[1] Por lo que respecta a la apariencia física del diablo, Berceo no realiza ninguna descripción más o menos detallada de los demonios, sino que debemos rastrear sus apariciones y de ahí extraer los pocos rasgos que se les atribuyen. De este modo, su figura humanoide de los demonios se percibe claramente por la mención de ciertas acciones que ellos realizan, para las que necesariamente hace falta que posean brazos y piernas, o si se quiere, órganos muy similares a ellos. En cuanto a la presencia de brazos, más bien podríamos indicar que estos demonios precisan de manos para realizar determinadas acciones, como en el milagro XI, donde arrastran el alma del pecador sujeta por las "tienllas": "rastrávanlo por tienllas, de cozes bien sovado"(273c). Las "tienllas", en aragonés antiguo (Corominas & Pascual, 1983: 458, en la entrada temporal), significa tanto 'sien' como 'pómulo'. Es decir, podríamos pensar que los demonios agarran a los hombres por los cabellos próximos a las sienes (Berceo, 1990: 100, nota 246 a) o por las mejillas (Berceo, 1997: 316, nota 246 a); sufriendo en ambos casos un insoportable dolor. Ahora bien, personalmente me inclino por tomar 'mejilla' como significado del término "tienllas", ya que creo que es la mejor interpretación en este caso. Por tanto, un gesto como éste, de agarrar a otro las mejillas, solo se puede llevar a cabo con unas extremidades bien definidas, y semejantes a nuestras manos. Por otra parte, podemos detenernos en el resultado de esta acción. Quizá resulta una interpretación arriesgada, pero el hecho de coger a alguien por las mejillas provoca que en el rostro de la persona afectada se dibuje una sonrisa (forzada, eso sí, pero al fin y al cabo un gesto que conduce a imaginar ese rostro como una imagen grotesca, como si le obligaran estos demonios a reírse, o fingir la risa). A donde quiero llegar es que esta acción de la risa se vincula estrechamente con el diablo. En la tradición cristiana se decía que Cristo nunca rió, por eso la risa está asociada al diablo.Así pues, los diablos también parecen tener extremidades inferiores bastante semejantes a nuestras piernas, aunque la alusión a ellas sea muy escasa en Milagros (estr. 86 , 465cd, 783ª). Sin embargo, como bien indica Ruiz (1999: 134) Berceo nos aporta la mayoría de rasgos físicos del diablo en la Vida de San Millán, en el episodio en que las llamas queman a los demonios en contra de sus pretensiones: "quemávalis las barbas abueltas los griñones /.../. Los juegos de las flamas a los dientes plegavan /.../ trayén las sobrecejas sangrientas e quemadas, / las fruentes mal batidas, las barbas socarradas". Según esto, la humanización del diablo es aquí enorme, se le atribuyen elementos que configuran una cara humana, tales como las cejas, la barba, los dientes.

[2] Me refiero a una victoria sobre el alma del pecador muerto cuya posesión es discutida por demonios y seres celestiales, y no a la lograda sobre el mortal en vida, porque evidentemente en ese caso si se produce la victoria del demonio, pasajera o definitiva.