Aquí comiençan las fábulas de Aviano.

 

La primera fábula de la aldeana y del lobo.

os que a las palabras de las mugeres quieren creer, muchas vezes son engañados, de que oyrás la fábula siguiente.

El lobo, con hambre que lo constreñía, una vegada salido de la montaña, buscava de comer para sí y su muger y sus hijos. El qual lo más secretamente que podía llegó a una casa con esperança de tomar ende alguna vianda, donde oyó la boz de la madre diziendo al hijo, que llorava dolorosamente:

-Si no callares, yo te echaré al lobo ravioso para que te coma.

El lobo, creyendo estas palabras, toda la noche esperó con esperança que le daría la madre su hijo según avía prometido, mas el moço, después que lloró mucho, de cansado, durmióse, por lo qual toda su esperança perdió el lobo, y el hambre lo fizo tornar a la montaña para su muger e hijos. Al qual, como la loba conoció venir y tornar hambriento y desmayado, dízele:

-¿Cómo te ha acaescido que no traes alguna caça o robo, según que lo acostumbraste, mas antes vienes la boca abierta e triste?

A la qual dize el lobo:

-No te maravilles porque no traygo algún robo o caça, ca soy detenido de una muger por toda esta noche esperando en sus palabras, e assí me ha tomado la luz del día, y como fuy sentido de los aldeanos y perros, a penas, con gran trabajo he escapado. Por quanto, mientra yva buscando alguna vianda para nosotros, fueme prometido /f. LIIIr/ un niño de su madre, mas no me fue dado. Y por ende, con esta esperança peligrosamente hasta agora he tardado.

De lo qual se concluye que el que no quiere ser engañado no deve dar en creencia a la fe y inconstancia de las mugeres. 

No es de confiar en palabras de muger

 

La .II. del galápago o tortuga y de las aves.

in gran trabajo no puede alguno subir a las cosas altas, y quanto más alto sube allende de su naturaleza, tanto más gravemente cae abaxo, como esta fábula da testimonio.

Estando todas las aves ayuntadas en uno, vino el galápago entre ellas diziendo assí:

-Si alguna de vosotras me alçasse en alto, por cierto yo le mostraría las conchas en que se crían muchas piedras preciosas, lo qual yo no puedo por mí acabar aunque continuamente anduviesse, porque yo ando muy poco, de manera que según mi andar pesado, en un día entero andaría bien poco.

Las aves, oyendo este offrecimiento y prometimiento muy engañoso, alegres mucho por ello, deputáronle el águila, que es la que más alto y más presto entr' ellas buela para que lo alçasse según su desseo del galápago. La qual tomándolo en las uñas, lo subió assaz alto por los ayres, donde le demandava que le mostrasse según avía prometido las conchas que crían las piedras preciosas. E como el galápago esto no pudiesse cumplir, el águila començó de lo apretar con sus uñas ásperas. Y él gimiendo, dixo assí:

-Estos tormentos no oviera yo padecido si no oviera demandado ser alçado suso en el ayre.

E oydas estas palabras, el águila desamparó a él, e cayendo en tierra fue muerto y despedaçado, al qual la natura tan fuertemente oviera armado.

Amonesta esta fábula que cada uno sea contento de su estado que la natura le dio porque la sobervia pocas vezes va o llega a buen fin, mas antes para cayda. 

A gran sobida, gran decendida

 

La .III. de las dos langostas o cangrejos.

inguno deve redarguyr a otro de la tacha o vicio que él tiene sin primero corregir a sí mismo, según se nota d' esta fábula.

Una langosta o cangrejo, mirando a su fija que andava tuertamente y que no traya derechos los pies porque se lisiava en las piedras malas y ásperas de las aguas, por causa que anduviesse derechamente y sin lisión, díxole la madre assí:

-Hija amada, no vos plega de andar por estos caminos ásperos y sin carrera. Y también mirad porque no andéys assí a tuertas al través con los pies, mas andad dere- /f. LIIIv/ -cha y fermosamente e no vos lisiaréys tanto.

Respondió la hija:

-Madre, anda vos primero bonitamente adelante e mirar vos he cómo vos movéys e seguiré lo mejor que podré vuestras pisadas.

La madre, començando a andar, vio la hija que yva tan tuerta y feamente como ella, y assí le respondió:

-Maravíllome cómo me redarguys del andar, no sabiendo vos misma mejor caminar.

E assí demuestra que torpe y cosa fea es reprehender el hombre en otro, lo que en sí mismo es digno de reprehensión. 

No reprehendas a otro el vicio que en sy cabe

 

La .IIII. del asno y del cuero del león.

ualquier deve ayudarse de sus cosas propias e no usurpar las agenas, porque no se vea illuso y escarnecido quando serán quitadas d' él las cosas ajenas que presumptuosamente y como no le convenían usurpó y tomó, como esta fábula nos demuestra claramente.

Un asno, hallando un cuero de león, se vistió d' él encubriendo sus miembros con él quanto podía. E como se vio en hábito de león honrado y decorado allende y más de lo que su natura requería, espantava y causava miedo a las bestias, y con la presunción que tenía hollava y pisava las viandas a las ovejas y corderos, y no menos espantava las animalias mansas, assí como ciervos y liebres en los montes. Él andando en esta pompa, el aldeano que lo avía perdido, cuyo era el asno, por caso passó por aquel monte donde halló a él assí vestido de la piel del león y lo tomó de las orejas luengas, las quales no podía cobrir, y dándole de palos cruelmente le desnudó la piel del león diziéndole:

-¡Ligeramente a éstos que no te conocen pavoresces y espantas tú, mas a los que te conocieron no puedes tú espantar porque como fueste y eres quedarás por asno! ¡Y viste de las ropas y vestidos de tu padre y no cobdicies las honras agenas que no pertenescen a ti porque no seas menospreciado quando te las quitaren! ¿De qué te pensavas no devidamente honrar? 

Mal se honra el hombre con lo ageno

 

La .V. de la rana física y de la raposa.

ómo alguno no deve alabarse de saber las cosas que no sabe ni puede cumplir si quiere no incurrir y caer en vituperio y daño, significa esta fábula.

La rana, nascida en los abismos de las aguas y criada morando en las lagunas por todas su vida, salió al prado verde y florido, donde las bestias y animalias estavan, diziendo que era gran física y natural en la arte de la me- /f. LIIIIr/ -dicina, offreciéndose a curar qualquier enfermedades, y aun preservar y conservar la vida, más que Peonio, el mayor de los médicos, el qual se dize aver hecho los dioses ser immortales. Mas las simples bestias, creyendo las palabras locas, davan fe a la jactancia y vana eloquencia de la rana, la qual como viniesse a las orejas de la raposa, que es más artera que las otras, dízeles:

-¿O, qué gran locura es ésta? Yo estó maravillada de vosotras cómo tan solamente podéys pensar que esta rana pueda curar alguna enfermedad por pequeña que sea, pues ella mesma es amarilla e ydrópica; e si ella fuesse tal física como dize, antes oviera curado a sí misma, y sus arrugas, de que está llena, oviesse lançado de sí, de manera que fuesse de creer. E como la fealdad suya sea muy apartada de la sabiduría de que ella dessea ser muy alabada y muy dessemejables sean sus obras de sus palabras, no curemos de sus hablas blandas, porque el alabança de sí mesma aún no parece bien en la boca suya.

Las quales cosas oydas, la rana muy envergonçada y escarnecida su sabiduría de que se alabava, partióse de entre ellas.

Enséñanos aquesta figura que no es de creer ligeramente a aquéllos que se alaban y dizen que saben muchas cosas, mas antes es de guardar de ellos, assí como de los alquimistas, los quales comúnmente, ellos andando hambrientos y rotos sin facultades, quieren enriquescer a los otros, para sí mismos no sabiendo ganar de comer. Ca no hazen otra cosa sino por evitar la ociosidad, echando los carbones en el fuego soplar, diziendo que han de hazer cosas de maravilla. 

De sí mesmo haze burla el que se alaba de lo que no sabe

 

La .VI. de los dos perros.

ifícile y malo es de conocer a aquéllos que son de perverso coraçón si alguna cosa les acaesce, si aquélla es reputada a aquéllos a honra o deshonra, según se contiene en esta fábula.

Era un hombre que tenía un perro, el qual sin ladrar ni regañar, mas la cola puesta entre las piernas, mucho mordía en trayción. Conocida esta condición del perro, su amo, porque ninguno pretendiesse ignorancia, mas fuesse avisado de la falsía de aquel perro y se guardasse d' él, colgóle un cencerro al cuello porque su malicia assí fuesse manifiesta a todos. Mas el perro, no sabiendo la causa d' este fecho, creya que el cencerro le era puesto al cuello a honra y hermosura especial, por lo qual menospreciava a los otros perros. Y un perro viejo conociendo esto y mirándolo que estava assí sobervio y altivo, contradezíale por estas palabras redarguyéndolo:

-¡O, loco desaventurado! ¿Cómo eres tan loco e ignorante que piensas que la campanilla que traes al cuello, la qual te fue puesta por desonor y por vituperio, crees que la traes por honra y alabança, por lo qual resistes y menosprecias a los otros? Por cierto, en público error eres hallado: este cencerro es testigo de tu malicia por el qual los hombres locamente y falsamente muer- /f. LIIIIv/ -des, y sepas que por esta causa te es colgado, porque puedan guardarse de tu malicia y falsía e astucia, lo qual si mirasses, en ninguna manera tu coraçón contra nosotros ensalçes.

E oyendo estas palabras, tornado en gran estupor y bermejo de culpable vergüença, se fue de la compañía. 

El esclavo no trae el esquilón por su honor

 

La .VII. del camello y de Júpiter.

l sabio contento deve ser de aquello que la natura le dio no codiciando las cosas agenas porque la fortuna no contrarie a él quitándole lo que tiene, de lo qual oye esta fábula.

El camello viniendo a los campos, viendo ende gran manada de toros bien armados de cuernos, malamente sufría y murmurava porque no le parecía abastar assí aquello que la natura le havía dado. E assí yendo para Júpiter, d' esta manera començó querellarse y lamentar:

-¡O, qué vergonçosa cosa es a tan bestia de cuerpo como yo e andar sin armadura e defensión! Ca los toros son armados de cuernos, los puercos de dientes e aun los erizos de espinas, e assí todas las bestias según su estado. Yo sólo voy sin armas por estos campos e caminos en escarnio e ridículo a todas las animalias. Por ende, ¡o, Júpiter, el soberano Dios de los dioses, ruego y suplico e pídote que, assí como a los toros, me des cuernos con los quales me pueda defender y no sea menospreciado de las otras animalias.

Júpiter, viendo su desagradecimiento del beneficio de la grandeza que avía recebido, quitóle quasi del todo las orejas grandes e fermosas de que resplandecía, e sonriéndose d' él dixo:

-Porque no fuste contento de aquellas cosas que la natura y fortuna te dio, te quito las orejas porque te acuerdes para siempre d' esta correción, assí con temor gimiendo uses de tu vida.

Esta fábula amonesta que no deve alguno codiciar las cosas agenas porque no pierda lo que antes pacíficamente posseyó. 

Al que codicia lo ageno, que le quiten lo suyo merece por justo premio

 

La .VIII. de los dos compañeros.

sta fábula nos amonesta que no nos mezclemos en las compañías no conocidas, mayormente con aquéllos en los quales se ha hallado una vegada engaño e fraude.

Dos compañeros caminavan en uno por montes e valles e caminos planos e ásperos en tanta concordia y unidad que se prometían e ofrecían el uno a otro de no se desamparar por grande y adversa fortuna que les so- /f. LVr/ -breviniesse. Ellos no avían acabado de hablar sus offertas, he aquí donde pareció un osso que venía para ellos, el qual visto, el uno d' ellos lo más presto que pudo començó a fuyr e subió en un alto árbol. Mas el otro compañero, conosciendo que no podía fuyendo escapar, echóse tendido en tierra como muerto, de tal manera que ni respirava ni se movía. E como el osso bolviesse de una parte a otra llegando y aplicando su rostro a su boca y oreja. Como tenía el aliento sin respirar y sin se mover en parte alguna, el osso sintió que el hombre era muerto y sin vida, por quanto los miembros d' él eran enfriados y el calor natural era apartado de sus huessos por el gran miedo y espanto, y assí creyó el osso que fuesse cuerpo muerto. E por quanto no es de su naturaleza comer de semajantes carnes muertas, assí lo dexó yazer sin le fazer mal ni lisión tornando para su cueva. Después que el osso se fue de allí, descendió el otro del árbol diziendo a su compañero:

-Ruégote que me quieras dezir qué cosas tan secretamente el osso te hablava a la oreja quando tan largamente eras puesto en tan gran espanto y angustia de la muerte.

El qual le respondió:

-Por cierto, muchas y diversas dotrinas me enseñó, y en especial una, la qual será a mí más necessariamente de encomendar a la memoria, y es ésta: que quanto pudiesse me guardasse de mala compañía y que donde o de quien una vez me sintiesse engañado o defraudado, que dende adelante no enxeriesse ni entrasse en su compañía.

Estas palabras dichas, se apartó del compañero y se fue solo su camino diziendo que más valía yr solo que mal acompañado. 

Mejor es al hombre ser solo que mal acompañado

 

La .IX. de las dos ollas.

ue el hombre, y más baxo, no deve aver compañía con el rico y poderoso nos enseña esta fábula.

Cresciendo un río de súbito, tomando dos ollas que estavan en la ribera las llevava una empós de la otra, la una era de cobre y la otra de tierra. Mas el movimiento d' ellas no era ygual, porque la de tierra, como más ligera, yva adelante, y la de cobre detrás según más pesava, la qual rogava a la delantera que la esperasse porque fuessen en compañía, jurando de no hazerle mal ni daño. Empero la olla de barro, conociendo que la cosa pesada haze mal y empece a la ligera y que no se haze buena compañía entre los mayores y pequeños, respóndele:

-Aunque me fazes segura de palabras y con juramento, no me puede salir el miedo del coraçón, porque agora me faga la onda del agua tocar en ti o a ti en mí, siempre seré yo en peligro y subjeta a ti y al agua, y todo el daño viene sobre mí y assí no me viene bien tu compañía.

Quiere dezir que conviene al pobre de no tener compañía con más poderoso, porque todo el bien de la cosa común ha de ser del mayor, y el daño y trabajo para el menor. 

No es provechosa al pobre la compañía del rico

 

La .X. del león y del toro y del cabrón. /f. LVv/

ualquier que recibe alguna injuria o daño de alguno no se deve vengar en tiempo en que él mesmo está en peligro de aver otro mayor daño e injuria, mas esperar deve algún tiempo que sin desprovecho suyo se pueda vengar, assí como nos enseña en esta fábula.

El león, que andava buscando de comer, halló en un prado a un toro muy grande pasciendo. E como el toro vido venir al león contra sí, començó a huyr por caminos ásperos y tierras sin labrar para el desierto contra la sierra buscando lugar donde se escondiesse. Finalmente, él llegando a una cueva donde morava un cabrón, quería esconderse ende. El qual, viendo cómo el toro quería ende entrar, abaxada la cabeça y alçados los cuernos púsose contra él porque no entrasse allí. Lo qual visto por el toro, por temor del león, passó adelante sin vengarse del cabrón diziendo assí:

-Agora yo sufro esta injuria no me vengando de ti, mas no creas que fuyo por temor tuyo, antes temo al león que me sigue; al qual si no temiesse o si se apartasse, yo mostraría a ti, cabrón fediente, suzio y barbudo, qué diferencias hay entre las fuerças del toro y del suzio cabrón. Mas porque veo que me está aparejado mayor desprovecho y peligro, no curo agora de la vengança hasta que sin peligro la pueda executar.

Significa esta fábula que las injurias o daños hasta el tiempo convenible algunas vezes sufrir devemos porque, como nos queremos vengar, otras mayores injurias no nos sobrevengan. 

Quien su injuria quiere vengar, tiempo deve aguardar

 

La .XI. de la mona y de su hijo.

a alabança propia en la boca misma se ensuzia y vilece, mas a cada uno plazen sus cosas aunque sean más viles que las de los otros, de lo qual se pone tal fábula.

Júpiter, el mayor de los dioses, en un tiempo quiso ver quál de todas las animalias procurava y avía más hermosos hijos, y mandó a todas las bestias y aves y pescados que se presentassen ante él con sus hijos. Cumpliendo su mandamiento, todas las madres de todos los linajes de bestias, aves y pesces y fieras con sus hijos se presentaron ante Júpiter, entre los quales vino la mona con su hijo, más disforme y feo que todos los otros. Y presentándolo ante todos los otros delante dixo assí:

-¡O, Júpiter, muy alto! Tú sabes que yo llevo la mejoría y vencida en esto, aunque alguno por ventura crea en otra manera de sus hijos. Empero, según mi juizio, digo que este mi hijo es el más fer- /f. LVIr/ -moso de forma y fechura de quantos presentes están.

Oydas estas palabras de la mona, Júpiter començó muy estensamente de se reyr y toda la compaña juntamente con él. Y dize:

-No quieras alguna de las tus cosas loar salvo si primero es aprovada con testimonio digno de gran fe. E si a esto no obedecieres, siempre escarnecida y menospreciada serás de todos.

Significa esta fábula que muchos hombres alçan sus cosas más que las agenas, aunque sean viles y de ningún precio o de muy poco valor. 

El alabança es vituperio si el que loa y el loado es un supuesto

 

La .XII. del pavón y de la grulla.

o deve alguno, aunque tenga virtud o excelencia mayor que otro, menospreciar y desechar a otros, porque aunque ellos carezcan de aquélla, puede ser que tengan otra mejor que la que él tiene, según se muestra por este exemplo.

La grulla fue rogada del pavón que cenasse con él. Y estando en uno a cenar, sobre muchas hablas y razones que departían, fue quistión entr' ellos sobre las virtudes y bienes naturales de que eran dotados. E començó el pavón a alabarse y ensalçar a sí mismo por razón de sus plumas que eran muy hermosas, varias y resplandescientes como el espejo. Y esparziendo y alçando la cola sobre sí y sobre la grulla, dixo:

-Cata que tú misma puedes considerar mi hermosura y quánto te sobrepujo mirando a tu cuerpo y tus plumas como son sin algún color luzientes, solamente de color gris y sin disposición agradable.

Entonces, respondiendo la grulla, dixo assí:

-Yo conozco y no contradigo que tú me excedes en fermosura de las plumas. Mas, aunque la natura te aya dado aquéllas más hermosas y excelentes que las mías, empero por esso tú no puedes bolar suso en los ayres, mas estás baxo en tierra porque no bastan ellas para te alçar y sostener; y las mis plumas, aunque no resplandezcan y sean indispuestas y feas, bastan para me alçar y sostener en el ayre, de manera que las maravillas d' este mundo yo puedo con gozo y alegría del coraçón contemplar, en tanto que tú con tu sobervia, quedas en tierra procediéndote.

Pues no deves menospreciar a alguno por la hermosura que Dios te ha dado, porque no sabes tú de quáles virtudes sean dotados los otros. 

Quien tiene alguna excelencia no ultraje a otro porque no la tiene, que puede tener quatro que él no tenga

 

La .XIII. del animal llamado tígride y del caçador.

ómo la oculta murmuración y detraymiento secreto de la falsa lengua más fiere que la saeta, nos enseña esta fábula.

Un caçador era tan experto y avisado en el arte de la ballesta que pocas vezes o nunca sus saetas perdía sin que firiesse, de manera que todas las animalias lo temían y no osavan andar seguramente por la montaña. Mas el animal tígride, sintiendo esto, pensava en qué manera podría ayudar e librar las otras animalias y bestias d' este peligro, a las quales dize:

-No que- /f. LVIv/ -ráys aver miedo, que en quanto podré yo vos ayudaré y defenderé con mi fortaleza, y no es aquí de temer a alguno ca vos libraré yo de todos los peligros.

Como estas cosas se fablassen assí, el caçador estava bien cerca ascondido e, oyendo esto, paró su ballesta y con una saeta firió muy fuertemente al tígride diziendo:

-Este mi mensagero embío a ti porque recuente quién soy.

E como el tígride quisiesse sacar la saeta, vino a él la raposa y díxole:

-Ruégote que me digas quién tan fuertemente te firió o dónde estava escondida esta saeta que assí te ha llagado.

A la qual el tigride con gran yra que tenía por el dolor, no pudiendo perfectamente fablar mas según esso que podía con gemido, sospirando dixo:

-De una parte y de otra miré al derredor y ninguna cosa vi que fuesse de temer. Empero la sangre derramada y la saeta de que soy ferido me muestra alguno estar escondido, el qual me ha herido. De lo qual puedo pensar quán gravemente los dardos y saetas escondidas pueden llagar.

Quiere dezir que cada uno se deve temer de los hombres falsos y malos que detraen y murmuran falsamente porque sus malas palabras assí buelan sin impedimento, como la saeta de la ballesta y más fuertemente y peor fieren que los dardos o saetas. 

Tan diffícile es huyr la murmuración de los malos como huyr el golpe de la saeta

 

La .XIIII. de los quatro bueyes.

sta fábula nos enseña que no devemos creer las palabras engañosas y adulatorias ni dar fe a los lisongeros, y que no nos apartemos de la amistad y compañía vieja ligeramente.

Quatro grandes y fuertes bueyes, hecha compañía y amistad entr' ellos con grandes confederaciones y juramentos, yvan a pacer continuamente a los prados, y tan grande era la amistad entr' ellos que donde quiera que fuesen a pacer juntos sin miedo alguno yvan y tornavan defendiéndose unos a otros sin peligro y mal, de manera que aunque el lobo hambriento viniesse para ellos, ayudándose unos a otros, con los cuernos se defendían y lo fazían fuyr espantado de su tanta concordia. El lobo, viendo que no bastavan sus fuerças para contra todos quatro y que no aprovechava en cosa, pensava por sus engaños y falsías e lisonjas en qué manera los pudiesse apartar de la compañía para que pudiesse matarlos uno a uno. E assí apartadamente se allegó a ellos diziéndoles a cada uno d' ellos cómo era muy hermoso y muy fuerte, y cómo era de los otros aborrecido e /f. LVIIr/ mal querido y, aunque lo querían perseguir, por ende que mirasse por sí y se guardasse de su mala compañía, lo qual fallaría por verdad brevemente.

E assí los bueyes, apartadamente sobornados del lobo, fueron engañados creyendo sus palabras. E como se juntaron, cada uno d' ellos mirava con mal ojo a los otros, e con recelo considerava diligentemente de lo que harían los otros contra él. E como la sospecha de entre ellos cada día cresciesse del continuo pensamiento que tenían creyendo a las palabras del lobo, començó de diminuyrse la amistad e concordia, en tanto que dende en adelante no curavan unos de otros, mas antes yvan solos a pacer. Mas el lobo, como conosció que fuessen discordes e que no andavan en compañía, viendo que sus fuerças bastavan para contra cada uno d' ellos, matólos uno a uno apartadamente, los que no podía juntamente cometer, antes avía miedo d' ellos. E como al quarto e postrimero buey llegasse el lobo, dize assí el buey en memoria e doctrina de todas las bestias:

-¡Aquél que segura quiere aver, por nuestra muerte sea avisado que no sea inclinado ni atento oyr las lisonjas e palabras engañosas ni se aparte de la amistad e compañía vieja! Porque si en concordia nos oviéssemos permanescido, en ninguna manera el lobo nos avría acometido ni menos comido. 

Del malo, nunca buen consejo

 

La .XV. del pino y del rebollo o endrino.

o deve alguno por su fermosura mucho ensalçarse ni a otros menospreciar y escarnescer porque muchas vezes los más hermosos suelen caer donde los feos y disformes escapan e permanecen en su estado, según que nos muestra esta fábula.

Un pino muy hermoso y de maravillosa altura, estando cerca de un rebollo o endrino, escarnesciendo dezía:

-¡O, cómo eres áspero y sin hechura y disposición! No eres digno que estés cerca de mí ni deves participar en cosa alguna comigo porque yo tengo cuerpo alto e grande, y assí derecho que quasi alcanço las nuves, e mi altura fasta las estrellas se estiende y aun yo tengo el medio lugar en las nuves grandes, e a mí atan las velas para tomar el ayre y fazer andar, governar y regir la nao por la mar. E allende d' estas otras innumerables virtudes, yo he y alcanço de las quales tú careces. Mas tú eres torpe y feo y menospreciado de los que te veen, y despechado y escarnescido.

Mas el endrino, respondiendo humilmente y con razón, dize:

-Fasta agora tú has seydo contento de tu fermosura a todos nosotros menospreciando por la fealdad nuestra. Empero, como te cortaren las ramas y el tronco con la hacha te sará arrancado, ¿quánto te plazerían las mis espinas más que tus ramas con las quales agora te alegras?

Porque alguno no deve presumir de su nobleza e fermosura, ca muchas vezes la hermosura tristeza y gemido pare, y los disformes y feos passan con paz y seguramente. 

Pues todo ha de perecer, no deve la fermosa de la fea escarnecer

 

/f. LVIIv/ La .XVI. del pescador y del pecezillo.

l hombre no deve dexar aquello que segura y pacíficamente possee por la cosa venidera que es incierta, ca puede ser que después busque y no falle nada assí como significa esta fábula.

Un pescador en la ribera de la mar pescava con anzuelo, donde prendió e sacó un pesce pequeño. E como le sacasse el anzuelo de la boca, dize el pecezillo con gran gemido:

-Ruégote que ayas misericordia de mí y me quieras dexar, pues vees que no puedes aver de mí sino poco provecho porque soy chiquito e agora me parió mi madre, e no has tú en ello algún daño. Y como fuere grande e gruesso yo me tornaré a esta ribera y de grado me dexaré tomar de ti, de manera que entonces tú e toda la compaña vos fartaréys de mí.

Mas el pescador, respondiendo, dize assí:

-Por cierto, gran locura sería soltar el pece tomado y trabajar para tomar otro, pues ninguno deve desamparar y dexar ligeramente lo que ha ganado con trabajo porque después puede venir tiempo en que él querría tenerlo e no lo fallaría.

E assí no devemos dexar lo cierto por lo dudoso y incierto, como dize el proverbio, "más vale páxaro en la mano que buytre bolando". 

Más vale páxaro en la mano que buytre bolando

 

La .XVII. del sol y del avariento y del embidioso.

an grande es la embidia de algunos que de buenamente quieren padecer algún daño porque otros reciban y padezcan mayores desprovechos, sobre que se recuenta tal fábula.

El soberano Júpiter embió de su silla alta al sol a conoscer la voluntad dudosa de los hombres. En el qual tiempo vinieron ante el sol dos que eran muy diferentes en condiciones porque el uno era avariento, el otro embidioso. A los quales dize el sol:

-¿Qué es lo que queréys pedir? Declarad con fiuzia, que vos será otorgado. E aquello que pidiere el primero, a él, según que demandare, e al segundo doblado le será dado.

Oyendo esto el avariento, quería que el embidioso demandasse primero porque él consiguiesse lo doblado, porque él creya que demandaría algunas riquezas. Mas el embidioso entendiendo esto, considerando que el avariento avía de aver e rescebir el doble que él no pudo encubrir su embidia y assí pidió que le fuesse sacado un ojo porque al otro le fuessen los dos. El sol viendo esto, sonriéndose contra el otro, subió para Júpi- /f. LVIIIr/ -ter y recontóle en quánto la embidia entre los hombres reynasse, de manera que muchos querían exponerse a peligros porque a sus próximos viniessen mayores males e daños assí como se dize que "gozo es a los mezquinos y amanzillados aver compañeros en sus males y penas".

El invidioso ha por bien padecer daño porque su próximo lo reciba doblado

 

La .XVIII. del moço llorante y del ladrón.

quéllos que codician las cosas agenas a las vegadas pierden las propias y no las cobráan, según que la presente fábula declara.

Un tiempo estando cerca de un pozo hondo, fingía que llorava un moço, de manera que se hizo produzir lágrimas de fingida y simulada tristeza. Al qual viendo un ladrón artero, preguntándole de la causa de su tristeza diligentemente, diziéndole:

-Dime, mancebo fermoso, por qué con tan llorosos ojos tan fuertemente lloras.

Respondió el moço con gemidos:

-Aquí vine con una caldera de oro a sacar agua, y sacando el agua háseme quebrado la soga y así ha caydo la caldera dentro en el pozo. Y por esta causa soy lleno de tristeza e lloro.

Oyendo estas palabras el ladrón astuto y codicioso, quitóse la capa y poniéndola cerca del mancebo, descendió en el pozo a buscar la caldera. E luego, como él entró y descendió, el moço tomó su capa, con la qual huyó al monte y allí se ascondió. El ladrón tardó mucho pensando de hallar la caldera de oro, mas él conosciendo que no la podía aver porque no estava en el pozo y que su tiempo passava en balde, trabajando salió del pozo y començó de buscar su capa de una parte y de otra, la qual como no fallasse, cayendo en tierra dízese que con tristeza y angustia dixo assí:

-¡O, dioses de todas las gentes, qué juyzio tan justo e ygual juzgastes! ¡Por gran razón deven perder sus manos todos los que por codicia y avaricia inclinados e traydos creen que han de fallar la caldera de oro en los pozos, según que yo como loco y desventurado crey!

Amonesta esta fábula que no seamos assí cobidiciosos que desseemos las cosas agenas porque no perdamos las nuestras propias buscando las agenas, porque sobre no diga: "bienaventurado es aquél que los peligros de los otros lo fazen cauto y avisado". 

El de codicia lleno, a las vezes pierde lo suyo por ganar lo ageno

 

La .XIX. del leon y de la cabra.

o creamos ligeramente a las palabras blandas y engañosas, nos muestra esta fábula.

El león hambriento, mirando por el campo si alguna rapiña sentiesse, vido una cabra que pacía en una alta peña, la qual, como desseasse comer, no viendo manera como pudiesse subir a ella, començó a fablar por palabras engañosas y blandas y falsas diziendo assí:

-Dime, hermana, por qué moras en essos lugares secos y sin fruto, buscando de comer en essas peñas altas. Dexa esta tierra no labrada, despoblada y estéril, y abáxate a los prados verde donde podrás usar y comer muchas buenas yervas de diversas especies y flores con que tomarás alegría.

La ca- /f. LVIIIv/ -bra, oyendo el consejo, con gemido considerava cómo era este consejo muy bueno para ella. Empero la natural enemistad y contrariedad que era entre el león y ella causava que no creyesse que el león le aconsejava de buen coraçón. Por lo qual, respondiendo a él, dixo assí:

-Ruégote que no entiendas más en esto que has començado, por quanto, aunque fuessen verdaderas todas tus palabras mas el tu consejo es falso, ca tú querrías engañarme con adulaciones y falsías por bozes muy blandas y ornadas, las quales si creyere, no escaparé de morir en tus manos. Por ende, apártate de mí por quanto más seguro me es morar aquí sin miedo que, usando de tu dotrina y consejo, abaxarme a los prados donde puedo ser muerta y comida.

Esta fábula nos amonesta que no creamos de ligero a las palabras blandas y engañosas, aunque a primera vista parezcan verdaderas, mas antes que devemos diligentemente considerar a qué fin y de qué manera y por quién son dichas. 

En las palabras blandas ay más de engaño que en las ásperas

 

La .XX. de la corneja sedienta.

ómo la prudencia e industria muchas vegadas suplen y cumplen la vez o defeto de las fuerças nos enseña la presente fábula.

La corneja con sed grande vino a un pozo donde falló una herrada en el hondo de la qual estava una poca de agua en tan chica quantidad que la ave no podía bever d' ella salvo trastornándola, y no bastava para ello su fuerça porque era pesada. E assí, movida la corneja de impaciencia, pensando toda manera de ingenio que podía considerar para que pudiesse satisfazer a la sed de que quasi quería morir, cogió de las pedrezuelas que podía traer con la boca con las quales, echándolas en la herrada, dentro hizo crecer el agua y assí falló manera cómo ligeramente pudiesse bever d' ella y amató su sed.

Significa esta fábula que por arte e ingenio puede hombre fazer muchas cosas, las quales por fuerça no podría cumplir.

Con la prudencia e industria se suple el defecto de las fuerças

 

La .XXI. del rústico y del novillo.

penas se castigan por palabra ni por açotes los que son rebeldes y de mala naturaleza, sobre los quales se pone tal fábula.

Tenía un labrador un buey nuevo bravo e indomado, el qual queriéndose servir d' él, començólo de uñir con otro buey manso y echarle el yugo sobre el pescueço. El novillo, sintiendo esto, començó de bravear echando de sobre sí el yugo y las correas, y allende quería ferir y despedaçar con /f. LIXr/ los cuernos a todos los que estavan alderredor. Viendo el labrador esta braveza, echóle grandes travas de los pies a las manos y más le acerró los cuernos pensando que assí se amansaría y no podría fazer mal ni daño. Y como de cabo le tornó echar el yugo, començándole fazer trabajar, el novillo echava coces e pernadas y cavava la tierra con los pies e manos, de manera que hinchía el amo en la cabeça e ojos de polvo y arena, el qual alimpiándose del polvo, con grave coraçón dixo assí:

-Por cierto, yo me conozco vencido d' este toro porque su malicia es contraria a toda bondad, de manera que ni por palabras ni por açotes puede ser traydo a bien. Mas el carnicero lo castigará bravamente.

Significa esta fábula que los hombres de mala naturaleza e criança, sejemantes son a los toros bravos, que jamás se quieren castigar por disciplina ni palabra fasta que los matan las justicias enforcándolos, o en otra mala ventura sean acabados.

El castigo del rebelde es la muerte

 

La .XXII. del sátiro y del caminante.

sta fábula nos demuestra que son de apartar e fuyr los hombres de dos lenguas.

En el tiempo del invierno, como fiziesse muy fuerte tempestad agora de nieves y lluvias, agora de vientos y de eladas, un peregrino o romero, caminando en regiones longinquas e apartadas llegó a una montaña donde avía grandes nieves y crueles vientos, en tanto grado que no parecía el camino ni él sabía dónde se acoger. E acaeció que estando assí el caminante, un sátyro vino a él. Es de saber que sátyros son unos hombres de pequeña estatura que moran en las partes de Libia en el monte Atlas, los quales tienen unos pequeños cuernos en las frentes y han los pies semejantes a los de las cabras. El qual sátyro, aviendo misericordia del peregrino, recibiólo en su casa e mucho se maravillava de tan gran fuerça d' este peregrino, porque soplando las manos eladas, de las quales no se podía ayudar, las escalentava y retornava a su estado primero. E como ya oviesse lançado la frialdad de fuera, el sátyro lo fizo assentar, dándole las mejores viandas que tenía. Dende a poco tráxole un vaso de vino caliente para que le calentasse las partes de dentro. E como el caminante tomando el vino llegasse a la boca, sintió sobrada calentura d' el, no menos otra vez començó a soplar con la boca por lo enfriar. Lo qual como viesse el sátyro dize:

-Yo he conocido por cierto que has obrado cosas contrarias con tu boca misma por- /f. LIXv/ -que las cosas frías calientas e las calientas enfrías. Pues salte luego de la montaña e no buelvas acá otra vez por quanto la operación contraria de la boca y lengua doblada en ningún lugar son de soportar mas luego y lexos son de arredrar y mayormente de aquéllos que alaban y falagan los presentes e redarguyen y blasonan de los absentes, de los quales se dize este proverbio: "no es juego de reyr tener cara con dos hazes, con la una maldezir, con la otra poner pazes".

Pon tu morada a siete calles del que tiene cara con dos hazes

 

La .XXIII. del toro y del mur.

l poderío y mando de los poderosos y ricos no es más sino quanto se conforma por voluntad y favor con los inferiores e sus súbditos, como declara esta figura.

El toro fuerte e grande estando echado por dar holgança a sus miembros, un pequeño ratón començó con sus dientes chicos a morderlo. E como el thoro muchas vezes se bolviesse a una parte y otra por echar al mur dende, él fuya a un agujero y tornava para el toro otra vez. Y esto fazía tantas vegadas que el toro se enojava mucho d' ello, mas aunque era grande y robusto no se podía vengar d' él porque apenas le podía ver. El ratón sufría con paciencia su yra porque sabía que era bien seguro d' él, e dixo estas palabras al toro:

-Aunque la natura te aya dada gran cuerpo, ni por esso puedes fazer a mí alguna cosa de mal, ca aunque yo sea pequeño de cuerpo, perturbo a ti que eres grande e tú no puedes vengarte de mí. Pues aprende en pocas palabras para que conozcas tus fuerças: confórmate con la voluntad de los súbditos y no menosprecies a alguno, e assí podrás usar de tu poderío y fuerça libremente.

Quiere dezir que los señores y poderosos, que deven conformarse con los súbditos y no los deven menospreciar por pequeños que sean, si quieren guardar su estado y honra. 

La conformidad conserva los estados

 

La .XXIIII. del ansare y de su dueño.

ualquier que tiene lo que ha de tener suficientemente e no se contenta d' ello, mas codicia allende de lo que deve, justamente pierde lo que tiene, sobre lo qual se dize tal fábula.

Tenía un hombre un ansare que cada día le ponía un huevo de oro en su nido. Mas este hombre no solamente dexava de ser contento con esto mas codiciava que le pusiesse dos huevos cada día. Mas el ansare, no podiendo fartar la codicia de su señor, quanto más podía, ponía su huevo según que /f. LXr/ lo avía de costumbre. Empero, el hombre pensando sobre esto, dónde venía este huevo de oro, consideró e creyó que algún thesoro devía tener escondido el ansare dentro en sí, del qual sacava este huevo assí. Y por ende, por su gran codicia porque puediesse tomar todo aquel tesoro una vez juntamente, mató el ansare. E abriéndola por las tripas buscó el tesoro por todas partes, e como no fallase cosa alguna y muriesse el ansare, perdió toda su esperança. Y conociendo su culpa grande, después que pensó bien en sí la locura en que avía caydo, con sospiros y gemidos ovo de soportar su mal y pena, porque cosa ygual era y conforme a la razón, que pues era rico y codiciando más, perdió lo que tenía, que lo soportase en paciencia imputando así.

Pues conviene a cada uno que se contente de lo que Dios le ha dado y no tenga por poco o que es razonable para él, mas antes dé gracias a Dios por ello, e no pierda lo que tiene por alcançar otras cosas mayores. 

La cobdicia desordenada rompe el saco

 

La .XXV. de la mona y de sus hijos.

uchas vezes contece que las cosas que menospreciamos y pensamos que son de menos valor sean amadas de nós, y al contrario las que más amamos sean perdidas y desamparadas, según dize esta fábula.

En un tiempo una ximia parió dos fijos juntamente, los quales no se criavan ygualmente de la madre, porque por inclinación natural amava más al uno que al otro, de manera que al uno de continuo falagava y complacía y al otro aborrecía e ningún bien ni halago le fazía, salvo sólo aquello que por natural al amor de madre no le podía negar: para que sustentasse la vida. Acaeció que la ximia, andando por una montaña con los fijos, sintió los caçadores con perros, por lo qual, turbada de espíritu por temor que ovo, pensava cómo pudiesse salir de allí sin peligro, y tomó al hijo que más amava en los braços amorosamente, y al otro que aborrescía hizo que subiesse sobr' ella a cuestas, y d' esta manera lo mejor que pudo començó a fuyr. Mas, como la siguiessen y apretassen mucho los perros, no pudiendo fuyr de otra manera, por escusar su muerte dexó al hijo que traya en los braços y no menos quisiera lançar el otro que traya a cuestas, mas porque él se abraçó muy fuertemente al cuello de la madre, escapó con ella sin lisión de los perros. E assí que luego, como la mona perdió el hijo que más amava, començó amar al otro, la qual todos los bienes que al primero fazía dava a él, de manera que todas las riquezas de padre e madre sólo él posseyó.

Quiere dezir que a las vezes, la fortuna torna alguno que es menospreciado a ser más amado que otro, el qual ha seydo más caro y preciado en otro tiempo. 

Muchas vezes es preciado lo que ha sido desechado

 

La .XXVI. de la tempestad y de la olla. /f. LXv/

or cierto, desaventurado es y no podrá escapar de los escándalos y peligros del mundo aquél que por sobervia o vanagloria se muestra por mayor o mejor de lo que su estado requiere, según se enseña por este exemplo e parece por común experiencia.

El ollero fabricó en un tiempo una olla poniedo mucho de su saber y arte en la fechura d' ella, la qual porque más levemente y mejor se coziesse púsola a secar en el ayre. En este mismo tiempo levantóse una gran tempestad de viento y de lluvia, y llegando allí ella preguntóle diziendo:

-¿Qué cosa eres tú o qué nombre has?

Ella, no recordándose de lo que era, mas olvidándose que era tierra y barro muelle, respondió:

-Soy olla por quanto por arte e ingenio de mi maestro y de su mano bien usada y prática soy fecha y formada por continua revolución, de tal manera que quedo ya olla con buena disposición.

La tempestad le dixo entonces d' esta manera:

-Aunque te tengas por olla bien formada en tu presunción, sepas que de aquí a poco te tornarás a lo que eras, corrompida d' esta agua porque conozcas que no eres otra cosa salvo tierra muelle y agua.

E dichas estas palabras, llovió mucha agua sobr' ella. E como la olla era hecha de tierra y agua y estava muelle sin ser cocha en el horno, fue tornada en tierra y agua.

Amonesta esta fábula que devemos conocer cada uno su estado, e no nos tener en más de lo que somos porque cosa ligera es de ponerse en estima de noble y generoso y fidalgo, mas en grave y difícile mantener la nobleza y hidalguía. Y más por estenso d' esta materia fablar o escribir causaría detración y embidia, porque dexo de más continuar en ella. 

Bueno es conocerse cada uno quién es

 

La .XXVII. del lobo y del cabrito.

unque todas las cosas ayan apetito e inclinación al bien, empero representados por la razón a la voluntad dos males, el menor mal es de escoger, según que se declara por esta figura.

El cabrito pacía no lexos de su casa en un prado, al qual viendo un lobo se llegó por lo matar y comer. Mas luego, como vio el cabrito al lobo, començó de fuyr y acogióse para casa donde estavan los carneros. El lobo, viendo que su voluntad no podía cumplir, por fuerça tomando al cabrito, deliberó de atentarlo por palabras blandas diziendo assí:

-¡O, animal loco, sin providencia! ¿Qué buscas tú en este /f. LXIr/ lugar entre estos carneros? Por ventura miras cómo en el templo por todas partes está la tierra ensangrentada e mojada de sangre de las animalias que cada día se matan y se sacrifican a los dioses. Ruégote que no quieras morar aquí donde no puedes esperar otra cosa sino la muerte, mas buélvete en el prado donde sin peligro y miedo puedes bivir.

Mas respondió el cabrito al lobo y díxole:

-Ruégote, mi señor, que no quieras aver cuydado sobre esta causa, ca ni por tu fieldad ni por tu mal consejo podrás acabar que yo me vaya de aquí, por quanto aunque continuamente me convenga e aya de temer la muerte y que mi sangre sea derramada, empero más vale, aunque todo esto aya de soportar ser sacrificado por los dioses, que no sea tragado y comido del lobo ravioso.

E assí significa que de dos males presentes, el menor mal deve hombre escoger. 

Un mal en respecto de otro mayor se deve elegir por bien

 

Aquí se acaban las fábulas de Aviano.