/[Aj r]/

Farsa de Lucrecia

Tragedia de la castidad
de Lucrecia. Agora nuevamente com
puesta en metro por Juan Pastor, natu
ral de la villa de Morata, en la qual se in
troduzen las personas siguientes: el
Rey Tarq[ui]no; su hijo, Sexto Tarqui
no; un negro suyo; Collatino, du
que de Collacia; Lucrecia, su
muger; un bovo criado su
yo; Espurio Lucrecio, pa
dre de Lucrecia; Junio
Bruto, Publio Va
lerio, parientes de
Collatino.




/[Aj v]/

Siguele el argumento en el qual se
declara la hystoria, i ponese aquí para los lectores, mayor
mente para los que la presente hystoria no han leydo por
que entiendan mejor el discurso de la presente obra.



scrive Dionisio Alicanasio en el quarto libro de las Antigüedades Romanas, que Lucrecia fue hija de Espurio Lucrecio Romano, excelente hombre, y fue casada con Collatino, duque de Collacia, ciudad junto a Roma. La cual, siendo muger de muy gran hermosura, Sexto Tarquino, superbo, se enamoró d'ella, y como por vezes repetidas la huviesse requerido de amores, nunca con ella pudo acabar nada. I vino a ser que, estando el Rey Tarquino, padre del dicho Sexto Tarquino, sobre una ciudad de los enemigos cerca de Roma, llamada Ardea que la tenía cercada, embió a Sexto Tarquino a proveer provisión pa[ra] el real a Collacia, donde estava Lucrecia, que no estava aý su marido Colatino, el qual quedava en el real sobre Ardea. Sexto Tarquino, como pariente de Colatino, marido de Lucrecia, fuesse aposentar a casa de Lucrecia como a casa de su pariente. Fue d'ella muy honorificamente hospedado i recibió muchas honrras. Pero como las llamas del amor que tenía a la dicha Lucrecia de contino viniessen en mayor aumento, considerando que entonces tenía aparejado tiempo para gozar d'ella, pensó la manera que para ésto ternía, i venida la noche, después que huvo cenado, fuesse a dormir. Y siendo passada gran parte de la noche, quando sintió que todos dormían, levantóse y fuesse a la cámara de Lucrecia, i díxole quién era, y amenazola que si diesse bozes que la mataría, y díole a escojer la una de dos cosas: o morir deshonrrada, o bivir reyna bien aventurada; porque si no consentía en su voluntad, que él la mataría y juntamente a un negro suyo, y que diría que los havía hallado en adulterio, y como /Aij r/ vengador de la injuria de su pariente que los havía muerto. Y que si consentía en lo que él quería, le dava palabra que la tomaría por muger y sería reyna con él, porque como hijo mayor havía de heredar el reyno de su padre. Oyendo ésto, Lucrecia con temor de la innominiosa muerte que Tarquino la amenazava, eligió por mejor suffrir por entonces qualquiera deshonrra en su persona. Ansí que Tarquino la forçó y durmió con ella. Otro día siguiente, Lucrecia se vistió de luto negro y embió a Roma por su padre Espurio Lucrecio i por Junio Bruto, i por Publio Valerio, parientes de su marido Colatino. Los quales, venidos de Roma en Collacia, a la sazón que llegaron llegó Colatino de la guerra de Ardea, y luego, Lucrecia, en presencia de los quatro ya dichos, contó la trayción i fuerça que le havía hecho Sexto Tarquino, i rogándoles que la quisiessen vengar, sacó un cuchillo que secreto traýa i matose. El cuerpo le fue puesto en unas andas y llevado a la plaça mayor de Collacia, donde toda la gente ansí de Collacia como de Roma, supiendo la trayción que Sexto Tarquino havía hecho a Lucrecia, por cuya causa havía sido su muerte, todos se aprejavan para destruyr a los Tarquinos. La vengança d'esta señora fue tal que en pocos días fueron los Tarquinos destruydos del Imperio Romano, y hechados en tierras estrañas; y no consintieron los ramanos que otro rey ninguno reynasse. Antes, de allí adelante, la ciudad se governó por consulados. Los primeros consules que fueron constituydos en Roma fueron, Junio Bruto, i Colatino, marido de Lucrecia.

Fin del Argumento




/[Aij r]/

Comiença la obra. Entra el Rey
Tarquino y su hijo Sexto Tarquino, i dize el rey:



	REY:		¿Hijo, quánto puede haver
			que esta ciudad tenemos
			cercada y nunca podemos
			en tantos días vencer?
			Ella es, cierto a mi ver,		5
			rica prea,
			porque esta ciudad de Ardea
			es más fuerte que pensamos,
			pues quanto más trabajamos
			ella más fuerte se arrea.		10

	TARQUINO:	Señor padre, es gran pelea
			a mi pensar,
			en venir ansí a sacar
			a ninguno de su casa,
			porq[ue] señor más se tassa:		15
			uno a diez puede bastar.

	REY:		Esse cierto es hablar
			a mi ver,
			porque ellos pueden valer
			uno por diez, muy de cierto,		20
			porque se están con concierto
			en sus casas a plazer;
			ellos comer y bever
			sossegados,
			como reyes muy delicados		25
			sin jamás les fallescer;
			no sé cómo puede ser
			de dó son tan abastados.
			Creo que nuestros pecados,
			bien mirado,				30
			que a nosotros ha faltado
			mill vezes la provisión
			y a ellos, en conclusión,
			contino les ha sobrado.

	TARQUINO:	Los dioses lo han ordenado		35
			según siento,
			que mirando nuestro intento
			de su vando se han metido,
			porque ansí havemos venido
			a sacallos de su assiento.		40

	REY:		Pues agora con buen tiento
			tú, Tarquino,
			quieras tomar el camino
			de Collacio, essa ciudad,
			y luego con brevedad			45
			nos proveas pan y vino;
			porque aquesto de contino
			va colando.
			Y pues hijo, a ti embiando
			haze cuenta mi cor[o]na			50
			que va mi mesma persona
			y por esso te lo mando.

	TARQUINO:	Señor, siempre de tu vando
			he seydo
			y como a padre querido;			55
			siempre te he reverenciado;
			yo cumpliré tu mandado
/Aiij r/		  sin punto ser detenido.

	REY:		Pues hijo, esso te pido,
			que me voy 				60
			porque no he dado oy
			buelta por nuestro real,
			a ver si se haze mal,
			y a dar quenta de quién soy.

	TARQUINO:	En un gran plazer estoy			65
			encumbrado,
			porque agora soy llegado
			al fin de mi gran porfía
			si yo me rijo este día
			con caso muy concertado;		70
			yo a Lucrecia he amado
			muy de vero,
			y amo muy por entero
			y amaré mientras yo biva,
			pues mi vida está captiva		75
			de su amor muy verdadero.
			Mas ella, según refiero,
			no ama a mí,
			porque siempre conoscí
			en ella gran desamor,			80
			mostrándome disfavor
			quanto yo más le serví.			
			Pues quiero ya desde aquí
			acabar
			este mi triste penar,			85
			pues mis venturas se rapinan
			i los dioses me encaminan;
			esto ansí se ha de tractar
			que yo he d'ir a posar
			a su casa				90
			y hablarla he muy a la rasa
			porque pueda conoscer;
			i sino es menester
			ponerle fuerça por tasa
			porque mi vida está lasa		95
			de sufrir
			un tan penado bivir
			y un tormento tan estraño
			y un descontento tamaño
			y un tan contino plañir;		100
			pues para esto difinir
			es menester
			muy gran esfuerço y saber
			y en todo bien mirar
			y también dessimular,			105
			porque todo ha de valer.
			Quiero sin más entender
			yrme ya,
			pues veo que por acá
			reposo ninguno he.			110
			¡Plega a los dioses que dé
			fin a mis males!

 Entra Colatino y dize:	
			 
/[Aiij v]/
	COLATINO:	¿Qué se haze? ¿Cómo va,
			señor Tarquino?

	TARQUINO:	¡O mi señor Colatino!			115
			De verle tengo plazer
			porque le hago saber
			que me quiero yr camino
			a proveer pan y vino
			con brevedad,				120
			a Collacia, su ciudad,
			o a donde se pueda haver.

	COLATINO:	Pues, si véy a mi muger
			salúdela de verdad,
			dígale que en su bondad			125
			he fiado,
			y que me estoy sin cuydado.
			Mas con todo escrevir quiero,
			que no puede por entero
			yr asina relatado.			130

	TARQUINO:	Pues, no esté más dilatado
			si ha de yr;
			váyase luego a escrevir
			que yo voyme aparejar
			y luego, sin más tardar,		135
			porque me quiero partir.

	COLATINO:	Yo me voy sin más dezir
			ni detener.

 Entra Lucrecia y dize:
			 
	LUCRECIA:	¡O, quién pudiesse saber
			nuevas de mi buen marido!		140
			Mi Colatino querido,
			mi descanso y mi plazer,
			en él puse mi querer
			y affición,
			él es mi cons[ol]ación,			145
			en él mis cuydados fundo,
			y él es sólo en este mundo
			a quien dí mi coraçón.
			La muger que ha varón,
			si es virtuosa,				150
			no deve amar a otra cosa
			sino a él en esta vida,
			porque al fin sea tenida
			por honesta y generosa.

 Entra el Bovo y dize:
/Aiiij r/
			 
	BOVO:		Digo ¡bau!, mira hermosa		155
			acá apartada.

	LUCRECIA:	¿Qué quieres?

	BOVO:		La borrica manchada
			s'a desposado comigo,
			i mira que soy testigo			160
			qu'ella es mi desposada.

	LUCRECIA:	¡Calla, bestia en albardada!

	BOVO:		¿Qué callar?
			¡Pardiez! Allá en el pajar
			nos havemos concertado,			165
			y pues ya soy desposado
			yo me quiero passear.

	LUCRECIA:	¡Anda, vete al muladar,
			asnejón!

	BOVO:		Pues yo me voy de rondón.		170

	LUCRECIA:	¡Tira, vete ya en malhora!

	BOVO:		Y pues vos quedéys, señora,
			con toda la maldición,
			no miráys que presunción
			y qual se arrea.			175

	LUCRECIA:	¡O fuerte ciudad de Ardea
			maldita seas contino,
			pues mi señor Colatino
			me tienes en tu pelea!
			Por ti gran mal se acarrea		180
			a esta triste
			por ti soledad me viste,
			por ti bivo yo afligida
			de mis males combatida,
			ningún bien en mi consiste.		185

	BOVO:		¿Señora, nunca me oyste?

	LUCRECIA:	¿Qué, has hablado?

	BOVO:		Dos horas os he gritado
			y vos siempre passear;
			más valdría a se pensar			190
			que está el burro desherrado.

	LUCRECIA:	¡Ay, mal dolor de costado
			que te dé!

	BOVO:		¿Pues, qué quiere su mercé?
			¿Ha se de quedar a scuras?		195
			¿Morir ha sin herraduras?
			Después busque dónde fue.

	LUCRECIA:	¡Anda, vete!

	BOVO:		Sí, haré.

	LUCRECIA:	¡Qué favor,				200
			que tiene mi gran dolor
			con simple tan porfioso!

	BOVO:		¡Ay, que m'a dicho mocoso
			el cozinero mayor!
			¿No so lindo como flor?			205

	LUCRECIA:	De preciar
/[Aiiij v]/		   eres para un muladar.

	BOVO:		¡Pues por vida de mi madre,
			que si lo sabe mi padre,
			que l'a de descomulgar			210
			al vellaco regolar
			mal matiego!

	LUCRECIA:	No miras que hablas ciego.
			¿Cómo, abad era tu padre?

	BOVO:		No, pesar de mi compadre,		215
			que no era sino crego,
			y de allá detrás te riego
			bue[n] señor
			y también bue[n] regidor
			una vez, y dos con ésta,		220
			y después bue[n] de la mesta,
			según dizen, el mayor.

	LUCRECIA:	¡Calla, villano traydor!
			¡Azemilar!
			Corre, ves, que fue a llamar		225
			no sé quién a nuestra puerta.

	BOVO:		Verdad dezis sin reyerta
			que yo siento el bozear.

	LUCRECIA:	¿Ora quíen podría estar
			él que ha llamado?			230
			Si fuesse algún embiado
			de mi querido marido,
			él sería el bienvenido
			y aún de mí bien hospedado.

	BOVO:		¡Albaricias!				235

	LUCRECIA:	¿De qué?

	BOVO:		Ya se me ha olvidado.
			¡O mezquino!
			¡Ha! Señora, de camino
			ha venido.				240

	LUCRECIA:	¿Quíen traydor?

	BOVO:		Un quillotro del señor
			qu'es hijo del Rey Tarquino,
			y también es gran cosino
			de mi señor.				245

	LUCRECIA:	¡O, con el perro traydor
			no hablas más a la rasa!
			¿Qué Tarquino está en mi casa
			y no le hago más honor?
			Tira y corre, por mi amor,		250
			di al cozinero
			que luego muy por entero
			nos apareje la cena,
			que sea cumplida y buena
			como dizen: tal la quiero.		255

	BOVO:		Pues yo voy de correndero.

 Llega Tarquino, i dize Lucrecia:
			 	
/Av r/

	LUCRECIA:	Bien llegado
			sea mi buen hospedado.
			Mi casa está en gran contento
			por verse hecha aposento		260
			de varón tan sublimado.

	TARQUINO:	Havéysme tanto loado
			con proceder,
			que no sabré responder
			a prática tan altiva.			265
			¡Plegue a los dioses que biva
			dos mill años tal muger!

	LUCRECIA:	Agora sin detener,
			señor Tarquino,
			dígame de Colatino			270
			de qué arte me lo dexa.

	TARQUINO:	Señora, no tiene quexa
			sino no veros contino.
	
	LUCRECIA:	Esso me lo [i]magino
			todavía.				275

	TARQUINO:	Pues señora, aquel le embía
			una carta de su mano.

	LUCRECIA:	Con ésta, en fin será sano
			el dolor de mi agonía.


			CARTA:

			Salud, paz, i alegría,			280
			mi señora,
			tengáys mucha y en buenhora
			sin jamás os fallescer;
			los dioses con su poder
			os visiten cada hora.			285
			El mal que comigo mora
			es passión
			que tengo en el coraçón
			por no veros y serviros,
			de do me nascen sospiros		290
			inflamados de affición.
			Y con ésto, en conclusión,
			quiero acabar
			y no cesso de rogar
			por vuestra salud y vida.		295
			Yo pienso que mi partida
			será sin mucho tardar.
			Siempre os devéys esforçar
			como es razón,
			y pues que mi coraçón			300
			siempre con vos lo tenéys
			y os ruego que lo tratéys
			como si'a mi affición.
					FIN

	LUCRECIA:	Pues agora buen varón
			esforçado,				305
			el real; ¿quedó assentado
			sobre la ciudad de Ardea?

	TARQUINO:	Sí señora, es gran pelea
			más nada no a ap[ro]vechado
			yo vengo a buscar recado		310
			de comer,
			más según al parescer
			muy presto nos bolveremos.

	LUCRECIA:	Ya viesse aquessos estremos
			sin un punto detener,			315
			porque me sería plazer
			y gran favor.

/[Av v]/
	BOVO:		¡Çape,çape, don traydor!
			¡Ho con el gato maligno
			que me lleva el palomino		320
			d'en medio del assador!
			¡Aún le dé mal dolor
			del costado!

	LUCRECIA:	¿Cómo es esto? ¿Qué ha estado?

	BOVO:		Que el gato del vezino			325
			m'a tomado el palomino
			del assador medio assado.

	LUCRECIA:	¡Ven acá!

	BOVO:			Dexa, mal grado
			sea con mí.

	LUCRECIA:	¿Qué's lo que llevas aý?		330

	BOVO:		¿En dó?

	LUCRECIA:		Aý, en el seno.

	BOVO:		Un poco pan de centeno
			qu'esta mañana metí.

	LUCRECIA:	Lo que tú traes aquí
			no es pan.				335

	BOVO:		¡Dexame ya! ¡O, que afán!
			¡Ay, ay, madre que me fino!

	LUCRECIA:	¿Este no es el palomino?
			¡Ha don villano patán!

	TARQUINO:	No l'a valido al gañán			340
			su necedad.

	BOVO:		Hora, en fin sin la verdad
			continuamente parece
			y aunque avezes se escurece
			al fin trae claridad.			345

	TARQUINO:	Agora con brevedad
			el caso di.

	BOVO:		Vos sabréys qu'estando ansí,
			los palominos assando,
			éste d'entre ellos bolando		350
			se salió y se metió aquí.
			I yo por salvar a mí
			no he hallado
			reparo más acertado
			que dezir que lo llevo el

	TARQUINO:			El gato.		355

	BOVO:		Sí, befaldo en el forato.

	TARQUINO:	¡O don villano traydor!

	LUCRECIA:	Animal tan mal criado
			no ha nascido
			como aqueste pan perdido.		360

	BOVO:		No so sino pan ganado,
			porque me havéys levantado
			lo que nunca yo he sido.

	LUCRECIA:	¡Tira, bestial sin sentido!

	BOVO:		Soy contento.				365

	LUCRECIA:	Agora mi pensamiento
			no es otro señor Tarquino,
			sino que no es qual convino
			para el mí aposento.

	TARQUINO:	En verdad, mi pensamiento,		370
			señora mía,
			no tuvo más alegría
			que possee en esta hora,
			porque ya sabéys señora
			la voluntad que os tenía.		375

	LUCRECIA:	Esso ya passó, folía,
			señor Tarquino,
			no hable de tal camino
			pues sabe mi voluntad.

	TARQUINO:	Y aún por esso en la verdad		380
/Avj r/			  passo penas de contino
			que mi señor Colatino
			es pariente,
			por donde razón consiente
			de aquesta mi triste vida		385
			sea siempre derretida
			en un fuego muy ardiente.

	BOVO:		¡Hea, veni buena gente
			a cenar!

	LUCRECIA:	¡Vamos, señor sin tardar!		390

	TARQUINO:	¡Pues vamos mucho enbuenhora!

	BOVO:		Ase que tengo agora
			el palomino en el quajar.
			¡Cómo los hize picar
			a los señores!				395
			Bien se piensan los traydores
			que saben más qu'el diablo
			pues pardiego en el establo.
			¡Ay! ¿Quién sabe más primores?
			Quiero m'ir sin más rencores		400
			a cenar,
			porque no podría estar
			con tan poquita comida,
			pues no ay cosa en esta vida
			más honrrada qu'el tragar.		405
			Sus yo quiero caminar
			muy deligente.

 Entra el Rey y Colatino, y dize el Rey:
			 
	REY:		Colatino, buen pariente,
			yo veo que nos atierra
			a todos aquesta guerra			410
			sin valernos solamente.
			Mucho ha que estás ausente
			de tu muger,
			y de tu casa y plazer
			muy gran cuydado tendrás		415
			por lo qual quando querrás
			puedes a tu casa bolver.

	COLATINO:	Ya tu alteza puede ver
			el cuydado
			qu'en mí estará arraygado		420
			según razón natural.

	REY:		Ya yo sé que passas mal
			porque todo lo he notado
			que también yo estoy tocad[o]
			del afrenta				425
			que viene por essa cuenta,
/[Avj v]/		   más el real mandamiento
			me haze ponga en assiento
			el dolor que me atormenta.

	COLATINO:	También hago no se sienta		430
			la passión
			que traygo en el coraçón
			metida con tal tristeza,
			la qual, sirviendo a tu alteza,
			se buelve en consolación.		435

	REY:		Ya sé que eres varón
			preeminente,
			que de más de ser pariente
			siempre has hecho lo devido
			como aquel que eres nascido		440
			de tan preciosa simente.

	COLATINO:	El hombre que algo siente
			señor mío,
			no se deve mostrar frío
			en servir a su señor			445
			porque d'él saca favor
			y honrra con poderío.

	REY:		Bien veo no estarás vazio
			de buen sentir
			porque siempre oý dezir			450
			un dicho de buena ley:
			por su ley i por su rey
			deven los hombres morir.

	COLATINO:	Mill años devría bivir
			él que formó				455
			esso que agora habló
			porque es dicho muy preciado
			por lo qual siempre a mi lado
			me lo he hallado yo.
			Jamás le diré de no			460
			ni en razón,
			sino con buen coraçón
			lo tuve por apellido,
			y con tal boz he seguido
			a mi rey i a su pendón.			465

	REY:		No se estienda este sermón
			en más nada,
			porque ya tengo provada
			tu lealtad quanta ha sido
			y pues esto es diffinido		470
			no se hable en tal jornada
			licencia te tengo dada,
			Colatino,
			quando quieras yr camino
			a visitar tu muger			475
			tú lo deves bien hazer
			con muy concertado tino.

	COLATINO:	Los dioses sean contino
			mi señor,
			en tu ayuda y favor			480
			y te tengan de tus manos
			pues eres de los romanos
			un muy fuerte defensor.

	REY:		Déxate d'esse loor
			si te agrada				485
			y vamos a la posada,
			dexemos esta porfía.

	COLATINO:	¡Vamos, señor! Que otro día
			ordenaré mi jornada.

	REY:		D'esso no me digas nada.		490
			¡Vamos agora!

/[Avij r]/

 Aquí entra Tarquino y un negro suyo, i dize Tarquino:
			 
	TARQUINO:	Bien creo qu'es buena hora
			para hazer esta cosa
			porque ya duerme y reposa
			la gente d'esta señora.			495
			La cámara en que ella mora
			ésta es,
			bien sería llamar, pues
			todo me viene nascido.
			¿Vienes negro?

	NEGRO:				Ya ser venido.		500

	TARQUINO:	¡Calla, no mueves los pies!
			¡Ha Lucrecia mal te ves!
			Y que asida
			está en el sueño y metida.
			¡Ha señora!

	LUCRECIA:		¿Quién fue a llamar?		505

	TARQUINO:	Tarquino, que os quiere hablar
			porque está ya de partida.

	LUCRECIA:	Ay, cuytada de mi vida
			y a tal hora.

	TARQUINO:	La necesidad, señora,			510
			me haze no reposar.
			Si algo queréys mandar
			abrí la puerta en buen hora.

	LUCRECIA:	¡Triste de mi peccadora!
			¡Entra, señor!				515

	TARQUINO:	Lucrecia, no hagays remor,
			ni gritéys, ni digays nada.
			Si no ase con esta espada
			os mataré sin temor.
			Ya véys que por vuestro amor		520
			estoy perdido
			y d'él todo derretido
			en un fuego muy ardiente,
			por do luego en continente
			tengo de ser favorido.			525

	LUCRECIA:	Buen señor, esso no ha sido
			de honrrado,
			ni ningún bueno ha usado
			hazer fuerças a muger.

	TARQUINO:	No se puede más hazer			530
			porque el amor m'a forçado.
			No se hable en lo escusado,
			por agora,
			mira, si queréys señora,
			hazerle de vuestro grado		535
			sino hazerle ha forçado
			sin tardar punto ni hora.

/[Avij v]/

	LUCRECIA:	No sería tan traydora
			a mi marido.
			Antes yo la muerte pido			540
			que luego me déys aquí.

	TARQUINO:	Essa vos avréys de mí,
			la más villana que ha sido,
			que seays tan sin sentido.
			Que no queréys				545
			mirar en cómo sereys
			reyna bienaventurada
			y con mí sereys casada
			si vos aquesto hazéys.
			Pues ya señora sabéys,			550
			que de fuero 
			me toca ser heredero
			de aqueste imperio romano.
			Yo lo pongo en vuestra mano
			desde aquí muy por entero.		555
			I si no, sabed que os quiero
			aquí matar
			i a este negro a la par;
			y echaros en essa cama
			y después echaré fama,			560
			que a los dos fuy a hallar
			y que por querrer vengar,
			en continente,
			la injuria de mi pariente,
			que os he matado a los dos.		565

	NEGRO:		¿Qué, xeñor, me mata vos?
			¡Oxa que no tene dente!

	TARQUINO:	¡Calla, qu'eres innocente
			azemilón!
			Ved señora, en conclusión,		570
			si soys en ésto comigo,
			si no haré lo que digo
			sin poner más dilación.

	LUCRECIA:	¡O dioses, qué confusión
			es aquesta!				575
			Que por querer ser honesta
			me quieren quitar la vida.
			Por do, triste, soy metida
			do ninguna virtud presta.
			¡Venid, hazed lo que os resta,		580
			no tardéys!
			I pues que haveros queréys
			tan cruelmente comigo
			los dioses sean testigo
			de la fuerça que me hazéys.		585
			Porque a ellos, como véys,
			me quexaré
			y a ellos demandaré
			justicia d'esta maldad,
			pues que tamaña ruyndad			590
			en el mundo nunca fue.

	TARQUINO:	¡Hola, negro, quédate!

	NEGRO:		Xiñor
			yo quedar, guardar qui
			hasta que xiñor salir,			595
			y negro nunca fogir,
			aunque más salir a mi
			ca ya boz yo la sentí.
			Bovo va,
			ya querendo sapata			600
			a diablo que la toque
			quere con mi xoque xoque
/[Aviij r]/		   si querendo yo yeva,
			por aquí, o por ayá,
			sa mexior.				605
			¡O, que vene mi xiñor!
			Bona se bona salida
			a xiñor sa he venida
			aquí ser tu servidor.

	TARQUINO:	Los que tienen mi fortuna		610
			bien dirán
			que soy ya libre de affán.
			Y cierto tendrán razón
			porque ya en mi coraçon
			ningunos cuydados van.			615
			Antes plazeres dan
			batería
			y con muy gran alegría
			diziendo ¡favor, favor!
			me han lançado el dolor			620
			que captivo me tenía.
			¡O Lucrecia, diosa mía,
			que has librado
			a este triste de cuydado
			con solo darle lugar			625
			a que pudiesse gozar
			tu cuerpo tan delicado!
			¡O dioses que havéys criado
			tal figura,
			de tan estraña hermosura!		630
			Donde, cierto, havéys mostrado
			vuestro poder sublimado
			en criar tal criatura.
			¡Qué pechos, cara, cintura!
			Toda entera				635
			parece hecha de cera.
			Pues del cuerpo no se diga,
			sino que quita fatiga
			a qualquier de verlo espera.
			Jámas se vió tal manera			640
			de muger.
			¡O dioses, y que poder
			havéys puesto en esta dama,
			que sólo basta su fama
			a todos enloquecer!			645
			Ya, Diana, sin más ver
			puedes callar;
			y tú Andrómaca sin par,
			con la linda Policena,
			y también la reyna Elena		650
			por quien fue tanto llorar,
			también les puedes ayudar,
			Penélope,
			y otras muchas que yo sé
			callen todas sin más nada,		655
			pues que son sombra soñada
			delante la que conté.
			D'esta se tenga por fe
			quanto dirán
			y quanto relatarán			660
			se tenga por cierta historia.
			Y s'estienda por memoria
			por quantos son y serán
			d'esta sola hablarán,
			sin más ver.				665
			Porque aquesta tal muger
			es justo sea loada
			y de todos estimada.
/[Aviij v]/		    sin un punto fallescer.
			Yo quiero sin detener,			670
			caminar,
			y procurar de llevar
			el por qué fuy embiado;
			pues de acá llevo recado
			el mejor que puede estar.		675
			¡Hea negro, sus, andar!

	NEGRO:		¡Vamos xiñor!

 Entra Lucrecia vestida de luto y dize:
			 
	LUCRECIA:	¡O gentes, que a mi clamor
			no [haveis] favor mostrado,
			pu[e]s que véys que lo demando		680
			con muy ardiente dolor!
			¡Venid, venid, por mi amor,
			no tardéys!
			Y luego, porque veréys
			a la más desconsolada,			685
			escarnida y abiltada
			que en el mundo visto havéys.
			¡Venid todas! Rogaréys
			a la tierra,
			que me haga cruda guerra		690
			hasta tragarme en su seno,
			pues no tengo nada bueno
			qu'en mi todo mal se encierra.
			¡Venga el mal que ansí me atierra
			tan crecido!				695
			Y pues ya tengo perdido
			el nombre de ser honesta,
			llévese lo que le resta
			qu'es la vida de ruydo.
			¡O dioses! ¿Cómo ha seydo		700
			tal maldad?
			¿Dó estava vuestra bondad
			que no me ha favorescido?
			¿Por dónde, triste, he perdido
			toda mi honestidad?			705
			Las furias de crueldad
			sean conmigo.
			Ningún bien me sea amigo,
			pesares sean mi comer
			y angustias mi bever;			710
			y a qualquiera mal me abrigo.
			Las damas sean testigo
			de mi pesar
			porque se sepan guardar
			de maldad tan a la rasa.		715
			Mas ¡ay del ladrón de casa
/[Aviiij r]/		   quien se sabrá desviar!
			¡Ayudadme aquí a rogar,
			con mi dolor
			al sol que sin detener			720
			me nieg[u]e su claridad,
			porque ya la escuridad
			comigo tiene de ser!
			Ya yo, en fin, no puedo ver
			sino gemido.				725
			¡O Tarquino, seas metido
			dentro de un horno y quemado,
			porque eres falso y malvado!
			Antes falso que nascido
			en ceniza convertido,			730
			yo te vea,
			porque tu mala ralea
			del todo sea consumida,
			como es mi triste vida
			por tu gran maldad tan fea.		735
			Mill pesares me acarrea
			esta llaga;
			no sé triste qué me haga
			pues ansí no puedo estar,
			yo cierto me he de matar,		740
			pues el bivir no me agrada.
			Y porque a todos satisfaga
			yo he de llamar 
			a mi padre singular
			y a Bruto y Valerio,			745
			y contarles he el misterio
			de mis deshonrra sin par.
			Esto ansí se ha de tratar
			quiero yr
			a las cartas escrevir,			750
			porque cumpla mi desseo.
			Que parta luego el correo
			para hazellos venir.
			Pues esso sin más dezir
			se ha de hazer.				755

 Entra el Rey i dize:
			 
	REY:		Mucho tardar, a mi entender,
			mi hijo, y ha de venir.
			Yo no alcanço a sentir
			quién lo haze detener.

	COLATINO:	Señor, hagote saber			760
			qu'es llegado
			Tarquino con el recado.

	REY:		Agora estava hablando
			que se yva algo tardando,
/[Aviiij v]/		   pero passe este cuydado.		    765

	COLATINO:	También, señor, he adereçado
			mi jornada.
			Y mañana si te agrada,
			me querría partir luego.

	REY:		Colatino, yo te ruego			770
			que en esso no hables nada.
			¿Licencia no t'es ya dada?

	COLATINO:	Sí señor.

	REY:		Pues, ¿qué sirve más remor
			ni más argumentos vanos?		775

	COLATINO:	Beso tus reales manos
			como leal servidor.

	REY:		Los dioses te den favor. 
			Todavía,
			agora, sin más porfía,			780
			quiero que vamos a ver
			mi hijo qué fue a traer,
			pues que ya venido havía.

 Entra Lucrecia i dize:
			 
	LUCRECIA:	Gran diligencia es la mía,
			pues he embiado				785
			el correo con el recado.
			Yo pienso no tardará,
			cumple aparejarme ya
			a la muerte de mi grado.
			¡O damas! ¿Y qué dechado		790
			os quedará
			de mi muerte, que será
			por el mundo publicada?
			De qualquier señora honrrada
			de mí exemplo tomará.			795
			Su bivir ordenará.
			Cada una,
			tomando de mí fortuna
			solamente la memoria
			y un treslado de mi historia		800
			desde la muerte a la cuna.

 Entra el Bovo y dize:
			 
/[Ax r]/
	BOVO:		¡Señora, sin duda alguna
			venga a ver
			una cosa de plazer!

	LUCRECIA:	¿De plazer? ¡Tira de aquí!		805

	BOVO:		¡Venga, por amor de mí!
			Verá la burra correr
			muy vella; que se puso ayer
			mi sayón
			el del galán capiçon			810
			y no me le quiere dar.
			Yo creo qu'emos d'estar
			en qual que pleyto o quistión.

	LUCRECIA:	¡Calla, necio babilón!

	BOVO:		Mas bien mirado,			815
			¿por qué os havéys quillotrado
			tan de negro y d'éste son?

	LUCRECIA:	Más negro está el coraçón
			de donde sale el treslado.

	BOVO:		Pues, dezime porque ha estado.		820

	LUCRECIA:	¡De vagar
			estaría yo en contar
			nuevas a tí de contino!

	BOVO:		Sé que no so tan pollino,
			que bien os sabré escuchar.		825

	LUCRECIA:	¡Anda, véte sin tardar!

	BOVO:		Voyme a plazer.

	LUCRECIA:	¡O desdichada muger
			en fuerte punto engendrada,
			pues que nascida i criada		830
			fuyste para esto ver;
			mejor fuera no nascer
			ciertamente,
			que no verme aquí al presente
			tan deshonrrada i corrida,		835
			de todos aborrescida,
			de los dioses i la gente.

	BOVO:		Señora, muy diligente
			me ha de dar
			albricias sin más tardar.		840

	LUCRECIA:	¿De qué?

	BOVO:			Bien lo sé yo
			sino que se me olvidó.
			¡O reniego del pesar!

	LUCRECIA:	¡Hea! pues, si has de acabar.

	BOVO:		Que han venido.				845
			No se piense que está en olvido
			que ya se m'a bien acordado,
			vuestro padre, viejo honrrado,
			y también vuestro marido
			y otros dos no he conoscido.		850

	LUCRECIA:	Pues y assí
			no me digas más a mí,
			que ya te tengo entendido.
			El cuchillo apercebido.
			Creo que lo traygo aquí.		855
			Favor demando yo a ti,
			coraçón,
			que esfuerçes en tal saçón
			sin un punto fallecer
			y aún que sea de muger			860
			que hagas lo de varón.

 Aquí entran quatro personas, conviene a saber: Espurio Lucrecio,
/[Ax v]/   y Colatino, i Junio Bruto y Publio Valerio,
		 i dize Colatino:
			 
	COLATINO:	Señora, ¿qué confusión
			es aquesta?

	LUCRECIA:	Yo lo contaré muy presta
			a todos, señor marido.			865
			¡O mi padre tan querido
			n'os quisiera yo en tal fiesta.
			Buena venida sea esta,
			mis señores.

	ESPURIO:	Hija mía, pues, no llores,		870
			que rasgas mi coraçón.

	BRUTO:		Lucrecia, ¿qué gran passión
			es esta que os da dolor?

	LUCRECIA:	Mi angustia y sus tenores
			fue ansí:				875
			Que viniendo por aquí
			el mal Tarquino este día,
			yo con sobrada alegría
			en mi casa lo acogí.
			De servir, fía de mi,			880
			que largamente
			le serví como a pariente
			de mi señor Colatino.
			Pero después, el maligno,
			me dio la paga al presente.		885
			El traydor, desque la gente
			sintió dormida,
			fuesse con maldad fingida
			a mi cámara y llamó.
			Y como respondí yo			890
			dixo estava de partida,
			yo, triste, mal proveyda,
			le abrí
			y amenazándome ansí
			en entrando díxome:			895
			que callasse si no que
			él me mataría allí;
			yo callé, triste de mí,
			do él dezía:
			que si su ruego no hazía		900
			que me havía de matar.
			También un negro a la par
			que con él siempre traýa.
			Y después dixo: diría
			me haver hallado			905
			en adulterio provado.
			Y que como vengador
			de vuestra injuría, señor,
			que nos havía matado.
			Oyendo tal mal, de mi grado		910
/[Axj r]/		   consentí,
			en que hiziesse de mí
			todo aquello que quería.
			Do luego, sin más porfía,
			toda mi honrra perdí.			915
			Mi culpa confiesso aquí
			i mi peccado.
			Yo haré sea vengado
			y vosotros, sin tardar,
			procuraréys de vengar			920
			aquello que os ha tocado.
			¡O dioses, tené cuydado
			del alma mía!

	ESPURIO:	¡o mi hija y mi alegría,
			ciertamente te has matado!		925

	VALERIO:	¡O que gran golpe se ha dado!

	BRUTO:		Aziago fue este día.

	ESPURIO:	Esta se llame agonía
			y gran pesar.

	COLATINO:	¡O mi muger singular,			930
			qu'es de tu gran hermosura,
			donde mi bien y holgura
			se solía recrear!
			¡Ven ya, muerte, a me llevar
			si quisieres!				935
			Y luego, con tus poderes,
			abrirás, si tu mandares,
			la puerta de mis pesares.
			¡Cierra a la de mis plazeres!

	BRUTO:		Mi señor, a las mugeres			940
			es el llorar,
			y al varón el esforçar
			contra el caso desastrado.
			¡Ea!, tomemos cuydado
			d'esta deshonrra vengar.		945

	VALERIO:	¡Ea, ea, sin tardar!
			¡No paremos
			hasta en tanto que acabemos
			todos aquesto vengar!

	BRUTO:		¡Ea, sus sin más tardar!		950
			Aqueste cuerpo tomemos
			y con él la buelta demos
			por la ciudad.

	VALERIO:	Yo pienso, de piedad,
			que nadie podrá sufrillo.		955

	BRUTO:		¡Tené! Sacaré el cuchillo.
			¡Juro por la castidad
			d'esta sangre y su bondad
			de perseguir
			a Tarquino, hasta morir,		960
			o echalle del imperio!
			¡Hea, sus, señor Valerio
			nuestra demanda seguir!

	VALERIO:	¡Vamos todos sin dezir
			ya más cosa!				965
			¡Collatino, que llorosa
			tenéys la cara y semblante!
			!Tomad espada tajante
			con fuerça muy animosa,
			y en vengança tan virtuosa!		970
			No faltéys
			de lo que hazer devéys,
			pues soys personas de precio
			también vos, señor Lucrecio,
			no es bien que tanto lloréys		975
			pues biva no la bolvéys
/[Axj v]/		   con llorar.
			¿Para qué sirve estilar
			el coraçón por los ojos?
			¡Deseche ya los enojos,			980
			pues no puede remediar!

	BRUTO:		¡Hea, hea! Sin parar
			sea llevado
			este cuerpo desdichado
			allá a la plaça mayor,			985
			do sientan todos dolor
			d'este mal tan desastrado.

	ESPURIO:	Vida llena de cuydado
			desastrada;
			aún no estavas hartada			990
			de darme angustia y pesar,
			que tal me havías de guardar
			para el fin de mi jornada.
			¡O hija, quán mal hadada
			fue tu muerte!				995
			Y más lo ha sido mi suerte
			en sólo verte morir;
			i yo quedar con bivir
			sin poder a tí valerte.
			¡O coraçón tan alerte			1000
			que has estado,
			cómo no te has esforçado
			a solamente ayudar,
			a la que fuy a engendrar
			en punto tan mal hadado!		1005
			¡O mundo desatinado
			trapaçero,
			quán franco y quán halaguero
			te muestras a la niñez;
			y después, a la vejez,			1010
			quán malvado y lisonjero!
			¡Díme quántos, verdadero,
			te hallaron!
			¡Antes los que más te amaron
			se hallaron más burlados,		1015
			como yo, que mis peccados,
			a tal punto me llegaron!
			Pues mis males me hadaron
			esta suerte,
			no sé qué diga que acierte		1020
			sino que es mejor morir,
			que muriendo, assí bivir.
			Porque la tal vida el muerte.
			¿Quién vido dolor más fuerte,
			ni peccado				1025
			más malo y abominado,
			que ver el padre matar
			a su hija y no ayudar
			o havérselo estorvado.

 Aquí entra Junio Bruto, y Publio Valerio y Collatino, 
  y el Bovo, y dize Valerio:

	VALERIO:	¡O Lucrecio, viejo honrrado,		1030
			sábete,
			que todos te damos fe
			que se ha hecho una vengança
			con la mayor ordenaça
/[Axij r]/		   que en el mundo nunca fue!		   1035

	ESPURIO:	Hermanos, dezídme qué
			ha passado,
			que me hazéys espantado
			con nueva tan repetina.
			Dezídme de presto, aýna			1040
			qu'es esso que havéys hablado.

	BRUTO:		Sábete qu'es desterrado
			el nefando
			porque la gente bramando,
			como cosa de misterio,			1045
			lo han echado del imperio
			sin solo un punto tardando.
			Y los qu'eran de su bando,
			allá en Ardea,
			supieron cosa tan fea			1050
			se han buelto contra él;
			con una furia cruel
			le han hecho brava pelea.
			Donde a él, y a su ralea,
			han hechado				1055
			del imperio y desterrado
			sin dexarlos reposar.

	ESPURIO:	Agora mi gran pesar
			será algún tanto aplacado.

	BOVO:		Y pues yo no he matado			1060
			seys o siete,
			con aqueste gañinete.
			Les dava por la pancera
			y después por la mollera.
			Les horadava el bonete;			1065
			con otros al puñete.
			¡Furia mi!
			Yo s'les sacudía ansí
			a los malvados Tarquinos
			traydores, perros malinos,		1070
			atroce me los comí.

	COLATINO:	¡Señores! ¡Vamos de aquí
			sin más tardar,
			todos juntos a enterrar
			el cuerpo de mi muger!			1075
			Pues que no ay más que hazer
			para su muerte vengar.

	ESPURIO:	Vamos, pues, sin más hablar
			en esto nada,
			y en su sepultura honrrada		1080
			haré poner un letrero,
			en el qual muy por entero
			esté su historia esmaltada.

	VALERIO:	Será cosa muy preciada
			ciertamente,				1085
			esso que habló al presente,
			porque estando allí su hystoria
			luego será su memoria
			por el mundo muy patente.

	BRUTO:		Sus, vamos, en continente.		1090

	ESPURIO:	¡Vamos luego!

	BOVO:		Mis señores, yo vos ruego
			qu'enmendéys vuestro bivir.
			También que queráys sentir
			la sentencia d'este juego;		1095
			porque yo, aunque so matiego
			y no es boceía
			mi práctica, ni se precia
			bien diría sin des[a]tinos
			qu'en el mundo ay mill Tarquinos	1100
/[Axij v]/		   y no ninguna Lucrecia.
			¡Mira! No tengáys por necia
			mi sentencia;
			y mandadme dar licencia
			que me voy sin más razones,		1105
			y guardaos de trayciones
			con muy grande diligencia.

			Fin de la obra.



		A los lectores. 
			Sabed que esta obra fina
			la compuso de su gana
			quien compuso a Grismaltina		1110
			y también a Clariana.


		A las mugeres. 
			¡O mugeres, gran loor,
			devéys todas juntas dar,
			a quien tan rica labor
			a luz os quiso sacar!			1115

			Donde cierto, sin más ver,
			poniendo firme el cuydado
			podéys sacar y coger
			mill muestras d'este dechado.

				FIN.

			 Juan Pastor. 

	 Omnia pretereunt preter amare deum.