Cuento lxiij.

UNa moça aldeana llevava delante de sí una burra que, por yr a su mismo lugar, do tenía un pollino, caminava más que la moça. Encontrándose con un cortesano, díxole: "Hermana, ¿de dónde bueno soys?" Respondió ella: "Señor, de Xetafe." "Dezíme, ¿conoscéys en esse lugar la hija de Lope Hernández?" Dixo ella: "Muy bien la conozco." "Pues hazedme tan señalado plazer que de mi parte le llevéys un beso." Respondió ell aldeana: "Señor, délo a mi burra porque llegará antes que yo."

/c ij r/

Cuento lxiiij.

UN villano yva cavallero en un rocín muy largo y flaco. En el camino encontrándose con un cavallero, díxole, por burlarse con él: "Hermano, ¿a qué precio vendéys la vara de rocín?" Respondió de presto el villano, alçando la cola de su rocín: "Señor, entrad en la botica, y dezíroslo han."

Cuento lxv.

UN caminante entró en una viña por comer huvas. Estándolas comiendo, vino la guarda y pidióle prenda. Respondió el caminante: "Hermano, yo no soy entrado aquí para comer, sino para cagar." Dixo la guarda: "Pues mostrá dónde havéys cagado." Cansados de yr los dos por la viña, encontraron con un depósito de buey. Dixo el caminante: "¡Ha! ¿Veys aquí dónde cagué?" Respondió la guarda: "No es verdad, porque essa mierda es de buey." Dixo el caminante: "Fuerte cosa es la vuestra: si quiero cagar mierda de buey vedármelo eys vos."

Cuento lxvj.

UN collegiano del collegio del arçobispo de Sevilla, estando comiendo a la mesa y el repartidor repartiendo sus raciones a cada uno, descuydósse de dar carne al dicho collegiano. Él, no sabiendo de qué /[c ij v]/ modo pedilla, vido que un gato le estava mahullando delante. Él entonces dixo a bozes bien altas que el mismo repartidor lo oyesse: "¿Qué diablos me estás moliendo? Aún no me han dado la carne y ya me pides los huessos."

Cuento lxvij.

EN un banquete que tenía hecho un cavallero a ciertos gentiles hombres, servía un page a la mesa muy goloso. Y como trahían al principio de la comida unos pedaços de longaniza a la mesa del señor, de presto se puso un pedaço en el escarcella. Venido delante de su señor y visto cómo le assomava la longaniza por la bolsa, díxole al page: "Di, page, ¿qué moneda corre? Respondió, viendo que era descubierto: "Señor, longanizas."

Cuento lxviij.

UN texedor de terciopelo, presumiendo de ser muy hidalgo, dexó de seguir su officio, diziendo que havía hallado que era cavallero, y assí jamás se partía de entre cavalleros. Vino una vez a hallarse en casa de una señora que se hazía llamar doña Joana, la qual secretamente hazía plazer a sus amigos, y como éste le pidiesse celos de un gentilhombre, haziendo mil fieros que lo ha- /c iij r/ vía de matar, por tratalle de hombre de baxa mano, le dixo ella: "Señor, si le matáys no escaparéys de ahorcado." Respondió él: "Antes sí, con pedirme vuessa merced."

Cuento lxviiij.

TEnía un aldeano una muger hermosa, la qual se rebolvía con un criado de casa. Y como el marido lo sospechasse, ella, por deshazelle la sospecha, díxole un día: "Señor marido, havéys de saber que por haverme requerido de amores mi criado, y porque vos veáys si es assí, le he prometido esta noche de aguardarle junto de la puerta del corral; por tanto conviene que hos vistáys de mis vestidos para aguardalle en el mismo lugar." Dicho esto, fuese al criado y, contado su negocio, díxole: "Toma un palo, y en venir que le veas vestido de mis vestidos, dale con él, diziendo: "Tan ligeramente me havías de creer, perra traydora, que esto no lo hazía sino por provarte."" En fin venidos al puesto, haviendo rescebido los palos el cornudo dixo a su criado: "A no ser tú tan fiel como lo has mostrado, se pudiera dezir por mí cornudo y apaleado." "Mas no," dixo el criado, "sino sobre cuernos penitencia."

Cuento lxx.

PAsseándose por fuera de la ciudad una /[c iij v]/ tarde dos pacíficos, honrados y buenos hombres que yvan en busca de sus mugeres, oyeron cantar un cuquillo, y dixo el uno dellos: "Por vos ha cantado el cuquillo, compadre." "No, sino por vos," dixo el otro. Vinieron en tanta contienda sobre esto que fueron delante el juez para que lo averiguasse. Viendo el juez la locura dellos, díxoles formar processo, y al cabo de haver gastado algunas blanquillas, sentenció diziendo: "Havéys de saber, buenos hombres, que por mí ha cantado el cuquillo; andad con Dios."

Cuento lxxj.

EStando en Salamanca muchos estudiantes en chacota, el uno dellos tirósse un pedo callado, o de quistión, como suelen dezir. Escusándose todos de lo hecho, dixo el más ressabido: "Hulano lo hizo; yo lo sé cierto sin falta." Respondió el accusado: "Dize verdad, porque él ya tiene gustados mis pedos."

Cuento lxxij.

COmiendo en una aldea un capellán un palomino assado, rogávale un caminante que le dexasse comer con él y que pagaría su parte, y, no queriendo, el caminante comió su pan a secas, y después dixo: "Havéys de saber, reverendo, que vos al sabor /c iiij r/ y yo con el olor, entrambos havemos comido del palomino aunque no queráys." Respondió el capellán: "Si esso es, vuestra parte quiero que paguéys del palomino." El otro que no y él que sí, pusieron por juez al sacristán de la aldea, que estava presente, el qual dixo al capellán que quánto le havía costado el palomino. Dixo que medio real. Mandó que sacasse un quartillo el caminante, y el mismo sacristán lo tomó, y, sonándole encima de la mesa, dixo: "Reverendo, tenehos por pagado del sonido, assí como él del olor ha comido." Dixo entonces el huésped: "Al buen capellán mejor sacristán."

Cuento lxxiij.

UN ciego escondió cierta cantidad de dineros al pie de un árbol en un campo que era de un labrador riquíssimo. Un día, yendo a visitallos, hallólos menos. Ymaginando que el labrador los huviesse tomado, fuese a el mismo y díxole: "Señor, como me parescéys hombre de bien, querría que me diéssedes un consejo, y es que yo tengo cierta cantidad de dineros escondida en un lugar bien seguro; agora tengo otros tantos, y no sé si los esconda donde tengo los otros o en otra parte." Respondió el labrador: "En verdad que yo no mudaría lugar, si tan se- /[c iiij v]/ guro es esse como vos dezís." "Assí lo pienso hazer," dixo el ciego. Despedidos los dos, el labrador prestamente tornó la cantidad que le havía tomado en el mismo lugar por coger los otros. Buelto el ciego, cogió sus dineros, que ya perdidos tenía, muy alegre, diziendo: "Nunca más perro al molino; de aquesta quedo escarmentado."

Cuento lxxiiij.

CIerto mercader púsose en la faltriquera cincuenta reales para darlos a uno que los devía. Acaso estando arrodillado oyendo missa, sintió cómo un ladrón le hurgava la faltriquera, por do le dixo: "Cate, hermano, no de aquessos, que están contados."

Cuento lxxv.

COm naturalment és de pràctica, que quant porten a soterrar algú, demanar als capellans qui és lo que porten, per saber si és home o dona, o persona coneguda, demaní un dia a un capellà, portant una dona a soterrar: "Diga, reverent, qui és lo cos." Respongué: "No és cos, sinó faldetes."

Cuento lxxvj.

ARrodillándose un aguazil real llamado Valdovinos delante un presidente de Granada, para que le firmasse cierta pro- /c v [j] r/ visión, no pensándolo hazer, tirósse un pedo a medio tono, de lo qual huvo sentimiento un cavallero que estava en el mesmo aposento, apassionado del mesmo mal, y dixo: "Sospirastes, Valdovinos, las cosas que yo más quería." Oyendo la gracia, dixo el presidente: "Yo nunca he visto hasta agora que ningún aguazil tenga poder de soltar, sino de prender." Respondió el aguazil: "Pues sepa Vuessa Señoría que necessidad no tiene ley."

Cuento lxxvij.

PEdía un labrador a otro amigo suyo, dentro en su misma casa, que le prestasse un asno que tenía para ir con él a la ciudad. El otro, escusándose que no lo tenía, que ya lo havía prestado a otro, sucedió que en este medio començó de roznar el asno en el establo. Entonces dixo el que se lo demandava: "Dezí, compadre, ¿no es aquel que rozna vuestro asno?" Respondió el dueño: "Rezia cosa es la vuestra, compadre, que más crédito tiene el asno que yo." "Assí me paresce." "Pues entrad por él."

Cuento lxxviij.

EStando en conversación un rey de Aragón una noche con muchos grandes señores, y tratando de sueños, dixo un gentil hombre de su casa: "Pues sepa Vuessa Al- /[c vj v]/ teza que esta noche passada soñé que de su mano era armado cavallero, y me proveyó de muy buenas armas y cavallo." A esto le respondió el rey: "Pues assí es, razón será que se cumpla tu sueño." Y allí le armó cavallero y le dio largamente de comer. Oyendo esta grandeza otro criado, hijo de un cavallero muy rico, desseoso de cierta villa, aguardó que el rey estuviesse en semejante conversación que la passada, y viendo su lance le dixo: "Sepa Vuessa Alteza que soñé la otra noche que me hazía merced de tal villa." Conociendo el rey la trampa y cobdicia de este su criado, respondió: "Andá de ahí, no creáys en sueños."

Cuento lxxviiij.

UNa cortesana, siendo poco su caudal y haviendo empleado todo su axuar en guadameciles para un pequeño aposento que tenía, vino un galán a visitalla, y ella le dixo: "¿Qué le paresce, señor, de mi pobre posada?" Respondió: "Parésceme que es como el lechón, que lo mejor que tiene son los cueros."

Cuento lxxx.

BIviendo con un gran señor muchos criados, dávales tan poco salario, y tan mal pagado, que passavan con harto trabajo. Dexado esto aparte, tenía otro que, si a- /[c vij r]/ caso en su casa se le moría alguno de sus criados, gastava tan largo en su enterramiento, que era cosa de estremo. Visto esto por un truhán suyo, dixo: "Con este señor, mejor partido es morir que bivir."

Cuento lxxxj.

EStavan en corte juntos en una posada por ciertos negocios un poeta y un músico, a los cuales servía un solo criado. Y estando los dos una noche platicando, dixo el uno al otro: "¿Qué hos paresce, señor, en qué reputación tienen estos cortesanos a los poetas y músicos, que nos llaman hombres sin seso?" "Para esso buen remedio," dixo el otro. "Ven acá, moço. Mañana trayrás un par de cabeçuelas de cabrito. Toma, ves ahí los dineros." El moço, comprado que huvo por la mañana las cabeçuelas, y puestas en el punto para comer, viendo que sus amos se tardavan de venir, aquexado de la hambre sacó los sesos, y, comidos, atólas como se estavan. Puestos sus amos a la mesa, y ellas delante vazías, dixéronle assí: "Ven acá, moço. ¿Qué es esto?" "Señores músico y poeta, que carescen de sesos."

Cuento lxxxij.

UN cavallero en Sevilla tenía amores y acostamiento de una cortesana, /[c vij v]/ la qual se rebolvía con un mercader indiano muy mulato. Estando un día en conversación entre muchos cavalleros, dixo éste hablando de las cortesanas de Sevilla: "Hulana es harto hermosa, si no fuesse un poco suzia. Y Hulana desgraciada, y Hulana sobervia, y Hulana interessada." Huvo uno dellos que le dixo: "La vuestra, señor, me paresce que por ser honesta se viste de negro."

Cuento lxxxiij.

ALlegando dos vizcaynos que venían de camino a una venta, preguntaron si havía algo que cenar. Dixo la huéspeda que no tenía sino un panal de miel. Respondió el uno dellos: "No entiendes, señora, qué cosa es panal de miel." Dixo el otro su compañero, presumiendo de muy agudo: "Dexa estar, señora, este mi compañero, que es asno; pon una tajada a assar."

Cuento lxxxiiij.

UN cavallero dio a un criado suyo vizcayno unas turmas de carnero para que se las guisasse, y a causa de ser muy ignorante diole en un papel por escripto cómo las havía de guisar. El vizcayno púsolas sobre un poyo. Vino un gato; llevósse las turmas. A la fin no pudiendo havellas, teniendo el papel en las manos, dixo: "¡A, gato, ga- /[c viij r]/ to! Poco te aprovechas llevallas, que sin éste no sabrás guisallas."

Cuento lxxxv.

ENtró en los estrados con su espada un cavallero en la Chancillería de Granada, por solicitar cierto pleyto que tenía, y como en semajante(5) lugar no se puede entrar con espada, llegósse a él un portero que tenía un Dios hos salve por la cara a tomársela, el qual le rogó que se la dexasse. No aprovechando nada, quitósela él mismo de la cinta, y dándosela, dixo: "Tomad, hermano, pero yo hos prometo a fe de quien soy que no tiene ella la culpa."

Cuento lxxxvj.

PAsseávase un galán delante unas damas que todas eran morenas, a las quales llegó un pobre a pedir limosna, y ellas embiáronle al galán, el qual le dio medio quarto. Llamándole ellas al pobre, y sabiendo la dádiva que le havía dado, corríanle, diziendo: "¿Pues cómo, señor, no havía un quarto en poder de vuessa merced?" Respondióles él: "No se maravillen vuessas mercedes que en mí no aya un quarto, pues en vosotras no ay una blanca."

Cuento lxxxvij.

PAsseávase un músico tiple y capado /[c viij v]/ por delante de un ropavegero, famosíssimo judío, viejo y retajado, el qual, por burlarse del músico, le dixo: "Señor, ¿cómo le va a su gavilán sin cascaveles?" Respondió el capado: "Assí como al de vuessa merced sin capirote."

Cuento lxxxviij.

PReguntó un trapacero al auctor un día: "Dezid, Hulano: ¿ay algunas coplas nuevas para vender?" Diziéndole que no, tornó a replicar: "Pues ¿que no ay alguna mentira que podamos dezir por Valencia?" Respondió: "Sí, señor: Dezid que soys hombre de bien."

Cuento lxxxviiij.

TEnía un mercader un hijo muy pródigo que robava la casa de su padre quanto podía. Dándole un día reprehensión sobre ello, le dixo: "Hijo, assí como vendes mal vendido a otros lo que me quitas de casa, véndemelo a mí." Respondió el hijo: "Pues, sus, padre, hazed cuenta que hos he hurtado ya aquellos cántaros de cobre; ¿qué me daréys por ellos?" El padre dixo: "Ves aquí cinco reales por ellos." Respondió el hijo: "Dádmelos acá; pero yo hos prometo que de aquí adelante no hos venderé cosa, porque compráys muy barato." /[c viiij r]/

Cuento xc.

EStándose vistiendo un mancebo ladrón que acabavan de açotar, y dán[do]se(6) priessa por ahorrar la grita de los mochachos, dixo uno de dos hombres que lo estavan mirando al otro: "¿Havéys visto y qué priessa se da en vestirse?" Respondió el otro: "Mirad que tanta, que se ha vestido primero el jubón que la camisa."

Cuento xcj.

CAminando un caminante por su camino, encontró con dos hidalgos que llevavan dos perdizes; hízose con ellos y, en llegando a la posada, mucho como servicial adereçó las perdizes, y, cortadas por sus manos, las puso en la mesa. Viendo su poquedad dellos en que no havían hecho proveher de otra cosa más que las perdizes, usó de esta maña con ellos: y fue que, haziéndole assentar para que comiesse con ellos, sacósse un cuchillo, y con la punta dél tomava el pedaço de la perdiz. Dixéronle: "Comed con la mano, y dexahos de cerimonias." Respondió el caminante: "Haríalo yo, señores, si lo suffriesse mi officio." Dixéronle: "¿Cómo, qué officio tenéys?" Respondió: "Verdugo, señores." "¡O, pese a tal!," dixeron ellos. "Cómete tú solo las perdizes."

/[c viiij v]/

Cuento xcij.

UN gentilhombre, harto rico, yendo perdido por los amores de una cortesana, y haviéndole escripto infinitas cartas y a ninguna le hubiesse respondido, supplicóle que por uso de buena criança le respondiesse alguna cosa. La qual le escrivió desta manera: "Señor, si tanto me queréys como dezís, supplícohos que al presente me prestéys cincuenta ducados, que tengo mucha necessidad dellos." Diole por respuesta: "Señora, a esso que dezís de dar, dardada, que amor con amor se paga."

Cuento xciij.

HAvía prometido un señor de salva una capa riquíssima a un truhán, la qual havía sacado en un rescebimiento del rey. Ya que huvieron dexado el rey en su posada, parándose el dicho señor a tener palacio con unas damas que estavan en una ventana, començó de lloviznar. El truhán, congoxado, dixo: "Aguige, señor, que llueve, y se moja." Respondióle el señor: "¿Y qué se te da a ti que me moge?" "Dáseme, porque se moja y gasta mi ropa."

 

Fin de la primera parte del Sobremesa

y Alivio de caminantes.