Introducción y criterios de edición

José Luis Canet Vallés

 

Hemos seguido la edición de Medina del Campo, en casa de Guillermo de Millis, 1554, perteneciente a la Biblioteca Nacional, R-2271.

 

Los criterios gráficos y ortográficos utilizados son:

 

a) Modernización de la puntuación, acentuación y uso de mayúsculas según el uso actual.

b) Desarrollo de las abreviaturas.

c) Introducción de aquellas partículas omitidas en el texto, como a, de, que, etc., para una mejor comprensión del texto, colocándolas entre corchetes. Asimismo cualquier modificación al texto se inserta entre corchetes.

d) Se separan las palabras aglutinadas mediante el apóstrofe: quel por qu'él, qu'es, etc. (se mantienen las contracciones propias del siglo XVI: della, desto, daquello, etc.), y se agrupan aquellas que hoy en día constan de un solo grafema: tan bien por tanbién, aun que por aunque, etc.

e) Modernización de las grafías según el siguiente criterio:

1.- La u y v se transcriben según su valor: vocálico en u, consonántico en v

2.- La i y j se transcriben según su valor: vocálico en i, consonántico en j.

 


Información sobre el autor y la obra:

La comedia Florinea, compuesta por el bachiller Joan Rodríguez Florián, fue publicada en Medina del Campo en 1554, centro de gran tradición teatral y foco cultural en la primera mitad del XVI. Su autor, muy poco innovador, prefiere el modelo de la Comedia Thebayda a la tradición celestinesca, tan en boga durante dicho período. Prefiere, pues, el estilo cómico, como él mismo declara en la dedicatoria inicial a "un amigo suyo", a la modificación efectuada por la tradición celestinesca hacia la tragicomedia o la tragedia. De ahí, también, la utilización de inumerables digresiones sobre los vicios y las virtudes, sobre la amistad, etc., siguiendo el modelo. Pero su autor no ha sabido integrarlas de una forma bien estructurada, llegando incluso a repetir la misma digresión sobre la amistad dos veces. Esta voluntad acumulativa le lleva a producir una de las comedias más extensas de las impresas en España en lengua vulgar sin aportar casi ningún aspecto nuevo. Quizá su mayor originalidad sea la de presentarnos unas relaciones entre unos jóvenes que no terminan con el desfloramiento de la dama, pues ésta siempre antepondrá su honor a su deseo, y sólo aceptará la sexualidad dentro del matrimonio. Es una nueva concepción del deseo amoroso, esta vez encauzado dentro de la moralidad imperante, aceptando su autor la posibilidad de matrimonios realmente por amor, claro está, siempre con el necesario consentimiento paterno de la dama, quien aceptará gustoso que su hija pueda escoger entre diversos pretendientes.

Su punto de vista moralizante se deja sentir mucho más que en las comedias anteriores. El autor resaltará continuamente el gran daño que causan las malas compañías, pero sobre todo de los criados y muy especialmente del rufián; siempre estará dando consejos para que las hembras no se fíen de sí mismas, y que se recaten continuamente; pero su mayor interés será mostrar cómo la causa de los males domésticos es debida a que el señor no se sabe bien regir, lo que conllevará a que los fieles sirvientes se tranformen en ladrones y malos servidores. En cuanto a organización de la obra en escenas, la inclusión de escenas independientes humorísticas a cargo del rufián, la aparición de una tercera antigua criada de la dama, la inclusión del clásico criado sermoneador, la doble intriga amorosa entre amos y criados, etc., prácticamente está tomada de su obra modelo: La Thebayda. Pero su autor no es tan ducho en la utilización del lenguaje como el anónimo autor de la Thebayda, dejando en este aspecto, así como en el mundo clásico referencial, bastante que desear, mostrándose, eso sí, como un perfecto estudiante que ha aprendido la lección e intenta imitarla, pero a quien le falta experiencia en el ejercicio de las letras.