C A N T O XVI

 

 Cuenta Brisalda su historia, y amores de Laudiso, a Roanisa. Consulta (1) un mago de aquella cueva, el qual la da nuevas armas y la embía a nuevas aventuras. Encuentra con Sacridea y el mago del Fénix, y vanse juntos, y llegan a descubrir una ciudad cercada.

 
NO ay cosa que assí allane y facilite
qualquier dificultad y áspera cosa,
como el exemplo que, al primer embite,
nos impele a la empresa más dudosa,
haze que el pecho heroyco se exercite
en la fama inmortal y milagrosa,
allanando la cumbre más subida
y haziendo despreciar la amada vida.
 
Aquello que con claros ojos vemos
y de nuestros passados recebimos,
y las arduas empresas que leemos,
es lo que con fervor mayor seguimos.
Assí, que con los hechos nos movemos
que de nuestros mayores entendimos (2),
forçándonos que aquello sólo hagamos
con que en la alteza dellos nos veamos.
 
Lo mesmo nos sucede en el tormento,
fatigas, infortunios, amarguras,
desgracias y trabajo y descontento, 
desmanes, desconciertos, desventuras;
que, si vemos de espacio y con asiento (3)
los agenos sucessos y obras duras,
tenemos por sufrible nuestra pena,
pues suele ser mayor la angustia agena.
 
Y por esto veréys que los autores,
de los buenos y malos dan noticia,
porque los que son buenos sean mejores,
cobrando para obrar mayor codicia,
y no osen los malvados ser peores
viendo tan abatida la malicia
por la pluma de aquéllos que escribieron
y noticia de todo al mundo dieron.
 
Assí, que mucho mueve lo que vemos
que por otros millares ha passado,
por los quales sucessos nos movemos
a vivir con más tiento y más cuydado.
En la presente historia lo tenemos
que de Brisalda avemos començado,
la qual a la persiana relatava
la causa porque en fuego se abrasava,
 
diziendo: "-Fuy estremada en la hermosura
(conforme a la opinión del vulgo y gente),
mas, junto con aquesto, era más dura
de lo que a tal belleza se consiente.
Vivía libre, esenta y muy segura,
riéndome de amor y su acidente,
y no estimando en nada quanto avía,
sino sola la frágil beldad mía.
 
De los enamorados me burlava
sus ansias despreciando y graves daños;
con áspero desdén los desechava,
haziéndoles passar males estraños. 
Desta suerte, mi vida governava
dexando deslizar mis dulces años,
parecïendo que no era el dios Delo (4)
digno de me tocar ni en solo un pelo.
 
Mas, ¡ay!, que como necia andava errada,
pues con mis tristes ojos aora veo
que la dama más bella y levantada
no se puede igualar con el más feo.
Pero, como muger, desvarïada,
me andava tras mi altivo devaneo,
entonces no mirando que ofendía
al sexo varonil y a su valía;
 
que, si bien lo advertimos, las mugeres
no tenemos más bien del emprestado (5),
pues todos nuestros gustos y plazeres,
sin el hombre, aunque es bien, es bien pintado.
Nuestra altiva ambición y menesteres
para la humana pompa y alto estado,
si ellos no nos lo dan, no lo tenemos,
y quando lo tengamos, ¿qué valemos?
 
Pero a mí me pagó la justa suerte
como mi gran sobervia lo pedía,
pues no me quiso dar temprana muerte,
aunque justas mil muertes merecía;
mas en tratarme assí se mostró fuerte,
aterrando mi necia fantasía (6)
con tan áspero mal, que se derrama
donde alcançan las lenguas de la fama.
 
En esta fértil isla huvo un guerrero 
de más valor que yo, y mayor riqueza,
que, aunque era destos reynos estrangero,
fue estremado en las obras de destreza.
Gallardo, cortesano, placentero (7),
en fin tal, que le dio Naturaleza
quanto con larga mano pudo darle,
para no aver en él de qué tacharle.
 
Los ojos puso en mí, que no deviera,
pues fue causa que viva aquí qual vivo,
deshecha en crudo ardor y en llama fiera
y rabiando en eterno fuego esquivo.
Dio principio a me amar de tal manera,
que de mi gentileza fue cautivo,
haziéndome saber su ansiosa pena
pidiéndome la diesse yo por buena.
 
Mas yo, que no estimava quanto avía,
teniéndome por más que inmortal diosa,
no sólo remediarle no quería
(como es justo a muger no desdeñosa),
mas, con todas las fuerças que podía,
procurava mostrarme rigurosa,
haziendo tanto mal al que me amava
quanto al manso cordero la onça brava.
 
No bastava el humilde y tierno ruego,
ni las obras salidas de amor puro,
ni ver el entrañable, ardiente fuego,
para se le ablandar mi pecho duro;
antes, el coraçón tenía tan ciego,
que nada recelava en lo futuro,
estando cada punto más terrible
y en mi loco furor más insufrible.
 
Duró aquesta contienda por tres años;
él, amándome a mí en el sumo grado, 
yo, siempre procurándole mil daños,
hasta le reduzir a un bravo estado.
Y no es mucho, pues fueron tan estraños
los desgustos (8) que aqueste pecho ayrado
le forçó a padecer, que aora me espanto
cómo pudo sufrir y passar tanto.
 
En su casa una dueña éste tenía,
astuta y sagacíssima hechizera,
(y, según me han contado, era su tía),
que amava al cavallero en gran manera.
Pues Laudiso (que asina (9) se dezía
el joven desdichado), assí como era
firmíssimo amador, lo fue estremado
en tener su congoxa y mal callado.
 
En todos los tres años, a ninguno
dio parte del amor con que penava,
aunque el hado, y su mal tan importuno,
una vez y otra vez lo demandava.
Mas él que, como fénix, fue sólo uno (10)
(el qual para mi daño se guardava),
fuelo en tener (11) secreto de tal suerte,
que amor le condenó a precisa muerte. (12)
 
Maravilla era verle en tal estrecho,
y tan firme (aun llegado al postrer punto),
despidiendo del tierno, amante pecho,
la vida malograda y la alma junto;
mas ya, como el galán estava hecho
de la querida joya otro trasunto, 
dexávase de amar (13), y sólo amava
a la fiera cruel (14) que le acabava.
 
Después que la cercana muerte avía
alçado la segur (15) sangrienta y dura,
y sobre su garganta la esgrimía
para echarle en la horrible sepultura,
con un paje escrivió a una dama mía,
pidiendo me dixesse, que segura
podía ya estar de ser importunada,
pues su infelice vida era acabada.
 
Mas una cosa sola, comedida,
como amante perpetuo suplicava,
y era que diesse yo por bien perdida
la vida que a mi amor sacrificava,
y que su alma, con esto enriquezida,
yva donde su suerte la esperava,
para el lauro (16) le dar, y el premio santo,
por aver padecido en amar tanto.
 
La dama me lo dixo, yo, furiosa,
contra ella me moví de tal manera,
que, a no ser tan discreta y generosa,
luego de mi presencia echarla hiziera.
No menos indignada que quexosa,
dio al amante de todo cuenta entera,
diziéndole (17) por carta lo passado
sobre querer mudar mi pecho elado.
 
 ¿Qué pudo aquí sentir el triste amante
quando vio mi respuesta desabrida,
viéndome qual la roca y qual diamante
en contra de su bien endurecida?
A su tía llamó luego al instante,
y, contándola el curso de su vida,
la pidió por merced que lo ordenasse
de suerte que, sin medio (18), yo le amasse.
 
Y, con esto, aquella alma atormentada
dexó del lasso cuerpo el triste asiento,
baxando a la región enamorada (19),
de amor rica, mas pobre de contento.
De Laudiso (20) su tía no olvidada,
fabricó este espantoso alojamiento,
donde toda la vida yo estuviesse
y en amoroso fuego siempre ardiesse,
 
hasta que una princesa aquí aportasse,
parienta de Laudiso y también mía,
con que del justo fuego me librasse
por virtud de un anillo que traería;
y, aunque el fuego visible se acabasse,
nunca en mí el tierno amor se acabaría,
sino que he de adorar al muerto ausente,
pues no le quise amar vivo y presente.
 
Ves aquí, dama hermosa, relatada
la miserable historia y triste caso,
estando, qual me ves, atormentada
en el horrible fuego en que me abraso.
Si tú eres la que aguardo, es acabada
la pena lastimosa y mal que paso,
pues querrás yo no viva eternalmente
 en el fuego espantoso y llama ardiente;
 
que, si mi obstinación fue tan terrible,
la pena que he sufrido es sin medida,
y, pues tengo el castigo convenible,
pido que esta passión se me despida (21);
que, mientras la gran máquina visible
fuere del roxo dios esclarecida (22),
no dexaré de amar a mi Laudiso,
pues él, mientras vivió, tanto me quiso.
 
Y, pues sabes las necias altivezes
del mugeril estado, y sus locuras,
y que aun las que se abrasan, muchas vezes,
por guardar sus puntillos (23), se hazen duras,
te suplico me libres, pues no empeces
al que ya entre las sombras vive escuras,
supuesto que, aunque el fuego en mí perezca,
no ay pensar que el amor jamás fenezca."
 
Con esto puso fin al triste cuento
y a la ciega tragedia lastimosa,
dando principio a un mísero lamento
que, afligiéndose en él, aún no reposa.
Roanisa (que no tiene sufrimiento (24)
para ver tan horrenda y dura cosa),
con amigable boz, aunque severa,
la començó a dezir desta manera:
 
"-¿De qué sirve llorar amargamente,
pues el fin de tu mal es ya llegado,
 que yo soy la princesa del Oriente
para quien tu remedio está guardado?
Mi coraçón piadoso no consiente
que tu mísera suerte y triste estado
no me muevan a hazer qualquiera cosa,
por más y más que sea dificultosa.
 
Assí, que vesme aquí determinada
a te favorecer quanto pudiere,
que tu pena, y dolor, me tiene ansiada,
párteme el coraçón, el alma hiere.
El anillo, y la piedra en él fixada,
vesle aquí; mas, ¿qué importa si él no fuere
aplicado con arte conveniente
conforme al menester del mal presente?
 
Si tú sabes el cómo, hágase luego,
que no me cuesta nada el darte vida;
antes, verte codicio ya en sossiego,
a tu antiguo valor restituýda.
Mas temo no aumentemos más el fuego
si la piedra no fuere conocida,
y que, en cambio de alivio y dulce estado,
el lastimoso mal fuesse doblado."
 
Brisalda respondió: "-Bien me parece
que miremos el modo con cordura,
pues que la enfermedad vemos que crece
si se aplica al revés el medio y cura.
Y, pues tu heroyco pecho se enternece
visto mi grave mal y desventura,
y quiere remediarme, haga una cosa
que será para entrambas (25) provechosa.
 
Es, que vive en aquella oculta cueva
 un hombre de alta ciencia y grande peso (26),
el qual, por me librar, en qualquier prueva
su saber empleara, su fuerça y seso.
Tenido he deste sabio cierta nueva
en que dizen que ha hecho voto expreso
de no salir de aquí mientras viviere,
por ser lugar qual su condición quiere.
 
Anda, vete a informar del cómo y quándo
tengo de ser librada desta llama,
que él está por momentos aguardando
la próspera venida de una dama.
Podrás, con este sabio conversando,
saber dél los sucessos de tu fama;
también remediarás la que está puesta
en pena do la vida le es molesta."
 
Roanisa sin tardança se ha salido
prometiendo buscar el sabio luego.
Luego, al punto, el incendio embravezido
tornó con más ardiente llama y fuego:
un son dentro se oýa entristezido,
un fiero lamentar tan sin sosiego,
que puso admiración y gran tristeza
a la dama, sintiendo su braveza.
 
Mas, por darle el remedio conveniente,
por la cueva a gran priessa caminava,
la qual, con un veril (27) resplandeciente
que en ella ay, qual con sol se hermoseava.
Yva, por su camino, diligente,
que el remedio a la dama apresurava,
quando una boz la dixo: "-¡O gran Roanisa!,
¿dónde vas a parar con tanta prisa?"
 
Bolvió su hermoso rostro hazia la parte
donde oyó la nombravan, y vio un viejo
de venerable aspecto y graciosa arte,
que en la mano derecha trae un espejo.
A quien dixo Roanisa: "-Por hablarte
y tomar en mis cosas tu consejo,
vengo por esta escura y sola cueva,
movida de tu nombre y fama nueva."
 
Pidió, con grande instancia, remediasse
a la mísera, ardiente y bella dama,
y, siendo cosa justa, que ordenasse
de suerte que tuviesse fin la llama.
Suplicóle también que le contasse
los casos venideros de su fama,
y que el fin la dixesse de sus cosas,
que estavan tan rebueltas y dudosas.
 
El sabio respondió: "Yo no ignorava
lo que querías, princesa, demandarme
cerca (28) de la espantosa passión brava
sobre que aquí has venido a consultarme;
pero un castigo es esse que no acaba
hasta que otra vez vengas a buscarme;
entonces ya los cielos, aplacados,
querrán sean los incendios acabados.
 
Mas, antes deste tiempo, no es possible
se pueda poner fin al justo fuego:
bien es que el coraçón que fue insensible
pene con infernal dessasossiego,
y quien mostró al amor pecho terrible,
teniendo un coraçón altivo y ciego,
es razón que le avise la fatiga (29)
y el cielo justiciero la persiga,
 
 pues no puede aver falta en una dama
que la desdore más, que es el ser dura
y no querer mirar a quien bien la ama
rindiéndola su vida y su ventura;
porque el fuego de amor es viva llama
de quien ningún viviente se assegura,
sino que a todo estado (30) Amor se atreve
y no ay lugar donde su ardor no ceve.
 
En lo que más descubre su estrañeza
es en rendir al hombre a que ame cosa
que, la que vemos en mayor alteza
es (respeto del hombre) infrutuosa,
y, con todo, traen puesto en la cabeça
exceden en valor a qualquier diosa,
lo qual sale de ver que son servidas,
festejadas de todos y tenidas (31).
 
Efeto es del Amor, que con su flecha
los coraçones rinde al dulce fuego,
nunca estando en sus obras satisfecha
ni el arco en el tirar tuvo sossiego.
Assí, viendo que a nadie le aprovecha
resistir con valor, dizen que es ciego,
y también, porque ven quán ciegamente
trae la más avisada y cuerda gente.
 
Assí, que pues el hombre se arrodilla
adorando una cosa tan sin peso (32)
como la muger es, a quien se humilla
y pierde en la servir la vida y seso,
es justo la muger tenga manzilla
y quiera a quien la quiere, sin que en esso  
se permita que falte, si no quiere
parar donde Brisalda, altiva, muere.
 
He querido avisarte brevemente
de lo que toca al mal de amor causado,
para que trates tú piadosamente
al que es tu verdadero enamorado,
porque Júpiter justo, omnipotente,
no castiga con tal furor pecado
que los hombres cometan, como olvido
de amor, y no ser siempre agradecido.
 
Assí que, gran princesa y hija mía
(pues hija, por mi edad, puedo llamarte),
conviene sugetar tu altanería
a quien con casto amor trata obligarte.
Vivirás en quietud y en alegría
sin que en ti la tristeza tenga parte,
gozando de tus años y belleza,
puesta siempre, y tenida, en suma alteza.
 
Esto es quanto al primer punto que pides,
pues no puede Brisalda ser librada.
En tu negocio y hechos, tú te mide
con la traça que el cielo tiene dada:
avrá grandes destrozos, fieras lides,
mostrándose Fortuna horrible, ayrada;
mas yo te profetizo desde agora
que todo ha de parar en gran mejora,
 
porque el Fénix gallardo, que imaginas
averte allá en su pecho ya olvidado,
por tierras solitarias, peregrinas,
y por desiertos montes te ha buscado.
Verás cosas al cabo tan divinas,
que quede tu sentido embelesado
y salgas del error ciego en que estavas,
quando darle la muerte procuravas.
  
Y, aviendo de topar en tiempo breve
lo que te trae perdida y sin sosiego,
no quiero detenerte, sino mueve
el paso por aquesse valle ciego,
y, pues al pecho fuerte la agua y nieve,
la tierra, el viento, el cielo, el mar ni el fuego
no le pueden mover, nada te mueva,
sino muestra tu esfuerço en qualquier prueva.
 
Mas, porque de ninguno conocida
puedas ser, te daré cierta armadura,
en temple la más rara y más subida,
que jamás se ha provado en aventura."
A su aposento entró, cuya subida
puesta estava en la cueva y peña dura,
de adonde con presteza allí ha traýdo
el gallardo aderezo prometido.
 
Cubierta de altas plumas la celada (33),
que más la hermoseavan y subían;
un fénix por cimero, levantada (34),
cuyas alas en alto se estendían;
grevas, braçales (35), sin faltarle nada,
como finos granates relucían.
Y, armada destas armas que he contado,
el viejo venerable le ha hablado:
 
Toma, animosa dama, aqueste espejo,
y, quando batallares con alguno,
mírate a él, y guarda este consejo,
que rendirte jamás podrá ninguno.
Y, quando no bastare este aparejo,
por ser fuerte el guerrero e importuno,
 a sus ojos le buelve, y de repente
en la tierra dará qualquier valiente.
 
Y no sólo los hombres racionales
se rendirán a su virtud y hechura (36),
mas los fieros y brutos animales
y toda otra viviente criatura;
hasta las duras rocas, los breñales,
los sotos, selvas, bosques, la espessura,
y los cuerpos celestes, sol y luna,
se le sugetarán sin falta alguna.
 
No quiero por agora detenerte,
sino vete, que aguarda cierta cosa
reservada a tu pecho y braço fuerte,
do quedarás en siglos mil famosa.
A muchos estremados darás muerte
y serás publicada por dichosa,
pues alcanças tú sola por tu mano
más que puede alcançar guerrero humano.
 
El cavallo hallarás a la salida;
déxale caminar por do él quisiere,
que no te faltará jamás comida
mientras que necessario y justo fuere."
Roanisa, del gran sabio despedida,
ni un punto su camino allí difiere,
sino que a largo passo se ha metido
por lo más tenebroso y escondido.
 
Yva considerando allá en su pecho
lo que el prudente viejo dicho avía,
y cómo la aguardava un célebre hecho
que tanto su renombre engrandecía.
Llevava el coraçón en grande estrecho
no podiendo alcançar lo que sería,
pensando si, por dicha, era su amado
 el que avía de la muerte ser librado.
 
La alma por otra parte la atormenta
acordarse de aquel combate fiero
en que, con ira y cólera sangrienta,
la vida quitar quiso al gran guerrero.
De sólo imaginar esto se afrenta,
y, con amargo llanto y pecho entero,
que las piedras a lástima movía,
sin un punto cessar assí dezía:
 
"-¡O furia mugeril, siempre guiada
por sólo vano antojo y mal govierno (37)!
¡O rabia más feroz y más pesada
que la de las tres hijas del infierno (38)!
¡O saña de muger arrebatada (39),
que aborreces con odio sempiterno!
¡O pecho en quien no ay medio, si aborrece,
y do falta el compás quando apetece!
 
Con causa el universo nos disfama,
siendo las que mil pleytos removemos;
y con razón el mal común nos llama,
pues siempre codiciamos los estremos:
que, si el Amor nos toca con su llama,
por gozar del galán nos deshazemos,
y si por no sé qué nos enojamos,
el enojo por siglos mil guardamos.
 
¿Cómo, ¡ay triste!, he yo puesto en tanto estrecho
aquél que al mundo excede en toda cosa?
¿Qué utilidad, qué bien o qué provecho  
he sacado de rabia tan furiosa?
Ábrase el coraçón, rómpase el pecho
con ansia desmedida y lastimosa,
y muera de dolor ante los ojos
de aquél que tiene mi alma por despojos;
 
que, si en su real (40) presencia feneciere,
quedaré consolada en ver que muero
ante los dulces ojos con que hiere
al coraçón más duro y más de azero.
Ni dél puedo creer que si me viere
no se enternezerá, que antes espero
que, en pago de mi rabia y saña dura,
me dará con sus manos sepultura.
 
Cerrará estos mis ojos atrevidos
en mirar y en rendir su heroyco pecho,
mas ya, quando los viere escurecidos,
dirá: '-Del crudo Amor proprio es tal hecho'.
Mas ¡ay, que mis potencias y sentidos
me afligen demandando su provecho!,
porque todos tuvieron con él gloria
y a todos atormenta su memoria."
 
No tan presto su llanto al fin llegara,
pues no era su congoxa de tal suerte
que por tiempo tan breve començara,
sino que la afligiera hasta la muerte.
Mas la cueva se vio con luz más clara,
y una boz la tocó (41), diziendo: "-Advierte
que, quanto te detiene más el llanto,
tanto el Fénix padece en más quebranto."
 
La cifra no entendió, y enigma ciego,  
pero dio nueva priessa a su jornada,
que del vendado (42) dios el dulce fuego
la fuerça a no estimar su daño en nada.
No tomó un solo instante de sosiego,
hasta que al fin salió de la encantada
cueva, do su cavallo estava atado
al tronco de un acebo en medio un prado.
 
Admirada quedó viendo el asiento
qual nunca imaginó su fantasía,
con tan bello artificio y ornamento
quanto en otro hasta entonces visto avía.
Mas, como el bullicioso pensamiento
a fin tan diferente la movía,
presto se divertió, y en su camino
puso la diligencia que convino.
 
Al cavallo soltó el dotado (43) freno,
(según que por el sabio fue avisada),
caminando por un bosquete ameno
donde hombre no estampó jamás pisada.
De arboleda apazible estava lleno,
sin humano artificio concertada;
que, a vezes, suele dar Naturaleza
sobre todo artificio la belleza.
 
Al tramontar (44) del sol al mar salado,
quando suelen las sombras ser mayores,
y van ya careando (45) su ganado
a las redes y apriscos (46) los pastores, 
y quando, su trabajo ya acabado,
buelven a descansar los labradores,
entonces descubrió nuestra guerrera,
de un caudaloso río la ribera.
 
En ella vio una tienda levantada
de no menor grandeza que hermosura,
con orientales perlas adornada
aclarando su luz la noche escura.
Roanisa, que temor no tiene a nada
si no es al disponer de su ventura,
hazia ella encaminó por ver quién fuesse
el que en tal soledad assí estuviesse.
 
Sintió que dentro estava alguna gente,
y a la puerta llegó, donde, assentada,
una donzella vio, que de excelente
y divina beldad era dotada.
Junto della está un sabio. Y, de repente,
de cólera Roanisa fue turbada,
conociendo a la hermosa Sacridea
y que, el otro, el injusto sabio sea
 
que del reyno de Persia avía sacado
al valeroso Fénix que ella amava,
y por quien su quietud avía dexado,
de Fortuna sufriendo la ira brava.
El sabio (que a la puerta vio parado
el cavallo, y que el dueño no le hablava),
dixo: "-Ruégoos, señor, por cortesía,
aquí os quedéys, pues ya declina el día."
 
La dama respondió: "-¡Traydor furioso,
sepulcro de maldad, casa de engaño,
fementido, sin ley, facinoroso,
causa de mi fatiga y mortal daño!
¿Cómo serme pudiste tan dañoso
usando de maldad y ardid tamaño
que al del Fénix sacasses de do estava,
 dexando sin remedio a la que amava?
 
¿Qué mereces por esto, di, malvado?"
"-Frena -dixo- el ayrado movimiento,
que, aunque pienses averte yo agraviado,
al cabo saldrá todo a tu contento;
que Júpiter lo tiene assí ordenado
para alçarte a más gloria y alto assiento.
Y, aunque agora el passarlo es cosa dura,
después te será dulce esta amargura.
 
Y, aunque traydor me llamas, no me pesa,
que yo espero verás en breves días
salir en favor tuyo la alta empresa,
gozando el sumo bien que pretendías."
Sacridea, indignada, se atraviessa,
viendo en su disfavor las profecías,
diziendo: "-¿Cómo puede, mago sabio,
cumplirse sin que a mí se me haga agravio?"
 
El viejo respondió: "-Tened paciencia,
enamoradas damas, que yo espero
veréys la mayor obra de experiencia
que aconteció jamás a cavallero.
Vos, Roanisa, apeaos, y dad creencia
a quien ayo es, y amparo verdadero
vuestro y del sacro Fénix, y que ha hecho
lo que más importó a vuestro provecho.
 
Aquí reposaréys, porque conviene
que luego de mañana nos partamos,
porque, si vuestra lança se detiene,
se pierde una gran cosa a la qual vamos.
De la ciega enemiga (47) nada os pene,
ya que todos a un puesto (48) caminamos,
que yo os ampararé de tal manera,
 que cosa no os suceda no hazedera (49)."
 
Roanisa (aunque rabiando), se ha apeado,
y las dos se miravan malamente,
que cada qual suspira por su amado
y va en busca del bien que tiene ausente.
En fin, a reposar se han retirado,
mas ninguna durmió, que el soplo ardiente
del crudo amor las pone en tanto estrecho
que en vivas llamas se les arde el pecho.
 
La lóbrega tiniebla, y turbia diosa,
passava deste mundo al otro cielo (50),
huyendo del Aurora vergonçosa
que en la cama dexava al vejezuelo (51)
y, esparciendo el cabello y gracia hermosa,
borró de la ancha tierra el negro velo
de la noche invidiosa, que cubría
quanto la luz del sol no posseýa;
 
quando las dos princesas, fatigadas
de imaginar sus ciegas aventuras,
de las mullidas camas levantadas,
se pusieron sus ricas vestiduras:
ropas la tolietrana delicadas;
la de Persia, sus armas fuertes, duras,
y juntas en un passo se encontraron,
do, con un no sé qué, se saludaron.
 
En fin, todos partieron del asiento
que la ribera fértil adornava,
y, con priessa y cuydoso movimiento,
cada qual el camino apresurava.
 Llegaron a una selva, do el sustento
tomaron que a sus vidas importava,
y luego prosiguieron su camino
hasta que llegó el sol al atlantino (52).
 
A un alto y fresco monte se han subido
de donde un gruesso (53) campo descubrieron
de bélicas esquadras guarnecido,
y junto (54), una ciudad famosa vieron.
La princesa oriental luego ha querido
yr allá, pero no lo consintieron
los que la acompañavan, ni yo quiero
passar de aquí sin alentar primero.
 
CANTO XVII

 

NOTAS:

 

(1) El sujeto es ahora Roanisa y no Brisalda.

 

(2) entender: "se toma también por oír, percebir lo que se habla u dice, comprehenderlo y hacerse capaz de ello" (Aut.).

 

(3) asiento: 'assiento', vid. nota a VIII, 546. La reflexión a la que se nos invita ha de ser tranquila y reposada.

 

(4) El dios de Delo o Delos es Apolo, cuya presencia en estos versos parece estar fuera de lugar, pues por el contexto cuadraría mejor Cupido.

 

(5) emprestado: "lo que se da para que se vuelva" (Cov.).

 

(6) fantasía: "comúnmente significa una presunción vana que concibe en sí el vanaglorioso, filáutico y enamorado de sí mesmo" (Cov.).

 

(7) placentero: "el regocijado" (Cov.). El guerrero era, además, alegre.

 

(8) desgusto: "disgusto".

 

(9) asina: "así" (DRAE).

 

(10) Fue único, como el ave fénix que, una vez llegada su hora, se quemaba y, de las cenizas, resurgía el nuevo fénix y así siempre, cada quinientos o mil años que, según las fuentes, podía vivir cada una de estas aves sin igual.

 

(11) tener: "guardar, cumplir" (DRAE).

 

(12) En el original, 'suerte'. El error viene recogido en el testimonio de los preliminares.

 

(13) Como sólo tenía ojos para su amada ('la querida joya'), él no estimaba en nada su propia vida ('dexávase de amar').

 

(14) La 'fiera cruel' es la propia narradora, Brisalda.

 

(15) segur: "hacha grande para cortar" (Aut., donde también se recoge el significado de 'hoz' para esta palabra). Es vocablo que complace a Valdés, quien prefiere "antes segur que hacha" (Valdés, p. 150).

 

(16) lauro: "lo mismo que laurel. Úsase sólo en el sentido metaphórico por premio, triumpho o alabanza" (Aut.).

 

(17) En el original, 'diziéndola'. El sentido de la frase justifica la corrección que realizamos.

 

(18) medio: "se toma también por moderación entre los extremos, en lo phýsico u en lo moral" (Aut.).

 

(19) El adjetivo 'enamorada' parece modificar a 'alma' y no a 'región', a causa de la construcción hiperbática. La 'región', por antonomasia, hace referencia al reino de los muertos, como hemos visto ya en otros casos.

 

(20) En el original, 'Laudisa'. El error es rectificado por Murcia de la Llana.

 

(21) despedir: "metaphóricamente vale apartar de sí alguna cosa no material" (Aut.).

 

(22) El 'roxo dios' es Febo, el Sol. Para 'máquina', vid. nota a VI, 327.

 

(23) puntillo: "cualquier cosa, leve por lo regular, en que una persona nimiamente pundonorosa repara o hace consistir el honor o estimación" (DRAE). En este caso, 'guardar puntillos' es mantener esa honrilla a la que se refiere la definición; a pesar de que esas mujeres están enamoradas ('se abrasan'), se hacen las duras para hacer valer su estimación.

 

(24) sufrimiento: "paciencia, conformidad y tolerancia con que se sufre alguna cosa" (Aut.).

 

(25) En el texto se lee 'entrambos'. La errata está recogida en los preliminares, pero, curiosamente, al revés. Murcia de la Llana transcribe emtrambas, emtrambos, con lo que se supone que el error del texto no existiría. No deja de ser curioso, además, que en las dos palabras aparezca una 'm' delante de la 't'. El sentido del texto exige, sin duda, la forma que transcribimos.

 

(26) peso: 'hombre de peso', "hombre grave" (Cov.).

 

(27) veril: 'beril' o 'berilo', "es una piedra preciosa (...). Por ser esta piedra transparente llamamos biriles a los vidrios claros, por medio de los cuales vemos, conservando la vista; y puestos en relicarios y cajas se ve lo que está dentro sin que se manosee ni maltrate" (Cov.). La cueva por la que transita Roanisa está iluminada gracias al carácter vítreo del berilo que, al parecer, cubre sus paredes.

 

(28) cerca: "vale también lo mismo que acerca, en quanto, por lo tocante, por lo que mira, respecto" (Aut.).

 

(29) avisar: "avisar para adelante, escarmentar" (Cov.). Fatiga: "la solicitud, la congoja, la priessa" (ibídem).

 

(30) estado: aquí se refiere a los distintos grupos sociales: el amor ataca por igual a todos los estados.

 

(31) festejar: "hacer fiesta a las damas" (Cov.). Tener: "vale también estimar u apreciar, y entonces se suele juntar con la partícula en" (Aut.). Aunque aquí aparece en construcción sin preposición, el significado es el mismo.

 

(32) sin peso: de poco valor. Vid. supra, nota a XVI, 258.

 

(33) celada: "armadura de la cabeza" (Cov.).

 

(34) La concordancia se lleva a cabo con el término ausente 'ave' y no con 'fénix', presente en el verso. Posiblemente Martínez lo haría para poder conservar la rima.

 

(35) grevas: 'grebas', "armadura de las piernas desde la rodilla hasta la garganta del pie" (Cov.). Braçal: 'brazal', "armadura de hierro que cubre la parte inferior del brazo, de que antes se usaba mucho en la guerra" (Aut.).

 

(36) Quiere decir que su hechura tiene algo de maravilloso y, por tanto, todos se rendirán a causa de ella.

 

(37) mal govierno: que no se rige por unas normas correctas y bien establecidas.

 

(38) Las 'tres hijas del infierno' son las Erinias, Alecto, Tisífone y Megera, las cuales habitan junto a Hades en el reino de los muertos. Son representadas como mujeres negras con alas y con serpientes enroscadas en las cabezas. Se ocupan de vengar los crímenes. En Roma se les llamó las Furias.

 

(39) arrebatado: "metaphóricamente se llama el hombre inconsiderado, violento en sus operaciones, y que procede ciega y atropelladamente, sin el menor reparo y reflexión" (Aut.).

 

(40) real: "equivale también a generoso y noble, con semejanza al porte de los reyes" (Aut.).

 

(41) tocar: quizá se entienda aquí con un sentido figurado: la voz estaba tan cerca de ella que parecía que la tocaba. Aut. recoge la siguiente definición que, tal vez, pueda ser válida: "estar una cosa, material o immaterial, cercana o contigua a otra".

 

(42) En el original leemos "vendaeo", con la e invertida. El 'vendado dios' es, como es sabido, Cupido.

 

(43) Parece una errata por 'dorado'. Posiblemente habría que corregir en este sentido.

 

(44) tramontar: "dícese particularmente del sol quando, en su ocaso, se oculta de nuestro horizonte detrás de los montes" (Aut.).

 

(45) carear: "dirigir el ganado hacia alguna parte" (DRAE).

 

(46) red: tomado aquí como redil o cerca. Aprisco: "el cercado o la estancia donde recogen los pastores su ganado" (Cov.).

 

(47) La diosa Fortuna.

 

(48) Al mismo lugar.

 

(49) hazedero: 'hacedero', "fácil, razonable y que no tiene inconveniente ni reparo en hacerse o concederse" (Aut.).

 

(50) Se refiere a la diosa Nicte, personificación de la noche, en el momento de dejar paso al día, que se representa, en los versos siguientes, por medio de la Aurora.

 

(51) Sobre el mito de la Aurora y Titono, su marido, vid. nota a X, 172.

 

(52) atlantino: este adjetivo (no recogido en los diccionarios) parece ser una necesidad de Martínez para mantener la rima. Hace referencia, por supuesto, al océano Atlántico y, en el contexto en que se sitúa, alude a la llegada del atardecer, cuando el sol se oculta por Occidente.

 

(53) gruesso: "vale también lo mismo que grande" (Aut.).

 

(54) junto: "usado como adverbio significa cerca o con mucha immediación" (Aut.).