/Fo. 1r/

 

Tribunal de Venus

 

n el año quel tan religioso quan venturoso y poderoso Carlos, deste glorioso nombre primo Rey de las Españas, no menos que los de los otros cathólico -si la vieja Corónica de la guerrera, de la afamada Corona española no me miente-, por el beatíssimo florentino Summo Pontífice Clemente Séptimo, en la ínclita Boloña fue de los latinos Emperador consagrado, del dicho nombre quinto(20) -si los antiguos añales de los no pacíficos, de los bien afortunados romanos, no me burlan-, de aquella que menos que más que merescida, que más que no menos que devida Corona, aconpañado de algunos altos hombres de España, de muchos señores alemanes, de infinita nobilidad italiana, coronada la augusta cabeça del justíssimo César, no sin recatada maestría, no sin inmortal honrra, no sin cerimoniosa pompa, entregado el imperial ceptro en las christianíssimas manos, con semejante reverencia delante los cardenales que se hallaron presentes a aquélla, sin la qual por medio de sus cónsules, a los emperadores (que del primero César de Cé-[/Fo. 1v/]-sares tomaron nombre) no solía encomendar la monarchía gentílica el romano paganismo antiguo.

Al tiempo que de sombrosas hojas revestiéndose los árboles, de verde manto adornándose la tierra, la ya reverdescida(a) barba deste viejo universo más hermosa, más pintada se muestra tanto a los viejos locos quanto a los moços livianos. En el qual, aquel dulce enemigo, aquel amoroso tirano, aquel desnudo y velado niño(21), mañoso robador de la libertad, astuto captivador de los coraçones, con más cauteloso ingenio, con más sotil artificio, con más entrañable malicia de maliciosas entrañas, no menos que bien assestador según que peor puede, flecha contra el desdichado blanco del humano pecho, de su naturaleza blando y de nativa condición piadoso, su brava ferocidad empleando en los más mansos hombres de los hombres el menos clemente dios de los dioses. Hallándome en la assí en hermosura como nobilidad inapresciable Italia, principal provincia de la belicosa Europa, segundo terreno paradiso de toda la universal máchina, scholar legista(22) en la antigua y honestíssima ciudad fundada por el troyano Anthenor(23), verdadero, y antes y agora y siempre, ornamento de la fa-/Fo. 2r/-mosa nación latina, público erario de scientias(24), inexpuñable, único Ylión(25) de virtudes. Hallándome, digo, solo en mi retraýda cámara sperando nuevos atavíos, los quales mandara hazer assí por dexar en parte el peregrino vestir(26), como por dar noticia de mi persona, por muchos tenida por estrangera, mayormente de una hermosíssima dama (27), de noble padre engendrada, de generosa madre nascida, de humanos y temporales bienes en el patrimonio muy rica, de graciosíssima proporción en el cuerpo dotada, de milagrosa beldad matizada en el rostro, de celestes, de divinas virtudes no sólo no pobre, pero sola entre las otras ciudadanas como entre las estrellas el claro sol, sobrenaturalmente arreada y milagrosa enriquescida. El qual solo sol, visto una vez por mis ciegos ojos, assí aziera(28) de lo vivo más vivo de mis despedaçadas entrañas con los ardientes rayos suyos, que fue parte (no quedando en todo mí, parte que fuesse, ni pudiesse, ni quisiesse, ni pudiesse querer, ni quisiesse poder, o en parte, o en algo ser parte mía) para hazerme nunca no del todo suyo. Esperando, pues, los atavíos nuevos en la solitaria cámara(29), la qual en verdad de mis espessas lágrimas, de mis no raros (si bien raros)(30) sospiros, no mentiroso testigo era enton-[/Fo.2v/]-ces, porque los formava entonces; es agora, porque dellos me recuerdo agora; será siempre, porque los tales me olvidarán jamás(31). En los dañosos acidentes del natural amor reziamente empeçó ha pensar mi aflegido spíritu muchas cosas ya de viejas olvidadas, renovando la fresca memoria de los antiguos males. Los cuydadosos descuydos y falsos favores examinando, sin engaño de la engañadora amiga, dentro lo más adentro, en el secreto más secreto de la fidelíssima mente, juzgué de la tal, no inhumana (antes humaníssima) en el semblante, fieramente ser tratado sin alguna culpa con insoportable pena. La qual, dulce, la qual, amiga enemiga, parte de mi alvedrío perdida, scog[i]era por mi no cruel señora, del todo pensando (como sabio) ganarme. Ésta, yo sobre todas(b) las mundanas cosas y poco menos que tanto quanto las divinas honrrava, acatava, amava, servía y adorava con verdaderas demostraciones, quanto ella, con no fingidos desdenes scarnesciendo mis continuos servicios, ryéndose de mis llorosos amores, holgándose de las penas que no de burla me penavan en lo secreto, me menospreciava muy de veras en lo más público; en esto paresciéndome, y grande ultraje recebir, el penante coraçón que no tibiamente amava, y /Fo. 3r/ no pequeña injuria la firmeza del ánimo que ardientemente penando, a lo menos con el desseo, de continuo servía.

Del descontentamiento de la penosa vida, movida mi frenética alma, desseosa de contentar con la muerte del atribulado cuerpo el desesperado desseo, después de presurosos sospiros, después de no spaciosos solloços(c), empeçaron las calientes lágrimas, que de la no fría ceniza de las quemadas entrañas a los tristes ojos, y d'éssos a la amarga boca venían(32) a rríos, no que a fuentes saliendo, no sólo bañar la nueva barba mas haun scalentar los helados pechos, quándo doliéndome de la simpleza mía, no que no aborrescía a quien no me amava, mas sí que amava a quien me aborrescía, quándo quexándome de la crueldad suya, porque no se apiadava de quien por su amor en lo íntimo de su alma suffría, a más que suffrir tan salvaje pena(33).

Y en tanta aflición trascoriendo con el devaneante pensamiento vine(34), que un dolor juntándose con otro dolor, una deseperança con otra desesperança, tenía por menos grave la desesperada muerte, en quien sperava, que la aborrescida vida, que desesperar me hazía(35). Y a [a]quélla, con no menos desseo de verme fuera deste ancho, deste (para mi reposo) estrecho mundo, que tapiado dentro la estrecha, la (para mi descanso) an- [/Fo. 3v/] -cha sepultura, començé ha llamar con boz muy rompida y palabras muy mucho desatinadas. Después de yo haverla muy mucho llamado a ella, y ella (porque siempre ella) muy más poco haverme respondido a mí (conosciendo que la tal, como de las cosas crueles la más cruel, de las iniquas menos menos iniqua, de las desapiadadas la (d) más sin piedad, más huye de quien más la dessea, menos persigue -quería dezir sigue- a quien menos la huye), por fuerça ymaginé hazerle hazer forçada lo que rogada no quería de voluntad. Es a saber, quitarme de la escura luz del confuso chahos deste mundo y dar comigo en las infernales tenieblas del spantoso mundo del otro cahos.

El ingenio de la fuerça, haviendo ya pensado sin covardía(36), sobrevino no sé qué sudor seco, no sé que fría calentura, no sé qué caliente frío, no sé qué cierta compassión de mí mismo, con no sé qué dudoso miedo rebuelta de no passar de una maldita vida a otra que fuesse peor que mil infernadas muertes si yo, lo determinado con grande ánimo pusiesse en execución con tan furiosa osadía. Fue tan fuerte la fuerça deste miedo que, teniendo por muy flaca la del passado esfuerço, rompió y, casi sin casi, despedaçó el no débil proponimiento que para darme la /Fo. 4r/ muerte ordenara tan peligroso ingenio. Por la qual cosa, bolví a las primeras lágrimas, bolví a la acostumbrada agonía, perpetuando el llanto, que desseava fuesse el último de mis llantos. Y tan abundantes salieron ellas, y tanto se engrandesció essa mortal (antes inmortal) agonía, que el desseo de la muerte, una vez desterrado de mi desconsolada alma por el miedo de peor vida, otra vez entró [en] la entristescida mente con falsa esperança de verdadero y glorioso descanso.

Enxugadas las malsabridas lágrimas(37), de sus señales alimpiado el mísero, el piadoso, el enamorado rostro, desterrado el cruel desseo (la segunda vez por la misma misericordiosa compassión de mí mismo), ya que me esforçava de dexar la solitaria morada, la qual, por cierto, mucho offende la salud de los que de la mente por la continua calentura de amorosa fiebre, siendo más que malsanos huyen, corriendo tras la soledad que les daña, la compañía que sin duda les aprovecharía(38), como sea gran parte para desdolorirse en compañía el enteramente dolerse. Queriendo, con el rostro por la passada fortuna verdaderamente transfigurado, a la sazón fingido sereno, salir fuera de la assombrada cámara de mis quexosos, de mis adolori- [/Fo. 4v/] -dos, desesperados llantos fiel secretaria, sin esperar más el atavío nuevo del italiano maestro(39) para haverme de consejar de mis viejos males con alguno de los más dotos discípulos del peripathéthico Cupido, no sé si por el mal de mi bien o por el bien de mi mal, o movidos de la verdadera amicicia, que obliga los buenos amigos a visitar sus amigos tristes(40), o por la divina voluntad del clementíssimo Creador, que jamás desampara la criatura atribulada(41), vi estar dos mançebos asentados en la última parte de la escuridad de mi solitario retraymiento(42). Y en verdad, según mostrava el no poco asosegado reposo del gracioso gesto de cada qual, gran rato havía que eran venidas sus nobles personas. A los quales, dudando no hoviessen por ventura oýdo mis llantos, sentido mis sospiros, y por la alteración pública del cuerpo conoscido la secreta discordia del alma, quitada la escuridad de los anublados ojos de la enferma mente, aclarada la turbia vista del amortescido juyzio, dixe yo desta manera:

 

"Muy nobles señores, cuya en todo estremo estremada cortesía, en vosotros celeste don de los dioses, encona la voluntad, roba los coraçones de las más honestas entrañas a las más altas damas, antes que me hagáys de cier-/Fo. 5r/-to sabidor de la principal causa de vuestra no pensada venida, os ruego, si en vosotros alguna siquiera partezilla tiene la piedad por suya, lo qual no puede no ser, como el nuestro dotíssimo maestro amor -que artificiosamente nos enseña- piadosos quiera de natura los discípulos, y [como] vosotros, señores, de coraçón todos seáys capitales enemigos de todo género de crueldad, que por los nuevos movimientos que havéys visto hazer a los ciegos ojos en el demasiado llorar, hazer al desecho coraçón en el tan sobrado sospirar, a la atrevida, a la desmandada mano en procurar con la cruda espada dar la que tenía por dulce muerte al temorizado cuerpo; ésse abatido a la madre tierra como terrena madre, y la enamorada alma a la escura casa de Dite(43) como desesperada ha tener compañía con las babylónicas sombras del desdichado Pramo y desastrada Tysbe(44), verdadero dechado de desastres y desdichas, en la Stygya caverna(45), que no queráys reprehender mi ánimo de poco juzgar mi juyzio de ninguno, y tenerme a la fin en menos y por otro de lo que me havéys tenido hasta'quí. Pero haviendo de mí, vuestro fiel amigo, aquella compassión en este caso agora que queríades huviesse vuestra amada amiga en todos siempre de vosotros, por [/Fo. 5v/] vuestra humaníssima virtud, y casi divina humanidad, os dignéys oýr la propia, la misma causa de mi cruda pena, por la qual amatar escogerá por más piadoso remedio el de la raviosa muerte.

"No podiendo con demostraciones de spíritu de veras enamorado mi poder (que en su presencia porque está puesto en su querer es muy flaco) ni la fuerte Fortuna, que es mi enemiga, lo permitía (enemiga es, digo, y fue, enemiga torno a dezir, y fuerte, y entre las fuertes una), y los tristes hados, que siempre me fueron contrarios por mi mala suerte ya lo havían hadado(46), no podiendo, digo, ni emblandescer lo duro ni scalentar lo frío, ni vaziar la crueldad del fiero, del pétreo, del no de burla diamantino pecho de aquella soberana diosa (ya quel bendito Amor no me dexa dezir maldita furia), de la qual la celeste hermosura del -no sé si diga- divino cuerpo tanto me acora(47) el cuerpo sin herirme el cuerpo, la inhumana alma de la qual tanto me desanima sin quitarme el alma, que vistes hayer, siendo ella sola para darme pena, para ser siempre inmortal, contra mí solo mostrarse tan mortal enemiga. Cansado de dolerme de mi passado y mal afortunado enamoramiento todos los días, ni por ello har- /Fo. 6r/ -tándome de llorar el presente infortunio las más de las noches, no podiendo en alguna manera tirar tan atrás el concebido amor que viéndola, quanto más peno tanto más cruel, quanto más la amo más desamorada, la ardiente llama no me encienda a querer más amar el triste y mal logrado coraçón, haun por su desventura no poderoso de poder abor[r]escer. Porque un punto de la aperreada vida en que muero me retarda mil años de la gloriosa muerte en la qual espero vivir(48), retraýme en esta tenieblosa cámara para haverme de restituir yo mismo a la natural libertad con mi afilada espada, <a> la qual me robara el tirano del Amor con su venenosa saeta(49)."

 

"Tan rompidas he sentido vuestras palabras, tan temblante me ha parescido la fría, turbada lengua, tan mudado el color se me ha representado del enamorado rostro en la fin de la amorosa elegýa tan desesperada," dixo el uno de los scolares nobilistas(50), "que a poco juzgara yo esser de muy poco juyzio si no juzgase haver de juzgar todos los que vieren este vuestro tan desemejante semblante de lo vuestro, no sólo vestida la nueva ropa que parecéys esperar, poder dar noticia de vuestra persona, la qual creéys que se tenga por estrangera, pero haun si al [/Fo. 6v/] fiel espejo os miráys, haveros de desconoscer vuestra alma propia. Por lo qual, yo ternía por muy bien, siquiera porque con tan diforme figura no hiziéscedes a muchos indicio de vuestro mal, que dexada la yda de la yglesia nos quedásemos a razonar en vuestra posada."

 

Teniendo del todo por bueno el parescer suyo, bien que no sin hazer harta fuerça al apassionado apetito mío, determiné quedar y comer temprano, porque fuera de la compañía que soledad me causava, más dissimuladamente acompañado de la soledad pudiesse a la tarde, de la encrudelescida dama -depósito de desamor, corona de ingratitud-, ruar(51) la freqüentada, la tan ruada calle, que callar no puede conoscida la tanta servidumbre, la más que de Ticio(52), la tanta y más que de Tántalo(53) infernal pena mía. Pero hablando con el ayrado batir de sus duras piedras jamás cessa, ni cessará jamás (mientra quel incessable mover del cielo no cessare, hasta quel no cessar de ser cruel cesse) de increparla de desconosciente, de culparla, de condemnarla por desagradescida.

Mientra que las mesas se ponían, siguiendo nuestra usanza antigua(54), enpeçamos ha hablar con orden assaz discreto(55), puesto que moderno, de las varias mutaciones de la bifrente Fortuna(56), de la insigne rudeza de algunos, que /Fo. 7r/ la tal, ¿en qué no falsa, en qué (en nada) no falsíssima? abraçan con verdadera voluntad, y siguen con entero desseo; de la notable locura de muchos otros, que como en cosa estable la caducante esperança suya firman en la mutabilidad dessa misma inconstante Fortuna.

Ya escalentava, encendía, inflamava los atentos ánimos la dulce plática quando los presurosos criados, hinchiendo de bozes nuestros oýdos, significaron gastarse toda la amarga comida(57). De los quales por acallar las bozes más que por satishazer al ayuno estómago, nos assentamos a la parada mesa con más voluntad, cierto, de contentar o, por mejor dezir, de halientar la pena y descontento del descontento ánimo (que me penavan en lo secreto), que con ganas de gustar de los para mí dessabridos manjares que nos eran presentados en lo público.

Apenas fueron quitados los blancos manteles y dada la fresca agua a las frías manos (que para lavarse se contentaran de las calientes lágrimas de la continuo manante fuente de la viva peña de mis ojos), quel uno de los nobles amigos, creo -porque assí fue- por dar de presente remedio a las tristes penas, o a lo menos consuelo a la mortal tristeza que era causa de mi penosa vida (antes inmortal muerte) y [/Fo. 7v/] descimentar la desesperada determinación de mi descontenta alma, no sin mudarse el lindo color de la polida cara, tales palabras hechó fuera por la hermosita garganta:

 

"¡Qué desesperación tan grande...!" y lo demás. La fin de las palabras d'éste fue principio del fin del callar del otro en esta forma:

"Estatuto más que santo..." y lo que sigue. La qual oración segunda, junta con la consolación primera, por ser algo prolixas, puesto que muy mucho de notar, mandé poner en la fin de la obra(58).

 

Las consoladoras oraciones acabadas, los xaropes(59) bevidos, dado el secrocio(60) al desmayado coraçón, recreada la desesperada alma, fue fuerça ocuparnos en la familiar plática que antes de comer habláramos por no estar ociosos(61). Y de unos y de tales assí honestos, assí excelentes razonamientos saliendo, y en otros entrando, venimos nadando a dar con el pecho de nuestras palabras en la fuerte peña desta qüestión amorosa: quál fuesse mayor deleyte al amante, o ver la cosa amada o, sin verla, pensar en ella(62). En la quosquillosa disputa de la qual(63), después de haver consumido lo que quedava de aquel día, porque mucho y muy mucho, antes poco menos que toda nos sobrava la /Fo. 8r/ abundante materia(64), la sobreveniente noche impidiendo poner el devido fin y dar la verdadera conclusión, señalada assignación para el seguiente día, y dexándome con el dado consuelo, se partieron sin mi licencia los scholares nobilistas(65).

Ya gozavan y los alumbrados antípodes del iocundo, del festeado rostro del relumbrante sol, y los comarcanos nuestros de la serena, de la cornudezita cara de la trasnochante luna y de la universal luminaria de los noturnos planetas, sempiternos moradores de la estrellada circunferencia, quando casi divinamante de mi reformado, rebelde ánimo por el santo ministerio de las verdaderas palabras, a punta de lança hechada fuera la desesperación inhumana (que como diabólica comunera(66), haviéndose apoderado de la rebuelta ciudad del alma, a hilo de espada determinara maltratar la capital parte de la no asoçegada persona), de celestes manjares apascentado pues, mi enamorado spíritu, con más que humano socrocio(67), desopilada la pestilencial opilación(68) del desesperado pecho, haviendo puesto en profundíssimo olvido todo mi passado enojo, apenas recordándome de mi pena presente después que la natural refeción(69) de la necessaria cena huve tomado(70), no podien- [/Fo. 8v/] -do olvidar la rara dulcedumbre de los honestíssimos y sabios razonamientos del claro día, no sin incomparable plazer dulcemente repitiendo los tales, traspassé grandíssima parte de la escura noche. Vencido, pero(71), por la natural oportunidad(72) el artificioso deleyte, suavemente me adormí. Y con tanta fuerça se metió el sabrosso sueño en mis reposantes sentidos(73) al tiempo que dormía, con quanta el dulcíssimo pensamiento quando que velava. Siendo assí que yo, en altíssimo(74) sueño, paresciendo a la ya no enemiga Fortuna bastarle las viejas injurias, contenta de los dados enojos, a mí que benignamante dormía, con todo su no más maligno ingenio se desvelava para darme nueva y cierta noticia y determinación clara de la amorosa qüestión que movieran los scholares nobilistas con assaz estrañas visiones75.

Et fue assí que, después de haverme hecho sentir diversos sones de trompetas y oýr grandes alaridos de hombres, me paresció entrar por un y deleytoso y alindado sendero(76), tanto agradable a los ojos míos quanto digno no sólo de ser visto, pero loado de todos. No caminaron mucho mis pies que allegó a una grande llanura mi persona, la qual, si ni mi memoria se olvida de lo aparescido, ni mi pluma adultera lo [/Fo. 9r/] que escrive, a los cyprianos campos semejava(77). Vi de lexos, en medio de[l]la, tres bien formadas torres de milagrosa altura(78), haziéndome más vezino por el desseo (que sin mover los pies caminar y sin tener alas bolar me hazía) ha ver semejante novedad, me se figuró que todas tres tenían desplegados pendones, bien que en las enseñas muy diversos. Entonces, movido de no sé qué instante voluntad de ver sus señales, descubriendo más de la aparescida máchina, gran parte caminada del no pequeño campo llegué tan açerca de las peregrinas almenas que pudo bien juzgar el juyzio redondo ser el aparente edificio que de lexos devisara la vista, y las altas torres que diversificados pendones tenían en lo alto tener puertas, puesto que cerradas, en lo baxo.

Rodeando, pues, el fantástico edificio por ver alguna dellas habierta, vi quel primero pendón era amarillo con una águila negra de dos coronadas cabeças(79); ençima dél una devota cruz de cristal(80), el portal redondo, las puertas de muy fuerte azero. En la una dezía un colado mote: ESTA SE HABRE; en la otra respondía un otro: AL CHRISTIANO. Allegando a la segunda vi en pendón negro una humana cabeça ataviada de un turbante (e) azul; ençima deste pendón una media luna de pla- [/Fo. 9v/] -ta(81), el portal hecho ha arco y las puertas de escuro metal. Esculpidas en el pétreo arco, unas doradas letras, y dezían: LA PUERTA DE LOS MAHOMETANOS. Codicioso de bolver a la primera, de la qual más me agradaran las cesarinas armas, apresurando mi passo, vi que las ricas puertas eran de hermoso marfil(82) y cerravan un quadrado portal. Ençima el marmolino ángulo estava escrito: POR ÉSTA ENTRAN LOS GENTILES. El affricano pendón, puesto que por la priesa que llevava de allegar a tiempo para entrar por la primera puerta que sentía abrir, claramente no pudiesse ver, me paresció leonado(83). En medio tres letras negras, debaxo un no conoscido diadema(84), las quales, si no me engaño agora o no me engañé entonces, no las supiera leer, si bien fuera de espacio(85). Ençima del pendón, un entero sol de oro. No fui tan presto a la primera puerta que, si un ratico más me detuviera ha ver las ni vistas ni jamás oýdas maravillas desta última, sin poder entrar en la fingida fábrica no hoviese seýdo forçado de quedar fuera en el insulano campo. Entrado, pero, a la fin(86), passadas muchas puertas, andados algunos apartamientos, allegué a una espaciosíssima sala de color de cielo; las pintadas paredes a lo /Fo. 10r/ gentil mostravan no ser hechas por humana mano; sus entalladas affricanas piedras parescían puntas de veríssimo diamante; en medio de la qual era fabricado un pomposo trono de cinco gradas, al mismo triangular model(87) de la luziente sala; ençima el marmóreo tribunal una riquíssima silla de jaspes.

Servían de seguríssimo fundamiento a las quinze gradas(88), sostenían el plomoso peso del soberbio tribunal tres desmesuradas metalinas cabeças; de águila la una, la qual, por un dorado letrero que en el pico tenía con letras negras escrito, dezía: A TI SÓLO. De león(89) la otra, la fuerte mano del qual con férrea pluma parescía acabar de escrivir en el bendito solar: A TI QUIEN. De dragón(90) la tercera, del cruel pecho d'éste salía un rétulo(91) pergamino que tenía: A TI TODOS. Cobría la imperial silla un carbúncleo(92) chapitel, la milagrosa invención y estraña esculptura del qual a los enbevescidos(93) remirantes, de dotíssima loava la fabricadora mano del ingenioso maestro. Cargava cada uno de los agudos ángulos deste pesante chapitel tres alabastrinas estatuas. La más vezina a la aguda punta era varón; la que le tenía la mano drecha, femenil; la que estava a la parte yzquierda, hermofrodita(94). Lo más alto de las hermositas [/Fo. 10v/] cabeças continuava con un porfídeo(95) cabo de bien tallada coluna, y lo más baxo de los delicados pies pisava el no mal formado basis. Atávalas todas tres una latina letra que dezía: SEXUS OMNIS AMORE(f), que quiere dezir en la vulgar nuestra 'todo linaje de amor arde'(96). En la una de las tres esquinas del chapitel, de la una punta a la otra, era escrito en letras verdes CYPRINE(97); en la otra esquina, VENERIS; en la tercera, TRIBUNAL. En romana lengua, que suena en la española: 'tribunal de la diosa Venus'. Este venéreo tribunal, a los atónitos ojos de los estupescidos(98) miradores dava de sí maravillosíssimo espetáculo.

Relampeava en el medido centro de las labradas esquinas del alto chapitel una encendida espera(99) de no material, pero vivo fuego. Encima della, de pies, sin quemarle los de tantos besados pies, el polido y santíssimo niño, con arco en la una mano y saetas en la otra, velados entranbos los ojos, aladas las divinas espaldas de dorada pluma(100). La cubierta de la sala era una claríssima nube.

En la esmaltada silla una señora muy hermosa asentada, de lo más alto de la coronada cabeça hasta lo más baxo de los escondidos pies velada de un purpúreo claro velo, debaxo del /Fo. 11r/ qual dos encendidos carbones, antes dos reluzientes estrellas o más veramente dos radiantes soles resplandescían, centillavan con la insuperable y casi de los hombres insuffrible luz, de los quales el abismo, si fuesse digno de recebirla, en un punto sería privado de sus tenieblas(g), y los dañados sepultados en él sin por ventura en un momento libres de sus penalidades. Alumbrado de la estremada luz de los raros soles, que solos al mundo y sin par en el cielo me parescieran, vi la pequeñyta cabeça, en la qual el cabo y el fin de la sabiduría se encierra, adornada de tales madexas, no que cabellos, que en sí mostravan no reconoscer ygualdad al tan apresciado oro, porque en sí muy más finas eran quel mismo oro. La serenidad de la ancha frente junto con el alegría del tirado vulto(101) era tanta que algún ánimo no sería tan triste, ni coraçón se hallaría tan dolorido, ni mente se sentiría de tempestuosos pensamientos tan cargada que contemplada la tal, tal viéndola, luego no se alegrase, incontinente no se confortasse, desdolori[e]sse, resserenasse. Agraciavan con infinita maravilla la serena frente de la diosa, resserenadora de los tenieblosos espíritus, dos delgadíssimas cejas, o más presto gloriosíssimos arcos que con modo ultranatural acompañavan los divinos soles, [Fo. /11v/] alumbradores(h) de los abismados(102) coraçones. Dentre los quales la haylada(103) nariz descendiendo ponía término a las florescidas mexillas, partía los pintados y frescos flores(104), los quales contemplar es gozar del fruto de la eterna gloria. Debaxo finíssimos corales, murada de preciosíssimas orientales perlas, una milagrosa boquita nascía, formadora de dulcíssimas palabras, esseñadora de celestial eloqüencia, poderosa con el glorioso y divino hablar para herir los sanos, sanar los heridos, librar los presos, prender los libres, atar los sueltos, soltar los atados, hablando para hazer enmudescer los que hablan y callando hablar los mudos, dar la vida quitando la vida, quitar la muerte dando la muerte; poderosa, torno a dezir, con el bendito y sacro reýr para hazer llorando reýr los tristes, y ryendo llorar los alegres, ryendo abrir el paradiso en el cielo y cerrar el i[n]fierno en el profundo, resuscitar los muertos, y haun en vida trasladar en bienaventurança los vivos.

Mirava, fuera sacado de mí mismo, la sacada garganta que a la hermosíssima cabeça, cabeça de toda hermosura, subía por una candidíssima y muy drecha coluna, fundada enmedio del espacioso y blanco y alto pecho, que creo que haun no parase en los estremos de beldad, pero que dessa beldad tocasse los estremos de todo estremo. En el /Fo. 12r/ florido campo del qual, dos verdezitas mançanas(105) parescían que a oler, no que a comer sólo, combidavan no sólo el apetito de los hombres, pero tiravan, movían, forçavan la voluntad del resto de los dioses; dos no maduras tetas, quiero dezir, la sabrosa leche de las quales sempiterna los mortales en su especie y inmortaliza los dioses en sus individuos. Los misericordiosos y lindos braços medianos; las liberales manos (que liberales tornan los avarientos y hazen casi saber a pródigos los liberales) y blancas y delicadas; los delgados dedos luengos, las coloridas uñas cañonadas(106). El cuerpo bien ceñydo, los pies pequeños, las partes proporcionadas, la persona dispuesta, y en final suma, sin mentir, era tanta la hermosura de la diosa Venus o, más con verdad, el vivo, el verdadero debuxo(i), el inmortal, divino dechado de la hermosura de todos los dioses, que tomando della el famosíssimo pintor lo menos que se puede tomar, que es lo más que de los divinos espíritus puede tomar humano ingenio, haría la más hermosa ymagen que se pudiesse hazer en el mundo y contemplar haun con el pensamiento de sus mundanos. Porque de la tal arte, sin ossar competir, con arte se da por vencida la natura sin burla, queda burlada la misma hermosura de los mortales, [/Fo. 12v/] hermosamente se vee escernescida, y la uffana diosa, que en sí misma se mira aquella en quien todo el divino concistorio se mira, de sí misma poco menos que maravillada, contenta, gloriosa, triunpha(107). Los ornamentos de la qual eran cadena en los ombros, joyeles en los pechos, anillos en los dedos, corona de emperatriz en la cabeça, ceptro en la una mano, un mundo en la otra(108).

De la qual era tanta la divinidad quel bendito lugar esclarescía, que en su presencia muy escura paresciera la Amalasunta(109), puesto que esclarescida reyna de los godos; tenieblosa la relumbrante Theodolinda(110), y temida y amada reyna de los longobardos, delante la qual tanta luz daría quanta una pequeña vela en competencia del insuperable resplandor del sol; o la sabia Theodora(111), señalada emperatriz de los griegos; o la inmortal Ysabel(112), famosa monarchesa de los españoles, de la sempiternada(113) gloria de la qual, ¿será posteridad alguna?, ¿será de sí misma tan olvidada que algún tiempo calle, [que, que algún tiempo calle](j) antes que siempre a boca llena no hable, no pregone? ¿Qué letras se hallarán de algún erudito escritor contra la honestidad de quien ésta de quien hablo, si no madre, cierto fue hija, tan deshonestamente desagradescidas, que con infinita oración, parte de las devidas alabanças /Fo. 13r/ no recuerde? ¡O, qué avara es mi lengua en loar la no haún enteramente loada señora! ¿Qué recuerde? Antes recordadas, porque inolvidables no predique, celebre, consagre. Verdad es que, haunque enmudesciescen las personas y se perdiessen las letras y la donosa arte (que para olvidar desseava la buena memoria del curioso Themísthocles(114) se hallase, más presto los nuevos discípulos olvidarían la humana arte del olvidar del philosopho athenese(115) que la divina memoria de la inmortal española.

Estavan alrededor de la augusta silla unos con achas de armas en las manos como cónsules(116); otros con píleos a manera de escofias(117), como sacerdotes; algunos con concas en los braços como senadores(118); muchos con tablillas pequeñas como censores(119); tantos que tenían maças como tribunos(120); quantos que traýan tovas como centuriones(121); un infinito número de gente togada con libros en las manos, como oradores(122). Con tanta honestidad y con tal reverencia acatavan todos la emperatriz asistente, tanta y tan grande reputación conservava en sí cada uno, que no me paresce agora que lo recuerdo haverme parescido entonces quando lo veýa sino ser o en el Sacro Senado del alta Roma o en medio de la religiosa república del confederado Sagunto(123). [/Fo. 13v/]

A la parte drecha del imperial trono, en la prima grada, estava una donzella harto hermosa; a la yzquierda, una barbuda vieja muy honesta. Estas cosas mirando, que de maravilla no vazías me parescían, vi salir un hombre muy suzio hediente a pólvora, más negro que lo negro de los mismos tizones, cargado de encendidas saetas, por un quadrado agujero que delante la descrivida silla, al pie de las figuradas gradas, era cubierto de cierta portezilla de hierro(124). El qual, dadas las saetas que traýa a la señora que en el alta silla del amoroso tribunal assentava, no llevando consigo el espanto que causado havía en mi alma, sin más se detener desaparesció y de la presencia mía y del conspeto(125) de todos.

Dende a poco rato vi entrar por las nuevas puertas de la celestial sala tres que me parescían ángeles, con trompetas en las manos. Hecho por cada uno cierto acatamiento a la i[m]perante Venus y por todos la devida reverencia al prepotentado(126) Cupido, tañydo que hovieron con las plateadas trompetas se pusieron en los tres ángulos del santo trono. Haún no sentían no sentir mis humanos oýdos el dulce son de las angélicas trompetas, quando tan muy diligentes dos cortesanos galanes vieron entrar mis temorizados ojos por la redonda puerta del espantoso edificio, quan no perezozo el polveriento(127) Vulcano, dadas las azeradas /Fo. 14r/ saetas en manos a la emponçoñadora Venus(128), fuera en hechar su furiosa persona por el horrendo, por el monstruoso vorágine en la infernal caverna del diabólico regno de Plutón(129). Y en verdad, tan yguales eran estos dos en la hermosura del cuerpo quan diferentes en la invención de la ropa, quan no concordes por la qüestión que traýan en sus ánimos(130).

El más anciano o, por mejor dezir, el más lleno de ansias, vestía un coreto(131) de brocado pardillo(132) alcarchofado. Por medio del coraçón, bordado un hermosíssimo ciervo, que sierva(133) denotava ser la libertad del que le traýa, con aveninado dardo tra[s]passado de la misma seda pardilla, puesto que más clara, con un tristíssimo letrero entre los lindíssimos cuernos y dezía:

 

Fenescerá mi padescer

Yo dexándome vencer

 

La capa lombarda de terciopelo altibaxo(134) pardillo, enforrada de tela de oro; lo pardillo guarnescido de dos faxas del mismo terciopelo con las pestañas(135) de franja de oro y negro, la tela de oro con faxas de la misma, las pestañas de pardillo y negro(136). En la manga yzquierda, el lloroso mote tenía:

 

Es mi mal

Mi muerte ser inmortal

 

De terciopelo negro era la agraciada gor- [/Fo. 14v/] -ra, con pennacho colorado, en la qual a la una parte en el no breve breve(137), de oro de martillo(138) smaltada, esta letra pardilla parescía:

 

Ésta muestra

Mi penar por culpa vuestra

 

A la otra parte, por la colorada pluma arriba subían las negras, las no mudas vocales diziendo:

 

Su color

Porná fin a mi dolor

 

Adornava en más que grandíssima manera la bien tallada gorra una redonda medalla de indiano oro, en la qual la esculpida arábica ave fénix(139), si bien quemándose toda callava, suffriendo hablava con la semejante figura(140):

 

M

V

por

más

V
M

 

La valenciana espada era ricamente guarnescida, en llugar del proporcionado pomo, de una hermosíssima spera(141) de finíssimo oro, con los celestes signos y finales estremos de los astrólogos círculos negros(142). De terciopelo colorado era la vaina. En ella, una manezita bordada de oro y seda negra señalava con este desesperado mote la desesperadora spera:

 

En esta spera

/Fo. 15r/ Espere

Quien desespera(143)

 

De raso verde oscuro(144) era el devisado jubón(145) y terciopelo carmesí a piramidales varas(146). Por la colorada descendía de verde claro y hilo de oro bordadura de letras que querían:

 

Es tan cierta mi esperança

De vitoria

 

Por la verde, la colorada escritura dezía:

 

Qu'en mi mal siento su gloria

 

Unos perfumados guantes(147) de la famosa Canaria, con precioso adobo que los hazía amarillos(148). Trepadas en la misma pel(149) estas letras, que denotavan su sentencia pasar más adentro que la pel de quien los traa:

 

Mi vida en la tuya

Y mi muerte

En la mía por mi suerte

 

Mirando con admirable diligencia su descolorida cara, vi que halientando, a rebueltas con el abrassante humo, la viva estampa de la miserable copia deste tristíssimo latino echava fuera la sospirante boca:

 

Penitentia iniurie vindicta

 

Por lo qual significava la desfigurada figura del injuriado señor contentarse que de su maliciosa amiga tomasse la devida venganza, con justicia de la a sin razón hecha injuria el ciertíssi- [/Fo. 15v/] -mo arrepentimiento de haverlo injuriado.

El otro graciosíssimo galán, poco menos perseguido de desgracias, traa un jubón de raso amarillo con unas bordadas madexas de seda negra y pardilla y oro, el escrito renglón de negro, por medio rompido, començava dendel ombro a la media manga, y tornava después dende la otra meytad hasta la fin en esta forma:

 

Mi mal y mi fin

Es mi mal no tener fin

 

Rodeava el labrado cabeçón(150) de la blanca camisa una sonante consonancia de agudas vocales que assí sonava:

 

Es tan justo mi penar

que su dolor

Es mi gloria mayor

 

Sayón(151) traýa de terciopelo negro con la manga italiana, sembrado de reales coronas entretalladas(152) de brocado verde(153), el una dentro de la otra a manera de cadena. En la manga yzquierda, la maestra mano scrito havía:

 

Qué más gloriosa pena

Que la corona ser cadena

 

Dos escogidas plumas, una amarilla y otra negra, hazían único arreamiento(154) al negro terciopelo de la bien hecha gorra. A la parte negra, por el al cabo un poquito quemado pennacho, /Fo. 16r/ en un estrecho letrero de hoja de oro en lo de fuera se leýa en la parte de la negra pluma:

 

Quien alto quiere bolar

Por gran penar

No deve desesperar

 

Por lo amarillo de la otra traspuntava una tristura de ricas letras a tal:

 

Boló

Tan alto que se quemó(155)

 

Frizada(156) era la capa en lo de dentro, alrededor de la rueda(157), la de delgadíssimo hilo de oro bordada letra pregonava:

 

Tu firmeza en no me amar

Firma mi desesperar

 

A la yzquierda parte, por medio del estremado coraçón, en la rica ropeta(158) sembrada de tan gloriosas coronas, y tan más que gloriosa cadena, una blanca manezita señalava este negro coraçonçito diziendo:

 

ste solo

es de lo

E
mío

l que

no es

 

En la riquíssima medalla de finíssimo oro, ingeniosamente era entallada una femenil ymagen, que de un vivo mançebo que delante tenía muerto, con dura navaja abría el delicado pecho. El esmaltado orden de latinas y negras [/Fo. 16v/] sýlabas estas palabras ordenava:

 

Ne tota gens pereat

 

Sobre la inclinada y caýda cabeça de la anatomizada(159) ymagen, la negra ziffra(160) este claro mote parescía que escondiese:

 

Anatomía

 

Trabajo significava el terciopelo de la lindíssima vaina de la buena espada, en la qual, a esta parte, con hilo de oro, por indianos dedos hilado scrito era:

 

Al arma, Muerte,

 

Y a la otra, de seda prieta, denotando que la tal más que la muerte lo apretava, más lo matava, plañýan los vivos acentos(161):

 

que la vida me mata

 

En el pomo de puríssimo oro de la finíssima espada era esculpida una muerte, que no sólo no parescía muerta, pero más viva que la viva vida, y hablava:

 

Yo vivo sin nada tener yo vivo,

De tal suerte

Que sólo vivo por ser muerte

 

En la blanca y hermosa y delicada mano un latino libro traduzido del griego, del qual las cubiertas eran azules y las vetas verdes, y el dorado título:

 

Amoris convivium(162)

/Fo. 17r/

Sallía dentre las doradas hojas en pergamina carta esta medida mesura de no vulgar, si bien vulgar, metro:

 

Por me hazer de hombre Dios,

Amando studio con porfía

La santa philosophía

 

La santa y la sophía de oro, y el resto de verde.

Arrodillado el polido galán, primero en el orden del entrar en el santo tribunal y no segundo en el desorden de passar tribulaciones sin jamás esperar sallir dellas, soltó la devota lengua con tales palabras(163):

 

"Sacrosanta Venus, de los obedientíssimos amadores madre dulcíssima; estrenuo(164) Príncipe, de todo rebelde coraçón sujusgador, vengador del desagradescido:

"Por la affabilidad que soléys usar con las enamoradas almas os ruego, y por el poder que tenéys en el humano cuerpo os soplico queráys prestar vuestros altos odos tan pacientes a mis humildes palabras, que a lo menos, no en más tiempo de lo que yo pienso, proponer pueda la no prolixa qüestión que traygo, y la tal, con diligencia disputada por estas tan sabidas matronas, alcançar de Vuestras Magestades diffinitiva la divina sentencia, de la qual, por mi parte, espero pro- [/Fo. 17v/] -testando no apelar. Sin otra cerimoniosa narración, simplicemente(165) sin rodeos, esta es la amorosa qüestión que propongo: quál sea mayor deleyte al amante, o ver la amiga, o sin verla pensar en ella(166). Con esto, sin dezir otro, en este tribunal de amor delante vuestras deydades, mi qüestión sea habida por propuesta en el soberano conspeto vuestro; y de mi parte, quel deleyte del pensamiento tengo mayor quel de mirar. Por defensora del drecho mío particular, con vuestra licencia -temida y amada madre, amada y adorada y creda diosa- y su voluntad, constituida esta anciana y honestíssima y sabida dueña advogada de todos tan general."

 

El auctor(167)

Tanto le auctorizava la antigua persona la religiosa majestad de la larga toga, tan grande testimonio dava la honestidad pública de las generosas virtudes del ánimo secreto, que no humana creatura, pero divino spíritu -y al parescer mío y al juyzio de todos- la sabida vieja parescía. La qual, reservada la entera gravedad, levantada, rompiendo el silencio por poner fin al callar, a la disputación de la causa dio semejante principio:

 

"Omnipotente, imperante Ydea(168), benigne favorecedora de fieles coraçones, sereníssimo Monar- /Fo. 18r/ -cha, justíssima vengança del fementido amante:

"Si de la fuerça de vuestra benignidad vencidos, quanto soléys en las otras causas -por ventura no tan graves de orar-, tanto espacio libremente me otorgáys en ésta, tan importante de dezir, con pocas palabras -bien que no tan pocas quan enforradas de maravillas, bien que no tantas quan no senzillas de verdades- satishaziendo a lo quel caso requiere, según vuestra presencia lo manda, según el merescer destos señores -que tanto merescen- lo meresce, según mi tanto desseo de servirles lo dessea, por descuydar el errante mançebo del error que assí le engaña y desengañar el sabio galán mío del cuydado que, por ventura de no perder la causa, le tiene tan cuydadoso, determino demostrar -y lo que para mí por menos scrupuloso tengo sin miedo en este artículo, y contra muchos como más cathólico he defendido con osadía en otra disputa- mayor deleyte tomar el amante amorosamente pensando, no viéndola, en la amiga, que mirando, lo que no puede ser sin codicia, la ymagen della(169). La razón que para dezir esto me vence a mí, que no assí de ligero creo, a la qual, queriendo sentir lo contrario, impossible sería que pudiesse resistir la incrédula (k) , la ostinada pertinacia, si no preñada de primores, cierto no estéril [/Fo. 18v] de verdades, oyan Vuestras Serenidades llenas de infinita perspicacidad.

"Graciosamente pensando en la cosa amada, ¿quál de los spíritus sensitivos(170) sabrá tan poco a sensitivo que en la misma hora no haga sentir a la penante alma no sé qué grande, no sé qué admirable, no sé qué increíble fiesta? De la qual adolorida alma, el encendido desseo, con el glorioso pensamiento de deleyte que causa la dulce memoria de la adorada(171) -puesto que cruel- amiga, no sólo contentan en parte el abrasado coraçón, cançado de suffrir amorosos pesares, pero haun sacándole a esse mismo fuera de sí mismo, turbado del plazer que dentro siente sentir al alma, hazen casi del todo gozar de la gloria que espera en gualardón(172) de su pena. El qual principio de contentamiento, ni los ojos pueden con buena fe prometer al descontento que pena, ni a la fin con el mirar satishazer con entero effeto al ardiente coraçón del que no tibiamente ama. Porque cuando los corporales ojos miran lo amado sólo el visual spíritu siente bien, y el alma, visto lo que agrada, se enciende de tanto desseo, no sin su daño, quel tal no podiendo con su honrra sostener, queda avergonçadamente vencida, queda muy abatidamente y a menudo sin mente, avergonçada. Este mal, bien que mu-/Fo. 19r/-cho no sería tanto mal si el visual spíritu tanta parte no tomase de su no buen plazer con el mirar voluntario, que no le conveniese forçado tirarse atrás, maltratado quedando, sin poder yr más adelante, vencido por el amor(173) y abilitado. El qual de los ojos haze escala para escalar(174), puerta para entrar en la casa del alma, y quando ya se vee dentro, con propósito de jamás sallir fuera, despeñadas las muy adormescidas velas que velan las torres, acoçeado(175) lo poco deligente portero que guarda la puerta, acuchillado el juyzio, la razón acorada(176), se apodera con todo su poder de la voluntad(177). Del qual ruydo, del qual alboroto (l) hecho en la mal defendida fortaleza del alma, escandalizadas las centinelas del castillo de homenaje del cuerpo, al tiempo quel más animoso quel romano Pompeo o quel Carpyo español(178), que más venturoso que César o fortunado quel Cid, el capitán, digo, del nuestro invicto monarcha Cupido, ocupada sin tiranía la possessión de la voluntad en el alcaçar (m), amenaza con justicia a los que defienden el propio dominio de la libre ciudad del coraçón(179). Velo quien lo siente, pero siéntelo haun quien no lo vee: cómo se amarilla, cómo se enceniza el color de la cara, cómo se altera la sangre por la persona, cómo se despolpa la car- [/Fo. 19v/] -ne, cómo se desmiembran los miembros, cómo se desconjuntan las junturas, cómo se desvenan las venas, cómo se descarna el hueso, cómo se abren los poros, cómo se cierran los spíritus, la mano no siente si toca lo blando, el oýdo muy poco oye si escucha los sones, las narizes muy más poco sienten si se les apresentan olores, el gusto pierde a sí mismo si procura gustar los manjares, y los ojos, finalmente, a la fin otro no veen sino que nada veen(180). Las partes assí que las unas departidas de las otras, en tanto quel todo desecho del todo, el temorizado coraçón de sólo el calor quemado, de quemado abrasado, de abrasado hecho ceniza, sin esperar los duros golpes de la cruda batalla, sin recordarse, pero recordándose, que nasció libre, en las piadosas manos del honesto capitán se da muchas vezes, antes las más dellas feamente por preso. El qual tuviéndolo en su poder, le trata como cativo en la vida que le concede, porque penando siempre, siempre muera, y impide no le den la libertad con la muerte, porque jamás muriendo, jamás viva(181).

"De donde por la clara contrariedad destos effetos, conosciendo la no escura diversidad(182) de sus causas, soy persuadida de mí misma para públicamente confessar y persuadir en lo /Fo. 20r/ público a los que con ostinada pertinacia lo negaren en lo secreto, y tener por muy cierto lo que algun otro, de apassionado, no vista mi razón, pornía en duda; haviendo respeto a los males que causa el mirar voluntario, de los quales agora empeçava de dezir, y dando ojo a la salud que acarrea el pensar no forçoso, de la qual jamás acabaría de hablar, que mayor deleyte toman en sus ánimos los pensativos amantes con el divino contemplar del pensamiento que con el humano mirar de los ojos(183); si mi argumento con drecha balança es pesado y la verdad de mi razón con justa vara es medida."

 

El auctor

Humiliada la cabeça a la assistente Venus(184), hecha la devida reverencia al Emperador Cupido con graciosos ademanes, que parescía que hablavan todos sus miembros, levantada la hermosíssima hija en favor del cortesano amador, no descortésmente habló assí contra la parte que defendido havía la sabida madre:

 

"Altíssima Emperatriz, a cuyo querer los mugeriles coraçones por su mal resisten(185); potentíssimo Señor, al qual dende los humanos reyes hasta los (n) soberanos dioses tienen por bien ser tributarios: si por la errónea opinión, allá en su tierra, el devoto enamorado merescía ser punido, con tan [/Fo. 20v/] no legítima defensión la honrrada madre mía en este vuestro tribunal no debe ser admetida. De la qual, para conoscer las razones quán no sean verdaderas, con el odioso presupuesto(186) de las quales con sobrado amargo(187) destempló de amor la nectérea dulcedumbre, od el no falso asumpto mío, el qual, por su simplicidad benévolo, será sólo parte para reendulcescer(188), en parte a lo menos si no en todo, el destemplado amor, que quándo no da vida a los hombres, que siempre eternalizará los dioses. Toda cosa amada(189) -od, por el amor os ruego que nos inclina a temeros, por el temor suplico que nos fuerça amaros- quanto más se vee tanto más deleyta. No ay quien lo dude, no, pues no aya quien no crea que mayor deleyte dé mirar lo amado que pensar, sin verlo, en lo ya visto. Mi asumpto es manifiesto, porque toda beldad primero por los ojos infunde el plazer en el alma(190), y después el concebido plazer confirma con el continuo mirar de los mismos, del qual y el amor se engendra y los deleytes que dél nascen se produzen, porque el ver causa el agradar, el agradar el amor, el amor la afición, la afición el desseo(191). Pues si el amor en la casa del alma entra por las puertas de los corporales ojos, que abrió el primero plazer de la cosa vista tomado, ¿quién duda que los o-/Fo. 21r/-tros más deleyten entrando por la abierta puerta del mirar que por la cerrada del pensamiento? Para ver quán esto no esté lexos de la verdad, od, que no diré cosa vezina a mentira. Ninguna hermosura(192) es tanto por otra ocasión alguna amada quanto por parescer bien al ojo del cuerpo y contentar mejor los del alma. Ya, si viendo la cosa amada se engendra contentamiento lleno de deleyte, si pensando en ella se acrescienta el desseo por ventura (y por ventura(193) sin por ventura no vazío de enojo) si a lo menos más plazer toma quien se contenta que quien contentarse dessea, ¿quién puede honestamente no otorgar más deleytar el mirar apassionado quel pensar amoroso?

"Nosotros, por la Laudomia(194), podemos ver claramente y qualquiera de los oydores conoscer con perfeción quánto más deleyte el presencial mirar quel pensar en ausencia. De la qual, si aquí se cree lo que en ninguna parte del mundo algunos jamás dudaron, el remontado pensamiento por ningún tiempo se partía del hermoso Prothesylao. Del qual contino pensar no rescibió otra ganancia que siempre estar melenconiosa(195) por la desventurada pérdida del precordial amigo, y quel pensamiento que le causava malenconía(196) no le acarrease deleyte; no [/Fo. 21v/] es escuro cómo dél entristescida desechase los reluzientes ornamentos de oro, menospreciase la ropa de la clara seda(197). En tanto que lo que viéndolo jamás pudieran hazer de los parientes o el ruego justo o el amenazar furioso, el pensamiento del ausentado amigo, la no libre alma de dolor entristesciendo, forçosamente hazía de la por amores, cativa persona; por lo qual, privada de poder ver el de vista perdido amigo, tenía por muy caro a menudo mirar la cérea(198) formada figura de su, a su parescer, angélica ymagen. En la presencia, pero, del amado Prothesylao, regozyjava tanto su enamorado spíritu que no otramente que alegre, que gozosa, que graciosa, que adorna(199), delante viendo, festeava el apuesto cuerpo del amado dios y adorado amante.

"¿Qué, pues, más manifiesto exemplo queremos hallar de éste(200), que no podía no venir sin ser buscado ha favorescer con su verdad nuestra no mentirosa oración? A la qual poniendo ya su fin por no fatigar más vuestros oýdos, la causa destos amados señores, assí concluyendo digo y diziendo assí concluyo: que más deleyte consiste en el mirar la no pintada, la biva ymagen de la que se ama que en el pensar en la ymaginada, en la muerta pintura de la desseada, si /Fo. 22r/ según mi honesto(201) parescer se juzga y con la general justicia se determina."

 

El auctor

No sin mover, no sin enarcar la canuda ceja, no sin morderse los escolorados(202) labrios, si la hija fue deligente ha responder, la madre no fue perezosa ha replicar. Dezía:

 

"Religiosíssima, augusta, piadosa Madre de gentes enamoradas, invictíssimo César, de la humana generación conservador: las cosas deleytosas(203) quanto más al alma se allegan más deleytan, las más alexadas menos; las enojosas, quando menos vezinas (), menos enojan, quando más cercanas, ¡quánto pueden! Pues si ninguno de los amadores litigantes duda quel deleytoso pensamiento mora en el alma, y la tal se halla muy alexada de los ojos, haunque los tales, por particular virtud della, sean dotados de la visual potencia suya y les convenga como domésticos criados la produzida figura del visto objeto por diversos modos representar al pensamiento como señor. ¿Quién no creerá de los dichos señores amantes, que esse señor dicho pensamiento, o esse mismo pensamiento que devidamente se llama señor, pensamiento, digo, de la contemplada amiga, como más vezino al alma, más deleyta (o) el anatomizado(204) amante que sin alma [/Fo. 22v/] vive, y con essa misma alma muere? Y qu'esto sea assí, no otramente de lo que hazéys, atentíssimos, escuchad las palabras presentes, confirmadoras de la dotrina traýda.

"Quando en el alma es un dulce pensamiento(205) de la, siquiera cruel, amiga, pocas, antes ningunas son las vezes que sumamente, antes que sin suma deleytándole al enamorado spíritu no le haga parescer ser con la amada persona. Entonces con aquellos ojos la vee, a los quales nada la larga distancia cela. Entonces el esclavito lastimado coraçón, libremente habla con su señora. Entonces los enojos por su amor suffridos con pacencia le recuerda con amoroso stilo sin desesperar de piadosa respuesta. Entonces le es lícito sin algún miedo abraçar con osadía el en su amor (por ventura(206) por su ventura) no frío pecho, tocar la blanca mano, besar la colorida boquita. Entonces con el pensamiento, según su desseo, festear la figura no le es vedado de cerca, que otro tiempo adorara la voluntad de lexos. Pues si el alma por el pensamiento en tantas maneras con entero deleyte goza finalmente sin fin de lo visto, del qual, por el medio del mirar de los ojos ni sin difficultad ni con ella, ni con fin ni con principio gozar sería possible, ¿quál ciego se hallaría tan ciego -¡o ilumina- /Fo. 23r/ -dora del ciego!, ¡o ciegadora del impenitente, del malicioso amante!- tan ciego, torno ha dezir, que no viesse? ¿Quál sordo -¡o despertadora del adormescido, del descuydado pecho!- tan sordo se hallaría que no sentiesse? ¿Quál torpe ingenio -¡o artificiosa destorpescedora de la natural torpedad!- tan torpe que no entendiesse, tan sin gusto que no gustasse? ¿Quál juyzio tan fuera de sí mismo que no juzgasse más recrear, más avivar, y más deleytando, más sanar el enfermo, apassionado coraçonçito la dulce triaca(207) que está siempre en el estómago del pensamiento que las amargas purgas que entran a tiempos por la garganta de los ojos?

"Si no sin diligencia, lo que es casi nada, havéys escuchado, no queráys por impacencia dexaros de conservar atentos, haviendo de or agora lo que es la mayor parte delo todo. Amor, ha saber, es(208) el atribulado ánimo del que amando pena, según son muchos los que lo dizen y no pocos los que lo sienten, y muy más pocos los que no lo han sentido, y muy más muchos los que dizen haver querido no haverlo sentido. Muy tímido se halla en los amantes y muy medroso, y tanto en la propia casa estremescido, encerrado teme mirando lo que ama, que ni el pensamiento ni spíritu sensitivo alguno [/Fo. 23v/] dexa en su lugar asosegado, al tiempo que mira el adorado espejo en quien se mira, y piensa que el sol se espeje, al tiempo quel divino fuego mira que sobrenaturalmente encendido le tiene. A la qual máxima(209), porque no creáys que yo solo la invento, con su boca déle la mano Byblys(210), la qual quánto amasse en la penosa vida lo mostró su triste muerte. Ésta, viéndose abandonada y desechada de su amigo y hermano Cauno (p), jamás tuvo atrevimiento de descubrirse con las propias palabras, pero escriviendo manifestó el encendido desseo. Consiente a esta no falsa opinión, que de aquí poco tendréys por verdadera sciencia, la apassionada Phedra(211), que desseando dezir quánto le amava a su polido Hypólito, al tiempo de más ardientes proferir las sospirantes palabras, en la fría, en la helada lengua, de miedo se sentía morir los hablantes sospiros(212). No sería de otro parescer el troyano enamorado Paris(213), el qual, no osando, ni con los ojos haziendo señales ni con palabras dando demostraciones, a la griega Helena manifestar su amor, serviéndose por tinta del caýdo vino, con el delicado dedo en lugar de templada pénola, escrivía en la real mesa delante la temida señora, delante el amado ýdolo, primero 'Helena', después, 'yo te amo'. /Fo. 24r/ A la qual sentencia, queditamente(214) se sotoscrivió el robusto Alcides(215), el qual, por mostrar no bastarle la a mi ver inmortal vitoria de los humanos acontecimientos, sostuvo el celeste firmamento, y a la postre, enamorado de una mançebita, y su spíritu penava tanto y tanto a su despecho su pecho temía, que como humilde esclavo hazía ridículas baxedades, cometía estupendas(216) vilezas(217). Provado tengo mi dicho por exemplo, haunque no era muy necessario el testimonio de tan autorizados, de tan yrreprochables testigos para contigo, mi hija, en lo que por verdadero, por firmíssimo testigo te puedo alegar para con todos.

"Od, empero, sin descuidaros, que ya lo demuestro con razón. Digo, pues, porque aquí mejor se prueve lo que poco arriba presuponía, quel medroso amor, el martirizado ánimo, digo, que quiero dezir, del penante que ama, assí contemplando como yo he figurado, haze que los mal logrados ojos que miran, mirando lloren, llorando se cieguen; la desdichada lengua, si habla, que hablando se turbe, turbando se trave, travando se hiele; el affanado pensamiento, quando piensa, assí pensando desatine, desatinando assí se confunda, se pierda; el encendido coraçón que pena, penan- [/Fo. 24v/] -do desmaye, desmayado, muriendo viva, y muerto, viviendo se consuma; la alterada carne enflaquesciendo tienble, el juyzio se embote, la razón se desplome, y finalmente todos los sentidos de l'alma propia en un punto se pierdan por el punto de la arebatada vista de persona agena(218). Ya, ¿cómo puede en parte deleytar el alma lo que le desasosiega todas las potencias sensitivas a ella y desorganiza toda la harmonía al cuerpo? Y que esto poco que agora havéys oýdo, otro no sea que lo que es la misma verdad, decláralo lo mucho que me aparejo ha dezir.

"¡Quántos enamorados, viendo a las ventanas las causas de sus males(219), vencidos del amor vinieron a tales effetos que la natural fuerça perdida(220), no podiéndose tener parados, quedaron en alguna calle, juzgados de muchos por amortescidos! ¡Quántos, embevescidos en el mirar, entropeçando en su pierna propia por el alteración del ánimo enflaquescida, cayeron en las plaças públicas! ¡Quántos, la palabra de la boca, quántos, la luz de los ojos, quántos el entendimiento finalmente pierden en parte, quántos sin fin enloquescen del todo! Para lo qual provar, porque creo no quedaréys descontentos, de sólo el exemplo del solo, del único Narciso(221) me contento, del qual fue tanta la modorra que, /Fo. 25r/ vista su gentilíssima figura, pasmara su alma, que, por prender con las manos lo mal visto que le havía prendido con la vista de sus ojos, hahogado el hermosíssimo cuerpo en la amarga agua de la clara fuente, donde como en un espejo el mismo spejo de hermosura, la misma hermosura mirava la hermosura misma que se mirava; por ventosa(222) gloria de vaníssima complacencia, ensobervescida la ya modorrida mal lograda alma, acompañó con los tristes espíritus, que jamás acabarán de penar, avezinóla con la no arrepentida, damnada gente, que eternalmente perpetuará su padescer en el infernal fuego del escuríssimo Averno(223).

"Pues si por la vista muchas cosas semejantes vemos haver acaescido, las quales no ay quien con razón no tenga por anichiladoras(224) de plazeres, que es algo, pero por abreviadoras, destruidoras, matadoras de la vida, que es lo más, ¿hallarse a alguno de tan atropellado juyzio, de passión tan esclavo, que libremente no sienta el humano ver la cosa amada no dar tanto deleyte a sentir al amante coraçón por la pena que padesce, de sí mismo aborrescido, quanto el glorioso pensar en ella?

"Si conmigo no negáys esto, yo con vosotros confesaré esto otro: que si possible fuese(225), sin miedo de tales peligros, mirar las apuestas da- [/Fo. 25v/] -mas gran deleyte sería el que causasse el mirar de los ojos, bien que aprovecharía poco sin el discurso del pensamiento. Conclúyase, pues, en favor del apassionado galán mío: el pensar, que sin el corporal ver mucho puede deleytar, deleyta (q) más el alma -del que consumándose ama- quel mirar, el qual sin sobrevenir pensamiento no puede causar deleyte en el ánimo del que amando se afina(226). Y quel pensamiento pueda hazer lo que hemos dicho, al presente manifiéstalo lo mucho que hizo en la edad passada, la qual abundó de hombres tales, de los quales no caresce la nuestra, que con el contemplativo pensamiento solo traspassaron(227), speculando transcendieron los altos cielos, que con terrenal ojo no se pueden ver por agora, y de la celeste paz, y eterno, y divino amor, gozaron entonces.

"A lo de Laudomia(228), que, sin poder verlo, pensando en su amigo la no vazía alma de amor reynchía(229) más presto de dañosa melenconía que de provechoso deleyte, copiosamente no respondo, por no ser sólo amoroso el pensamiento que la turbava, ni de solo amor procediesse la pena que la afligía, del qual hablando en la qüestión propuesta hemos empleado nuestra disputa, pero doloroso por la privación el uno, y ansioso /Fo. 26r/ de la dudosa vida del amado Prothesylao el otro, de los quales tan poca mención se a hecho en nuestro debate quan poca por el galán en su pregunta. Por lo qual, en breve, lo dicho sumando, por conclusión provada tengo yo, y de la tal consejo que no se haga desdezir al galán principal mío, que menos deleyta el mirar público que el pensar secreto, si mi razón propia no es acoçeada y la verdad común es abrasada."

 

El auctor

Ya el dispuesto galán en su rostro de fuera dava señales del contentamiento que sentía dentro de su ánimo, creyendo la sentencia por su parte haverse de dar de cierto, lo que haun el otro regalado señor ponía en duda de su alma en el secreto, quando la doncella, en su opinión haún mostrando estar firme, a los no flacos argumentos de la filosóphica vieja sabiamente respondía:

 

"Altíssima, augusta, soberana Diosa, al calor de los rayos de la qual ni ay hombre tan diamantino entre los hombres que como cera no se consuma, ni dios tan fuerte entre los dioses que como nieve no se derrita; omnipotente Cupido, universal apoderado Monarcha, señoreante sobre todo señor, que a tiempo viviendo, como humano al cabo muere en la tierra; Emperador de todos los dioses, que, porque inmortales, jamás muriendo eter- [/Fo. 26v/] -nalmente viven en el cielo:

"Si tan cathólica fuesse la falsa opinión del engañado galán suyo como coloradas(230) han sydo las marcadas (r) razones por la amada madre mía con artificiosa sabiduría formadas, ni a él le sería necessidad, como -haunque no tema él, no sólo no temo, pero haun no dexo de esperar yo que le será de mudar su parescer en lo mal afirmado- ni a mí en este tan alto, tan sereníssimo lugar, de tales dioses en el divino conspeto, a lo defendido con vieja agudeza responder con nuevo ingenio(231). De la qual respuesta no podiendo escusarme, y por lo que toca a la justicia deste tan presciado, deste tan paciente, tan gracioso, tal melado(232) amante, y por lo que devo a la honrra propia, por poner fin a la grande contienda nuestra y dar principio a la determinación mía, digo que, açerca de lo que yo con mi entendimiento he podido comprehender del argumentación vuestra, dotíssima maestra, las razones por las quales mi opinión desecháys como falsa y tenéys la vuestra por verdadera, con la respuesta de las quales espero que, dexado por fuerça el susodicho parescer vuestro, seguiréys de voluntad la sentencia mía. En limpia brevedad, dizen que por cuanto el pensamiento es más vezino al alma que los ojos y haze parescer al a- /Fo. 27r/ -mante (s) ser en uno con su amiga(233), y el mirar lo amado es causa de aborrescidos peligros, y el pensamiento solo es bastante para deleytar el coraçón sin el ayuda del corporal mirar, más deleyta pensar en la que se ama que el mirar la que agrada.

"Bien que la sophística respuesta de mi madre harto paresca haver satishecho por la parte del anciano galán, no por esso en algo haver turbado la clara justicia del cortesano señor mío. Protestando de no ser prolixa en mis razones, demostraré al tan benévolo auditorio de tan noble corona con la mayor que sea posible brevedad de palabras. Pero porque de allí mi oración tome el principio, en donde la causa tiene su fundamiento, antes de concluyr que el presencial mirar la amiga, quel amoroso sin verla pensar en ella, más deleyte a su amante, escodriñando hasta los últimos penetrales(234) de deleyte qué cosa sea propio deleyte(235), primero enseñaré el deleyte causado por el dulcíssimo mirar de los ojos ser deleyte propiamente llamado, y el produzido por el errante, engañosso pensamiento propio no poder, como casi falso, ser dicho. Y después de desatados los argumentos de la contraria parte y firmadas las indesatables(236) confirmaciones de la mía, daré aquel fin a la común causa que pide la propia justicia. [/Fo. 27v/]

"Si la trillada dotrina de aquel esthoyco Zenón, que philosophía enseñó en el pintado pórtico aryopagyta(237), si la del glorioso Platón, derramada en la sombrosa Achademia, si la dota erudición leýda y las eruditas leciones del peripathéthico Aristótheles en el polido lysyano estudio disputadas -que sin que mi humana lengua con interminada boz las loe, infinitos resabios de divinidad tienen-, ni me burlan, ni me engañan, el deleyte quieren los tales que sea una suavidad que halagando mueve el ánimo en el interior(238), causada por lo naturalmente desseable, dada por los sensitivos spíritus interiores o exteriores, de manera que, quantas son las especies de sentido, tanto son los géneros de deleyte(239). Ni menos son, ni más, que no se incluyan en essos menos, de donde dexando aparte la potencia intelectual, que no haze ni en favor ni contra nuestro propósito(240), y tomando las exteriores, o se deleyta el alma porque oyen lo que naturalmente de dessear es que oyan los oýdos, o porque toca lo que es de dessear que toque la mano, o gusta lo que de dessear es que guste el gusto, o siente lo que se dessea que sientan los sentidos, o porque veen lo desseado que tanto dessea que vean los ojos. Pues como de todas estas causas de deleyte la principal sea la /Fo. 28r/ del ver, síguesse, sin que pueda dexar de seguirse, el deleyte engendrado por el mirar no sólo ser propio por venir de tal causa, pero más noble por ser el más perfeto efeto(241).

"Testimonio de ceguedad grande daría de sí mismo, amada Emperatriz, temido Señor, quien dixesse ver lo imperfeto y casi falso deleyte ser mayor quel propio perfetíssimo y verdadero. Pues como todos confiessen lo que vos, madre mía, también (t) devéys otorgar, que lo quel pensamiento solo causa en la desseosa alma, haziendo parescer al amante ser presente con su amiga -que deleyte llamastes-, ser imperfeto en comparación del que causa el mirar, y casi falso. ¿Quién no negará, o mayor o tan grande poderse sin error dezir, quanto el causado por el mirar, que es verdadero, y quel tal no sea comparado con el del mirar perfeto, y casi sin el casi sea falso? No porque falso sea quel pensamiento representando la cosa amada nos deleyte, pero porque nos deleyta con cosa falsa haziéndonos parescer presente lo que no es verdad que sea presente. Otro testigo no quiero que lo testifique, otro lógico que lo prueve, otro arisméthico que lo calcule, otro músico que lo proporcione, otro geómetra que lo demuestre, otro astrólogo que lo especule, otro jurisconsulto que lo aprue- [/Fo. 28v/] -ve, otro philósopho que lo determine, que la evangélica lengua del amante mismo, al qual, bien que sabio, tan engañosas fantasías algunas vezes -¡qué digo algunas, pero las más dellas!-, el devaneante pensamiento, la desvariada virtud fantástica representa como loca(242). El qual, después de haver conoscido su trasportado coraçón haver sydo engañado por el traydor del pensamiento con fengido deleyte, hallándose la mano vazía (como al que llena de thesoros sueña tenerla), acordado, acaesce no deleyte como vos dixistes, pero enojo. Como él suele y según cada qual deve, de los otros llama más enojoso, y no sin razón, porque como aquel enojo más nos enoja (que dentro viene con cautela de un deleyte), assí aquel deleyte menos deleyta el qual junto viene, no sin engaño, con un enojo. Es tan claro lo que digo, y no tan claro, quan casi más claro que la claridad; es tan cierto lo que hablo, y no tan cierto, quan poco menos que más cierto que la certidumbre, que no dudo que puesto vuestro oýdo del alma en las palabras que sallen fuera por mi boca, no ciego, no enturbiado, no entornido(243), como el natural resplandor del sol suele hazer al corporal ojo que de hito lo mira, pero más fuerte, más claro, más penetrante, para entender la divina verdad se rea- /Fo. 29r/ -ga. En lo qual, desseándolo ver mejorado al presente, plégueos, litigantes, dar atentíssimos de aquí adelante vuestros no cansados oýdos a la no haún enronquesciente boz mía.

"El desseo de lo amado, -al propósito tornando por no nos partir del instituto- entonces más aflige, entonces más tormenta, entonces más penando desea, quando pensando no fingidamente ver lo amado vee que de verdad no lo vee. Porque como no siempre que la esperança no vive el deseo muere, antes, la esperança muerta, el deseo no se amata no sólo, pero más desseoso, más desesperado, más menos que vivo, mas vive. Assí, viendo que fengidamente vee lo que dessea, no sólo no nos deleyta el pensamiento, pero más desseando el desseo verdaderamente ver lo que ama, más nos entristesce, enoja, pena, adolora, mata, o a lo menos, entonces menos nos descança, menos nos huelga, menos de lo que desseamos no viendo la agradada ymagen, menos, digo, quel ver nos deleyta el pensamiento que nos representa casi lo vivo de su figura. De donde claramente se sigue, sin que nadie pueda escurescerlo, o quel que mi madre tiene por deleyte (causado por el traydor del pensamiento que presente haze parescer al amante ser con la ausente amiga, no siendo assí que sea assí en su presencia), [/Fo. 29v/] diminuido por el enojo del engaño que consigo celado lleva y escondido trahe, no es mayor quel causado por el mirar, sin el tal enojoso engaño de los fieles ojos, o, a lo que más me inclino por declinar más la opinión contraria, del tal enojo apocado y anichilado poco menos que del todo, lo que mi madre tiene por plazer infinito, lo que tiene de plazer apenas creo que sea tanto que sea más que nada.

"Y caso que dixésedes haverse de ponderar el deleyte del pensamiento antes de descobrirse el enojo del engaño que velado trae, vuestro dezir haría poco a nuestro responder. Porque como toda figura se juzga o por hermosa o por fea vista la principal parte della, la qual siendo fea es havida la ymagen por no hermosa -si no me queréys perder de vista en este discurrir, para ganar la verdadera intelligentia desta razón, cabeça de todas las que siguieren, tenéos fuerte a los cabellos de mis palabras con las manos de vuestros oýdos-, digo, pues, o más sin mentir, torno a dezir lo que antes con verdad dezía, que como de la beldad de la principal parte se denomina la beldad en lo todo, assí por la más principal parte del deleyte se ha de juzgar el peso mayor o menos desse deleyte. Y como entre las sciencias aquella es más noble que tiene el fin donde endressa (u)sus /Fo. 30r/ effetos más honesto[s], por lo qual la de las leyes, por ser su término y fin la justicia -virtud de la celeste alma-, es más noble que la de la medicina, que por fin o término tiene la sanidad terrena; la de la theología muy más digna que la de la philosophía natural, por ser désta el terminado fin el sensible o natural cuerpo, la divina essencia el final término de la otra(244); assí por el fin del deleyte se ha de juzgar el principio y el medio, y, en fin, todo el deleyte. -Azíos hagora, si no bastase el corto cabello, a la larga barba-. La principal parte del deleyte siendo su fin, según su fin, porque principal parte, haviéndosse de juzgar su perfeción, como el fin del que mi madre llama deleyte sea enojo nascido de engaño, hallo que devo tenerle yo, y hallaréys todos, si hasta aquí de vista non me havéys perdido a mí, y si agora days fe a la fe de la verdad que consigo traen, no sólo pero a todos manifiestan mis palabras, hallaréys, digo, que le devéys condenar vosotros o por el mayor enojo de todos los enojos, o absolver por el menor deleyte de todos los deleytes.

"¿A qué propósito esta de tan alto oración repetida que paresce yr tan fuera de propósito? Pues od, que yo os lo diré: a esto tiran mis asumptos, mis asumptos tiran a esto; digo (no porque no entendidas mejor hayan sydo por vosotros que por mí dichas mis pala- [/Fo. 30v/] (v) -bras, pero porque teniendo por manifiesto aquel ser propio deleyte, el qual naturalmente halagando mueve el alma y siempre hasta la fin deleyta, por quanto el pensamiento, siempre en su engañoso fin enojando, degenera de la naturaleza de deleyte, que es deleytar siempre), aprovéys con verdad no poder propio deleyte dezirle; juzg[u]éys sin mentir no ser digno de verdadero, pero indigno de no falso llamarle. Y en suma y conclusión, bien que esté más vezino a la amante alma, muy alexado de estar de tanto, no que de más deleytar el enamorado penante quel propio, quel verdadero, quel en comparación del pensar perfeto deleyte causado por el glorioso mirar de los apassionados ojos.

"Ya para mejor resolver la qüestión propuesta uso esta distinción aprovada: cómo el amor de todo linaje de amadores sea en una de dos especies, o racional, del qual el engendrado desseo es que la cosa amada se conosca ser del amante amada, junto y que al amante ame; y este tal amor primero causa el deleyte del continuo contemplar con el spíritu el amado spíritu, porque no para en la caduca hermosura de la carne, como el tal no sea de carne, ni ame principalmente ni dessee la carne, pero como acsessorio del alma más passe ha contemplar las eternales virtu- /Fo. 31r/- des de essa amada alma como de su temida diosa(245); el segundo, quando el amante que quema conosce que el fuego suyo arde la abrasadora señora, y el que ama no de burlas se conosce ser amado de veras. O es sensual el amor, el qual deseo produze de gozar sensualmente de la agradada persona con alguno o con todos los sentidos del cuerpo. Y así, el amante que pena solo pena, esto es, sólo dessea continuo ver, continuo contemplar con los ojos del alma la adorada beldad del amada alma, digo que más le deleytará el gozar de la amada spiritual hermosura con el pensamiento viendo el acsessorio de la persona, al qual pensamiento más hermosa se le representa por la ymaginativa la spiritual ymagen del amado spíritu, y si más hermosa, más conforme a la potencia(246), y por consiguiente más suave y sin comparación causa mayor deleyte el principal del spíritu con el acsessorio necessario del cuerpo que esse acsessorio o principal solo. Pero si el penante que ama no otro dessea, esto es, no por otro pena que por gozar corporalmente, como a sensual, de la bien querida persona, como el preferencial ver de los ojos del cuerpo, que antojos(247) son comparados a los verdaderos ojos que son los del alma, sea parte y gran parte de su desseado entero gozo, penándole a [/Fo. 31v/] este tal el pensativo contemplar en ausencia en respeto del presencial ver, más le halagará, muy mucho más le deleytará el sensual apetito de la sensualíssima alma, el sensual y corporal ver que el amoroso y contemplativo pensar. Fundada esta opinión mía, que casi tengo por sciencia, porque alguno no se arrepienta de no haver dado fe a la que fue tan falsa opinión de mi madre (fue, digo, porque que haora sea no creo) y porque conoscáys quán rezia está mi fortaleza para rebotar su artillería.

"¡O, quán seguramente a la contraria parte le parece fundar su opinión quando dize: 'Las cosas deleytosas quanto más al alma se allegan, más deleytan', y lo que sigue, lo qual no me curo repitir, porque dello nada veo poderse a su propósito seguir! La máxima en sí es muy verdadera y concertada, pero en lo demás, el falso argumento, ¡o, quán va desbaratado! Porque entonces, por la vezindad a la persona que se deleyta se juzga el poder de cada una de dos cosas deleytosas, quando en sí y de por sí, qualquiere dellas es deleytosa, y en el resto no conosciéndose diferencia, se tienen por yguales. En nuestro caso no es assí, ca el pensamiento en sí ni por sí ni es deleytoso ni enojoso, pero en quanto representa cosa enojosa o deleytosa; ni el ver o por sí o en sí tiene deleyte o enojo si no se lo da el objeto vi-/Fo. 32r/-sto. Assí que no son dos cosas el ver el amiga y el pensar en ella que en el más o menos deleyte se hayan de juzgar por la mayor o menor vezindad a la persona deleytada. De donde no por esso quel pensamiento esté más vezino, más deleytará al alma quel mirar de los ojos que no está tan cercano.

"Od, od, señores, lo que paresce que a mi señora y madre, descontenta de mi respuesta, le siento dezir: 'A ley de bueno te juro, mi hija, que si no otramente de lo que has respondido respondes, cumple que otramente de lo que has dicho digas, de llo que has afirmado afirmes, de lo que has sentido sientas, ca yo no digo el ver y el pensar de la cosa amada, para conoscer quál sea más deleytoso, haverle de ponderar por el ser más vezino a lo deleytado, digo, enpero, que la cosa amada, que amada es porque agrada, y porque agrada de por sí, en sí, y de sí es deleytosa, quando al alma es más vezina, más la deleyta, pues como más vezino se le haga al alma lo amado (de lo qual jamás querría estar alexada essa apassionada alma) por el pensamiento que por el mirar; toda cosa más deleytando quando más vezina, menos por el mirar nos deleytará de los ojos del cuerpo lo que amamos con las entrañas del alma que por el pensar del pensamiento'.

[/Fo. 32v/]

"Sin otro temer de haver de dezir otro de lo que he dicho, pero con intención más firme de confirmar lo que he afirmado, de daros a sentir lo que he sentido, a vos respondo yo que el amada no se haze más vezina por el pensamiento que por el mirar, como por el pensamiento no se avezine, ni sea ella lo que la contemplante alma deleyte, pero la representada figura, el figurado dolo della. Assí que la cosa amada que de sí es deleytosa y por sí deleyta, verdad es que más deleyta quando más vezina, vezina veramente digo, con la real presencia, no falsa por el dolo al alma representada casi presente.

"Guárdese haora el enemigo mío, de su lança misma se guarde, que contra su mismo pecho bolviendo tira mi mano: el pensamiento (por el ýdolo de la cosa amada haziendo parescer al amante ser presente con su amiga, teniendo que no sea falso deleyte), haze no parescer sólo, pero conoscer claramente que el ver (sin el medio de los ýdolos) la amada por señora, amada y temida por señora y diosa, temida y adorada por dios y ýdolo, más deleytar quel pensar en ella; porque assí como todo lo que se ama por otra cosa amada menos se ama que aquello por quien se ama, no otramente deleytando el pensamiento de la cosa amada, porque representa lo amado /Fo. 33r/ (que de sí y por sí es agradable y deleytoso), menos deleytará que el ver la bien querida persona, la qual por todo, y la qual ver por la mayor parte, tenemos de nuestro deleyte.

"Bien que con esta respuesta, misericorde Señora, benigníssimo Emperador, haviendo deformado el primero argumento y soltada la segunda razón, superfluo me paresca haver de dar soluciones a los otros todos, pero porque ni de negligencia puedan ma[n]char mi saber los que en mis manos pusieron la vitoria de su lid, ni de ignorancia notar mi entendimiento los que mi respuesta temen, creyendo la honrra suya peligrar en las palabras mías, damno(248) el tercero asumpto desta principal advogada de todos y de mi amada madre y caríssima maestra assí:

"No es verdad quel mirar solo cause los tantos y tan temidos, los tantos y tan abominables peligros de enmudecer, de no or, de enloquescer, finalmente de se matar. Primero, jamás se ha visto en lo passado, no se lee en lo presente ni se espera ver escrito en lo por venir, quel ver, el qual sólo deleyta, solo quite la palabra de la boca al que habla, la luz de los ojos al que mira, el oýr de los oýdos al que oye, el seso del alma al cuerdo, el alma, finalmente, o cuerda o loca, al viviente cuerpo. ¡Adelante, que no [/Fo. 33v/] paramos aquí! La potencia del ver(249), bien que sea de sí muy poderosa, no es bastante sin el ayuda del pensamiento para hazernos en los peligros incurrir, en los quales el solo pensamiento nos suele meter, como la memoria, la qual un solo mirar causar no puede, del disfavor engendre pensamiento de enojos cargado, el pensamiento descontento, el descontento desesperança, la desesperança y los primeros peligros en la vida que dexistes, y el último terrible, más terrible de todas las terribilidades de la muerte, que no callastes.

"A lo del solo Narciso, otro no doy por respuesta sino esto sólo: que de su muerte no fue causa haver en la luzida agua visto su hermosíssima figura, pero el pensamiento que de no poder haverla ocupó su alma, porque ninguna cosa, puesto que mucho agrade, sólo por ser vista mata, pero junto con esse ser vista es necessario que sea desseada, de manera quel amor, de quien el desseo fue engendrado, dio contra Narciso, dio contra el casi dios de todo su amor la sentencia; el desseo, porque no apelasse, la confirmó, y el pensamiento puso en executión con la muerte la pena; y el ver sólo presentó la causa sin culpa(250). Y que la verdad no sea más verdadera que esto que digo, ni lo falso casi tan falso quan lo que hablo es verdadero, todos vosotros lo podréys juzgar después de /Fo. 34r/ haver oýdo lo que ni yo puedo, si quiero satishazeros, dexar de deziros, ni vosotros en parte devéys, haunque podáys en parte, dexar de oýr de mí si desseáys quedar del todo contentos. El nascer, porque es principio de la vida, puede ser dicho causa de los bienes o males della, y la misma vida, por ser medio y camino para la muerte, ser causadora del extremo, del sumo, del fin, finalmente, de todos los males, que es essa muerte. Como solos los que nascieron vivan, y no otros de los que vivieron mueran, pues como el nascer a todos es causa del vivir, y el vivir de la muerte, el ver a Narciso fue causa de la misma muerte, remota, pero(251), pero no propinqua(252). Pues dígase, dígase, pues, otra cosa primero que verdad, porque no lo es, y mentira creo que sea, pues dígase mentira quel mirar solo sea causa de tan peligrosos efetos, sea ocasión de tan desesperados fines.

"Visto havéys, clementíssima Ydea, justíssimo César, quán fácilmente he demostrado no concluyr este fundamiento más que fuerte, al qual apenas pensava mi madre con pena poder responder alguno de los siete athenieses tan sabios(253), quánto menos su hija, que por princesa tiene de todos los ignorantes simples. ¡Od, ya quán sin dificultad derribo el que queda, que no es menos que ameta- [/Fo. 34v/] -lado(254)! Falso es quel pensamiento solo cause como los fingidos, los verdaderos deleytes, puesto que no todos los que cause se hayan de poner entre los falsos. Los enamorados (a vos lo pregunto, el vigilante galán, que de seguir nuevos amores mostráys tener desangrado el devoto pecho, responded a quien os obsta(255) con razón, dexad de mirar quien os favoresce sin justicia), los enamorados, pregunto, ¿aman porque dessean lo que aman quando aman, o dessean porque aman lo que dessean? 'No se ama porque se dessea', sin poderme responder otro, dezís. Luego, sin querer más de vos, concluyo yo que se dessea porque se ama. Pues si el desseo es hijo del amor y padre del pensamiento, que por madre tiene quando la fantasía, quando la memoria(256), y con una dessas mismas engendra el deleyte, como el deleyte no sea más deleyte de quando deleyta, y no deleyte más el deleyte del pensamiento de quando o la indiferente fantasía o la memoria de lo passado dura, síguesse quel pensamiento o sin la memoria o sin la fantasía y assí él solo no puede causar deleyte.

"¡No, no, no repliquéys, señora madre, no repliquéys, no, que no doy ésta por respuesta! El pensar solo, dezís (torno ha dezir por mejor os re-/Fo. 35r/-sponder) que puede causar, como los más que son fingidos, algunos verdaderos deleytes. Muy bien. ¿Y el ver no, sin el pensar? ¿Qué tenéys desso? ¿Tenéys, por ventura, quel pensar más deleyte quel mirar? En verdad no; sí, sin mentira, quel pensar no tiene necessidad del ver para deleytar, pero esso no prueva quel pensar más deleyte quel mirar, y no sólo no lo prueba, pero el contrario persuade, porque si el pensar sin el mirar más deleytasse quel mirar con el pensar, más deleytaría el solo pensar quel pensar con el mirar. Y si el mirar, quiero dezir, el deleyte desse mirar, tira a sí el deleyte del pensar como acsessorio, como los que miran pocas vezes no piensen el deleyte causado por el pensar tomado por principal, y assí sin el mirar no será tanto quanto el deleyte del mirar sin el pensar. Lo contrario de lo qual, pues que no entra en pensamiento de alguno, salga de la mente vuestra quel pensar, porque solo puede deleytar, más deleyte quel mirar. Desta solución, junta con las otras del todo, sin temer concluya (el que en algo haviendo seguido mi camino en la passada theórica cree que nada soy ignorante en la plática) que mayor deleyte da el mirar al enamorado que mira la amada, en quien se vee transformado, quel pensamiento al apassionado que piensa en la amiga que en sí des-[/Fo.35v/]-sea ver transfigurada(257).

"Porque, bien que no sin harta maravilla cumpláys de dexar de maravillaros de mi opinión, lo que ha ya buen ratico que empeçastes, con no menos reposo de ánimo, con no menor tranquilidad, oýd de mí el medio de la tan importante altercación amorosa que escuchastes en el principio del enamorado anciano galán, del lleno de ancianas ansias, la propuesta de la intrincada causa, y a la fin aprovaréys de la assistente sacrosanta diosa la irrevocable sentencia. Según la opinión que fue de los achadémicos maestros en los dorados, en los gloriosos siglos (w), y parescer es de los quel famoso peripathéthico, de todos los philosophantes(258) digníssimo príncipe, siguen como discípulos en esta hedad desdorada, de contrarias naturales causas una es la dotrina, si bien diversos parescen los efetos(259). Sin gastar más pávilo en provar con rodeado discurso lo que enseña la simple experiencia, el enemigo -responded, amigo galán, que en tanto tenéys el pensar en la amiga-, ¿quándo nos provoca a más ayrado enojo, quándo nos enciende con más enojosa yra? ¿o al tiempo que le vemos, o en el que dél pensamos? Cierto es que los que han enemistades, o han havido, en esto serán de mi parte contra la vuestra, averiguando con-/Fo. 36r/-migo sus palabras lo que experimentaron con sus enemigos sus obras, mayor odio, y porque odio, desplazer, engendra(r) ver el contrario quel pensar en él(260). Porque, justamente le tengamos odio o no, el tal odio assí nascido en el alma,(261) fuera de la presencia del enemigo se confirma dentro de la memoria, y con essa misma se aumenta, y con el pensamiento assí aumentado causa muchos enojos, pero no tales, siendo ausente la prima causa dellos, bien que del presente odio se apacenten, quales produze el ver, que siempre la preferencia del enemigo con gestos, actos, señales de enemiga voluntad haze de contino mayores. Pues mayor enojo da ver el enemigo que pensar en él, más deleyte sienta el que vee la persona amiga que el que piensa en ella.

"A la qual preferente sentencia mía con el uno y el otro pie corriendo, con entrambas manos la verdad della paresce que los christianos predicadores favorescan en los sermones suyos, no sin harta razón afirmando, con vivas demostraciones persuadiendo, las bienaventuradas almas por esso dezirse bienaventuradas, que presencialmente, allá en lo más alto de los cielos, veen el bien que causa todos los bienes, y por alguno dellos permite, o los más, o todos los males. Del qual nombre de bienaventurança no son merescedoras las que [/Fo. 36v/] aquá, en estas tan baxas baxuras deste terreno mundo, con el pensamiento noche y día le contemplan.(262) Pues si este contemplativo pensamiento diesse mayor deleyte que aquel glorioso mirar, en comparación de las contemplativas, no muy bienaventuradas, pero poco serían dichosas las que por el solo ver juzgamos ser las más contentas. Ya, ¿por qué no empieço ha acabar de concluyr con osadía yo lo que acabáys de empeçar a creer sin miedo vosotros, conosciendo el orden con que se ordenan las cosas deste tan desordenado orbe inferior ordenarse con el orden de aquel tan ordenado superior? Que si en las almas acerca de lo divino más deleyte causa el ver con contentamiento quel esperar con esperança, acerca de lo humano menos deleyte el pensar apassionado quel mirar piadoso.

"¡Tomad, tomad, antes que por la fuerça del descuydo dentre manos se me huya esto que espontáneamente a la punta de la lengua se me ofresce!:

"¿Quál es la mayor pena que pena a las almas que penan? Responded vosotros todos, que al fin de vuestro penoso trabajo esperáys en gualardón dél la desseada gloria, contentadora de vuestros descontentos desseos. Según la sentencia de muchos que de sus penas han escrito a sus amigos, y la relación de algunos que por su bien /Fo. 37r/ han aparescido a los parientes, no se halla ygual, no se halla, digo, no a la plomosa, no a la insoportable piedra del molido Sízipho(263), no a la penosa, no a la afligente privación de las presentes y claras aguas y colorados pomos de Tántalo(264), no a la llastimera, no a la acuchilladora rueda del despedaçado Hysione(265), no a las espantosas fantasmas, no a las horrendas figuras, no a las furiosas, diabólicas visiones de Ticio(266), pero al ser privadas en el purgatorio para algún tiempo las unas, y en el infierno para senpiterno las otras de ver el que con el solo ver tiene vuestra fe que beatifica las almas agora, y creéys haver de glorificar los cuerpos después del final judicio. Pues si no ver lo que amorosamente se dessea es la mayor pena que pena al que ama, pensar en lo entrañablemente amado no será ni mayor ni tan gran deleyte si deleyta al que pena.

"No porque no vea quán muy satishechos os demostréys de mis boçales(267) razones, no porque no conosca quán poco enojados de mi más presto pesada que ligera plática, no porque no note haver ya con vuestros honestos paresceres condemnado el torpe error del anciano galán, pero por más declarar la justicia de mi cortesano amador, añadiré, para mejor concluyr en la larga disputación deste día, algunas cosas a lo [/Fo. 37v/] susodicho, de las quales, con atención oýdas, seguramente os ofresco que poder no podréys, haunque queráys, olvidar en mil años. Entre los enojos que nos afligen, este concierto de contino se halla, que quando nos tormenta un grande no sentimos la pena que causó el pequeño. Entre los plazeres que nos deleytan este orden siempre se ha visto, que contentos del mayor, quando dél gozamos, no desseamos el menor que no tenemos. Quien piensa en la amiga, ¿quién me responde?, ¿dessea verla? Sin duda, sí. Quien la mira, ¿dessea pensar en ella? Cierto no. Pues si vera es mi dotrina, y el que piensa, no contento del pensamiento, ver dessea lo amado, y el que lo vee no dessea pensar en ello pero hartarse de ver lo que dessea. ¿No es verdad? Si es verdad, pues la citastes, madre mía, hazédselo dezir a vuestra Byblys(268), la qual, por ver el amado hermano, no contenta del pensar en él, dexada la propia patria le siguió por todo el mundo, perseguida de su desfrenado desseo. La qual, haunque como testigo no depusiese en favor mío no me curaría mucho, porque sobrándome los testigos propios no tengo necesidad de depossiciones agenas. Dentre los quales sallid aquá fuera, insulana tinacrense(269), sallid, honrrada Arethusa. Vos, gentilíssimo spíritu, no contenta del pensamiento, seguiendo por go-/Fo. 38r/-zar de su vista el amado Alpheo, el no feo objeto de la vuestra enamorada voluntad, el Alpheo, digo, y Alpheo diziendo: "quiero dezir el alpha y o, el principio del primero esser de vuestro amor, dendel primero esser de vuestro principio, el fin de vuestro penar sin fin, y la fin sin gloria de vuestra final sperança", ¿no fuistes transformada en nitidíssima fuente? La qual, si bien sentís, dize, que bien que su boca por hazeros plazer a vos lo negase, el agua que de sus ojos mana, claramente favoresciéndome lo confesaría. Y si me oponéys que no vale la depossición de mujer(270), digo que generalmente es verdad, siguiendo la jurídica regla, pero que tiene excepción en los casos de amor, que son favorables y extensivos. El nombre que es de amor manifiesta que no son odiosos, y a lo que se extiende esse amor, que por todo el i[n]mundo mundo sus tan limpias alas ext[i]ende, declara que son extensivos. Si vera es, pues, mi dotrina, como lo es, no falsa será mi conclusión si dize que menos deleyte toma el enamorado quando sólo pensando pena que quando sin compañía de su compañía mirando goza.

"Caso que bastaría no poder, como dixe, poder olvidar lo que he dicho hasta aquí en la vida, para consentir conmigo vuestros juyzios que lo entienden lo que no niegan vuestros coraçones que lo sienten. De lo que agora diré querría que quisiésedes recor-[/Fo. 38v/]-daros, si possible fuesse, hasta después de la muerte. Todos los que escrivieron en la sciencia de Amor lo dexaron en los blancos libros; de todos los que se pusieron en la plática lo provaron los alançeados pechos; para llegar al deleytoso paradiso de Cupido, para alcançar la eterna vida de Venus, deydades no sólo aquá entre nos temidas de los hombres pero allá acatadas del resto de los dioses, por estas gradas -que son quatro- haver de caminar, haver de subir quantos son, quantos son y fueren los amantes. La primera, ¿quién no vee ser la del ver?; la del hablar todos dizen ser la segunda; sordo es quien no oye del oýr ser la que sigue; la otra, sin que yo lo toque, ¿ay alguno que no toque ser la del tocar?(271) El pensamiento, según lo que escrivieron las bien regidas plumas de los unos, según lo que padescieron los malheridos pechos de los otros, sólo es ordenador de los viriles ingenios con que se toma la femenil fortaleza(272); los quales, para bien espuñar(273), para bien escalar los altos muros de la natural vergüença, para romper, para derribar la echiza torre de la falsa honestidad es necessario como a rrezios baluartes se asienten para haver de dar el amoroso combate causador de gloriosa paz en el asosegado, en el mañoso mirar de los ojos, en el or-[/Fo. 38v/]-denado, en el puntoso hablar de la lengua, en el atento, en el presto oýr de los oydos, en la presteza, en la desemboltura de las manos. El pensamiento, pues, ordena cómo se tomen los plazeres, y en la peligrosa guerra provee de más sanos ingenios, pero ni da los plazeres, porque no es en su mano, ni da victoria, por mucho que discurra su machinar, porque es en la de la Fortuna; y así, gozar del vitorioso triumpho es mayor alegría, como lo es -seguid todos juntos por do camino yo sola-, que tener el ingenio para alcançar la dichosa vitoria; como el ingenio pueda quedar sin ella, y ella no sin gloria, de mayor deleyte hazen participante el alma los ojos que por el artificioso mirar, la lengua, que por el adelgazado(274) dezir dan al soldado coraçón la desseada vitoria, quel pensamiento que pone el ingenio en las manos de la persona, como las más de las vezes, quien tiene menor ingenio en las batallas de amor alcançe y más y mayores vitorias. Afirmemos, pues, sin mentira alguna lo ya provado con infinitas verdades: más deleytar los ojos con el mirar, causador de plazeres, el spíritu de passión aflito(275), quel pensamiento con el ymaginar, ordenador de deleytes(276).

"Soberanas Deydades, contentadoras de nuestros enamorados coraçones en la vida, de /Fo. 39r/ las tristes almas deleytadoras y antes y depués de la muerte:

"Si el no fingido desseo que me tiene de dexar aclarada la amorosa causa de los colunbinos litigantes(277), si la desseosa voluntad que me mueve de contentar los gloriosos juyzios de tan justos juezes no me lo pidiese no's lo pediría, no me lo rogase callando, no os lo rogaría con tantas palabras; y finalmente, a la fin, si no me lo mandase con bravas amenazas, como devido servicio de mi alma en el secreto, no os lo demandaría con humildes ruegos por graciosa merced en este tribunal al universo todo tan público. Que para que la opinión de mi amada madre sea havida por menos cathólica, y los escandalizados por el anciano galán libres más presto de la peligrosa heregía(278), y Vuestras Soberanas Deydades más fácilmente por mi parte conoscan haver dado la justa sentencia, plégueos -lo que no oso ni querer ni dessear si no queréys- dar a las presentes palabras mías tan pacientes vuestros oýdos, que esforçando yo la fuerça del dezir agora, más que en el espacioso principio, pueda traer al devido término la ya por ventura enhastiante(279) plática con presuroso fin. Al qual, por más temprano allegar, no menos tarde os suplico que, si desseáys conoscer quán no movida de humana passión /Fo. 40r/ alguna dixe antes lo que sentía, ponderéys éstas que, casi sin casi, saben a divinas razones, con que pruevo lo que he dicho hasta aquí.

"O el ver y el pensar será de contrapesar en el amante, que el uno puede hazer y el otro, como son los que en las mismas ciudades habitan donde sus amigas moran, o en el que bien el segundo, pero ni bien ni mal lo primero hazer puede, como son los desterrados de la natural patria, que viven en apartadas, en peregrinas yslas. Si en el primero, yo no veo, si bien miro, quién no vea, yo no hallo, si mal no busco, quién no halle; yo no siento, si mis sentidos no son sin sentir, quién no sienta, por lo que concluyeron los argumentos formados no haverse de tener otro en el disputado artículo, sino que al que lo uno puede hazer y el otro más le deleytar el mirar con el verdadero quel pensamiento, que a menudo engaña como falso. Pero dado que podáys no atorgar ser assí lo que devéys negar ser otramente, por examinar sin passión, según dixe, esta parte, porque los apassionados litigantes tengan, como esperan, clara noticia de lo todo, preguntadme como dotíssimos maestros:

"Los curiosos amantes, ¿por qué guardan cantones de noche? ¿Por qué rúan calles el día? ¿Por qué pintan en las ropas motes? ¿Por qué calçan los ça-[/Fo. 40v/]-patos muy justos? ¿Por qué traen la calça muy mucho tirada? ¿Por qué adelgazan la cintura? ¿Por qué peynan a menudo el cabello? ¿Por qué se miran cada rato al espejo? ¿Por qué traen las uñas de las manos con remirada proporción cortadas? ¿Por qué se prescian de tener los dientes, que son muros de la boca, con política diligencia curados? ¿Por qué visten muy limpia la ropa? ¿Por qué en el caminar acompassan los pies? ¿Por qué en el andar repossan el cuerpo? ¿Por qué quando dançan a menudo hazen dançar el medido son de los templados instrumentos al proporcionado compás del artificioso menudear de sus pies, y con el tal los destemplados y(280) templarse y passo a passo concordarse? ¿Por qué hablan con la voz baxa? ¿Por qué requiebran con palabras sentidas? ¿Por qué en todo conservan la persona grave? ¿Por qué se esfuerçan en la cítara y mirar a Horfeo(281)? ¿Por qué trabajan en essa misma arpa escarnescer a David(282), en la remedada gratiosa melodía cantando seguir la doliente Philomena(283), en la dulce armoniosa música hurtar del thebano Amphíone(284)? ¿Por qué se exercitan en armas? ¿Por qué escriven cartas poéticas, de las quales los mismos versos, los mismos motes, los mismos acentos, las mismas vocales, la misma tinta, la misma carta, son fuego que quema las entrañas de quien lo escrive, brasa /Fo. 41r/ que abrasa el coraçón de quien lo lee? ¿Por qué, finalmente a la fin, y muchas vezes sin escaleras escalan las altas paredes? ¿Por qué destejan los peligrosos tejados? ¿Por qué cavan, por qué minan en lo más baxo las enfortalescidas casas?(285)

"Y respondré yo como humilde discípula:

"Guardan cantones por no perder de vista las amigas; las calles rúan por ver y por poder ver ser vistos; pintan en las ropas motes por dar a ver quán pintadas estén sus entrañas de herydas. Cada rato se miran al artificial espejo por ponerse y verse a tales quales desean verse, y que les vea el sobrenatural de la amada, y por ver si pueden ver en su frente sus coraçones pintados y leerse en sus rostros sus passiones escritas. En el caminar acompassan los pies, en el andar reposan el cuerpo significando quán con compás sirviendo miren la que amen y quán con sin reposso mirando penen por la que sirven. Con la boz baxa hablan por dar ha sentir a los oýdos del alma la servidumbre que reconoscen y a conoscer en quánta reputación tienen todos sus miembros la señora que sirven. Dizen amorosos requiebros por significar quán se vean quebrados de passión sus lastimados espíritus. Las altas paredes escalan, los hondosos fundamientos contraminan, -bien que no respondo a [/Fo. 41v/] las otras partes del por qué, porque veo ser necessario passar saltando los medios, si haún sin ver corriendo tarde no quiero llegar a su fin- por perpetuar el deleyte que causaron los ojos primero, viendo las que robaran el coraçón de sus pechos, las que cativaran la libertad de sus almas.

"Pues si los curiosos amadores en aquellos trabajos más se trabajan, en aquellas fatigas más se afatigan, en aquellos affanes más se affanan, las fuerças de la diligencia esforçando, emperezando las de la pereza, por medio de los quales con más seguro reposo, sin engaño, esperan gozar de los más deleytosos plazeres. Si ninguno de los tales apassionados señores, dexando de dormir en algún tiempo, tanto estudia en pensar en la amiga, quanto para en todo tiempo verla se desvelan todos en todo tiempo, ¿de quién son tan insensitivas las sensibles manos del alma, que no sentiendo haun tocándolas las no muertas razones que sallen fuera por la boca mía, -¡qué mía!, antes no mía, ni tanto no mía, ni tanto de mí agena quanto de la misma garganta de la verdad que en mí habla-, propia no sólo, pero más propiamente propíssima que otro tenga, dixe, con maliciosa pertinacia, como no falso en el secreto, de lo que yo con be-/Fo. 42r/-nigne simplicidad no ago fin, por no tener fin su fin, de verdadero demostrar en lo público?

"Es tan paciente vuestra pacencia, Sacrosantas Serenidades, que por mucho que se atreva mi atrevimiento no puedo incurrir en tan grave culpa que graciosamente no tengáys en nada remitirme la pena. De donde, no siendo en dezir aquello covarde que ni la justa razón quiere, ni el honesto suffrimiento suffre, que atrevidamente calle. A los desterrados de la tierra pregunto:

"¿Qué tristeza les tiene más penados, qué dolor más tristes, qué pena más doloridos, y a la fin (fin), qué desesperança más les desterrando de la vida más les desespera el desseo de sus almas, y sin romper lo menos vivo de la carne de fuera, más cada punto les desentraña los más entrañables puntos de las entrañas de dentro: o el no ver la amada amiga, que no sola dexaron en la freqüentíssima ciudad o el enemigo pensamiento que della consigo llevaron por no estar del todo solos en las desiertas yslas? Si en vosotros no se halla, que no se halla, parcialidad, como seáys neutrales juezes, ni falta justicia, que la tal no falta, por ser inmortales dioses, sé que ni podréys, ni querréys poder responder otro sino que como aquel plazer más nos deleyta, [/Fo. 42v/] el qual con su poder resistir puede vencer los contrarios de su esser destruydores. Assí, aquel pesar más nos enoja, para el qual amatar ni podemos haver favor que nos remedie ni remedio que nos escape; ya siendo el ver lo que creen y veen más ser de la mayor parte del esser del remedio de sus amorosos pesares los desterrados amantes, que sin en algo engañarse del todo bien ymaginan, como mayor mal sea ser privado del consolante remedio, que aflegido de la importuna enfermedad, mayor pena siente la pelegrinante alma del adolorido desterrado que no puede ver el amiga, que siempre amada siempre le pena, quel devoto coraçón del que piensa en la persona de la qual, mientra que se recuerde, de sí mismo no olvidar no se puede.

"Altíssima Diosa, de los herydos coraçones restauradora, poderoso Cupido, de la humana voluntad triumphante vencedor:

"Puesto que la contraria parte, por lo que hemos dicho, claro conosca su error passado, porque la sentencia, que de vuestras Magestades por la parte mía ciertamente espero haver de dar al presente, con tanta osadía oýr, dessee el religioso amador con quanta verdad nosotros havemos reprovado la herética opinión del anciano galán, no será mucho que con la licencia vuestra añada algún po-/Fo. 43r/-co a la verdadera confirmación de la cathólica conclusión mía. Los deleytes del amor, ¿en qué enamorada persona queréys que los ponderemos, apassionado Señor, o en la del desechado quexoso o en la del uffano favorescido? Tomad la parte que más segura os paresciere, que según el peligro en entrambas veo. En la una no dudo que no ganaréys nada y en la otra soy cierta que perderéys el pleyto todo. Porque el desdeñado de su amiga siempre piensa tener remedio para el mayor mal de sus males, mientra que no le (x) es quitada la oportunidad de verla, que puede causar, y es, el mayor bien de sus bienes. Ya, si verdad es, como lo es, que toda sanidad, para haver de aprovechar al ansioso enfermante, ha de entrar por la parte o sana o menos enferma(286) para descimentar el venino de las o en parte o en todo carcomidas, si en el desamado triste no queda otro remedio; y assí otra parte, o sana o menos enferma, por la qual se pueda encaminar la remediadora medicina contra la calentura amorosa, que no ser aflegido de aquel postrimero mal, que es no ver la consoladora ymagen de la causa de su desconsuelo, porque en su amor enfrigescida(287) alma. Pues, si por el ver entra el deleyte, como remedio en el adolesciente ánimo del entrestescido desdeñado, como aquélla [/Fo. 43v/] sea o más sana o menos enferma parte por la qual entra la sanidad en lo todo, a esse desdeñado (más que medio muerto) más el ver, que tiene por glorioso, quel pensamiento, que siempre le aumenta el penoso cuydado, haze del todo vivo.

"Ya, ¡o amadores divinos! ¡o oydores más que humanos!, al favorescido dichoso ¿qué más le priva de los antiguos enojos, qué más le desforra de doloridas penas, qué más le desencoraça de sempiternos dolores, qué más le viste de nuevos plazeres, qué más le atavía de gloriosa bienaventurança, o el trabajoso pensamiento que a menudo promete lo impossible, o el descansado mirar, con el qual solo (si yo, que a los engañados desengaño, a mí misma no me traygo engañada) los amantes destos plazeres gozan, que juntos se les offrescen? Por el ver contemplan la agradada hermosura de la amada amiga muy de cerca; por el ver siguen las pisadas de la desseada persona de lexos; por el ver gozan del deleytoso maravillarse del ayroso reýr que causa su dichoso, su alegre llorar; por el ver, milagrosamente se recrean mirando en el hablar que [l]es haze enmudescer el gracioso mover de los labrios; por el ver entienden los astutos señales de la cabeça; por el ver comprehenden los sagaces avisos de las manos; por el ver -finalmente no digo /Fo. 44r/ porque fin no tienen- y hablan con los ojos, y son entendidos por esse ver de los traydorçitos, de los omicianos(288) ojos de la amada, que tienen por suyos mismos, y que no sin passión juzgan ser los más lindos de la tierra, y que si muchas vezes con sin razón les paresce hazer invidia a los más claros luzeros del cielo. Pues, como aquel sea mayor deleyte que es principal causa de los otros, más quel pensamiento, mucho más quiero dezir, deleyte el mirar de los ojos, los quales son los que con el mirar entienden las palabras que no sallen de fuera, los que con el mismo mirar tocan lo más adentro de las entrañas de dentro, los que con esse que tengo por glorioso mirar sienten la suavidad del oloroso, del fragantíssimo amor, gustan sin enpalagarse el humano gusto, la sabrosa dulcedumbre del coraçón de coraçón amado.

"Hermosíssima Cytarea(289), de tantos con honestíssimo zelo amada en el cielo, de quántos con justíssima razón y temida y adorada en la tierra:

"Con no menos benevolencia os suplico que os queráys dar atentíssima a las singulares cosas que he de dezir agora, de lo que siguiendo vuestra tan afable condición havéys sydo hasta aquí, y la no menos amorosa que divina naturaleza me ofresce haver de ser hasta la fin. Por la pena que mata a los çelosos, con modo jamás oýdo demostraré ser [/Fo. 44v/] mayor deleyte el que causa el mirar la presente amiga al ydólatra amante que el que engendra el pensamiento en la devota alma del transportado contemplativo.

"Los celosos, primero se ha de presuponer antes de al propósito inferir, ser una secta de amadores, los quales, pensando que todos desseen lo que ellos ama[n], y todo lo que mira su señora en lo público con los ojos ama en el secreto con las entrañas, siempre entienden en poner leyes a los ojos(290) porque no miren tan adelante de la amada que mira, los quales no puede con freno tener atrás ella misma, que los possee, y no tan solamente a los ojos, que son de natura vagabundos, pero a los pies y manos, que con artificio deven tener repossadas, haziendo más adelante professión de sagaçes escudriñadores de los pensamientos ajenos. La alegría o tristeza de la dama servida interpretan siempre en su mal propio, ymaginando los tales todas las palabras que della oyen ser dubles(291), ninguno de los actos que ella haze no equívoco, no dudoso. Finalmente, son tales los tales que por ser tales el cielo sin amenazar les espanta, el fuego sin arder les quema, el ayre sin se remover les mueve, el mar sin se turbar les turba, sin se ensañar les ensaña, la tierra llana les impide, poca agua les hahoga, las mudas aves les desconciertan, /Fo. 45r/ las parleras sin cantar les encantan, los mansos brutos les desatinan, las sombras de los hombres vivos les temorizan, les assombran, los nombres de los muertos les enojan. Lo dicho sea dicho por larga declaración de la rúbrica. Pongamos agora el caso brevemente al texto.

"Uno destos, pregunto, ¿quándo es más apremiado de sus celos, o quando piensa graciosamente en la amada, o quando goza viéndola de su persona? Si primor gustan los juyzios de los amadores, que adelgazado presumen tener el ingenio, sé que no sabrán dezir sino más tormentar al que mirando possee en alguna manera lo desseado, porque con descontenta esperança, que al que piensa no sin temeroso reçelo. La razón hela:

"Infatigable regla es que la memoria, que es madre de los más pensamientos y hija del sentido, es como una escritura que presente nos representa lo passado. Y questo no sea mentira, no quiero que sólo prestéys crédito a mi simple palabra, pero que déys fe a la sabida, a la verdadera dotrina del peripathético, metro y mesura de los humanos entendimientos, príncipe y emperador de todos los divinos philósophos, que quiere que el alma sea como una tabla limpia, en la qual, aquello el pensamiento lee que en la fantasía o memoria se escriven(292).

"Inviolada verdad es quel mal más enoja quando dél se ha noticia cierta que quando sospecha dudosa. El celoso, ¿quándo tiene su mal por más cierto: quando lo toca con los ojos como presente, o quando con el pensamiento lo lee en su memoria, que es registro de lo passado? Pues oýd, que yo os lo diré: como la sombra del cuerpo no es cuerpo, pero sombra del real cuerpo; el pintado animal no es animal, pero animal pintado; el hombre muerto no es hombre, es pero hombre muerto; assí la memoria del mal no es el mal, pero memoria de esse mal(293). Siguiendo esta dotrina, que los juezes que son dioses la entienden, y los oydores por ser sabidos, puesto que hombres, la alcançan, esta sea mi respuesta: quel pensamiento, leyendo en la memoria el mal de los çelos escrito, no enoja tanto a la çelosa alma quanto el mirar, que lo toca no dudoso, pero cierto; no en sombra, pero en lo real; no pintado, pero verdadero; no muerto, pero vivo. Pues si a los çelosos más el mirar cierto les entrestesce el çeloso espíritu quel pensamiento dudoso, pues como a los çelosos, al tiempo que viven çelosos, más les haze vivir sin vida, más les haze morir sin muerte, más les haze que viviendo, porque viven, no puedan vivir, y muriendo, porque mueren, no puedan morir, el mirar su mal con los ojos quel pensarlo leyéndolo en su memoria su pen-/Fo. 46r/-samiento, assí, muertos los çelos, más les deleytará el ver la que aman, como en ella claro vean su bien, quel pensar en su bien, que es el pensar en ella.

"No sin hazer casi vergonçosa affrenta a la corriente, libre oración de mi titubante lengua, que ya se cansa, y grande fuerça a las flacas fuerças de mi pobre dezir, que más no puede, con una simple verdad quiero confundir, pues soy vezina a la fin de la oración presente, la empaliada(294) mentira predicada en lo passado, si no por otro, a lo menos porque en lo por venir y el presuntuoso anciano vuestro algo se enmiende, y el paciente ansioso mío en sus remontados(295) ingenios algo más confíe: aquel es mayor deleyte con el qual todos los otros más deleytan juntos que si fuessen solos. Los deleytes de un amante, dizen haun los que se tienen por no amados, ser ver la cara, hablar en secreto, tocar la persona, gozar del cuerpo. Pues yo me tendré por presa si vos, don predicador(296), escapáys desta presión. Quien habla y no vee, ¿no siente en parte pena? ¿Quién no dirá si quien no vee y toca está del todo contento? ¿Quál no dirá que no, quien goza lo que no vee, gusta entera su gloria? En ninguna manera, quien no vee y piensa en lo que no vee, no vee a su alma passados los medios, passarla los extremos de dolor. ¡Quán claro es que no es escuro! ¡Quán ver-[/Fo. 46v/]-dad es que no es mentira! Pues si el ver es aquél que engrandesce, ilumina, matiza, deleyta todos los deleytes, y el no ver más entristesce los tristes quel pensar alegre los pensosos, más deleytará el espíritu enamorado el contento ver la amada que el amoroso pensar en ella.

"Trillada regla es, que sin la autoridad del philósopho que digníssimo maestro fue del magno Alexandre(297) no medianamente se cree, que sin el testimonio del hebreo sabio(298), tan dichoso discípulo del que jamás fue discípulo, como entera verdad es aprovada [que] para conoscer de dos cosas la más noble y porque tal más escogible, esta mathemáthica forma haverse de seguir: con las manos casi materiales para haverlo de palpar, la una con el contrario de sus competidora, y la otra con el de la dicha una se acompañe, y assí, dos a dos acompañadas se cotejen, contrapesen, abalancen, y la más pesante, más apresciada por más noble, por más fina, a la fin se escoja. A otro, cierto, ¿qué virtud sin razonable causa los oradores jugar de manos quando que oran, los rethóricos en sus perludios(299) lo escriven? Si por la clara necessidad, que honestamente me fuerça, lo propuesto por la lengua assaz mesurada, en mis gestos demostraré con los dedos, a vicio no me lo imputen los oyentes(300). Véys a-/Fo. 47r/-quí en este pulgar la sanidad, en este segundo pongo las riquezas. ¿Queréys juzgar, sin peligro que de engañarse peligre vuestro juyzio, quál sea más de scojer? El contrario del primero, que es la enfermedad, acompañalde con las riquezas, que son el segundo, y el contrario deste segundo, ques la pobreza, con la sanidad ponelde, que puse en el dedo primero. Ya, ¿quién sino el muy pobre de conoscimiento no conoscería, quién sino el menos que sano de la mente no juzgaría o la sanidad mejor con la pobreza, o las riquezas no tendría con la dolencia por peores?

"Por virtud de la qual regla, que en otro no es tan areglada quanto en tener o ningunas o pocas excepciones, si queréys provar entre el poder y querer quál sea más de querer, a éste batizalde A, y el otro se diga B, y nadi de la dicha imposición se desdiga. Si poder tenéys para poder querer, que es no tener cativo el mismo querer, lo que se deve como mejor querer, con libertad hablando, ingenuamente confessaréys más querer el A con el C, que llamo 'no poder', contrario del B, que esse B con el D, que diziéndole 'no querer' doy por enemigo del A. Como en no poder querer lo que hazer podemos, seamos privos del libre albedrío, y con no poder hazer lo desseado y querido, sólo no nos aprove-[/Fo. 47v/]-chemos de lo que queremos y desseamos.

"Verifícase la no falsa regla en estos que he traýdo por exemplos comunes no solo, pero hállase verdadera en el caso nuestro propio, ca ¿quién sino el que nada viesse, el que en las cosas poco pensasse, quién sino el de dementíssima mente no ternía por mejor, no juzgaría más deleytoso, no escogería como más escogible el ver con el sin pensar quel pensar sin con el ver? Pues téngasse por manifiesto lo que la geométrica demostración, si dentro fuera, fuera sacara de lo escuro, que más deleyte el ver la que es causa del nuestro no nos ver por haverla vista, quel pensar en la que no nos dexa estar no pensosos después de haverla hecho señora de nuestros pensamientos.

"Potentíssima Ydea, justíssimo Imperante, de los quales ni al poder pueden resistir los dioses ni al querer o contradezir o contraquerer los hombres, por más confusa me terníades que la misma confusión si de las largas razones no sacasse en brevedad esta conclusión por limpia:

"Que siendo por nosotros bien provado, y de sí ya muy manifiesto, el desesperado no ver más quel querelloso pensar a los desterrados en las solitarias yslas tanto quanto a los libres en las freqüentadas ciudades, más desentra-/Fo. 48r/-ñar las entrañas, decepar las esperanças, ayslar, hahogar los desseos, y a los favorescidos junto con los desdeñados más el tormentante no ver que el rabioso pensar hazerles affanar por darse la muerte, hazerles morir por quitarse la vida, y a el mal affortunado çeloso el no ver muertos los çelos ser el que más le haze vivir sin tener alma, más le haze morir sin dexar el cuerpo, y finalmente, a éste y ad aquellos el ver ser siempre el que más les haze dessear siempre morir por no morir siempre. A los unos y a los otros más deleyta el claro mirar lo que más que a sí aman quel secreto pensar en la que sobre sí y todas cosas dessean.

"Plégueos, sacratíssima Señora, potentíssimo Monarcha, dos en ninguna de las tres partes de la redonda tierra, en ninguno de los nueve de los jamás cansados cielos no temidas(301), no amadas deydades, que por y mayor y más graciosa satisfación del enamorado auditorio, y por dar, alegándole algún gualardón y glorioso recreamiento al platónico spíritu, fielmente en vuestra presencia repita mi lengua parte de los legítimos cánones, de las canoniçadas leyes que en el amoroso combite este buen Platón pronunció a los combidados amigos como achadémico philósopho(302). Dezía, pues con vuestra licencia recito, esta prophética alma (señores, no estéys cuydadosos, que si bien sallo(303) [/Fo. 48v/] fuera de la tela, al tiempo del enrestar no me descuydaré de tornar a la justa)(304) dezía, digo, el maestro del maestro de los peripathéthicos, quel verdadero amor en los humanos coraçones causa o la semejança de la hermosura del cuerpo o la conformidad de las virtudes del ánimo, y que esta semejança de cada uno de muchos era una cierta natura en todos essos muchos, porque luego quel A semeja al B, se requiere que en éste se halle alguna cosa de la misma natura de alguna que sea en el otro, y assí, quel este otro semeje ad aquel éste, porque si no se hallasse un tercero C que ni fuesse este éste ni aquel otro otro, pero común a todos como medio, los extremos de aquel A y deste B no se semejarían.

"Y dezía más, bien que no sea esto lo más que dezía: que de aquí se seguía que una misma causa, que es la semejança, que es en muchos una natura, a amar mueve, a amar tira, a amar fuerça los que se aman, y que el que ama a sí mismo, a sí mismo se roba por darse a lo amado, por lo qual la persona amada, esse robado coraçón ageno a sí mismo, en sí misma viéndole transformado, ama como parte suya propia, y por ésta, que tiene por propia parte, esforçada, tirada, movida a amar la parte que queda sin la principal parte, y por necessario conseguiente, el amante todo, como to-/Fo. 49r/-do suyo, o una otra ella misma. Pues oýd, que lo dicho no es nada, que mucho más dezía la platónica lengua, la lengua, quiero dezir, más que de plata: que el amante, en su encendido ánimo, forma, entalla, imprime la verdadera ymagen, la ymaginada figura de la amada y adorada diosa, de donde el limpio azero del ánimo del amante es hecho propio espejo de la amada, como claramente desta amada en él se vea la ymagen. Y de aquí nasce que, no sólo porque la alma vea en sí transformada y hecha propia parte la principal parte del amante, pero porque a sí solo se vee en el ánimo del amante figurado lo amado, es natural fuerça que como a sí y por otro él, como en él se vea a sí, ame al amante lo amado(305).

"Od, pues, que más os quiero dezir que dezía la fatídica(306) Dyótima(307) del mayor, del mejor dios de los achadémicos, que en el recíproco amor no ay más de una muerte y no ay menos de dos resureciones, y que entonces muere en sí mismo el amante, y assí una vez, quando apocándose a sí mismo quita a sí por darse a otro, y resuscita primero en lo amado quando esse amado, con ardiente pensamiento, con gracioso agradescimiento lo abraça, y con agradescida voluntad lo besa, y resuscita luego en sí después, como la ymagen suya en el delicado pecho, y assimismo, en la [/Fo. 49v/] piadosa alma de lo amado vee, y de ser amado sin duda no duda. ¡O dichosa, y mil, y mil millares de miliones de vezes bien affortunada, immortal muerte, antes gloriosa, bienaventurada, divina vida de la qual se siguen dos, o por bien, infinida, o por mejor dezir, infinida infinidad de vidas! ¡O maravilloso troque, en el qual, por alcançar por suya la voluntad agena, dando el amante la suya, y por suya teniendo la agena, no dexa de tener por suya la suya propia! ¡O inestimable, o increíble, o milagrosa ganancia, que assí cada uno muriendo se haze dos vivos, y todos dos se hazen uno, dos vezes immortal; que cada uno de los dos, dos vezes a sí mismo possee, una por sí y otra por la possessión que tiene de lo amado, en la qual está el propio dominio del que ama, y dos vezes lo amado, una por el tal y otra por el posseer a ssí mismo, dentro del qual habita lo amado, y por el medio de una muerte, el que una vida tenía, ya vida infinidas vezes doblada tiene, por sí uno, dos si possee, porque como con el amante o amado una vez el amado o amante muere, con el dos vezes resuscitante dos vezes resuscita!(308)

"Desta dotrina santíssima para mi propósito saco esta conclusión cathólica(309): quel mayor o uno de los mayores deleytes del verdadero amador es, syendo amado, conoscer cierto de cierto /Fo. 50r/ ser amado. ¡Comigo, señores, que ya entro en la tela! Dos cosas son las que más con verdaderos señales de fuera nos demuestran, certifican del amor que vive, que regna de dentro: el una, el artificioso y sabio flechar de los ojos en el blando terrero de nuestras tiernas entrañas, con el certero disparar de las enhierboladas saetas en el negro blanco de los miserables coraçones, con el seguro prenderles asegurando, con el mañoso, con el amargo y dulce asegurarles prendiendo, por asegurar sus presas voluntades. ¿Y qué amante, ésta es la otra, me niegará, si no me niega ser amante, que quando con los ciegos ojos mira el caliente humo de un amoroso sospiro assí casi público, no se sienta ver el fuego que abrasa las desentrañadas entrañas, la brasa que quema, que consuma el mísero coraçón, que haze de essas abrasadas entrañas ceniza, y haze del desecho coraçonçito carbones en secreto, y finalmente, ver que sin fin se desaze de sí, por hazerse otro sí? ¡Ya téngase el mantenedor de esta justa firme en la silla si no quiere caer del cavallo! Porque si mayor, si más cierta certidumbre tomamos con el ver, al ver y parescer de todos, del amor que solemos generalmente estar en duda, que con el pensamiento, que pocas vezes no es dudoso, y al ver de los que algo en la philosóphica arte de amor han visto, [/Fo. 50v/] y a la experiencia de los que algo más que algo en su exercicio se han puesto, quería dezir dado y puesto en la dulce plática de su noble theórica, más deleytará el ver, con el qual resuscitar se veen los que no se veen, quel pensar, con el qual no sólo no pueden escapar de vivir para siempre morir, pero ni de esse morir para jamás resuscitar.

"Son tan verdaderas las naturales razones que para confirmar la verdad de mi opinión he traýdo que cierta soy, sacratíssima Diosa, que si con vuestro poder, que puede privar a la muerte del señorío que tiene en los muertos y dotar de dichosa, de larga vida a los vivos, toda la antigua escuela de los amadores sabios(310) revocásedes al mundo, que más que alguno dellos abilitaron y sentenciaron por loco, opinión no se hallaría de alguno dellos que contraria fuesse, o en todo o en parte, o a parte o a toda la mía. Pero venga adelante como animoso capitán el griego que enamorado fue de Thamir; venga con prieneo Biante Pýtaco el mitileno(311), el qual, dexada la mujer propia, se enamoró de una esclavita que truxo de la guerra de gente estraña; marche con estos Anarcazes philósopho(312), scita de padre y griego por parte de la madre, el qual tanto amó la amiga thebana que le enseñó quanto sabía, y en tanto que, quando el estava malo en la cama, ella leýa /Fo. 51r/ por él en la achademia; póngase con estos en ordenança el Chilón lacedemonio(313), con Solón solomino, athenense dador de leyes; junto con éste y Thales milesio(314), y Cleóbolo el lidio(315), el qual, al cabo de ochenta años de su edad y quarenta cinco que leýa philosophía, escalando la casa de su vezina, dio la muerte a su persona; tráyga el pendón como alférez el corinthio Periandro(316), príncipe potentíssimo de Acaya y gran philósopho de Grecia, el qual, por ruego de sus bastardas amigas mató su legítima muger; no salga de la orden Epiménides cretense(317), el qual dormió quinze años sin despertar, y haunque fue gran cultor de los dioses, diez años vivió desterrado de Athenas por amor de mugeres; Archita tarentino(318), maestro de Platón y discípulo que fue de Pitágoras, pues más ocupó su ingenio en inventar géneros de amores que empleó su entendimiento en dotrinas y virtudes; sea el maestro del campo Georgias cleontino(319), natural de Sicilia, si olor no tiene de falso ni resabio de mentira, que tan poblada tenía la casa donde habitava de concubinas quan fornida la bibliotheca donde estudiava de libros, quan frequantada la achademia donde leýa de escolares; guarde la retroguarda, guárdela junto con éste el hebreo David, bien que de las asechanças de Ber-[/Fo. 51v/]-sabé(320) guardar no se supo; Salamón(321), el tan famoso en letras y tan subjecto a las mugeres, porque no vaya solo, hágale compañýa, el qual, por complazer a las cydonias, no se acordando que se olvidava de su Sabahot(322), adoró la diosa Astarté(323), culta y venerada de los de Cydonia(324), y por no enojar las amanitidas(325), no curando que deservía su Santo Santorum, sacrificó a Maloch(326), ýdolo de los estraños amanitidas; de los quales, uno por uno interrogados, ni todos en una, ni uno ni alguno de todos podrá responder, ni sabrá responder, ni querrá responder otro que ser veríssimo(327) el parescer que tengo, y no menos sabida que cathólica la sentencia que siento(328).

"Porque la prolixidad de las palabras del que dize suele engendrar odio en los ánimos de los que oyen, por no caer en tal error, por no venir a tal peligro en la fin de mi orar, sólo os ruego que benignamente oyáys, sin esperar ni temer de ser rogados más para haver de más oýr, lo que si me hoviera ocorrido en el principio de mi habla solo traxera para bien confondir la opinión de mi tan amada madre y de todos tan dota maestra, y para mejor fundar la desta vuestra, no en algo ignorante, discípula. Entre los enojos, aquél más enoja que más dura: pues entre los plazeres, el que menos, menos deleyta. En las co-/Fo. 52r/-sas deleytosas, aquélla más dura que assí deleytando menos se cansa. El dicho en sí no es escuro, pero por mayor claridad pongo este exemplo: nosotras, advogadoras(329) de vosotros, los immortales y soberanos dioses de amor, en este su tan glorioso, tan bienaventurado tribunal, con la vista gozamos presentes desta tan sobrenatural, tan milagrosa hermosura de la nuestra señora asistente, deste tan sobrado, tan triumphante, tan espantoso poder de su único hijo y emperador de todos, Cupido, el qual gozo sentiríamos de gran parte menor si algo nos cansase el continuo mirar, porque del cansa[n]cio vencidas sería fuerça tirar atrás los ojos y dexar de gozar de la eterna visión de las divinas magestades nuestros espíritus, lo qual ellas no permitiendo, lo qual es por su bondad, no por nuestro merescer, porque mayor sea nuestra gloria, quieren que haunque sea casi insuffrible tener siempre los ojos en tan resplandescientes soles, no se canse la humana visual potencia. Luego el deleyte más dura quando menos se cansa, más deleyta quando más dura, quando más dura es mayor deleyte. Como el pensamiento más presto canse el alma de quien piensa que el mirar los ojos del que mira, por consiguiente, me-[/Fo. 52v/]-nos dura el deleyte y menos deleyta el pensamiento al que piensa en la que no vee, y querría que se viesse un otro él en sí misma, quel mirar de los ojos a quien mira lo que dessea, y mira que se mira una otra ella en sí mismo. Esta es en la presente nueva amorosa causa, la sin passión dicha opinión mía. Determinad, sacratíssima Señora, con la usada virtud, dad en favor de quien más os paresciere, que no daréys sin justicia, la divina sentencia vuestra."

 

El auctor

Mostrado no haverle en un pelo movido la rodeada y prolixa respuesta de la hija a defender su peregrina opinión, no sin gran criança se levantó la madre. Y dezía:

 

"Antigua costumbre era entre los serpentinos causídicos romanos(330) en Roma, primero principio de los parleros atheneses, rethóricos maestros en Grecia, que los que no tienen por su parte el favor de la natural razón ampren(331) en todo el ayuda del voluntario oratorio artificio, y los que se hallan más alexados de la verdad, no que digan presuntuosas mentiras, no, sí que aluzien(332), sí que bruñan, que pinten, que coloren prudentemente las palabras(333). Este cuerdo consejo davan los no desacordados maestros en las escuelas, y este seguro norte seguían los mareantes discípulos en el /Fo. 53r/ forense mar de sus repúblicas, no tanto por vencer los inhonestos pleytos quanto por no ser vencidos en las justas causas. De la qual artificiosa gracia, del qual gracioso artificio no siendo yo dotada, por impetrar(334) alguna centilla(335) de eloqüencia para poder esplicar como se deve la quosquillosa qüestión de la amorosa causa presente, en esta oración postrimera, arrodillada delante la Señora, delante la governadora, maestra de todo el humanal linaje, creadora, conservadora, restauradora de las especies vivientes, vivificación de los amantes muertos que ya penando vivieron, resureción de todos los penantes vivos que ya amando murieron, delante el trumphador(336) de la tierra, del tan triumphante, tan glorioso subjectador de los cielos, humilmente suplico: quieran sus deydades infundir por medio de la eloqüentíssima Minerva parte de aquella eloqüencia, con la qual, y no menor atención de los hombres que favor de los altos dioses, el latino orador(337) fue parte para echar la conjurada parte del comunero Catilina(338) de la en todo libre ciudad romana, y el athenese Demósthenes del poderoso Philipo librar la peligrante patria(339).

"Ya que algo refrescada siento la que ya fue tan seca lengua y más que esforçado el no menos que [/Fo. 53v/] cansado espíritu, como el aventurero cavallero andante, haviendo mejorado de cavallo de nuevo buelve al campo a seguir su batalla, entrada yo en mi puesto, dando principio al nuevo combate, digo que si según lo mucho que adelante se me ofresce en esta amorosa causa de dezir quisiese, o declarar con verdaderas soluciones o provar por legítimos argumentos, ni bastaría mi lengua (por ventura, porque humana) sin el odio de los oyentes a lo dezir ni vuestros oýdos, bien que casi divinos, con paciente benivolencia del que dixese a lo escuchar. Por el qual inconveniente, desimulando con muchos de los menos poderosos fundamientos, que infinitos se me representan, no dexando trasmano(340) alguna de las más persuasivas razones por la contraria parte formadas, primero, siguiendo en todo el orden de mi concorrente(341), bien que para más que en parte contraria conclusión inferir, declararé qué cosa sea propio deleyte, no hasta los últimos penetrales, como mi hija dezía, pero solo [lo] necessario que yo, su madre, devo; que con prolixidad, sin mentir, no querría tan adentro penetrando de tales penetrales, de verdad, enojaros haun hasta los primeros. Luego fundaré mi opinión; tras esto derribaré la contraria, incontinente; confirmaré lo dicho, y a la fin, porque a mi habla de algún po-/Fo. 54r/-stizo fin, haré principio al callar.

"Digo, pues, que el deleyte es una proporcionada suavidad que halaga el alma, causada por la conformidad del adequado objecto a su correspondiente potentia(342). Pero antes que más adelante vaya, no sin alguna escuridad en mis presupuesto, no quiero dexar atrás lo que dará mucha claridad a la causa. Sinco particulares sentidos hallan los philósophos en el cuerpo, y uno sólo a todos común ponen en el alma; y dízense corporales(343), no porque en sí no sean spirituales, pero porque los verdaderos objectos suyos son fundados en materiales cuerpos, como el sentido del ver tiene por su adequado objecto el color; el del oýr, el son; el del gusto, el sabor; el del sentir, el olor; el del tocar, la qüalidad como género de las qüalidades sensibles y elementales, y el áspero y blando y otras semejantes. Estos son los apropiados objectos de los particulares sentidos. Del común(344) alguno no pongo, porque ninguno tiene; tiene solamente que mediante él, el alma siente de dentro que los sentidos del cuerpo sienten de fuera. Regna primera en el orden y no postrera en la dignidad la volante(345) ymaginativa(346), la qual, a no mal ymaginar, no tiene otro bien que rescebir en sí el ymaginado ýdolo de la cosa sentida por el sentido común ser sentida de los particulares. [/Fo. 54v/] Estos tales ýdolos son particulares objectos de la tan notable cogitativa potencia(347), los quales, haviéndose servido dellos essa potencia, que cogitativa llaman los menos y pensamiento dizen los más, recibe la memoria como la carta las escritas letras, las debuxadas figuras, como la blanda cera los imprimidos escudos, como las duras piedras las entalladas ymágines, como el rezio bronzo la formada maçonería. Assí que de la memoria del pensamiento se sirve, leyendo en ella sólo lo passado, y con la ymaginativa discurre sin hazer diferencia entre esse passado a lo que es presente.

"Digo, pues, que aquella tal proporcionada, es a saber, medida, suavidad, causada de la conformidad del adequado objecto a su correspondiente potencia(348) es verdadero deleyte, y assí medida es verdadero deleyte, que entrada en la insufrible demasía muda su propiedad en la del enojo."

 

El auctor

Desenvaynar quería la drecha mano de la vieja lengua de la madre la cortante spada de las agudas palabras para del todo cortar la más rezia parte de la fuerte armadura del armado cuerpo de la no menos que animosa opinión de la hija, quando ya que abría la boca para formar los acen-/Fo. 55r/-tos, haziéndose con el imperial ceptro señal que callasse(349), dixo la asistente diosa:

 

"Entendida la grave qüestión propuesta por el tan religioso amante, quán de nosotros devotíssimo súbdito, oýdas las argumentaciones, las agudas invenciones hechas por entrambas las partes, considerado el drecho de cada una dellas, hallo que devo condemnar, dando la sentencia en favor del polido galán, del suffrido amador, del devoto cortesano; el contemplativo, el atrevido anciano cavallero, y de hecho y con drecho condemnando. Determino mayor deleyte ser el que conciben los ojos mirando lo que ama la voluntad que el que engendra el pensamiento del que piensa en lo que le pena el coraçón. La qual sentencia damos, y dada mandamos publicar, no quitando a la condemnada parte, si le paresciere sentirse agraviada, el poder suplicar en este al universo todo, todo público tribunal a nuestras Magestades de revista(350)."

 

El auctor

Apenas pusiera fin a las palabras la justíssima Venus quando principio dieron al celeste son los angélicos ministriles con sus dulces trompetas, con el amoroso sonido de las quales, de la dada sentencia, tan contento el vitorioso galán quan no osándose mostrar agraviado el [/Fo. 55v/] atribulado, confuso, ansioso anciano, dadas las devidas gracias y hecho el acostumbrado acatamiento se partieron del bendito tribunal de la santíssima diosa.

Ya la pelosa vestidura, ya los dorados paramentos de los orientales cavallos quel febeo caretón tiran dende la ardiente cuna del reluziente Ninos(351) hasta el glorioso sepulcro del omnipotente Apolo esclarescían, iluminavan con fresca, con graciosa alva el horizonte paduano(352), al tiempo que, casi recordando del estraño sueño que la passada noche transportado me havía, ensoñé que havía recordado, y que un italiano scholar nobilista con pesada mano apresava llamar a las cerradas puertas de mi escura cárcel por las tenieblas del penante espíritu, los repentinos golpes del qual, si bien desacordadamente dormía, pensando en mi desacuerdo que no ensoñava, juzgara tan extremados que, haunque dormiera, fácilmente huvieran rompido el alto sueño al dormiente cuerpo, y de la amorosa visión privado la embevescida alma. Rescebido, pues, con la ussada affabilidad el precordialíssimo amigo, recitada la tan no oýda, la tan casi increýble visión aparescida, según que mejor supo la travada lengua dezirlo, según que menos peor pudo la flaca memoria recordarlo, el prudente escholar, ¿qué escholar prudente?, el /Fo. 56r/ dotíssimo maestro, que arrimadas tenía las hermosas espaldas a dos marmóreas colunas de una quadrada ventana, por la qual, la haumada cámara (por el humo de los sospiros del quemante fuego, del abrasado pecho de mí el consumado, el sin fin finido amador que en todo tiempo, no que en el triste invierno sólo llorava) los frescos y odoríferos y suaves ventezitos no avaramente rescebía que las ameníssimas flores de una alindada huerta, que todo el deleytoso verano de ninguna parte no reýa, con casi pródiga liberalidad embiava, por la yzquierda mano dexado el brónzeo bazis(353) de la marmoril coluna, parescíame, digo, quel ingenioso nobilista, con bien agraciado acto, moviendo la drecha, la agudamente concebida alegoría de la visión amorosa del primer sueño quería informar con sabrositas palabras, quando sin soñarlo recordé deste segundo con incomparable desseo de escrevir las tan nuevas novedades en sueño aparescidas. Las quales, ciertamente, no dudo que creréys sin duda no tanto haverme representado el espíritu diabólico, que por nos dañar y conturbar siempre vela, quanto el pensamiento enamorado, que por nos aprovechar y deleytar algunos tiempos, haun durmiendo del todo no duerme. Fin.

 

[/Fo. 56v/]

 

Siguen agora tras la presente obra las

consoladoras oraciones que dexé

de poner en su principio,

y son muy mucho

de notar(354).

 

"¿Qué desesperación tan grande es esta tan determinada? ¡O ciego amador! Amador, digo, dulce de otri, amargo aborrescedor de ti mismo, a la qual os ha traýdo de la razón el conoscimiento poco. ¿Qué conoscimiento poco?, antes el injusto destierro de la misma. Que no os adonéys(355) que mientras que vos, señor, otro contra vos de fuera de vos cruelmente obrando creéys desapiadarse, vos solo ser el que contra vos mismo, dentro de vos mismo como iniquo encrudelesce. La qual cruelíssima iniquidad(356) ser vuestra propia, con palabras de compassión no agenas, demostraré al presente por provar si mi persuasión honesta podrá descepar de vuestro turbado ánimo el proponimiento torpe que havéys concebido de os dar, la que no devéys, desesperada muerte, y privar al cuerpo de la que tiene d'aquesta vida.

"Aquella dama, ¡ya oýdme!, que como la más hermosa del mundo amáys vos, y por la más o una de las más nobles desta ciudad conosco /Fo. 57r/ yo, de vuestro pensamiento grave dezís ser la causa dolorosa, en las manos de la qual, sin guardar cómo, remitistes la libertad encadenada, ent[r]egastes de grado el asaetado coraçón. Porque más no viváys engañado en este mundo, que a todos nos engaña, ni llevéys con vos semejante error en el otro (quiçá de Plutón que tantas almas tormenta), sabed, si no lo sabéys, aprehended, si no lo havéys aprendido, que no la dama, que por ventura otro no puede, mas vos, señor, que esto cierto hazer no devríades, os causáys el tan insoportable enojo, os priváys de los naturales plazeres(357). Porque vos, mi señor, amáys esta tan alindada, esta tan escogida dama, porque vuestra alma que es libre lo quiere, o porque su hermosura, que cativó vuestra libertad, de continuo os fuerça. Si forçado de la peregrina hermosura dezís que no podéys no amar la relumbrante diosa, mostrad, tanto por satishazer a la increpación(358) mía, quanto por desculpa de la culpa vuestra, adonde ella viniesse, siendo muger y flaca, a forçar amarla el armado pecho de varón entre los constantes tan fuerte, y entre los fuertes tan raro; y si vino, si con armas, y si con armas, con qué jurisdición os assaltó entonces, y con qué tan desapoderado poder os haya traýdo aquí agora en parte a llorar vuestra miserable desdi-[/Fo. 57v/]-cha, en parte a doleros de la aquexante pena, y del todo a privaros de la cara vida con tan aborrescido género de muerte. No lo podéys mostrar, claro es que no(359), y bien que fácilmente, provando forçado de la hermosura más que humana vos no poder menos que amar la divina dama, que juzgáys por tan despiadada y tenéys de cada parte por tan fiera, escapásedes de las no flacas redes, de la no floxa razón que informé poco arriba, no sería possible pudiéssedes huir el cuerpo del fuerte golpe del arcabuz que armo agora. A los que por obligación forçados sirven, algunos premios no se les deve, pues si forçado como sclavo servís, si contra vuestra voluntad mal vuestro grado penáys, ni os quexéys si no alcançáys las no devidas mercedes ni os querelléys si no os gualardonan con graciosos dones. Si libremente amáys lo que os agrada y por no ser amado desespera vuestro generoso coraçón, que tanto meresce, no inculpéys de impiedad el angélico spíritu de señora, que tanto vale, podiendo, como libremente amáys, libremente dexar de amar, y siendo en vuestra mano, como lo es, el dexar de amar, con el pie pornéys fin al padescer(360). No sería, no lo penséys, sabia respuesta, no sería, no lo creáys, razón de valor alguno acompañada, dezir: 'yo no quiero de-/Fo. 58r/-sesperarme por la pena que siento sentir al alma mía que ama, pero por el desamor que conosco en la desagradescida persona amada, la qual, viendo que yo la amo con ánimo simple devría reamarme con voluntad piadosa; lo qual, no sólo no haziendo, pero desse qual haziendo el contrario, con sobrado enojo aumenta el amoroso dolor del malherido costado, enfría la caliente, antes cuese la quajada, la fría sangre del de par en par abierto pecho, y finalmente, con raviosa ansia y no sin mortal (yerro immortal, quiero dezir) agonía desespera tanto mi enfermo coraçón, que otra salud no hallo para contra el mal que padesco que sperar como sumo bien la última escura noche de la vida, y por eterna bienaventurança la primera deseperada hora de la tan sperada y desseada muerte; la qual, conosciendo que quien bien muere en mil millares de maneras renasce de vida, y los que mal, o con el peor mal, como yo viven, infinidas infinidades morir de muerte; agora que a esta muerte, que ya tanto tiempo trage por vida, poco le queda de tormento para darme, provándola como muerte, y a mí menos de sentido para sentirlo, darme determino con mis manos propias, por dexar perpetua fama de mis infernales penas a la gloriosa memoria de los adoloridos amantes(361).' [/Fo. 58v/]

"Mucho creo que os maravillaríades de mí si poco me maravillasse de vos. ¿Y cómo podéys, si amáys sin duda, tener certidumbre del desamor, que es dudoso? Pero dado que la tuviéssedes, si por no ser amado os sigue pena, no es de la persona amada la culpa, no es, digo, la culpa agena, pero vuestra propia. Y cierto, por haveros vos mismo offendido dándoos por sclavo a quien sólo os dexa la vida por os hazer siempre morir, y no os quiere dar la muerte por jamás os acabar de matar, ni hazer libre(362). Merescíades delante qualquier justo juez de vuestro no liviano, o verdaderamente livianíssimo error passado, grave penitencia al presente, la qual, por no ser aquella estopa que para enamorada heryda es menester, ni el agua fría que para tan encendida, apassionada calentura se requiere, ni la purga que para purgar el desesperado estómago de un enfermo amador es necessaria, antes, a pena sería otra pena, a dolor sería añadir otro dolor. En esta caliente siesta del claro día sólo demostraré, antes que venga la escuridad de la fría noche, cómo vos, desesperándoos, ni hazéys lo que devéys como constante amador ni lo que soys obligado como a varón y varonil y fuerte. Y porque apliquemos los secrocios donde está la opilación, pongamos los defensivos donde offende el dolor, /Fo. 59r/ demos los cauterios vista ya la phístola, y acertemos la sangría notadas bien las venas, y acertando en la heryda cosamos mejor los puntos(363). O la amiga, que llamáys cruel y tenéys por enemigo dulce, os ama o tiene odio, o ni es el uno, que sería vuestra sempiternal gloria, ni el otro, que aborrescéys como perpétuo tormento.

"Si ella os ama sin duda, ¿quién no creerá de cierto que vuestra aflición le pene, vuestra pena le duela, que vuestro dolor la llastima, que vuestra llástima la afliga, y la muerte, finalmente, que en vos, dezís, no poder dexar de vivir, a la fin matándola a ella, contra su querer no muera? ¿Y no sabéys vos, mi señor, si vos solo no ignoráys lo que todos por experiencia veen, que con causar enojo o con hazer desplazer, ni se puede ganar de muger el amor nuevo, ni conservar entre ella ni los hombres la amistad antigua? Antes con peligro entra el maligno odio, entra la diabólica enemiga con medio enojo en un punto, en un instante de hora, la qual con mil devotos servicios no podemos hechar fuera en cien mil años(364). Por lo qual me paresce a mí, si os paresce, que os devría parescer a vos, si no por otro a lo menos porque paresciesce a todos, que no tenéys de verdad por tan caro el tan caro amor de la amada dama, quan caro fingidamente demuestra la dese-[/Fo. 59v/]-sperada apariencia, que en vuestra tan noble persona, con tan covarde esfuerço, ni ponga mano la desatinada mano, ni a vuestra tan honesta vida corte el hilo el azerado cuchillo con tan torpe specie de muerte, porque bien que con semejante execución furiosa pudiésedes traer a algún falso fin vuestra dolorida pena, matando el que dezís ya tantas vezes muerto cuerpo, quitando la generosa amiga con vuestra penosa y plañible muerte de la luz deste mundo, no sin indesculpable culpa passaría essa omiciaria(365) animilla en las tenieblas del otro.

"La desagradescida dama empero, si no os ama, lo que vos queríades, más os aborresce, lo que tanto aborescéys. Si no soys fuera de vos mismo y si desseáys entrar en lo más adentro de la razón, harto palesmente(366) devéys reconoscer agora lo que escondido no os fue jamás, y es que alguna cosa más mal hecha no podéys más peor hazer, ninguna podéys hazer que más le contente el desamorado, el aborresciente spíritu que, lo menos tarde o más presto que pudiéredes, queráys por la innocente garganta passando la cortante espada dar el última agonía al atribulado cuerpo(367). Porque los que tienen odio, por desarraygar la mal querida persona de su memoria propia y quitarla de la tierra común, ponen en peligro-/Fo. 60r/-sa aventura los paternales y agenos bienes, y al tablero(368) el patrimonio público, ni curando de las ásperas amenazas de las humanas leyes ni haviendo respeto a la justa pena, en que ni curen, menospreciando el mandamiento divino. Pues si nuestra humana condición, tan inhumanamente, tanto a maliciosa degenera de su naturaleza que no más compassión, no más lástima, no piedad tenemos de los amigos quando males padescer les vemos; qué gozo, qué plazer y deleyte si los enemigos en grandes adversidades enbueltos, perseguidos miramos; vos tan entristescidamente llorando, y tan llorosa os entristesciendo, no menos increýble plazer hazéys a esta que llamáys enemiga, que de vos mismo mostráys ser capital enemigo. Y, ¿quál hombre ternía tan poco del interior hombre entre los hombres exteriores, qué persona sabría tan mucho a no persona entre las personas, qué mortal humanidad sería tan immoralmente inhumana entre los humanos, qué cruel brutalidad, qué fiereza tan brutalmente cruda, tan crudel bruta, tal crudel fiera entre los crudos, entre los fieros brutos, que por poner fin a las penas que son mortales, no sabiamente considerando la alegría que sentirán sus enemigos con su loco fallescer, ni la infamia ante mirando que llevará consigo la fa-[/Fo. 60v/]-ma, que infamada siempre vive, scogerá por y último y primero remedio se matar? Con la qual muerte, bien que muchos creerán sin duda haver atajado su mal como atrevido, todos ternán por muy cierto ni haver remediado su enfermedad el adolesciente como sabio, pues no se vistió de suffrimiento, ni haver soportado el dolor el adolorido como fuerte, desnudado de la fortaleza.

"Mas dezidme, señor mío, ¿a qué propósito sería el desesperar tan desvariado si la extremada señora vuestra fuesse en este medio parescer, ni de amaros, no cierta de vuestro amor, ni de aboresceros, dudosa de vuestra inportunación?(369) En verdad, fuera yría de todo propósito, pues si dándoos la muerte con vuestra carniçera mano enponçoñáys la vida de la amada señora, que, puesto que fuesse enemiga, no devéys tener por agena; si privándoos del vivir, no acarreando algún descanso a la apassionada alma, libráys de enojos el entrañable enemigo y le hazéys triumphador de la por amores carcomida persona, claro paresce, pero claríssimo queda, no que paresce claro, que sin causa queriéndoos matar ni pagáys lo que devéys a la deuda de amador constante, ni complýs con la obligación que os tiene como atado de varón fuerte. Porque en la hora misma que desesperáys perdéys la fe, madre de la /Fo. 61r/ esperança y muger del amor(370), y como verdadero amador no podáys llamaros sin constante servidor deziros; como la mayor virtud de las virtudes sea una, no poder ser perfeta sin la virtud y perfeción de la otra, desterrada la fe por la desesperança de vuestra alma no puede quedar en la ciudad del coraçón el amor. Consistiendo más adelante, como consiste, la constancia firme en la perpetuidad del tiempo mudable, vos, perdida la fe antes de ser muerto, es necessario perdáys el amor antes de acabar de vivir, y assí, no perseverando en amar no hazéys lo que devéys como constante amador. Y caso que, no pagando esta deuda particular que devéys a la madre Venus, no se os hiziesse execución en los bienes del favor, por ser muger y diosa piadosa, no satishaziendo a la obligación general y pública en que como cavallero os obligaste al ferocíssimo Marte, natural y legítimo padre de cavallería, no se podría no hazer castigo en vuestra fama, por ser deidad y rigurosa y justa, porque, y cierto es assí, quien teme la muerte quando a su tiempo viene deve ser juzgado por pugilánime(371) entre los hombres; quien la dessea antes del devido día, por salvaje entre los brutos; mas el que anticipada la hora se la procura, deve ser con razón privado de la vida, si alguna le queda, que le [/Fo. 61v/] queda, y amanzillado en la fama que dexare, si dexare. Y, ¿qué mayor flaqueza entre las flaquezas se puede allar de espíritu que no poder con entrambos sus ojos mirar la una y la otra cara de la en todo tiempo desseada, y haun sin postiza máscara, mascarada Fortuna? ¿Y qué menos esforçada fuerça entre las fuerças de ánimo que la vida, que quando alegre de tan buena gana se goza, quando que algo, o algo más que algo, triste, con tan ignominiosa impaciencia no sufrir, no tragarla? Pues, porque no se descubra a los amigos que os (y) aman que vos, que soys conoscido por señor de tanta y tan heroyca virtud en lo público, havéys servido como vasallo a tan abominable vicio de impaciencia en lo secreto, ni se manifieste a los amadores que os conoscen y platican la aborescible inconstancia y furiosa incontinencia que vuestra honra y nuestra destruye, dexando de teneros por tan desdichado como el cypriano Hiphys(372), desdeñado de la arrepentida Anaxárete, y contra vos mismo más impío que Hipómene(373), y en lo que devéys ser sforçado, más medroso que Pisandro(374), renunciéys a la loca anticipación de la tan infame muerte, y penséys y procuréys en pensar más honestos medios que sean más sanos remedios para la vida.

"Y creed lo que digo agora, si no havéys dudado en lo dicho hasta'quí, que /Fo. 62r/ por ventura cuytando el principio de tan abominable muerte a tan noble persona, allende de ensuziar la jamás manchada limpieza de vuestro claro linaje, macular la honesta vida passada, empescer(375) la, que immortal te espera, fama venidera, pensando huir la y una y breve molestia presente, pornéys en infinitas, inevitables, eternas miserias la virtuosa alma(376), lo que de cierto ha acaescido a muchos otros, antes innumerables otros; y retardando el fin de la dichosa vida, con la devida fortaleza restituida en la ciudad de tan civil y gentilíssima alma la desterrada esperanza, revestido del antiguo manto de la fe el desnudado desseo, reencendido con nuevo amor el ya casi enfrigesciente pecho, podrá fácilmente alcançar en una hora el avivada alma lo que ha servido con difficultoso trabajo en tantos años el que ya veo resuscitado amante. Porque no ay coraçón mugeril de condición tan alto que con la ajuda del altíssimo amor no se abaxe, tan sobervio de natura que no se humilie, tan grande de merescimiento que con muchedumbre de servicios no se, si no apoque, a lo menos yguale, tan duro que no se ablande, tan frío que no se scaliente, y tan desamorado, finalmente, en el principio, que no passe el principio, que no pare en el medio no sólo, pero que no toque el fin del verdadero amor a la fin. Quanto [/Fo. 62v/] más que a menudo lo que por falta de bien afortunada fortuna algo desesperando tememos perder, por sobras de presuntuosa inportunación y inportunosíssima porfía solemos ser muy ciertos de ganar.

"Esto poco os he dicho porque, sentiendo por esso poco lo mucho que por ello quiero dar a sentir, subiendo vuestro entendimiento a sí sobre de sí y conosciendo no ser justo (¿qué justo?, antes injustíssimo), no ser haun medio honesto, pero del todo torpe, que la que ha de ser superior a todas las potencias del cuerpo(377), que nativa deuda tiene con el bruto, y governadora general de todas las del alma, que original parentesco tiene con los dioses, sea mandada de la voluntad sola, y por essa voluntad, que por sola voluntad se rige, regida, hecha inferior a ssí misma, y vuestro tan claro juizio concluya lo más sano para vuestra y nuestra salud(378). Y vuestro acertado parescer determine lo más honrroso para nuestra y vuestra honrra, y essa divina razón, que humana emperatriz deve ser en el mandar y absoluta señora en el ser obedescida, ordene lo más seguro para la vuestra y común salvación."

 

La fin de las palabras déste fue principio del fin del callar del otro en esta forma:

 

"Estatuto más que santo del celeste Platón era en Athenas, con religiosa cura guardado /Fo. 63r/ por toda Grecia; ley no menos que divina del pythagóreo(379) Numa Pompilio en Roma, jamás con damnado descuydo quebrantada en las partes de Italia; la qual debaxo pocas y senzillas palabras tenía estas muy graves y preñadas sentencias: 'mandamos que los familiares amigos, por conservación de la común policía(380), a los prósperos muy prósperos, porque no caygan, den consejo; a los tristes muy tristes, porque no desesperen, den remedio; a los desesperados muy desesperados, porque no se maten, den socorro'. Sanciones(381) -por los immortales juro- no menos degnas de esser guardadas en esta tan desdorada edad que vivimos los maliciosos presentes que de ser inventadas en los más que plateados siglos que murieron los sabios passados. Yo, pues, no queriendo gozar de privilegio en caso que ninguno deve ser privilegiado, desseando tanto la honra de vuestra honra, la fama de vuestra fama quanto la salud de vuestra persona y la salvación de vuestra alma, antes que nada diga mi titubeante lengua de lo que para socorreros ha ordenado mi entendimiento en tan peligroso propósito como más seguro remedio; os ruego, que no haziendo caso de la poquedad de mi dezir, que cierto es grande, toméys en cuenta la grandeza de la voluntad, que sin duda no es pequeña. [/Fo. 63v/]

"Por la qual, movido el entendimiento, si bien me recuerda lo que he leýdo en algunos libros, si mal no me olvida lo preguntado a los más de mis maestros y lo que he respondido a todos mis amigos, no hallé jamás, ni pienso hallar, que socorro sea para la desesperación de la vida el tener por socorro la desesperada muerte, porque con ella, ni se mata el desseo ni se aviva la esperança, y finalmente, ni acabará de desesperar porque desesperado muera el que desesperado muere, ni començará a vivir sin pena si por, no viviendo, penar se matare el que se matare. Muchas cosas he pensado deziros, pero sabed que quiero saber antes que las oyas, que quiero entender de vos antes que las entendáys de mí, por quál destas tres desesperaciones ponéys vuestra esperança en la muerte, que turbado buscáys descontento de la enamorada vida que tenéys: o porque desesperáys de la amiga que amáys, o de la lastimosa Fortuna que os persigue, o de vos mismo, que viéndoos natural en la pena os conoscéys estrangero en la patria.

"Si desespera vuestro querer porque le privan de ser privado señales de desamor, y para esto confirmar alegan vuestras palabras lo que en la yglesia vieron mis ojos(382), a lo qual bien mirad quán de verdad respondo para que mejos conoscáys quán sin passión me de-/Fo. 64r/-termino. Que la miréys y que no os mire, algunos lo tienen en nada; que le habléys y que no os hable, muchos lo ternían en algo; que le escriváys y no os responda, que la vesitéys y no os admita, los más no creo que lo ternían en mucho; que vos lloréys y ella ría, que os tribuléys y ella descanse, que os penéys y ella se huelgue, que os entristescáys y ella se regozije, finalmente, que vos la améys de cierto y ella os aboresca sin duda, todos lo ternían por lo más; porque en lo primero le sobran las escusas que la defiendan, y en lo segundo le faltan razones que la escusen, como las mugeres naturalmente hayan de ser en el mirar vergonçosas, en las palabras templadas, en el seso cuerdas, en las promesas ciertas, en el amor secretas(383). Pues si con tales ojos la miráys y en tan alto precio la tenéys que, haunque naturaleza, de todos no adoptiva madre, de los tales bienes la huviesse desheredada, syendo su natural hija, de los mismos bienes, con justíssima querella(384), rompidas las iniquas tablas del inofficioso testamiento(385), sería legítima possehedera; la natural vergüença haze que no siempre os mire que la miráys, porque los que quando la miráys miran si os mira no vean que demasiado os mira, y viendo que demasiado os miran sus ojos en lo público no conjecturen que sobradamen-[/Fo. 64v/]-te os aman sus entrañas en lo secreto; quando le habláys no os habla, por ventura porque como vos, de turbado en su conspecto no sabéys qué deziros, assí ella, vergonçosa en vuestra presencia, no halla qué responderos; escriviste y no os responde no porque la mugeril piedad le falte, pero porque la varonil prudencia le sobra, ca teme que uffano quedando de su respuesta, si fuesse qual vos queríades, no la mostrásedes a los amigos, en lo que peligrasse su honra y temiesse anegarse su fama(386); y desmayado, si otra fuesse de la que desseáys, ni os desvelássedes más para más servirla, ni os esforçásedes más para más amarla, en lo que no estuviesse seguro su amor, ni sin peligro por ventura su desseo. Assí que della, por los señales que dezís, os desconsejo que desesperéys.

"De la qual, bien que desesperásedes, puesto que desesperar no devéys, es tan dichosa vuestra desdicha y vuestra dicha tan desdichada, que despedida la esperança de la señora que amáys no la podáys assentar con la Fortuna que seguís; la qual, haunque de pocos sea piadosa madre, no se mostrará contra vos tan cruda madastra(387) que, viendo que amando de veras y no penando de burlas os quexáys como enfermo, bozeáys como loco, lloráys como niño lágrimas de los ojos y sudáys como enamorado gotas de san-/Fo. 65r/-gre en las entrañas, sospirando como desesperado os queréys enterrar vivo, devaneando como enmodorrido sepultaros antes de ser muerto, harta de lo que os ha perseguido en lo passado, contenta de lo que os vee sentir al presente, no mude con algún favor su cara en lo venidero, mayormente como sea su costumbre abatir los soberbios, ensobervescer los abatidos, alçar los baxos, abaxar los altos, derribar los encumbrados y subir los más caídos, herir los más sanos y sanar los casi muertos, y finalmente desenforçar las esperanças de los que esperan y enflaquescer (z) las desesperanças de los que desesperan. Ya, pues ni de la dama, que como dios adoráys(388), ni de la Fortuna, en quien todos como oráculo crehemos, en casos de amor desesperar es locura, de sí mismo desconfiar no será sabiduría.

"Dezís que os daña no poco ser estrangero. Respondo que no os deve penar mucho no ser natural, porque el amor anaturaleza(389) los estraños como el odio estraña los naturales. De donde, bien que seáys estrangero en la natión, de esso no se sigue que no podáys ser natural en la voluntad. ¿Y vos no sabéys que Helena la greciana no desechó a Paris(390) por ser troyano, ni Eneas de essa misma Troya dexó de ser amado de la car-[/Fo. 65v/]-thaginense Dido(391)? ¿Y vos no sabéys que Etrasco, moço romano, no siendo de salón, enamoró Verona, linda dama latina, bien que no era de Roma? ¿Y vos no sabéys que Piro(392), magnánimo capitán de los tarentinos y justíssimo rey de los epirotas se huvo tan baronilmente en la batalla que dio a Gemilia, que no sólo le cativó las entrañas, pero haun fue causa que fuesse espelida del señorío de Partioples? ¿Y vos no sabéys que si Cleopatra fue aegipsiana, Marco Antonio fue romano? ¿Y vos no sabéys que si Sansón(393) fue ysraelita no por esso dexó de enamorarse de una philistea, y quel assirio Holofernes(394) no escapó de las redes de la hebrea Judith? Leandro fue de Bido y Aero de Sesto(395), ¿y vos no sabéys que tanto se amaron que siendo ahogado el uno por la fuerça de la corriente agua se desesperó el otro, de voluntad estimulada del sobreabundante fuego del natural amor? Héos dicho destos pocos, porque son pocos, por no deziros de muchos otros que son infinitos. Si queréys saber quién fue Olimpias, la de Philipo(396), quién fue Alexandre, el de Rosana(397), de dónde fue Anthea, la del robusto Hércules, de dónde Thamira, la del esforçado Aníbal(398), de dónde Agripina, la del despiadado Nerón, preguntáldo a los que lo han leýdo en los poetas(399), in-/Fo. 66r/-formáos con los libros que lo tienen escrito de los historiadores. Pues si para tener las entrañas en amor propinquas, los coraçones en un querer conglutinados, no impide ser las nationes de los que se aman remotas, ni destorva ser la patria del que sirve muy alexada. No te descuydes de ti mismo con tan grande olvido, no te olvides con tan gran descuydo, ni te desespere que lo que alcançes sea poco, ni te desmaye que lo que desseas te paresca mucho, porque no es assí poco lo poco que alcanças que no pueda ser señal y principio de alcançar lo mucho que desseas, ni es tan mucho esso mucho que desseas que no te lo pueda dar la Fortuna que maldizes.

"De donde me paresce a mí que no te devría no parescer a ti que, pues que no ay causa justa por la qual desesperes, que razón no se hallará, ni honesta ni haun colorada(400), que no te condemne si te matas, porque como en el principio dezía, y en la fin agora confirmo, con la muerte no se da remedio a la pena que aflige, pero se cumple de aflegir la persona que pena. Y no digo menos peor mal, pero muy mejor remedio sería suffrir las penas, puesto que sean muchas, pero no tantas que insoportables, que privarse de la vida, que es una sola yrecuperable; quánto más que un amoroso cosario tan mareado como vos(401), donde el pe-[/Fo. 66v/]-ligro no es muy cierto, ni la tormenta durable, por poca fortuna no deve el grande, el caro caudal de la vida, con el incomparable thesoro de la honrra, hechar en el ondoso mar de la infamia. Y, ¿cómo no puede ser que passado este Levante, que os persigue con celada secreta, traspunte un Poniente que os favoresca con bandera pública? ¿Y cómo no es possible que vos, que en la pequeña tormenta queríades de la peligrante navezilla del cuerpo cortar el corto árbol de la vida, desmanparado(402) el timón de la razón, en la gran bonança passeando de popa a proa sin recordaros del naufragio que temíades hazer en el golfo, que no conoscíades sin ver en la carta de marear la tierra firme, deshayslado de vuestras penas os veáys aportado en el puerto seguro que desseávades? Con el qual favorable viento(403), ventando las ligeras alas el muy diestro Cupido, amenazando, y haun sin amenazar se asieste, asestando y [a] ahun sin asestar fleche, flechando y haun sin flechar despare, desparando y haun sin desparar hiera, hiriendo y haun sin herir cativando mate a quien no os quiere dexar libremente vivir; contra el combate del qual, ni hallará fortaleza tan murada que la defienda, ni muros tan fuertes que la guarden, ni homenaje tan munido que se detenga. Esfuerçad, pues, vue-/Fo. 67r/-stro desmayo y hazed un coraçón nuevo de la flaqueza antigua, porque esforçándoos suffráys, suffriendo viváys, viviendo veáys de vuestra amiga lo que ella agora vee casi muerto de vos. No queráys, ya que ni lo meresce vuestro demérito ni lo demerita vuestro merescer, perder por vuestra muerte para lo que ganar todos dessean la vida. ¡Desaparesca, desaparesca el no forçoso desseo de privaros de la vida!, o a lo menos no paresca que tan voluntariamente os queréys dar a la muerte, porque cessando vos de morir por daros la muerte, cessará de vivir la pena que os quita la vida; dexando vos de querer de dexar la vida en que dezís que morís, no podrá no os dexar la muerte, que contra vuestro querer os tiene vivo. Y no queráys, por quitar una amorosa gotera del alma, que agora apassionada vive, hazer mil en la fama, que infamada jamás muere, cortando con salvaje crueldad la hafilada espada en un punto, en un momento, la tela que con tanto regalo, en muchos días, en muchos meses, urdieron las generosas entrañas, texeron las nobles tetas de la piadosa madre. Más largamente quiziera hablar en vuestro socorro si lo permitiera la breveloqüencia de mi ingenio, pero pues no puede él otro, como mío, contentaos con lo que quiere la voluntad como vuestra."

 

Finis