A los aficionados a buenas letras




          Vana ignorancia fuera esperar aceptacción ni audiençia este papel quando la opinión de los que pueden desfavorecerle se halla tan superior; tan sólo pretendo satisfacer a los que sin haverle visto le culpan, diziendo que escrivo lo que no me toca en materia poco inportante para la conveniençia pública y muy perjudicial a las costumbres por persuadirse en ella ocasión de pecar. A lo primero respondió Terencio: "Hombre soy, nada humano tengo por ajeno". En lo demás no juzgo por poco inportante lo que tiene tan hondas rahíces en la materia de estado y bien sabe Dios que verdaderamente estoy contendiendo que se escusarán muchas offensas suyas permitiéndose las comedias, no porque las tenga por buenas, baste que no sean malas para que, sin proponerlas por diversión de obras mejores a los virtuosos, tengan los demás esta diferençia con que se enbaraçe la maliçia con que no se puede negar la utilidad, y si en esto [h]ay engaño está bien libre dél mi intención; error sería del entendimiento quien presumi[e]ra que açierta en un mundo donde todo se disputa y se sabe tan poco que, aun asegurarse de que nada sabía, le parece mucho a un sabio.


Discurso sobre la prohibiçión o aprovación de las comedias y lección de poetas en libros fabulosos honestos; es de don Juan de Ulloa, aunque no se nonbra el autor.



          De los que acusan y de los que defienden las comedias, pocos tratan la materia con tenplança, antes igualmente apasionados los más en el calor de la disputa. Husan tales encarecimientos que con ellos mismos desacreditan sus opiniones. Unos dizen que la comedia es parte de la república, maestra de los viçios y fuente de todos los males, condenada por decretos, por leyes del derecho romano, de las Partidas y del reyno por santos y do[c]tores graves y prohibida en el reynado del señor don Filippe segundo, desterradas de la república romana y no admitidas en la de Platón, que los lacedemonios no tenían leyes contra los adúlteros, diziendo que entre ellos no los podía haver porque no permitían comedias. Traen el lugar de de san Cipriano en que dize que los theatros son templos de los demonios, los representantes sus ministros y de la idolatría que disfraza en la comedia; la autoridad de san Grisóstomo, que la llama fiesta de los demonios, horno de Babilonia, officina de la lujuria y escuela de la sensualidad; el sentir de san Basilio, san Isidoro, san Clemente, san Epifanio; Lactançio, que duda si [h]ay vicio de mayor corrupçión en la república; Salviano, que asegura que reprehender las torpeças de las comedias no se puede con términos honestos. Dicen que los representantes no eran admitidos por ciudadanos de Roma, concediéndose esto a otros de viles exerciçios, que a ellos como pecadores públicos y escandalosos niegan la comunión los sagrados cánones, las leyes les inhabilitan para acusadores y testigos. Traen la historia de aquel santo que lloró en Alexandría viendo [a] una representanta, por la perdición de aquella mujer y por la insuficiençia suya, que no ponía tanto cuydado en agradar a Dios como ella en agradar a los hombres. De aquí pasa a condenar todos los libros de diversión, fábulas y versos y a los poetas que los escriven, diziendo que los de esta profesión [h]an comunicado al mundo el veneno de que está inficionado, que san Agustín dezía que se consolaría si supiera se perdiera el arte de leer y escrivir porque se olvidaran las fábulas y versos y a los poetas, que san Gerónymo, acostunbrado al estilo de Çiçerón y Plauto le parecía grosero el de los profetas en un misterioso sueño, que Platón persuade el aborrecimiento de los poetas y los destierra de su república, que ellos mismos se reconocen y acusan. Ovidio, maestro de des[h]onestidades, aconseja que no lean sus versos, que Calígula quiso quemar la estatua de Virgilio por los amores que fingió de Dido y Eneas, que porque no ronpió [H]eliodoro la fábula que compuso de Theágenes y Clariquea fue depuesto del obispado, que son estas ficçiones y los términos con que se escriven tan vehementes y contagiosos que los theólogos los abominan, los filósofos los huyen, los juriconsultos los condenan, los médicos los desacreditan recitándolos a los hin[h]ábiles para la generaçión entre las mediçinas más eficaçes que mueven a la sensualidad. Traen la opinión de Antonio Posenino donde dize que, ayrado Luçifer de la expulsión que los españoles hizieron de sus ídolos en América, hutilizó el arte de las comedias, que antes eran groseras en Castilla, para introducir en ella la idolatría, y que quando começó Luthero a senbrar sus errores, hallando resistencia para revivirlos en el cristianísimo reyno de Françia, lo façilitó haziendo traducir en aquella lengua libros de cavallería y poetas en que dispuso los ánimos para introducir su secta; así quieren que los poetas no sólo sean maestros de los idólatras, sino ministros de los [h]eresiarcas. Últimamente concluyen con exemplos de castigos en los aficionados a esta lecçión y a las pinturas desnudas y amenaçan a los prínçipes que consienten esto que llaman pecados públicos.
          La parte que defiende las comedias apasionadamente se oppone si no con más razón no con menores encarecimientos. Dicen que la comedia es espejo de la vida, madre de las buenas costumbres, avisadora de los viçios, predicadora de la virtud, y en esta parte sustituye a las sátiras antiguas que se rrecitavan en público y se llamavan sermones, que su diversión ocupa la oçiosidad, alienta las fatigas, recrea los ánimos, afloja la querda tirante de la vida, en que es tan necesaria como el sueño. Interpretan las leyes, decretos y autoridades de santos alegados en contrario. Dicen que no se puede entender el lugar de san Çipriano ni el de Lactançio de las comedias. Haze tiempo que tan lejos están de persuadir idolatría, que las quitó el señor rey don Filipe segundo en lo último de su vida por el escrúpulo que le pusieron de que en su tiempo se havía relajado mucho el usso d´ellas con excesos y deshonestidades, y las suspendió consint[i]endo de reformarlas, no de prohibirlas, y esto explicó la Magestad de Felipe tercero, su hijo, piadosísimo prínçipe, permitiéndolas. Echarlas de Roma no fue loable para imitarlo ni de mucha reputación para Tiberio, antes en gran mengua de su govierno y poder. Ardía la ciudad en viçios escandaloços, introduçíanse los adulterios an las casas más altas, las personas más inmediatas a la sangre real eran deshonestas y las de familia pretoría se manifestavan por mugeres públicas, el exceso en comidas, vestidos y al[h]ajas era infinito, los ministros más cercanos al [...] de la nave pública, con fábricas sumptuosas y ostentasiones supérfluas, descubrían el hahumento en sus patrimonios y la falta de integridad en sus officios. Tratóse de la reformaçión y, después de misteriosas consultas y juntas secretas, quando se esperava un parto admirable, prevaleció la oración de Assinio Gallo en favor del traje lustrosso y abortaron los montes el destierro de los representantes; y con esto quedó tan desacreditado el imperio y creçió el abusso de manera que, poco después, refiere Dyonisio Filino que Séneca, gran profesor de la do[c]trina estoyca cuyos escritos parecen formados en la estrecheza de Dyógenes, tenía quinientas mesas de cedro con pies de marfil conforme en ygualdad y semejança. Dicen que la república de Platón es ymaginada y por esto en muchas partes [anegante] y de inposible execuçión. Para los lugares que se citan suyos contra los poetas traen muchos más en que los alaban, llamándoles padres y guías de la sabiduría, intérpretes de los dioses, hijos y profetas de las deydades, y aconseja que no les tengan por enemigos. Dizen que escrivió versos amorosos y que los estimó tanto que sólo guardó los que hizo en este argumento; que los laçedemonios mejor informados admitieron las comedias para grandeza, lustre y ornamento de la república, en que no se puede negar tienen gran parte, qu´el fin de las comedias nuestras es inclinar al bien y persuadir la virtud enseñando al [cautivo] el pundonor, al soldado la valentía, al amigo la fineza, a la casada la constançia, a la doncella la honestidad. Si para conseguir esto se mezclan trayçiones, solicitudes, asechanças y alguna vez escarmientos en los versos, por esso se [h]an de condenar el argumento loable, no a los accidentes, al intento y fin se deve mirar en todas las acciones, y más quando no se encubre y delata el desengaño, como sucede en las comedias, donde la misma fábula está condenando al mal; y si en ella se introduçe traydor, muger des[h]onesta o tercera, indecente se reconoçe allí su maliçia y, abominándola el auditorio, la silva y corre, de manera que, siendo estos papeles fingidos, no [h]ay quien quiera representallos y se reparten por fuerça. Dizen tanbién que a las comedias no van las personas que tratan de perfección, sino gente por la mayor parte de vida libre, porque nunca los buenos son los más y en tanto que están en ella cessa la codicia, el perjuro, el logro, la estafa, la mentira, el engaño y los demás viçios peculiares de muchos que allí se divierten; que si se pudieran averiguar los pecados que se cometen quando faltan las comedias fueran muchos más de ciento por uno regulados los que ellas ocasionan, con tanto extremo se diferençian estos pareceres dejando [la lid] pendiente y la verdad mal satisfecha.
          Otros, con menos apasionados fundamentos, asientan que la comedia es indiferente, que puede permitirse y verse sin pecado, con las limitaçiones que pone santo Thomás y lo do[c]tores sagrados que siguen su do[c]trina; que por los excessos deven corregirse, no quitarse; que tuvo orijen noble para fiestas grandes, con coros de bayles en que entravan mujeres de lo más lustroso y principal, hijas de senadores y de cónsules; que con el tiempo se fue estragando de manera que llegó al desorden horrible de çelebrar comedias a Flora, que havía sido famosa ramera, en cuya memoria se hazían torpeças abominables, y a estos ritos asistían varones prudentes, como se comprueva de haver estado en ellos Platón, aunque fuese para salirse affectando la modestia, que satiriça Marçial; y d´estas representaçiones y otros espectáculos sangrientos dizen que trata san çipriano, Salviano, Lactançio y los demás que las condenan y los decretos y leyes que las prohíben, que en España no [h]an llegado tales abusos, y así es más fáçil el remedio sin hahogar los ánimos, quitándoles del todo esta respiraçión; que [se rehuía] corrigiéndole lo perjudiçial; que los lacedemonios, después que admitieron las comedias, no las quitaron, sino que atendieron a su reformaçión, poniendo pena a los que dijesen o representasen algo con que se ofendiese a la honestidad, y desterraron a Archíloco, poeta cómico, porque no aprovechava tanto a los injenios como dañava a las costumbres, de que se infiere que esperavan alguna enseñansa de las comedias; que las leyes de Rómulo ponían pena de [h]omiçidio al que en presencia de mugeres dijese o representase torpeças. En las comedias castellanas no las hay, antes su estilo se va desvaneciendo de manera que más por remontado que por bajo se aparta de la propiedad, tan lejos está de ser deshonesto ni grosero, si algunos hypérboles se ponen en boca de los amantes nunca es con ánimo de aprovarlos, ni de manera que por esto puedan tenerlos por idólatras, aun quando más se desordenan. Frenético Calixto con la passión amorosa y reprehendido de Sempronio, dize: "¿qué se me da a mí?" y replicándole: "pues tú no eres crhistiano", responde: " Yo Melibea soy" y prosigue con desatinados encareçimientos(que santa y piadosamente se mandaron borrar en el último expurgatorio) inquiriendo fiar más tiempo a la expeculación de los vulgares lo que muchos años se hauía disimulado en consideración de la moralidad que se enbolvía en aquellos [...], advirtiendo en ellos la fuerça del affecto amoroso que, turbando el juiçio, ocasiona semejantes delirios y locuras para que todos estén prevenidos sin dejar portillo por donde pueda entrar enemigo tan poderoso y, permitióse lo demás del libro, en que no faltan tropieços por ser su intento mostrar los malos fines que tienen quantos hacen amores deshonestos y sus solicitadores y terçeras, que escarmentar en los males ajenos es prudençia, tenerlos a la vista mediçina, ussar mal d´ellos ignorancia o malicia, y si porque puede tomarse lo peor de las comedias se han de quitar, lo mismo se havía de hazer de las historias en que se refieren buenos y malos exemplos. Sin comunicación quedaría el mundo si se quitase d´él todo lo que tiene éste inconveniente. Las medicinas matarían si se tomase d´ellas lo peor; ninguna inportante [h]ay sin veneno, que se mezcla por [...] para que lo saludable llegue más presto al coraçón, que reunir a los representantes por ciudadanos de Roma no sería entonçes a propósito, ni es del caso tenerlos por descomulgados incapaçes de acusar; y ser testigos sería dureça estando la posessión en contrario con que se ven admitidos a los sacramentos y a los juhiçios, y negárselo no sería sin algún inconveniente, pues habiéndose revivido las comedias por santos príncipes de la Iglesia, nuncios, cardenales, arzobispos, consejos, perlados y comunidades de religiosos doctos y otras personas gravíssimas, llevándolos a sus casas y comunidades para celebrar fiestas; o se havia de dezir que todos pecaron mortalmente consintiendo este cortejo yllíçito y a sus ministros, pecadores públicos y descomulgados, o que a[h]ora se sabe más y se alcança lo que ignoraron tantos siglos personas de estas calidades y puestos; que el santo que lloró en Alexandría por la muger de la comedia pudiera mejor por otras muchas que, mejor representantas, dilatando los términos del rostro, con el traje desenfadado, cuydan de las espaldas como de las mexillas, quando pudiera hahumentar tanto la fama de Virgilio con quemar Calígula su estatua. El disfavor de los malos príncipes [no les acredita], ni sus acciones deven imitarse. Emperador más loable fue Augusto y favoreció las comedias y la poesía; desterrarla del mundo fuera asonbrar el mayor lustre dél y la excelencia más alta que se concedió a los ingenios; baste para su alabança, que en ningún siglo [h]a havido hombre de talento grande que no haya escrito versos o intentádolo, que a los poetas es dado çelebrar con números y cánticos los misterios divinos, que en el nonbre de vates se equivocan con los profetas y en ellos se hallan cosas adevinadas que suceden muchos años después. Sin versos quedará desierta la galantería y con ella todos los medios cortesanos que se dirijen a fines honestos. Acovardárase el aliento que causa el valor, el alivio, la curiosidad, la bizarría y la fineza, introduciendo la flojedad, el descuydo, la grosería y la desconfiança. Sin amor no se puede obrar cosa loable, el conservar la correspondençia del universo es autor de la cortesía, maestro de las gracias, sin igual señorío en todas las criaturas; por él se mueven las virtudes, nada es tan propio del hombre; el alma que no ama está en tinieblas; sus principales ministros son los poetas; qué inporta que llamen deydades a las damas y a sus prendas çelestiales y divinas, si husando d´estos términos políticos crehen como cathólicos y nayde los lee que los tenga por idólatras; déjese con su infidelidad, no es necesario desterrarles como Platón, baste no premiarlos como todos. Estas y otras razones semejantes se alegan en esta questión, más o menos dilatadas según lo concisso o prolijo de los escritos, sin que algunos [h]aya visto lo que la duda en mi estimaçión más inportante, esto es, siendo que fuese mejor no haver comedias es hazer lo mejor, lo más conveniente al govierno o, por dezirlo más bien si no hazer lo mejor en el govierno, contentándose con lo bueno es lo mejor, que lo mejor sea lo más dificultoso y así lo menos pra[c]ticable no recibe duda; ymaginar república fantástica no es lo mismo que governar la verdadera y real; la una puede fingirse sin inperfección, la otra no puede mantenerse sin defe[c]tos. Dios todopoderoso, principio de la sabiduría y la prudencia, no quiso dar (según autores graves) las más estrechas leyes a su pueblo, sino las más convenientes a la flaqueza de su naturaleza y las que pudiesen revivirse y guardarse con menos dificultad, y así les dio las mejores. Con infinitos exemplos naturales muestra que dijo la suma perfección para el trihunfo de la patria, que si la quisiera en la ministra nuestra no tuviera la madera nudos ni la fruta guesos, y dispuso que ninguna cosa d´este mundo estuviese sin algún defe[c]to, siendo todas y cada una de las criadas en su género y especie perfe[c]tas, mostrándose en esto, como en todo, inconprehensible la providençia. Las flores de mayor estimación y [h]ermosura carecen de olor; las que lo tienen más bivo son menores y menos vistosas; la rosa, que junta la fragançia y la belleza, es la que dura menos y está cercada de espinas; el ciprés, que se levanta sobre todos los árboles con maravillosa compostura, es infructuoso; las yervas más saludables son amargas; y la junta d´estos defe[c]tos haze la mayor armonía y más suave consonançia que resulta de ser todas las cosas perfe[c]tas y ninguna con todas las perfecçiones; como la podrá tener una república o quien presumi[e]ra formarla con ellas; no quita la medicina los venenos en la triaca, corrígelos y, mezclados con mayor parte de ingredientes cordiales, ninguno obra como particular y de la unión de todas resulta una tercera calidad que es la esencia de aquella saludable medicina. En la más importante materia de que somos formados quiso Dios que se incluyese el mayor motivo de su misericordia para que se la esté pidiendo por sí mima la fragilidad de nuetra fábrica unos elementos contrarios, unas calidades mezcladas donde las mesmas que inclinan a la virtud están cercanas tanto a los términos del viçio que con dificultad pueden contenerse sin llegar a ellos por el peligro y poca distançia que [h]ay entre lo alabado y lo culpable. Apenas se hallara liberal que no sea anbiçiosso, recatado que no sea inútil, çençillo que no sea ignorante, ingenioso que sea cuerdo, continente que no sea cruel, apacible que sea caro. El hymno de la Iglessia providamente que nos hiziese blandos, añadió, y castos por el peligro. Governar honbres d´esta conpostura no puede ser con la pureza de ángeles ni con la servidunbre de brutos; forzoso es dejar algo a su arbitrio, que en mayor juhicio tiene reservado premio y castigo. Dios, que lo es de todo, dejó a los raçionales el alvedrío libre para que se hallen con esto que ofrecerle, sin que no tuviera mérito su sacrifiçio estrechara los que su criador permitió tanto, sin consentirles divertimientos en que la voluntad pueda ussar con indiferençia, si no fuese oprimirles mucho sería concederles nada, pues quando el usso de las comedias tuviera algún inconveniente, en el sumo rrigor de justiçia pesan mucho las razones que [h]ay para conceder alguna gracia a la humanidad, en cuya lisonja se permiten cosas que sin esta consideraçión se escusaran, el concurso de honbres en que forzosamente [h]a de haver penalidades particulares y comunes, que ordinariamente traen consigo los estados y los tienpos en monarchía grande, donde pocas veçes faltan sucçessos que congojen, necessita d´estos entretenimientos públicos que, en todas las edades, reynos y repúblicas, se [h]an permitido y procurado para tener al pueblo grato y obediente. Nada difíciles tanto las conveniencias de estado como contradecirlas, la buena intención que recomendada por símesma embaraça quando no vençe y para oponerse a su autoridad es menester mucha razón. Reynar en los coraçones es el más poderoso y felix imperio, y en esto enplean los príncipes prudentes todo el caudal de su cuydado, sin despreciar ningún medio para este fin, ponderando la diferencia de tener amantes o sirvientes y la ventaja que hay en ser promptas y oportunas las obras de la voluntad o las de la obligaçión. Mantenimientos y fiestas dizen grandes políticos que aseguran el dominio, que en el vulgo toda edad es infançia y sólo se diferencia de los niños en jugar con cosas mayores. Los varones má cuerdos desean no estar de veras alguna vez. Escipión salía al campo con Lelio a reverdecer la edad, y Cicerón dezía que no juzga por hombre libre al que no tuviese algún rato en que nada hiziesse de importançia. Quando unos vasallos se hallan obligados a limitarse mucho los alimentos para socorrer el aprieto de su rey, y nada tiene de leal el que no se estrecha más de lo posible para esto; bien es permitirles, como a los gusanos en las tempestades, algún instrumento con que el ingenio haga ruido a los sentidos para que les molesten menos los golpes de la ymaginaçión y no se junten la necessidad y la trizteça a producir el despecho y la covardía, padres de la invalidad. A Ponpeyo dieron el nonbre de grande porque fabricó un theatro magnífico para las representaciones (así lo dizen autores antiguos) y lo confessó un grande acusador de las comedias, de autoridad, letras y religión, todo venerable, y dándose a partido dice que se desengañe el vulgo, de que no se apruevan las comedias si no se conceden a la diversión y ruegos oportunos del pueblo, y esto es lo que se pretende, y haremos fuerza [por] ser el boto de la parte contraria. Si no son todas las representantas muy honestas, las menos, mal es que cayga en ellas el daño, que no se siguen al offiçio, pues ha havido muchas d´ellas en él. Sin esta nota mejor sería que ninguna muger la tuviese, pero esto, si no es inposible, es muy dificultoso. el fuego de la sensualidad más altivo que todos conviene aplicar la materia menos inportante de otra manera enprenderá su grandeza la más preciosa, llenarán la ciudad de deshonestidades enquiriendo linpiarla de todas. De la prudencia es ajustar la posibilidad del govierno humano con las leyes divinas, ni relaxando ni oprimiendo demasiadamente las costumbres; si se permite la usura se offende el derecho divino, si se prohíbe sin dexar medio pereçen los necessitados, y es forzoso tomar alguno con que sin ser usura se hagan socorros con interés. Como san Gerónimo no tenía culpas graves que le inquietasen la conciencia, se soñaba con aquellos defectos. La turba popular no tropieza en tan menudos escrúpulos, y es proposiçión bien cierta que la vista de comedias y lecçión de libros poéticos sin deshonestidades no distraen a los muy devotos de la virtud y divierte a los pecadores de los viçios, véase que les son los más y sacárase la consequencia de si convendrá o no desterrar semejantes entretenimientos d´este valle de lágrimas. Importante fuera nombrar censor de autoridad y suficiençia que antes de representar las comedias las examinase borrando los escrúpulos con más serenidad que hasta a[h]ora se ha hecho, con que no pasase a quererlas todas divinas como algunos [h]an propuesto con piedad indiscreta siendo esto lo más indecente. Conviniera también que los delictos de representantes se castigaran sin remisió ni para estorvarlo les valiera el amparo de personas poderosas y que sus visitas no se consintieran a las mugeres de la comedia en las posadas. Decir que no es posible executar esto es agraviar mucho a la justiçia y obligarla a que descubra flaqueça usando de extremos con los sujetos débiles que, porque no pueden andar, corren. En las galas y atavíos de las representantas poco [h]ay que enmendar (fuera del excesso costoso) porque ellas ymitan siempre para vestirse a la mayor primor del uso y donde quiera se enquentran infinitas mujeres con el mismo traje y de mejor pareçer; dezir que en las tablas tienen un no sé qué, mas es todo lo que se puede adelgazar el peligro para vencer una costumbre generalmente revivida y autorizada con la permisión de personas graves. Necesitan las leyes de armarse de conveniençias grandes y evidentes y, aun entonçes, inporta disponer con arte la reformación sin executar de una vez la novedad, después de haberse encareçido con palabras muy significativas en un capítulo del decreto, los exçesos que se hazían los domingos de quaresma (quando en ellos se permitía la carne) en que, si no llegaba el desorden o la enbriaguez hasta la medianoche, nos les parecían que podían llevarse los ayunos de la semana, concluye que conviene dejar [a] los hombres con arbitrio porque no se hagan peores, y permaneció aquel desorden hasta que se corrigió con el tienpo. El primer consejo para estableçer leyes y premáticas con seguridad y durables es hacer la quenta con lo que podrá sufrir el pueblo, y si esta regla no conprehende a los reyes de España es porque los castellanos sufrirán todo lo que sus príncipes quisieren. Por esto mismo les [h]an tratado Sus Majestades siempre como a hijos, sin usar con ellos de todo su poder, antes dejando unidos desperdiçios de la soberanía en que se çeve el amor y lealtad inconparable d´esta fidelíssima naçión y, viéndola a[h]ora tan inclinada a ese género de festejos que [h]an tolerado tantos príncipes prudentes y santos no contentándose con e[n]mendar el exçeso y quitarle del todo sería negar un favor que pide la ocasión de tan justa alegría. Suplican las ciudades, rruegan los enfermos pobres y desean todos si algunos varones virtuosos lo contradiçen y regulando por sus conciencias las ajenas todo lo quisieran muy perfecto y religioso no pueden negarse que fuera esto lo mejor, que toda nuestra vida es vanidad y tiempo malgastado quanto no se enpleó la brevedad d´ella, la incertidumbre de la muerte, la estrecheza de la quenta, la inportançia de la sentencias, y que son ciegos y sordos quantos no vendan las propiedades para dar limosna y seguir la voz que clama en el desierto, pero esto sería cortar la cabeça al engaño sobre que está fundado el globo de la tierra y acabar de una vez con el mundo. Diferente [h]a de ser el inperio del rey con sus vasallos del que se profesa entre religiosos. El instituto real no es despoblar el reyno, sino conservarlo y ahumentarlo, manteniéndole en quanto fuere posible sin novedad, con leyes justas y executadas con clemençia, atributo el más resplandeciente en las coronas, y que más aplausos y aclamaciones consigue un[o] solo en las provinçias sujetas sino en las más remotas y distantes, que no es nuevo que la fama de reyes afables y clementes soliçite el deseo de venir a sus cortes en grandes inperios con gentes peregrinas de costunbres y religiones diferentes, como le suçedió a Salomón, príncipe clementíssimo. De cuncti orbis regionibus veniebant ad Salomonem et tanquam ad clarum ut beneficum sidus urba[na]tim a duo la[uda]ant.3 Regum 4.