Dos Coloquios sacramentales escolares barrocos y un vejamen del 'Cartapacio curioso del P. Juan de Cigorondo'. Estudio y edición.

 

                                                             Julio ALONSO ASENJO

                                                                                     Universitat de València

         

 

  1. Introducción general.

Preámbulo

 Hace varios años, con el objeto de estudiar (y mandar a imprenta) una obra dramática desconocida de Juan Cigorondo, la Tragedia intitulada Oçio [Ocio][1] en el contexto de la obra dramática completa de este jesuita y aun del teatro de colegio novohispano del siglo XVI, a partir de ciertos indicios, me planteé la hipótesis de que los dos Coloquios sacramentales que ocupan los fols. 332v-355v + 362r-396v del Cartapacio curioso de algunas comedias del P. Juan de Cigorondo, de la Companía [sic] de IHS, códice de la BNM, sign. Ms. 17.286, no fueran del autor a quien se atribuyen. En un artículo publicado en 1999,[2] dudaba de la hasta entonces pacífica e indiscutida autoría del segundo de ellos (Colloquio [Coloquio] al Santísimo Sacramento) y me mostraba reticente ante la del primero (Coloquio al Santíssimo Sacramento en metáfora de grado de dotor [doctor]). Al llevar a cabo el estudio conjunto de la obra dramática de Cigorondo, se me imponía resolver previamente esta cuestión y, ya puesto, decidí preparar esta publicación de los dos Coloquios. Me ha parecido conveniente estructurar su estudio general siguiendo el esquema de presentación y respuesta a las cuestiones y objeciones que una crítica seria debe plantearse. De este modo, quedan situados en el contexto más adecuado. Sea todo ello tributo a un fecundo poeta y sobresaliente dramaturgo del teatro escolar de Nueva España, por el conjunto de su obra, por su lograda Tragedia Ocio y, si a él finalmente se debieran, por estos dos hermosos Coloquios sacramentales.

 

En el "Cartapacio curioso”.

El llamado Cartapacio curioso contiene poemas y composiciones dramáticas,[3] tras un poema latino en alabanza del códice (As[cle]pyadeum [Asclepyadeum] carmen in laudem codicis — fol. 6), una esmerada portada y un prólogo en quintillas titulado Consejos que da el que escriuió estas obras al cartapacio (fol. 7r-10r). Los poemas están en los fol. 88r-94v y, en un segundo bloque, en 299r-327r, y algunos no son de Juan Cigorondo.[4] Entre los dos Coloquios al Santísimo Sacramento se lee una composición poética, titulada Capelo al Niño Jesús (fol. 356r-361r), que, como Interludio y en su debido lugar, se ofrece en esta publicación. Las "comedias" u obras dramáticas, entre las que caben coloquios y triunfos, églogas y encomios y los mencionados Coloquios sacramentales, son:

1. Comedia a la Gloriosa Magdalena, fol. 13r-87v;

2. Colloquio a lo pastoril, hecho a la electión del P. Provincial, Francisco Baes, y a la del Padre Visitador del Pirú, Esteuan Páez, fol. 95r-124r;

3. Encomios al felicíssimo Nasçimiento de la Virgen en la colocaçión de la ymagen, fol. 124v- 168r;

4. Égloga [o Colloquio] pastoril al Nacimiento del Niño Jesús, fol. 169r-210v;

5. Comedia del Hombre o Églogas del Engaño. fol. 211r-299r + 328r-332v. Esta pieza nos ha llegado incompleta. Se interrumpe en la cuarta de sus Bucólicas, con su Égloga 3ª incompleta, cuyo texto ocupa, en conjunto, 3 caras;  el fol. 332v presenta los últimos ocho versos y el noveno iniciado apenas con la palabra "Pacto".[5] Tras ella, dos rayas discontinuas encierran el título de la «Loa que se dixo en el siguiente colloquio», de otra mano, distinta de otras manos que copiaron el contenido del Cartapacio. No sólo es otra mano, sino un tipo de escritura con rasgos mucho más modernos, característicos de la segunda parte del siglo XVII. Ya este hecho sugiere que la transcripción de los dos Coloquios se llevó a cabo cuando ya estaba concluido el trabajo de los otros amanuenses, incluso el de quien confeccionó la "Tabla de las comedias que tiene este cartapacio", en fol  397r. La mano que escribe o copia los dos «Coloquios al SSº. Sacramento» es la que también añade la referencia a ellos esa Tabla con su trazo característico y tinta rojiza, frente a la negra anterior.[6]  Pero, por lo que fuere, el amanuense principal (nº 2) ya no vuelve a retomar la copia del texto interrumpido de la Égloga 3ª de las del Engaño, la cual, atendiendo a la media de versos por égloga, hubiera debido extenderse a lo largo de unos 10 folios más. Queda, así, incompleta la copia de las Comedias del Engaño, de la que tampoco sabemos si constaba de más de cuatro Bucólicas.[7]

Abandonada, pues, la transcripción completa de la última de las "Comedias que tiene este Cartapacio", según nos indica el amanuense de la mayor parte de él, en algún momento se añadieron a esos materiales los dos Coloquios al Santíssimo Sacramento, que son autos sacramentales y, entre ambos, un poema de la misma mano y del mismo autor, el ya mencionado Capelo al Niño Jesús.

Ya sólo por todo esto debe descartarse la opinión de Arróniz de que el códice Ms 17.286 de la BNM es «hológrafo» (1979, 177). No, el cartapacio no se debe a la pluma de Cigorondo, sino que sus textos son copias.[8] El amanuense que transcribe la mayor parte del cartapacio nos lo dice en los «Consejos que da el que escriuió estas obras al cartapacio» (fol. 7r), al que califica de «archivo que en mi escritura / guardas ajeno thesoro» (fol. 10r). Lo mismo indican las fórmulas de atribución de las obras o poemas: Cartapacio curioso de algunas Comedias del Padre Juan de Cigorondo de la Compañía de Jesús. O, para los poemas: Del Pe. Cigorondo. Otra del mismo. O similares. La existencia de otra copia de la Comedia a la Magdalena, como Colloquio (P. O.) de la Magdalena y Trofeo de el Divino Amor (66 hoj. sin numerar) en el ms. 9-2581 / 4 (400) de la Colección de Cortes de la Real Academia de la Historia, con algunas variantes, nos indica que el hecho de conservarse manuscrita una pieza o un conjunto de ellas no implica que se trate del original y ni siquiera que las piezas sean del titular del cartapacio.[9]

 

El problema de la autoría: el marco de los Coloquios.

Así que, para pesar nuestro, diversos datos e indicios siembran dudas sobre la atribución de estos Coloquios al mencionado jesuita novohispano. No es problema la modalidad de transmisión de su texto, que incluso finalmente puede obrar a favor de la autoría tradicional, por cuanto, aunque copiados o transcritos más tarde que el resto del contenido del cartapacio, podrían derivar en última instancia del renombrado autor. La demostración viene del poema Capelo al Niño Jesús, copiado por el mismo amanuense y en el mismo momento que los dos Coloquios, con grafías no anteriores a la medianía del siglo XVII y que, sin embargo, es de Cigorondo. No sólo es su estilo, sino que así lo certifica otra copia del poema contenida en un códice ms. de la Colección de Cortes de la Biblioteca de la RAHM, sign. 9-2573 (392), donde se atribuye este poema, entre otros cuarenta, al mismo jesuita novohispano, con esta nota: "Por el Pe. Siguerondo" (fol. 5r-9r).[10] Argumento a favor de la autoría tradicional de los Coloquios es el hecho de que, pese a que son dos las manos que confeccionaron la "Tabla delas comedias que contiene este cartapacio" (fol. 397r), aquélla que dejó interrumpida la copia de las Églogas del Engaño y la de quien transcribió estos Coloquios y el poema Capelo, el amanuense de éstos parece consciente de lo que hace al completar la Tabla con los títulos y número de folio en que comienzan las dos nuevas y últimas piezas incorporadas precisamente al Cartapacio curioso de... Cigorondo. La reseña de estos Coloquios en la "Tabla delas Comedias"[11] significa que para el amanuense eran tan de Cigorondo como nos consta para el Capelo al Niño Jesús. Por otra parte, estos Coloquios ocupan en el códice las hojas que habrían de haberse utilizado para completar la transcripción de la tercera Égloga de la Cuarta Bucólica (y aun otras posibles) de las Églogas del Engaño. Se escribieron incluso sobre las hojas preparadas y hasta foliadas para la continuación de la transcripción de las "Comedias..." por el principal copista que emprendió la formación del Cartapacio curioso. Y constituye un nuevo dato a favor de la atribución a Cigorondo. Pero, pese a todo, el texto mismo de los Coloquios plantea dudas sobre la autoría, y hemos de intentar resolverlas.

Especialmente chocante es encontrarse, en el segundo de los Coloquios, un entremés, cuya acción, el examen de candidatos a órdenes menores, que sucede en una comarca de la diócesis de Antequera («Antiquariae), se sitúa en el año de 1659 (datación del edicto de convocatoria). Choca porque la acción de un entremés, más incluso que la de los espectáculos cómicos en general, debe situarse en la cercanía tanto espacial como cronológica del espectador y en el marco de la vida diaria y familiar a todos. Y, si esto es así, mal podría haberlo compuesto Cigorondo, que, nacido en Cádiz en 1560, no nos consta que estuviera en Antequera ni, por ser más difícil, que viviera en 1659, pues su nombre aparece por última vez en el Catálogo de la Compañía de 1609 como Rector de la Residencia de  Zacatecas, y murió en México en julio de 1611.[12]  Este Entremés, por tanto, podría no deberse a Cigorondo.

Empero, la Loa del Colloquio al Santísimo Sacramento o Coloquio segundo parece exigir la representación de un entremés como parte de la fiesta. Así sucede cuando el autor anticipa que la «historia» (la representación del Coloquio) puede ser larga o pesada como un sermón de dos horas (vv. 54s). Precisamente por eso, habrá «pasajuego» (v. 53), término que entiendo referido al juego de pelota (v. 52) practicado en España (no el prehispano juego de pelota en Indias) en el sentido que le da el Diccionario de Autoridades: «En el juego de la pelota es la vuelta de ella desde el centro, pasando todo el juego hasta el saque». Lo que interpreto como reanudación del juego, aunque con jugada nueva: tal sería el Entremés, cualquiera que fuese su texto.

Nuevo interrogante para el estudioso suspicaz es ver a Cigorondo, desaparecido en 1611, encabezando estas dos obras con sendas "Loas", término que no aparece en ninguna otra obra suya conocida, ni parece haber sido utilizado hasta ese momento por jesuitas. Nos quedaría el recurso al adaptador y copista, que cambió el término «Prólogo» por este otro encabezamiento. Pero este razonamiento no convence, especialmente en el Coloquio segundo, pues desde el mismo texto de la Loa se subraya la realidad y consecuencias de este género de presentación del espectáculo (vv. 1-6. 33-37). Otra solución sería atender al carácter de Cigorondo, extraordinariamente versátil en su producción dramática. Pudo aquí también ser innovador y ponerse à la page, uniéndose al carro del Códice de Autos viejos, donde aparecen piezas precedidas de loas, o al llamado Manuscrito de 1590 o, naturalmente, al Viaje entretenido de Rojas Villandrando, comp. 1602-1603, donde este autor intercala nada menos que 34 loas en verso y 4 en prosa.[13] Y, sin ir tan lejos, siguiendo el ejemplo de F. González de Eslava, quien antepone una loa a varios de sus Coloquios espirituales y sacramentales (I, V, X), a la representación de alguno de los cuales pudo asistir Cigorondo y que, en cualquier caso, habría conocido, aunque no resultaron impresos por entonces. Así, pues, cabe dentro de lo posible que Cigorondo utilizara esa terminología en estas dos piezas suyas más cercanas al teatro religioso o profano contemporáneo. Pero quedan, sin embargo, los datos referidos, si no al lugar, al año de la acción del entremés: Antequera, 1659. Y tampoco carecen de base las dudas que afectan a la autoría del Coloquio al Santíssimo Sacramento en metáfora de grado de dotor (en lo sucesivo Coloquio en metáfora). También en él varios indicios nos llevan a plantearnos críticamente la autoría de J. Cigorondo.

En primer lugar, el texto de este hermoso Coloquio, en sus vv. 477-484, es prácticamente una paráfrasis del soneto de Lope de Vega «¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?», publicado en sus Rimas sacras en 1614. Hay varias explicaciones para este hecho. La composición de Lope pudo llegar manuscrita a Cigorondo antes de que se imprimiera entre las Rimas sacras. Así pudo ser, si de ella depende también una sección del poema Capelo al Niño Jesús (vv. 65-72). O, simplemente, es que el autor, siguiendo un motivo tradicional de la escritura devota, reelabora textos del Cantar de los cantares (2, 9s; 3, 4: 5, 2. 4-6).

   En los vv. 523-532 parece evocar por juego (zaragüelles / greguescos; malos pies / pies de elegía) el texto del soneto contra Quevedo «Anacreonte español, ¿no hay quien os tope», tradicionalmente atribuido a Góngora, si bien tan dubitante en este extremo está a la postre A. Carreira como el sobrino de Quevedo.[14] Pero, si resultara ser de Góngora, se habría compuesto al parecer entre junio y octubre de 1609,[15] muy cerca ya del fin de Cigorondo.

Por si la altura cronológica de esa fecha fuera poca, encontramos, además, un recurso de estilo de Góngora en el subido giro hiperbático del v. 650: «famoso / sobre cuantos hubo griegos». Por más que el hipérbaton no abandonara la poesía española desde el siglo XV (Mena, Garcilaso, Herrera), manifestaciones como ésta expresan una tensión sintáctica al límite de la mesura propia del Góngora decididamente ya cultista. Por eso, parece pretenciosa en exceso la reclamación de una anticipación tan señalada de este característico giro para Cigorondo, cuyo estilo poético es habitualmente sencillo, ajeno de artificios y frecuentemente facilón en las formas gramaticales y léxicas, por más que le tiente el juego de conceptos, como puede verse en el Capelo al Niño Jesús (picola y capelo; falta-sobra --«que en aquesto no nos falta / sino sobra de misterio» --v. 151s; etc.). De todos modos, si la relación con el soneto contra Quevedo puede ser fruto de coincidencia, resulta mucho más difícil explicar tal cercanía al estilo de Góngora, por más que el vate cordobés fuera muy estimado entre jesuitas, como demuestran transcripciones de sus poemas.[16]

Más allá de esto está el acercamiento al estilo colorista de Góngora en los vv. 661-708. 741-764 del Coloquio, que parece llevarnos al momento en que va quedando superada la fase más encendida de la polémica antigongorina (Jáuregui publica su Antídoto en 1616). El estilo culto, que contagia a sus mismos adversarios, como lo demuestra el más auténtico Jáuregui en su Orfeo (1624), es ahora la representación del nuevo estilo barroco, con su acumulación de conceptos, en obras donde la agudeza del ingenio va tejiendo los hilos de oro que unen realidades entre sí muy alejadas, para organizar un rosario de concentos o sumas de figuras de contenido, como metáforas, dilogías o elementos de humor, o juegos con las formas, como la agudeza verbal o los juegos de palabras que, con tal de maravillar, rayan en lo blasfemo. Tal concentración se aparta bastante del por lo general estilo más sencillo, terso y cantarino de Cigorondo[17] en la Comedia a la Magdalena, la más manierista de sus obras, que, como tal, muestra fragmentos no muy alejados de otros de este Coloquio en metáfora, como el que sigue:

 

ÁNGEL 3º —     O joyeles, que en la cruz

  por la sangre que tocastis

  tanto en valor alcançastis

  que vençéis del sol la luz;

     y en quien llegase a adquiriros

  vendréis a quedar radiantes

  más que perlas y diamantes,

  más que rubíes y zaphiros (fol. 64r, vv. 2033-2040).[18]

 Este fragmento bien puede compararse, a los dichos efectos, con los referidos versos del Coloquio.

 Pero también podemos tener en cuenta que ya Pedro de Espinosa, en su primera etapa, que cierra probablemente hacia 1605 su Fábula del Genil,[19] muestra características semejantes. Y a L. Carrillo y Sotomayor, cordobés, fallecido en 1610, que no sólo muestra un estilo plenamente cultista en varios poemas[20] sino que en su Libro de la erudición poética (1607; impreso póstumo en 1611) defiende la oscuridad, hermetismo y dificultad en la poesía. El mismo Góngora manierista había dado muestras de este estilo en composiciones como el soneto «Mientras por competir con tu cabello», que es de 1582, con cuyos versos pueden compararse estos dos de la Tragedia Ocio (1586) del mismo Cigorondo: «Desde la parte do la fresca aurora / esparce a puños perlas, lirios, rosas» (v. 1997s).

Para valorar y validar la verosimilitud de la utilización del concepto o metáfora como recurso estético y aun estructural en el Coloquio en metáfora atribuido a Cigorondo, han de tomarse como ampliamente conocidos y generalmente apreciados los Conceptos espirituales y morales de Alonso de Ledesma, si no el inventor, el máximo cultivador y propagador del género en la literatura religiosa, cuya primera parte apareció en Madrid, en 1600.[21] La intensificación del uso de conceptos cuaja en Alonso de Ledesma en títulos de Coloquios donde campea el sintagma «en metáfora de..».: "...en metáfora de un auto de la Inquisición"; "...en metáfora de cortesía", que resulta ser un «Coloquio entre un Ángel, y un Pastor y el Amor» (n. 27); "...en metáfora de": un día de sol, de ausencia, de un rayo, de una información de derecho, de una amistad, de comida, de contienda, de un buen amo, de un asalto, de un triunfo, de una caza, de una tierra estéril, de ciencia, de ganado, de contradictorias, de una ingratitud, de una navegación (pp. 72-98) y de otros. De ahí que, en Ledesma vea Aurora Egido la fuente de inspiración de esta concepción:

 

«Para Ledesma —como para Gracián— todo era posible; por eso hizo unas seguidillas al Sacramento en metáforas diversas, donde Dios es manjar, banquete, tálamo, de amantes, comida de reyes, tableta de aljófar, botica del hombre, blanco de la gloria y, en fin, convite amoroso».[22]

 

Y vale lo mismo hablar de metáfora que de alegoría, según se nos dice en los vv. 558-564 del Coloquio, que han prolongado los labios de Vejamen.

Idénticos usos del concepto se advierten en poemas que funcionan como monólogos («En metáfora de una información en derecho» (p. 79ss); «Romance / buelto al Sacramento, despidiéndose vn hombre del mundo» (149-151), como ya en los límites de lo teatral en composiciones dialogadas, reciban o no en su encabezamiento la denominación de «Coloquio». De muestra pueden servir: «A la divinidad y humanidad de Christo en el día del Corpus». Personas: Ángel, Pastor, Amor» (p. 169ss); «Coloquio Sacramental entre el hombre y Dios en metáfora de vn señor y su criado, sobre auer combidado a su mesa vn moço que le tenía ofendido», en el que dialogan Hombre y Dios  (p. 151-157); «Coloquio entre Dios y el Hombre al Santísimo Sacramento» (p. 175); «Coloquio Sacramental entre nuestra Madre la Yglesia, y el Hombre», villancico articulado en Pregunta y Respuesta (p. 179s); «Al Santíssimo Sacramento en metáfora de cortesía. Coloquio entre vn Ángel, y vn pastor, y el Amor» (p. 77-79), que parece Loa dialogada de una representación.[23] Un paso más (y aun sin darlo por lo que al texto se refiere) y estamos en una auténtica representación teatral, cuya manifestación plena es nuestro «Coloquio al Santísimo Sacramento en metáfora de grado de dotor», donde se vuelven a lo divino las ceremonias de un acto académico, más allá de sus características parateatrales, en marcadas estructuras de espectáculo plenamente teatral.

Si la Eucaristía se prefiguró en el pan, el cordero y el maná del Antiguo Testamento (Gen 14, 18; Ex 12, 1-44 y 16, 13-21), se puede concebir a Jesús de Nazaret como real por la transubstanciación en las especies de pan y vino, como explica el Doctor en Artes (vv. 185-192). Metáforas y alegorías son «las enigmas que se han hecho» (v. 565) en el decurso de la representación. Todo lo cual nos muestra el cultivo intensivo del concepto, que responde a la entusiasta recepción de las obras de Alonso de Ledesma, que ostentan esta realidad en su título general o en el de las composiciones que las integran. Alonso de Ledesma, después de sus Conceptos, publica en 1611 Juegos de Nochebuena. Enigmas hechos para honesta recreación [100 con solución al final], que revelan un ingenio extraordinario.[24] Y en plena operación triunfal de sus Conceptos, en 1615 hace imprimir El monstruo imaginado, que es un conjunto de retruécanos, equívocos y alegorías y conceptos más difíciles. Tal es el posible marco conceptista del Coloquio en metáfora.

Por ello, dada su naturaleza y estilo, se entiende mejor la composición del Coloquio al SSmo. Sacramento en metáfora... a partir del gran éxito de las obras de Ledesma, que hubo de ser cotizadísimo entre los jesuitas.[25] Incluso suponiendo que Cigorondo sólo surcó estos piélagos cuando la obra de Ledesma estaba en su acmé, cabría la composición antes de su fallecimiento en 1611. En abono de ello está la información que recibo de Margit Frenk, que prácticamente tiene ya dispuesto para imprenta el Cancionero (musical) de Gaspar Fernández, elaborado en Puebla entre 1609 y 1616, en el que se copian y se ponen músicas a muchas composiciones de los Conceptos espirituales de Ledesma, confirmando, de este modo, su éxito también en Nueva España. Además, aunque no con la precisión y fuerza de Ledesma, el Coloquio X de F. González de Eslava (1583) es una alegoría del juego de la esgrima (Arróniz, 1998, 88), que Cigorondo tuvo que conocer (como también otros), ya que tres años más tarde elabora alguno de sus personajes, como Ocio, en la tragedia que le dedica: Tragedia intitulada Oçio [Ocio]. Por tanto, no menos que Gaspar Fernández, por el cultivo de la alegoría a lo largo del siglo XVI y por el triunfo a que la eleva Ledesma, Cigorondo está preparado para elaborarla en las categorías más modernas en sus Coloquios sacramentales. Así debió ser, pues ya en su Égloga pastoril al Nacimiento... utiliza el término "concepto", entendido como recurso que entraña una metáfora.[26] Desgraciadamente no es fácil datar la composición de esta obra, aunque podría ser incluso de su primera estancia como profesor en la ciudad de México, tras sus primeras armas en Puebla, es decir, desde 1586. Y, puesto que sabemos que el concepto se cultivaba ya antes de la publicación de los Conceptos de Ledesma y, dada la rapidez de las comunicaciones y estrecho contacto entre España y Nueva España,[27] es probable que Cigorondo, tan versátil en su teatro (y en su lírica), pudiera haber derivado como y con Ledesma hacia el uso de tal recurso en su teatro antes de morir.

   En verdad, no vale como apoyo para esta hipótesis el caso del Diálogo del SSmo. Sacramento representado en San Lorenço el Real ante el rei Philipe nuestro Señor (Juego de colores), ya en 1594, obra de un fray José de Sigüenza, jerónimo,[28] que tanto gustó a los jesuitas que lo incorporaron a alguno de sus cartapacios.[29] Resulta ser un sencillo auto que propone la tradicional lectura alegórica de textos evangélicos, de hagiografías y de los colores, pero no llega a utilizar la metáfora, menos aún una acumulación tan notable de ellas como la que muestra el Coloquio en metáfora, del que sólo se encuentra equivalente en los Conceptos de Ledesma, obra que bien pudo llegar a manos de Cigorondo e influir en su última maniera.

Pero, de todos modos, la duda sobre la autoría se mantiene, si se tienen en cuenta otros aspectos. Como, por ejemplo, el amplio y logrado uso de metáforas y conceptos y la estructura misma del Coloquio primero en metáfora o alegoría de una concesión del grado (mejor, grados) de doctor, pues hasta este momento Cigorondo no se había mostrado nunca tan extremoso. Como tampoco hasta ese momento tampoco había trabajado de modo explícito el vejamen. Por tanto, nos encontramos de nuevo ante el filo de la navaja de la cronología y la aparición de suficientes y consolidadas muestras de motivos y géneros, recursos y rasgos de un estilo literario que puedan resultar verosímiles y lógicos en su progresión hacia su plasmación triunfante en el Coloquio. Es tan grande y clamorosa la acumulación de esas metáforas en el Coloquio que parece exigir una acentuación de la tendencia a su uso con posterioridad al triunfo sonado y asentado del modo poético de Ledesma. Y esto nos situaría ya en fechas posteriores a la desaparición de Cigorondo y por las que Lope de Vega, en su Dorotea, de 1632, ve generalizado, incluso entre los grupos urbanos medios y aún bajos de la Corte, este uso: como Bela (curiosamente un rico indiano), que sugiere a la tercera Gerarda «alegorizar» las figuras mitológicas esculpidas o en relieve en un búcaro, y esta misma celestina, que presupone en Dorotea una inclinación especial hacia los conceptos y aplicaciones: «y no hay regalos que la enamoren como concetos».[30]

 Además, el triunfo apoteósico de ese conceptismo viene a coincidir con el del cultismo o culteranismo (éste, en verdad, no sin una fuerte oposición) y, un poco más allá, con una etapa nueva de la controversia sobre la honra y los oficios mecánicos, con la insistencia en la nobleza de godos y Guzmanes, con la renovación de las controversias sobre la limpieza de sangre y la responsabilidad de judíos en la marcha de la sociedad, y con los atisbos a las dificultades que, aún caídos los Sandovales, encuentra la pretendida regeneración social que quiso encarnar el Conde-Duque. Todo esto adquiere gran resalte en la intervención de Vejamen en el Coloquio primero. Así que uno se siente llevado a situar la composición y representación del Coloquio en metáfora a partir del momento en que, consolidado su poder, al conde-duque de Olivares se le van cerrando opciones que antes tenía abiertas, dos décadas después de la desaparición de Cigorondo.[31]

   No parece postular una cronología el segundo de los Coloquios. Es verdad que el conceptismo es mucho más extenso e intenso en el Coloquio en metáfora, pero posiblemente esto es así por el mismo planteamiento del tema y su tratamiento. El barroquismo del Coloquio primero, conceptista, cuajado de metáforas y alegorías, y henchido e hinchado de referencias bíblicas se compensa en el Coloquio segundo con la novedad y admirable variedad estrófica y con el uso de grandes efectos escénicos y espectaculares. En cuanto al estilo general, no parece que haya diferencias entre ambas piezas, de modo que es seguro que pertenecen al mismo autor. Y la prueba más fuerte es el poema Capelo al Niño Jesús, copiado precisamente entre el texto de ambos. En ese poema ya aparecen todos estos recursos.

Este raro y primoroso poema del Capelo al Niño Jesús es en sí, por una parte, un concepto o metáfora del mismo tipo que la desarrollada en el Coloquio en metáfora de grado de doctor. Así que facilita la explicación de su uso en el Coloquio. Y parece que lo sugiere ya desde el mismo título, del que uno se espera que trate de la promoción a una dignidad: la que implica el capelo cardenalicio para un niño: "el Infante cardenal". La cercanía se estima mayor, si se piensa que «capelo» (sinónimo suyos son «capirote» o «birrete» de doctor), que se sigue utilizando en la América hispana en la imposición de insignias a nuevos doctores, como registran, además de documentos, los textos de algunos vejámenes.[32] Además, como en el Coloquio en metáfora, en el poema Capelo al Niño Jesús no sólo se recorren en velada alegoría o concepto las etapas de la vida del Niño (en alusión a veces sibilina), sino que se hace con granos de humor, ironía y burla, y hasta una pizca de irreverencia en algún caso, como puede apreciarse en su lectura o en las notas añadidas al texto. Se ofrecen, pues, aunque sea casi bajo un celemín, destellos de ingenio conceptista. Claro que una cosa es mostrar un recurso y otra desarrollarlo de modo tan amplio que llegue a arrancar la maravilla del espectador, pues en el Coloquio con vejamen ya no tenemos a un lector de poesía, sino al público de un espectáculo, ante quien se hace alarde de ingenio brillante y vibrante.

Pero, aunque nos acerquemos a leer el poema en este marco conceptista, al menos modernamente, el chasco es morrocotudo. Poco a poco se nos irá forzando a descartar como no pertinentes, y aun impertinentes, las acepciones habituales del término que ofrecen los diccionarios, sin que se capten otras con claridad. Ni ayuda tampoco, al principio, la cercanía semántica a «capelo» de otro término que aparece en el poema, «picola», cuyo valor metafórico (el literal no es pertinente en el texto) no he visto demostrado documentalmente ni en diccionarios ni en bancos de datos, como el CORDE. Por lo demás, rápidamente puede asaltarle al lector la idea de que Cigorondo maneja los dos términos en un juego de paronomasia (/kapélo, kipóla/), si se prescinde de la disposición metatética de consonantes. Y, también, así como «picola» (una especie de pico de cantero), derivación de «picar» en el sentido de 'herir con instrumento punzante', adquiere el valor traslaticio de 'zaherir o burlar o gastar bromas' (con el valor cortesano --"corte-sano"-- del antiguo «motejar») o de «dar picón»,[33] «capelo» puede asociarse con «capón» («dar un capón» : «dar picón»), y aun acudiendo a una posible etimología zumbona desde «capere pilum», o «tomar el pelo». Un texto de la época parece encarnar ese significado. Se lee en un epitafio sobre la tumba de una tercera: «...puede su patrio suelo, / viendo su tercero afán, / si a otras mitras les dan, / a ella darle un capelo». Efectivamente allí «mitra» está por «coroza» de bruja; por lo cual, «un capelo» se le dará por ‘vejamen’ para mayor sonrojo.[34]

Al principio, pues, pese a esta acumulación de sugerencias o precisamente por ella, no queda claro en qué consiste el capelo, pues, además, se habla de una regla del capelo, de la que el Niño, por su estrecha relación con la Compañía e, incluso más allá, por ser profeso en la misma (que para algo es "Compañía de Jesús"), tiene que ser dechado o ejemplo de cumplimiento (vv. 1-4). Es regla difícil (sea la de picola o la de capelo) en la que el Niño habrá de sentarse. ¿Quiere esto decir «esperar sentado», como después, vv. 25-28, permanecer callado? Así parece, pues el Niño va a ser puesto en estrecheces (la de la picola o pesebre, vv. 13-16) por el capelista (v. 17) o quien puede «dar capelo» (v. 32), que es «vuestro amado y ingrato pueblo, / que tiene agudas navajas / y sabe cortar sin duelo» (vv. 18-20) y cuyo genio es imprevisible (vv. 21-24). En resumen, al Niño Jesús se le va a poner en apuros, picándolo y tomándole el pelo. Y no vale que se defienda diciendo que es inocente, porque la gracia de la regla o costumbre es que «sin faltas culpables» (v. 31), sin merecerlo, así se reciba, que no como penitencia o virtud o sacramento (v. 35s). ¿Cuál será, pues, «la materia y la razón de su objeto» --v. 33s? Yo creo que la burla, la broma, como pretexto para un muy barroco alarde de ingenio. Un juego de ingenio que tenderá a sacar faltas de donde hay sobras (de virtud). De ahí el relato o repaso (v. 40) de la "vida y milagros del bendito Niño".

Pero, afortunadamente, más allá de las impresiones producidas de la red de asociaciones de los términos y expresiones «dar capelo» o «sentarse en la picola» y de su funcionamiento en el texto, hemos dado con un texto donde se aclara el valor de los textos en su concreto “Sitz im Leben” o situación vital. Ese marco (o escenario, como ahora se dice) fueron las fiestas celebradas en Monforte de Lemos (Lugo, Galicia) para celebrar en 1619 la consagración de la monumental iglesia del Colegio de la Compañía de Jesús. Los festejos fueron tan ostentosos que merecieron críticas del Prepósito General de los jesuitas desde Roma, quien pidió para los organizadores «capelo y pícola». Evaristo Rivera Vázquez, que señala estos hechos, explica que «El 'capelo' era una reprensión pública ante la Comunidad y la 'pícola' consistía en comer un día de rodillas en una pequeña mesa separada».[35]

Fuera ya, pues, de impresiones, podemos entender los términos y aun el poema titulado “Capelo” desde bases objetivas. Ambos términos en efecto aparecen emparejados en su origen lingüístico, como derivados de los términos italianos cappello (tocado de honor impuesto a los cardenales, de donde deriva “capelo” en castellano) y pìccola (o sea, ‘pequeña’). Es posible que se perdiera el juego paranomásico debido al acento (aunque, entre hispanos, este último término pudo volverse de pícola, “picola”); pero, aun así, el acercamiento se logra por otros derroteros. Y, lo que es más importante, ahora sí se nos introduce con seguridad en el campo de la reprimenda o castigo, que en los textos se da en un marco de burlas. De este modo, se encuentran y emparentan esos términos con otros relacionalos con la burla, como «dar picón», ya considerado, expresión de la que se sirve Jiménez Patón, junto a «dar cordelejo» y «dar vaya (o baya)» para explicar el significado de “vejamen” (en sus Comentarios de erudición). Lo cual confirma, con igual propósito, Kenneth Brown, cuando define vejamen como “reprehensión satírica y festiva donde se dan a conocer y se ponderan los defectos, tanto físicos como morales, de una persona”.[36] Por tanto, vejamen, es, en su base, ‘maltrato o reprensión de palabra por parte de alguien’. De lo que se deduce la identificación semántica y funcional entre capelo (en el poema “Capelo al Niño Jesús”) y vejamen en el Coloquio al Santísimo Sacramento en metáfora de grado de doctor, en el que con derecho y acierto se encaja un vejamen. Pero Cigorondo arranca de los conceptos de la experiencia propia, es decir, de la del grupo a que pertenecía, la Compañía de Jesús y sus usos (la “regla del capelo”). Reprensión y castigo (incluso en el sentido que tenía el término en la Edad Media), repaso o regañina en broma y en son de burla con toques de irrisión e irreverencia para el Niño Jesús (rasgos también del vejamen), por lo que se le dice o como se dice: ser ladino y latino (v. 46s); llevar el vestido descompuesto (v. 51s); propasarse amorosamente con la esposa (v. 70), andar mezclado con gente de baja condición (v. 97ss); quedar citado en secreto con gente de fuera y bajar a verlos en portería de tapadillo (v. 129ss), escuchar música de voces y de instrumentos a deshora (v. 117ss); haber sido expulsado del colegio (v. 176ss); ayunar sólo de 40 días, «no os parezca mucho tiempo» (v. 188); obligarse a tomar disciplina «hasta dejar el pellejo» (v. 189s), beber un cáliz de cicuta (v. 193s). El derroche de ingenio y gracia, de humor y burla, de barroco rebuscamiento y retorcimiento de relaciones semánticas es muy notable. Aunque menos claro y brillante que en el discurso de Vejamen en el Coloquio en metáfora, es un digno anticipo del mismo.

El poema ofrece al mismo tiempo el punto de partida de la acción del Coloquio segundo, como muestra una comparación de los vv. 97-108 del poema con consideraciones de Lucifer en escena. Las más claras del Coloquio en este sentido están en los vv. 65-83: celos / envidia. Y, si no a Cigorondo directamente (aunque sí de modo indirecto a través de la Tragedia Ocio, que repite elementos), a México remite, y en concreto a un espectáculo teatral que con toda probabilidad presenció Cigorondo o cuyo texto leyó (siquiera manuscrito) la escena de Lucifer a caza del alma, con lazo, escopeta, arco o ballesta, en una «güerta» llena de flores (vv. 390-430). La escena más que evocar remite remite al Coloquio XVI de Fernán González de Eslava, en el cual tan llamativas son las escenas de caza que se le denomina "El Bosque divino".[37] Además, si la característica del estilo del primer Coloquio es la abundancia de conceptos, también se da en el segundo, como lo prueba esa misma alegoría de Lucifer cazador. También aquí la agudeza e ingenio, que se muestra en equívocos o dilogías es notable y constante, y los juegos verbales de índole semejante a la de estas figuras en el primero de los Coloquios. Véanse en el texto y en su anotación, y especialmente en el Entremés, cómo se explota la equivocidad de expresiones o voces, como «diablo candil» ( v. 414), «trocar la sal en leña» (v. *132), «Monsiur de la Paliza» (v. *135), «hacerse el caedizo» (v. *143), y con irreverencia chusca similar a la mostrada en el Vejamen, «llevar la sal a cuestas» (v. *144),  «zaino» (v. *149), etc.

Pero más allá de la relación interna entre Capelo y Vejamen, otro aspecto que debe examinarse en el acrisolamiento de las pruebas es la realidad o práctica exterior del vejamen. La realidad a que remite esta metáfora, la ceremonia de la concesión del grado de doctor con su vejamen o gallo, era costumbre antiquísima. Va adquiriendo aceptación literaria desde fines del siglo XVI,[38] cuando ya algunos escritores lo introducen hasta en sus obras, como G. Lucas Hidalgo en sus Diálogos de apacible entretenimiento[39] y creo que Lope de Vega en su comedia El alcalde mayor.[40] Pero su pleno desarrollo y vigencia se da conforme avanza el siglo XVII, pues puede considerarse como un subgénero de la alegoría barroca.[41] Carrasco Urgoiti sitúa el desarrollo del vejamen de Academia en sintonía cronológica y estética con el florecimiento de los certámenes poéticos, que pone en la segunda mitad del siglo XVII (l. c. p. 49). Es

 

 «todo un mundo por explorar en el que no faltaron los vejámenes académicos a lo divino, en curioso viaje de vuelta. Pues, plagados de contrafacta religiosos en clave burlesca, retoman el lenguaje sacro para adornar con sus gracias la literatura que quiere acercar la religión al hombre, endulzándola en áreas semánticas familiares».[42]

 

 Sin embargo, en otros ambientes, como el que representa Ledesma, bien pudo darse antes este fenómeno. Alonso de Ledesma ofrece en sus Conceptos espirituales una clara muestra de vejamen universitario a lo divino.[43] Se trata de la composición «A la vida y muerte de San Pablo en metáfora de un [v]examen,[44] en redondillas. Es un gallo alegórico dedicado a San Pablo en el que la Fe, la Caridad, la Religión y la Constancia son damas que se asoman a la ventana para oír al vejante mientras desgrana, entre bromas y veras, la hazañosa peregrinación del caballero San Pablo, convertido en un momento dado incluso en jaque. Pero este Vejamen de Ledesma, presente desde la primera edición de los Conceptos espirituales y morales, no es el texto-base o guión de un espectáculo teatral. Se sitúa, como varios otros textos de esa colección, a medio camino entre una poesía dialogada entre dos o más personajes, que bien podía ser escenificada,[45] y una representación teatral. De todos modos, nos permite comprobar la posibilidad de que el paso a la representación pudiera darse en su cercanía cronológica. Por tanto, desde este punto de vista, cabe dentro de lo posible la composición de un Coloquio en metáfora de grado de doctor, con vejamen incluido, antes de 1610.

   Aun así, hay todavía otros aspectos más problemáticos, que han de tenerse en cuenta para resolver el problema de la autoría de estos Coloquios. Tales son, por ejemplo, los usos lingüísticos. En primer lugar, en los coloquios aparecen sendos casos de laísmo: en el v. 495 en el primero («que manná la prometéis») y en el v. 296 en el segundo («y si yo la digo»). Este uso no es propio ni de un andaluz ni de un novohispano. Pero siempre podemos achacárselo a un amanuense castellano. Claro que en este caso será difícil explicar la fidelidad de esta mano que tuerce su natural uso lingüístico cuando corrige las formas «pretendistes» y «distes» (vv. 486s), restituyendo las para él extrañas del original «pretendistis» y «distis» (que ya había reproducido otras veces). Lo que a su vez no casa bien con lo que parece que sucedió en los dos últimos versos (863s) de la segunda despedida de ese mismo Coloquio en metáfora, cuyo texto desechado parecen indicar que estamos asistiendo a una redacción original in fieri más que a una transcripción. Claro que no hay contradicción entre un amanuense con voluntad de respetar el original, aunque se le puedan escapar acomodaciones del texto a sus usos lingüísticos personales propios de otra época o lugar, con la intervención autorial de ese mismo amanuense en esa segunda despedida,[46] más aún si se trataba de un responsable de otra representación del Coloquio.

Más ostentoso (por no favorecer la villanesca aunque feliz invención de «ostentóreo») es el uso de ciertas formas verbales. Ante todo, llama la atención la rara coincidencia de un uso lingüístico concreto en las obras de Cigorondo con otro por lo menos del Coloquio en metáfora. Me refiero, para empezar, a la frecuencia de uso en ese Coloquio de la forma en -stis de la 2ª persona del plural del pretérito o perfecto simple, para la que faltan estudios.[47] Son 8 casos de uso en el Coloquio en metáfora (vv. 353. 371s. 400. 435. 486s. 528); uno más (estudiastis), curiosamente, en el Entremés del segundo Coloquio al Santísimo Sacramento. En la obra examinada de Cigorondo he encontrado 29,[48] que son muchos[49] en comparación con los detectados en obras de contemporáneos: algunos casos recogidos del CORDE en dos documentos anteriores a 1500,[50] 11 casos en la Poesía de Fernando de Herrera, dos en obras dramáticas manuscritas de H. de Ávila, jesuita andaluz,[51] algunos más en obras de dos autores de las dos primeras décadas del siglo XVII (Vargas Machuca, 1600, y Jáuregui, 1607-1618), y poco más.

El uso de esta forma rara sólo resulta significativo, si se compara con el de otras: con la forma -stes, que, derivación natural de la latina -stis, venía dominando casi sin rival el habla castellana hasta fines del siglo XVI, y con la forma -steis, que consolida su uso exclusivo ya en el siglo XVIII.[52] Entre estos dos usos bien firmes se sitúa la aparición de la forma –stis, que podría explicarse como reacción de representantes de círculos cultos (parece que sobre todo en Andalucía) al uso popular de la forma -steis, que es regularización del morfema del perfecto sobre el de la segunda persona plural del presente. Este uso (el de –steis) sonaría a los cultos a vulgarismo vitando; pero, ante la imposibilidad, al mismo tiempo, de volver a la tradicional forma -stes, que ahora contaminaría la forma de 2ª persona singular del perfecto (“dijiste”) usada en el tuteo con la forma –stes de la 2ª persona del plural: "tú dijistes". En tal coyuntura, esas personas volvieron al pasado (latino), parece que coincidiendo con la moda del cultismo (culteranismo). Tal parece o puede haber sido el desarrollo en líneas generales, por más que resulta más difícil organizarlo en un itinerario cronológico preciso, que es lo único que puede ser útil a nuestro propósito de determinar la fecha de composición o transcripción / adaptación de un texto. Y aquí es donde se echan en falta tanto la recopilación exacta o respetuosa de los datos documentales, como la misma evolución en el uso de las distintas formas.

En cuanto a lo primero, M. Zugasti, de la Universidad de Navarra, editor de Autos de Calderón a partir de textos manuscritos, tuvo la gentileza de comunicarme que ha podido comprobar que, mientras que en los manuscritos calderonianos hay a veces hasta 10 casos de -stis por página, en las ediciones al uso (textos impresos y digitales) apenas si aparecen. Es decir, los editores, por desconocimiento de la existencia de la forma -stis, estimándola error de copista o aun de autor, estandarizan sus apariciones en -stes. Por lo cual, buena parte de las obras publicadas son en gran parte inútiles para resolver esta cuestión. Pero, contra la tendencia general, se salva el tenor literal de muchas fuentes, que nos permite inferir conclusiones, aunque de valor relativo y provisional, sobre la evolución del uso de cada una de las formas, teniendo en cuenta, a partir de lo dicho, que en la forma -stes puede a menudo solaparse la forma -stis en nuestras fuentes documentales a lo largo de la mayor parte del siglo XVII. Por tanto y para subsanar este fallo, a la aparición de esta forma habrá de concedérsele un plus de valor o detraer en su favor un número X de la estadística de casos de -stes. Procedamos por etapas.

 La primera consiste en constatar el uso exclusivo o casi de la forma más antigua -stes, que reina casi en solitario hasta fines del siglo XVI. Como muestra sirva la obra de Cervantes estudiada prácticamente en su totalidad, en la que hallo: 66 casos de -stes, frente a 1 de -steis (en La Gitanilla) y 0 de -stis. Resultados más avanzados encuentro en obras de  Lope de Vega: 116 casos de -stes frente a 23 de -steis, 0 de -stis. Son autores castellanos entre dos siglos, siendo Lope de Vega una generación más joven.

En la segunda etapa veo autores castellanos, andaluces y un novohispano. En calas realizadas en la obra de Tirso de Molina publicada digitalmente y accesible he podido obtener 52 casos de uso de forma -stes  (varios de ellos sin duda por –stis, si nos atenemos al testimonio de M. Zugasti); 0 de -stis; 7 de -steis. En Quevedo, que normalmente usa -stes, he detectado 6 casos de -steis y 1 de -stis. En Andalucía, en los 20 años finales del siglo XVI y 20 primeros del XVII: Fernando de Herrera, con uso habitual de -stes y 16 casos de -stis y 1 de -steis; Juan de Jáuregui (Aminta, 1607 y Rimas, 1618): -stes, 0; -stis, 5. Hernando de Ávila, (1585-1596, Historia Filerini, Coloquio de Moisés, Tragedia de San Hermenegildo, Comedia de Santa Catalina): -stes, 24 (3 casos son de Juan de Arguijo); -stis, 2; -steis, 1. Contemporáneo de estos últimos, Cigorondo en su obra muestra: -stes, 7 / 9; -stis, 29 / 17. A nadie se le escapa el abultado y, en comparación con otros autores contemporáneos (si no es Jáuregui), desproporcionado y característico uso de -stis. También se advierte en estos autores la generalizada ausencia de -steis.

Tercera etapa: autores que muestran un mayor acercamiento al final del proceso, que será el uso exclusivo de -steis: Polo de Medina, 1 -stis; 2 -steis;  J. de Cáncer: 1 -stis; 5 -steis; Sor Juana Inés, en dos obras dramáticas: 2 -stes; 14 -steis, 14; Calderón (32 obras), con 84 casos de -steis frente a 1 de -stes y 1 de -stis, muestra ya el uso de la forma que resultará triunfante sin competencia más tarde. Son autores representativos de la segunda mitad del siglo XVII.[53]

Para sorpresa nuestra, el Coloquio en metáfora, sin formas -stes y el relativo equilibrio de -stis y de -steis (de aquélla, 8 casos, dos de ellos con autocorrección del amanuense, y de ésta 5: vv. 443. 505. 508. 518. 523) se sitúan entre los autores de la segunda y la tercera etapa: cerca de Polo de Medina (1630-1655),  pero lejos de J. de Cáncer (1651) y, más aún, de Calderón y Sor Juana; y, por la presencia notable de -stis (y aquí se suma el segundo Coloquio al Santísimo Sacramento con un caso), cerca de algunos de la segunda (Herrera, Cigorondo y Jáuregui). Son Sor Juana y Calderón quienes avanzan más significativamente en el uso de -steis. Ningún caso de esta forma he encontrado en la obra indiscutida de Cigorondo. ¿Qué podemos deducir ante tales hechos?

Lo primero, que el segundo Coloquio, lo mismo que el poema Capelo al Niño Jesús, por su uso exclusivo de -stis, encajan cronológicamente sea con la obra de Cigorondo, sea en un marco cronológico posterior, incluso en la segunda parte del siglo XVII. Ya es más difícil afirmar lo primero del Coloquio en metáfora por su uso de -steis. Sin embargo, no debemos cerrarnos a una evolución de Cigorondo en el uso lingüístico, pues, si vemos sólo -stes en la Tragedia de Ocio (1586), exclusivamente -stis en las Églogas del Engaño y -stes (2; 4 en el ms RAH) y ( 20 /18) -stis en la Comedia a la Magdalena, bien pudo dar el salto al uso de -steis en este Coloquio, como vemos que sucede ya en Hernando de Ávila (Coloquio de Moisés con 1-1), una vez en Herrera y a menudo, por lo dicho, en Tirso; también y quizá más en Polo de Medina y Quevedo, por más que la proporción de uso de casi el 40% en este Coloquio más bien nos situaría desde los años 30 a mediados del siglo XVII. Por tanto, la composición, en circunstancias normales, nos empuja hacia las fechas dadas para la acción del entremés del segundo Coloquio: 1659. En cualquier caso, los estudios estadísticamente significativos del uso de estas formas podrán confirmar o desmentir esta apreciación, si bien autores como Jáuregui y Herrera, que he visto que en una misma frase utiliza -stes y -steis («...vos creístes, mas cómo os atrevisteis...»),[54] nos indican que, en época de cambio o variedad de uso, cada autor es libre en su elección.

Y, al postre o de postre, el chocolate del... burro, que es, curiosamente, el uso en el entremés de este préstamo del náhuatl y su asociación con Antequera y, por tanto, con la fecha de 1659. Quien, al menos desde España, lee «Antiquaria», que es Antequera en latín, en el texto de ese entremés del segundo de los Coloquios, piensa automáticamente en la ciudad de este nombre en la actual provincia de Málaga, en Andalucía, y se plantea por qué razón se traslada tan lejos la acción de un entremés, que tan cercana ha de quedar del público, a sitio tan lejano, si no quiere perder eficacia. Pero no hay razón para imaginar la acción en Andalucía. Hubo una Antequera en México desde 1526 / 1529: la ciudad que hoy se llama Oaxaca de Juárez, que antes se había llamado Huaxyácac y Segura de la Frontera.[55] Antequera era el nombre oficial y ordinario de la ciudad hasta mediados del siglo XVIII, como parece desprenderse del Diario de Fr. Francisco de Ajofrín, capuchino, que la visitó en 1766: «la insigne ciudad de Oaxaca, conocida también como Antequera» (II, p. 88). Pero hay más que podría convenir a nuestro propósito.

Hacia 1626, Antequera, que tendría dos mil habitantes entre españoles, criollos y mestizos, además de otras actividades productivas, elaboraba confituras, dulces y chocolate. Este último elemento quizá pueda dar razón de la aparición del término correspondiente en el entremés. Precisamente, para el pollino de la fábula que allí se cuenta, era «el campo en la primavera» (v. *91s) su «chocolate verde»: auténtica ambrosía asinina. El chocolate, conocido de antiguo por mayas y aztecas, había sido para ellos remedio terapéutico y reconstituyente, medicina y alimento habitual, que devino una bebida de grande y generalizado uso en Nueva España.[56] Y precisamente el mejor chocolate de todo el mundo era el de Oaxaca, al decir de Fray Francisco de Ajofrín.[57] Naturalmente que esta calidad del chocolate de Oaxaca no debió ser cosa del siglo XVIII. El perfeccionamiento de la elaboración del chocolate (o al menos su acomodación al gusto europeo: dulce, perfumado, caliente) se dio con anterioridad, parece ser que precisamente en Oaxaca y por obra de frailes y, debido a este hecho, se convierte en una bebida de lujo y en signo de distinción social para la gente acomodada, en el segundo cuarto del siglo XVII, con una demanda en aumento con el paso de los años. Curiosamente he dado con dos fechas referidas a la extensión del consumo del chocolate en Europa muy cercanas a la que se ofrece para la acción del entremés del Coloquio del Santísimo Sacramento, que es 1659: en 1657 se construye la primera industria elaboradora de chocolate en Inglaterra; en 1661, una Facultad de Medicina de Francia (sospecho que la de la Sorbona) aprueba oficialmente su consumo. Es, entonces, por estas fechas cuando puede destacarse como preferencia gastronómica del melindroso y sibarítico gourmet que era el pollino esópico en labios del aplicado y ocurrente estudiante Pelagio. Y así la fecha de 1659 parece convertirse en significativa.

Otro dato que pudiera tener relación con el entremés, con Antequera / Oaxaca y con la fecha de la acción del entremés es el prolongado conflicto de jurisdicciones que tuvo lugar en esa ciudad entre el clero diocesano y regular, que expone con gran detalle el texto siguiente:

 

« El virrey, marqués de Montes Claros, sostenía que, no faltando los clérigos para las parroquias, los frailes debían reducirse a la vida monástica, "sin andar tan derramados en negocios seglares", pues para gobernar a la Nueva España "era menester dar a los indios dueño", de modo que tuvieran "españoles a quien servir". En mayo de 1627 se notificó a los religiosos que deberían sujetarse al Real Patronato, remitiendo ternas para que el virrey escogiese a uno como párroco de cada lugar, y sujetándose al obispo por cuanto al examen, corrección y castigo en el oficio de curas. Los dominicos obedecieron lo primero, pero se inconformaron con lo segundo, pues tenían privilegio del papa Pío V, confirmado por Gregorio XXI, según el cual eran independientes del ordinario en las doctrinas que administraban. El pleito fue enconado y duró muchos años: el obispo Bartolomé de Bohórquez (1617-1633) y los religiosos se cambiaron denuestos y excomuniones; hubo un periodo de paz (1633-1645) y volvió a reanudarse la lucha por los curatos, en tiempo del obispo Bartolomé de la Cerda Benavente y Benavides, hasta que a instancias del rey el propio general de la Orden, Tomás Turco, sometió a los frailes oaxaqueños (19 de noviembre de 1647). En julio de 1650 el diocesano declaró vacantes todas las parroquias que atendían los dominicos, pero el Ayuntamiento de Antequera dio su apoyo a los religiosos y la ejecución de la medida se difirió hasta 1654... ».[58]

 

Curioso el encono de este conflicto (que ya se había dado en otras partes desde mediados del siglo anterior) precisamente en Antequera; curioso que sucediera en las fechas señaladas y curioso que en el entremés la acción, un examen de candidatos a órdenes menores por el obispo de Antequera, se date en 1659, fecha tan cercana a la solución del conflicto en 1654. Sin duda nadie quedará insensible ante tamaña coincidencia. Y debemos tenerla en cuenta para dar solución al problema que nos viene ocupando.

En resumen y a modo de conclusiones menos o más hipotéticas, avanzamos: Que no se puede menospreciar el testimonio unánime de la transmisión escrita de los Coloquios a favor de la autoría de Cigorondo. Que hay que reconocer también la estrecha relación, e incluso dependencia, del Coloquio en metáfora con el poema Capelo al Niño Jesús, en fondo y forma. Que ni la forma del Coloquio en metáfora de..., hecha ya pública por Ledesma desde fines del siglo XVI, ni, por lo mismo, la presencia del vejamen en él, impiden la atribución de ese coloquio a Cigorondo. Vejamen, al fin y al cabo, es el poema Capelo al Niño Jesús, que es indiscutiblemente del autor novohispano.[59] Que en la atribución del Coloquio a Cigorondo no incide negativamente el uso de la agudeza y arte de ingenio, pues no es mayor el conceptismo que expresa el personaje de Vejamen, aunque sí más prolongado, que el que se plasma en «dar capelo». El uso de la Loa en ambos coloquios se explica por el uso contemporáneo, muy cercano incluso a Cigorondo. Por lo demás, se puede advertir una comunidad de estilo no sólo entre ambos Coloquios, sino con el entremés mismo: humor e ingenio afinado y juegos metaliterarios. Tampoco obran contra la atribución tradicional ni el barroquismo sensorial de que se hace gala en los vv. 661-676, ni la soltura y elegancia en las cuartetas de romance tanto en el primer Coloquio como en la fábula esópica del entremés del segundo. Ni es imposible que, pese a las muy barrocas características del hipérbaton del v. 650, se dieran en Cigorondo o en otros contemporáneos antes o al mismo tiempo que en Góngora. Más natural aún es el aprovechamiento del Cantar de los Cantares, que en nosotros hace resonar el bellísimo soneto de Lope de Vega, «¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?». A su vez, la evocación en alguna cuarteta de Vejamen del soneto «Anacreonte español no hay quien os tope», posiblemente de Góngora y posterior a 1609, puede que no vaya más allá de ser eso: una evocación.

Ninguna objeción a la atribución a Cigorondo presentan los usos lingüísticos del segundo Coloquio (más bien sucede al contrario), mientras que sí resulta rara, aunque no imposible, la novedad de las formas -steis del primer Coloquio en labios de Cigorondo, por más que fuera siempre y en todo innovador. Aunque se explicarían mejor a mediados del siglo XVII. ¿Que queda, pues, de los tan destacados obstáculos para mantener la tradicional autoría, ahora que se han examinado con detenimiento? Pues, llegados a este punto, sólo parecen representar problemas la ubicación de la acción en Antequera, es decir, en una Oaxaca tan viva, y exacta y vívidamente presentada en su situación social del segundo cuarto o incluso de la segunda parte del siglo XVII; una Antequera que en sí queda, por lo que sabemos, muy alejada de los lugares frecuentados por Cigorondo. Por otra parte, los usos literarios y lingüísticos más propios del período que arranca desde 1620 o 1625.

A la hora de decidirse en esta cuestión, veo dos salidas, además de la consideración de una intervención del amanuense que retocó la copia de que disponemos. En este trabajo de copia debemos suponer algunas intervenciones, no importantes aunque significativas, en los textos. A este copista-adaptador de los dos Coloquios hemos de suponerlo castellano. Intervino en el texto de Cigorondo que había llegado a sus manos no sabemos cómo. Delatan su intervención los elementos discordantes con la circunstancia del autor primero y fundamental, Cigorondo. Unas veces este copista pudo actuar de modo consciente, por ejemplo, añadiendo la segunda despedida en el Coloquio en metáfora o actualizando la fecha de la acción del Entremés. El nombre de Antequera podía quedar, porque lo mismo daba que se tratara de la ciudad andaluza española que de Oaxaca. Otras intervenciones pudieron ser involuntarias. Tales serían los dos casos de laísmo y las modernizaciones de las formas gramaticales (casos de -steis). En cualquier caso, su trabajo como amanuense siempre ha de suponerse como la última mano que recibe un texto de Cigorondo, configurado ya básicamente de acuerdo con las otras dos hipótesis.

Según la primera de ellas, el segundo de los Coloquios se refiriría en su Loa a un entremés que se representará con la obra mayor. Pero pudo originariamente referirse a un entremés de Cigorondo que no era necesariamente éste que ahora leemos, y que un autor muy válido, quizá profesor del colegio de la Compañía en Oaxaca en aquellos días,[60] pudo redactar para una representación del Coloquio de Cigorondo en Antequera por los años de 1625 o a mediados del siglo XVII. Este autor bien pudo componer un entremés en lugar del original de Cigorondo que no tenía por qué acompañar el texto del Coloquio o Coloquios. Normalmente, si los entremeses eran temáticamente independientes de la pieza mayor, no se copiaban con esas piezas, a las que acompañaban en la representación. Así pudo suceder en este caso: algún correligionario de Cigorondo, cuando años más tarde de la desaparición de Cigorondo quiso representar estos Coloquios (o, después de haberlos representado, guardar su texto), plasmó en una pieza cómica, a tales efectos, mediante una acción burlesca muy acertada en un medio escolar, la realidad, las preocupaciones y costumbres de la Oaxaca en que vivía: chocolate y conflicto de jurisdicciones. El mismo autor pudo componer la segunda despedida del Coloquio en metáfora y modernizar consciente o inconscientemente algunas formas verbales. Pero en esa representación de Oaxaca desentonaban los datos referidos en la loa por Cigorondo a la ciudad y a los centros de estudio y no se explica el laísmo.

También resulta posible otra solución. Cigorondo que, estuviera donde estuviere en Nueva España, lo mismo que su público, conocía circunstancias de conflictos de jurisdicciones (eran ya viejas incluso a finales del siglo XVI) y que sabía de la calidad del chocolate de Antequera / Oaxaca, ambientó el entremés de su Coloquio en aquella ciudad. Alguien alteró la fecha del edicto al representarse la pieza en esa fecha en algún punto de Nueva España (por no traer el asunto a la Vieja España) y quizá cambió también algunas formas verbales. El copista definitivo aportaría al menos los casos de laísmo. La fecha de 1659, por otra parte, coincide con la forma de la letra y con las grafías de la copia que conservamos, cuyo cuaderno se añadió inesperadamente en el último momento al Cartapacio curioso de algunas comedias del P. Juan de Cigorondo, en cuyo contenido y especialmente en su remate con estos dos Coloquios, el jesuita novohispano demuestra una vez más vena poética, agudeza y genialidad artística.

 


 

  2. Coloquio al Santísimo Sacramento en metáfora de grado de doctor.

   2. 1. Introducción.

De no saber lo que queda expuesto en la Introducción general que precede, hasta el mismo Alonso de Ledesma podría postularse como candidato a autor de este coloquio que se sirve de su propia terminología, para designar a la pieza «metáfora» (en el título), «enigma» (v. 555) o «alegoría» (v. 559). Pero, en tal caso, Alonso de Ledesma lo habría compuesto para su representación en una Escuela o Colegio de la Compañía, como el que había en su ciudad, Segovia. La figura misma del valentón o jaque, ya comentada, aparece en los vv. 549-552. Pero, las referencias a nuestro Colegio (v. 332), Escuela (vv. 62. 692. 846) o Academia sagrada (v. 150), sumadas, más bien inclinan a pensar en un jesuita implicado en las actividades docentes de un Colegio, con asiento en una ciudad de prestigiada por famosos hechos de armas y letras, que pudo ser la virreinal de Nueva España, de la que pudo decirse, desde la supuesta tópica visión del autor: «esta ciudad famosa / es una segunda Atenas / con competencias de Glorias, / con eminencia de Letras» (vv. 57-60).

 

2. 2. Estructura.

El texto presenta Loa y dos Despedidas; variedad de personajes intervinientes, entre los que sobresale el Vejamen y, además, coros, música y baile.

La estructura del Coloquio es como sigue:

— Loa: reúne las características fundamentales de esta parte, buscando captar la benevolencia del auditorio, dignísimo ilustrísimo, doctísimo, que bien sabrá excusar un atrevimiento hiperbólicamente comparado con el de Ícaro, y perdonar el tosco labio, así como las faltas (se insiste en la despedida primera --v. 850), logrando incluso un aplauso para don tan pequeño y corto («corto» se lee en los vv. 33  y 47). Los deseos largos (v. 48) de ofrecer pensamientos altos (v. 16) han prevalecido sobre la incompetencia. De esta manera, el autor recoge elementos de los Prólogos más antiguos del teatro erudito y escolar, tras de los cuales se esboza aún el también clásico Argumento: «el asunto es muy alto / del Verbo eterno las glorias / y de Jesús los aplausos» (vv. 34-36). Se exige atención (v. 52) y (de la segunda representación) salir sin ruido (v. 864). De lo cual se deduce que asistía a la representación un público infantil y / o juvenil: el Coloquio representado es fruto de tierna edad (v. 846s).

Cuerpo del auto o acto académico alegorizado con:

1. Concesión de los grados, en la que se distingue claramente la

— intervención del Rector, que pide el voto de cuatro doctores representantes de otras tantas facultades: Medicina, Artes, Teología, Cánones y Leyes (vv. 53-88), muy marcada por el subrayado de un baile.

En respuesta a la invitación del Rector, se suceden las intervenciones de los cuatro doctores representantes de cada Facultad por el orden citado y siguiendo el mismo esquema: el candidato supera en saber teórico e, igualmente, en conocimientos prácticos a los sabios más renombrados que hubo en esa Facultad o Ciencia a lo largo de la historia. Por lo cual, merece en justicia el grado (vv. 89-312).

— Sucede renovada intervención del Rector para permitir el vejamen, antiquísima costumbre, que, como posterior a las laudationes de los Doctores y puesto que se prevé extensa, exige un momento de descanso y cambio de tono, que brinda la intervención del Coro. En efecto, si los Doctores se explayan a lo largo de 54, 64, 51 y 47 versos (216 en conjunto), el Vejamen solo se dilata durante 231. Así, pues, interviene Vejamen, cuyo estilo muestra un notable cambio al utilizar redondillas y, como no podía ser menos, aplicará las banderillas de la irreverencia, propias de la ceremonia, a tan ilustre Doctorando (en perfecta adaptación al espíritu de la época), que impondrán el necesario uso de conceptos, en forma de equívocos o dilogías. Es decir, a la expresión de, al menos, dobles sentidos o valores semánticos (como «salistis muy linda pieza» — v. 371, uno negativo, que exige el decoro indecoroso del censor vejante, y otro positivo, inevitable para tan excelso candidato), que destacan precisamente desde el contraste, la antítesis o en la paradoja, logrando en muchos casos un efecto humorístico. Del Santísimo Sacramento o Jesús sacramentado se discutirá la cepa, ser hijo de una esclava, ejercer oficios viles (como carpintero, sastre...), practicar la más alta magia (que no es sino el portento o milagro), etc., de lo que informan las notas al texto. Como torero que ha rematado su faena, deja Vejamen al doctorando listo para el descabello... con la imposición de la borla y entrega de los guantes y demás insignias, y abandona o toma el campo, para mostrar a las claras que, siguiendo uno de los sentidos de sus palabras, el candidato es inepto. Cierra esta primera parte, tras la muestra del humor, un baile, que corresponde al Coro inicial.

2. Imposición de las insignias (vv. 577-792). Cursa el Rector nueva invitación a los cuatro Doctores, ahora para que tributen al emérito candidato los «debidos honores» (v. 587): borlas y grados y la insignia del tradicional color según Facultad, cuya concesión rubrica el cuatro veces cantado estribillo del Coro (romancillo hexasilábico en -or), que, al cierre, engloba una seguidilla cantada por cada uno de los grados.

— Concluye el espectáculo con dos Despedidas (contrapunto de la Loa; vv. 793-854 y 855-864). La primera se desglosa en una súplica al Sagrado Doctor (al Santísimo Sacramento). Cerrada ésta por música o canto, sigue la auténtica despedida que hace la escuela que «liberal» ha ofrecido el acto en la festividad del Corpus («esta celebridad» —v. 849), y se pide perdón de las faltas o molestias. La segunda despedida parece responder a la segunda parte de la primera en otra circunstancia de representación, en la que se señala el ruido que debiera evitar el público al salir.

 

2. 3. El espectáculo.

En su desarrollo, el espectáculo es de notable claridad. Y no extraña que así sea cuando sigue el esquema de una ceremonia, en cuanto tal precisada hasta en mínimos detalles (concesión de un grado doctoral), si bien en este caso sufre un efecto acumulativo muy barroco: los grados son cuatro. Es posible que se nos escape algo implícito en el acto: la pompa, paseo o comitiva que precedía al otorgamiento del grado, que, según los posibles del graduando, podía ser de gran lujo. Puede servir de ilustración la organizada para el grado de Micer Carlos Montesa, el primero con pompa que se concedió en la Universidad de Zaragoza en 1588, según se nos certifica.[61]

Ahora bien, en nuestro caso, no se trata de un graduando cualquiera, sino del Santísimo Sacramento. Por lo cual, al contrario que durante la representación, es la procesión del Corpus la que se transforma, desde la perspectiva del espectáculo teatral, en pompa o comitiva de académicos. En realidad, ambos espectáculos, como espectáculos públicos, respondían a un ritual muy semejante: organización del cortejo y disposición jerárquica en torno a un centro (el graduando o la custodia), músicas, cantos y danzas, etc.

La comitiva o procesión ha desembocado en la Iglesia del Colegio / Escuela / Academia de la  Compañía, lugar habitual tanto de los actos religiosos (ceremonias y devociones, sermones), o de carácter social (sermones, honras fúnebres, etc.), pero habitualmente también lugar de las representaciones teatrales, especialmente de las más espectaculares, que lo eran cada vez más en el siglo XVII.[62] En el templo, transmutado en paraninfo,[63] tenían perfecto acomodo todos los integrantes del espectáculo. El graduando, Santísimo Sacramento, que ocuparía el lugar central del presbiterio realzado en su custodia. No puede moverse, como un actor, ni es necesario que lo haga. Las pruebas de su mérito (supuestamente) ya habían tenido lugar en días anteriores. Ahora el graduando sólo debe recibir, primero, los elogios de quienes lo van a aceptar como colega eminente, para honra de todos. Después, echarle cara el risueño e inofensivo parlamento del vejamen, quiebra de la seriedad de acto tan importante. Finalmente, confirmado el dictamen de los expertos por el Rector, se procede a la imposición de las insignias, que bien podrían haberse colgado de la custodia presente o, en todo caso, pudieron desplegarse en su cercanía, sobre el altar (vv. 712-718. 801-844), dispuesto quizá para la ocasión,. Hacia allá podrían haberse dirigido los doctores (vv. 601ss; 687ss; 733ss). Este último elemento del rito o investidura mantiene el aire medieval de la ceremonia de armar caballeros, como pone de relieve A. Egido.[64]

Para los discursos de los doctores nada mejor que el púlpito situado en el crucero de una iglesia de planta jesuítica. El público dispuesto como en las grandes solemnidades religiosas ocupa los lugares a él tradicionalmente asignados. El Coro, en su lugar, que bien pudo verse acompañado por los sones del órgano. Los danzantes como en las ceremonias del Corpus, que todavía se mantienen hoy en sitios como Sevilla (los seises): en realidad era, tras la tradicional procesión, una ceremonia del Corpus, enriquecida con la puesta en escena de un coloquio, con no menor éxito y profanidad que las manifestaciones primigenias del teatro sacramental de la Compañía, que muestra, por ejemplo, la Dança [danza] para el Santíssimo Sacramento de Bonifacio.[65]

Tal es el escenario de la representación. Por lo menos de la primera representación, el mismo día del Corpus. Otra cosa pudo ser en el caso de la segunda, quizá en el día de la Octava. Entonces, o se repitió la exposición del Santísimo, o simplemente, aunque fuera en el mismo lugar, el acto pudo tener un valor más puramente teatral. En tales circunstancias, especialmente en la primera, se explican las diferentes categorías del público asistente. Lo forman todas las autoridades del Colegio o Colegio-Escuela más Facultad de la Compañía de Jesús. Todos los estudiantes, desde los de Artes y otras Facultades que integraran el Colegio, a los niños o adolescentes estudiantes de Gramática o Retórica. Para algunos de ellos la participación era la de meros espectadores; para otros, formar parte del Coro. Otros danzarían. Finalmente, con probabilidad los Retóricos (si no los de Artes) harían de Doctores de las distintas facultades. Y no podían faltar ni el público de devotos de la Compañía, ni las Autoridades y los miembros notables de Órdenes y Congregaciones religiosas de la ciudad, como era habitual.

Momento de la representación era la festiva celebración del Corpus, la más suntuosa fiesta del año en la Contrarreforma, en el rico templo engalanado para la festividad. Espléndido decorado, pues, para tan sonado acto religioso-espectacular: si nunca tan excelso candidato recibió tanto y tantos grados con tanto mérito, nunca la pompa debía desmerecer de la circunstancia. Debemos imaginar, por tanto, un templo adornado con tapices, unas luminarias turgentes, oropeles de sones, músicas y voces, y volver a nuestra memoria la lucida y abigarrada indumentaria de las distintas partes del público, así como la suntuosidad y lujo de los trajes académicos de los doctores. Para el actor que encarnara al Vejamen, la adustez de indumentaria. En conjunto, las galas de un espectáculo barroco que penetra y embelesa todos los sentidos. También el del oído, y no sólo por las músicas cantadas o sonadas, sino por las palabras.

 La poesía expresada en el texto es muestra del mejor estilo, cuya característica fundamental, especialmente en el contexto, debía ser que enseñara al mismo tiempo que deleitara. Para deleite estaba su sonoridad, estaban las variaciones de las estrofas y ritmos de timbre o rimas, con la musicalidad de los versos. El colorismo dirigido a los sentidos, que acompaña necesariamente la imposición de las insignias de la segunda parte, frente al uso de la alegoría en la primera intervención de los Doctores y el conceptismo de Vejamen. Para deleite de las mentes estaban los juegos conceptuales de los graves parlamentos de los Doctores y los de Vejamen, que añadían el placer de la agudeza y del contraste, base de juegos de humor, como puede apreciarse en la lectura y en su anotación. Estaba también la enseñanza. Abundantes son las referencias a los textos bíblicos en los discursos. Del sentido alegórico de los textos puede deducirse todo un tratado teológico. Y no nos olvidemos de la oferta y el aprecio de la oratoria en el Barroco, particularmente de la oratoria sagrada, aun cuando fueran niños o muchachos quienes peroraran. Todos estos contenidos ofrecidos en la clara y regular organización de una ceremonia y espectáculo ejecutados con grandiosidad: splendor ordinis, características de un espectáculo que se quería dignísimo. Y sin duda que lo fue, si para nuestra conclusión utilizamos el hilo de ariadna de la poesía del guión de espectáculo que nos queda

 

Nota sobre la versificación.

Forman el auto 864 versos, entre los que predominan las cuartetas de romance octosilábico con rimas de tipos distintos que se suceden por secciones: vv. 1-52 en a-o, para la loa; vv. 53-344; variando la asonancia en cada intervención (é-a; é-o, á-a, í-o, á-o, é-o). Lo mismo sucede en la segunda parte o imposición de las insignias, vv. 577-768 (é-o, í-a, é-o, é-a, é-e) y, de nuevo en la Primera despedida hasta el verso 844.

Para marcar la separación entre la imposición de cada una de las insignias de doctor, el coro canta una copla hexasilábica que funcionará al final (vv. 769-792) como estribillo que acompaña a las estrofas de las seguidillas de la conclusión. Dos quintillas con distinto esquema de rima cierran el romance de la primera despedida y una décima forma la segunda. Pero más aún que este final coreado y bailable y ligero destaca el uso de las redondillas para el vejamen (vv. 345-576), que queda también de este modo realzado por su contraposición a las informaciones laudatorias de los doctores.


 

         2. 2. Texto:

 

                              [f. 332v]             

                                  Loa

                        que se dijo en el siguiente Coloquio.

 

                                  ¿Quién habrá a quien no haya puesto

                             grande admiración y espanto

                             mi presunción atrevida,

                             ilustre y docto teatro?

                                  ¿Quién habrá que no se admire                 5

                             que pretenda temerario

                             dar principio a aquesta fiesta

                             con mi rudo y tosco labio?

                                  Dirán que en tan alto vuelo,

                             de proprias alas tan falto,                             10

                             voy dando en el frenesí

                              [f. 333r]     de un Ícaro despeñado,

                                  y, si excusarme pretendo,

                             con que es proprio y ordinario

                             de nobles y honrados pechos                       15

                             criar pensamientos altos;

                                  y que al tímido y cobarde

                             la fortuna da de mano,

                             y da la de su favor

                             al atrevido, arriscado;                                  20

                                  dirán, y con gran razón,

                             que aquél que en dudosos casos

                             su honor a peligro expone

                             no muestra prendas de honrado.

                                  Fuerza me hacen las razones,                  25

                             pero entenderanse cuando

                             una presunción altiva

                             solicita puestos altos.

                                  Tema y tiemble el presumido,

                             pero no el que confiado                               30

                             en vuestros piadosos pechos

                             asegura su resguardo.[66]

                             [f. 333v]     El don que se ofrece es corto,

                             aunque el asunto es muy alto:

                             del Verbo eterno las glorias                         35

                             y de Jesús los aplausos.

                                  A quien doctores ilustres

                             le celebran con sus grados

                             hoy nuestra corta experiencia

                             quiere publicar un rasgo.                              40

                                  Admitid nuestros afectos

                             de este festivo aparato;

                             de vuestro aplauso y perdón

                             sople favorable el austro.

                                  Aunque un generoso pecho                     45

                             pone la mira no tanto

                             en el don pequeño y corto

                             cuanto en los deseos largos.

                                  Tales son los que ofrecemos,

                             humildes y confiados,                                   50

                             que suplirán nuestras faltas

                             vuestra atención, vuestro aplauso.                            

 

                   [f. 334r]     

            Coloquio al Santíssimo Sacramento

                en metáfora de grado de dotor [doctor].

 

                                      Interlocutores:

 

Rector                                               Doctor 3º                   

Doctor 1º                                          Doctor 

Doctor                                            Vejamen

 

                                      RECTOR.

                                  Nobilísimos Doctores

                             y doctísima Nobleza,

                             Universidad insigne,                                     55

                             donde preside Minerva,

                                  con que esta ciudad famosa[67]

                             es una segunda Atenas,

                             con competencias de Glorias,

                             con eminencias de Letras,                            60

                             [f. 334v]     de mí habéis sido llamados

                             en este teatro y escuelas,

                             para dar grados y laudos

                             a un ingenio de altas prendas:

                                  el licenciado Jesús,                                  65

                             a quien tan docto celebra

                             la universidad del mundo

                             que por su Dios le venera.

                                  Pasados todos los cursos

                             de facultades y ciencias,                               70

                             merece ser laureado

                             con borlas de todas ellas.

                                  Todas las pudo abarcar

                             su capacidad inmensa,

                             que conoció, según juzgan,                          75

                             la sabiduría mesma.

                                  Pues no ignoráis lo que sabe,

                             con el examen y prueba

                             [f. 335r] habéis de votar agora

                             lo que bien se le conceda.                            80

                                  No me espanto de que pida,

                             aunque desusado sea,

                             las honras de tres o cuatro,

                             siendo tan capaz su esfera.

                                  Votará, pues, cada uno,                          85

                             según dicte su conciencia,

                             cuántos grados, cuántas borlas

                             se deben a su cabeza. (Baile.)

 

                                  DOCTOR 1º. (Medicina)

                                            

                                  Nobles y sabios doctores

                             de este religioso claustro,                             90

                             la admiración y verdad

                             abren la puerta a mis labios.

                                  Confieso tanta eminencia

                             de luz en el doctorando

                             que todas las ciencias pueden                      95

                             ser de su cabeza lauros;

                             [f. 335v] mas tan altamente docto

                             en la medicina lo hallo

                             que oso decir que Galeno

                             nunca llegó a su zapato.                             100

                                  Hipócrates me perdone;

                             no comparezca Esculapio;

                             no me nombren a Avicena,

                             ni Virgilio a su Melampo,[68]

                                  que no merecen ponerse                       105

                             en competencias ni al lado

                             de este médico famoso

                             desde levante al ocaso.

                                  Espantosas curas cuentan

                             haber hecho en breve espacio                    110

                             y que cuantas hizo de ellas,

                             tantos, sin duda, milagros.[69]

                                  De ciencia tiene un abismo;

                             de experiencias, largos años,

                             [f. 336r] aunque por el mundo tres                115

                             haya sólo practicado.

                                  A los enfermos asiste

                             con tanto amor y cuidado

                             que la sangre de sus venas

                             ofrece para curarlos.                                  120

                                  Las sangrías que otros mandan

                             él las recibe en sus brazos,

                             y curó con cinco suyas

                             a todo el linaje humano.

                                  Sólo una purga sabemos                       125

                             tal vez haber ordenado,

                             y esa la probó primero

                             aunque de sabor amargo.[70]

                                  Y a  veces medicamentos

                             usa tan extraordinarios                               130

                             que le han visto hacer prodigios

                             con saliva, polvo y barro.

                             [f. 336v]     Es ángel de la piscina

                          que, sin revolver el ca[ld]o,[71]

                             envejecidas dolencias                                135

                             cura con sólo mandarlo.

                                  Con admiración del mundo

                             portentos obra tan raros

                             que las almas vuelve al cuerpo

                             y resucita finados.[72]                                  140

                                  Y, así, es tan grande su nombre,

                             tanto el crédito ganado,

                             que mil le llaman la vida

                             y la salud, otros tantos.

                                  Médico, pues, conocido                       145

                             del mundo con tanto aplauso,

                             de rigore et de justitia

                             voto que merece el grado.

 

                                  DOCTOR 2º. (Artes)

 

                                  Yo, clarísimos doctores

                             de esta Academia Sagrada,                       150

                             [f. 337r] antes venero que juzgo

                             sublimidades tan altas,

                                  que filósofo de cuantos

                             nuestra antigüedad alaba

                             merece en filosofía                                     155

                             poner la boca en sus plantas.

                                  Ni Platón con su doctrina,

                             ni Aristóteles le iguala,

                             que es comparar una gota

                             con cuanto mar se dilata.                           160

                                  En el curso de su vida,

                             que leyó con gran ventaja,

                             doce discípulos tuvo,

                             que llenó el orbe su fama.

                                  Pero ¿qué mucho, si siendo                   165

                             de doce años, con tal gracia,

                             defendía conclusiones,

                             que admiró los de su Patria?[73]

                                  A su fama y claro nombre

                             [f. 337v] enviaron Sabá y Arabia                  170

                             tres sabios que derribaron

                             a su doctrina sus canas.[74]

                                  En las voces predicables

                             algo del común se aparta,

                             que todos dicen ser cinco                          175

                             y este número no pasan.[75]

                                  Más él dijo siete voces

                             en su cátedra cruzada,

                             predicables todas siete

                             y mil veces predicadas.                              180

                                  Ha tratado bien el género

                             humano, que de esto trata,

                             conociendo sus errores

                             y rechazando ignorancias.

                                  ¿Qué diré de las especies                      185

                             de tal manera ordenadas,

                             que bien podemos beberlas

                             y allí solemos tragarlas?

                             [f. 338r]   Probó que los accidentes

                             por ponencia soberana                              190

                             bien pueden estar suspensos

                             sin sujeto ni substancia.[76]

                                  De los rayos y elementos

                             sabe las secretas causas

                             como quien la mano puso                          195

                             en su compostura y traza.[77]

                                  La gran materia de celo[78]

                             enseñó muy a la larga,

                             porque muchos brevemente

                             con poca estima la tratan.[79]                      200

                                  Mas quien le hizo echar sangre

                             del pecho fue la del alma,

                             que, al fin, le costó la vida

                             el trabajarla y sudarla.

                                  Al revés de los demás,                          205

                             cuando ya su curso acaba,

                             dio el compendio de sus hojas

                             que cabe en esta hoja blanca.[80]

                              [f. 338v]   Y, así, juzgo que se debe

                             a su ciencia aventajada                              210

                             borla de doctor en Artes

                             que en su cabeza se esparza.

 

                                  DOCTOR 3º. (Teología )

                                            

                                  El divino doctorando                                          

                             es teólogo tan subido

                             que los más insignes maestros                    215

                             le miran como prodigio.

                                  Es más ángel que Tomás;[81]

                             más divino que Dionisio;

                             mucho más sutil que Escoto

                             y agudo más que Augustino.                      220

                                  Ni los dos Suárez y Vázquez

                             le compiten con sus libros,

                             aunque sean dos columnas

                             con el non plus ultra escrito.

                                  Es comparar con los mares                   225

                             arroyos y leves ríos

                             que en Teología sagrada

                             es un infinito abismo.[82]

                             [f. 339r]    Sabe tan bien la materia

                             de Trinitate,[83]  que afirmo                        230

                             no haber quien mejor la sepa,

                             ni jamás la haya entendido.

                                  También dirá la de Gratia

                             y soberanos Auxilios,

                             que todo es cosa del cielo                          235

                             y arguye influjo divino.

                              Pero la de Incarnatione,

                             tratada con nuevo estilo,

                             es suya por excelencia,

                             la cual a luz ha salido.                                240

                                  Dictando la de Peccatis

                             otro maestro más antiguo

                             dictó la de Paenitentia

                             sólo para hacerle tiro[84].

                                  Mas como él con rigor lee                     245

                             y son tantos los perdidos,

                             de peccatis oyen muchos,

                             de paenitentia  poquitos.

                             [f. 339v]    Todo lo de Sacramentis

                             es un tesoro infinito,                                   250

                             todo con breves palabras,

                             que nos da largos escritos.

                                  La de Eucharistia ofreció

                             a solos doce al principio,

                             mas después comunicada                           255

                             por todo el mundo ha corrido.

                                  Sus obras de escritos todos

                             son de los doctos tenidos

                             como sacros Evangelios

                             tan sólidos y macizos.                                260

                                  Teólogo, pues, tan famoso

                             es benemérito y digno

                             del Grado de Teología

                             que yo a su frente dedico.

 

                             DOCTOR 4º. (Cánones y  Leyes)

                                  Para decir lo que siento                         265

                             del ilustre doctorando,

                             [f. 340r]    quisiera tener cien lenguas,

                             ilustrísimo Teatro.

                                  De los tres grados es digno

                             y no menos lo es del cuarto,                       270

                             que es de Cánones y Leyes,

                             que a los otros yo le añado.

                                  Ni el celebrado Licurgo,

                             ni Parisio, aquel romano,

                             ni Solón, Platón, ni otros                            275

                             legisladores nombrados[85]

                                  se nombren delante de él;

                             ni se alabe Justiniano,

                             ni Bártulo se me cite,

                             ni se saque a plaza a Baldo,                       280

                                  que a todos esos legistas,[86]

                             y aunque fuesen otros tantos,

                             les pudiera ser maestro

                             y enseñarles muchos años.

                                  Las más soberanas leyes                       285

                             que hoy tenemos y guardamos

                             [f. 340v]    las ha escrito con prudencia

                             y con amor publicado.

                                  En Sinai dio las primeras

                             grabadas en duro mármol,                         290

                             a claro son de trompeta,

                             entre el de truenos y rayos.[87]

                                  Otras nos bajó del cielo,

                             no ya de yugo pesado,

                             sino fáciles a todos,                                   295

                             que su gobierno es muy blando.[88]

                                  Es ángel del gran Consejo,[89]

                             es diligente abogado,

                             que en nuestro favor aboga

                             en los divinos estrados.[90]                          300

                                  Será juez del universo

                             en sus últimos estragos

                             cuando monarcas y reyes

                             temblarán a sus amagos.

                                  Jurisperito tan grande,                           305

                             de todo el mundo aclamado;

                             [f. 341r] coronista a quien se rinde

                             vencido el Panormitano[91]

                                  bien merece de justicia

                             que los honores más altos                          310

                             resplandezcan en sus sienes

                             con universal aplauso.

 

                                      RECTOR.                                                      

                                  A todos veo conformes

                             y de disentir tan lejos

                             que antes grados sobre grados                   315

                             van como fuego añadiendo.

                                  El uno de Medicina

                             se loda[92] con mucho acierto;

                             el segundo añade de Artes;

                             de Teología, el tercero;                              320

                                  de Cánones y de Leyes

                             le da también el postrero

                             y, para apoyar su voto,

                             a nadie falta argumento.

                                  A la verdad, todos cuatro                     325

                             los merece por su ingenio,

                             [f. 341v] que al fin es sabiduría

                             del Padre y eterno Verbo.

                                  Sube, licenciado, sube

                             de grado en grado hasta el cielo,                330

                             donde más grados de gloria

                             te den que nuestro Colegio.

                                  Los nuestros recibe agora

                             para gloria y ornamento.

                             ¡Ojalá sean de gracia                                 335

                             y que con ella los demos!

                                  Pero primero el vejamen

                             se ha de dar, que no dispenso

                             en costumbre tan antigua

                             recebida en estos tiempos.[93]                     340

                                  No faltará quien lo dé;

                             déjenos tomar aliento,

                             para darle con más brío

                             para hablar con más denuedo.

                             (Aquí tocan o cantan.)

 

                             [f. 342r] 

                                      VEJAMEN.                                                   

                                  Pues tiene hecho el examen                   345

                             para el grado de Doctor,

                             yo, por orden del Rector,

                             tengo que dar el vejamen.

                                  Ya, pues, señor licenciado,

                             con anticipado acierto,                               350

                             os habéis ahí cubierto

                             para el vejamen del grado.

                                  Hicistis[94] bien en cubriros,

                             porque os pienso descubrir

                             y a muchos dar que decir                           355

                             con lo que vengo a deciros.

                                  En cuanto diré prometo,

                             sin fingir cosa, verdad,

                             que en esta Universidad

                             se ha de hablar con tal respeto.                  360

                                  Y, así, todo el teatro entero

                             bien se puede levantar,

                             porque pretendo cantar

                             Evangelio verdadero.[95]

                             [f. 342v]    Tengo que pasar los ojos             365

                             por vuestra vida y milagros,

                             que ya per urbes et agros

                             cantan los ciegos y cojos,

                                  porque vos a toda ley,

                             por gracia y naturaleza,                              370

                             salistis muy linda pieza:

                             salistis pieza de rey.

                                  Muchos saben, y yo sé,

                             que sois de muy buena cepa;

                             sí, pero es bien que se sepa                       375

                             que sois de la de Noé.[96]

                                  Bastantes sospechas dais

                             con llamaros cepa o vid.

                             ¡Oh, qué renombre! Decid,

                             ¿tanto con la vid cuadráis?                         380

                                  Porque tan bien os apoda,

                             afirma el arquiticlino

                             que volvéis el agua en vino,

                             como lo vio en una boda.[97]

                             [f. 343r]    Grande habilidad es ésa;              385

                             más que de alquimia hacer oro;

                             haréis con ella un tesoro

                             y milagros en la mesa.[98]

                                  Yo apostaré que debéis

                             sangre en las venas tener,                           390

                             que se puede bien beber

                             si en un cáliz la ponéis.

                                  Y no es menor alabanza

                             querer que el agua bebida

                             del pecho saque y despida,                        395

                             no lanceta, sino lanza.[99]

                                  No sé si antes o después,

                             navegando sin navío,

                             con desprecio y señorío

                             la pisastis con los pies.[100]                         400

                                  Otra cosa cuentan brava

                             que comúnmente se reza

                             (¡miren qué linda nobleza!)

                             que sois hijo de una esclava.[101]

                             [f. 343v]    ¿Vuestra madre, esclava? Sí.       405

                             Ni ella lo niega a la fama;

                             antes esclava se llama

                             y lo cantan por ahí.[102]

                                  Y es cosa fácil sentillo

                             sin extrañar lo que hablo,                           410

                             pues os parió en un establo

                             como cualquier esclavillo.

                                  Pero agora ¿qué dirán

                             los que piensan —y son todos—

                             que su sangre es de los godos                    415

                             más de Rey que de Guzmán,

                                  cuando sepan, ¡ay Dios mío!,

                             quién le mandó graduar,

                             pues le hemos hoy de estrellar

                             en la cara que es judío?[103]                       420

                                  Y, con ser esta verdad,

                             inquisidor quiere ser,

                             y dice que quiere hacer

                             un gran auto en Josafat.[104]

                             [f. 344r]    Y mirad qué buen ejemplo           425

                             dejar que nuestro adversario

                             le subiera al campanario

                             o pináculo del Templo.[105]

                                  ¿Qué es esto? ¡Oh, mi Dios eterno!

                             ¿Con el diablo las habéis?                          430

                             Es cierto, y no lo neguéis,

                             que habéis bajado al infierno,[106]

                                  y, quebrantando el profundo,

                             con reparable virtud,

                             sacastis gran multitud                                 435

                             a la libertad del mundo.

                                  Sin esto, paráis el viento;

                             por el agua enjuto andáis;[107]

                             en cuerpos de hombres estáis,

                             que es cosa de encantamiento.[108]             440

                                  Y aun se dice --y lo sé bien--,

                             sin faltar a la verdad,

                             que hicisteis mucha amistad

                             con tres Magos en Belén.

                             [f. 344v]    Queriendo vos, a porfía               445

                             piedras se rompen y estragan

                             y las tinieblas apagan

                             al sol en medio del día.[109]

                                  Y no sólo estos eclipsis

                             hacéis con vuestro poder,                          450

                             mas a algunos hacéis ver

                             visiones de Apocalipsis.[110]

                                  Afilo más los aceros,[111]

                             que algún tiempo habéis andado

                             por montes y despoblado                          455

                             con algunos compañeros.[112]

                                  Alguna vez os quisieron

                             apedrear unos villanos,

                             y otras con sus proprias manos

                             despeñaros pretendieron.[113]                     460

                                  Mire en vuestros ojos bellos

                             que hay temores y opiniones

                             que en un palo entre ladrones

                             moriréis como uno de ellos.[114]

                             [f. 345r]    Mirad, lo que hacéis; mirad          465

                             que uno de los compañeros

                             que llevaba los dineros

                             ahorcado quedará.[115]

                                  Mas, este punto dejado,

                             no faltaba sino dar,                                    470

                             para del todo acabar,

                             en galán enamorado.

                                  Y sabiendo bien por quién

                             por un alma, una fregona[116]

                             que es más para una atahona                     475

                             que para un hombre de bien.

                                  Alma tan seca y ingrata

                             que, ardiendo vos en su amor,

                             con notable disfavor

                             y raro desdén os trata.                               480

                                  Mas vos sois amante tal

                             que, no embargante el desvío,

                             andáis de noche al rocío

                             y os han visto en un portal.[117]

                             [f. 345v]    Bien que alcanzar la victoria        485

                             por Navidad pretendistis

                             y una música le distis,

                             que dicen que era una gloria.[118]

                                  Sin esto, probáis mil vados

                             y os disfrazáis de mil modos,                      490

                             y tomáis los medios todos

                             y os hacéis muchos guisados;

                                  y con tan fuertes cadenas

                             obligarla pretendéis,

                             que maná la[119] prometéis                         495

                             y la sangre de las venas.

                                  Pero no quiero dejar

                             lo que apunté de disfraces,

                             que por medios eficaces

                             tomáis y usáis para entrar.[120]                    500

                                  Y, siendo en carnestolendas,

                             fuera sólo menos daño,

                             más vos andáis todo el año

                             como máscara a sabiendas.

                             [f. 346r]    Verdad es que os recogisteis        505

                             una cuaresma al desierto,

                             donde, a todo el mundo muerto,

                             penitencia dura hicisteis.

                                  Y no falta de los vivos

                             quien me afirme con verdad                       510

                             que sois de la Trinidad

                             y que rescatáis cautivos.[121]

                                  Y asegura gente pía

                             y afirma, según andáis,

                             que de justicia os preciáis                          515

                             y el ser de la Compañía.[122]

                                  La verdad es que primero

                             ejercisteis el oficio

                             y el mecánico ejercicio

                             de un mínimo carpintero,[123]                      520

                                  aunque autores harto fieles

                             oficio de sastre os dan

                             y que cosisteis a Adán

                             los primeros zaragüeles.[124]

                             [f. 346v]    Poeta también habéis sido            525

                             y tal que con solo un verso

                             de todo aqueste universo

                             ganastis nombre subido.

                                  Por lo menos enmendar

                             bien sabéis los malos pies                          530

                             y hacer que corran después,

                             si solían cojear.[125]

                                  No sé cómo habéis podido

                             saber eso que sabéis,

                             pues nunca estudiado habéis                      535

                             ni apenas libro leído;

                                  y es cosa particular

                             y de rara maravilla,

                             que el Jesús de la cartilla

                             sangre os hubo de costar.[126]                    540

                                  Muchos doctores, por eso,

                             estudiante os han juzgado,

                             que nunca habéis conjugado

                             y que sois aún virgen de eso.

                             [f. 347r]    Y es tan público el runrún             545

                             de esto que muchos soldados

                             quedaron muy espantados

                             de oír de vos Ego sum.

                                  Valentón con gran bravura,

                             a veces os mostráis vos                             550

                             dado a la gracia de Dios,

                             dado a la buena ventura.[127]

                                  Sin esto, os soléis meter

                             juzgando en vidas ajenas,

                             si son malas o son buenas,                         555

                             si hacen o dejan de hacer.[128]

                                  Y yo dejo de meterme

                             en la vuestra, aunque tenía

                             otra tanta alegoría

                             donde pudiera extenderme.                        560

                                  Dejo la risa y la riza[129]

                             —bien que entienden los discretos—

                             y envuelvo mucho secreto

                             [f. 347v]    como fuego entre ceniza.

                                  Las enigmas que se han hecho               565

                             pocos ignoran ni admiran,

                             porque se ven dónde tiran

                             y qué llevan en el pecho.

                                  Las defensas excusad,

                             que no serán menester,                              570

                             que no es fácil esconder

                             los rayos de la verdad.

                                  Consejo parece sabio

                             salirme un rato al jardín

                             y al vejamen poner fin                                575

                             y freno a mi tosco labio.

                             (Aquí hay baile.)

 

                                       RECTOR.                                                     

                                  Pues queda dado el vejamen

                             y serenaron los truenos

                             y enmudecieron los labios

                             y el mar serenó San Telmo,[130]                  580

                             [f. 348r]    el sol corone los montes,

                             descubra su faz el cielo,

                             el arco de paz dilate

                             sus colores por el viento.

                                  Sucedan serenidades                            585

                             aplausos, glorias, afectos,

                             y los debidos honores

                             todos a voces le demos.

                                  Ya con fieles corazones,

                             con ánimos verdaderos,                             590

                             se den las borlas y grados

                             al benemérito de ellos.

                                  Cada cual le dará uno

                             con orden y con concierto

                             y juntamente la insignia                               595

                             de los colores dispuestos.

 

                                      DOCTOR 1º.

                                  Pues esto se nos ordena,

                             le daré el de Medicina,

                             que hace a los demás todos                            

                             [f. 348v] ventaja tan conocida.                     600

                                  Tomad, señor Licenciado,

                             lo que os debo de justicia,

                             protomédico de médicos

                             como todo el mundo afirma.

                                  Tomad el honroso grado,                      605

                             que esa ciencia peregrina

                             os merece más del cielo

                             que con estudio aprendida.

                                  ¿Mas de qué tejeré borla

                             del grado que os doy divisa?                      610

                             Porque la común costumbre

                             pide que sea amarilla.

                                  Borla de color tan bello

                             que con el oro compita

                             ¿dónde la tengo de hallar                           615

                             para tal cabeza digna?

                                  Pues sois admirable en todo,

                             se os debe admirable insignia,                                  

                             [f. 349r] ni vulgares ornamentos

                             vuestra docta frente admita.                       620

                                  Una os tengo reservada

                             tan singular y exquisita

                             que es cuando menos el sol

                             a vuestra ciencia debida.

                                  Viene de perlas que Apolo                    625

                             con el sol de borla os sirva,

                             a quien autor los antiguos

                             de la Medicina hacían.

                                  Ésa tu cabeza adorne;

                             ésa sirva de divisa                                      630

                             y ese tan bello planeta

                             te corone y se te rinda.

                                  Los muchos rayos que esparce

                             y aqueste globo matizan[131]

                             serán hilos de esta borla                             635

                             debidos a tu doctrina.

                             [f. 349v]    Ésta, pues, señor Doctor,

                             por timbre y blasón reciba,

                             y goce infinitos años

                             el grado de Medicina.                                640

                            

                             (Canta el Coro:)

                                  Infinitos años,

                             divino Señor,

                             el grado y la borla

                             gocéis de doctor.

 

                                      DOCTOR 2º.

                                  El grado de Artes me toca                    645

                             dar al doctorando nuevo,

                             por mil razones debido

                             de su ciencia digno premio.

                                  Filósofo, pues, famoso

                             sobre cuantos hubo griegos                        650

                             y en todo el orbe, admitid,

                             el grado de Artes que ofrezco.

                             [f. 350r]    No faltara quien lo diera

                             con más pompa y lucimiento,

                             pero no con mayor gozo,                           655

                             con más voluntad y afecto.

                                  Pero, viniendo a la borla

                             que a vuestra cabeza debo,

                             habiendo de ser azul

                             ¿de qué componerla tengo?                       660

                                  Buscaré lilios azules

                             que en las riberas naciendo

                             con sus cerúleos colores

                             coronan los arroyuelos.

                                  Tejeréla de zafiros,                               665

                             de las piedras ornamento,

                             que, con sus rayos azules,

                             parecen trozos de cielo.

                                  Mas no quiero daros otra

                             de la que todos sabemos,                          670

                             [f. 350v]    hermosa como las luces,

                             que adornan el firmamento:

                                  es el iris de las nubes,

                             es el arco de los cielos,

                             y dé a vuestra frente borla                          675

                             el [gl]obo[132] azul de su cerco.

                                  Aplaudan a tantas glorias

                             los teatros y liceos

                             y, como Doctor en Artes,

                             os celebre el universo.                               680

                            

                                      (Canta el Coro: )                                          

                                  Infinitos años,

                             divino Señor,

                             el grado y la borla

                             gocéis de doctor.

 

                             [f. 351r]

                                       DOCTOR 3º.                                                

                                  El grado de Teología,                            685

                             que es la Reina de las ciencias,

                             vengo a darte con el gusto

                             que cabe en mi pecho apenas.

                                  Teólogo, pues, consumado

                             sobre cuantos lo profesan                          690

                             recebid el grado y honra

                             que os ofrece nuestra escuela.

                                  De esta borla las insignias

                             yo las tejeré, que, si ella

                             ha de ser de color blanco,                          695

                             no faltará de qué hacella.

                                  Franquearán su candidez

                             las plateadas azucenas,

                             su pureza los armiños,

                             su hermosura las mosquetas;                      700

                                  los vergeles, sus jazmines;

                             su nieve, las altas sierras;

                             [f. 351v] su cándido mármol, Paro;[133]

                             el sur,[134] diamantes y perlas.

                                  Pero, ¿para qué mendigo                      705

                             plata, mármol, azucenas,

                             mosquetas, nieve, diamantes,

                             jazmines, astros, planetas?

                                  ¿Aquélla no es la divisa

                             blanca, como se desea?                             710

                             ¿No es borla de Teología

                             la forma que allí blanquea?

                                  Aquellas blancas especies,

                             flor de la harina más bella;

                             esos accidentes blancos,                            715

                             que aquel círculo nos muestra:

                                  ¿no forman al vivo borla

                             difusamente compuesta?

                             No quiero, pues, fingir otra,

                             ya que tengo verdadera.                            720

                                  Ésa, Teólogo insigne,

                             [fol. 352r] lauree vuestra cabeza

                             y, Doctor en Teología,

                             os aclame el cielo y tierra.

 

                             (Canta el Coro:)                                                    

                                  Infinitos años,                                     725

                             divino Señor,

                             el grado y la borla

                             gocéis de doctor.

 

                                       DOCTOR 4º.                                                

                                  A mí, finalmente, toca

                             daros el grado de Leyes,                           730

                             pues lo tienen decretado

                             señor Rector y asistentes.

                                  Recebid, pues, este grado,

                             que merecéis dignamente:

                             Doctor en Leyes señalo                             735

                             a quien tantas de ellas tiene.

                             [f. 352v]    De esta Facultad la borla

                             en vuestra frente campee;

                             ésta ha de ser colorada

                             como la costumbre quiere.                         740

                                  No me cansaré en buscar

                             por montes valles y fuentes

                             colorados materiales

                             que su carmín me franqueen,

                                  que hermosamente son rojos                 745

                             de las flores los claveles,

                             la púrpura de las rosas

                             y arreboles de occidente;

                                  del mar los bellos corales,

                             del alba los rosicleres,                                750

                             de las Indias los rubíes,

                             de Tiro la grana ardiente.[135]

                                  Pero yo tengo trazada

                             una insignia diferente,

                             [f. 353r]    que, con mayor excelencia           755

                             y propiedad, os lauree.

                                  Ésta se hallará en el cáliz

                             y en los rojos accidentes

                             de vuestra sangre vertida

                             en las sagradas especies.                           760

                                  Ese carmín tan precioso

                             que a la vista nos ofreces

                             ha de ser roja divisa

                             de vuestras sagradas sienes.

                                  Doctor en Leyes con ella                      765

                             el mundo todo os venere,

                             de que ya todos os damos

                             infinitos parabienes.

 

                                      (Canta el Coro:)                                           

                                  Infinitos años,

                             divino Señor                                             770

                             el grado y la borla

                             gocéis de doctor.

 

                             [f. 353v]    Doctor sois famoso

                             en Medicina;

                             el sol os da borla,                                      775

                             sol de justicia.

                                  Doctor os laurea

                             Filosofía;

                             los cielos os ponen

                             azul divisas.                                               780

                                  Doctor eminente

                             en Teología;

                             la borla es el blanco

                             de la Eucaristia.[136]

                                  Doctor sois en Leyes                            785

                             ¡qué maravilla!:

                             la sangre del cáliz

                             es vuestra insignia.

                                  Infinitos años,

                             divino Señor,                                            790

                             el grado y la borla

                             gocéis de doctor.

 

                       [f. 354r]                                                                

                                  Despedida

                                  Ya quedáis, señor Doctor,

                             con pompa, honra suprema,

                             graduado y laureado:                                 795

                             ¡sea para gloria vuestra!

                                  Ya en hombros de serafines

                             dad por el mundo la vuelta,

                             vitoreado y aclamado

                             a voces de cielo y tierra.                            800

                                  En verdad, que podréis dar

                             el cumplimiento a la fiesta,

                             sirviendo a vuestros amigos

                             alguna buena merienda.

                                  Prevenida la tenéis                                805

                             en esta espléndida mesa,

                             en esta fuente de plata

                             con blanca toalla cubierta.

                                  Aquí nos tenéis maná,

                             como menuda grajea                                 810

                             [fol. 354v] del alto cielo llovida,[137]

                             por manos de ángeles hecha.

                                  ¡Oh, qué celestial dulzura!

                             —aquí la nuestra no llega:

                             sabe a divinas delicias;                               815

                             sabores del cielo encierra.

                                  En vaso y cáliz de oro

                             nos brindáis divino néctar,[138]

                             que es sudor de vuestra cara

                             y sangre de vuestras venas.                        820

                                  A la merienda propina

                             alargue vuestra grandeza,

                             que, como tan generoso,

                             no os perdonamos la deuda.

                                  Doctor sois en Medicina:                      825

                             debéis la propina de ella

                             y otra de vos no queremos

                             que salud y vida eterna.

                                  En cuanto Doctor en Artes

                             nos daréis de vuestra ciencia                      830

                             [f. 355r]    conocimiento del mundo

                             y de las altas esferas.

                                  Como Teólogo Doctor,

                             derramad de las riquezas

                             luces de sabiduría                                      835

                             a la más noble potencia.

                                  Y, como Doctor en Leyes,

                             abogad en mi defensa

                             y, cuando seáis juez del mundo,

                             dad favorable sentencia.                            840

                                  A todos estos señores

                             dad en igual recompensa

                             otros semejantes grados,

                             que de gracia y gloria sean.

 

 

                             (Tocan o cantan:)

                                     

.                                 Admitid la voluntad                               845

                             con que esta Escuela ha ofrecido

                             los frutos que en tierna edad

                             liberal ha producido

                             en esta celebridad.

                             [f. 355v]    Las faltas perdonaréis,                 850

                             que muchas hallado habréis,

                             y, si el don no os ha agradado,

                             con saber que se ha acabado

                             trabajo ya no tendréis.

 

                                   Otra al Intento.

 

                            Si el coloquio os ha enfadado,               855

                             por dos veces repetido,

                             con no haber acá venido

                             hubiérades excusado

                             las faltas que habréis oído.

                             Para el trabajo estimado                            860

                             lo habemos hoy y[a] admitido

                             como el otro; mas yo os pido,

                             que, para excusar enfados,

                             salgáis con menos ruïdo.[139]                      864

                                                     
FINIS                                      


                              INTERLUDIO

 

Capelo al Niño Jesús

Poema del P. Juan Cigorondo, según el texto del Cartapacio curioso, donde se sitúa entre ambos Coloquios sacramentales, en fol. 356r-361r. Hay otra copia en el códice ms. de la Colección de Cortes de la Biblioteca de la RAHM, sign. 9-2573 (392), donde se atribuye, entre otros cuarenta, al mismo jesuita novohispano, con esta nota: "Por el Pe. Siguerondo" (fol. 5r-9r).[140]

 

Pues sois de la Compañía,

Jesús, y el vivo modelo

de sus reglas, bien será

que en todo nos deis ejemplo.

Y, porque es la más difícil                           5

la de picola y capelo,

que os sentéis en ella ordena

el Padre Rector del Cielo.

Y, aunque sois en religión,

Niño Jesús, tan moderno,                               10

la virtud es muy de antiguo

y sois en ella profeso.

Es la picola el pesebre,

bien angosto y bien pequeño,

para quien el cielo impíreo                              15

y mil mundos son estrechos.

[386v]   El capelista será

vuestro amado y ingrato pueblo

que tiene aguda[s] navajas

y sabe cortar sin duelo.                                  20

Fuera de lo registrado,

pienso que de su celebro

añadirá lo que nunca

os pasó por pensamiento.

Vos, Niño, cerrad los labios,                     25

poned en ellos el dedo,

haced del sordo y del mudo,

pues lo sois como cordero.

Porque ya, Niño, sabéis

que hay expresa regla de ello              30

y que sin faltas culpables

se nos pueden dar capelos.

Y es justo, pues la materia

y la razón de su objeto,

no es la de penitencia                         35

o virtud, o sacramento.

Pero, llegando ya al punto

en la picola, cuál vemos

está el Hermano Jesús

por lo que iré refiriendo.[141]                           40

Hermano, dije, aunque os llama

David "Sacerdote eterno",                 

y aunque sois, según el mismo,

"Pontífice verdadero".            

Pero aunque estáis tan callado,                 45

sois muy ladino y muy diestro

en saber lengua latina,

y os ordenaron por serlo.[142]

Lo primero y principal

y lo de más fundamento                                 50

es porque el vestido trae

al parecer descompuesto.[143]

[fol. 357v] Porque estando vos en traje

de Dios y por esto siendo                  

igual al Padre, tan sabio,                                55

 tan poderoso y tan bueno,

de suerte os desfigurastis

que es difícil conoceros

y os vestistis los andrajos

del hombre, esclavillo vuestro.                        60

Hermano, ya no sabéis

que se escandaliza desto

el gentilismo, y lo tienen

por locura los hebreos.[144]

También ha estado el Hermano                65

a las puertas de aposentos,

que a la de una Esposa estuvo

por buen espacio de tiempo.[145]

Lo cual parece se agrava,

porque fue con tanto exceso                          70

[fol. 358r] de afición, que ni la noche

ni el rocío le impidieron.

Y, aunque vos, Hermano, sois

el Ángel del gran Consejo,

por menos daño tendrías                                75

que con licencia entréis dentro.

También el Hermano toca

la campanilla muy recio,

y aun una vez se volvió

porque al punto no le abrieron.                       80

Ya veis los inconvinientes

que se siguieron de aquesto,

y lo que costó a la Esposa

el no esperar un momento.

También una noche vino                           85

tan tarde que los porteros

no le abrieron y durmió

en un establo al sereno.[146]

 [fol. 358v]  Ya veis que os pudo dañar

por ser delicado y tierno,                               90

y que es loable cuidar

sin demasía del cuerpo.

También parece que muestra

más particular afecto

a algunos, y suele estar                                   95

muy de ordinario con ellos.

Con los hijos de los hombres

son sus gustos y contentos                 

y no hay poder apartarlo

de ellos ni vivo ni muerto.                               100

De aquí se siguió el estrago

y las ruïnas del cielo,

porque Luzbel y los suyos

tuvieron del hombre celos.

Parecioles que el tratar                             105

de esta unión y liga el verbo

[fol. 359r]  con ellos debría de ser,

porque eran más nobles que ellos.

De esta pequeña centella

creció el lastimoso incendio                            110

que abrasó lo más precioso

de los palacios del cielo.

El amor, diréis, Hermano,

que es libre (y yo así lo creo),

y que no fue culpa vuestra,                             115

sino la soberbia de ellos.[147]

También se puso a escuchar

estando todos durmiendo

una música el Hermano

de voces y de instrumentos.[148]                     120

Diréis que cuando se dio

vos estábades despierto,

que eran buenos los cantores

y los cantares honestos.

[fol. 359v]  Con todo, en aquesta parte       125

es el recato muy bueno,

no porque en vos no le haya,

mas porque en mí lo deseo.

También envió recados

a los de fuera, y vinieron                                130

y bajó a la portería

sin avisar al Portero.

De que holgaron en el alma

ir con ellos no lo niego,

pero al fin eran pastores                                 135

y pastores son groseros.

Diréis que para enseñar

los rudos venís del cielo

y más que en la Compañía

es voto de los profesos.                                 140

También recibió unos dones

de oro, mirra e incienso,[149]

[f. 360r] que para los religiosos

parecen dones superfluos.

Y más si acaso pedían                               145

que dijésedes por ellos

misas, o hiciésedes algo

de los demás ministerios.

Pero al fin es de creer,

(y yo, Hermano, así lo creo)                           150

que en aquesto no nos falta

sino sobra de misterio.

También habiendo tocado

a acostar, en su aposento

tenía lumbre el Hermano,                               155

viviendo con compañeros:[150]

cuando a vos no os haga falta,

por estar ya ciego el sueño,

al fin, María es mujer

y Josef, al fin, es viejo.                                   160

[fol. 360v] Y, pues pedía que a la esposa

la dejen si está durmiendo,

como en todo lo demás,

dadnos en aquesto ejemplo;

aunque yo bien imagino                            165

que la lumbre era del cielo

y que en vos reverberaba

como cristalino espejo.

Por esto, el Padre Retor,

aquél que rige los cielos,                                170

que es piadoso como Padre

y como jüez severo,

ordena hagáis penitencia

tal que sirva de escarmiento,

si no por vuestros pecados,                            175

por los pecados ajenos.                    

Porque está escandalizado

el rey y todo su reino,

[fol. 361r] por obviar inconvenientes

manda que mudéis colegio.                            180

Partiréis de noche a Egipto.         

Irá por superior vuestro

el Padre Josef, a quien

tendréis por padre y maestro.

Fuera de esto, ayunaréis                           185

en un áspero desierto,

tiempo de cuarenta días,                    

no os parezca mucho tiempo.

Haréis una disciplina

hasta dejar el pellejo,                         190

porque se desnude el hombre

del que le vistió el primero;

al fin beberéis el cáliz       

de la muerte, trago acerbo,

para que sudemos todos                                195

de Adán el mortal veneno.


 

               3. Coloquio al Santísimo Sacramento.

 

        3 1. Introducción.

Este segundo Colloquio al Santísimo Sacramento del Cartapacio curioso, como es lógico, también toca el tema sacramental (vv. 355-358. 663-666. 669). Pero sin ninguna insistencia. En su planteamiento global es un drama teológico-moral: la acción resulta de la oposición de las eternas fuerzas en conflicto, el Bien y el Mal, personificadas, en un caso, por Lucifer o Luzbel, el polo opuesto (tan ab æterno como la ortodoxia teológica lo permita al cristianismo) de la Divinidad, aquí representada por el Amor Divino (segundo polo): Amor de Dios encarnado en el Redentor al precio de su sangre («por el rastro de las sangre» — v. 118), que culmina la historia de la salvación con el paso por la Tierra del Amor Divino (vv. 119-130. 454-481. 651-670). En medio está el Alma, el ser humano, solicitado en su interior por fuerzas contrapuestas (vv. 256-259): el pensamiento o razón (vv. 96.  163. 197-201) y el  "brioso natural" o apetito (vv. 97s.). Desde el exterior (es un decir), se ve solicitado por el aliado de Lucifer, el Mundo, con la variedad de sus poderosos alicientes (gustos y placeres de la edad, regalo, delicias), para que «en templo labre al amor» (v. 273). Contrapuesto tenemos a un Ángel, o mensajero activo del Bien. Ya en la Loa se plantea este tema con el símil ignaciano de las dos banderas (v. 31). El Alma, que durante la mayor parte del drama se mantiene dudosa, como situada en el bivio o encrucijada pitagórica (vv. 100-110), solicitada o sostenida por poderes contrapuestos, más atraída por el Mal (vv. 254s. 264s. 427-430), se decidirá a la postre y definitivamente por el Bien: «de Dios sigue las banderas, / de Luzbel canta victorias» (v. 31s). Ese Bien, en sentido tropológico, se cifrará en la penitencia / confesión y el pan del altar (vv. 659-670).

Si se quiere notar el parentesco que, desde su planteamiento central, une a este Coloquio con las tradicionales e incluso angulares piezas del teatro escolar de los jesuitas desde sus comienzos, basta remitir a la Comedia Metanæa de P. P. de Acevedo.[151] En ambas obras se ve este antagonismo de la fuerza diabólica (Diablo / Lucifer, Luzbel, Mundo y Cupido —en este Coloquio Cupido está integrado en el anterior) y de la fuerza divina (Penitencia / Amor Divino y Ángel). Hasta las fuentes de inspiración parecen ser las mismas. El Lucifer habla de un «bocado tan extraño» (v. 215; bolum  en Com. Metanæa, Argum., p. 114) y de sus redes (v. 223; retia en Com. Metanæa, ibid.),  expresiones que remiten a Papeo y al Heautontimorumenos de Terencio. Pero mayor parecido o cercanía tiene, al menos en su planteamiento original en la proclama de presentación de Lucifer, con los propósitos que se le atribuyen en el poema de Cigorondo Capelo al Niño Jesús, que en el Cartapacio curioso preceden al Coloquio: vv. 97-104. Tal es la estructura de la acción.

La del espectáculo o representación responde a planteamientos de la comedia española o barroca consolidada, caracterizada por la loa, tres actos o jornadas, en uno de cuyos entreactos al menos se representaba un entremés y una brevísima despedida, a la que seguía un baile o mojiganga. Observamos variación respecto a este esquema en nuestro Coloquio, dado que la comparación no es del todo afortunada. En primer lugar, porque el término de comparación no debe ser la comedia profana sino el auto sacramental barroco. Y en los autos no hay actos ni escenas: se trata de un (solo) "auto" o acto.  En segundo lugar, porque se trata de un Coloquio escolar, que en términos generales corresponde a un auto religioso. Pero tiene su propio modo teatral, pues no en vano pertenece a un práctica teatral distinta, al menos por su hibridación. Por eso, la loa integra los elementos del Prólogo (v. 33s) y Argumento (vv. 21-32), típicos de los espectáculos de la práctica erudita, que funde el Argumento plautino con el Prólogo terenciano, lo que será característica de los posteriores coloquios, diálogos o representaciones de colegio. El autor, hombre de su tiempo, quiere realizar una Loa («alabanzas comienzo...; alabar el Coloquio» —v. 1-5), especialmente cuando el teatro parece lleno, y aquietado el público («no está muy malo el teatro» —v. 1-4, más vv. 43-46). Pero, debido a las condiciones de la representación («ver cómo hace / cada cual lo que le toca» —v. 7s), especialmente por parte de los actores, a quienes el miedo escénico ante el público podría llevar hasta a olvidar sus papeles («se alborote la memoria» —v. 16), no puede realizar su deseo, sino que ha de volver a los usos tradicionales en este tipo de representaciones y, como en un espectáculo de estirpe terenciana, a pedir silencio (v. 41ss), pedir perdón ya desde el principio por las previsibles y comprensibles faltas en la actuación, especialmente de «tiernos niños» (v. 61s), para los que solicita un voto de confianza. Además, como antídoto del aburrimiento, promete un «pasajuego» o divertido entremés.

 Como en los Autos, decíamos, no se señalan actos o jornadas. Y, sin embargo, se advierten perfectamente dos partes en el Coloquio, muy marcadas por el desarrollo de la acción y, en concurrencia con ella, por la inserción de un entremés que supone un tercio del tiempo de la representación. (Típico del teatro religioso tradicional.) La acción se abre con la presentación de los protagonistas del drama en sendos monólogos. Sigue el desarrollo del conflicto, que muestra a un Alma peligrosamente escorada del lado del Mal, dejando suspenso al auditorio. Y, así, en esta suspensión se deja la acción: se interrumpe con la representación del burlesco entremés, en un juego de contrastes típicamente barroco. Tras el entremés, siguen las solicitaciones y dudas para analizar con mayor detalle el proceso. En realidad el texto o acción se desarrolla en una serie de círculos o repeticiones, cuyo objetivo es insistir en unas pocas ideas, para facilitar el adoctrinamiento de un público joven: «tierna edad» (v. 110), «tierna primavera» (v. 270) que se corresponden con los actores («de tiernos niños oigan» -- v. 62; «flores son que ha producido / esta nuestra tierna edad» --v. 685s, despedida). Son el público pretendidamente directo del espectáculo, aunque es normal y lógico que también asistan los docentes y un sector formado por personas eminentes (dignidades religiosas e incluso autoridades civiles: «... aqueste Senado», v. 38s), a quienes, ya desde la loa (vv. 49-52), se había pedido comprensión para los fallos especialmente de los actores niños. Se repite en la despedida.

Varios elementos sirven para realzar el espectáculo. Es extraordinaria la presencia de la música y la danza, separadas o combinadas en varios momentos: «baile o música» después del v. 196; «Hay música, baile y entremés» — tras el v. 430; igualmente al final del entremés: «Música o baile»; «Tocan dentro y el Alma escucha lo que cantan» los «Músicos» del Coro (v. 347), que así preparan al Alma para el ataque armado de Lucifer; o «canta la música», después del v. 666, para celebrar la victoria del Bien, y «Música y baile» (tras el v. 682).

En su frecuencia y por su situación, este elemento sonoro marca la transición entre las partes de la acción y de la representación: tras el primer cuadro de presentación de los máximos protagonistas, Lucifer y Amor Divino, Alma y Ángel; al comienzo y fin del entremés, y como conclusión de la representación antes de la despedida; ante el clímax del peligro y como celebración de la victoria del Alma.

Hay también elementos de gran espectacularidad, como al comienzo de la acción, cuando el demonio irrumpe en escena «por todas partes arrojando llamas»; la nube en la aparición del Amor Divino (ante el v. 454). Su pendant es la desaparición de Luzbel por entre las llamas de, al parecer, varios escotillones, entre estampidas de truenos (después de v. 630: «Vase Luzbel, vense llamas y suenan algunos truenos»). Está implícita la espectacularidad en el sistema y usos de elementos de indumentaria, con la variedad y riqueza que revestían desde siempre en el teatro de Colegio y más aun en el Barroco: indumentaria contrapuesta de Lucifer y Amor Divino, de Mundo y Ángel; la propia del Alma. El demonio, que habría salido con su tradicional traje de llamas y, de hecho, entre llamas, aparece después disfrazado de cazador (ante el v. 202), que, con ballesta o arco, con regalo, dispara flores (v. 394), un rubí (v. 412s) y «deleite» (v. 419-426). No debe tampoco dejarse sin anotar el sistema de movimientos, además de los escenográficos ya señalados para la Bajada de Amor Divino de los cielos y la caída de Luzbel en el infierno. Destacan los disparos de Luzbel y el arrodillamiento del Alma ante Amor Divino: la levanta el Amor y, finalmente, la abraza. A ellos, así como al ademán o gesto, se alude en una acotación  cuando «se va Lucifer retirando con rabia y furor» (ante. v. 149).

Exquisita estructura concéntrica también del elemento oral en el Entremés. Arranca de la música y baile la escena de presentación de los examinandos en alegres redondillas. Nueva escena: un notorio notario lee un prosaico edicto. Sigue el cuerpo del entremés con los miedos que, en interlocuciones latinas, expresan los examinandos, para pasar al entrevero de prosa latina e hispana en los exámenes, excepto el del "in utroque sermone" solvente Pelagio, a quien se le permite la recitación del cuento «hispano sermone», en atención al público, claro, y en romance («las relaciones piden los romances»: Arte nuevo de hacer comedias...). Vuelve la mezcla de prosa castellana y latina, para concluir los exámenes restantes, dada la patente insuficiencia latina de los candidatos y, a la inversa que en el núcleo primero, con prosa castellana en exclusiva. Cierre con música y baile.

Otro elemento importante de la configuración del espectáculo, aunque no apele a la vista sino al oído, es la extraordinaria variedad y riqueza del material verbal. Se luce en composiciones métrico-estróficas, sin olvidar alardes de prosa latina (clásica y humorístico-macarrónica), en el extenso romance que cuenta una fábula esópica como relato folclórico y en el entrevero de prosa hispana con latina.

Como forma poética predominante, tenemos romances octosilábicos (61% del auto y 84% de los versos del Entremés), con las más variadas asonancias (á-e; á-o, -á; é-a; é-e; é-o; í-a, í-e, í-o, -í; ó-a; ó-e; ó-o; -ó), en cuartetas (rompiéndolas a veces --vv. 264-269. 376-381. 414-418--en aras de la naturalidad sintáctica) y en tiradas (vv. 595-630). Pero también hay otros más llamativos: los romancillos heptasílabos y hexasílabos (122 vv.) en algún caso puestos a la moda con un estribillo. Con estas formas, en un Auto sacramental y en un Coloquio escolar encajan perfectamente redondillas y quintillas, que destacan el comienzo del entremés, en la despedida del Coloquio, o como elemento de transición (vv. 230-237). Hay versos huérfanos, nobles estancias, una silva octosilábica, una sextilla alirada.

Y, si al principio extraña tal cúmulo de variaciones métrico-estróficas o incluso de rupturas de la misma regularidad como el texto presenta, pronto la extrañeza se torna maravilla en el goce estético, pues en tanto movimiento y solicitación de la visión, típicos del Barroco, se advierte el orden y función de tal variedad y libertad, que son condiciones para lucimiento del ingenio y el juego de embeleso con los elementos formales, entonces tan apreciado: ¡fineza intelectual! Se aprovecha la consolidación barroca de los romances en cuartetas, con su interminable alternancia / movimiento. Para dar realce a algunas escenas oímos solemnes estancias (vv. 65-91; 131-148; 328-342 = 79 vv. más una sextilla alirada --vv. 386-395): todas (sino una al Alma: vv. 96-110) se reservan a Luzbel (vv. 65-110. 131-148. 328-342), a modo de credencial de presentación o presencia, parejo al modo de subrayado de la ominosa actuación del hechicero Rotbart ('barbarroja', por cierto) en El Lago de los cisnes. Como instrumento de contraste en la función caracterizadora y expresiva están los romancillos hexasílabos, reservados a Amor Divino y al Alma y a sus relaciones (vv. 286-327; 454-481; 495-510; 639-666 -- y  671-674). En ellos expresan sus sentimientos de queja o pena, a manera de endechas o elegías (Amor Divino en vv. 286-327 y 454-481) o deliquios de amor (Alma sola en vv. 495-510, y con Amor Divino en vv. 639-674). Los heptasílabos para el Coro («Músicos») en una anacreóntica de tono suave dirigida al Alma, «blanca paloma» (vv. 347-358). Redondillas, para resaltar un diálogo (entre Alma y Luzbel, en vv. 523-566), para causar buena impresión en la despedida, o a manera de apartes o reflexiones singulares en contextos de tensión dramática (vv. 230-237; 511-514). Los versos huérfanos (vv. 375; 396; 401; 490), salvo uno, que funciona como cierre (v. 490), son para los apartes en medio de diálogos tensos. Y ni siquiera falta el toque característico de las composiciones devotas en esa abundancia de versos de romance en asonancia aguda..

Está claro que el autor asume la práctica literaria y teatral y la teoría triunfante sobre la función de las variedades métrico-estróficas como aparecen, por ejemplo en el Arte Nuevo de hacer comedias en este tiempo de Lope de Vega, donde se atiende a situaciones y personajes, al decoro y a la eficacia teatral. Todo ello se aprovecha con excelente técnica en nuestro Coloquio, que destaca la singularidad de los personajes, salvo en casos de rápidos diálogos entre ellos, mediante su propio idiolecto lírico. De todo lo cual resulta efecto estético y emoción: eficacia retórica y discursiva.

Finalmente, también como elemento de realce, está el Entremés, que es una excelente muestra de entreacto cómico-burlesco sin relación con el Coloquio, dentro del cual funciona, fruto maduro de la evolución de las secciones que, para descanso del público (rudes erudire), se fueron introduciendo de distintas maneras en el teatro escolar de la Compañía de Jesús, ya desde sus inicios, con un acercamiento cada vez mayor al teatro profano. El tema del entremés es plenamente acertado, pues recoge una práctica contemporánea que responde a los decretos del Concilio de Trento; concretamente a la sección XXIII, e. XII, donde se exige del candidato a las Órdenes menores que al menos entienda el latín. Y este acierto se dobla con otro: la creación de un vínculo de interés con un público para quien la problemática del aprendizaje del latín y, más allá, de la cultura humanística (de la que es muestra la fábula) era la principal preocupación, por lo que podía reír y sentirse incluso superior a los examinandos, salvo en el caso de Pelagio, estudiante modélico. Se trata de personajes ridículos: estudiantes zotes o vagos, o ambas cosas a la vez, que a lo más que llegan es a un latín macarrónico, cuando no muestran la más supina insipiencia, base perenne de bromas y burlas, especialmente en el medio escolar.

La pieza, así concebida, resulta de una extensión considerable para un auto, aun sin tener en cuenta el entremés (691 vv). Por eso le conviene con propiedad el título de Coloquio. Los medios espectaculares utilizados van en la misma línea. No se trata de un auto del Corpus de un colegio para salir del paso y cumplir con la festividad. Quizá, de no haber sido así (como en el caso del Coloquio en metáfora), no se nos hubiera conservado.

 

Nota sobre los criterios de edición.

El texto se transcribe modernizado en lo gráfico-fonético excepto en las secciones latinas, en las que sobre todo convenía preservar el tenor literal, porque muchas veces tiene funcionalidad, pues pone de relieve la situación y el carácter de los participantes: corrección por parte de los examinadores y de Pelagio, estudiante «studiosus»; amontonamiento de burradas por la troika o tiro de asnos examinados. Entre paréntesis se ofrecen los apartes y las acotaciones. El texto de éstas se ofrece en cursiva, salvo cuando se integran en un texto latino. En este caso, para destacar la acotación, se utiliza la redonda.


 

        3. 2. Texto:

        [f. 362r]

             Colloquio al Santísimo Sacramento.

 

          [f. 394r]                       Loa

        que se ha de decir al principio de este Coloquio.[152]

 

                                 No está muy malo el teatro,

                            ni es mal principio de loa,

                            pues alabanzas comienzo,

                            ni se me ofrece otra cosa.

                                  Porque alabar el Coloquio                   5 

                            será evidente lisonja,

                            antes de ver cómo hace

                            cada cual lo que le toca;

                                  si no es que, para alentar,

                            las palabras de su boca,                           10

                            digo que pueden salir

                            a que vuescedes las oigan.

                                  Mas no, que será sacarles

                            [f.394v]  al rostro colores rojas,

                            y puede ser que con eso                          15

                            se alborote la memoria,

                                  y cuanto se ha trabajado

                            se perderá en una hora,

                            y más el lucro cesante,

                            que, perdido, no se cobra.[153]                 20

                                  Ésta al presente, señores,

                            es la ostentación gloriosa

                            del Divino Amor, que os hace

                            para volver por su honra,

                                  ofendido que Luzbel                          25

                            con astucia se le oponga

                            a robarle de las manos

                            una cándida paloma.

                                  El Alma, que, despreciando

                            al Mundo y todas sus cosas,                    30

                            de Dios sigue las banderas,

                            de Luzbel canta victorias.

                                  Más ¿dónde voy?, que he trocado

                            en Prólogo aquesta Loa,

                            [f. 395r]  y repito sin provecho                35

                            lo que ha de enseñar la historia.

                                           ¡Alto, pues! Vuelvo a loar...

                                     ¿qué? Los favores y la honra

                                     que todo aqueste Senado

                                     nos hace, cosa es notoria.                        40

                                  Pues voime a pedir silencio,

                            que es oficio que me toca.

                            ¿Silencio?  ¿Para después

                             del Coloquio o para ahora?

                                  Para ahora no, que todos                  45

                             le ofrecen, pues les importa

                             para gozar de la fiesta;

                             para después, de limosna.

                                   Suplico a vuesas mercedes

                             olviden lo que aquí notan,                       50

                              porque temo habrá más faltas

                              que en un juego de pelota.

                                    También habrá pasajuego.[154]

                              Si fuere larga la historia,

                            [f. 395v]  paciencia, como en sermón         55

                            que se arremete a dos horas.

                                  Una tarde viene a ser

                             de las que el ocio malogra,

                             de las que nos sisa el sueño,

                             que tanto la vida acorta.                         60

                                 Dennos ésta de barato[155]

                             y de tiernos niños oigan

                            lo que dijeren. ¿Haranlo?

                            ¡Alto! ¡Manos a la obra!

                       

                      Interlocutores

                   Alma                                           Demonio o Lucifer                            

Amor Divino

Ángel                                           Mundo                                             

Músicos

 

                       (Sale Lucifer o demonio por todas partes arrojando llamas:)

                                                LUCIFER.                                               

                                  Cuando me acuerdo del tremendo día                  65

                             que bajé desde el cielo a un caos de males,

                             y en penas desiguales

                             se convirtió mi gala y bizarría,

                             deshecha mi alegría,

                             reviento, lloro y rabio,                                              70

                             de ver que un hombre por humilde alcanza                                      

                             lo que un Ángel perdió a punta de lanza.

                             [f. 362v]    ¡Oh, corta fuerza mía,

                             pues no puedo vencer a un vil gusano!                 

                             Mas qué mucho, si Dios le da la mano                      75

                             y su gracia le ampara, esfuerza y guía.

                             Mi enemigo es el hombre; así, procuro

                             apartarle del bien y de la gracia,

                             para que de su Dios caiga en desgracia.               

                             Rabio de invidia, de coraje rabio;                             80

                             y, pues la silla que perdí en el cielo

                             ha de gozar el hombre, vil criatura,

                             vengareme en el hombre de mi agravio.

                                  Príncipe soy de todas las tinieblas;                  

                             enviaré por el mundo mis soldados                           85

                             de mentira y de vicios bien armados,

                             para que ya en poblado, ya en las selvas,

                             procuren reducir a mi albedrío

                             con blandura y deleite a los mortales,                   

                             dándoles en mil males                                               90

                             [f. 363r]  el veneno que está en el pecho mío.

                                  ¡Alerta, juventud! ¡Alerta, ancianos!

                             Tembló el cielo de mí, tiemble la tierra,

                             pues, entre tal combate, entre tal guerra,              

                             es raro aquél que escapa de mis manos.                    95

 

                             (Sale el Alma.)

                                                ALMA.

                                  ¿Dónde me guías, pensamiento mío?

                             ¿Brioso natural, a qué me inclinas?

                             Apenas he nacido

                             cuando vivo de ambos combatido.[156]                

                             No en balde el sabio ignoraba                                  100

                             la oculta senda que mi edad ofrece,

                             y entre tantas veredas no hallaba

                             la que esmaltada de carmín florece,

                             donde ciego perece                                             

                             el que seguro un tiempo la hollaba                             105

                             y, apenas la miraba,

                             cuando por sus olores

                             [fol. 363v]  entró a coger sus venenosas flores.

                             Sed vos gloria del día;                                         

                             de aquesta tierna edad la luz y guía. (Vase.)              110

 

                             (Sale el Amor Divino.)

                                           AMOR DIVINO.                                       

                             ¡Oh, cuánto un alma me cuesta

                             y cuán poco advierte y sabe

                             que para norte del cielo

                             fui enviado de mi Padre!                                      

                                  ¡Oh, cuánto de mí se aleja!                                  115

                             pues si quisiera buscarme

                             hallara al corzo[157] herido

                             por el rastro de la sangre![158]

                                  No sé yo en qué le ofendí,                              

                             si no es que es ofensa grave                                      120

                             que la majestad mayor

                             tanto por ella se humane.

                                  Aun en políticas leyes                                                     

                             [f. 364r]  bien de un exceso tan grande                   

                             es justo que agradecida                                            125

                             me busque, me siga y ame.

                                  Quiérola buscar al punto

                             y morir para que pague

                             con el valor de mi muerte                                    

                             lo que ella debe a mi Padre.    (Vase.)                      130

 

                             (Sale Lucifer.)

                                                LUCIFER.                                          

                                  Suene el acero y en ecos por los vientos

                             mi cólera repita en sus acentos,

                             amenazando a quien, osado y fuerte,

                             desechando a Luzbel, busca su muerte.               

                             Conozca el hombre vil, necio, atrevido                      135

                             el poder de mi pecho enfurecido,

                             y advierta, si no sigue mi deseo,

                             que de mis plantas ha de ser trofeo.

                             [f. 364v]  Conozca que esta mano es su contrario  

                             indignada de un bárbaro sectario                              140

                             y, pues está irritada,

                             tema los rayos de su ardiente espada.

                                  El hombre muera que a Luzbel enoja;

                             libro este acero es, que, en una hoja,                   

                             por diversos estilos,                                                  145

                             con solos dos renglones en dos filos,

                             valiente, osada y fuerte,

                             tiene por nota de un renglón la muerte.[159]

 

                             (Sale el Ángel, y poco a poco se va Lucifer retirando

                              con rabia y furor.)

                                           ÁNGEL.                                                        

                                  A ti, soberbio Querub;                          

                             a ti, escándalo del orbe;                                           150

                             a ti, monstro del infierno,

                             ciego, altivo, loco y torpe;                                             

                             [f. 365r]  a ti, Luzbel, y aun a cuantos

                             por dueño te reconocen,                            

                             y bárbaramente rinden                                             155

                             humildes adoraciones:

                                  vengo a deshacer, resuelto,

                             los engaños tan enormes,

                             en que obstinado pretendes                       

                             tener sepultado al hombre.                                       160

                                  ¿Porqué quieres perseguirlo,

                             y porqué atrevido rompes

                             los fueros de la razón

                             que a Cristo por Dios conoce?                  

                                  Ese luciente planeta[160]                                       165

                             que en las cátedras mayores

                             leyendo está la materia

                             de luces y de arreboles;

                                  la luna que es sustituto                                                    

                             [f. 365v]  que en brillantes resplandores                      170

                             la luz que ignora le enseña

                             a las sombras de la noche;

                                  esos vestidos de estrellas,

                             argentados pabellones                               

                             que del ovillo del sol                                                175

                             devanan la luz conformes,

                                  ¿no están a voces diciendo,

                             no están publicando voces

                             que al Señor que los ilustra                        

                             es justo que el alma adore?                                      180

                                  Pues, ¿porqué a ti, Querub falso,

                             quieres que ciego se postre,

                             permitiendo que tu engaño

                             aleves cautelas logre?                                

                                  Conozco ya tus ardides,                                      185

                             y solo al Dios de los dioses                                                 

                             [f. 366r]  ha de rendir sus finezas,

                             ha de humillar sus blasones. (Vase poco a poco.)

 

                                           LUCIFER.                                                     

                             ¡Notable furor! Aguarda,                           

                             que en alborotos disformes                                      190

                             me va faltando el aliento,

                             mis bríos se descomponen;

                                  mis aceros se deshacen,

                             todas mis iras se rompen,                           

                             porque el cielo ya entorpece                                    195

                             mi brazo para los golpes.      (Vase.)

 

                             (Baile o Música.)

 

                             (Sale el Alma y el Mundo siguiéndola.)

                                           ALMA.                                        

                                  ¿Qué camino seguiré

                             en esta edad, pensamiento?

                             Déjame de dar tormento;                                                    

                             [f. 366v]  proponlo, que yo veré                                 200

                             si el seguirlo me está a cuento.[161]

                                     

                             (Sale Lucifer en traje de cazador y, mientras habla,

                             conversan entre sí el Alma y Mundo.)

                                           LUCIFER.                                                    

                                  En busca de un Alma vengo,

                             paloma que en este campo

                             vive. Mas, para que muera,                        

                             vengo cual veis disfrazado.                                       205

                                  Tiene de armiño el pellico,

                             el cual nunca le ha manchado,

                             ni ha salido de la cueva

                             donde tiene su resguardo.                          

                                  Ya empieza a volar alegre;                                  210

                             pero ya yo salgo armado,

                             para quitarle la vida,

                             a pesar de mi contrario.                             

                             [f. 367r]    Haga fiestas el infierno                 

                             con bocado tan extraño,                                          215

                             que hoy le presento en trofeo

                             de un Lucifer agraviado.

                                  Muera, muera, aunque se agravie

                             el cielo, que aqueste brazo                         

                             basta para hacerle guerra                                         220

                             tal, que morirá a mis manos.

                                  Todo el mundo tengo lleno

                             con mis redes, con mis lazos:

                             juro que en él no verán                              

                             paso, que no esté enredado.                                    225

                                  Mas allí está la paloma.

                             Quiero quitarme del paso,

                             porque a los principios voy

                             muy poco a poco engañando. (Vase.)

                                     

                                           MUNDO.

                                  Agora puedes seguir                                           230

                             [f. 367v]  lo que tu edad apetece:

                             el regalo te ennoblece

                             y te deleita el vivir.

 

                                           ALMA.                                                          

                                  ¡Ay, Dios! ¿Qué podré decir?               

                             ¿Quién el regalo aborrece?                                      235

                             ¡Ay, Mundo! ¿Y cómo parece

                             que me acercas al morir?

 

                                           MUNDO.

                                  De la sangre el alimento

                             cuando comienza a hervir                           

                             son los gustos y placeres                                          240

                             que hoy te quiero persuadir.

                                  Sígueme, que en mis delicias

                             empezarás a sentir

                             nuevas lisonjas que alivian                          

                             lo pesado del vivir.                                                  245

                                            

                                           ALMA.

                                  ¡Oh, qué delicias me brindas!

                             ¡Oh, qué vida sin dolor!

                             [f. 368r]  ¡Me prometes, Mundo amigo

                             sin peligro y sin temor!                               

 

                                           MUNDO.                                                       

                                  Empieza luego a gozarlas                                    250

                             y ellas te dirán mejor,

                             si son aparentes gustos

                             los que en ella puso amor.

 

                                           ALMA.                                        

                                  (¡Oh, cuánto, Mundo, me aprietas!       

                             Casi por seguirte estoy.)                                          255

 

                             (Sale el Ángel.)

                                           ÁNGEL.                                                        

                                  Paloma, no te resuelvas.

                             Deja pasar el furor

                             de la tormenta, que el pecho

                             te está batiendo feroz.                                

                                  Engaños el mundo ofrece;                                   260

                             sus delicias muerte son

                             que, con aparente vida,

                             te saltean la razón.

                                     

                             [f. 368v]    ALMA.   (Habla con el Mundo.)

                                  Ya casi estaba rendida                          

                             para seguirte veloz,                                                  265

                             pero escucha, Mundo amigo,

                             que hay otro competidor,

                             que deshace tus promesas

                             y las nota de traición.                                 

                                  Tú en mi tierna primavera,                                   270

                             para que viva mejor,

                             quieres que te siga alegre,

                             y un templo labre al amor.

                                  Tu competidor, ¡ay, cielos!,                  

                             oye, me dice, que no,                                              275

                             porque en él vive la muerte

                             a quien crédito le doy.

 

                                        MUNDO.                                                         

                                  Sígueme por esta senda;

                             déjate de esa ilusión,                                  

                             que serán caducos sueños                                        280      

                             que fantasía forjó.

 

                             [f. 369r]  ÁNGEL.                                                          

                                  No le sigas, que te engaña.

 

                                           ALMA.                                       

                             Dejadme vivir los dos.

                             Luz voy a pedir al Cielo

                             para elegir lo mejor.                                                285

                             (Vanse siguiendo al alma.)

 

                             (Sale el Amor Divino.)

                                           AMOR DIVINO.                         

                                  Una ingrata Alma,

                             a quien mi amor siempre

                             llenó de favores

                             y colmó de bienes;                                     

                                  prometió de darme                                             290

                             la obediencia siempre,

                             y agora, la ingrata,

                             negármela quiere.

                                  Débeme su vida,                                   

                             pues por mí la tiene,                                                 295

                             [f. 369v]  y si yo la digo

                             que pague, pues debe,

                             el Alma se duerme:

                             ¿si lo hace adrede?                                  

                                  Róndole su calle,                                                300

                             como si ella fuese

                             tan noble criatura

                             que me mereciese.

                                  Yo llamo a su puerta                             

                             una y cien mil veces,                                                305

                             diciéndole amores,

                             por ver si me abriese.

                                  Ya, dice la ingrata,

                             que abrirme no puede,                               

                             que en dejar al Mundo                                             310

                             nunca se resuelve;

                             Y el Alma se duerme:

                             ¿si lo hace adrede?

                             [f. 370r]    Yo callo y espero,                        

                             porque la amo siempre,                                           315

                             que el fino amador

                             de nada se siente.

                                  Antes la sustento

                             y, en mesa frecuente,                                 

                             hombre y Dios me ofrezco                                       320

                             en plato y banquete.

                                  Y, aunque yo la digo

                             que de dormir deje,

                             después de comer,                                    

                             pues ve que me ofende,                                           325

                             la necia se duerme:

                             ¿si lo hace adrede?   (Vase.)

                                     

                             (Sale Lucifer.) [f. 370v]

                                           LUCIFER.                                           

                                  ¡Mal haya mi poder y corta suerte!

                             ¡Maldito sea mi hado y triste vida,                        

                             pues que a eternas tinieblas fue ofrecida,                   330

                             volviéndose en vil sombras de la muerte!

                             Si de una vez muriera,

                             no viera mi enemigo entronizado,

                             pues ya, de él olvidado,                                       

                             por menos mal dejar de ser tuviera                           335

                             que ande yo todo el mundo sin provecho,

                             sin poderle dar caza a solo un hombre.

                             Borre el infierno mi cobarde nombre,

                             pues soy tan flaco y tengo tan vil pecho;

                             mas, si dejar de ser no puedo, en vano                     340

                             me quejo de mi suerte. ¡Muera el Alma,

                             y, de esta suerte, llevaré la palma!   (Vase.)

 

                             (Sale el Alma, el Mundo y el Ángel.)                                   

                             [f. 371r]     MUNDO.                                   

                                  Yo he de salir con victoria.

 

                                           ÁNGEL.                                     

                             Yo he de quedar vencedor.

 

                                           MUNDO.                                    

                             Yo he de elegir y escoger                                        345

                             lo que me fuere mejor.

                             (Tocan dentro y el Alma escucha lo que cantan.)

                                           MÚSICOS.                                 

                                  Blanca paloma mía,

                             que al aire ofreces sola

                             tus bien peinadas plumas

                             buscando el bien que adoras,                                   350

                                  no abatas, no, tu vuelo

                             al Mundo que ocasiona

                             cebarte con engaños

                             y con su voz sonora.

                                  Si tu sustento buscas,                                          355

                             allí en el altar mora

                             un grano que da vida

                             y a todos enamora. (Cesa la música.)                          

                                     

                             [f. 371v]   MUNDO.                                    

                                  Con esto el Alma me huye.

 

                                           ÁNGEL.                                     

                             De esta suerte el Alma puede                                   360

                             seguirme, y dejaré el mundo,

                             que tantos engaños tiene.

                            

                             (Sale el Alma más afuera.)

                                           ALMA.                                                          

                                  Que implicada me presumo

                             y dudosa en la elección:

                             quien a los principios yerra                                       365

                             pierde el bien que poseyó.

                                  Aquí está el Mundo ofreciendo,

                             —no sé si diga traidor—,

                             siglos felices de vida,

                             sin terminar el dolor.                                                370

                                  Aquesta voz me convida

                             con seguridad mayor

                             a que coma de aquel grano

                             y a que ponga en él mi amor.                     

                             [f. 372r]  (No sé cual siga, ¡ay, mi Dios!)                    375

                             Si te sigo, ¿voy segura?

                                     

                                           ÁNGEL.                                                        

                                                             Sí.[162]                                                

ALMA.                                       

                             Pero, ¿si te olvido?

 

                                           ÁNGEL.                                                        

                                                              No.

                                           MUNDO.                                    

                             Para que mejor le sigas,

                             has de gozarme mejor,

                             que no tiene siempre el arco                                     380

                             tan tirante el cazador.[163]

 

                                           ALMA.                                                           

                                  ¡Oh, qué dura porfía! ¡Oh, que tormento!

                             Dejadme descansar por algún rato,

                             pues vivo combatida,

                             cuando apenas diré que soy nacida.                         385

 

                             (Entra Lucifer.)

                                           LUCIFER.

                                  ¡Qué buena ocasión es ésta,

                             para hacer mi herida!

                             [f. 372v]  Determinarla pretendo,

                             para quitarle la vida.

                                  Entre estas flores me oculto                                 390

                             y ármole en aquesta güerta,

                             que, con el primer flechazo,

                             dejo el Alma medio tuerta.

                             Quiero armarle con flores

                             que serán del Alma espinas y dolores. (Dispara.)     395

                                  (Aquí le ceben blanduras.)[164]  (Hace que arma el lazo.)

                                     

                                           ALMA.                                                          

                                  Otra nueva lucha siento,

                             que me combate interior,

                             que se vale de mí misma

                             para vencerme mejor.                                              400

                                     

                                           LUCIFER.

                                  (Aquí con regalos armo.)[165]

 

                                           ALMA.

                             Si agora empiezo a vivir,

                             tiempo queda para ver                               

                             [f. 373r]  si es engaño o no ofrecer,

                             o si este dar es fingir.                                               405

                                     

                                           ÁNGEL.

                                  Perdida vas, si te rindes. (Vase.)

 

                                           ALMA.

                             Ya no puedo resistir,

                             que hay tanto fuego en el pecho

                             que no lo puedo sufrir.

 

                                           LUCIFER.                                                     

                                  Bueno va aqueste negocio;                                  410

                             ya se inclina para mí.

                             Otro flechazo le tiro,

                             disfrazado en un rubí.               (Dispara.)  

 

                                           MUNDO.                                                                        

                                      Bueno anda el diablo candil;[166]

                             él con su media lucerna                                            415

                             la ha de venir a rendir.    (Vase.) 

 

                                           ALMA.

                             ¡Qué malas son las riquezas!

                             Yo quiero echar por aquí.

                             (Inclínase hacía Lucifer.)

 

                                           LUCIFER.

                                  Otro bodocazo lleve                                                

                             [f. 373v]  y aseguraré mejor                                        420

                             la presa, que ya en las uñas

                             me ha de poner mi valor.  (Arma.)

                                  Aquí armemos con deleite

                             —última resolución—

                             arma, que a tantos ha muerto                                    425

                             tan fuertes como Sansón.         (Dispara.) 

 

                                           ALMA.

                                  Vamos por aquí un poquito;

                             démosle rienda al Amor,

                             que, a no ser segura senda,

                             se buscará otra mejor.                                              430[167]           

                             (Vase Lucifer y el Alma tras de él.

                             Hay música, baile y entremés.)

 

                                         Entremés

                                      [f. 374r]  (Salen tres estudiantes y Zelato hablándoles,

                              cuyos nombres son: Dionisio, Pelagio y Andronio.)

 

                                           ZELATO.

                                           Amigos, luego me den

                                      albricias, y les daré

                                      unas nuevas.

 

                                           DIONISIO.

                                                         Yo lo haré,

                                      si son tales.

 

                                           PELAGIO.                        

                                                        Yo también.

 

                                            ANDRONIO.                    

                                           Pues no serán las peores                             *5

                                      las que llevará de mí.

 

                                           ZELATO.

                                      Yo amigo, lo juzgo así

                                      y aun que serán las mejores.

 

                                            DIONISIO.

                                      Acaba ya de decir.

 

                                           ZELATO.  

                                      El obispo es ya llegado                        *10

 

                                           PELAGIO.

                                      ¿De veras?

                                            ZELATO.                         

                                                         Como he contado.

 

                                           ANDRONIO.        

                                      ¿Tan presto puede venir?

 

                                      [f. 374v]  DIONISIO.

                                           Mirad no nos deis picón.[168]

 

                                           ZELATO.  

                                      ¿Eso había yo intentar?

                                      Con mis ojos vi pegar                                      *15

                                      el edicto en un cantón.

 

                                            PELAGIO.                       

                                           Luego ya se ha publicado.

 

                                           ZELATO.  

                                      Y agora vendrán aquí

 

                                           ANDRONIO.         

                                      ¡Oh, pobre y triste de mí,

                                      que aun no me he bien preparado!                   *20

 

                                            DIONISIO.                      

                                           Pues, señores, ¡ alto! ¡fuera!

                                      Revuelvan nominativos,

                                      no perdamos los estribos

                                      en medio de la carrera.

 

                                            ANDRONIO.                    

                                           Vamos.

 

                                            PELAGIO.                                  

                                                       Vamos, no nos llamen.                    *25

 

                                            DIONISIO.           

                                      Parece que ya adivinas

                                      que ha de decir bernardinas[169]

                                      nuestra gente en el examen.

                                      (Vanse y sale uno con el edicto, y léelo.)

                                      [f. 375r]  (EDICTO.)

«Notorio sea a todas las personas que la presente carta de edicto vieren, cómo el Obispo N., mi señor, con deseo del aumento del culto divino, ha mandado publicar examen general para Órdenes por toda esta comarca y las demás circunvecinas para las cuatro témporas que vienen de este año 59. Por tanto, manda su Señoría y amonesta a los que se hubieren de ordenar que acudan luego a hacer sus probanzas, con las cuales traigan el título a que se ordenan y al fin de él la fe del bautismo y cédula de su maestro. Y, para que vengan luego a examinarse, me manda publique este mi edicto que es fecho en 20 días del mes de febrero de 1659 años».                                                 

                                                                          Por mandado de su Señoría

                                                                         Benito Relinchón[170]

                                                                                     Notario.

 

(Leído este edicto, salen Dionisio, Pelagio y Andronio.)

ANDRONIO.— Ubi sunt ordones? Quando sunt quatuor temporibus?[171]

PELAGIO.— Initiari sacris vis?[172]

ANDRONIO.— Quid ergo facturus estis? Non habeo quid edam. Eia, age, dicito, si scis, ubi sunt ordinorum?[173]

PELAGIO.— Antiquariæ iam Episcopus adest. Depone animum. Quid enim scis, ut examinari possis?[174]

 ANDRONIO.— Tace; ordinandus sum sine dubio. En venit alius scholaris, ut credo, ordinativus.[175]

[fol. 376r] (Entra Zelato.)

ZELATO.— De esta hecha, hemos de meter el cáliz en la barba. Volete, domine licenciate, accommodare mihi unam sobrepelicem ad recipiendum heri primam tonsuram?[176]

DIONISIO.— Ego te la præstabo de Olandarum franxarum.

ANDRONIO.— Heus vos ararorum: loquite ciceroniter, sicuti mihi, et non loquatis sollecismorum.[177]

ZELATO.— Sed heus vos panderorum, seu asinorum: quid facitur?[178]

PELAGIO.— Cum Concilio in manibus expectamus examinatores.[179]

ANDRONIO.— Válate Dios por "Concilio": anathema sit! Anathema? Quid vult dicere "anathema"?[180]

DIONISIO.— Id ignoras? Videamus contextum. [f. 376v] Anathema, con A grande, nomen proprium est cuiusdam Regis, qui vocabatur Anathema.[181]

ANDRONIO.— Claude librum. Statim nos ordinabimus.[182]  (Toma el libro Zelato.)

ZELATO.— ¿Que éste es el traidor del desaminadero?[183] Echaldo de ahí, que no nos desaminarán.

PELAGIO.—Minime quidem, sed videamus accurate contextum ne forte de eo interrogemur, et cum dedecore discedamus.[184]

ANDRONIO.— Abrí, que aunque estudié poco, tengo toda suficiencia. (Lee en él.) Concilium æcumenicum in æcclesia ortodoxa. Jesús, Jesús, ¡qué algarabía! ¿Y quién imprimió tal libro? æcumenicum? ortodoxum?

DIONISIO.— Heus! Si sunt nomina propria?[185]

[fol.377r]

PELAGIO.— Mucho nombre proprio me parece. Allá Anathema, proprio; agora todo proprio.

ZELATO.— Dad acá, veré el estilo, como dice el cura. (Lee:) Concilium æcumenicum in æcclesia ortodoxo. ¡Hidepuja el libro, cómo se defiende! Es... ¡Que no sepa esto el Obispo! (Vuelve a leer.) Concilium: ya yo sé que es el 'Consejo'; æcumenicum, equus: bien sé yo que es 'el caballo'. Menicum me saca de tino.

ANDRONIO.— ¿Si quiere decir æcumenicum 'caballo de médico'?

ZELATO.— No, porque los médicos andan a mula. Ya, ya; mirad mi memoria. Oíd, que es punto delicado: ut dicimus equum troianum, 'caballo troyano', sic equum menicum, 'caballo ménico', id est, almenicum [fol. 377v], 'que salta almenas'; de mænia, mænium.  ¡Esto sí es escorrir![186]

DIONISIO.—  Si yo supiera lo que éste, poco se me diera el examen.

PELAGIO.— Pues quorsum, 'a que propósito'? Consilium equum menicum,   ¿'consejo caballo de almenas'?

ZELATO.— Esto los teólogos lo verán; a mí bástame la construición. Atque propterea.[187] Yo no me meto en honduras.

PELAGIO.— ¿Y qué quiere decir ortodoxum?

ZELATO.—Orto  bien sé yo que es 'la güerta'. Doxum  es el diablo. Par diez, de repente no lo sé. Aquí el domine ordinandis lo dirá.

ANDRONIO.— Bene videtur: Orto, 'el güerto', doxum, idest, do uxori: 'un güerto doy a la mujer'.

[fol. 378r]

ZELATO.— Juro a mí, que podemos imprimir libros, y aun encajarlos muy bien.

DIONISIO.— Yo, cuitado, no soy para tanto.

ANDRONIO.— Estudie él como yo he estudiado: 8 años en un pupilaje; 10, sirviendo a un canónigo; 12, repetidor; 16, pasando en mi pueblo, de los 15 me aproveché.

PELAGIO.— Pues aun no tiene tantos el duelo.[188]

ANDRONIO.— Pues no veis que estudié once años en un verano.

PELAGIO.— Jesús, Jesús, habiendo explicado tan mal este lugar, ¿estáis tan pagado? Pues de esta manera se explica: Concilium, ya sabéis que es 'Concilio' o 'Junta'. Æcumenicum  en griego idem est, quod universalis. Pues, Concilius[189] æcumenicum, 'Concilio' o 'Junta universal'. In æcclesia ortodoxa: [f. 378v] Ortodoxa, en griego, idem est quod recta opinio sive sententia, et fides. Pues in æcclesia Ortodoxa, 'en la iglesia de acertada opinión', de católica y verdadera fe.

ANDRONIO.— ¡Oh, qué bien!

DIONISIO.— Sed heus vos!, ya vienen los desaminadores.

 

(Salen dos examinadores y piden libros.)

EXAMINADOR. 1º.— Deferte libros.[190]

ZELATO.—  En Concilium ortomenicum.

EXAMINADOR 2º.— Dejad, amigo, que yo tengo. Plurimi sunt; maturius veniendum erat. Accedant cito examinandi.[191]

EXAMINADOR 1º.— Accipe tu hunc Hieronymum. (Dáselo a Dionisio.) Accipe has fabulas (a Pelagio). Accipe hoc testamentum. [f. 379r] (a Andronio.) Accipe hunc Horatium (a Zelato), et perpendite apud vos.[192]

(Dionisio lee bien en San Jerónimo.)

EXAMINADOR 1º.— Satis est: qui bene legit, quod legit intelligit.[193] ¿Traéis fe del baptismo? ¿Sabéis la Doctrina Cristiana y sabéis cantar?

DIONISIO.— Sí, señor.

EXAMINADOR 1º.— Andad norabuena. (Vase)

(Pelagio lee la fábula bien toda.)

PELAGIO.— «Asinus cum sale in urbem, etcª.»[194]

EXAMINADOR 2º. Satis est.

PELAGIO.Tua venia, examinator dignissime, fabellam explanabo.[195]

EXAMINADOR 2º.— Placet; dicito.[196]

PELAGIO.— Cum sæpe numero agitator quidam iumentum sale onustum in urbem anteferre consueverit.[197]

[fol.379v]

 EXAMINADOR 2º.— Bene; sed hispano sermone.[198]

                             PELAGIO.—  Pues va de cuento. ¡Atención!

                                  Érase, señores míos,

                             lo que en hora buena sea;                              *30

                             el mal es bien que se vaya

                             y el bien es justo se venga.[199]

                                  Érase el doctor Esopo,

                             griego más que la pez griega,

                             grande autor de chilondrinas              *35

                             y grande inventor de pepas.[200]

                                  Éste es aquel gran devoto

                             del cabildo de las viejas,

                             cuyos escritos refieren

                             cuando están a la candela.[201]                       *40

                                  En este, pues, su librito,

                             que es lástima no le tengan

                             en la memoria las tías

                             y en la uña las agüelas,

                                  dícenos, que en otros tiempos[202]                *45

                             mucho antes que naciera

                             [f. 380r]  el rey que dizque rabió,

                             de quien tantas cosas cuentan,

                                  antes que hubiera catarros

                             y los muchachos hicieran                               *50

                             para jugar caballitos

                             de cañas y berenjenas;

                                  cuando los brutos hablaban

                             y se entendían las bestias

                             fundando por esos cerros                              *55

                             su universidad y escuelas;

                                  entonces, pues, los borricos,

                             los «asnos» en nuestra lengua,

                             que llama «pollinos» Francia

                             y «jumentos» toda Grecia,                             *60

                                  no eran tan cortos de clin,[203]

                             ni eran tan largos de orejas

                             aunque sí más aguileños

                             y más diestros en las tretas.

                                  Calzaban sus taconcitos,                          *65

                             no de Vizcaya las suelas,

                             que las polainas que hoy calzan

                             [f. 380v]  de pelo se vieron medias.[204]

                                  Uno, pues, de estos magnates

                             de Arcadia y de su riberas,                           *70

                             presumido de entendido,

                             como suelen ser las feas,

                                  lindo pollino en verdad

                             y, a la mì fe,[205] honrada bestia,

                             ojizarco como un grajo                                 *75

                             y cenceño de caderas;[206]

                                  viudo más que un estoque,

                             su espinazo era una sierra

                             y, así, al pobre que subía

                             le hacía ver estrellas.                         *80

                                  Tenía dos mil melindres

                             en sus comidas y cenas,

                             pues no comía de todos

                             alcaceles y dehesas.[207]

                                  Despuntaba los cogollos               *85

                             de la más menuda yerba,

                             pero si eran cardos de asno[208]

                             [f. 381r]  los comía hasta las cepas.

                                  Era su avíò la cebada,

                             para beber por las siestas,                             *90

                             y su chocolate verde,[209]

                             el campo en la primavera.

                                  Éste, pues, por su desgracia,

                             vino a dar, que non debiera,[210]

                             en poder de un arrïero,                                  *95

                             que trajinaba la tierra.

                                  Cargolo de sal un día

                             y, además que no es ligera,

                             echole tan buena carga,

                             que iba gimiendo con ella.                             *100

                                  ¿Qué haré, decía el pobre,

                             que ya me faltan las fuerzas?

                             Si voy despacio o me paro,

                             anda el garrote muy cerca.

                                  ¡Oh, desdichado de mí!                           *105

                             Miren mi delicadeza

                             en qué paró o en qué para

                             toda la humana soberbia.      

                             [f. 381v]    Y, pues tengo de pasar

                             este río, aquésta es buena                             *110

                             ocasión para salir

                             de aqueste trabajo y pena.

                                  Esto decía consigo

                             y, así, entrando en él apenas,

                             sintió blanditas las aguas,                               *115

                             cuando en ellas se recuesta.

                                  Estúvose bien despacio

                             en curtido y en salmuera,[211]

                             sin que pleguetes ni palos[212]

                             alterasen su paciencia.                                   *120

                                  En fin, cuando ya sintió

                             la carga más llevadera,

                             convertido en sal y agua

                             todo su caudal y hacienda,

                                  salió del río brioso,                                  *125

                             dándose la norabuena

                             de que él solamente diese

                             en tal ingenio y viveza.

                             [f. 382r]    Pero, mientras él estaba

                             consigo en aquestas cuentas,             *130

                             hecho un turco el arrïero

                             le trocó la sal en leña.[213]

                                  Dícenme que fue testigo

                             de esta garrotal tormenta

                             Monsiur de la Paliza,                         *135

                             gran mariscal de pendencias.[214]

                                  Prosiguieron su camino

                             gruñendo entrambos sus penas,

                             aunque nunca escarmentado

                             don pollino de sus levas.[215]              *140

                                  Con la traza regostado,[216]

                             siempre que el río atraviesa

                             se 'hacía[217] caedizo,

                             llevando la sal a cuestas.[218]

                                  Toma el cielo con las manos[219]               *145

                             el arrïero, y con ellas

                             tomaba también la estaca

                             y dábale algunas vueltas.

                             [f. 382v]    Entendióselas al zaino[220]

                             y, con estas experiencias,                              *150

                             le cargó todo de esponjas,

                             sin que el pollino lo entienda.

                                  Échalo que pase el río

                             y, alentado, por él entra,

                             para 'hacer de las suyas,                               *155

                             según su antigua receta.

                                  Cayó en el agua y cayó

                             en la trampa y, así, mientras

                             él se estaba más de espacio,

                             las esponjas más se llenan.                            *160

                                  Pensando, pues, que su carga

                             del todo estaba deshecha,

                             probó a levantarse y halla

                             que le abruma y que le pesa.

                                  «Así, así», le repetía                                 *165

                             el arrïero con flema,

                             ayudando a levantarle

                             el látigo bien apriesa.

                             [f. 383r]    Salió, al fin, pero después

                             pasaba con ligereza                                       *170

                             los ríos, aunque cargado,

                             temiéndose otra refriega.

                                  Esta fábula, señores,

                             claramente nos enseña

                             que los descansos, a veces,                          *175

                             en pesadumbre se truecan.[221]

                                  ¡Ahora la construiré!

EXAMINADOR 1º.— Optime quidem. Satis est. Quid petis?[222]

 PELAGIO.— Quatuor minores ordines.[223]

EXAMINADOR 1º.— Libenter concedo postulationi tuæ.[224]

PELAGIO.— Vale. (Vase.)

 

EXAMINADOR 2º.— Heus tu, accede huc. ¿Traéis buleto?[225]

ZELATO.— Sí, traigo muleto, sí, señor, y muy bien anda.

EXAMINADOR 2º.— Que no pregunto eso, pedazo de trasto viejo.

ZELATO.— ¿Pus qué pescuda,[226] trasto mozo?

EXAMINADOR 2º.— (Gentil pelmazo tenemos.) [fol.383v] Leé en ese Horacio y construí.

ZELATO.—  (Lee.) Carminum liber primus Quinti Horatii Flacci. Liber primus: 'Libro primero'. Carminum: 'de los carmelitas'. Quinti Horatii: 'de la quinta oración'. Flacci: 'hombre flaco'. Ode tertia: 'a la hora de tercia'.

EXAMINADOR 1º.— ¡Adelante, que lo vais haciendo como tenéis el gesto![227]

ZELATO.—  ¿Bien o mal?

EXAMINADOR 1º.— Después lo sabréis.

ZELATO.— Solvitur acris hiems grata vice veris, et favonii, trahuntque siccas machinæ carinas. Oigan mi erudición: Qui fit Mecænas: 'que sean mis cenas'.[228] Si lo queréis saber, hiems, 'en tiempo de invierno'; acris, son 'unos sorbos de agraz'; veris: 'y el verano'. Grata es 'una poca de grasa'; vice, 'y alguna vez'. Machinæ favonii, es una 'máquina de favores'; trahuntque [fol.384r]: 'y estas cosas me traen'; siccas carinas, 'secos los carrillos'. «Ac neque iam stabulis etcª.». Ac neque iam: 'y no me quejo ya'. Gaudet stabulis: 'porque el grande condestable'. Pecus, me dice 'que peco'; igni: 'y me riñe! Arator, 'porque soy arañador'.

EXAMINADOR 1º.— ¡Gentil habilidad, por vida mía!

ZELATO.— Pus, en verdad, que nadie me lo enseñó.

EXAMINADOR 2º.— Andad, andad, que nos tenéis cansados. Cierto que me han hablado mil gentes por este borrico.[229] Venga otro.

(Entra Andronio.)

EXAMINADOR 1º.— Llegue acá aquel gentil hombre. ¿Qué edad tenéis?

ANDRONIO.— Treinta años.

EXAMINADOR 1º.— ¿Habéislos cerrado?

ANDRONIO.— ¿No preguntan más de un macho?

EXAMINADOR 1º.— ¿Sabéis cantar? Decid la mano.[230]

ANDRONIO.— Señor, no he sido gitano y, así, no la sé.

[fol.384v]

EXAMINADOR 1º.— Gentil pelmazo me parecéis.

ANDRONIO.— Para lo que le cumpliere a su mercé.

EXAMINADOR 1º.— Pues no entendéis, leé. Veamos.

ANDRONIO.— (Lee.)  «Nonne duo passeres asse veneunt?»[231] (Párase y dice:) Señor, esto está errado. Nonne y duo, yo no lo entiendo, ni pueden ser 'nones'; y 'dos', según parece, no son sino pares.

EXAMINADOR 1º.— Pasá adelante con esa erudición.

ANDRONIO.— Nonne duo: 'nones y dos'; passeres: 'pájaros'; asse væneunt: 'vienen asados'.

EXAMINADOR 2º.— Mirad lo que decís.

ANDRONIO.— Así, así: asse væneunt: 'vienen en asador'.

EXAMINADOR 1º.— Andad; tened vergüenza. ¿Habéis estudiado?

ANDRONIO.— Sí, señor; sino que estudié en romance. Pese a mi ventura, pregúntanos su Reverencia dificultades que no las sabrá un teólogo.

EXAMINADOR 2º.— Andad, andad y estudiad.

[fol.385r]

ANDRONIO.— Suplico a su mercé me dé en otra parte y diré mejor la destruición.

EXAMINADOR 2º.— Así será ella.[232] Mas tomá; veamos.

ANDRONIO.— (Lee.) Sequentia Sancti Evangelii secundum Marcum.

EXAMINADOR 2º.— Construid.

ANDRONIO.— Sequentia Sancti Evangelii:[233] 'se cuenta en el Santo Evangelio'. Secundum Marcum: 'a dos de marzo'.

EXAMINADOR 2º.— ¿Donde estudiastis?

ANDRONIO.— Donde su Reverencia fuere servido.

EXAMINADOR 2º.— ¿Habéis pasado algún arte?

ANDRONIO.— En mi concencia, que más de mil veces he pasado la tercera impresión[234] de Antonio de un aposento a otro.

EXAMINADOR 2º.— Andad, andad; estudiad y a otras órdenes nos veremos. (Levántase para irse.)

ANDRONIO.— (Se hinca de rodillas.) ¡Ay, señor, que está ya la señora de mi madre cortando las hostias [f.385v] con que he de decir misa.

EXAMINADOR 2º.— No puedo, cierto, con buena conciencia.

ANDRONIO.— Pues, señor, no le digo yo que lo haga con buena conciencia.

EXAMINADOR 2º.— Pues en mala no, que[235] no quiero yo irme al infierno.

ANDRONIO.— No tenga su merced miedo, que yo lo sacaré, si só de misa.[236]

EXAMINADOR 2º.— Ea, andad, que no tenéis suficiencia.

ANDRONIO.— ¿Sufi...qué, señor?

EXAMINADOR 2º.— Suficiencia; y cuesta mucho.

ANDRONIO.— Pus, si por eso queda,  yo la iré a comprar.

EXAMINADOR 1º y 2º.— Andad, andad.

                             (Música o baile.)

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                                      [f. 386r] (Sale el Ángel.)

                                          ÁNGEL.                                     

                                 Que siga el Alma la muerte;

                            olvidada de la vida

                            y, del falso Amor herida,

                            en el peligro no advierte

                            qué amenaza al que se entrega                      435[237]           

                            al Mundo y su vanidad.

                            (Vase y sale el Mundo, y el Alma siguiéndolo.)

 

                                           MUNDO.                                   

                                 Goza en tu florida edad

                            de mis dulzuras; no temas

                            que te faltaré jamás,

                            pues, si me sigues, verás                               440

                            no ser engaño el seguir

                            tu apetito y voluntad.

                                 ¿No ves la desigualdad

                            y el trabajo con que viven

                            los que se apartan de mí?                              445

 

                            [f. 386v]   ALMA.

                                 Ea, Mundo, si es así,

                            yo te sigo; tuya soy

                            y, pues por tuya me doy,

                            comienza en mí a repartir

                            tus gustos y tus dulzuras.                               450

                                     

                            (Sale Luzbel.)

                                        LUZBEL.                                      

                                 Hasta ahora ponía en dudas

                            el alcanzarla, mas ya

                            tengo la victoria cierta.

(Habla el Alma con el Mundo, dando algunos pasos,

 y sale el Amor Divino en una nube y el Ángel por otra parte.)

                                     

                                   AMOR DIVINO.

                                 Alma ingrata, escucha;

                            escúchame atenta,                                        455

                            pues por ti he venido

                            del cielo a la tierra.

                                 Yo soy el señor,

                            vida verdadera,

                            autor de la gracia,                                         460

                            [f. 387r]  fuente de pureza.

                                 Yo hice los campos,

                            las aves y fieras,

                            los profundos mares

                            y las altas sierras.                                          465

                                 Yo hice los hombres

                            que ocupar pudieran

                            las sillas que el Ángel

                            perdió por soberbia.

                                 Dejé por buscarte,                                   470

                            la más alta esfera,

                            dándome una virgen

                            sus entrañas mesmas.

                                 Vengo recogiendo                       

                            perdidas ovejas;                                           475

                            ellas me aborrecen,

                            yo muero por ellas.

                                 Si hermosura buscas,

                            ¿porqué me desprecias?

                            Si perdono y amo,                                        480

                            ¿para qué me dejas?

                            [f. 387v]

                            (Vuélvese el Alma un poco hacia el Amor Divino.)

                                     

                                           LUZBEL.                                   

                                 ¡Oh, infiernos, que me han quitado

                            de las manos la paloma!

                            ¡Oh, rayos, que me atormentan

                            y penas mil ocasionan!                                  485

 

                                          MUNDO.                                    

                                 Yo me confieso rendido.

                            ¡Oh, qué corto es mi valor!,              

                            pues, cuando pensé hacer presa,

                            mi traza en vano salió. (Vase.)

 

                                          LUZBEL.                                    

                                 (No pierdo las esperanzas.)                     490

                            (El Ángel lle[v]a[238] al Alma hacia el Amor Divino.)

                                         

                                          ÁNGEL.

                                 Llega y goza la ocasión

                            de este tu esposo querido,

                            y con un tierno gemido

                            entrégale el corazón.      (Vase.)

 

                                          ALMA.                                        

                                 Señor soberano,                                      495

                             divino en belleza,

                            captiva me tienes.

                            [f. 388r]  y en prisiones puesta;

                                 que esos ojos garzos

                            son de amor saetas,                                      500

                            mazo[239] de tu gloria,                       

                            cifra de la eterna.

                                 En tu bella boca

                            son, por más riqueza,

                            oro tus palabras                                            505

                            y tus dientes perlas.                          

                                 Dulce prenda mía,

                            no me dejes puesta

                            a la sombra vana

                            de la edad ligera.                                          510

 

                                          AMOR DIVINO.

                                 Quien te busca y te desea            

                            tanto te sigue y te ama,

                            que ni posa en verde rama

                            ni en árbol que en cruz no sea.           (Vase.)

 

                                          LUZBEL.

                                 En vano mis trazas fueron.                        515

                            Maldito el nombre que dices.            

                            [f. 388v]  Malditas sus obras sean,

                            pues tanto en ellas me afliges.

                                 Abrid, obscuras cavernas,            

                            vuestras puertas, que he salido                      520

                            de esta batalla cobarde,                    

                            de un vil madero vencido.

                            (Hace que se va a entrar.)

 

                                          ALMA.

                                 De oírte cansada estoy;

                            déjame ya, porque siento,

                            de escucharte gran tormento.                        525

 

                                          LUZBEL.

                            (Por dártele no me voy.) (Aparte lo dice.) 

                                 Iguales pienso que estamos,

                            que Dios no te escucha a ti,

                            ni tú me escuchas a mí:

                            uno de otro nos vengamos.                           530

 

                                          ALMA.

                                 ¡Qué vana es tu pretensión!          

                            Si Dios me quiere ya bien

                            y tú me quieres también,

                            dime ¿a quién tendré afición?            

                                     

                            [f. 389r]    LUCIFER.

                                 ¿Luego llegas a creer                               535

                            que su voluntad mereces                   

                            y que también le pareces

                            qué pretendida has de ser?

 

                                          ALMA.

                                 Si es piadoso y suya soy

                            no entiendo mal, si lo entiendo.                     540

 

                                          LUCIFER.

                            Pues por eso yo pretendo                 

                            darte desengaños hoy:

                                 que Dios no te tiene amor

                            y sin duda finge amar

                            sólo por darte pesar                                     545

                            y tratarme con rigor.                         

 

                                          ALMA.

                                 Atrevido, no prosigas,

                            que, si me intentas vencer,

                            menos tanto he de creer,

                            cuanto más de Dios me digas.                       550

                                 O Él me tiene amor, o no.            

                            Si Él quiere, le he de pagar;

                            si no, me he de contentar

                            con quererle mucho yo.

                            [f. 389v]    Luego, si no puedo así                   555

                            adorarle, de ahí infiere                      

                            que, si Él por mí no me quiere,

                            le quiero querer por mí.

 

                                          LUCIFER. (Aparte)                   

                                 (La esperanza voy perdiendo.                 

                            Furias, venid a vengarme:                              560

                            tú sentirás el dejarme.)                      

 

                                           ALMA.

                            Voy alegre.

                                           LUCIFER.

                                               Estoy muriendo.

                            (Aparte)    ¿Hay fuego que al mío iguale?

                            Nada me estima.

                                          ALMA.

                                                     Es verdad,

                            que en Dios pongo mi amistad.                     565

 

                                          LUCIFER.

                            Pues advierte...

                                           ALMA.

                                                      Ya no vale. (Vase)          

 

                                          LUCIFER.

                                 Si tengo rabioso el pecho;

                            si soy dueño poderoso

                            de mis pasiones, pues todas

                            de mi valor ingenioso                                    570

                                 ejecutadas se advierten;               

                            si es en vano, si es muy poco

                            [f. 390r]  cuanto Neptuno gobierna,

                            cuanto Enero proceloso

                                 tributa en copos de nieve                         575

                            o escarchas de hielo en copos,          

                            para extinguir el ardor

                            de aqueste volcán furioso,

                                 que en incendios me consume

                            por ver un pecho alevoso,                             580

                            ingrato a mis beneficios,                    

                            de cólera y pena arrojo

                                 en cada palabra un áspid,

                            un basilisco, un aborto,

                            que produce el sentimiento                            585

                            de la razón de mi enojo.                    

                                 ¡Que a mi valor imposible

                            sea reducir un monstro

                            de ingratitud! ¿Que sus bríos

                            pueda ostentar a mis ojos?                            590

                                 ¡Que no le beba la sangre            

                            cuando, corrido y absorto,

                            le busco en el desengaño,                          

                            [f. 390v]  y en la venganza le noto!

                                 ¡Cielos! ¿Qué ardid, qué deseo                595

                            de humillarme es éste? ¿Cómo          

                            sufre el infierno que yo,

                            que los estandartes rojos

                            del orbe en opuestos muros

                            he enarbolado animoso;                                600

                            que triunfante de escuadrones           

                            tantas veces al sonoro

                            metal de la fama he sido

                            alma, aliento, vida y soplo;

                            que yo, de nadie rendido,                             605

                            y de quien en sacros solios                

                            tiembla el dios Marte con ser

                            imagen de mis enojos,

                            un alma se me resista

                            —con qué despecho lo lloro—,                    610

                            no tema mis amenazas:                      

                            de imaginarlo me corro.

                            Estas desiertas montañas                  

                            [f. 392r]  he de habitar triste y solo,

                            donde en tormentos, en ansias,                     615

                            en penas, llantos y ahogos                 

                            vengue con mi industria agravios

                            de mi ultraje, pues en todo

                            el alma en ingratitudes

                            atropella mi decoro.                                      620

                            Si no muda sus intentos,                    

                            solicita ver nubloso

                            el mayo de sus placeres,

                            y el verde abril de sus colmos.

                            A vuestra soledad huyo;                               625

                            a vuestro horror me recojo;              

                            grutas, admitid un rayo;

                            montes, recebid un monstro,

                            a ver si en vosotros cabe

                            el que no cabe en sí proprio.                         630

(Vase Luzbel, vense llamas y suenan algunos truenos;

y sale el Alma, el Amor Divino y el Ángel.)

 

                            [f. 392v]    ALMA.

                                 ¿Qué ilusiones son aquéstas?       

                            ¿Qué rayo por mí pasó,

                            que con sus claras centellas

                            tanto mal me descubrió?

 

                                          AMOR DIVINO.

                                 Yo soy el rayo que ilustra                         635

                            ese sentimiento ciego,                       

                            para que conozcas, Alma,

                            claro el camino del cielo.

 

                                         ALMA.

                                 Dulce esposo mío,

                            gracias mil te debo                                        640

                            pues que con tus luces                      

                            he visto mi hierro.

                                 Arrojéme al vado,

                            cual Leandro ciego,

                            pero con tus rayos                                        645

                            descubrí el Leteo.                             

                            (Llégase hacia el Amor Divino y hincada

                            de rodillas dice:)

                                 Pequé, Señor mío;

                            haré penitencia,

                            pues es el camino

                            de la gracia vuestra.                                      650

                            [fol. 393r]  (Levántala el Amor Divino)

 

                                        AMOR DIVINO.

                                 Alma de mi vida,                          

                            pues que me la cuestas,

                            para bien te halle;