[/1r/]

 

COMMENTARIOS DE LA FUNDACIÓN Y CONquistas y toma del Peñón y de lo acaescido a los capitanes de su Magestad desde el año de 1562 hasta el de 64. hechos por Balthasar de Collaços y dirigidos al illustríssimo señor don Antonio de Toledo, prior de sant Joan y cavallerizo mayor de su Magestad y de su consejo de estado y guerra.

 


[/1v/] Admodum Reverendus dominus Thomas Dassio, iuris vtriusque Doctor sanctae metropolistanae Ecclesiae Valentinae canonicus, ac eiusdem, sede vacante, Vicarius generalis & Officialis, iniunxit mihi Ioachimo Moline presbytero ac publio in Academia Valentina sacrae Theologiae professori, ut librum hunc, cui titulus est: Commentarios de la fundación, conquistas y toma del Peñón, legerem: in quo nil me invesmisse affero, quod eius editionem ulla ratione impedire valeat. Cum nec fidei Catholicae, nec bonis moribus quicquam repuenas contineat. In cuius rei testimonium hic me subscribo.Valentiae anno Domini 1566. die17. Augusti.

Ioachimus Molina

 

Nos Thomas Dassio, Canonicus Ecclesiae Valentinae, ac pro reverendo capitulo eiusdem Ecclesiae, sede Archiepiscopali vacante, in spiritualibus & temporalibus Vicarius generalis & Officialis: visa suprascripta relatione, damus licentiam & facultatem imprementdi praesentem librum, & vendendi absque aliquo scrupulo, aut poenae incursit. Dat. Valentiae die .13. Septembris. Anno .1566.

T. Dassio Vicarius
generalis & Officialis.

 


[/2r/]VERSOS DE DIEGO de Ojeda, un cavallero de Málaga, que se halló en la jornada del Peñón.

 

Salustio, chronista verdadero,
tropheo entre scriptores deleytoso,
venido a competir con el famoso
diffícil es de ver qual es primero,
porqu´este con la espada cavallero
a turcos se mostró y a nos sabroso,
y un commentario hizo el animoso
a César imitando el gran guerrero;
que siendo entre batallas escudero,
entre las mismas fue scritor dichoso,
pues no menos, en esto curioso,
Collaços se mostró que cavallero.
¡O[h] montes de paredes deleytosos,
o[h] Driades, que en su Nava soys nascidas,
tanto más seréys esclarescidas
quanto este sacro pueblo es más dichoso!
[/2v/] De aqueste, el fiero Marte y sanguinoso
sin número banderas trae tendidas;
aquí Minerva y Marte florescieron,
aquí dulce scriptor, soldado fiero.
D´estos, al Sarracín bolver huyendo
con pérdida y destroço muchos vieron;
ansí, aquestos a Nava esclarescieron
a vezes peleando y escriviendo.
Homero y Mantuano dulces fueron,
y en sus claras hystorias celebrados,
mas cierto, no serán tan estimados
como otros, que entre armas escrivieron;
porqu´estos muchas vezes offrescieron
sus vidas a rencuentros denodados.
Levanta, pues, verás al animoso
soldado y choronista verdadero,
que siendo al combatir él el primero,
también en componer fue muy sabroso,
poniéndose a los turcos temeroso,
y ansí fue choronista y buen guerrero.


/3r/ AL ILLUSTTRÍSSIMO SEÑOR DON ANTONIO DE Toledo, prior de sanct Joan y cavallerizo mayor de su Magestad y de su consejo de estado y guerra, etc., mi señor, Balthasar de Collaços.

 

SENTENCIA es de aquel sabio y famoso poeta Ludovico Ariosto, illustríssimo señor, que la victoria que se alcança sin derramamiento de sangre, sino sólo con el consejo y prudencia del general, conservando la salud de su exército, deve ser celebrada, no como cosa humana, /3v/ sino divina; la qual, siguiendo Lucano en su Pharsalia, engrandesciendo las cosas del gran Pompeyo, una de las que más particularmente ensalça es haver assegurado el mar de cossarios sin perder un solo navío ni gota de sangre de ninguno de sus soldados. Pues haviendo el excellentíssimo señor don García de Toledo, capitán general de la mar y virrey de Sicilia, de la sangre de vuestra señoría, ganado una fuerça tan importante a la christiandad, que con ella, demás de assegurar el estrecho de Gibraltar de cossarios, son los reyes de España señores del reyno de Vélez y se les han de arrodillar y ser tributarios los reyes de aquel reyno, y todo /4r/ esto bolviendo a Málaga toda el armada sana y salva como de allí la sacó, me paresce que todo el pueblo español está obligado a celebrarla y alabarla como a tal. Y assí, yo teniendo consideración a la grandeza desta victoria, por me haver hallado presente en servicio de su Magestad, me determiné a celebrarla con lo que de mi parte pude; puesto que havrá otras personas que con mayor artificio la saquen a luz, por ser su professión de letras y la mía principal sea seguir las armas y exercicio militar. Pero confiado que ninguno havrá que con más verdad escriva lo que en ella passó, aunque vaya desnuda de todo artificio, me paresció daría gusto a todos los /4v/ que fueren afficionados a cosas de guerra, principalmente saliendo debaxo del nombre y amparo de v. señoría y serle la defensa d’él tan propria, por ser uno de los principales deste illustríssimo nombre y sangre de Toledo, al qual se deven no sólo esta, pero muchas de las más principales victorias que nuestra España ha alcançado. A v. señoría suplico reciba deste pequeño servicio la voluntad con que yo le offrezco. Nuestro Señor, la illustríssima persona de v. señoría por muchos años guarde y prospere.

 


/5r/ Al Lector.

No se puede atribuyr a sobervia sino a virtud imitar a los grandes príncipes en las virtudes que tuvieron, principalmente siendo conclusión de muchos sabios que las cosas grandes sólo en acometerlas se gana honrra. Y assí yo, imitando a Julio César, primero emperador que huvo en Roma que nos dexó confirmado ser hermanas la pluma y la lança, haviendo ydo a servir a su Magestad en la jornada del Peñón, después de haver seguido mi bandera y acompañado mi capitán en las cosas que se le encomendaron, procuré saber e inquirir todo lo que cada día passava. Y /5v/ assí, de todo lo que en la jornada passó, como de todo lo que ha passado de cinquenta y seys años a esta parte, que ha que el conde Pedro Navarro fundó el Peñón, hize el presente Commentario que servirá hasta que salga la más particular memoria que los choronistas de su Magestad desto harán. Y lo que me dio atrevimiento a publicar este pequeño tratado es estar satisfecho que en él se ha cumplido con lo que toca a la ánima de la hystoria, que es la verdad. Porque yo, como soldado, alcancé a ver muchas de las cosas que allí passaron. Y de lo que yo no pude ver, tomé relación de personas de mucha fe y desapassionadas. Y también por entender con Tullio y con Caio Plinio ser muy differente la hystoria de la oratoria y poesía, porque ninguna /6r/ destas tiene gracia sin mucha eloquencia y artificio. Pero la hystoria, de qualquier manera que se escriva, deleyta y agrada, por ser su fin varios successos y acaescimientos de cosas, los quales aunque sean contados por un rústico por palabras grosseras y mal ordenadas, dan mucho gusto. Y assí esta hystoria, aunque no vaya por tan polido estylo como se requería, servirá para que por ella se sepa la verdad, quedando licencia a quien de nuevo la quisiere escrevir con mejores palabras y orden. Entretanto, reciba el pueblo español mi voluntad, que ha sido de servirle con la parte de talento que nuestro Señor fue servido de darme.

 


/7r/ COMMENTARIOS DE LA FUNDACIÓN Y CONQUISTAS Y toma del Peñón y de lo acaescido a los capitanes de su Magestad desde el año de 1562 hasta el de 64.

 

ESTANDO su Magestad del rey don Phelipe, nuestro señor, en Barcelona el año passado de 1563, haviendo ydo allí a tener cortes a aquellos reynos de Aragón, siendo avisado que el turco, enemigo nuestro y de /7v/ nuestra sancta fe cathólica, quería hazer baxar su armada por estas costas de la christiandad, su Magestad, como zeloso y cuydadoso de la salud de sus súbditos y confederados, y poderoso para resistir y offender a qualquier fuerça de enemigos, acordó de hazer armada de galeras y naos para que pudiesse encontrarse con la del enemigo.

 

Don García de Toledo, príncipe general de la mar.

Y para lo tocante a galeras, determinóse dar su estandarte real y hazer príncipe de la mar (como Andrea Doria lo havía sido del emperador su padre y aún con más absoluto poder) a don García de Toledo, hijo de don Pedro de Toledo, virrey que fue de Nápo- /8r/ -les y primo hermano de don Fernand Álvarez de Toledo, duque de Alba, cavallero en quien havía las qualidades que para tan preeminente cargo se requería, assí por su illustríssimo linage y riqueza, como por el muy gran valor de su persona y cargos de mucha qualidad que havía tenido, de que siempre havía dado muy buena cuenta. Que havía sido coronel de toda la gente de guerra española del reyno de Nápoles, siendo su padre virrey, y en la guerra de Sena fue general por muerte de su padre, y antes lo havía sido de las galeras de Nápoles, con las quales tuvo muy seguras aquellas riberas, siendo muy temido de los turcos; /8v/ y fue harta parte teniéndolas con sus industrias y diligencia para que África se ganasse. Governó el principado de Cathaluña con gran rectitud y severidad, como aquella tierra lo ha menester. Y estando su Magestad allí, haziendo cortes, le cometió a él toda la determinación dellas, y deste cargo le sacó para darle su estandarte real, que fue hazerle su lugarteniente en la mar, dándole todas sus vezes en ella para que en todas las galeras que su Magestad tuviesse y anduviessen a su sueldo pudiesse hazer y deshazer todo lo que le pareciesse.

 

Partida para Italia de don García.

Don García de Toledo, haviéndole dado su Magestad /9r/ el estandarte, entendió en varar ocho galeras que havía hechas en las ataraçanas de Barcelona. Y dexándolas en Palamós a cargo de don Luys Osorio, capitán de dos galeras, para que las armasse y cumpliesse de lo que huviessen menester, se partió él en onze de mayo para Italia en diez galeras, de las diez y ocho que havían traydo a los príncipes don Rodulfo y don Arneste, hijos de Maximiliano, rey de Bohemia y de la serenísima reyna doña María, hija del invictíssimo emperador don Carlos, de gloriosa memoria, para bolver luego de allá con todas las galeras que allá havía y traer tres mil soldados viejos y tres mil tudescos.

 

/9v/ Mandato hecho a don Álvaro para armar las chalupas.

Y para lo tocante a los navíos de alto bordo, despachó un correo a don Álvaro de Baçán, capitán general de ocho galeras, el qual le topó a tres jornadas de Barcelona para donde el yva; y llegado, haviéndole comunicado el armada qué quería hazer, como a uno de sus principales capitanes y muy plático y bien entendido en las cosas de la mar, le mandó que armasse hasta cien chalupas, que son navíos pequeños y que pueden llevar a nueve y a diez remos por banda. Y assí don Álvaro de Baçán despachó al puerto de Sancta María a don Alonso de Baçan, su hermano y su lugarteniente, para que embargas- /10r/ -se todas las chalupas que en los puertos del Andaluzía hallasse y las armasse de remos y otras cosas necessarias a la jornada que esperavan hazer, lo qual don Alonso de Baçan començó a hazer con mucha diligencia. Y don Álvaro se partió de allí de Barcelona para Vizcaya, y en el un cabo y en el otro se embargaron hasta ochenta y se començaron a armar, aunque después cessó esta armazón a causa de resfriarse la nueva de la baxada del armada del turco y se mandó despedir a todas, que no quedaron sino quinze.

 

Martín de las Alas por general de quinze chalupas.

Las quales mandó su Magestad que fuessen a las yslas de los Açores /10v/ a esperar las naos que de Indias a la sazón se aguardavan y que fuesse por general dellas Martín de las Alas, un hydalgo asturiano deudo del Arçobispo de Sevilla.

 

Venida de don Álvaro al puerto de Sancta María.

Don Álvaro de Baçán vino al puerto de Sancta María para de allí irse con sus galeras a Barcelona y llevar debaxo de su estandarte cinco galeras del estandarte de España, que estavan sin general porque en obra de un año havían muerto tres generales dellas. Y el primero fue don Iván de Mendoça, de los valerosos capitanes que las galeras de España havían tenido y que no se havía quedado atrás de lo que fue don Bernaldino de Mendoça, /11r/ su padre, porque en cinco años que él las tuvo solo y sin su padre, tomó con ellas muchas galeotas de cossarios, dando libertad a muchos christianos que andavan en ellas cautivos al remo y cautivando muchos turcos; y hizo otras muchas cosas muy buenas en beneficio de la christiandad, trayendo siempre en su armada a muchos cavalleros y escogidos capitanes y soldados particulares, a quien él siempre se preció de honrar y favorecer. Y no será fuera de propósito contar de la manera que fue su muerte.

 

Muerte de don Juan de Mendoça, general de las galeras de España.

Don Joan de Mendoça havía pocos días que era llegado de Ytalia con treynta y dos galeras, /11v/ las diez y seis suyas y las demás de Nápoles. Y estando en la playa de Málaga con las veynte y ocho, haviendo cargado en ellas muchos dineros y municiones de guerra y otras cosas para llevar a Orán, domingo diez y ocho de octubre de 1562, començó a ventar Levante mansamente, de que aquella playa de Málaga es muy desabrida. Y assí por esto, como por ver los ciclos aborrascados y estar ya despachado, acordó de yrse a la Herradura, que es una ancona que la mar haze catorze leguas de allí, más al levante, en la costa del reyno de Granada, de forma de herradura, que es abrigo, aunque no le fue para don Joan. Y ansí, aunque contra viento, se par- /12r/ -tió de la playa de Málaga a dos horas de la noche y fue proejando toda aquella noche. Y a las diez horas, lunes diez y nueve de octubre, dio fondo en la Herradura, y dentro de media hora que le huvo dado, rodó el viento al medio jorno lebeche, en tanta manera que no dio lugar a poder bogar para salirse a la mar, sino que fue la mar y viento tan fuerte que començaron a dar en tierra muchas galeras, y las primeras que dieron fueron las que más junto a tierra se hallaron, que garrando con los ferros davan en tierra haziéndose pedaços; y otras de su voluntad, visto que no podía hazer otra cosa, cortando las guminas encallavan en tierra por guarescer las vidas, aunque muchas se perdieron allí siendo sorbidos de /12v/ la mar y otros, que viniendo nadando a tierra, los despedaçavan los pedaços de las galeras y los remos que la furia del mar traya a un cabo y a otro. De .28. galeras que eran, se perdieron las .24. y más la Capitana de don Joan, que era la mejor galera que hasta entoces anduvo en la mar de veynte y ocho bancos, que él havía cinco meses que la havía echado al agua. La qual se tuvo fuerte sobre los ferros, y queriendo yr a dar en tierra por consejo de los que estavan dentro, dio una gumina con su ferro por la escala de la banda derecha. Y cortando la gumina del ferro siniestro, laboraron los dos ferros de la derecha y vino u- /13r/ -na mar y otra, donde con el gran número de gente que tenía y con laborar las guminas y las grandíssimas mares que al instante acudieron, tumbó la galera a la banda derecha, anegándose desta manera. Don Joan estava en la popa con una marlota roxa, ceñida una tovalla y un çaraguel largo de raso pardo. El qual, como tumbó la galera, cayó junto a la vara del estandarte y se ahogó el que era entonces tan poderoso en la mar, salvándose muchos de los forçados que estavan aherrojados con cadenas. Fue Dios servido que se ahogasse él y muchos cavalleros muy illustres y muy principales que en su galera venían, que no se salvaron della sino treze /13v/ remeros y nueve hombres de cabo; y perderse hían en todas veynte y cinco galeras, más de dos mil y quinientas personas y las más principales de la armada. Gracias a Nuestro Señor por todo.

 

Muerte de don Francisco de Mendoça.

Muerto don Joan de Mendoça de la manera que he contado, a cabo de muy pocos días dio su Magestad el mesmo cargo a don Francisco de Mendoça, su primo hermano y su cuñado, casado con hija de don Bernardino de Mendoça, el qual, haviendo armado en Barcelona, con la chusma que escapó de la Herradura, quatro galeras y haviendo socorrido a Maçarquivi, que le tenía cercado Haçan Baxa, rey de /14r/ Argel, como a otro propósito contaré, estando en la playa de Málaga con cinquenta galeras, siendo el general dellas, por el mes de julio fallesció allí en Málaga de ciertas calenturas que le dieron, siendo en el medio de su edad y haviendo gozado harto poco tiempo el cargo.

 

Muerte del Comendador Girón.

Muerto don Francisco de Mendoça, proveyó su Magestad al Comendador Girón que tuviesse las galeras hasta tanto que proveya general. El qual, estando invernando con ellas en el puerto de sancta María, murió de sus enfermedades y vegez, aunque no mucha, por el mes de noviembre del año de mil quinientos sesenta y tres.

 

/14v/ Partida de don Álvaro para Barcelona.

Llegado don Álvaro de Baçán al puerto de sancta María, aprestó sus galeras, que entonces tenía siete, y con ellas y las cinco partió de allí con doze galeras en seys de junio del año de .1564. yendo navegando con cuydado de dexar limpia la mar de cossarios.

 

Toma de una galeota por don Álvaro de Baçán.

En el cabo de Gata, descubrió una galeota de diez y nueve bancos de un cossario de Bona, que venía la buelta del estrecho de Gibraltar para de allí yrse a Vélez de la Gomera a dexar los despojos de dos o tres presas que havía hecho en la costa de Valencia para después juntarse con el alcayde de Vélez, que andava en el estrecho de Gibraltar; /15r/ pero don Álvaro le atajó los pensamientos con estarse quedo en cabo de Gata lo más encubiertamente que pudo, teniendo las galeras en xolito con los remos en las manos hasta que la galeota las descubrió, que amaynó su vela y se metió a proejar el pico al viento. Don Álvaro la dio caça como siete leguas y la vino a tomar junto a la mesa de Roldán, que los marineros llaman. Venía riquísima de dineros y sedas y arroz y quesos y otras muchas cosas, todo lo qual dexó don Álvaro a los soldados sin querer él para sí más que la honra, que no es poca tomar a un cossario destos que se suelen yr de debaxo del palamento de nuestras galeras según son li- /15v/ -geros en el huyr. Y si no es por gran ventura y astucia, no se pueden caçar. Diose libertad a sesenta christianos que venían al remo que don Álvaro soltó en Cartagena, haziéndoles que la primer salida fuesse a la yglesia mayor de allí y diessen gracias a Dios de la merced que les havía hecho. Cautiváronse quarenta y siete turcos, que los demás havían embiado a Vélez de la Gomera un día antes en una nao cargada de atunes, que havían tomado, que yva de Cádiz la buelta de Valencia.

 

Llegada de don Álvaro a Barcelona.

Llegó don Álvaro de Baçán a Barcelona en fin de junio y no halló allí a don García de Toledo, que aún no era buelto /16r/ de Italia, aunque halló en Tarragona a don Joan de Villaroel, veedor general de todas las galeras de su Magestad, que estava allí entendiendo con gran diligencia en todo lo que convenía a la jornada que se esperava hazer. Y se embarcó allí en la Capitana de don Álvaro hasta Palamós.

Dio orden don Álvaro cómo se echassen al agua quatro galeras que estavan en las ataraçanas para dexar de las que él traya, que eran viejas. Y dexando el cargo desto a Diego López de Aguilera, corrió él con nueve galeras a las yslas de Mallorca en busca de algunas galeotas, que por aquella costa muy de ordinario suelen andar, y a tomar algunos esclavos /16v/ que se havían recogido en aquellas yslas para armar las ocho galeras que don García havía dexado en Palamós. Y buelto a Barcelona, halló varadas sus galeras, con las quales se fue a Palamós a esperar allí a don García de Toledo,

 

Llegada de don García a Palamós.

el qual llegó en veynte y cinco de julio, y aquel mismo día por la mañana havía entrado Joan Andrea Doria con treynta y una galeras, que le havía embiado don García de puerto Ferrar del Elva a la Especie, villa del señorío de Génova, en el seno de Lerze, para que allí embarcasse al conde Hanníbal, que allí estava con tres mil /17r/ tudescos. Y embarcados, vino a Palamós trayendo consigo otras diez galeras que se le havían juntado del duque de Florencia.

 

Yda a Córcega de don García.

De puerto Ferrar se partió don García para Córcega, ysla de ginoveses, con veynte y nueve galeras, en las quales traya diez y seys compañías de soldados viejos de los de Italia, cuyo esfuerço y valentía estava muy experimentado en muchas jornadas y rencuentros. Eran estos soldados seys compañías del tercio de Nápoles y dos de las que vinieron en las galeras de los príncipes, cuyos capitanes eran debaxo de la conduta de Carrillo de Quesada, maestre de campo de aquel /17v/ tercio de Nápoles: don Francisco Çapata, don Hernando de Sahavedra, don Diego Henrríquez Tejeda, don Estevan de Quesada, don Pero Gonçález de Mendoça y Bartholomé de Miranda; y quatro compañías de Sicilia, de que eran capitanes Joan Osorio de Ulloa, don Lope de Figueroa, García de Ávila, Beltrán de la Peña; y quatro compañías del tercio de Lombardía, de que eran capitanes don García Manrique de Ayala, don Diego de Córdova, Joan de Espuche.

 

Salida de don Sancho de Leyva en Córcega.

Llegó don García a Córcega y echó en tierra algunas compañías de soldados, con las quales salió don Sancho de Leyva en busca de Sant Pedro Corço, hombre muy /18r/ sabio en la guerra porque la havía usado mucho tiempo en servicio del rey de Francia, siendo su coronel y teniendo otros cargos muy importantes. Este, favorescido de algunos franceses de Marsella, se havía rebelado contra la señoría de Génova, cuya es aquella ysla. Y sabido por él la venida de don García, se metió las montañas adentro, y viendo don García que era cosa larga buscarle y que la señoría de Génova era harto poderosa para resistir aquel enemigo y aun castigarle su atrevimiento, tornóse a embarcar don Sancho de Leyva con la gente y seguir su viaje la buelta de Palamós. Y antes de llegar, desde Aguasmuertas embió al capitán /18v/ Periche de Cabrera, avisando a don Luys Osorio y a don Álvaro de Baçán cómo venía para que todas las galeras estuvieran prestas y se repartiesse la chusma por todas, porque don Álvaro tenía chusma sobrada. Y viniendo su viaje en Rosas, puerto del Condado de Barcelona, le llegó un correo de su Magestad en que le mandava que si Córcega tenía necesidad de socorrerla, que lo hiziesse y no baxase al poniente. Y que si no tenía necessidad de socorro, que baxasse o hiziesse lo que le paresciesse. Don García tornó a despachar este correo a su Magestad desde Palamós, avisándole cómo quedava allí y el estado de Córcega y que conforme /19r/ a aquello su Magestad le mandasse lo que era servido que hiziesse. Y en tanto que este correo bolvía, entendió en poner en orden todas las galeras que allí en Palamós tenía, entre las quales havía una que havía hecho para sí de veynte y ocho bancos, la qual armó de muy escogida chusma y enarboló en ella su estandarte y se passó a ella en treynta y uno de julio con muy gran salva de artillería de todas las otras galeras.

 

Partida de don García de Palamós.

En primero de agosto, se partió don García de Toledo de Palamós con setenta y nueve galeras, y vino este día a Barcelona, de adonde se partió luego por cierta borrasca que huvo y vino a dar /19v/ fondo a Castil de Félix, de adonde embió a don Sancho de Leyva con sus siete galeras y dos de las de España a Barcelona, yendo en la Capitana de don Sancho don Luys Osorio, para que allí tomassen ciertas municiones y otras cosas que faltavan para acabar de armar las galeras nuevas. Y él se fue con el resto del armada a Tarragona, adonde le llegó el correo de su Magestad, en que le embiava a mandar que baxasse acá con todas las galeras. Y assí, en quatro de agosto, desde Tarragona embió don García a don Álvaro de Baçán para que en sus galeras, que eran ocho con una del Abad Lupián, que seguía su e- /20r/ -standarte juntamente con don Sancho de Leyva, que en Barcelona estava, embarcasse cierta artillería y municiones necessarias para hazer la jornada.

 

Partida de Tarragona de don García.

Y en seys de agosto se partió él con el resto del armada para Málaga, adonde llegó en diez y siete de agosto. Y aquel mismo día en la noche partió con treynta galeras la buelta de Cádiz a traer quinze chalupas, de que su Magestad havía hecho general a don Alonso de Baçán, cavallero mancebo y de gran esfuerço y illustres virtudes, y a la armada de Portugal que allí estava, que eran ocho galeras y seys caravelas y un galeón, de que era /20v/ general de las galeras Francisco Barreto, y de las caravelas y galeón Ruy Barreto, su sobrino, aunque todo estava debaxo del mando y govierno de Francisco Barreto, el qual havía dos meses que havía salido de Lisbona y se havía andado en guarda del Algarbe. Y haviendo venido allí a Cádiz, havía recebido cartas del Rey su señor, en que lo mandava que fuesse a Málaga a juntarse con don García.

 

Partida de don Álvaro y don Sancho de Barcelona.

En siete, se partieron de Barcelona don Sancho de Leyva y don Álvaro de Baçán con sus diez y siete galeras y otras quatro: dos de Bendinelo y dos de Estevan Marí, que havían buelto de Tarragona con el /21r/ Duque de Francavila, que yva por virrey a Barcelona y havía días que se estava en Tarragona sin venir a Barcelona por temor de la peste que en aquella ciudad y en algunos pueblos de su comarca havía començado a herir. En estas veynte y una galeras trayan doze cañones gruessos de batir y otras municiones, con las quales se embarcó el señor de Sanct Jorge, teniente de capitán general del artillería del condado de Catalunña por don Joan Manrique de Lara, con diez artilleros para ellas.

 

Huyda de dos galeotas de Argel.

Y viniendo su viage, llegando en el paraje del río de Altea, sábado doze de agosto, les dieron nue- /21v/ -va a don Álvaro y a don Sancho cómo en la ysla de Villadorme, que es cinco leguas antes de Alicante y tres de allí, estavan dos galeotas de Argel, una de diez y ocho bancos y otra de diez y seys, haziendo rescate de una nao que allí havían tomado.
Arrancaron ambas capitanas sin aguardarse la una a la otra, y aun sin yr muy ciertos, que esta nueva lo era. Siguiéronles las demás galeras y en muy breve espacio llegaron las dos capitanas adonde las galeotas estavan desarboladas y las popas en tierra y harto descuydadas de lo que venía sobre ellas, porque el día antes havían visto passar /22r/ a don García con cincuenta y ocho galeras. E yendo la capitana de don Álvaro y la galera sancta Bárbara de Nápoles a envestir a la galeota mayor, estando ya tan cerca della que havían acudido al espolón dellas cavalleros y soldados particulares para saltar en la galeota, la galera sancta Bárbara súpitamente levó remos y se estuvo queda sin bogar avante. A este tiempo llegó don Sancho de Leyva con su capitana, que se havía hecho un poco más a la mar por coger el viento a la galeota, e yéndola a envestir ambas capitanas, la de don Álvaro y la suya, se embaraçaron ambas galeras, la una con la otra, de suerte /22v/ que la galeota tuvo lugar de salírseles por debaxo de los espolones, començando a bogar con grandíssimo ánimo y a salirse peleando los turcos valentíssimamente tirando a las proas de las dos capitanas, adonde havían acudido los principales cavalleros y soldados dellas con espadas y rodelas para saltar en la galeota, la qual se dio tan buena maña que se salió, como digo, de debaxo de los espolones de ambas capitanas, dexando heridos de la capitana de don Álvaro a doze soldados y muerto uno. Y don Joan de Villaroel, que havía acudido primero a la proa de la capitana de don Álvaro donde él venía, fue tan dichoso como valiente en no le acertar nin- /23r/ guna bala ni flecha de las muchas que los turcos tiravan, que a don Joan de Baçán, hermano de don Álvaro, que fue también de los primeros que acudieron a la proa, le acertó un arcabuzaço en una rodela azerada que no le valió menos que la vida, y de la capitana de don Sancho hirió a tres, y de la sancta Bárbara de Nápoles dexó heridos a seys o siete, y de sanct Phelipe de Nápoles mató a un soldado muy particular. La otra galeota menor, viendo embaraçadas las dos capitanas, se salió sin que galera ninguna se lo estorvasse. El capitán de sancta Bárbara, a quien se cargava toda la culpa de haverse escapado las dos galeotas por haver levado remos su galera, dava algu- /23v/ -nas desculpas que no le eran muy aceptas. Porque cierto, si envistiera a la galeota como pudo, ni se fuera la una ni la otra, las quales, haviendo salido desta refriega tan dichosamente, se metieron la proa al viento haziendo bogar a los pobres christianos que venían al remo tan valientemente como ellos havían peleado. Todas las galeras les fueron dando caça, y viendo que era cansar la chusma y no hazer nada, se bolvieron a dar fondo aquella noche en la ysla, harto corridos todos de ver que assí se havía ydo de las manos una tan buena presa. Porque de un turco que havían echado en tierra, se supo el domingo siguiente en Alicante cómo estas /24r/ dos galeotas imbiava el Rey de Argel armadas muy aposta para que entendiessen lo que por acá passava y que traya cada una ochenta turcos geniçaros, escogidos de la guardia del rey, y entre ellos muchos capitanes, que ellos llaman arraezes, de las galeotas de Argel. Y bien se paresció, que una hazaña tan grande, como fue escaparse dos galeotas de .21. galeras reales, que el bulto dellas bastava para hazerlas rendir, no la podían hazer sino hombres muy valerosos. Al remo dixo que trayan obra de ciento y quarenta christianos escogidos en todos los cautivos de Argel. A quien le vino bien de la topada destas galeotas fue al maestre de la nao, que estando preso en la galeo- /24v/ -ta mayor, viendo nuestras galeras, se echó a la mar y nadando vino a tierra, aunque con una cuchillada en la cabeça que le acertó un turco quando se echava al agua. Pero él huvo libertad, y su nao y mercadería que ya tenía perdida.

 

Llegada a Málaga de las veynte y una galeras.

En diez y ocho de agosto llegaron a Málaga las veynte y una galeras, y miércoles veynte y tres bolvió a Málaga don García de Toledo, trayendo consigo las quinze chalupas, y sábado veynte y seys de agosto llegó a Málaga la armada de Portugal.

 

Llegada de cinco galeras de la religión a Málaga.

Lunes, veynte y ocho de agosto, estando ya el armada para se par- /25r/ -tir, llegaron a Málaga cinco galeras de la religión de sant Joan de Malta de que venía por general frey Joan Exío, cavallero francés de la lengua de Hybernia. Hizieron una muy gran salva y entraron arrastrando onze banderas, que havían ganado después que salieron de Malta, de una nao que tomaron junto al Xantho, ysla de griegos subjeta a venecianos, que venía de Constantinopla a Venecia muy cargada de mercaderías. Y peleó con el artillería más de seys horas y mató siete o ocho cavalleros y hirió algunos, pero al fin la tomaron y en ella cien turcos y veynte pieças de artillería. Y llegando a Callar, ysla de Cerdeña, les dieron nuevas /25v/ de cinco galeras y una galera de Tripol, de Berbería. Y allí pusieron en orden sus galeras y vinieron a toparse con ellas al alva en cabo Carbonera, que venían la buelta de una ysla que está cinco millas de Cerdeña. Y en descubriéndolas, arrancaron tras ellas, que los turcos no osaron guardar, tanto es el miedo que tienen a estos invencibles cavalleros. Alcançaron la galera, a la qual invistió la galera sanct Gabriel, de que era capitán Gil de Andrada, cavallero español de la casa de Andrada de Galicia, y peleó con ella y le hirió seys cavalleros, pero al fin la rindió y tomó. Traya ochenta y tres turcos y ciento y quarenta christianos al remo, a los qua- /26r/ -les dieron libertad. Esta galera havía sido del duque de Florencia, que los turcos havían tomado VII años antes.

 

Partida de Málaga de toda el armada.

Martes veynte y nueve de agosto a las onze horas antes de medio día, estando embarcados todos los bastimentos y municiones y cosas necessarias a la jornada, en lo qual dio gran recaudo el comendador Francisco de Yuarra, proveedor y comissario general de su Magestad, el qual en esta jornada, de más de hazer lo que estava obligado al proveer la armada, hizo como soldado todo lo que devía a tan principal cavallero como él es. Partió de Málaga toda la armada, /26v/ que era de ochenta y nueve galeras reales y quinze chalupas, y una urca grande y seys caravelas y un galeón. Y las galeras eran las siguientes: don García de Toledo, catorze galeras con su real, y las dos de don Luis Osorio, y las dos de don Guillén de Rocafulla, y con las quatro de España y las nuevas, que todas eran catorze; Frey Joan Exío cinco de la religión de sanct Joan, Musyur de Leni tres del Duque de Saboya, Francisco Barreto ocho de Portugal, don Sancho de Leyva onze, las siete de Nápoles, dos de Bendinelo, dos de Estevan Marí que seguían su estandarte, don Fadrique de Carvajal diez de las de Cicilia, entre las qua- /27r/ -les traya cinco don Joan de Cardona, Joan Andrea Doria doze galeras suyas, que andan a sueldo de su Magestad, don Álvaro de Baçán ocho de la guardia del estrecho de Gibraltar, Jorge de Grimaldo siete de Marco Antonio Colona, Musyur de Punblín diez del duque de Florencia, y destas no fueron más que las siete la jornada, porque las tres quedaron desarmadas en Gibraltar; Marcos Centurión marqués de Estepa quatro galeras suyas. De las quinze chalupas yva por general don Alonso de Baçán, y del galeón y seys caravelas Ruy Barreto, que por todas eran ciento y doze velas gruessas, sin otras muchas fragatas y bergantines de Má- /27v/ -laga y Gibraltar que seguían el armada, que todas serían el número de ciento y cincuenta velas, todas las quales se juntaron aquel día en Torremolinos, que es dos leguas de Málaga, adonde se proveyeron de agua y leña.

 

Junta de generales en la real.

Este mesmo día en la noche mandó don García de Toledo que viniessen a su galera real todos los generales, y juntos les descubrió el secreto de la jornada, que fasta entonces nadie lo sabía mas de sospechar que esta armada se hazía para el Peñón.

 

Don García, general de la gente que salió en Berber.

Y les dixo cómo él también yva por general de la gente que faltasse en tierra y con determinación de no alçarse del Peñón sin le to- /28r/ -mar, porque esta era la de su Magestad, que veya que cada día crescía más el mal y los turcos acrescentavan más sus fuerças y poder y no convenía a la reputación de su Magestad ni al bien de la christiandad que aquellos cossarios tuviessen allí su assiento más, que él llevava aparejo para quitárselo de mucha y de muy buena gente y mucha artillería y municiones y todas las cosas necessarias. Y diose aquí orden que otro día por la mañana fuesse Francisco Barreto, con sus ocho galeras y las cinco de la religión, a Marbella para llevar las seis caravelas y el galeón, y con ellos tomassen de allí la derrrota del Peñón, adonde ya el armada fería llegada.

/28v/ NOTA: Antes de sacar de aquí el armada, me paresce que será bien dezir para que mejor se entienda lo que acerca desta jornada queda que dezir, el assiento del Peñón, quién le fundó y cómo vino en poder de los moros, y cómo teniéndole los moros fue sobre él don Hurtado de Mendoça, marqués de Mondejar y no le tomó, y de qué manera después, el año de mil y quinientos cincuenta y quatro, vino en poder de los turcos, y cómo passó la jornada que a él hizo el año passado de mil y quinientos sesenta y tres don Sancho de Leyva, que todo passa desta manera.

 

Assiento del Peñón.

El Peñón es una fuerça puesta en la ribera del reyno de Vélez de /29r/ la Gomera, de la costa de Berbería, la qual es más fuerte por el sitio que naturaleza le dio que por el trabajo de los hombres, que es un peñasco ceñido de la mar, porque dista de tierra como ciento y treynta passos y tiene sola una subida a la parte de tierra y está tan áspera y estrecha que difficultosamente puede subir un hombre solo por ella, de manera que con muy poca fuerça de hombres puede resistir a todo el ímpetu del mundo. En sí contiene seys plaças, y estas suben unas más altas que otras. La primera, es una plaça más para servicio de los defensores deste fuerte que para fortaleza d’él, aunque de aquí los turcos procuraron con escopetas offender a los que plan- /29v/ -tavan nuestra artillería por estar más cerca. Esta da entrada bien diffícil a la fuerça principal deste castillo porque se sube por un puente levadiço de catorze pies en largo y se entra por un postigo y una bóveda que no cabe más que una persona.

Esta bóveda va a dar a una plaça, la qual tiene a la parte de levante una torre bien ancha y hecha con dos cubos, los quales están en sí abraçados con dos no muy fuertes lienços. Debaxo desta torre está hecha una trinchea que defiende el puerto a los navíos que quisiessen entrar por la parte de levante. A esas plaças señorean otras dos que están al poniente destotras. La una /30r/ dellas es más alta que la otra y sale a modo de pirámide, porque es un risco redondo y ancho y viene a fenescer en muy angosto porque la plaça que en sí tiene, no tiene más anchura que doze pies en quadra. Aquí quedó puesta una cruz que paresce muy bien. La otra plaça está un poco más baxo que esta y es más ancha; esta defiende la entrada del puerto por la banda de poniente. Toda esta peña, por la banda de la mar, es una muralla hecha por la naturaleza, de peña tajada y de altura de más de cien estados, aunque por la banda de tierra no es tan alta, y terná de circuito toda ella como tres mil passos. Echa de sí un braço a la parte de /30v/ levante a manera de muelle, en el qual no hay fuerça alguna, pero sirve de abrigo. De todas estas fuerças fueron las dos primeras batidas con seys cañones gruessos y recibieron tanto daño en el muro, por ser flaco, que se tenía esperança que al segundo día serían del todo arrasadas de nuestra artillería, aunque después de arrasadas fuera tan difícil el assalto que costara vida de muchos soldados.

 

Assiento de Vélez de la Gomera.

La tierra continente que más cerca está deste peñasco es una punta que los moros llaman Cantil, la qual baxa de una montaña muy alta que está a la parte de poniente de Vélez. Enfrente desta, al levante está otra /31r/ sierra que los moros llaman Baba, que se interpreta padrastro en nuestro vulgar. Y es de tan gran altura que señorea todas las demás montañas que están a la redonda y vase continuando hazia el levante fasta el río de Botoya deste reyno de Vélez, que es casi ocho leguas, y por la banda de la mar en todo este término haze una muralla de peña tajada, de manera que por muy pocas partes ay subida a tierra.

Estas dos montañas distan una de otra mil passos medidos por la marina y entre ellas corre un pequeño arroyo que de verano se seca. La que está a la parte de levante, que dixe llamarse el Baba, abre en sí un seno y haze una cañada muy /31v/ alta a la falda de la qual está fundado Vélez, que es un pueblo de fasta quinientos vezinos, aunque en tiempo del rey tuerto fue de más población, según dizen, el qual está cercado de una muralla no muy fuerte hazia la marina. En esta tiene dos puertas, que ambas miran a la mar: la una es un pequeño postigo que sirve a los pescadores, porque está quasi a la lengua del agua; la otra es puerta más principal y está de la mar como quatrozientos passos. Y por delante destas entra en la mar el arroyo que dixe, arrimándose a la sierra que está al poniente. A la banda de tierra tiene todo este cerro por muralla, de manera que de encima d’él muy fácilmen- /32r/ -te pueden ser offendidos los moradores. En lo más alto, hazia la mar a levante, está fundado un pequeño fuertezillo en quadra, el qual dizen que edificó el rey tuerto con fuerça de christianos, haziéndoles subir los materiales por esta asperíssima sierra, para en él tener centinelas que le descubriessen la mar y diessen aviso al pueblo qué navíos venían.

 

Fundación del Peñón.

Fundó el Peñón el conde Pedro Navarro, según la memoria de los viejos y de capitanes y soldados suyos que hoy son vivos, y que es ansí cosa muy cierta y parescerá en la chorónica de los reyes Cathólicos, don Fernando y doña Ysabel, de gloriosa memoria. Y fue desta manera.

/32v/ Año de mil y quinientos y ocho, haviendo el rey de Fez Muley Mafumer cercado a Arcila con más de cien mil moros de a pie y de a cavallo y teniendo tomada la ciudad y fortaleza, quedando solamente el omenaje en el qual se havía recogido el conde de Redondo, capitán mayor que allí estava con la gente que en él cupo, sabido por el rey don Fernando el Cathólico que estava en Burgos, escrivió al conde Pedro Navarro, que a la sazón estava en Málaga, que fuesse a socorrer a Arcila con tres mil soldados que el rey havía traydo de Nápoles, que estavan alojados en el Xarquia de Málaga y Marvella.

El conde, recebida esta carta, /33r/ embarcó en quatro galeras, que España entonces tenía, y en una nao suya nombrada la Maríeta, obra de dos mil y quinientos soldados, con los quales llegado a Arcila con la artillería del armada hizo retirar el real de los moros de junto a la muralla de Arcila y echó su gente en tierra, y formado su esquadrón entró en Arcila, a pesar de los enemigos, y echó fuera a los que dentro estavan. Y después de quedar el conde dentro, otro día por la mañana supo cómo el rey Muley Mafumer con todo su exército se havía retirado dos leguas de Arcila. Y el conde Pedro Navarro ordenó su gente y fue la buelta de los enemigos, llevando consigo algunas pie- /33v/ -ças de artillería de campaña, con las quales les començó a saludar y les hizo retirar a más que de passo. Y hecho esto se bolvió a Arcila y estuvo en ella hasta que la armada de Portugal vino y embarcó la gente que cupo en la nao y embióla a Málaga. Y la demás gente embarcó en las galeras, con las quales se vino costeando la costa de Berbería, y llegando a Vélez de la Gomera vio el Peñón, que estava sin edificio ninguno en lo alto, y sin que nadie jamás se huviersse apoderado d’él. Y vista su gran fortaleza, parescióle que sería cosa muy conviniente a la costa y pueblos marítimos del Andaluzía que los reyes de España se enseñoreassen d’él para estorvar los da- /34r/ -ños que los moros de allí de Vélez hazían y adelante podían hazer y dexó en él obra de treynta hombres. Y llegando a Málaga dio noticia dello al rey don Fernando, que a la sazón estava en Burgos, al qual le paresció muy bien lo que el conde le escrevía y havía hecho.

 

Juan de Villalobos primer alcayde del Peñón.

Y embió a él por alcayde y capitán a Joan de Villalobos, regidor de Málaga y alcayde de Trebejo, con sesenta soldados, el qual tuvo el Alcaydía hasta que murió. Y por su muerte dio el rey la tenencia a un hijo suyo. Este puso por su teniente a Francisco de Villalobos, su tío, hermano del alcayde passado, y en poder deste se perdió y vino a manos de los reyes de Vélez, por la orden que diré.

 

/34v/ Cómo los christianos perdieron el Peñón.

Este Francisco de Villalobos tenía particular amistad con tres moros de Fez, los quales le traya christianos cautivos que hurtavan ellos en Fez, y venían con ellos al Cantil y con cierta seña que hazían al Peñón embiávales la barca en que los metía allá. Y el alcayde, porque los moros no fuessen vistos ni conoscidos de los soldados, metíalos en el Peñón cubiertos y teníalos dentro un día hasta echarlos a la noche. Y desta manera vinieron muchas vezes y traxeron muchos christianos, a los quales el alcayde embiava libres a España.

El rey de Fez, Muley Mafumet, viendo que cada día faltavan /35r/ christianos y que los moros vezinos de Fez se le quexavan dello, hizo muy gran pesquisa hasta saber quién hazía los hurtos de los cautivos y alcançó a saber que estos tres moros, y prendió al uno dellos, el qual confessó lo que passava. Y queriendo hazer justicia d’él, los otros dos acordaron hablar al rey y dixéronle que era verdad que ellos havían hecho menos todos los christianos que en Fez havían faltado, pero que lo hazían con intento de le hazer un gran servicio a él y a Mahoma. Y el rey les preguntó que de qué manera, a lo qual respondieron cómo el alcayde del Peñón tenía gran confiança dellos y la manera que tenían en entrar y sa- /35v/ -lir, y cómo los metía en la torre adonde estavan todas las municiones del artillería y escopetas y ballestas de los soldados, las quales el alcayde havía encerrado allí por cierta passión que con los soldados havían tenido y por no estar muy seguro dellos les quitó las armas, y ellas y pólvora y municiones metió en la torre, que era toda la fuerça que el Peñón entonces tenía. Y estos dos moros pidieron licencia al rey para poder tomar otro christiano y llevarlo al Peñón para mejor tornar a mirar cómo harían lo que tenían pensado. E hízolo el rey assí, pero no soltó al que tenía preso. Y todo esto con mucho secreto. Y dos los dos moros con el christiano a /36r/ Vélez entraron en el Peñón por la orden que antes, y consideraron y miraron muy bien todo lo que les convenía hazer para salir con su propósito. Y dixéronle al alcayde si quería comprarles una negra muy bien dispuesta y moça que sabía hazer oro de alquimia. Y alabáronsela tanto que a él le dio gran cobdicia de verla y tanta que les rogó muy mucho que en todas maneras se la traxessen. Y con esto se fueron. Bueltos a Fez, contaron al rey lo que passava y que era menester que les diesse un negro muy valiente y bien dispuesto que él tenía y que embiasse un alcayde con dozientos moros escogidos que fuesse con ellos. Todo lo qual les dio el rey. Venidos estos dos moros con el negro /36v/ en hábito de negra, dexando al alcayde con los dozientos moros en parte que llegassen a cierta hora, porque entonces entendían tener hecho lo que llevavan pensado, llegaron al Cantil y haziendo su acostumbrada seña, fueles del Alacyde del Peñón embiada la barca. Y metidos en la torre, adonde no estavan más quellos y él, su muger y una moça, el alcayde viendo la negra, se holgó mucho con ella. Y haviendo estado un buen rato hablando en el orden que se tenía de hazer el oro de alquimia, viendo los moros que era tiempo y que el alcayde con los dozientos moros havría ya llegado al Cantil, echó mano el negro a una gumia, que es una ar- /37r/ -ma como hoz, que traya encubiertamente, y dio con ella una gran cuchillada a la muger del alcayde. Y uno de los moros, con una mano de almírez de moler pólvora, dio al alcayde un porrazo en la frente que dio con él en el suelo. E hizieron de suerte que quando al ruydo acudieron los soldados ya ellos havían muerto al alcayde y herido a la muger y cerrado la puerta de la torre y héchose señores della, y hecha seña para que el alcayde con dos dozientos moros acudiessen. Los quales acudieron y juntamente con ellos el rey de Vélez y se apoderaron del Peñón y cautivaron a los soldados.

 

El rey de Vélez apoderado del Peñón.

El rey de Vélez tuvo tan bue- /37v/ -na maña que embió a Fez al alcayde con los dozientos moros, diziéndoles que llevassen la presa de los christianos a Fez y que él ternía el Peñón por el rey de Fez como su vassallo y sobrino, aunque después no quiso sino tenerle por sí. Y el rey de Fez cortó la cabeça al alcayde porque havía sido nescio. Passó esto el año de mil y quinientos y diez y seys, de suerte que estuvo en poder de los christianos ocho años.

 

Don Juan de Velasco acudió a socorrer el Peñón.

Sabida esta nueva en Gibraltar, hallóse en la Baya don Juan de Velasco, capitán general de las galeras de España, el qual se juntó con don Pedro Mazcarenas, general de las galeras de Portugal, y ambos acudieron a ver si tenía remedio tor- /38r/ -narle a cobrar. Y a un mismo tiempo en Málaga, sabida esta pérdida por los officiales del rey, embiaron una nao que llegó al Peñón el mismo día que las galeras, las quales quisieron llegarse al Peñón para echar gente en él y tomarle. Pero el rey de Vélez le tenía ya tan bien proveydo de gente y artillería que no dexaron acercar a nuestra armada. Y visto por don Joan que no tenía remedio, se bolvieron sin hazer nada.

 

Jornada del marqués de Mondéjar a tomar el Peñón.

Posseyendo el rey de Vélez el Peñón y haziendo d’él el daño que podía en la costa del Andaluzía, tenía en su servicio cautivo a un christiano que se llamava Fernando Albañí, natural de Jaén, que havía sido soldado en el Peñón, que havía cautivado /38v/ con los demás de la manera que hemos contado. Este, por sus habilidades y merced que Dios le quiso hazer, vino a privar con el rey en tanta manera, que se governava por el parescer deste y le tenía más como a hermano que como a esclavo. Desseando este aprovecharse desta privança y emplearla en servicio de Dios como buen christiano, trató por cartas con mucho secreto con don Hurtado de Mendoça, marqués de Mondéjar, capitán general del reyno de Granada que entonces era, que viniesse con la gente de guarnición del reyno de Granada y que la echasse en el Peñón, que a escala vista lo podía tomar por el mucho descuydo que en el /39r/ rey havía en la guarda d’él, que no havía en él municiones, sino muy pocos moros y que él daría orden cómo venido él con esta gente le tomasse antes que el rey le pudiesse socorrer con apartarle de Vélez y meterle la tierra adentro, como lo hizo.

El marqués de Mondéjar para certificarse bien desto que el Fernando Albañí le escrivía, embió secretamente a Vélez a un cavallero de su casa, el qual después de haver estado con el Fernando Albañí y entendido lo que dezía, se bolvió al marqués y le hizo relación de todo lo que havía visto y tratado con el Fernando Albañí. El marqués, /39v/ pareciéndole que llevava camino, comunicólo por cartas a su Magestad del emperador don Carlos, de sancta y gloriosa memoria, que a la sazón estava en Burgos, el qual le dio licencia para que hiziesse esta jornada y le embió cédula para Rodrigo de Portundo, general de tres galeras que España tenía, para que con ellas y armando algunas fustas, echasse al marqués y a la gente que llevasse al Peñón por la orden que él le diesse; el Portundo no quisiera hazer la jornada por algunos fines que él tenía, y assí, como fue de mala gana, hizo mala navegación.

 

Navegación que havía de hazer Portundo.

Porque havía de partir de Torremolinos de medio día abaxo y po- /40r/ -ner la proa en el Peñón, y navegar aquel día y la noche y amanescer a diez o doze leguas del Peñón y estarse en xolito aquel día y navegar la noche y al alva dar sobre el Peñón. Y desta manera sin duda le tomaran.

 

Navegación que hizo Portundo.

Pero él se descubrió otro día después que partió el armada de Málaga sobre cabo de Vicentor, que es quatro leguas de Vélez más a levante. Y passó desta manera.

 

Partida del marqués con toda el armada.

El marqués partió un día del mes de setiembre del año de mil y quinientos y veynte y cinco con tres galeras reales y doze galeotas de Málaga y quatro caravelas de Portugal. Y en todos estos navíos llevava los /40v/ quatrocientos ballesteros y mucha gente principal de Granada y Málaga y de toda la costa, que serían en todos hasta dos mil hombres. Y otro día después que partió de Málaga fueron a cabo de Vicentor que, como digo, es quatro leguas de Vélez de la Gomera más al levante. Y allí estuvo todo aquel día en xolito, y fue descubierto de toda la gente de Vélez hasta las yslas de Buzema, adonde el rey estava, y le dieron la nueva y vino luego a Vélez y tuvo tiempo antes que nuestra armada llegasse de meter gente y municiones en el Peñón, que estava harto desproveydo de todo. El marqués con la armada, haviendo estado en xolito aquel día, otro día /41r/ antes que amaneciesse arribó al Peñón y echó la gente en la falda d’él, que dixe que es a manera de muelle, porque no hay otro lugar donde se pudiera echar. Y por capitán de toda ella a don Bernardino de Mendoça, su hermano, y queriéndole tomar a escala vista, como lo hiziera si no huviera sido descubierto el armada, los del Peñón, desque vieron toda la gente en la falda d’él, començaron a disparar su artillería a los navíos en tanta manera que los hizieron apartar a largo, porque a no lo hazer assí, los echaron a fondo. Y la gente, viéndose allí y apartar los navíos y el poco remedio que tenían de subir arriba, por ser la subida tan diffícil y defenderla los /41v/ de arriba, se echavan algunos dellos a nado, y desta manera se salvavan algunos, aunque más eran los que se ahogavan antes de llegar al armada y otros morían de los tiros del Peñón. El marqués quería que toda el armada, bolviesse a recoger la gente o morir, ymitando al conde de Niebla sobre Gibraltar, que quiso más ahogarse con los suyos que quedar con la vida a llorar sus desastradas muertes. Portundo se lo resistió como general del armada, diziendo que a menos costa se rescatarían los que allí quedavan que no bolver a perder toda el armada y las vidas de los que havían quedado en ella y no hazer nada. Y cierto, Portundo dezía verdad, /42r/ porque ningún navío se acercara al Peñón que no le echaran al fondo. Don Bernardino de Mendoça se salvó en una galeota de las de Málaga, que la halló sin gente él y todos los que en ella cupieron. Murieron y ahogáronse allí muchos y quedaron cautivos más de seyscientos. Y el armada se bolvió a Málaga a cabo de quatro o cinco días que havía partido.

 

Cómo vino el Peñón en poder de los turcos.

El Rey de Vélez, Muley Buaçon, señor del Peñón, viendo que Muley Maamet, Rey que era de Sus en la Berbería, que después llamaron xarife, se havía apoderado del reyno de Fez quitando d’él /42v/ a Muley Mafumet, rey verdadero d’él, doliéndole mucho esto y pretendiendo vengar la injuria hecha a Muley Mafumet, su tío, y cobrar él para sí el reyno de Fez, porque le venía de derecho por haver sido de su tío y por ser él del linage de los Merines, que es el sobrenombre de los reyes de Fez, como llamamos a los emperadores de Roma Césares, tuvo orden cómo passar acá en España y dexando a buen recaudo el Peñón,

 

Venida del Rey de Vélez a España.

Vino a Melilla, de adonde fue traydo a Málaga en las galeras por don Bernardino de Mendoça. Y de allí se fue el año de mil y quinientos y quarenta y nueve a la Corte de /43r/ Castilla, donde fue muy bien recebido del Príncipe Maximiliano y de la sereníssima princesa doña María, que entonces governavan estos reynos. Y sabida su venida a España por su Magestad del Emperador, que estava en Flandes, embió a mandar que fuesse allá.

 

Yda del Rey de Vélez a Flandes.

Muley Buaçón lo hizo assí, y se fue a ver con su Magestad, que le recibió con mucha gracia y mandó que se le diessen tres mil ducados de ayuda de costa, y a todos los príncipes y señores, que en su corte estavan, que le llamassen Alteza y tuviessen mucho respecto; que se hizo assí. Este yva a tratar con su Magestad que le diesse favor con- /43v/ -tra el xarife para echarle de Fez y que sería su vassallo y le daría el Peñón. Su Magestad del Emperador no le acudió a esto por justas causas que a ello le moverían, y después de haver estado muchos días en su corte el Muley e ydo con él en Alemaña, se vino a Castilla el año de mil y quinientos y cinquenta y uno.

 

Yda a Portugal del Rey de Vélez.

Y venido, se fue a Portugal a tratar con el rey don Juan lo mismo que con su Magestad havía tratado, que tampoco le respondió a su propósito, aunque le recibió muy bien y le encaminó a Ceuta, adonde embió a mandar que en quatro caravelas de armada suyas le llevassen a Vélez de la Gomera.

 

/44r/ Buelta a Vélez del Rey.

Como lo hizieron, que no devieran, porque después de le haver puesto en Vélez y bolviéndose ya a Ceuta, en la playa de Vélez, estando con muy gran calma, aportó allí Salarráez, Rey de Argel, con quinze galeotas y una galera real.

 

Pérdida de las quatro caravelas de Portugal.

Y combatiendo con las quatro caravelas, las tomó, cautivando a todos los que yvan en ellas, que passó esto año de mil y quinientos y cinquenta y tres. Sabido por Salarráez de la gente que en las caravelas tomó a lo que havía venido a España el Rey de Vélez, trató con él que se viniesse a Argel y que él por ventura le daría lo que por acá no havía hallado en el Emperador ni en el Rey de Portugal.

 

/44v/ Yda del Rey de Vélez a Argel.

Y assí el Rey de Vélez se fue a Argel, de adonde dentro de pocos días bolvió a Fez trayendo en su ayuda a Salarráez, Rey de Argel, con quatro mil tiradores, con el qual se havía concertado que le dexaría saquear a Fez, que es un pueblo riquísimo y de más de cien mil vezinos, y más le daría el Peñón porque le echasse al xarife de Fez y le dexasse a él Rey de Fez. Y juntando esta gente, que el Salarráez traya con los Alarbes del Campo, que estavan en favor del Muley Buaçón, Rey de Vélez, que eran más de sesenta mil, vinieron la buelta de Fez.

 

Entrada en Fez de los turcos.

Adonde el xarife no osó aguardar y assí sin resistencia alguna en- /45r/ -traron en Fez y los turcos la saquearon, excepto la judería della que se les defendió. Y estando en Fez, el Salarráez quisiera hazerse señor de aquel reyno, paresciéndole que era poderoso para ello más que no recebir el Peñón. Y trató con un hijo de Muley Mafumet, Rey de Fez passado, a quien el xarife havía desposse_do del reyno, que lo casaría con una hija que tenía en Argel y le haría señor del reyno de Fez. Y esto hazía él a fin de apoderarse del reyno por esta vía. Y el moço fue contento desto. Y hablaron al Muley Buaçón, preguntándole el Salarráez que cuyo era aquel reyno de Fez y a quién pertenescía; respondió que de aquel moço, por haver sido de su pa- /45v/ -dre Muley Mafumet. Replicóle el Salarráez que dezía muy bien y que sería razón dárselo a él. El Muley Buaçón dixo que lo tomasse en hora buena. Y sabido esto por los moros de Fez, alborotóse todo el pueblo diziendo que no querían rey tan mochacho, porque el xarife havía de tornar y quitarle el reyno. Visto por Salarráez que no podía salir con lo que havía intentado, acordó de dexarse desto y pedir el Peñón. Y assí le dixo a Muley Buaçón que, pues él le havía dado el reyno de Fez, que le entregasse el Peñón. Y el rey le dixo que era contento y mandó a un su hijo que fuesse con el Salarráez a Vélez y le entregasse el Peñón. Y assí fueron, pe- /46r/ -ro el que estava por alcayde en él no le quería entregar, porque el rey le havía mandado que no le entregasse sino al que diesse cierta seña que entre ellos havía, porque su intento era no desposseerse del Peñón. El Salarráez, entendiendo la burla, amenazó al hijo del Muley Buaçón de quererle ahorcar si no le dava el Peñón. El moço sabía la seña que entre el padre y el alcayde havía y viendo que era mala burla la que el Salarráez le quería hazer, embió la seña al alcayde, el qual entregó el Peñón [a] Salarráez, Rey de Argel, año de 1554.

Aunque sea salir un poco de nuestro camino, contaré lo que el xarife hizo desque fue echado del reyno de Fez y como bolvió a él dos /46v/ vezes con gran exército y se tornó a hazer señor d’él y mató a Muley Buaçón, porque es historia que dará gusto. Y al que no le tomore en leerla, déxela y passe adelante a los del Peñón.

 

Guerras entre el xarife y el Rey de Vélez.

Sintiéndose el xarife muy afrentado de haver desmamparado tan deshonrradamente a Fez, determinó bolver a ella y vengar esta injuria. Y assí tiró su almahala y marchó camino de Fez con diez y ocho mil de a cavallo de su reyno de Sus y gente del reyno de Marruecos y con más de sesenta mil de a pie. Sabido por Muley Buaçón por espías que en el campo traya, hizo llamamiento de sus alcay- /47r/ -des. Y fue acordado entre ellos de formar exército y esperar al xarife en el campo y venir a batalla con él y no dexarle llegar a Fez, porque los moros son muy mudables y enemigos de guerras entre ellos, porque es muy contra su falsa secta matarse los unos a los otros. Y assí sacó en campo quinze mil hombres de a cavallo y más de setenta mil de a pie, y [a] quatro leguas de Fez se vinieron a afrontar los dos exércitos. Vinieron a batalla, en la qual el xarife fue vencido y perdió mucha gente de a cavallo y todo su bagaje. Y se escapó huyendo de la batalla y se retiró otra vez a Marruecos. Y si esta vez el Muley Buaçón llevara adelante el propósito que /47v/ tenía, fuera señor de Marruecos, porque él quiso seguir al xarife hasta Marruecos pero los suyos, por tornarse a Fez victoriosos y gozar de los depojos que havían havido, le aconsejaron y persuadieron a dexar el viage y que se contentasse con lo que havía hecho y se bolviesse a Fez victorioso y no se pusiesse en aventura de perderlo todo, y con esto le hizieron bolver a Fez, en la qual fue recebido con mucha alegría de todos los moradores de la ciudad. El xarife llegó a Marruecos de allí a muchos días desbaratado y muy perdido, aunque nunca perdió el ánimo y el desseo de tornar a ser señor de Fez. Y assí, segunda vez haviendo llamado todos los [/48r/] alcaydes y moros principales de sus reynos de Sus y de Marruecos y haviéndoles dado a entender cómo él no havía de parar hasta tornarse a señorear del reyno de Fez o morir, halló los ánimos de todos muy contrarios de su opinión, porque havían quedado muy cansados y hostigados de las guerras passadas. Y entendiendo que con buenas palabras no podía acabar nada con ellos, les habló muy enojado y jurándoles por su Ley que él havía de yr otra vez a Fez, porque tendría por cosa más honrrosa morir en la demanda que no bivir con aquella afrenta. Y assí mandó luego pregonar que ningún hombre de veynte y cinco años arriba [/48v/] ni de sesenta abaxo se quedasse en la tierra, sino que fuesse a la guerra so pena de la vida y que todos los alcaydes saliessen con su gente al campo para hazer alarde. Y assí salieron y pusiéronse todos en campaña, y el xarife sacó su tienda. Y estando en el campo aprestándose para la jornada,

 

Venida de Muley Deris al campo del xarife.

llegó Muley Deris, hijo del xarife, que llamavan de la pierna gorda, que fue Rey de Marruecos, a quien él havía quitado el reyno y puesto en el reyno de Escura commo governador d’él. Este Muley Deris era casado con hija deste xarife y venía a su llamado con ocho mil de a cavallo del reyno de Escu- /49r/ -ra y traya en su compañía a un hermano suyo. Y ambos mancebos venían contra la voluntad del padre, porque conoscía de la tyranna y ambiciosa condición del xarife, que les havía de quitar las vidas por assegurarse más en el reyno de Marruecos, que eran estos los verdaderos herederos d’él y a quien los naturales de Marruecos desseavan por reyes. Y no se engañava el viejo, porque el xarife después de los haver recebido muy bien y aun hecho pregonar por Rey de Marruecos al Muley Deris, entendida el alegría con que havía sido recebido, después de tener formado todo su exército y salido una jornada de Marruecos, tuvo orden cómo a am- /49v/ -bos hermanos quitar las cabeças y hazer que nadie hablasse, aunque pesó a muchos.

 

Exército del xarife.

Él sacó en campo con estos ocho mil, veynte mil de a cavallo y más de ochenta mil de a pie, y començó a marchar camino de Fez, dexando en Marruecos por rey a un su hijo pequeño y por su administrador y justicia mayor a un Cidehiça, moro viejo muy sagaz, natural del reyno de Sus de quien él más se fiava y a quien encomendava los cargos de más importancia por ser de su reyno natural.

Marchando con todo este exército camino de Fez, llevando en su compañía a un su suegro y a un su cuñado, naturales de Marruecos, /50r/ y persona muy principal del reyno, se le huviera de rebelar todo el exército por una nueva que llegó a él de que en Marruecos [el] Cidehiça havía cortado la cabeça a este moro que digo, suegro del xarife que dixe que salió en su compañía, porque dexándole en el campo, se havía buelto a Marruecos con intención de luego se tornar al exército. Y el Cidehiça, no teniendo respecto a más de hazer justicia conforme al mandato del xarife, que como he dicho, havía pregonado que ninguno de veynte y cinco años hasta sesenta dexasse de yr en su compañía, y ninguno que saliesse en ella le desmamparasse so pena de la vida, se la quitó a este.

/50v/ Y llegada esta nueva al campo de xarife, adonde este tenía muchos deudos y amigos, se alborotaron todos en tanta manera que estuvo el xarife en términos de perderse y todos acudieron a él a quexarse del Cidehiça, el qual estuvo un rato suspenso y los apaziguó con una respuesta no de bárbaro, por cierto, sino de muy sabio philósopho.

NOTA: Que fue dezir, que por no tener él dos hombres como Cidehiça en su reyno, no dormía con ambos ojos y que por no tener más que a él, dormía con un ojo y velava con el otro, que lo hecho estava muy bien y quien no lo dixesse assí, moriría por ello. Y passando adelante, llegó dos leguas de Fez.

 

/51r/ Acuerdo de Muley Buaçón.

El rey Muley Buaçón, por consejo de los moravientos y moros principales del reyno de Fez, acordó de no salir al xarife sino dexarle que la hambre le consumiesse, como le venía consumiendo, aunque en este propósito duró poco. Y, paresciéndole cosa afrentosa estar encerrado en Fez siendo tan superior al enemigo, acordó contra este consejo salir al campo con más de cien mil moros de a pie y treynta mil de cavallo. Y púsose a una legua de Fez y a otra del campo del xarife, y aquella noche, estando los dos campos tan cerca el uno del otro, començaron a travar algunas escaramuças hasta que la noche los despartió. Y aquella misma noche /51v/ salió del río de Fez una niebla muy grande y muy escura, tanto que los exércitos no se vían. El xarife con todo su exército, arpovechándose desta coyuntura, se passó a las puertas de Fez donde, quando amanesció, viendo la gente de Muley Buaçón al xarife a las puertas de Fez, sospecharon que era trayción y cosa acordada con algunos vezinos de Fez, y de temor del xarife mucha de la gente que estava con Muley Buaçon, se pusieron en huyda. Y viendo él esto, determinó de dar la batalla al xarife antes que más se disminuyesse su exército.

 

Muerte del Rey de Vélez.

Y fue vencido del xarife y preso y cortada la cabeça, y puesto su /52r/ cuerpo sobre un macho de albarda le hizo desta manera meter en Fez y traer por las calles della apregonando: "esta es la justicia que manda hazer el xarife a este bárbaro porque se quiso hazer rey". Fue siete meses Rey de Fez Muley Buaçon y costóle la vida y el Peñón serlo.

 

Daños que los turcos hazían del Peñón.

Siendo los turcos señores del Peñón, lo fueron de toda la costa del Andaluzía, desde Carthagena hasta el cabo de sanct Vicente, molestando demasiadamente todos los pueblos marítimos della y teniendo cerrada la mar, que se navegava con gran peligro por estar el Peñón tan cerca del Estrecho de Gibraltar que no está más que /52v/ veynte y cinco leguas y ser este passage de todos los navíos que van y vienen de levante a poniente. Y hiziéronse assí mismo señores de todo aquel reyno de Vélez de la Gomera, teniendo por vassallos a los moros y aprovechándose de todo lo mejor de la tierra, principalmente de los montes, que hay mucha y muy buena madera de alerze, muy propria para hazer galeotas, con que ellos señoreavan la mar. Dexó Salarráez en el Peñón dozientos turcos con un caporal por principal dellos, y en Vélez dexó un alcayde con otros dozientos y subjectó el del Peñón a este y con algunas galeotas para correr la mar. Y en esta costumbre estu- /53r/ -vieron hasta que el año de mil y quinientos y cinquenta y ocho, siendo rey en Argel Haçam Baxa, hijo de Barbarroxa,

 

Ihayaarráez alcayde de Vélez.

embió por alcayde a Vélez a un turco de nación llamado Ihayaarráez, que havía sido cautivo de don Juan de Mendoça y andado al remo en sus galeras. Este estuvo por alcayde en Vélez hasta fin del año de mil y quinientos y sesenta y tres, que viéndose ya muy rico, se quiso recoger a su natural. Este fue un valeroso turco y que de muy baxos principios vino a ser muy poderoso y a valer mucho con Haçam Baxa y a hazer muy grandes daños en el estrecho de Gibral- /53v/ -tar, siendo el general de todas las galeotas que baxava de Argel al estrecho de Gibraltar y de todas las demás de Tituán y Alarache. Y no será fuera de propósito tratar algo deste cosario.

 

Quién fue Ihayaarráez.

Ihayaarráez fue, como he dicho, turco de nación y vino siendo moço a Argel por levante, como acá dezimos soldado, y como otros turcos vienen de Constantinopla. Allí, con algunos dineros que adquirió, vino a tener una fragata, con la qual andava pobremente ganando su vida haziendo viages desde Argel a Sargel y a Tenez, puertos que los turcos tienen en aquella costa. Con lo que desta manera ganó, se le levantaron los pensamientos a cosas más altas y /54r/ de más calidad, y armó una galeota en compañía de otro turco, con la qual començó a andar en corso. Y le succedió de suerte que en pocos días vino a quedar señor de toda ella, con la qual hazía harto provecho a sí y daño en los christianos, hasta que el año de .1552., yendo él con su galeota en compañía de otras quatro en corso, en el cabo de Gata topó con ellos don Joan de Mendoça, general de las galeras de España, y de cinco que eran tomó las quatro

 

Ihayaarráez cautivo de don Joan de Mendoça.

y entrellas la suya, y fue cautivo y en aquellas galeras del Mendoça anduvo aherrojado al remo dos años y medio, suffriendo con buen ánimo la mesma fortuna que él havía hecho padescer a /54v/ otros y hizo después padescer a muchos christianos. Y aún peor, porque por su buen servició fue muy bien tratado de don Juan de Mendoça y de Aparicio Duarte, su lugarteniente.

 

Ihayaarráez rescatado.

Y fue rescatado por ochozientos ducados, que le compró un capitán de una nao Ginovesa, que se le pedían en Argel en trueque de un su hermano que allá tenía cautivo. Siendo libre Ihayaarráez se fue a Argel, adonde el rey, consciendo su buena habilidad y ser hombre diligente, le dio una galeota, con la qual començo a hazer daño en la costa de España, como aquel que sabía muy bien las entradas y /55r/ salidas della y a traer presas a Argel.

 

Ihayaarráez vino por alcayde a Vélez año de 1558.

Haçam Baxa, viendo que Ihayaarráez era hombre a quien se le podía encomendar qualquier cosa por muy importante que fuesse, le embió por alcayde de Vélez de la Gomera el año de mil y quinientos y cinquenta y ocho. Y viniendo en Mostagán, viendo que el conde don Martín estava sobre él, se juntó con nueve galeotas de Argel, que allí estavan, y ayudó a desbaratar al conde y, cargado allí de cautivos christianos, tornó con ellos a Argel, adonde compró otra galeota, y con ambas se vino a Vélez, de adonde con el buen aparejo que tenía para hazer galeotas y sa- /55v/ -lir a robar era señor de toda la costa, desde Cartagena hasta el cabo de sanct Vicente, en tanta manera que se intitulava señor del estrecho de Gibraltar, y dava algunos salvos conductos para navegar por él. Y era tanto el miedo que en aquella costa le tenían, que con muy gran miedo labravan sus heredades, siendo muchas vezes estándola labrando, salteados d’él y llevados cautivos. Ni los pescadores osavan salir a pescar y navegávase con grandísima difficultad porque, de más del daño que él con sus navíos hazía, con el mamparao que en el Peñón tenían y a fama de la mucha riqueza de la costa del Andaluzía, acudían muchas galeotas de /56r/ Argel, con las quales fueron muchas las presas que hizo y muchos los christianos que cautivó el tiempo que este fue alcayde. Era un turco, y no en la condición, muy de su palabra y muy grato, tanto que conosciendo el buen tratamiento que don Joan de Mendoça y Aparicio Duarte le hizieron, siendo su cautivo, desque se vio señor y alcayde de Vélez, les embió muchos preferentes de adereços de gineta y otras cosas de Berbería y les escrevía muy de ordinario.

Este, en fin del año de mil quinientos sesenta y tres, hallándose ya muy rico y conosciendo las bueltas que el mundo da, no queriendo más experimentar su ventura, como cuerdo /56v/ se desistió del Alcaydía de Vélez y se fue a Argel, con propósito, según él publicaba, de yrse de allí a Constantinopla llevando consigo sus hijos y mugeres en quatro galeotas suyas, y más de quatrocientos esclavos christianos y más de dozientos mil ducados. Todo esto en cinco años que fue alcayde, haviendo cautivado en ellos más de quatro mil christianos y robado muchas naos y saqueado muchos pueblos. Todo esto con la acogida del Peñón.

 

Jornada de don Sancho de Leyva sobre el Peñón.

Por el mes de julio del año de mil y quinientos y sesenta y tres, estando juntas en Málaga cinquenta galeras, que se havían juntado para el socorro de Maçarquiví, puer- /57r/ -to y fuerte muy principal de Orán, que le havía tenido cercado más de dos meses por mar y por tierra con todo su poder Haçan Baxa, Rey de Argel,

 

Cerco de Maçarquiví.

el qual defendió valerosíssimamente y con muy gran honrra de la nación española el illustríssimo y famosíssimo capitán don Martín de Córdova, marqués de Cortes, que hoy es, con hasta trezientos soldados que tenía dentro y harta falta de bastimentos para sí y para ellos, haziendo en la defensa del fuerte cosas tan heroycas y hazañosas, que dio bien a sentir a sus enemigos su gran valor y esfuerço, haziendo morir a muchos de- /57v/ -llos abrasados, derenegando de Mahoma y de quien allí los havía traydo, no durmiendo de día ni de noche ni aún comiendo, sacando invenciones y artificios de guerra quales jamás inventó capitán romano ni griego, dignas de eterna memoria, y que hazen ventaja a las que hizieron aquellos dos capitanes del gran Pompeio, Afranio y Petreio, por defender a Julio César el castillo de Lérida, que el mismo César, su contrario, en sus Commentarios los loa tanto. Don Martín se tuvo fuerte hasta que llegó Don Francisco de Mendoça con treynta y seys galeras, que hizo alçar el cerco y retirar al rey a Argel, dexando el artillería y a har- /58r/ -tos turcos de los que havía traydo, que murieron en el cerco.

 

Partida de las cinquenta galeras al Peñón.

Estando juntas, como digo, toda esta armada en Málaga, mandó su Magestad que fuesse sobre el Peñón, y jueves veynte y dos de julio partieron estas cinquenta galeras, que eran cinco galeras de las de España, de que era capitán general don Francisco de Mendoça; el prior de Barleta, cinco de la religión de sanct Juan; don Sancho de Leyva quatro de las de Nápoles; don Juan de Cardona tres de las de Sicilia; Pagán Doria doze de Joan Andrea Doria, su hermano, que andan a sueldo de su Magestad don Álvaro de Baçán quatro de las ocho que andan en guardia /58v/ del estrecho de Gibraltar; Mussiur de Leni quatro del Duque de Saboya; Pero Antonio con seys del cardenal Burromeo; tres de Marcos Centurión y quatro de la señoría de Génova, que todas eran cinquenta, sin otros muchos navíos pequeños que seguían el armada sin poderse entender el designio della, que no lo sabían sino don Francisco de Mendoça y don Sancho de Leyva, a quien su Magestad havía embiado a llamar a Carthagena para cometerle y darle la empresa de tierra. Los demás echavan juyzios a montones, como se acostumbran a echar sobre semejantes casos, principalmente entre soldados. Unos dezían que yvan a dar /59r/ sobre Tituán, otros a la laguna de Melilla, otros a Vélez de la Gomera, que no davan estos muy fuera del blanco. Estúvose en Málaga día y medio, después de estar presta para poder partir, por hallarse don Francisco de Mendoça mal dispuesto de unas calenturas continuas, que le acabaron la vida tres o quatro días después que el armada partió de Málaga, siendo él el que havía de yr por capitán general de toda ella, esperando a que se nombrasse otro en su lugar, pues que no havía tiempo para que su Magestad lo proveyesse. Y para ello se juntaron todos los generales con él miércoles en la noche veynte y uno del dicho. Y la resolución desta /59v/ junta fue que don Francisco nombraría persona tal que a todos diesse contento. Y remitiéndoselo a él, se acabó aquella junta, quedando apercebidos para se tornar a juntar el jueves siguiente, que salió nombrado por general de el armada don Sancho de Leyva, pues también llevava la empresa de tierra por orden de su Magestad. Y assí partieron de Málaga, y fueron aquella noche a dar fondo a la torre de Vélez de Málaga, y el día siguiente viernes veynte y tres de Julio a las seys horas de la tarde a las yslas de Arbolán, quarenta leguas de Málaga, adonde se dio fondo.

 

Junta de generales en la Capitana de don Sancho.

Don Sancho mandó juntar /60r/ en su galera a todos los generales del armada y descubrió el secreto de la jornada, diziéndoles cómo yvan sobre el Peñón para haverle de tomar a hurto con la industria de dos renegados y de Pedro Vanegas, alcayde y capitán de Melilla, a cuya persuasión yva el armada. Y assí se despacharon dos bergantines para Melilla a llamar al Pedro Vanegas y a los dos renegados, que eran los que entendían el negocio y havían de dar la orden para que tomasse el Peñón, que como llegó con ellos, se le dieron los aparejos que para assaltarle pidieron, que don Sancho havía mandado hazer en Málaga con muy gran secreto. /60v/ Y assí se navegó toda la noche y se amanesció martes, a los veynte y siete, al cabo de la Higuera, passado del avalde Botoia en la costa de la Berbería. Y porque de tierra no reconsciessen el armada, se metió a la mar y desarboladas las galeras se navegó aquel día, estando en xolito la mayor parte d’él. Y a la boca de la noche se tornó a enarbolar y a navegar a la vela con un poco de buen viento que huvo. Y para que menos se sintiesse y Pero Vanegas pudiesse mejor poner en effecto su trato, ordenó don Sancho de Leyva que se adelantasse aquella noche don Álvaro de Baçán con ocho galeras, llevando consigo al Pero Vanegas y los dos renegados que le /61r/ havían de seguir, remolcándolos en dos bergantines y una fragata y una barca, en que llevavan una escala enarbolada para dar el assalto. Y a estas ocho galeras yvan siguiendo toda el armada poco a poco y dos horas antes que amanesciesse, llegó don Álvaro de Baçán a una legua del Peñón a la parte de levante, y desde allí despachó a Pero Vanegas con los dos renegados en los dos vergantines y la fragata en que llevava hasta cinquenta soldados que havían de entrar con él, y la barca grande con la escala enarbolada para con ella subir a la peña y otras escalas para desde la peña subir a lo alto del castillo, cosa harto sin fundamento y que en u- /61v/ -na fuerça sin guardia no se sufría hazer, quedando don Álvaro de Baçán esperando para darle el socorro necessario. Y salió tan a luz, que el alcayde se bolvió y los renegados, diziendo que no se podía effectuar por haver sido sentidos del Peñón, que dispararon una pieça de artillería para avisar a los turcos que estavan en Vélez que se viniessen a meter en él, como lo hizieron. Don Álvaro de Baçán despachó un bergantín a don Sancho de Leyva, dándole aviso de lo que passava y assí se vino a juntar la armada a la vista del Peñón, como una hora después de amanescido y desde allí se passó toda junta al castillo de Alcalá que, como he di- /62r/ -cho, haze allí abrigo la mar. Y al atravessar por delante del Peñón el armada, tiraron d’él algunas pieças de poca importancia. Allí dio fondo toda el armada e hizieron agua de algunos pozos que se hizieron para este effecto.

 

Parecer de don Sancho.

Y viendo don Sancho que no havía effecto el trato de Pero Vanegas, siguiendo la orden que de su Magestad llevava, que era que no pudiendo salir Pero Vanegas con lo que se havía offrescido y los renegados a él le havían dicho, que desembarcasse la gente y se fuesse a meter con ella en Vélez de la Gomera, y si le pareciese que el Peñón se podía tomar por fuerça, como lo dezían los dos renegados de Pero Vanegas y el capitán Bartolomé /62v/ de Espejo y otros algunos, que sacasse el artillería y le procurasse tomar. Y no le paresciendo que se podría salir con esto, que saqueasse a Vélez, hiziesse el daño que pudiesse y se bolviesse.

 

Salida del exército de don Sancho en Alcalá.

Don Sancho sacó en Alcalá toda la gente en tierra, que sería hasta tres mil hombres, parte dellos bisoños. Y dexando ordenado en las galeras que luego se començassen a sacar los bastimentos, municiones y cien soldados que lo guardassen en el castillo de Alcalá, hizo un esquadrón de toda esta gente, echando al capitán Andrés de Salazar con dozientos arcabuzeros delante del esquadrón un buen trecho, y echó otras dos mangas de ar- /63r/ -cabuzeros a los lados del esquadrón y otras dos en la retaguardia, en la qual dexó a los maestres de campo Solís y don Pedro de Padilla para que la traxessen ordenada y recogida. Su persona yva en la vanguardia, los cavalleros y soldados de la orden de sanct Juan, cuyo capitán era Gil de Andrada, yvan mezclados con la gente del avanguardia. Y con esta buena orden començó a marchar la buelta de Vélez, que fue una muy trabajosa jornada, porque son dos leguas de muy áspero y montañoso camino y tan estrecho por muchas partes que no puede yr más que un hombre tras de otro. Y demás desto hizo aquel día gran calor, que fatigó tanto la gen- /63v/ -te y les causó tanta sed que muchos pensaron ser ahogados sin agua. La retaguardia seguía al avanguardia, la qual hazía algunas vezes alto por aguardarse. Y aquel día por aquellas sierras parescieron pocos moros, y haviendo salido alguna gente, marineros y soldados que se desembarcavan poco a poco y yvan siguiendo el campo, que para recogerlos havía hecho algunas vezes alto en que se perdía mucho tiempo, y viendo esto los maestres de campo Solís y don Pedro de Padilla, parescióles dar orden a un capitán de bisoños que con su compañía quedasse recogiendo aquellos que salían y de todos hiziesse un cuerpo y se viniesse siguiendo /64r/ el exército. Don Sancho, que yva en la avanguardia, no sabiendo desta orden que los maestres de campo havían dado, fuesse marchando sin aguardar la buelta de Vélez y dio orden a los capitanes Hernán Vázquez y Francisco de Erasso y a Bartholomé de Espejo, y a otros dos soldados pláticos que fuessen considerando el camino por donde se podría traer a Vélez el artillería, aunque quando don Sancho llegó a la sierra, que baxa a Vélez, entendió no ser verdadera la información que traya, porque era impossible poderse traer artillería por el camino que él havía venido y quando se traxera hasta allí, en ninguna manera se podría /64v/ baxar por aquella agríssima sierra, que tenía harto que hazer en baxar un hombre por ella. Y assí, viendo que pretender tomar el Peñón con tan poca gente era sobervia, y aventurarla a perder toda, porque cargavan muchos moros que era menester tener gente en el pueblo para guardar el agua, que está toda dentro d’él y en sus huertas, y gente en las montañas haziendo guardia y gente en la batería, y que repartir tres mil hombres desta manera, fuera cada parte tan débil que fácilmente la pudieran desbaratar los moros, según los muchos que acudían. Y viendo esto, acordó de baxar a Vélez con todo el exército a buscar el agua, que todos tenían /65r/ harta necessidad della. Y assí echando delante al capitán Salazar y al capitán don Gonçalo de Bracamonte, para que con sus arcabuzeros baxassen delante, los siguió él con todo el exército y se alojaron dentro en Vélez. Los moros de Vélez se havían ya salido del pueblo y sacado sus hijos y mugeres y la hazienda que pudieron, que no quedaron que hasta treynta o quarenta moros de a cavallo y algunos de a pie en el valle cabe el lugar, con los quales los arcabuzeros de las dos compañías començaron a escaramuçar. Y huvo algunas cargas de la una y de la otra parte en que murió un soldado y fueron heridos algunos de los moros, y mu- /65v/ -rieron tres o quatro de los de a cavallo dellos y se tomaron los cavallos, y los nuestros les hizieron retirar y todo el exército se entró en el pueblo adonde hallaron bien de comer y le començaron a saquear y a robar las menudencias y axuares que los moros havían dexado, que no havían podido sacar consigo. Saquearon assimismo la casa de Ihayaarráez, alcayde de Vélez, en la qual se hallaron muchas mercaderías de presas que él havía hecho, como hierro, azero, lácar, bermellón, paños de Inglaterra, cochinilla y otras cosas y se le puso fuego a la casa y a una galeota de veynte y un bancos que tenía en hastillero para echar al agua y a dos verganti- /66r/ -nes. Y lo mismo se hizo a la mezquita y a las demás casas, que todavía se les hizo daño harto.

Y estando don Sancho en la villa alojado con todo el exército, a dos horas después que havría llegado, le llegó nuevas que los moros havían desbaratado al capitán que he dicho, que los maestres de campo havían dexado recoger los desmandados. Y fue desta manera.

 

Desbarate del capitán de bisoños.

Que él los recogió todos, en lo qual tardó más tiempo de lo que fuera menester. Y haviéndolos recogido, que serían en todos, entre soldados y marineros, hasta quatrocientos hombres, /66v/ començó a marchar con ellos la buelta de Vélez. Y en lo alto de la montaña, en el más estrecho camino della, salieron a ellos hasta setenta o ochenta moros. Y con gran alarido les acometieron, y como era gente bisoña y ruyn y yvan mal ordenados, fácilmente se desbarataron, más de confusión y miedo que por la fuerça de los moros, y pusiéronse en huyda la buelta de Vélez con gran culpa del capitán. Y ayudóles mucho estar cerca de la sierra, que he dicho que baxa a Vélez, por la qual se arrojavan muchos. Mataron y prendieron los moros hasta ochenta de los nuestros y les quitaron lo que trayan, que eran bastimentos y otras cosas, y algunos /67r/ criados que venían de don Sancho, que le trayan con doze forçados una tienda y otros aparejos para su servicio, se perdieron todos.

 

Desbarate de un esquadrón de 400 de los nuestros.

A la tarde este mismo día, acordándose don Sancho que havía mandado desembarcar los bastimentos y municiones en Alcalá y que no havían quedado más de cien soldados para la guardia dello, y que las galera se havían de alargar en viniendo la noche, acordó de embiar más gente de guardia. Y assí fueron una compañía de soldados viejos del tercio de Nápoles, de que era capitán Joan de Ávalos, aunque él no fue con su compañía, y dos de las de Francia, que en todas tres havría hasta dozientos y cinquenta /67v/ soldados. Y juntáronse a estos hasta ciento y veynte soldados ytalianos de Mussiur de Leni, que havían venido con él, y se quisieron bolver a las galeras. Esta gente, que todos serían hasta quatrocientos hombres, començaron a marchar guiados de hombres pláticos en aquella tierra por otro camino más cerca de la marina, aunque mucho más áspero que el otro.

Siendo en lo alto de la montaña, salieron a ellos los ochenta o noventa moros que havían salido a los otros. Con ellos fueron escaramuçando todo el camino, en que los nuestros dizen que consumieron toda la munición, de manera /68r/ que quando llegaron a la montaña a vista de las galeras, les faltó la munición y començava a anochescer. Los ytalianos, viendo las galeras cerca se començaron a alargar sin guardar orden ni esperar a los compañeros, que desde a poco hizieron lo mismo, de modo que de suyo se desbarataron. Y conosciéndolo los moros, les començaron a seguir, de manera que mataron hasta quinze o veynte de los que se pusieron en defensa. Y los otros se escaparon, unos huyendo y otros dexándose rodar por aquella cuesta abaxo, pidiendo favor a los de la armada de la qual, para espantar los moros, bolvieron las proas de las galeras a tierra y /68v/ dispararon algunas pieças de artillería y hizieron acudir a tierra todas las fragatas y esquifes y vergantines que havía para recogerlos, usando en esto don Álvaro de Baçán de muy gran diligencia, haziendo acercar sus galeras a tierra y que su fragata y esquifes acudiessen de los primeros a tomar gente. Y dio orden cómo todas las demás hiziessen lo mismo.

Esta nueva no se supo en el exército hasta otro día de mañana, que vinieron por mar algunas fragatas que dieron la nueva.

Otro día de mañana, don Sancho de Leyva, con el maestre de campo don Pedro de Padilla y el capitán Salazar, tornó a yr a recono- /69r/ -scer por dónde se podría batir el Peñón y después de lo haver muy bien considerado, se vino a la posada del maestre de campo Solís, que estava malo, y allí hizo juntar a consejo a todos los capitanes y maestres de campo y algunos soldados viejos capitanes, que no trayan compañías y propuso don Sancho la causa porque allí havían venido y que la voluntad de su Magestad era que el Peñón se tomasse, si fuesse possible, por maña o por fuerça. Todos dixeron su parescer, y sin faltar ninguno concluyeron que era cosa impossible tomarse aquella fuerça con tan poca gente y que antes quererlo provar y sacar artillería en tierra para ello, era poner- /69v/ -lo todo en notable peligro. Estos paresceres embió don Sancho con ellos a Gil de Andrada, capitán de los cavalleros de sanct Joan y al capitán Joan de Ávalos para que los mostrassen y comunicassen al prior de Barleta y a don Álvaro de Baçán y a los demás generales de la mar que todos, haviéndole visto, confirmaron y aprovaron este parescer y lo embiaron por escrito firmado de sus nombres. Y que antes convenía al servicio de su Magestad que don Sancho se retirasse y embarcasse toda la gente, lo qual no pudo hazer aquel día porque quando bolvieron estos paresceres era ya muy tarde y havía mucho que /70r/ embarcar.

Otro día siguiente, estando don Sancho muy dudoso en la orden que ternía en embarcar y retirar la gente, que no se determinava si tornaría por el mismo camino que havía venido o si la embarcaría por aquella ribera de Vélez, después de haver estado muy dudoso en esto y lo mismo todos los demás generales y capitanes, se determinó embarcarla aquella noche por aquella ribera y aventurarse antes al daño que del Peñón le podrían hazer que no a lo que le podría succeder, tornando la gente por aquel tan áspero y tan mal camino que /70v/ la havía traydo. Y assí embió a mandar que todas las galeras en anochesciendo embiassen sus esquifes y fragatas bien armadas de remos y marineros, y mandó a los capitanes y officiales que apercibiessen la gente y la tuviessen en orden para embarcar, lo qual se hizo desta manera.

 

Retirada de don Sancho del Peñón.

Que puso sus guardias bien reforçadas en los lugares convenientes, y en anochesciendo sacó hasta mil y dozientos hombres, los más escogidos, y entre ellos los cavalleros de sanct Joan, y de todos ellos hizo un esquadrón y púsole a la parte del Cantil. Y mandó, haviendo hecho esto, que la demás gente se saliesse a la marina por el postigo. Y por esta orden se yvan embarcan- /71r/ -do de quinze y de veynte en veynte, estando el esquadrón firme y las guardias quedas, y en obra de dos horas se embarcó toda la gente que estava en el pueblo. Y aunque se hazía con gran silencio, lo sintieron los moros que estavan en la Baba, encima de la qual havían juntado gran quantidad de piedras muy grandes. Y quando las tuvieron juntas, las dexaron caer de golpe por la montaña abaxo, que hizieron un estruendo tan grande que en todos los nuestros puso gran alteración, entendiendo que toda Berbería venía sobre ellos, porque juntamente con echar las piedras, levantaron los moros muy gran alarido. Plugo a Dios, que aunque las /71v/ piedras dieron junto a los esquifes, no hizo mal a nadie, antes hizieron provecho, porque muchos esquifes que se havían recogido allí debaxo de la montaña y se estavan quedos por no acudir a la ribera a tomar gente, con el miedo de las piedras de arriba, salieron y acudieron a embarcar gente. Acabado de embarcar toda la gente, se començaron luego a embarcar los del esquadrón y los que estavan haziendo guardia, dexando sus mechas encendidas por las montañas para que los moros no entendiessen que el exército se retirava. Y desta manera se retiró y embarcó toda la gente sin perderse nadie, embarcándose don Sancho el último de todos.

/72r/ Tratóse de que el viernes siguiente al reyr del alva fuessen a envestir el Peñón con cierta quantidad de galeras. Y este mismo día viernes, como a las onze horas d’él, parescieron dos galeotas que venían a entrar en Vélez como a dos leguas del armada, que devía de ser el alcayde de Vélez que se vernía a su casa. Y como el armada las descubrió, arrancaron tras ellas doze galeras, y las delanteras las de la religión de sanct Juan. Diéronles como siete o ocho leguas de caça, pero las galeotas se dieron tan buena maña y diligencia que se desparescieron y las galeras se quedaron /72v/ sin la presa y la chusma bien cansada. Y esta noche començó a alborotarse un poco la mar, y la armada se levó y navegó como quatro leguas a la parte de levante, adonde estuvo surta, passando los soldados cada uno a su galera. Y tornaron a Málaga adonde llegaron lunes a dos de agosto.

NOTA: Por lo que hasta aquí havemos dicho, se coligirá de quánta importancia haya sido ganar el Peñón y lo mucho que la nación española deve a don García de Toledo haverle ganado tan a poca costa de gente y dinero con su gran saber y industria. Y assí lo principal que hay que escrevir de- /73r/ -sta jornada, y lo que más peleó y tomó el Peñón después del favor de Dios nuestro señor, es el gran consejo de don García de Toledo y la gran diligencia que tenía en poner en execución lo que acordava que se hiziesse y la gran justicia y sossiego en que siempre tuvo todo el exército. La gran sagacidad y autoridad de don Sancho de Leyva, acompañada de su mucha bondad y christiandad, que trabajó mucho en esta jornada y que su tercio que se le encomendó, con el qual llevó el avanguardia, yendo por maestre de campo d’él Carrillo de Quesada, hombre de gran consejo en la guerra, le metió sano y salvo en Vélez. El gran valor de Joan Andrea /73v/ Doria, heredado del príncipe Andrea Doria y de Joanetín Doria, su padre, que dexando el govierno de sus galeras a Pagán Doria, su hermano, él anduvo siempre en el campo hallándose y poniendo las manos en todas las cosas de importancia. La mucha diligencia de don Luys Osorio y de Chapín Vitelo, maestre de campo, general de todo el exército, que trabajaron en todo lo que les tocó y echaron mano a todas las cosas importantes, porque en el marchar de Alcalá a Vélez las dos partes del exército que de la primera no huvo que hazer más que encomendarla a don Sancho, que dio tan buen cobro della, como he dicho. Y fue cosa importan- /74r/ -tíssima traer el exército por tan áspero camino sano y salvo sin que los enemigos, aunque muy inferiores en el número pero superiores por la disposición del mal camino, los molestassen. Que a ser ellos dos mil soldados viejos españoles bastavan para disminuyr mucho nuestro exército antes que llegara a Vélez, aunque no dexó de haver moros hartos que procuraron aprovecharse de los malos passos esperando en ellos y escaramuçando con los nuestros, de la salud de los quales tenía tanto cuydado don García de Toledo como si todos fuéramos sus hijos, como él nos llamava, no se /74v/ lo impidiendo el muy rezio calor que aquél día hazía. Y con esto es ya tiempo de sacar el armada de Torremolinos y seguir todo el discurso de la jornada.

 

Partida de Torremolinos.

Esta misma noche que digo, que dio allí fondo rendida la segunda guardia, se partió de aquí y miércoles treynta de agosto navegó con un poco de buen viento y anochesceríamos como a doze leguas del Peñón, y jueves treynta y uno, como a las ocho horas de la mañana se halló el armada como a tres leguas del Peñón. De aquí embió don García de Toledo a la capitana de Saboya y a otra galera reconoscer qué navío era uno /75r/ que parescía, y a ver de qué manera estava el castillo de Alcalá, el qual hallaron sin gente y dieron fondo al pie d’él y aguardaron allí el armada. Hizieron los del Peñón fuegos como nos descubrieron para avisar a toda la tierra y pusiéronlo a tres naos, que entre él y la tierra tenían surtas. Estuvo el armada en xolito a vista del Peñón hasta que se juntó toda y se fue passando bien junto al Peñón la buelta del castillo de Alcalá, el assiento del qual es desta manera.

 

Assiento del castillo de Alcalá.

El castillo de Alcalá está puesto encima de un cerro, cuya falda moja el agua, que es redondo y alto, y en la cumbre d’él está funda- /75v/ -do este castillo con quatro torres en quadra.

 

Fundación del castillo de Alcalá.

El qual dizen que mandó edificar allí el rey don Manuel de Portugal para tener aquella entrada en Berbería y tuvo gente en él algunos años. Y paresciéndole después que le hazía poco al caso tenerle, le dexó. Enfrente deste hazia el Peñón está otra tierra, que también frisa con la lengua del agua, que distará destotra como un tiro de arcabuz. Entre estos dos valles haze un seno la mar y es abrigo de algunos vientos, aunque el desembarcadero es muy diffícil si hay alguna mareta, porque está cegado con un pedregal que un arroyo, que entre ellas corre, haze. Passadas e- /76r/ -stas dos, dentro en tierra están otras sierras casi al término de las dos que he dicho, aunque están algún tanto más apartadas, de modo que hazen en medio un llano, abrigándole en medio otra sierra que viene a abraçarse con ambas. En este llano, que en medio destas sierras queda, se alojó todo nuestro exército. Y estuvo tres días, dexando hecha una trinchea a la lengua del agua y arrimada al castil,lo donde se desembarcaron los bastimentos y municiones, porque si nuestras galeras con alguna borrasca, que muy de ordinario suele haver en estas playas, les fuesse forçoso yrse a puerto más seguro, no nos faltasse el mantenimiento, que nos fuera mortal daño.

 

/76v/ Lo acaescido en el valle de Alcalá.

Viernes, primero de setiembre por la mañana, estando el exército alojado en este valle que digo y puesta guardia por todos cabos, de suerte que estava seguro, se aparescieron en las sierras algunos moros de a pie y de a cavallo. Y descendieron al valle algunos dellos a pedir escaramuça a los nuestros de a cavallo, que eran ochenta escuderos de los del reyno de Granada, de que era su capitán don Joan de Villaroel, veedor general de todas las galeras de su Magestad y cavallero de la orden de Sanctiago. No salió ninguno de los nuestros, por tener mandado don García de Toledo que nadie travasse escaramuça so pena de la vida, porque /77r/ su intento principal no era sino tomar el Peñón. Y por la tarde parescieron los mismos moros de a cavallo y baxaron al llano quatorze o quinze dellos escaramuçando, y uno dellos se vino a meter tanto en los nuestros galopeando su cavallo que a dos escuderos que estavan haziendo guardia les hizo bolver las riendas a los nuestros de a cavallo, de los quales no se atrevió ninguno salir por no exceder del mandato, si no fue don Joan de Guzmán, mayorazgo del marqués de Ardales, cavallero mancebo y muy belicoso y amigo de las armas, que este, viendo la osadía de los moros, acudía a ellos a cavallo muy osadamente si no fuera estorvado por manda- /77v/ -do de don García de Toledo.

Sábado, dos de setiembre, començando el campo a marchar camino de Vélez, dexó la yda por haver llegado el armada de Portugal y la de sant Joan con las caravelas y galeón, porque havían ydo a Marbella. Y este día los moros de a cavallo de la sierra frontera fueron más que los del día antes. Y en español, que los nuestros lo oyeron, dixo que si havía algún cavallero que se quisiesse salir a alancear con él, y tornóse a recoger. Y desde a un poco salió un escudero de los nuestros a pedirles escarmuça, y començó a galopear su cavallo por la falda de la sierra donde ellos estavan para abaxar- /78r/ -les al llano, pero no baxó ninguno.

 

Escaramuças.

Los de la sierra, que frisa con la mar hazia el Peñón, parescieron más de seyscientos y algunos con arcabuzes y cossaletes, y tuvieron algunas escaramuças con las compañías que estavan de guardia, al socorro de los quales a reforçar la guardia subió el maestre de campo Carrillo de Quesada con una compañía de arcabuzeros de su tercio. Huvo algunos heridos de ambas partes y un moro cayó muerto entre los nuestros. Y baxándose un soldado a quitarle una toca, le acertaron un flechazo en los pechos antes que se la acabasse de quitar.

 

El capitán Miranda en el castillo de Alcalá.

Haviendo estado nuestro exército tres día en este valle /78v/ que he dicho y desembarcado todo el bastimento y municiones y fortalescido la trinchera donde todo quedava, dexando en ella dos cañones gruessos y arriba en el castillo algunas pieças de campo, quedando por guarnición de todo el capitán Bartholomé de Miranda, soldado viejo, con su compañía y la de Piçaño, que era de bisoños, y con otros dozientos y cinquenta soldados, que todos serían hasta ochozientos, los más tiradores,...

 

El marqués de Stepa, general de la mar.

...dexando el govierno de toda el armada a Marcos Centurión, marqués de Stepa, el qual quedó en la galera real para que todas las demás la siguiessen siendo menester.

 

/79r/ Orden del exército para marchar.

Domingo tres de setiembre don García de Toledo ordenó su exército para marchar, en el qual havría treze mil hombre de pelea, los dos mil y setecientos soldados viejos y quatro mil bisoños y muchos aventureros, los quales mandó don García que todos se recogiessen debaxo de vandera y cada uno fuese a la que quisiesse, mandando dar ración para ellos y sus criados y a los capitanes que les recogiessen en su bandera y hiziessen todo buen tratamiento, como se hazía. Y todos los más se repartieron entre las diez y seys banderas de soldados viejos, entre los quales aventureros huvo muchos cavalleros y señores /79v/ principales, que es razón hazer mención de los que se me vinieren a la memoria, y los demás perdonen: el conde de Lerma y el de Cifuentes, don Hernando de Toledo, hermano de la excellentíssima señora Duquesa de Alba, y don Joan de Guzmán, hermano del marqués de Ardales, y don Juan de Guzmán mayorazgo del marqués de Ardales y don Luys Ponce de León, y don Fernando de Borja, y don Félix de Guzmán, hijo del conde de Olivares, y don Balthasar de la Cerda, y don Luys de Guzmán, don Diego Osorio, don Bernardino de Avellaneda, don Francisco de Bargas, don Luys Carrillo de Albornoz, don Christóval de Benavides, hierno del conde de Santistevan, don Miguel de Mon- /80r/ cada, don Yñigo Manrique y Francisco de Medina de Málaga, don Fernando de Carcamo de Córdova, y otros muchos cavalleros y capitanes viejos, que yvan sin compañías a servir a su Magestad, mil y dozientos portugueses y muchos hydalgos muy principales entrellos, quinientos cavalleros y soldados de la orden de sant Joan, dos mil y seyscientos tudescos, que todos hazían el número que digo de treze mil hombres, de todos los quales hizo don García tres tercios.

 

Chapín de Vitelo, maestre de campo general.

Siendo maestre de campo general de todo el exército Chapin Vitelo Florentín, cavallero de la orden de Santistevan, y muy afamado y valeroso hombre de guerra.

 

/80v/ Don Sancho de Leyva, general de un tercio.

El un tercio dio a don Sancho de Leyva para que con él llevasse el avanguardia, aunque desto se agraviava Francisco Barreto, general de las galeras de Portugal porque la quería llevar él, y lo mismo el conde Hanníbal con sus tudescos. Pero don García de Toledo les dio a entender que aquello que él tenía ordenado convenía al servicio de su Magestad, y con razones que ellos se contentaron. Era este tercio de seys compañías de Nápoles y dos de las que vinieron en las galeras de los Príncipes, y ocho de bisoños, y de los cavalleros y soldados de la orden de sanct Joan, que yvan en el avanguardia d’él.

 

Francisco Barreto, general de otro tercio.

El otro tercio dio a don Luys /81r/ Osorio, en que havía quatro banderas de Sicilia y quatro de Lombardía, y siete de bisoños y la compañía de don Joan de Baçán, que era de los soldados y aventureros que havían venido en las galeras de don Álvaro de Baçán, su hermano, que esta compañía se puede contar por de soldados viejos, porque lo eran, y cavalleros muy principales y gente de Málaga, que nascen inclinados a la guerra y desde su niñez la exercitan. Y don Joan de Baçán, aunque mancebo, resplandesce en él el gran valor de don Álvaro de Baçán, su padre. Y a este tercio juntó los portugueses, dándoles el avanguardia d’él. Y mandó don García que don Luys Osorio en todo hi- /81v/ ziesse la voluntad de Francisco Barreto, general dellos, por merescerlo mucho valor y qualidad. Y él lo hizo tan comedidamente que lo dexó todo a don Luys, que no quiso entremeterse en más que en governar su gente. Y este día que marchamos andar a cavallo dando bueltas a todo el exército ayudando en esto a don García.

 

El conde Hanníbal general de otro tercio.

El otro tercio, que yva en la retaguardia, era de los tudescos, con su coronel el conde Hanníbal. Y cerravan todo el esquadrón sietecientos arcabuzeros españoles, soldados viejos, y don Juan de Villaroel con la gente de a cavallo descubriendo las sierras. Y por esta /82r/ orden, yendo todo el carruage entre el avanguardia y la batalla y con seys pieceçuelas de campaña començó el exército a marchar por la mañana, yendo a vista del algunos moros de a cavallo y algunos tiradores que salieron a escaramuçar todas las vezes que a ellos les paresció que estavan aventajados.

 

Escaramuças.

Y haviendo marchado poco menos que medio camino, llegando la retaguardia en una loma a la punta della a la entrada de una montaña, acometieron a los nuestros obra de quatrocientos moros de a pie y de a cavallo. Y viendo esto don Diego de Córdova, salió con los arcabuzeros que traya por la loma arriba /82v/ a la mano derecha, y acometiendo a los moros los hizo retirar, matando e hiriendo muchos dellos, de suerte que ellos no fueron parte para que nuestra retaguardia dexasse de marchar. Y a este tiempo que don Diego arremetió por lo alto, arremetió don Luys Osorio con cinquenta arcabuzeros por lo baxo dándoles carga, de suerte que los hizieron retirar, aunque dexaron heridos algunos de los nuestros de flechazos y arcabuzazos y muertos dos o tres. Y a don Luys Osorio le alcançó una pedrada en los pechos, y llegando el aviso desto a don García de Toledo, que yva adelante, mandó a Bartholomé Pérez, sargento mayor, que sacasse qua- /83r/ -trocientos arcabuzeros y bolviesse abaxo con ellos a favorescer la retaguardia, adonde él mismo acudió a tiempo que estavan escaruçando. Y viendo a un soldado que lo hazía bien y que havía muerto a un moro a vista suya, le dio dos escudos para plumas, que entre los romanos antiguamente y aún agora entre los turcos no puede traer plumas sino el que las gana en la guera. Más adelande desto, sobre un cerro alto que cae sobre el camino, se mostró un renegado a cavallo con su lança y adarga y dixo a bozes, que todos lo oymos, que él era cavallero español y natural de Guadalajara, que por salvar su ánima havía venido allí, que si /83v/ havía algún cavallero español que se quisisse salir a alancear con él, que él se apartaría donde lo pudiessen hazer. Respondiéronle con algunos arcabuzazos, que no le acertó ninguno.

 

Alto a la baxa de Vélez.

Llegando ya tarde las dos partes del exército a una sierra asperíssima que baxa a Vélez, estando ya en el pueblo don sancho de Leyva con el avanguardia, nos havían mandado hazer allí alto hasta que se recogiesse todo el exército. Llegó don García de Toledo y nos mandó marchar, apeándose él de un cavallo castaño en que aquel día havía andado a la gineta, baxando a pie aquella agríssima sierra y haviendo corrido aquel cami- /84r/ -no desde Alcalá hasta allí, que son dos pequeñas leguas, siete o ocho vezes, acudiendo a todos cabos, que de todos los soldados fue aquel día visto hartas vezes. Y de aquí vía su excelencia todo el exército, parte del que andava saqueando a Vélez y el resto que baxava la cuesta abaxo. Y pudo dezir aquello de los sanctos doctores Augustino y Ambrosio: Salvum fac populum tuum Domine, & benedic haereditati tuae.

 

Llegada a Vélez.

Sería ya el Ave María quando todo el exército acabó de llegar a Vélez. Hallamos solo aquel pueblo con un christiano cautivo que se havía quedado escondido en un pozo, de quien se supo cómo los moros se havían subido a las sierras /84v/ luego que descubrieron nuestra armada y subido consigo todas sus haziendas, que ninguna cosa dexaron sino fue en la casa del alcayde, que se halló algún trigo y cevada y algunas mercaderías de acá, de presas que él havría hecho.

 

Alojamiento del exército en Vélez.

Alojóse el exército en Vélez desta manera: el tercio de Nápoles, que era a cargo de don Sancho de Leyva, en el valle del Cantil, en unas huertas; el otro tercio de don Luys Osorio en el otro valle, debaxo de la montaña de la Baba; detrás destos dos alojamientos, hazia la parte de la tierra, se alojaron los portugueses; don García de Toledo con su guardia y muchos señores y cavalleros aventureros /85r/ y los cavalleros de la religión de sanct Joan dentro en Vélez, siendo la mezquita alojamiento de don García; los tudescos quedaron aquella noche y otro día haziendo guardia en lo alto de la montaña del Cantil.

 

El fuerte de la ribera desmamparado.

Y un fuerte que los turcos havían hecho el año passado, después que allí estuvo don Sancho de Leyva para ser más señores de la ribera, lo hallamos desmamparado y con siete pieças pequeñas de artillería en él, que fue gran ayuda a los nuestros para poder barquear la ribera. Porque aunque el Peñón la señorea, se aventuravan esquifes y vergantines a venir a ella. Y el /85v/ primer esquife que vino aquel mismo día, luego que el exército huvo llegado a Vélez, fue uno en que venía don Álvaro de Baçán y su hermano don Alonso, general de las chalupas, que vino al campo a hablar a don García y a ver qué mandava, que se lo agradesció mucho don García, diziendo que él estava descuydado, que en lo que a ellos les tocava no haría falta. Y por aquí se sacó el artillería con pérdida de poca gente, porque aunque del Peñón tiravan a los barcos que venían y a la gente que andava en la ribera entendiendo en desembarcarla y las municiones y bastimentos, era Dios servido que hiziesse poco daño. Y assí fueron pocos los que mató el artillería del Peñón.

 

/86r/ El fuertezillo de la Baba ganado.

Lunes, quatro de setiembre, por la mañana subió Carrillo de Quesada, maestre de campo del tercio de Nápoles, con la compañía de don Francisco Çapata, de su tercio, a tomar el fuerte que está encima de la montaña de Levante, que llaman la Baba. Y echaron fuera a arcabuzazos los moros que estavan dentro, que se defendían con echar muchas y muy grandes piedras para impedir a los nuestros que no subiessen, una de las quales acertó a Carrillo de Quesada. Pero no fue parte para estorvarle la subida, ni que dexasse de hazer el effecto a que yva.

 

Joan Andrea Doria desembarca la artillería.

Y dio don García orden a Joan Andrea Doria que desembarcasse el artillería...

 

/86v/ Don Sancho de Leyva planta la artillería.

...y a don Sancho de Leyva que la tomasse y llevasse a plantar en las plataformas y baterías que mejor le paresciesse. Y en tanto que Joan Andrea Doria desembarcava el artillería, que lo hizo con gran diligencia don Sancho de Leyva por una parte y Chapín Vitelo por otra, fueron a reconoscer el Peñón y de adonde se le podría mejor batir. Aunque don Sancho lo tenía ya reconoscido del año antes, lo quiso tornar otra vez a mirar para mejor determinarse y no con poco peligro de su persona, porque andando por la marina y por la falda del cantil del Peñón le tiravan muchos arcabuzazos y tiros de artillería, que al capitán Yñigo de la Coya, que /87r/ yva junto a él, le atravessó ambos muslos un arcabuzazo de los que del Peñón tiravan. Y fue Dios servido de guardar a este capitán de su pueblo christiano que no con menos diligencia que autoridad y gracia de todo el exército andava allí entendiendo en todo lo más peligroso y importante. Y el maestre de campo Carrillo de Quesada y otros capitanes lo acompañaron en esto tres vezes que fue a ello.

Como Joan Andrea Doria desembarcava el artillería y la encavalgava, que era lo que le tocava, don Sancho de Leyva la tomava y con la gente de su tercio llegó aquel día a la marina, y debaxo de /87v/ la montaña del Cantil cinco cañones, en lo qual se trabajava mucho, que por alargarse del artillería del Peñón se hazía gran rodeo por assegurar la gente que la tirava. Y no dexó de aprovechar mucho este trabajo, que el artillería del Peñón no hizo aquel día daño en nadie, aunque en todo él no cessaron de tirar. Y las galeras de la religión se le acercaron y le começaron a batir por la mar y le metieron dentro algunas balas que le hazían poco daño, aunque no dexavan de hazer provecho a los que andavan plantando nuestra artillería para que los turcos no pusiessen toda su efficacia en estorvárselo.

Aquella noche puso don San- /88r/ -cho de Leyva tanta diligencia que no se contentando con hazer lo que le tocava a su officio de general, que era mandar, sino que como gastador echava mano a todas las cosas, ayudando a henchir los cestones y llevando los tablones y ayudando a tirar el artillería, que [...]

Martes, cinco de setiembre, por la mañana amanescieron plantadas en la marina, en la parte que digo, cinco cañones gruessos de batir a ochocientos passos del Peñón. Y luego como las tuvo palantadas, lo hizo saber a don García de Toledo, que luego vino allí y mandó a los artilleros, siendo el principal de muchos buenos que allí /88v/ havía, el capitán Pedro de los Ríos, capitán del artillería de toda el armada de don García y que antes lo havía sido mucho tiempo de don Joan de Mendoça. La primera pieça que se tiró la assestó don Sancho de Leyva con que se començó la batería, que duró todo aquél día, batiendo un cubo que estava en lo más alto a la parte de Vélez, en el qual echaron dozientas y cinquenta balas, y pusieron tanto espanto en los turcos que estavan de guardia en un fuerte debaxo deste torreón que se batía, que desmampararon la guardia y se fueron huyendo a otro fuerte más alto.

 

Batería del armada de Portugal.

Y las galeras de Portugal se acercaron al Peñón y le comença- /89r/ -ron a batir y a passar muy cerca d’él, campeando sus banderas. Y del Peñón no cessavan de disparar artillería a los que estavan en la batería de tierra y a los de las galeras, y el galeón se arrimó al Cantil y començó de allí a batir el Peñón, que aunque era poco el daño que se le hazía, aprovechava mucho para amedrentar a los turcos y, que como he dicho, no pusiessen toda su efficacia en tirar a los que batían de tierra, que era lo que hazía al caso, porque uno de los cubos del fuerte le tenían en términos de venir todo al suelo.

En tanto que esta batería se hazía, don Sancho de Leyva passó por mar a la punta más baxa del Cantil, /89v/ por donde más se acerca al Peñón, adonde tenía reconoscido de hazer las plataformas para hazer otras baterías. Y en esto trabajó de manera con la gente que siempre le proveya don García de Toledo, que aunque tenía muchos cabos adonde acudir, no olvidava nada; que aquel día hizo tres plataformas a trezientos passos del Peñón, en que cabrían de siete a ocho cañones. Y trabajó tanto aquella noche, que si los turcos no se huyeran, amanescieran plantados el otro día, miércoles por la mañana, otros quatro cañones, porque los tenía ya allí.

Pero cessó de plantarlos, porque a la una hora después de media noche se vio bullir el agua debaxo /90r/ del Peñón, y fue avisado desto don Sancho de Leyva de los que hazían la guardia y mandó a algunos soldados que fuessen hazia la marina a reconoscer qué era. Hallaron dos marineros christianos que a nado havían ydo hazia el Peñón por ver si podían hurtar algo y sacar alguna barca de las que allí havía y no lo pudiendo hazer, se havían buelto. Todavía se tornó a ver por los de la guardia menearse el agua debaxo del Peñón. Y según después paresció, era que entonces se salían los turcos.

 

Nueva que dio a don Sancho un renegado.

Desde a una hora, que sería las dos de media noche, los de la guardia dixeron a don Sancho de /90v/ Leyva que en la parte del Peñón llamava uno con boz baxa diziendo que era christiano, que le fuessen a tomar. Mandó don Sancho que le dixessen que se echasse a nado y se passasse a nuestra parte, el qual lo hizo assí. Y passado, los soldados de guardia le tomaron y traxeron ante don Sancho y hasta que fue en su presencia, no dixo nada a los soldados. Pero llegado ante don Sancho se le echó a los pies, según costumbre de los turcos. Y levantado le dixo en lengua ytaliana: "Señor, el Peñón es de vuestra señoría y los turcos todos son huydos, que no queda ninguno en el Peñón". Don Sancho le dixo que no era verdad aquello que dezía, y esto por /91r/ certificarse más dello, el qual le tornó a replicar diziendo que aquello era verdad como él dezía y que quando no fuesse assí, que en su poder estava que le mandasse ahorcar. Y que él era christiano de Albania y havía doze años que era renegado, esperando una occasión como aquella para alcançar libertad y tornarse christiano. Viendo don Sancho de Leyva esto, lo hizo luego saber a don García de Toledo y le embió este renegado con el capitán don García de Ayala y con el Alférez _ñigo López. Su Excelencia recibió gran contento con esta nueva y despachó luego aquella noche con ella a su Magestad al capitán Francisco de /91v/ Erasso, a quien su Magestad dio un hábito de Sanctiago y hizo otras mercedes. Y ordenó a don Sancho de Leyva que no dexasse subir a nadie al Peñón hasta que él viniese, pero quando este mando llegó ya don Sancho de Leyva havía dado licencia a Joan de Leyva y a Francisco de Urbina y a Marco Antonio Pérez, gentiles hombres suyos que se havían hallado allí en el plantar del artillería. Y estos fueron los primeros que entraron en el Peñón con esta licencia. Vino luego allí don Joan Sanoguera, capitán de la galera real de don García, con recaudo suyo para que don Sancho de Leyva le diesse cinquenta soldados para con ellos subir al /92r/ Peñón, y se los dio y subió con ellos.

Y en este mismo tiempo dio orden su excellencia a Joan Andrea Doria que también fuesse al Peñón, de manera que los dos llegaron a un mismo tiempo, aunque primero entró Joan Andrea. Y aunque el renegado havía dicho que no quedava turco ninguno, se hallaron veynte y siete, uno de los quales habló con Joan Andrea Doria, creyendo que él era el general de todo el exército y contóle todo lo que passava y cómo ellos se havían quedado allí solos y que assí como Salarráez, rey de Argel, quando tomó a Bugia dexó yr libres el capitán y sesenta christianos, que les dexassen yr a ellos. Y si no /92v/ huvieran sido nescios, se les hiziera el partido que pidieran, como dexaran el Peñón, que no tenían para que rendirse, sino hazerse fuertes y no dexar subir a nadie. Joan Andrea les dixo que él no era el general, sino don García de Toledo y que él les sería buen tercero para que se hiziesse lo que pedían y que él les assegurava las vidas, aunque yo no les asseguraría que no boguen un remo todo el tiempo que les durare.

 

Escaramuças.

Este mismo día martes, cinco de setiembre, baxaron los tudescos que estavan en la sierra del Cantil a alojarse en lo baxo y subieron los del tercio de Nápoles con su maestre de campo Carrillo de Que- /93r/ -sada, los quales estuvieron guardando esta sierra hasta el domingo a medio día, que todo el exército se embarcó. En todos estos días tuvieron siempre escaramuças con los moros, pero no huvo cosa notable en ellas.

 

Escaramuças de los turcos.

Los tudescos, el día primero, lunes quatro de setiembre por la mañana, estando sobre el Cantil haziendo guardia, viendo que baxavan diez moros a la marina por la falda del Cantil a dar sobre la gente de una fragata que allí havía desembarcado, embió el conde Hanníbal a un Alférez con diez y seys tudescos que fuessen a se lo estorvar. Destos se adelantó el Alférez /93v/ con los seys dellos y llegaron a escarmuçar con los diez moros antes que baxassen a la marina, por donde descubrieron obra de dozientos moros que estavan puestos en celada en otra sierra que cae sobre la mar. Y sin se poder retirar fueron muertos este Alférez, haviendo él muerto primero a dos moros y peleado valientemente. Y lo mismo los seys tudescos, que todos fueron muertos de los diez moros y de más de otros cinquenta que acudieron de los que estavan en celada, a vista de los de su quartel, sin que ninguno dellos los fuesse a socorrer, que dizen que lo hizieron por no desmamparar la sierra que estavan guardando y por no tra- /94r/ -var escaramuça.

Desta manera que he dicho se tomó el Peñón. En la batería del martes, todo el día sin se quitar della asistió Chapín Vitelo, maestre de campo general.

 

Saco del Peñón.

Miércoles, seys de setiembre, por la mañana amanesció en el exército la nueva de cómo era nuestro el Peñón y començaron a entrar soldados a saquearle, que havía paños y algunas sedas y cosas de comer y los vestidos y armas de los turcos. Todos los quales mandó don García echar en cadena en su galera.

 

Quién era alcayde del Peñón.

Después que Ihayarráez dexó el alcaydía de Vélez, embió el Rey de Argel en su lugar a /94v/ Mamiarráez, turco de nación, con ciento y treynta turcos que tenía de guarnición en él, sin los que estavan en Vélez, que eran ydos con las galeotas a robar havía veynte y cinco días. Tenían veynte y una pieças de artillería entre pequeñas y grandes y mucha munición y comida para más de un año, que havían traydo de Argel pocos días antes. Matóles nuestra artillería un turco artillero. Havía muchos días que sabían que se juntava esta armada en Málaga, aunque no sabían para dónde ni creyan que tan grande armada fuesse para venir sobre ellos. Y el día que descubrieron nuestra armada, despacharon a Fez avisando al xarife de la llegada della y que /95r/ les viniesse a socorrer. Y pusieron en orden su artillería con determinación de no dexar el Peñón. Y cierto, si ellos la llevaran adelante, no sé si le tomáramos. Y costara provarlo la vida de muchos buenos soldados y cavalleros principales, que eran los que havían de arremeter primero. Y la subida es tan diffícil, que si no es uno a uno, no hay poder subir. Y aun desta manera, yendo un hombre armado, hay harto que hazer en subir al primer fuerte. En conclusión, es cosa tan fuerte que dozientos hombres que lo sean le pueden defender teniendo de comer y artillería y municiones a todas las fuerças del mundo juntas. Y pudo muy bien dezir don /95v/ García de Toledo aquel día que se vio señor d’él, aquellas palabras del psalmista que dixeron los Cathólicos reyes don Fernando y doña Ysabel, de gloriosa memoria, desque huvieron acabado de ganar el reyno de Granada: Non nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam. "No a nos señor, no a nos, sino a tu santo nombre se dé la gloria".

En ocho de setiembre se partieron del Peñón el armada de Portugal y la de sanct Joan de Malta, haviendo don García dado las gracias a los generales en nombre de su Magestad.

Desde el día que se tomó el Peñón hasta el domingo que se embarcó el exército se entendió en pro- /96r/ -veer de todas las cosas necessarias, de suerte que quedasse a buen recaudo como adelante diré.

 

Orden para que se embarcasse el exército.

El sábado en la noche, don García de Toledo determinó de embarcarse otro día domingo con todo el exército. Y assí, aquella noche dio orden al proveedor general, Francisco de Ybarra, que hiziesse embarcar todas las municiones y bastimentos que pudiesse aquella noche sin perder tiempo, y a don Sancho de Leyva que subiesse a la montañá del Cantil, adonde estavan los españoles de su tercio, y que los retirasse al alva del día siguiente o a la hora que a él mejor le pareciesse, como lo hizo, aunque con trabajo por ser la montaña tan /96v/ áspera y por la escuridad de la noche y por las seys pieças de campo que allí estavan, de las quales se rompieron las ruedas de las dos y las baxaron los soldados a ombros. Y al fin, con la buena orden que don Sancho dio y quedando él siempre en la retaguardia a vista de los enemigos, los retiró. Y al alva del día domingo, diez de setiembre, los tenía en el llano.

 

Embarcación y retirada del exército.

Domingo, diez de setiembre, don García de Toledo mandó poner toda la gente en orden para que se retirasse y embarcasse. Y assí, por la orden que dio, començaron a embarcarse primero los soldados bisoños y tras dellos los tu- /97r/ -descos. Los soldados viejos de los tercios de Lombardía y Nápoles quedaron en la retaguardia en los dos valles. Don García de Toledo ordenó a don Sancho y a don Luys Osorio que tendiessen por la montaña quantidad de arcabuzeros para que tuviessen largos los moros, paresciendo que sería remedio esto para assegurar más la gente.

 

Escaramuça.

Començaron a escaramuçar los moros por el un valle y por el otro con los nuestros, los quales por la una parte y por la otra les dieron algunas cargas que mal de su grado les hazían retirar, recibiendo siempre mayor daño los moros que los nuestros, aunque les ayu- /97v/ -dava mucho tener la acogida tan cerca, que eran las sierras, que en viendo que su partido no yva bueno, se subían a ellas, estando tan diestros en esto que no havría galgos que los alcançassen.

NOTA: En esta escaramuça primera acaesció a los nuestros una cosa harto desgraciada que fue que, yendo dos soldados siguiendo a un moro por alcançarle antes que se les subiesse a la sierra, llegó el uno dellos primero y abraçóse con el moro. Y llegando el otro soldado, disparó su arcabuz y mató al moro y al christiano. Acudió luego allí un amigo del soldado muerto y enojado de ver muerto su amigo, echa mano a su espada y desjarreta al sol- /98r/ -dado que le havía muerto, de suerte que por matar un moro, murieron dos christianos tan desgraciadamente como he contado.

Embarcados los bisoños y los tudescos, don Sancho de Leyva tuvo un esquadrón de picas y cosseletes en medio de la marina y de la retaguardia echo alto. Y bolviendo siempre a requerir la retaguardia en la qual estava y haziendo como quien era don Luys Osorio y con él hartos cavalleros aventureros de los que havían ydo la jornada, entre los quales estava don Joan de Guzmán, mayorazgo del marqués de Ardales, peleando valientemente, y los mismo don Christóval de Benavides de Guadix, que haviendo /98v/ muerto un moro a cavallo havía tomado el cavallo, y don Hierónymo de Padilla y don Diego Osorio y don Miguel de Moncada, cavallero muy illustre y muy principal de Valencia, que en todo lo que se offresció más peligroso se señaló, y otros muchos cavalleros, quando le paresció a don Sancho de Leyva tiempo, començó a retirar la gente. Y porque los moros se pegavan mucho, sacó del esquadrón, que arriba digo que havía mandado hazer alto, ocho o diez hileras de soldados y cavalleros particulares y los traxo a la retaguardia y formó un esquadrón dellos, en el qual y en la frente d’él estuvo siempre don Joan de Villaroel, veedor general y ca- /99r/ -pitán de la gente de a cavallo, y tan valiente por su persona como quantos capitanes su Magestad tiene, que como tal lo hizo todo aquel día, haviéndose hallado a pie para mejor poder hazer como soldado.

 

Muerte de don Luys Osorio.

Començando a retirarse la gente y a caminar hazia la marina, quedando don Luys Osorio en lo último de la retaguardia y don Sancho de Leyva delante estos arcabuzeros y detrás de las picas, hizo començar a marchar. Los moros començaron a cargar con mayor ímpetu y a pocos passos andados acertaron un arcabuzazo a don Luys Osorio, que trayendo vestido un pecto fuerte a prueva de arcabuz, le /99v/ dio por debaxo de la faldilla d’él, que le passó de parte a parte,que luego a la hora cayó muerto sobre los ombros de un soldado. Y dieron assimismo a don Pedro de Guevara otro arcabuzazo en una pierna, de que después murió en Málaga. También hirieron a otros soldados, de los quales algunos murieron.

Luego que don Luys fue herido, le sacaron de allí y llevaron su cuerpo a su galera Capitana. Y don Sancho de Leyva acudió a la retaguardia con algunos arcabuzeros y con los capitanes Texeda y don Francisco Çapata, a los quales mandó que quedassen en aquella retaguardia y al capitán An- /100r/ -tón López de Málaga que se metiesse con cien arcabuzeros que le dio en el pueblo dentro del alcaçava para que de allí, estando fuerte, pudiesse tener los moros más retirados, los quales ansí por esta parte donde don Luys Osorio murió, como por el otro valle de la parte de la Baba, que havía también gente del tercio de Lombardía, con los quales andavan el capitán Espuche. Y allí acudía siempre Chapín Vitelo y el comendador Francisco de Ybarra, que nunca faltó de acudir a la una parte y a la otra animando a los nuestros, a los quales nunca les faltó ánimo y procurando que guardassen orden. Y assí se yvan retirando los de la /100v/ una parte y de la otra con buena orden. Pero la importunidad de los moros era tan grande, pegándose a los de la retaguardia, matando y hiriendo algunos, que convino darles una carga, en la qual se hallaron don Sancho de Leyva y don Joan de Villaroel y don Juan de Guzmán y otros muchos cavalleros que lo hizieron muy bien. Y la carga fue de manera, que quedaron quatro de a cavallo de los moros muertos y los cavallos huvieron los nuestros. Y murieron otros muchos moros.

Tornóse a recoger don Sancho con la gente y començóla a retirar con buena orden. Y llegó don García de Toledo, que /101r/ andava embarcando la gente y acudiendo adónde más convenía. Y por ser aquel lugar muy peligroso, le dixeron don Sancho y don Joan de Villaroel que su Excelencia se fuesse y no estuviesse allí, que ellos darían cobro de aquello. Don García dixo que en ninguna manera se diesse más carga si se pudiese escusar, porque antes desta se havía dado otra y paresce que se dilatava mucho la embarcación. Y assí don García de Toledo se fue a acudir a otras cosas, visto que tan buen cobro dava en aquella don Sancho de Leyva, el qual se fue retirando con buena orden hasta llegar al pueblo.

Y a este tiempo llegava la gen- /101v/ -te del otro valle, con la qual venía Chapín Vitelo, que se venía retirando. Y algo antes de tiempo salieron los arcabuzeros que estavan en el alcaçava con el capitán Antón López, el qual no los pudo tener más. Y por aquella parte del lugar, como lo desmampararon los nuestros, los moros cargaron por allí y se metían en las casas siguiendo la retaguardia, de manera que del Peñón fue menester que les tirassen algunas pieças. Y todas las más capitanas que estavan con las proas en tierra aguardando a poder tirar, sin hazer daño a los nuestros, dispararon muchas vezes sus cañones de cruxía, limpiando las sierras de moros, que estavan bien llenas dellos, /102r/ assí de pie, como de a cavallo, que no dava poco contento verles yr huyendo, cayendo muchos ellos por las sierras, arriba de las heridas que de los nuestros havían recebido y del espanto del artillería. Aunque fue muy grande la lástima que en toda el armada dio la desgraciada muerte de don Luys Osorio, principalmente a don García de Toledo, que le tenía muy buena voluntad, que lo merescía don Luys por ser tan principal cavallero y que en esta jornada havía trabajado mucho. Era don Luys nieto del marqués de Astorga passado y sobrino del que hoy lo es; havía servido muy bien al rey en todo lo que /102v/ se le havía encomendado, havía sido maestre de campo de Sicilia y en lo de los Gelves lo fue también. Y aunque aquella jornada succedió mal, él havía hecho como buen cavallero todo lo que pudo. No cautivo allí, aunque fue cautivo después de tres galeotas de Trípol de Berbería, viniendo él en una suya desde Sicilia a Barcelona, para de allí venir a la corte de su Magestad en compañía de Cigala, que traya una galera. Y después de haver peleado valientemente, fueron presos de las galeotas y llevados a Constantinopla, de adonde él tuvo intelligencias de rescatarse por muy pocos dineros, siendo mucha parte las oraciones de su muger do- /103r/ -ña Leonor de Loroño, dama portuguesa y señora de muy illustres y cathólicas virtudes. Havíale dado su Magestad pocos días havía dos galeras y don García de Toledo hazía mucho caso d’él y le ocupava en todas las cosas importantes. Fue herido domingo, a las dos horas después de medio día, a diez de setiembre de mil y quinientos y sesenta y quatro años y a los treynta y siete de su edad. Era muy severo en su officio de maestre de campo y assí quisieron algunos dezir que nuestros soldados le havían muerto. Pero ello passó de la manera que yo he contado, porque él no usava de reguridad sino con quien era menester, tenien- /103v/ -do respeto a la qualidad de cada uno. Al fin, la gente se retiró y se yva embarcando sin recebir más daño, quedando en la montaña del Cantil el maestre de campo Carrrillo de Quesada, donde todo el día havía estado con obra de sietecientos arcabuzeros. Y al cabo quedó con hasta dozientos, que los demás don Sancho de Leyva los havía hecho retirar y embarcar. Y desta manera se embarcó toda la gente, embarcándose los últimos de todos don Sancho le Leyva y don Joan de Villaroel y el maestre de campo Carrillo de Quesada, cavallero de la orden de Sanctiago, y muchos de aquellos capitanes y cavalleros aventureros.

 

/104r/ Venida de la armada de un alcayde al xarife.

Miércoles, a los treze de setiembre, estando ya don García de Toledo embarcado y todo el exército, vinieron a la playa de Vélez sesenta moros de a cavallo, que los embiava de tres leguas de allí un alcayde que embiava el xarife de Fez con quinientos de a cavallo y algunos escopetereos. Porque luego como le llegó el aviso de la venida de nuestra armada sobre el Peñón, mandó que se partiesse este alcayde con esta gente a que particularmente entendiesse lo que era y se lo avisasse, quedándose él aprestando para hazer lo que le pareciesse conforme a lo que este alcayde le avisasse. Este se quedó como digo, a tres leguas de Vélez y embió a un moro principal /104v/ con estos sesenta de a cavallo que le acompañassen, el qual vino con bandera de paz y fue llevado a la galera real y habló con don García de Toledo, que le dio un seguro para que el alcayde pudiesse venir seguramente a hablar con él.

Y este mismo día embió el capitán Bartholomé de Miranda, que estava en Alcalá, un hombre a nado a don García de Toledo para avisarle cómo se les havía acabado el bastimento y que el embarcadero estava bueno para embarcase ellos y las municiones. Y assí don García embió allá veynte galeras, en que se embarcó sin que los moros se lo impidiesen.

 

/105r/ Escaramuça que tuvieron los de Alcalá.

Estos de Alcalá tuvieron el lunes, onze de setiembre, una brava escaramuça con quinientos de a cavallo y dozientos tiradores que, haviendo venido sobre ellos, assentaron su campo en la marina adonde nosotros havíamos hecho catorze o quinze pozos quando allí desembarcamos. Y desde allí con sus escopetas procuravan estorvar que los nuestros no se aprovechassen de los dos cañones gruessos que estavan en la trinchea. Y parte dellos se havían puesto detrás del castilo en una sierra más al poniente. Y los de abaxo arremetieron a la trinchea por quitarles los bastimentos que en ella havía y ganarles los dos cañones para con ellos les batir /105v/ el castillo. Miranda, que se halló en la trinchea con quatrocientos arcabuzeros, se lo defendió tan valerosamente que les hizo retirar con algunos menos de los que havían llegado. Y al castillo havían acudido a un mismo tiempo parte de la cavallería, que dixe que se havía puesto en la sierra, a los quales salieron algunos arcabuzeros de los del castillo y con el artillería d’él les hizieron también retirar. Y ellos viendo el ánimo de los nuestros y que havían escaramuçado desde la mañana hasta vísperas y el poco fruto que sacavan se retiraron, y al retirarse les dieron los nuestros una buena carga en que mataron y hirieron algunos dellos. Y murieron /106r/ de los nuestros en esta escaramuça cinco y quedaron heridos más de treynta, que después murieron algunos dellos por mal curados.

 

Partida de don García del Peñón.

Jueves, a los catorze de setiembre, por la mañana se partió don García de Toledo del Peñón con toda el armada, dexando a don Álvaro de Baçán para que con la gente de sus galeras hiziesse subir al Peñón algunas municiones que quedavan en la falda d’él.

 

Capitán Arnalta, alcayde del Peñón.

Dexó don García por alcayde y capitán del Peñón, entanto que su Magestad no provee otra cosa, a Diego Pérez de Arnalta, capitán de Infantería y sol- /106v/ dado viejo y persona de quien hay mucha experiencia de su valor, con quatrocientos soldados escogidos de las compañías de los bisoños y otros dozientos hombre gastadores y officiales y artilleros, y mucha artillería y municiones y bastimentos para mucho tiempo.

Y en el fuerte de la ribera quedaron treynta soldados y artillería y municiones. Y quedóle commissión a Diego Pérez de Arnalta para effectuar la paz con los moros, que dos días después de partido don García llegó el alcayde que venía de Fez.

 

Yda de las galeras de Sicilia a Melilla.

Antes que partiesse don García de Toledo del Peñón, /107r/ embió de allí a Melilla a don Fadrique de Carvajal para que en las diez galeras de Sicilia embarcasse quatrocientos esclavos para echar al remo en las galeras nuevas, que eran de los moros, que Pero Vanegas alcayde y capitán de Melilla havía tomado en la venida del Moraviento, que passó desta manera.

 

Lo acaescido en Melilla.

Por el mes de abril passado, se levantó un moro sancto de Mahoma llamado Cide Maamet Benaçus, que publicó entre los moros del valle de Botoya y Bocoya que havía hallado una prophecía por la qual entendía que havía de venir a poder de los moros mucha parte de la christiandad. Y juntó /107v/ muy gran quantidad de moros desarmados, que dezía que assí lo mandava Mahoma, que las puertas de la villa havían de hallar abiertas. Alcançólo a saber Pero Vanegas, alcayde y capitán de aquella fuerça, por espías que entrellos a la contínua trae y da orden como estén abiertas las puertas de la villa vieja, teniéndoles puesta cierta celada para que, en haviendo entrado los que cupiessen, no puediessen tornar a salir. Y assí, un sábado diez y seys de abril, entre la una y las dos después de medio día, se aparescieron más de diez mil moros que venían a entrar en Melilla y delante dellos el moro sancto debaxo de un palio de estera de palma. Y como /108r/ hallaron las puertas abiertas, como el moravicto les havía dicho, creyeron que era verdad todo lo que más les havía dicho, y començaron a entrar en la villa vieja con gran ruydo. Y assí como huvieron entrado los que cabían, los que estavan en emboscada dexaron caer una contrapuerta para que, aunque havían hallado las puertas abiertas para entrar, no las hallassen para salir. Y començaron a echar entrellos muchos artificios de fuegos y a matar quantos podían, de manera que de más de diez mil que vinieron, quedaron quemados y muertos más de mil y trezientos y el moravito huyó.

De ay a dos meses se le antojó a este moravicto dezir /108v/ que havían de tornar a Melilla, porque por haver ellos excedido la primera vez de lo que él les dixo, no se havía cumplido la prophecía. Sabido por Pero Vanegas, aparejóles más sumptuoso recebimiento que el primero. Y assí un lunes, diez y nueve de junio, vinieron el moravicto con grandíssima quantidad de moros que cubrían todo el campo, que serían al parescer de todos más de sesenta mil. Y llegados, el esquadrón primero començó a entrar muy apriessa, como si se entraran en su casa. Y como huvieron entrado los que les parescieron que bastavan, echaron la contrapuerta de la otra vez para que no pudiesse salir ninguno. Y para /109r/ los de defuera dispararon el artillería que tenían lista para este effecto y a echar muchos artificios de fuego y a disparar sobre ellos mucha arcabuzería, de suerte que fue grandíssimo el daño que en ellos hizieron y en muy breve espacio. De todos los que havían venido no paresció ninguno de más de tres mil, que todos murieron, excepto obra de quatrocientos que tomaron en prisión, que mandó su Magestad que fuessen entregados a don García de Toledo, que vinieron muy a propósito para acabar de armar bien las galeras, que tenían harta falta de chusma a causa de la mu- /109v/ -cha que se perdió en las galeras de don Joan en la Herradura.

 

Llegada de don García a Málaga.

Viernes, a los quinze de setiembre, a medio día llegó don García de Toledo a Málaga. Fue recebido en aquella ciudad con gran alegría, como aquella a quien le cabía gran parte del buen successo.

La primera salida que don García de Toledo hizo fue a la yglesia mayor, en la qual fue recebido con muy solenne processión y con muy gran contento de todos, imitando esta ciudad a la de Roma, que antiguamente acostumbrava a recebir a sus capitanes victoriosos con sumptuosíssimos triumphos.

 

/110r/ Partida de Málaga de don García.

Lunes, diez y ocho de setiembre, se partió de Málaga don García de Toledo con parte del armada a Carthagena a aguardar allí que se juntasse toda.

 

Entierro de don Luys Osorio.

Y este mismo día en la tarde, enterraron allí en Málaga el cuerpo de don Luys Osorio en sanct Francisco. Fuele acompañando la clerezía y órdenes y cofradías del pueblo y muchos señores y cavalleros del armada y de la ciudad, y seys banderas de infantería de los tercios de Lombardía y Sicilia, llevando los Alférez arrastrando las banderas por el suelo y los soldados los arcabuzes caydos y las picas arrastando y los atambores roncos y cubiertos /110v/ de luto, tocando la rota de Mariñán, y su cuerpo yva cubierto con un paño de terciopelo negro con la encomienda de Sanctiago encima, de cuya orden él era cavallero, y delante d’él tres banderas de tafetán negro con las cruzes de Sanctiago y detrás quatro atambores. Plega a nuestro señor Dios sea servido de dar gloria a su ánima, que él cumplió con lo que estava obligado a quien era. Y su Magestad perdió en él un muy buen capitán.

Desta manera que he contado fue nuestro Señor servido que el Peñón viniesse en poder de christianos. Plega a él por su misericordia que no permita que salga ja- /111r/ -más de sus manos, porque es fuerça que importa mucho a la christiandad tenerla.

Morirían en esta jornada de heridas en todas las escaramuças y rencuentros que huvo ciento o ciento y veynte soldados, aunque de enfermedad causada de los trabajos de la guerra y de las malas aguas de Vélez havrán muerto después acá más de quinientos, y todos los más tudescos.

En todas tres jornadas que para conquistarle se han hecho, la del marqués de Mondéjar y la de don Sancho de Leyva y esta agora de don García de Toledo, y con los que cautivaron quando el Pe- /111v/ -ñón vino en poder de los moros, havrá venido a costar el Peñón más de mil y quinientos hombres, sin la mucha suma de maravedís que en ello se havrán gastado. Pero importa tanto el haverle tomado, que todo se ha de tener por poco, porque más era el daño que en un año hazían de allí los turcos que todo esto.

 

LAUS DEO.

 

[/112r/] YO EL CAPITÁN Francisco de Aones he visto este libro por mandado de los señores del Real Consejo de su Magestad. Y está bueno y verdadero a todo lo que yo entiendo como persona que me hallé en la toma del Peñón y en otras cosas de que el libro trata. Fecho en Madrid a ocho de abril de 1565.

 

Francisco de Aones.

 


[/113r/]

PHELIPPE DE

MEY

en recommendación del auctor.

 

Armas, empresas altas y hechos fieros,
canta nuestro soldado valeroso
de aquellos invictíssimos guerreros,
que olvidando su sitio deleytoso,
y las vidas también, atravessaron
las ondas de Neptuno peligroso.
Y en el orbe sus nombres ensalçaron,
al África mostrando el braço fuerte
do al Peñón in[e]spugnable conquistaron.
A estos no porná en olvido muerte,
ni el tiempo borrar a su claro nombre,
pues han llegado a tan dichosa suerte
que haya cantado dellos un tal hombre
que deve ser de todos alabado
por su valor y su immortal renombre.

[/113v/]

Ulysses no es en este desseado,
que Delio le ha dotado d´eloquencia,
y Marte en armas le hizo aventajado,
ni la pluma de Livio causa ausencia
a quien la justa palma ser devida
ygualmente de todos es sentencia.
La gloria, pues, le sea concedida
al ínclyto varón, que la victoria
es y a muy claramente conoscida.
Y es tan grande la fama y tan notoria
de su noble progenie en este suelo,
que ha de ser celebrada en toda hystoria;
y tan escelsso y sublime su buelo,
que Dédalo con sus ignotas artes
nunca se levantó tan alto al cielo.
En su claro linage de ambas partes
se han mostrado varones señalados
y estendido su fama en muchas partes.

[/114r/]

De los Collaços, digo tan nombrados,
los Tamayos con más copiosa rima
merescen ser al mundo celebrados
y tenidos por tales en estima,
pues con sus hechos y notables cosas
encumbran a su Nava en alta cima,
más que aprovechan al vergel las rosas
si en ser marchitas esparze el viento
ni las doradas flores olorosas.
Assí, mi rudo metro, ¿qué talento
puede dar o labrar en l´edificio
donde no basta hazer sólo el cimiento?
Ni ha sido para más que un breve indicio
del valor deste noble cavallero,
pues que le havemos visto en el servicio
de su patria y su rey siempr´el primero.

 


[/114v/]

 

Tabla de las cosas notables que hay en este libro.

 

Don García de Toledo, príncipe general de la mar. folio 7.

Partida para Italia de don García. 8.

Mandato hecho a don Álvaro para armar las chalupas. 9.

Martín de la Alas por General de las quinze chalupas. 10.

Venida de don Álvaro al puerto de sancta María. 10.

Muerte de don Joan de Mendoça, general de las galeras de España. 11.

Muerte de don Francisco de Mendoça. 13.

Muerte del comendador Girón. 14.

Partida de don Álvaro para Barcelona. 14.

Toma de una galeota por don Álvaro. 14.

Llegada de don Álvaro a Barcelona. 15.

Llegada de don García a Palamós 16.

Yda a Córcega de don García. 17.

Salida de don Sancho en Córcega. 17.

Partida de don García de Palamós. 19.

Partida de don García de Tarragona. 20.

Partida de don Álvaro y don Sancho de Barcelona. 20.

Huyda de dos galeotas de Argel. 21.

Llegada a Málaga de las veynte y una galeras. 24.

Llegada de cinco galeras de la religión a Málaga. 24.

Partida de Málaga de toda el armada. 26.

[/115r/]

Yunta de generales en la galera real. 27.

Don García, general de la gente que salió en Berbería. 27.

Assiento del Peñón. 28.

Assiento de Vélez de la Gomera. 30.

Fundación del Peñón. 32.

Joan de Villalobos, primer alcayde del Peñón. 34.

Cómo los christianos perdieron el Peñón. 34.

El Rey de Vélez, apoderado del Peñón. 37.

Don Joan de Velasco acudió a socorrer el Peñón. 37.

Jornada del marqués de Mondéjar a tomar el Peñón. 38.

Navegación que havía de hazer Portundo. 39.

Navegación que hizo Portundo. 40.

Partida del marqués con toda el armada. 40.

Cómo vino el Peñón en poder de los turcos. 42.

Venida del Rey de Vélez a España. 42.

Yda del Rey de Vélez a Flandes. 43.

Yda a Portugal del Rey de Vélez. 43.

Buelta a Vélez del rey. 44.

Pérdida de las quatro caravelas de Portugal. 44.

Yda del Rey de Vélez a Argel. 44.

Entrada en Fez de los turcos. 44.

Guerras entre el xarife y el Rey de Vélez. 46.

Venida de Muley Deris al campo del xarife. 48.

Exército del xarife. 49.

Acuerdo de Muley Buaçón. 52.

Muerte del Rey de Vélez. 52.

Daños que los turcos hazían del Peñón. 52.

Ihayaarráez alcayde de Vélez. 53.

[/115v/]

Quién fue Ihayaarráez. 53.

Ihayaarráez cautivo de don Joan de Mendoça. 54.

Ihayaarráez rescatado. 54.

Ihayaarráez vino por alcayde a Vélez año de mil y quinientos y cinquenta y ocho. 55.

Jornada de don Sancho de Leyva sobre el Peñón. 56.

Cerco de Marçaquiví. 57.

Partida de las cinquenta galeras. 58.

Junta de generales en la capitana de don Sancho. 59.

Parescer de don Sancho. 62.

Salida del exército de don Sancho en Alcalá. 62.

Desbarate del Capitán de bisoños. 66.

Desbarate de un esquadrón de quatrocientos de los nuestros. 67.

Retirada de don Sancho. 70.

Partida de Torremolinos. 74.

Assiento del castillo de Alcalá. 75.

Fundación del castillo de Alcalá. 75.

Lo acaescido en el valle de Alcalá. 76.

El capitán Miranda en el castillo de Alcalá. 78.

El marqués de Estepa, general de la mar. 78.

Orden del exército para marchar. 79.

Chapín Vitelo, maestre de campo general. 80.

Don Sancho de Leyva, general de un tercio. 80.

Francisco Barreto, general de otro tercio. 80.

El conde Hanníbal, general de otro tercio. 81.

Alto a la baxada de Vélez. 83.

Llegada a Vélez. 84.

Alojamiento del exército en Vélez. 84.

[/116r/]

El fuertecillo de la Baba ganado. 86.

Joan Andrea Doria desembarca el artillería. 86.

Don Sancho de Leyva planta el artillería. 86.

Batería en el Peñón. 88.

Nueva que dio a don Sancho un renegado. 90.

Saco del Peñón. 94.

Quien era alcayde del Peñón. 94.

Orden para que se embarcasse el exército. 96.

Embarcación y retirada del exército. 96.

Muerte de don Luys Osorio. 99.

Venida a la armada de un alcayde del xarife. 104.

Partida de don García del Peñón. 106.

El capitán Arnalta alcayde del Peñón. 106.

Lo acaescido en Melilla. 107.

Entierro de don Luys Osorio. 110.

 


Vistos y con licencia impressos en la muy noble ciudad de Valencia.

En casa de Joan Mey.

Año 1566.