Cartel estreno Pedro de UrdemalasReparto Pedro de Urdemalas

Aquel Miguel de Cervantes dramaturgo, que tanto sufrió con los dimes y diretes de autores y farsantes en el siglo XVII es todavía, incluso para directores de escena contemporáneos, un dramaturgo incómodo. Cervantes se sinceró tanto respecto a la específica personalidad de su teatro, seguramente más cercano al que escribiría Brecht que al escribió en su tiempo Lope de Vega, que se ha creado una biografía ideal de autor de unos textos memorables pero fuera de la institución comercial que llegó a ser el negocio del teatro del Siglo de Oro. Y, sin embargo, hete aquí que una de sus obras mas inmensas, más esplendentes en su autoconsciente metateatralidad, aquella en la que elaboró todo un mapa del genio y la técnica de comediante barroco, se ha puesto en escena, cumpliendo la propia premonición cervantina, en el antiguo imperio de los mandarines.

Lo ha hecho en el la Academia Central de Teatro de Pekín, donde, en colaboración con el Instituto Cervantes, se ha estrenado el pasado 21 de junio de 2008, bajo la dirección de Alejandro González Puche, profesor de la Universidad del Valle de Colombia y que acaba de culminar su Máster en Artes Escénicas y Patrimonio Teatral en la Universitat de València (España) donde se dispone a realizar su Doctorado, precisamente sobre la teoría y, sobre todo, la práctica dramatúrgica cervantina.

La valentía de asumir el legado de Cervantes para un actor y director teatral como González Puche es todo un manifiesto de cómo puede enganchar la dramaturgia, absurdamente preterida o encasillada en arqueológicos rescates épicos —la Numancia— del autor del Quijote. Pedro de Urdemalas pone en escena, sencillamente, la teoría cervantina del actor y sus vigorosas reivindicaciones del arte teatral: el actor no nace (o nace perseguido por el mito de su desclasamiento picaresco o marginado social) sino que se hace en la proteica realidad vital. El personaje central inventa su propia biografía, su destino como actor en la asunción retrospectiva de la predicción de un mago: llegar a ser un cuerpo proteico de múltiples identidades. La fuerza del extrañamiento, la distancia que impone la escritura dramática cervantina, alcanza en este montaje cotas insospechadas: un ejercicio académico en vivo, suscitado por el empeño de un hombre de teatro que ha transformado el “peso” de la filología —con la que ha querido completar su formación— en la plenitud descodificadora del espacio dentro del cual se entiende el “libro vivo” del teatro. Sigue de ese modo su cuidadoso proceso de experimentación transcultural del teatro clásico español: en febrero estrenó una soberbia versión de La vida es sueño a cargo del Teatro Académico Estatal Tártaro de Kamal de Kazán (Federación Rusia) con actores como Ravil Sharafiev en el papel de Basilio y Jairulen Iscaunder en el de Segismundo.

Para más información y el seguimiento de la trayectoria de Alejandro González Puche, ver http://alejandropuche.blogspot.com/

E.R.C.

 

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