Introducción


     El texto que editamos y que presentamos a continuación es un manuscrito perteneciente al Archivo Universitario de Valladolid, Fondo Don Juan de la Torre y Onunvella, Leg. 9281.. Puede insertarse en el marco de las denominadas controversias sobre la licitud o legitimidad moral del teatro. En este sentido se hace imprecindible la consulta del trabajo de Emilio Cotarelo y Mori(1857-1936)-erudito español, estudioso de la Bibliografía y crítico literario, Secretario de la Real Academia Española y discípulo de Marcelino Menéndez Pelayo- que lleva por título Bibliografía de las controversias sobre la licitud del teatro en España (Madrid, Tipografía de la "Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos", 1904), recientemente reeditado, con estudio preliminar e índices de José Luis Suárez García, por la colección ARCHIVUM de la Universidad de Granada(1997). El citado estudio "contiene la noticia, extracto ó copia, así impresos como inéditos, en pro y en contra de las representaciones; dictámenes de juriconsultos, moralistas y teólogos; consultas del Consejo de Castilla; exposiciones de las villas y ciudades pidiendo la abolición ó reposición de los espectáculos teatrales y un apéndice comprensivo de las principales disposiciones legislativas referentes al teatro". Acopio de escritos, pues, acerca de la licitud o no del hecho escénico, disputas sobre sus aspectos positivos y negativos, sobre su ejemplaridad o la ausencia de ella, sobre su inmoralidad o no, sobre su peligrosidad, en definitiva, acerca de la defensa y tolerancia del teatro-como paradigma de la nueva diversión pública- o por el contrario, la rígida animadversión hacia él, contra él. En otros casos, la polémica se centrará en la necesidad no ya de prohibir, sino de reformar las comedias o bien versará en torno a la manera de representarlas o corregir sus excesos y abusos, con especial atención a las costumbres de los cómicos y, sobre todo, de las cómicas.
     En Roma el drama tuvo contradictores ya en los tiempos en que se recitaban comedias de Plauto y Terencio, por su degeneración espectacular y pérdida de casi todo su carácter literario. El cristianismo, por su parte, fustigará y denunciará sin descanso esta diversión "infame y bárbara" bien en libros enteros, como los de Tertuliano y san Cipriano(ambos con el título De Espectaculis; san Cipriano, además, en su Epístola ad Donatum), ya sea en sermones y homilías, como las de san Juan Grisóstomo, ya en largos capítulos y pasajes de sus obras, como se ve en las de Lactancio, san Basilio o san Agustín, entre otros. Testimonios todos ellos de literatura antiteatral y censuradora del hecho escénico. Sea como fuere, hasta la aparición de Lope de Vega, el teatro fue indiscutiblemente objeto de ataques y defensas por los tratadistas de la moral, aunque sin la frecuencia y la acritud que luego habían de imprimir a este género de escritos. Con la muerte de Felipe III (1621) y la afición que a los recreos de la escena mostró su sucesor Felipe IV, no osaron, por el momento, alzar la voz los enemigos o impugnadores del teatro, la mayor parte de los cuales pertenecían a la Compañía de Jesús.