Recordar (re-cordar). O volver a pasar por el corazón. En este caso, El teatro como máquina de la memoria (The Hauted Stage: The Theater as Memory Machine), de Marvin Carlson. Un libro que desgrana cada uno de los aspectos (“fantasmas”) que tejen (se entretejen) en (y desde) el acontecimiento teatral: la puesta en escena, las “repeticiones”, la idea de un cuerpo… Una mirada que no sólo busca adentrarse en el convivio (Dubatti), que sucede en la sala, sino que repasa, además, esos seres que retornan: los “espectros.”

De esta manera, Carlson concibe, por un lado, el teatro (entendiendo tanto el lugar físico como el cuerpo del actor como poseedor de saber y, por qué no, el del espectador a un mismo nivel) como lugar para la memoria (“toda obra es una obra de memoria”) y, por extensión, el “teatro” como espacio para la configuración de experiencia. Y por otro, como un recuerdo, que no será, apunta Carlson, sino modificado y despertado una y mil veces después con cada “nueva” representación (re-presentación). Así, el autor se centra en el drama y en la intención de contar (“volver” a contar) historias. Es decir, un guiño a un saber, pero que sabe que proviene de los relatos. O incluso, una “historia” que tiene su memoria, sus recuerdos tanto con el tú como en la ficción. En ella. De este modo, si bien Carlson parte en ocasiones de propuestas y de prácticas como, por ejemplo, las del movimiento romántico o del realismo, lo más interesante, al menos, para nosotros, es la indagación que se presenta entorno a la figura de Tadeusz Kantor, su teatro de memoria y la obsesión por todo “aquello que retorna”. En fin, una dialéctica.

R.M.T

 

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