Berta Muñoz Cáliz, Fuentes y recursos para el estudio del teatro español. I. Mapa de la documentación teatral en España, Madrid, Centro de Documentación
Teatral-INAEM, 2011. 556 pp.


El presente volumen nos pone al alcance las herramientas y recursos para enfrentarse a la búsqueda de documentación teatral. Con un objetivo humilde y realista, esta publicación no pretende recoger todos los fondos documentales, sino servir de modelo y guía, indicando con acierto cómo realizar una búsqueda fructífera y permitiendo deducir a qué lugar se puede recurrir. Es el primero de una trilogía constituida además por Guía de obras de referencia (en preparación) y Las revistas teatrales (en preparación).

En la introducción se enumeran los tipos de documentos existentes y que, debido a una mayor conciencia humana, cada vez se conservan más y mejor. Es importante señalar que los tipos de documentos no se han tratado siempre igual, pues en cada época la concepción del teatro ha ido cambiando y, con ello, las fuentes y su importancia. En mi opinión, un aspecto fundamental de la obra es presentarnos los distintos lugares a los que podemos recurrir a la hora de buscar materiales y documentos. Así, además de ofrecernos una clasificación de los diferentes tipos de documentos, nos transmite los sitios en los que buscar, facilitando enormemente la tarea del investigador. De hecho, la autora habla de documentos variados, tales como ‘trajes, bocetos, dibujos, maquetas y teatrines, programas de mano, carteles…’ además del texto dramático.

Seguidamente, una práctica tipología de la documentación teatral nos abre puertas a otras fuentes y materiales que muchos de nosotros ni pensábamos que pudieran suponer fuentes documentales e informativas. Partiendo del término ‘documentación’ y sus polivalentes significados (que abarcan tanto el texto como el sonido y la imagen), hoy día supone mucho más que antes, pues acoge hasta los locales teatrales, las publicaciones y medios de comunicación, entre otros. Así, podemos diferenciar los documentos conservados en bibliotecas, museos y centros de documentación, y los documentos conservados en archivos. Teniendo en cuenta las diferentes etapas de la producción teatral, contamos con diversos tipos de materiales, además de la obra teatral y los elementos de la puesta en escena. En lo que respecta a la promoción y difusión del espectáculo podemos encontrar carteles, programas, folletos y dosieres (a partir de 1958 gracias a la Ley del Depósito Legal será más fácil encontrarlos); en cuanto a la recepción del espectáculo hallamos críticas teatrales, entrevistas y reportajes en diversos medios de comunicación; en la vertiente económica y administrativa se suelen conservar los ingresos registrados en la hoja de taquilla e incluso contratos desde los Siglos de Oro (en archivos históricos o administrativos, según su antigüedad); por último, para conservar la memoria del espectáculo se utilizan fundamentales fotografías y grabaciones, conservadas en casi todo tipo de centros.

La introducción acaba con un adelanto del contenido del libro, mostrando los principales centros de documentación de España, además de señalar dos directorios para búsquedas e investigaciones internacionales. Seguidamente, el libro se organiza en seis apartados que nos presentan y describen los diversos lugares a los que acudir al realizar una búsqueda o investigación: centros de documentación, bibliotecas, hemerotecas, archivos, museos y fundaciones, y documentación fotográfica, sonora y audiovisual.

Cada vez más presentes e imprescindibles, los centros de documentación reúnen toda la información en fondos documentales propios. Sirven para ofrecer documentación especializada y actual. En España contamos con un centro estatal, varios autonómicos y uno privado, todos ellos centrados especialmente en el teatro del s. XX, aunque no por ello se obvian los clásicos. Los centros de documentación, además, cuentan con bibliotecas y hemerotecas propias. Se diferencian de otros lugares por la tipología de sus fondos y por el tratamiento de la información y los servicios que ofrecen. En ese sentido, trabajan con materiales que no se suelen encontrar en las bibliotecas usuales (folletos, carteles, recortes, bases de datos…); tienen un carácter más especializado y detallado y el tipo de consulta está relacionada con las bases de datos además de con los fondos documentales. A pesar de las diferencias, bibliotecas y centros de documentación cuentan con algunas semejanzas: ambos poseen una sala de lectura, cabinas de visionado de vídeo y ordenadores, así como con servicio de préstamo, reproducción de fondos, información y referencias. Nos presenta los diez centros más importantes especializados en artes escénicas, indicándonos su dirección, teléfono de contacto y página web. Además, incluyen una breve descripción de las instalaciones, los materiales con los que cuentan, así como sus servicios y utilidad. Algunos de ellos pueden ser el Centro de Documentación Teatral INAEM, el MAE (Centre de Documentació y Museu de les Arts Escèniques), el CDAEA (de Andalucía), el de la Generalitat, el de Títeres de Bilbao, el ENT, TOPIC, CEDOA y Fundación García Lorca.

La autora elabora una clasificación detallada sobre los tipos de bibliotecas teatrales existentes. Partiendo de una redefinición del término biblioteca que incluye otros materiales más allá de la obra escrita, nos insta a valorar la labor de las mismas por los servicios que ofrecen y las herramientas que elaboran, y no solo por sus fondos. Esta actualización y modernización de las bibliotecas les otorga una importancia y un lugar fundamental a la hora de buscar información, y esto se ve reflejado en las más de ciento cincuenta páginas dedicadas a ellas en el presente volumen. La autora distingue entre bibliotecas con sede física y bibliotecas digitales; a su vez, dentro de cada tipo, en bibliotecas generalistas y especializadas. En lo que respecta a las bibliotecas físicas, poseen una serie de instrumentos como son los directorios y los catálogos. Los directorios sirven para localizar bibliotecas con sede física en una comunidad. Un ejemplo a nivel nacional es la BNE, y la de Catalunya a nivel autonómico, entre otros. Por su parte, los catálogos facilitan la descripción de los documentos y los ubican en las diversas instituciones. Un gran paso son los catálogos colectivos, que aúnan todos los fondos históricos de las principales bibliotecas españolas. El más importante es el CCPBE (del Patrimonio Bibliográfico Español). Además, cada comunidad autónoma cuenta con su propio catálogo colectivo, destacando el de Cataluña y Navarra por ofrecer información distinta del estatal.

Las bibliotecas físicas podían ser generalistas y a distintos niveles (nacional, autonómico o municipal), como la BNE, el Instituto Cervantes, CSIC o la Biblioteca Koldo Mitxelena en el P. Vasco. Partiendo de esta clasificación, la autora reúne las bibliotecas más importantes, creando toda una relación de nombres y apuntando una breve descripción de los servicios, herramientas y fondos con los que cuentan. En cuanto a las especializadas en teatro, suelen pertenecer a instituciones teatrales, aunque también pueden estar relacionadas con asociaciones profesionales del teatro como la Asociación De Autores de Teatro o la Unión de Actores. Además contamos con bibliotecas de espacios escénicos como la del Teatro Principal de Burgos. Por motivos de extensión, una vez más no entramos en detallar y describir cada una de las bibliotecas citadas, en este caso, trece.

En lo referente a bibliotecas digitales, que suponen una revolución por las muchas ventajas que suponen (mayor accesibilidad, preservación y almacenamiento de fondos), constan de buscadores para localizar textos en línea. En el libro se hace referencia a Hispana, Michael, Bibliotecas del Mundo y Fondos Digitales Españoles. Las bibliotecas generalistas pueden ser de ámbito internacional como Internet Archive o Europeana; de ámbito estatal como la Biblioteca Digital Hispánica; o de ámbito provincial como la Biblioteca Virtual de Andalucía, Somni o Dialnet. Las especializadas en teatro aparecen organizadas por etapas cronológicamente, y se nos muestra la posibilidad de buscar textos online. Como vemos, hay un sinfín de opciones a la hora de buscar. Opciones inmersas en la oscuridad para muchos investigadores y estudiantes y que, gracias a este libro, podemos conocer y empezar a utilizar.

Con respecto a la prensa, una de las fuentes de documentación más completas, ofrece información sobre la obra, la puesta en escena y los criterios subjetivos a la hora de valorar el teatro en cada época. Por ello, el teatro cuenta, además de la prensa corriente, con revistas especializadas que podemos encontrar en las hemerotecas. Estas, sin embargo, no suelen ser entidades independientes, sino que están integradas en archivos, centros de documentación y bibliotecas. Cuentan con todas las facilidades y servicios de las bibliotecas. También podemos hablar de hemerotecas físicas (un total de ocho ejemplos comentados, entre ellos la Hemeroteca Nacional y la Municipal de Madrid) y digitales, organizadas a su vez en generalistas y especializadas (hemeroteca AEI o la Mediateca del A. Virtual de Artes Escénicas). Además, contamos con hemerotecas de legislación como GAZETA o IBERLEX, y hemerotecas de los medios de comunicación como la de La Vanguardia, ABC o El País, entre otras.

En cuanto a archivos, un total de 224 archivos señalados en este apartado que abarca más de 130 páginas son una prueba de su importancia para la documentación teatral. Los archivos, pues, son muy útiles a la hora de datos económicos, obras, datos biográficos o administrativos, así como sobre espacios escénicos. Pese a la imposibilidad de catalogar todos los fondos teatrales de archivos por el volumen que conlleva, contamos con herramientas de búsqueda como centros de información de archivos como el CIDA, directorios de archivos como CÉNSARA y catálogos colectivos como PARES o BADATOR. Los archivos públicos, organizados a nivel estatal, autonómico y con dependencia particular, pueden tratar sobre aspectos económicos, administrativos o históricos, entre otros. Algunos ejemplos son el Archivo del Senado, el del Congreso de los Diputados, el Archivo Histórico Nacional y el Archivo General de Indias. Los privados, por su parte, pueden ser religiosos (pertenecientes a catedrales, diócesis u órdenes) y civiles (de fundaciones laicas como CCOO o ‘Pablo Iglesias’). También contamos con archivos de festivales y teatro como el del Teatro Bellas Artes de Tarazona o el Festival de Mérida. Por otra parte, partiendo del concepto de museo como institución permanente que conserva colecciones de objetos de carácter cultural o científico, los museos adquieren cada vez más importancia a la hora de documentarse y buscar información. De hecho, desde 1919 podemos encontrar elementos teatrales en museos y casas-museo, y edificios teatrales convertidos en museos como el Corral de Almagro. En cuanto a recursos para la búsqueda en museos es reseñable el CER.ES, un catálogo colectivo online que reúne información e imágenes de 71 museos españoles.

En España podemos encontrar dos museos dedicados a las artes escénicas: el Museo Nacional del Teatro y el MAE, además de algunos museos monográficos y temáticos sobre aspectos concretos. Los museos pueden ser corrales, teatros romanos u otros edificios históricos con valor arquitectónico como el Real Coliseo Carlos III de El Escorial, el Teatro Arriaga de Bilbao o el Corral de Comedias de Alcalá de Henares. Todas las casas-museo, museos ubicados en la casa natal de algún personaje, pertenecen a autores dramáticos, por lo que podemos encontrar en ellas manuscritos, primeras ediciones o correspondencia, así como fotografías y datos biográficos. En total se describen 18 casas-museo, entre ellas el Museo Casa Natal de Cervantes, el Museo Valle-Inclán y la Biblioteca y Archivo de la Fundación Rafael Alberti.

Por último, Muñoz Cáliz presenta otro tipo de documentación no del todo todavía explotada pero que cuenta cada vez con  más importancia: la fotográfica, sonora y audiovisual. Muñoz Cáliz elabora una clasificación dividida en archivos fotográficos, sonoros y audiovisuales en la que explica y describe algunos casos concretos de centros de documentación (Fundación Juan March, TOPIC, INAEM, REBIUN…), de espacios teatrales (Teatre Mercat de les Flors), on line (Ars Theatrica, Archivo Virtual de Artes Escénicas), de medios de comunicación (ABC, Agencia EFE), de ediciones de fonogramas (Voces de la Edad de Plata), de colecciones (Gran Teatro Clásico, Segóbriga), o de grabaciones de compañías (La Fura dels Baus, Comediants), entre otros.

El libro que resume brillantemente el método correcto de buscar los primeros materiales para investigar documentalmente el teatro español. Al presentar pulcramente los contenidos e ilustrarnos en los tipos de documentos existentes puede ser considerado como una guía utilísima para iniciarse en la investigación crítica y rigurosa.

G. M. G.

 

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