad? Pues espera. Pero él no va a defender tus derechos por ti. (Pausa.) ¿Nos vamos? Han abierto un italiano nuevo en el barrio. Se llama "Confetti"; ¿o se llama "Sconfitte"? (Pausa.) No me acuerdo.

LA MUJER QUE ESPERA.- «Sconfitte» significa en italiano "las derrotadas."

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- ¿Derrotadas? Eso nunca. Venga, que nos vamos al chino.

LA MUJER QUE ESPERA Vamos.

LA AMIGA DE PENÉLOPE y LA MUJER QUE ESPERA salen juntas de escena.

Oscuro.

 

Diecisiete.

Lluvia de amor.

 

Se escucha una canción de Esclarecidos que se diluye en silencio y grillos. Puede ser "No hay nada como tú". En escena, LA MUJER QUE ESPERA,con una regadera de metal. A sus espaldas, proyección gigante d euna maceta de albahaca."

LA MUJER QUE ESPERA.- Vuelve a irse, ¿sabes? Y otra vez me pide que me quede aquí, quieta. Mirando. Como los mosquitos que revolotean junto a la luz de la farola y no se van nunca. (Pausa.) No, no es verdad. No lo pide. Lo da por supuesto. Lo da... por hecho.

Yo... Yo no he sabido hacerlo bien. No he sabido... medir. Yo me he hundido entre tanto "ya veremos". Él se ahoga ante mis excesos y se desespera con mis carencias. (Pausa.) Será por eso que nunca he sabido regar las plantas. O las ahogo o se me secan.

Hay que aprender a escuchar. Es una voz que está debajo de los pasos. Te dice: ahora. Y luego dice: basta. Si hubiera aprendido antes no serías tan pequeña. Habrías crecido más. (Pausa.) Yo también.

Dicen que hay que hablar a las plantas para que crezcan. Pero si te hablo de todo esto te vas a deprimir (Silencio.) ¿Tú qué harías? (Sonriendo.) Sí, ¿no? Yo también. Creo que es lo mejor.

(Se escucba un trueno.) Mira, va a empezar a llover. No hay nada como decidirse a regar para llamar a la tormenta. (Sonríe.) Me gustaría saber qué sientes cuando recibes las gotas de lluvia. Resbalando por tus hojas. Debe ser como... Una liberación. (Pausa.) Lo entiendo bien.

La tormenta se acerca. LA MUJER QUE ESPERA deja caer de la regadera una larga estela de tierra azul. Sale de escena.

Oscuro.

 

Dieciocho.

La condena.

En los primeros instantes de la penumbra. En escena, PENÉLOPE, ante su telar azul. Lo acaricia despacio, como la espalda del amante ausente.
TELAR.- "Yo tu honor,/ yo tu templo,/ yo mármol para la fama de tu deseo/. Los laberintos de mi cuerpo/ hablan de tu distancia/ y de mi resistencia." (Pausa.) Buenas noches. Compuse estos versos blancos en vuestro honor. Espero que sean de su agrado, señora.

PENÉLOPE.- Gracias. Lo son.

PENÉLOPE mantiene la mirada en algún lugar indescifrable.

TELAR.- Señoría... ¿Qué os inquieta?

PENÉLOPE.- Un extranjero. No es un forastero cualquiera. Vino a palacio. Vestía ropas humildes, pobrísimas. Y sin embargo había algo en él de señorial... (Pausa.) Hubiera jurado que era... (Silencio.) Se fue. ¿Crees que estoy loca? No grité al tener mi hijo. Los dolores del parto me encontraron con la sonrisa triste de un soñador. La misma que tienen los locos.

TELAR.- No habéis perdido el juicio. Lo habéis entregado a una causa.

PENÉLOPE.- Nadie me preguntó si quería defenderla. Soy la primera disidente. Eros me condenó a la soledad con su mirada de ojos almendrados. Una rebelde obligada a cumplir el protocolo.

TELAR.- Aún estamos a tiempo.

PENÉLOPE.- No volverá. No lo hará nunca. (Pausa.) Creo que ya lo hizo. Y huyó. Nos condenaron a entendernos, telar. A ser cómplices del mismo destino. A esperar.

TELAR.- Atenea podrá variar mi forma... en la de varón. Nada es imposible si lo acompaña vuestro deseo.

PENÉLOPE.- Sabes que te aprecio.

TELAR.- La piedad no es amor y sabe a desdén cuando se espera más. Yo he sido fiel silencio para vuestro dolor, vuestra desesperación... (Pausa.) Incluso para vuestro olvido. Debe existir un día después de la noche.

¿Veis, señora? Alguien espera siempre al que, esperando, se siente abatido y solo. El mundo es una muralla de seres expectantes, que miran a las estrellas y piden deseos secretos. Vos esperáis y yo os espero a vos. Que densidad de tiempos que se contradicen...

PENÉLOPE.- Nuestro umbral es el del conocimiento. No el de la pasión.

TELAR.- Esta es mi condena, señora. Y cada noche os invitaré a romper con esa parte cruel del destino.

PENÉLOPE Puede... En otra vida, en otro tiempo, en otro mundo Las parcas hilarán de otro modo nuestras vidas. Vamos. Hay mucho por destejer.

Oscuro. 

 
Diecinueve.

Lejos.

 

En escena, LA MUJER QUE ESPERÓ, con los brazos cruzados. Lleva gafas oscuras.

LA MUJER QUE ESPERÓ.- Llegó. Y como no podía ser menos, con el cansancio de los retrasos y la queja de las imperfecciones. ¡Se duerme tan mal en los aviones! Todo tenía que ver con él: su piel sudada, su dolor de cabeza, su maleta rota, sus horas de sueño perdidas...

Todo era suyo. Y para mal. Hay que joderse: conquistar el mundo para despreciarlo. Entonces me vi encerrada y pequeña en la foto de su mesilla. Mucho tiempo atrás me había enamorado de él. No de sus ojos, ni de la piel que le brillaba, ni de aquellas piernas de atleta con las que podía volar. No. Me había enamorado de su luz. De ese briflo generoso que lo tocaba todo. El mundo era un lugar para respirarlo con plenitud. Y yo, aterrorizada por no ser, o ser tan poco, creí que él era la totalidad.

Pausa. Se quita las gafas muy despacio y las guarda.

Allí, ante aquellas puertas que se abrían y cerraban dejando salir a unos pocos, le vi opaco, traslúcido. Umbrío. Como un maletín de documentos sin nombre. Como la sombra de aquella luz.

Le dejé ir acompañado por sus quejas. Puede que alguien le esperara, dispuesto a abrazar aquel caudal de reproches como la luz que yo había conocido unos años antes.

Podía haberle hablado. Explicarle. "Ya no soy la ingenuidad que puebla tu mesilla." (Pausa.) Preferí dejarle ir. Entre sus quejas.

LA MUJER QUE ESPERÓ sale de escena.

Oscuro.

 

Muchos años después... Mi verdadera historia.
 

Penumbra cálida. A lo lejos, sonido de gaviotas que se alejan, magma de olas. Espuma de mar. Respiración honda. PENÉLOPE sentada en una silla de enea. Habla pausadamente, como acunada por el tiempo.

PENÉLOPE.- La historia oficial no me representa, porque está tallada por los vencedores. La mía la escribió en piedra mi marido, Ulises. Fue una vida para la gloria y la conquista, el triunfo sobre la guerra y la muerte. Mi conquista fue mucho más discreta: la del diminuto espacio del ser y el estar.

Aprendí a esperar, pero no como ellos creen. La espera es una forma de resistencia. Es un acto silencioso de reafirmación. En lo que somos, en lo que sentimos, en lo que esperamos. El tiempo no es un enemigo; es un compañero de viaje.

Al principio -es verdad- esperaba por él. Esperaba la sorpresa de su barco en el horizonte; esperaba para compartir la educación de nuestro hijo. Esperaba para rehacer algo que no eran batallas en islas de sueños, naufragios y tempestades.

 Se levanta y se acerca lentamente al telar.)

PENÉLOPE.- El tiempo me hizo menos dependiente. Asumí que aquel hijo era sólo mi hijo; que la historia de nuestro tálamo estaba perdida y obviada. Que sólo volveria cuando se sintiera satisfecho de sí mismo. Aunque ello le llevara buena parte de mi historia cotidiana; lo mejor de mi juventud y de mi fe en la vida.

(Respira hondo.) Las noches fueron abismos. Me imaginaba seres hermosos, fascinadoras reinas que le cautivaban con inteligencia y seducción. Las hubo. Para cuando lo supe el dolor se había transformado en distancia.

El dolor. (Largo silencio.) Las primeras lunas me visitaron con el hastío de la vejez prematura. Me preguntaba por el sentido de aquella ausencia, de aquel ir en busca de bienes, ese infinito deseo por lo que no tenía. Ese querer siempre más.

Fue entonces, una de esas noches, cuando alguien me sugirió el juego del telar. A tejer y destejer me ayudaba, por supuesto, una de las mujeres de la casa. Imprescindible para hilar esa parte de historia oficial que tanto les gusta.

Mis noches no pertenecieron a la triste defensa de mi patrimonio y de mi fidelidad. (Pausa.) Sé lo que están pensando. A Ulises no le importó mucho. Dio por sentado que su cuerpo y su ser eran imprescindibles, insustituibles, únicos

Y la verdad

Toma un retrato de la instalación de mesas de hierro.

A veces me pregunto qué le hizo volver. No lo hizo por mí. La vejez me ha hecho intuir que fue un acto de demostración. Había salido triunfante de las batallas, nadie podía con su tenacidad. Un guerrero sin oda no es nadie.

Sentí un cierto malestar al reencontrarlo. Me había hecho conmigo misma, en un lugar en el que no tenía que dar explicaciones, en el que podía ver crecer a Telémaco. Un lugar en el que me sentía bien siendo como era.

Cóloca el retrato sobre la silla de enea.

La espera me hizo más fuerte, más segura y descreída. Llegaban rumores constantes de regresos o tragedias. Y un día aprendí a esperar. A esperarme a mí misma. Y a proteger un poco ese lado del corazón que se hace arena o fuente, dependiendo de la luz que lo ilumina.

Aprendí a mirar mi sombra paseando por la orilla con una tristeza que construye futuro. Esa tristeza dio paso a la serenidad. Y la serenidad a la calma. Y la calma a la inquietud por ser yo, no la espera de otro.

Me esperé a mí misma. Esta es mi verdadera historia.

PENÉLOPE invita a entrar en escena a LA AMIGA DE PENÉLOPE. Ésta sonríe y enciende lentamente un cigarrillo.

LA AMIGA DE PENÉLOPE.- Me dejó tirada como una colilla. Igual, igual. Me tomó, me prendió y cuando me vio gastada, me tiró contra el suelo. (Pausa.) Eso pensaba yo entonces. Como si el afecto se pudiera quemar de unas pocas caladas. Me hice la altanera y la vengadora. "No me deja quien quiere, sino el que puede", me decía. Y compré la discografía completa de María Dolores Pradera.

Pero ese papel dura poco tiempo. Como el de mujer fatal. llevar la barbilla tan alta produce tortícolis y te tropiezas con los muebles... Y marcan las noches que nunca llegan al desayuno, oyendo desde la cama una puerta que se cierra.

Y un día me derrumbé. De repente, como si tal cosa. Fue por una pequeñez. Un bote de tomate que no se abria, un grifo que no se cerraba... ¿Había discutido con el jefe? Puede que fuera un señor grueso dispuesto a rozarme en el vagón del Metro. No sé.

Odiaba a todos los hombres por razones de género y sin distinción de edad, raza, religión y clase social. Los detestaba a todos. Me refugié en cafés sosegados, donde parejas de mujeres jugaban al ajedrez bajo una fotografía de Anna Magnani. (Pausa.)

Pasó el tiempo. Había encontrado la serenidad en largas conversaciones, en charlas de mujeres con sabor a café y ceniceros llenos.

Y un día apareció. Las ciudades siempre son enormes cuando deseas encontrar a una persona y minúsculas cuando huyes de su recuerdo. La misma acera para los dos. Yo fingí no verle; él me obligó a parar.

"Espera... ¿Tienes prisa? (Pausa) Llevaba meses buscando el quitamanchas más rápido y eficaz y allí estaba él. Preguntando si tenía prisa.

Me quedé. (Pausa.)Y por mucho tienipo. Puede que fuera el orgullo herido, el amor no dado, la revancha de la piel. Puede que lo hiciera por mí. O por quitarme la rabia de haber sido sustituida. No sé. (Pausa.)

Mucho tiempo después le dejé yo. ¿O fue él, nuevamente, quien volvió ha dejarme? Carlos era gris. Se había hecho tan gris que no le reconocía. No sé. Ahora estoy aprendiendo a vivir con mis "no sé", con todas las dudas que se rne pegaron a la piel en las sucesivas crisis. O a reconciliarme un poquito con ellos. (Sonriendo.) No sé, creo que no me va rnal.

PENÉLOPE y LA AMIGA DE PENÉLOPE invitan a acceder a escena a LA MUJER QUE ESPERA.

LA MUJER QUE ESPERA.- ¿Quién viajó de los dos? Yo me fui sin mover los pies. Me revolví hasta desaparecer. Tú viajaste para volar; yo, para enterrarme y renacer.

Ahora sé que tu viaje fue una invitación al mio. Ahora que puedo mirarte sin ver a un extranjero. Ahora que tengo la edad en la que las cosas se ven desde el otro lado del espejo.

Sabes, Ulises... ¿Te importa que te llama Ulises? Me hiciste daño.

(Pausa.) Y me hiciste bien. Me regalaste el desgarro envuelto en papel celofán. Pero al romperme, me vi atrapada en la historia; en la mirada de esas mujeres que aguardan tras la celosía de una ventana. Y decidí salir. Rasgar mi piel para tomar otra. (Pausa.) Y volé, Ulises. Con las alas de quien se sintió mendigo de la vida y ahora se sabe propietario de ella.

Supongo que ahora entiendes...

PENÉLOPE y LA AMIGA DE PENÉLOPE comienzan a descolgar el gran telar azul, símbolo de la espera.

LA MUJER QUE ESPERA.- Que deshiciera nuestro cuarto en silencio. Que me entregara a la liturgia de las cajas plegables y "esta sartén es mía". Que me fuera barriendo mis huellas del pasillo. Y las de mi marcha.

Supongo que ahora entiendes mi silencio. Meses y meses sin palabras, sin cartas, sin llamadas. Pero sólo lo supongo, Ulises. Llega un día en que las huellas de lo que ocurrió se hacen borrosas. Y te confundes al repetir como fue... Que más da. Ha pasado tanto tiempo desde entonces...

Ahora te guardo bien. Como una parte de mí rnisma. Como una parte de lo que fui. (Pausa.) Y de lo que soy. Y ahora estás aquí. A la vuelta de los años. Solo. (Pausa.) Pero esa es otra historia. Tú quería saber. Y esto es lo que fue.

PENÉLOPE,LA AMIGA DE PENÉLOPE y LA MUJER QUE ESPERA, salen abrazadas de escena. En el suelo, el telar azur.

Fin.

 

 
© (1997) Itziar Pascual

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